Grupo de DDHH: Detención domiciliaria de niños palestinos viola todos los acuerdos que los protegen

25 de marzo de 2022

La Asociación Palestina para los Derechos Humanos (Shahed), denunció que las autoridades israelíes siguen oprimiendo a los palestinos, especialmente a los residentes de Jerusalén, incluyendo el arresto domiciliario de niños menores de 14 años.

En un comunicado la ONG afirmó que “Israel ignora todos los pactos y acuerdos internacionales, y trata de fragmentar las familias palestinas de muchas maneras”.

Shahed dijo que Israel adopta la política de arresto domiciliario “para reducir el número de niños en las cárceles en un esfuerzo por preservar su supuesta imagen democrática ante la comunidad internacional.”

La ONG explicó que los niños son confinados en sus casas, o en la de un familiar, y son atados con brazaletes en los pies para rastrear sus movimientos.

También subrayó que el arresto domiciliario es más difícil para los niños que el encarcelamiento, ya que corren el riesgo de que se prolongue el juicio y de que el periodo de detención sea más largo.

Shahed pidió al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) que se esfuerce por proteger los derechos de los niños palestinos e instó a la comunidad internacional a condenar las medidas represivas de Israel contra los palestinos y la violación de sus derechos humanos.

Según datos recopilados por organizaciones que se ocupan de los derechos de los presos, las fuerzas israelíes detienen anualmente a entre 500 y 700 niños palestinos, y en Jerusalén hay unos 130 niños bajo arresto domiciliario.

Fuente: Monitor de Oriente

Tribunal israelí condena a un año de prisión a activista palestino de Sheikh Jarrah

23 de marzo de 2022

Un tribunal israelí condenó al residente de Sheikh Jarrah y activista Murad Atiyeh, de 26 años, a un año de prisión por cargos clasificados, informó la agencia oficial de noticias palestina WAFA.

Atiyeh fue detenido en su casa en el barrio ocupado de Jerusalén Este de Sheikh Jarrah el 8 de agosto y estuvo en prisión 22 veces. A su abogado también se le prohibió hablar con los medios de comunicación sobre el caso de Atiyeh tras una orden judicial de silencio.

Atiyeh era uno de los activistas más visibles en la batalla de los residentes palestinos de Sheikh Jarrah contra los intentos de los grupos de colonos israelíes, respaldados por el gobierno y los tribunales israelíes, de expulsar por la fuerza a los residentes palestinos de sus hogares para apoderarse de ellos y establecer un asentamiento judío en el barrio.

La familia de Atiyeh cree que lo encerraron para silenciarlo a él y a otras personas que se manifiestan contra los desalojos en Sheikh Jarrah y otros barrios palestinos de Jerusalén Oriental que corren una suerte similar, como Silwan y Wadi Al Joz.

Fuente: Palestine Chronicle

Israel detuvo a 865 niños palestinos en Al-Quds en 2021

20 de marzo de 2022

El régimen israelí arrestó a 850 niños palestinos y llevó a cabo sentencias de arresto domiciliario a 15 niños palestinos en la ciudad ocupada de Al-Quds en 2021.

La Asociación de Familiares de Presos de la ciudad de Al-Quds (Jerusalén) emitió el sábado un informe en que detalló la cifra de los niños palestinos arrestados en 2021 en esa ciudad por las fuerzas del régimen israelí: “Detuvieron a 850 niños e impusieron la detención domiciliaria contra 15 otros menores”, informó.

De este modo, Amyad Abu Asab, el presidente de la asociación, criticó las condiciones de las detenciones domiciliarias, y reprochó que el régimen ocupante ha impuesto sentencias “a largo plazo o indefinidas” contra un gran número de estos niños detenidos.

“En el arresto domiciliario, no se le permite al niño salir de la casa, tampoco se le permite salir al balcón o mirar por la ventana de la casa, y solo tiene que pasar su tiempo dentro de las habitaciones de la casa”, aseveró, para luego agregar que en caso de violación, el niño y su familia “serán castigados”.

En este tipo de castigo, lamentó Abu Asab, la familia debe actuar como los guardias de la cárcel del niño, lo cual tendrá “efectos psicológicos negativos” tanto para el niño como los miembros de la familia, y “pondrá al niño en una posición de constante rebelión contra los deseos de sus padres”, aseveró.

“En este método de castigo, las actividades diarias del niño se ven interrumpidas, ya que mientras los demás niños juegan y realizan su vida cotidiana, él se siente privado de este proceso”, señaló el funcionario palestino.

Israel quiere debilitar al futuro ejército palestino
Por otra parte, Medhat Dibe, uno de los abogados de los menores detenidos, manifestó que la detención domiciliaria de ellos va en contra de los principios de los derechos del niño porque provocará su “tortura mental” y privará al niño de continuar con su “vida normal y educativa”.

De acuerdo con Dibe, el objetivo que buscan los israelíes al imponer este castigo ilegal es crear una clase “analfabeta y mentalmente perturbada” de adultos. “Aplican este castigo, deliberadamente, a sabiendas de que los hijos de los futuros soldados estarán al frente de la defensa de Jerusalén y la Mezquita Al-Aqsa”, condenó.

Un grupo de las ONG pro derechos humanos denunció en diciembre que desde el comienzo de 2021, unos 77 niños palestinos murieron a manos de las fuerzas de ocupación israelíes, mientras que otros 1149 menores también fueron detenidos durante el mismo año.

Fuente: HispanTV 

Impactante video de dos niños palestinos de corta edad en estado de pánico retenidos por los soldados israelíes en Jerusalén ocupada

06 de marzo de 2022

En dos incidentes simultáneos, militares israelíes retuvieron hoy a niños palestinos de corta edad, sembrando el terror entre los chicos. Esta es una típica y habitual práctica de los soldados israelíes de retener, insultar, amenazar y agredir a los más pequeños, donde utilizan el miedo y la fragilidad de los pequeños para obtener supuestas informaciones sobre actividades o manifestaciones en contra de la ocupación.

Hoy domingo por la noche, la inteligencia militar de la ocupación arrestó a niños del barrio de Isawiya en la ciudad de Jerusalén.

Testigos señalaron que agentes de la inteligencia militar de la ocupación israelí vestidos de civil, persiguieron a los niños en la zona montañosa de Isawiya, y arrestaron a algunos de ellos y los detuvieron sin identificar que eran de la «policía» o de otro aparato de seguridad, donde agredieron a los niños para evitar que se muevan.

En otro sector del barrio Issawiya, las fuerzas de ocupación detuvieron a otros dos niños amenazándolos con que van a quedar detenidos lo que provocó un fuerte pánico y el llanto de los chicos.

Los dos niños aparecían en un video, temblando de miedo, mientras un soldado sujetaba a uno de ellos de la mano, y los demás soldados se negaron a que los padres intervinieran para liberarlos, a pesar del estado de terror y ansiedad de los niños.

Esta es una habitual práctica de los soldados israelíes de retener, insultar, amenazar y agredir a los más pequeños para obtener supuestas informaciones sobre actividades o manifestaciones en contra de la ocupación.

Fuente: Corresponsal de PalestinaLibre.org en Jerusalén ocupada 

 

Juana Ruiz: «Tengo miedo de Israel porque me ha mostrado un odio infernal»

15 de febrero de 2022

Por Mikel Ayestaran

La cooperante española, que trabaja en una ONG palestina, asegura, tras recibir la libertad condicional, que tiene «la conciencia tranquila y estoy orgullosa de mi trabajo por la salud de los palestinos».

Juana Ruiz vive sus primeros días en libertad condicional rodeada de los suyos en Beit Sahour, al sur de Belén. La trabajadora humanitaria española, de 63 años, ha perdido doce kilos en los diez meses que ha permanecido bajo detención militar en prisiones israelíes. Habla desde el salón de su casa, desde el lugar en el que el 13 de abril veinticinco soldados irrumpieron a las 5 de la mañana para detenerle. Siete meses después Israel le condenó a 13 meses de prisión y 14.000 euros de multa «por trabajar y recaudar fondos» para los Health Work Committees (HWC), ONG palestina a la que el Estado judío considera ilegal.

Su marido, Elías, y sus hijos, María y George, siguen con atención cada una de sus respuestas y no se separan un segundo de ella.

Israel solo le permitió tres visitas y dos llamadas de teléfono durante la detención. Ahora Juana debe permanecer en Beit Sahour hasta mediados de mayo, cuando concluya su condena. Después podrá viajar a España, «mi sueño», asegura. Ha vuelto a cocinar, tiene cervezas frías en el frigorífico y muchas ganas de hablar para contar su pesadilla y denunciar que es víctima de la estrategia de Israel de acabar con las organizaciones humanitarias palestinas.

Estoy feliz, no me puedo creer que haya terminado la pesadilla porque estaba convencida que no saldría antes del 14 de abril, un mes antes del final de condena. Creo que me costará un tiempo recuperarme, pero físicamente y moralmente estoy cada vez mejor. Tengo muchas visitas de familiares y amigos, no he tenido tiempo ni de sentarme con tranquilidad con mi marido y mis hijos, están siendo unos días de mucho movimiento en casa y me veo acelerada, con ganas de contarlo todo.

Ha perdido doce kilos, tiene problemas en su mano derecha… ¿cómo ha sido el trato en prisión?

El trato ha sido correcto desde el punto de vista físico, los soldados me decían que yo era como su madre y que no me harían daño y yo les respondía ¿por qué me vais a hacer daño? Lo peor fue la detención y el interrogatorio, estaba descolocada, en shock, no entendía nada de lo que estaba pasando. Hablo árabe, pero no como para defenderme como debía. Lo hicieron a propósito para hundirme.

¿Cuál ha sido la parte más dura?

Llevaba mal la situación de estar aislada de mi familia, pero mis compañeras me han ayudado mucho, gente con castigos mucho más fuertes que el mío. Me hice una rutina y decidí hacer lo posible por superar la depresión y hacerme la idea que antes o después iba a salir. Solo me enfadé cuando me llamaron anti israelí, yo no soy anti nada, pero les dije que ellos son una ocupación.

 

Juana Ruiz, con su familia
Juana Ruiz, con su familia – M. Ayestaran

 

¿Le ha ayudado su pasaporte español?

Dentro de la prisión he sido una más, no ha influido que fuera española. La gran diferencia es que yo tengo un país que me ha apoyado y mis compañeras palestinas están solas. He tenido remordimientos porque yo tengo un país que me ha protegido, miles de personas me han respaldado en las calles de España y mi consulado estaba muy encima del caso, a ellas no les protege nadie. Me he sentido privilegiada por este apoyo exterior, pero dentro de la cárcel he sido como el resto.

Después de tres décadas en los territorios ocupados sin haber tenido problemas con la seguridad israelí, ¿se explica los motivos de esta detención?

Todavía me pregunto el porqué y por qué yo. La experiencia ha sido demoledora. Yo soy una trabajadora de una organización sanitaria que lleva 28 años trabajando por la salud de los palestinos y nunca había tenido problemas con la seguridad de Israel. Aquí hemos recibido miles de visitas, incluso políticos de alto nivel como Josep Borrell, que inauguró una de nuestras clínicas. Son 28 años de proyectos y auditorías, tengo la conciencia tranquila y volvería hacerlo, ha sido mi vida y me siento orgullosa de mi trabajo.

Usted ha vivido las dos intifadas, la Guerra del Golfo… pero nunca había sido detenida.

He vivido situaciones muy duras, pero es la primera vez que veo al monstruo desde dentro, la verdadera cara de Israel desde dentro y su trato a los palestinos. Deben ser más humanos, cambiar el chip, llevan setenta años así. A ellos les trataron mal en el pasado, pero fue en Europa, no aquí y han creado un monstruo. Tengo miedo, aun no ha terminado mi condena, me han asustado, los interrogatorios… me han mostrado un odio infernal y no lo entiendo porque yo no odio a nadie.

¿Y ahora cuál es el plan de Juana Ruiz?

Durante cinco años no puedo trabajar en organizaciones humanitarias, es una parte del acuerdo alcanzado entre fiscalía y defensa. Además, estoy cerca de los 65, bastante quemada, cansada, con problemas de salud, si antes me planteaba la jubilación, la cárcel ha sido el remate. Nuestro plan pasa por vivir a caballo entre España y Palestina y me gustaría escribir mi biografía desde la llegada a Gaza en 1985 hasta hoy.

¿Cuánto nos tardaremos en condenar el Apartheid israelí?

Foto: un manifestante lleva un cartel en el que se lee «Israel es un estado de apartheid» durante una manifestación en Cisjordania, el 23 de enero de 2019 [ABBAS MOMANI/AFP/Getty Images].

15 de febrero de 2022

Por Maher Pichara Abueid

“Israel no es un estado de toda su ciudadanía. [..] sino el estado nación del pueblo judío y únicamente de este”. De esta forma comienza el lapidario informe de Amnistía Internacional, citando el mensaje abiertamente segregador y discriminador de Benjamín Netanyahu del año 2019, en ese entonces primer ministro israelí.

Los gritos desgarradores solicitando auxilio por parte de la población nativa palestina están siendo oídas: Human Rights Watch, Amnistía Internacional, B’tselem y relatores de las Naciones Unidas han sentenciado que en Israel y en los Territorios Palestinos Ocupados se cometen crímenes contra la humanidad como lo es el Apartheid, la tortura y la persecución. Antecedentes que se pueden incorporar a la investigación que lleva a cabo la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad en contra de Israel.

El colonialismo sionista empleó el siguiente movimiento: Desterritorializar a los nativos, expulsándolos de sus hogares, y a la vez, territorializar a los colonos israelíes. Esta fórmula culminó en una limpieza étnica de los palestinos de su tierra. Hoy, el proyecto colonial se corona con el crimen de Apartheid, tratando a la población autóctona como ciudadanos de segunda categoría, discriminándolos sistemáticamente.

Así lo revela el reciente informe de Amnistía Internacional: “Desde su creación en 1948, Israel persigue una política expresa de establecer y mantener una hegemonía demográfica judía y maximizar su control sobre la tierra en beneficio de la población israelí judía, al mismo tiempo que minimiza el número de personas palestina, restringiendo sus derechos”.

Pero esta política israelí no es nueva. Ya Ben Gurion, tras la conquista de Jerusalén, que de acuerdo con Ilan Pappé tenían como misión establecer judíos en cada casa desalojada de los barrios semiárabes, advertía en esos años que “no toda Jerusalén es judía, pero ya hay un enorme bloque judío. En muchos barrios del oeste no es posible siquiera encontrar un árabe. Lo ocurrido en Jerusalén y Haifa, puede ocurrir en otras ciudades”. De ese modo se alentaba a profundizar el doble movimiento colonial: Expulsar a los nativos y asentar a los colonos.

Las intenciones racistas quedaron claramente evidenciadas en 1976, cuando se filtró el informe de Israel Koenig, comisionado del ministerio del interior israelí, que debía lidiar con los asuntos árabes. “Debemos utilizar el terror, el asesinato, la intimidación, la confiscación de tierras y el corte de todos los servicios sociales para liberar Galilea de su población árabe”.

En la misma línea, Human Rights Watch, evidenció el plan de gobierno municipal de Jerusalén, el cual se fijó como objetivo “mantener una amplia mayoría judía”. Así, la nueva normativa permitió expulsar a los palestinos de sus tierras, confiscar sus hogares, demoler sus viviendas, cursar ejecuciones sumarias y prohibir la reagrupación familiar de la población palestina, entre otros crímenes.

Ben Gurion en diciembre de 1947 -posterior a la resolución de la ONU que dividía palestina- pavimentaba con sus declaraciones el camino del Apartheid al afirmar que “hay un 40% de no judíos en las áreas asignadas al Estado judío. Esta composición no es una base sólida [..]Únicamente un Estado con al menos un 80% de población judía puede ser viable y estable’’. Es curioso que hoy la población palestina en Israel es de un 20%, tal como predecía Ben Gurion.

Como expresa el profesor judío, Ilan Pappé, la “democracia” israelí depende de la demografía, necesitaban reducir a los palestinos para poder tener un control y poder sobre los nativos. Acá reside el engaño. Los palestinos pueden votar porque los mantienen a raya demográficamente y así no generan cambios significativos. En Sudáfrica era al revés, la población nativa era de un 80%, por eso no votaban. De hacerlo, el Apartheid habría terminado de inmediato.

Israel ha aprendido mucho de viejas amistades para imponer el Apartheid. N. Kirschner, ex presidente de la federación sionista Sudáfricana, en su escrito “Sionismo y la unión de Sudáfrica: 50 años de amistad y entendimiento” manifiesta la identificación entre el movimiento sionista de Thedoro Herzl y Weizmann, con la concepción sudafricana de colonización basada en la discriminación racial. Y como no, si en el año 1902, Theodoro Herzl, le escribió una carta a Cecil Rhodes, quien dirigió la colonización de Sudáfrica, creando un país con su nombre, Rhodesia, que hoy en día es Zimbawe y Zambia, solicitando ayuda: “Si se pregunta por qué me dirijo a usted, señor Rhodes, es porque mi programa es un plan colonial’’. En el año 1934 se fundó la ‘’África-Israel investment’’ para poder adquirir tierras palestinas.

El régimen sudafricano tenía aliados. Israel era uno de sus principales socios, sosteniendo un amable intercambio político, militar y económico. La Asamblea General de las Naciones Unidas, el 9 de noviembre de 1976, en su resolución E, condena la activa cooperación de Israel con el apartheid sudafricano.

El informe de Amnistía Internacional sólo viene a ratificar los más de 75 años de discriminación y segregación, que sufre el pueblo palestino.

La comunidad internacional debe comenzar a actuar. En los próximos años, quizás décadas, miraremos hacia atrás y nos preguntaremos: ¿Por qué nos tardamos tanto?

Fuente: https://www.monitordeoriente.com

Juana Ruiz: “He sido utilizada por Israel por ser española y palestina”

12 de febrero de 2022

Por Juan Carlos Sanz

La cooperante liberada tras permanecer 10 meses en prisiones israelíes defiende su inocencia y llama a solucionar con “humanidad” el conflicto en Palestina.

“Ahora solo quiero ver el mar, las montañas. Estar con mi familia, los amigos”. Cuatro días después de salir de una prisión israelí, Juana Ruiz Sánchez, de 63 años, conversó con buen ánimo en la tarde del viernes con un grupo de medios españoles, entre ellos EL PAÍS, en su casa de Beit Sahur (Cisjordania), situada a un kilómetro de la basílica de la Natividad de Belén. En la madrugada del pasado 13 abril dos docenas de soldados irrumpieron en esa misma morada para detener a la cooperante madrileña y llevársela aterrorizada una mazmorra en Israel. Diez meses después ha regresado con diez kilos menos y la sombra de la extenuación en la mirada, pero sin haber perdido un ápice del apego a la condición humana.

“En la cárcel me he dado cuenta de la verdadera cara de Israel”, relata mientras sus hijos, María y George, ofrecen café, té y pastas a los periodistas, y su marido, el palestino Elías Rishmawi, observa complacido su regreso al hogar. Todos parecen felices. Juana Ruiz también goza al fin de la serenidad familiar tras un largo cautiverio. “Los israelíes sienten más miedo que nosotros. Tienen que cambiar el chip y ser más humanos”, razona sin aparente sombra de rencor sobre un Estado obsesionado con la seguridad. “Pero tengo miedo, aún no ha acabado mi condena”, advierte, “y me han asustado los interrogatorios, que han mostrado un odio infernal”.

En noviembre, la cooperante española aceptó una condena a 13 meses de cárcel ante un tribunal militar israelí por “prestar servicios a una organización ilegal” y “tráfico de divisas en Cisjordania”, dentro de la ONG palestina Comités de Trabajo para la Salud, con la que colaboraba desde hacía 28 años. El acuerdo alcanzado por su abogado con la Fiscalía castrense le eximió de ser encausada por graves cargos de terrorismo y la puso a salvo de una prolongada permanencia entre rejas a la espera de juicio. El lunes vio confirmada su libertad condicional con tres meses de antelación.

“Espero que Israel recule y le dé un país, aunque sea pequeñito, a los palestinos. Y que sean vecinos. Algo tiene que cambiar. Se está creando mucho odio y debemos volvernos más humanos, no pensar en muertes, en guerras”, argumenta al ser preguntada sobre la creación de un Estado palestino.

Ruiz asegura que el trato físico en prisión ha sido “correcto”. “Mentalmente, ha sido otra historia”, admite. “Todavía me pregunto el porqué. La experiencia ha sido demoledora: la separación de mi familia, aislada”. Se interroga por lo ocurrido en busca de respuestas, sin dejar de mencionar a cada momento a sus compañeras presas en la prisión de Damon, en un bosque de las afueras de Haifa (norte de Israel). “No me dejaron sola. Me hacían reír, entrar en una rutina para evitar que me deprimiera. A esas mujeres extraordinarias se lo debo todo por su cariño”.

—Cuando en agosto llegó esposada y con grilletes al tribunal militar de Ofer (Cisjordania) no parecía estar recibiendo un trato normal.— se le plantea durante el encuentro con la prensa.

—No lo era. Era mi primera vista. Una sesión de 20 minutos que me supuso tres días de periplo. Me trasladaron a varias prisiones. Me despertaron muy temprano. Estuve 12 horas esperando a comparecer ante el tribunal. Es una manera de presionar. Estaba muy mal. Volví destrozada.

Ruiz padece de una enfermedad crónica por la que está medicada. Una muñequera de color beis protege su mano izquierda. “Aún no he podido ir al médico”, confiesa. “He estado en la cárcel con muchos dolores: se me dormía el brazo y he aguantado a base de calmantes”.

La entereza en el penal de Damon con sus compañeras se desvanece, sin embargo, al recordar el primer mes de detención. “Me desarmé totalmente. Caí en una depresión, en lloros. En no querer comer ni ducharme”, relata con semblante sombrío. “Me sometieron a continuos interrogatorios. Me llevaban desde la cárcel de Sharon [en la zona de Tel Aviv] hasta un centro de detención de Ashkelon [junto a la franja de Gaza]. Pasaba 12 horas fuera de mi prisión habitual y volvía totalmente extenuada”, detalla.

En la cárcel de mujeres cercana a Haifa escuchaba los mensajes de su familia en el programa de la radio palestina dedicado a los presos en Israel. En 10 meses solo tuvo tres visitas familiares y dos llamadas telefónicas, aparte de los breves encuentro a voces en la sala de vistas del tribunal militar de Ofer.

“Me acusaron de financiación de terrorismo, pero yo solo era una empleada de una ONG que trabajaba en la presentación de los proyectos de cooperación, no en su ejecución, que era auditada por instituciones españolas”, puntualiza. “Mi ideología es la humanidad, los derechos civiles, en absoluto estoy relacionada con cuestiones políticas. He trabajado 28 años con la organización sanitaria y nunca me han planteado dudas sobre su legalidad”.

Ruiz considera que su proceso ha sido una causa general contra las ONG humanitarias palestinas: “Yo solo soy como un clavo, pequeñito, pero fundamental. Un punto débil. Soy española, pero también tengo ciudadanía palestina y por eso me han utilizado en Israel para enviar un mensaje de propaganda a Europa y cortar el flujo de financiación a las ONG”.

“Tengo la conciencia tranquila”

“Creo que esa ha sido la intención de Israel con mi detención, pero el resultado ha sido todo lo contrario. Toda la gente ha demostrado estar conmigo en Palestina y en España. Tengo la conciencia tranquila”, replica para defender su inocencia.

El lunes por la tarde, cuando le anunciaron su liberación, se echó a llorar antes de abrazarse con todas sus compañeras. “Estaba en estado de choque”, describe su peripecia. Cuando llegó al puesto de control de Yamala, entre Israel y Cisjordania, cerca de Yenín, no había acudido aún el representante consular español que iba a recogerla. “Un taxista palestino me vio desorientada. ‘Soy una presa que acaba de salir’, le expliqué. ‘No necesito un taxi. Solo un móvil para decirle a mi marido que ya estoy libre”. Se lo ofreció de inmediato, recuerda entre sonrisas.

“Enseguida vino el vicecónsul y hablé por teléfono con el ministro español”, explica sobre su comunicación de urgencia con el titular de Exteriores, José Manuel Albares. “Me pidió que se lo cuente todo cuando vaya a Madrid”. La sentencia le prohíbe trabajar en ONG palestinas durante cinco años. “Estoy cansada, tengo problemas de salud y pronto cumpliré la edad de jubilación. La cárcel me ha hecho pensar. Quiero vivir a caballo entre España y Palestina”, adelanta sus próximos planes, cuando pueda viajar a España a partir del 13 de mayo.

“Me gustaría escribir unas memorias, sobre mi experiencia desde que llegué a Palestina en 1985 y contar lo que ha pasado ahora en la prisión”. Pero antes quiere “dar las gracias a la ciudadanía española” por el apoyo que ha recibido para lograr su excarcelación. “A veces no nos damos cuenta de lo solidaria que es la gente en España”, concluye emocionada. “Nuestro país tiene mucha más humanidad que otros. Me siento muy orgullosa de él”.

Es el corresponsal para Oriente Próximo en Jerusalén desde 2015. Antes fue jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, el Magreb, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: El País 

Muere un adolescente palestino en enfrentamientos con el Ejército israelí

14 de febrero de 2022

Otro tres palestinos resultaron heridos en confrontaciones cuando las tropas israelíes entraron en una aldea cisjordana, cerca de Yenín, para demoler la casa de un atacante que mató a un israelí en diciembre, en la colonia ilegal de Homesh.

Fuerzas israelíes dinamitan la vivienda palestina, Video agencia Maan

Un adolescente palestino de 17 años murió por un disparo en la cabeza del Ejército israelí durante unos enfrentamientos en Cisjordania ocupada, informó el Ministerio de Sanidad palestino.

Otro tres palestinos resultaron heridos en confrontaciones cuando las tropas israelíes entraron en una aldea cisjordana, cerca de Yenín, para demoler la casa de un atacante que mató a un israelí en diciembre, en la colonia ilegal de Homesh.

Según la agencia de noticias Wafa, el Ejército cerró las entradas y accesos al pueblo de al-Silah Al-Harithiya y las fuerzas de seguridad escoltaron excavadoras y maquinaria para derribar la casa familiar del agresor Mahmoud Yarada.

Las demoliciones de viviendas de atacantes palestinos y de sus familiares son parte de las medidas punitivas y de disuasión aprobadas por Israel y son una práctica criticada por los palestinos por considerarlas un «castigo colectivo» ilegal ante la ley internacional.

El derribo generó la oposición de los residentes que derivó en enfrentamientos, con armas de fuego incluidas, con el Ejército israelí.

Según el Ministerio de Sanidad, diversas personas resultaron heridas por disparos, entre ellas el joven de 17 años, identificado como Mohamed Abu Saleh, que murió en el hospital a causa de las heridas de bala.

Fuente: Swiss Info

Palestinos protestan por medidas represivas en cárceles israelíes

11 de febrero de 2022

Nuevas protestas se anuncian para hoy y el día lunes de parte de la Sociedad de Prisioneros Palestinos (PPS) para desaprobar las medidas represivas de las cárceles israelíes.

El PPS afirmó que los detenidos se negaron a salir de sus celdas para los controles diarios y para ir a los patios de la prisión por sexto día esta semana en medio de las crecientes tensiones.

Durante el sábado, el Servicio Penitenciario de Israel redujo la duración del tiempo al aire libre de los reclusos, en violación de los arreglos ya establecidos.

Anteriormente, a los presos de diferentes secciones se les permitía estar juntos en los patios durante unas seis horas al día, divididos en dos turnos, el primero aproximadamente entre las 8 y las 11 de la mañana y el segundo entre las 15 y las 17 horas.

Ahora, tanto la duración como el número de personas permitidas al aire libre al mismo tiempo se han restringido.

El movimiento de prisioneros palestinos dijo el domingo que todos los palestinos detenidos en prisiones israelíes de todo el espectro político anunciaron el estado de alarma general, en respuesta por las medidas represivas tomadas por el Servicio Penitenciario de Israel (IPS) contra los detenidos.

El lunes, los presos anunciaron la disolución de sus organismos reguladores que coordinan con la administración penitenciaria israelí, lo que significa que cada prisionero es libre de hacer lo que quiera para expresar sus quejas.

El miércoles, fuerzas especiales irrumpieron en las celdas de la prisión militar de Ofer, agredieron a los detenidos y los amenazaron con más medidas punitivas, después de que supuestamente se descubriera un supuesto plan de fuga a principios de semana.

Ayer, la administración penitenciaria israelí en la prisión de Nafha informó a los detenidos palestinos en todas las secciones que serán revisados ​​cuando estén listos para realizar la oración del viernes en los patios de la prisión. Sin embargo, los detenidos se negaron y decidieron realizar la oración al interior de sus celdas.

La comisión palestina de asuntos de detenidos y ex detenidos dijo hoy que la policía especializada y las unidades antidisturbios están desplegadas para controlar la situación después de la oración en medio de temores de posibles disturbios.

La Comisión señaló que tal medida se tomó en protesta contra las medidas punitivas y represivas tomadas por la administración de prisiones israelíes, ya que se retractó de las demandas alcanzadas con los detenidos el año pasado, luego de la fuga de prisión de Gilbou.

El año pasado, las unidades especiales israelíes y la administración penitenciaria tomaron medidas enérgicas contra varias prisiones durante más de cinco días seguidos, incluida la Sección 6 de Ketziot en la prisión de Negev y Ramon, en un intento de dispersar a unos 400 prisioneros palestinos de la Yihad Islámica en varios de otras cárceles.

Así, todos los presos palestinos recluidos en prisiones israelíes anunciaron alarma general e insurgencia contra las leyes israelíes, en respuesta a la represión y medidas castigadoras israelíes.

Los detenidos palestinos en las prisiones de Negev y Ramon también prendieron fuego en las secciones de las prisiones, como parte de su protesta contra las leyes israelíes.

Las autoridades de ocupación cancelaron las visitas familiares de los presos palestinos en sus cárceles hasta finales de septiembre.

Tales tensiones se produjeron después del acto heroico de seis presos palestinos que lograron liberarse el 6 de septiembre de 2021 de la prisión de Gilbou, una prisión israelí de alta seguridad, a través de un túnel secreto que, según los informes, habían excavado debajo de la prisión, y fueron arrestados nuevamente. más tarde, después de más de una semana de operaciones de barrido a gran escala en toda la Palestina ocupada utilizando sistemas de alta tecnología.

Así, el traslado previsto de los presos pertenecientes a la Yihad Islámica formaba parte de un conjunto de operaciones punitivas y represivas adoptadas por el IPS tras la fuga de la prisión de Gilbou.

En esa ocasión, los detenidos exigieron a la administración penitenciaria israelí que pusiera fin a su política de represión, abusos y traslados arbitrarios, pusiera fin a las medidas represivas impuestas a los detenidos, liberara a los presos aislados a secciones regulares y devolviera las condiciones de detención a lo que eran antes del 6 de septiembre. , y poner fin a la política de detención administrativa arbitraria y detener la política de renovación de detenidos administrativos, entre otras demandas.

Ahora hay 4.500 palestinos recluidos en prisiones israelíes, incluidos 500 detenidos administrativos detenidos sin cargos ni juicios, 180 niños y 34 mujeres.

Fuente: qudsen.com

La crueldad como política de Estado – La historia de Harun

Foto: tractor confiscado a por el ejército israelí a agricultores palestinos en la aldea de Al Rakiz, Columnas al Sur de Hebrón. Diciembre 2021. (B’Tselem)

10 de febrero de 2022

María Landi

Publicado en el portal Desinformémonos el 31/1/22

Hace muchos años un amigo palestino me dijo: «El mundo no puede creer todo lo que nos hace Israel. Por eso necesitamos voces israelíes que lo cuenten.» Esa frase inolvidable de mi amigo vale para los hechos de hace 74 años –la limpieza étnica, la destrucción y la muerte que dieron origen al Estado de Israel− como para lo que viven todos los días desde entonces, bajo las mil y una políticas que tienen como único propósito hacer de la vida palestina un infierno cotidiano, hasta aniquilarla.

Podría dedicar esta columna a hacer un recuento de los actos de mayor crueldad cometidos solo este último mes en el territorio palestino –desde el Mediterráneo hasta el río Jordán−, y sería interminable. Podría describir cómo en el Sur de Hebrón el ejército de ocupación embistió con una grúa a un viejo líder beduino y lo abandonó moribundo; o relatar que en el centro de Cisjordania puso bajo sitio a una localidad entera durante 50 días y cometió abusos que incluyeron invadir 17 veces la escuela armados a guerra y llevarse detenidos a menores; o que detuvo sin motivo alguno a un anciano de 80 años que regresaba a su hogar, lo hizo bajar del coche y lo torturó hasta que murió de un infarto; o cómo reprimió brutalmente, y arrestó hasta niñas y niños de 11 y 12 años, a una comunidad indígena beduina del desierto del Naqab (cuyos habitantes tienen ciudadanía israelí pero no cuentan, porque no son judíos) que protestaba contra el despojo de su tierra; o que desde hace un año mantiene preso, sin cargos ni juicio, a un adolescente de 17 años que sufre una grave enfermedad crónica que requiere tratamiento continuo (miastenia), pese a que a contrajo Covid y que tres agencias de la ONU están pidiendo su liberación; o cómo agentes armados a guerra irrumpieron de noche en el hogar de la familia Salhiya (una de las que resisten la limpieza étnica en el barrio Sheikh Jarrah de Jerusalén Este), y luego de expulsar a las tres generaciones que vivían allí demolió su casa ante sus ojos, dejándoles sin techo en el frío gélido de la madrugada… Y podría seguir relatando ejemplos de esa crueldad sin límites, ejercida por un país que invierte muchos millones al año en vender una imagen internacional de civilización y democracia y, por supuesto, una importante dosis de autovictimización.

Pero en cambio quiero visibilizar  un caso emblemático por su crueldad y su trágico resultado, pese a que refleja dinámicas cotidianas. Ocurrió hace un año, en la aldea pastoril Al-Rakiz, en Colinas al Sur de Hebrón, la crítica ‘zona C’ de Cisjordania de donde Israel pretende expulsar a toda la población palestina para construir o expandir sus colonias judías. Y por aquello que decía mi amigo, el relato que traduje es de Erella y Yair, dos activistas israelíes que pertenecen al “Grupo de las Aldeas” y apoyan desde hace años a comunidades palestinas que resisten la limpieza étnica en Cisjordania.

 

Harun en el hospital israelí Reut, donde estuvo cinco meses (The Villages Group).

 

La impactante historia de Harun Abu Aram – 4/1/21

El camino hacia el hospital al-Ahali de Hebrón pasa por calles bloqueadas y caóticas que recuerdan un poco al sur de Tel Aviv. Dentro, un hospital como cualquier otro del mundo, largos pasillos y mucha gente preocupada y esperando, esperando preocupada.

El padre y el tío de Harun están esperando. Ambos tienen los ojos azules y brillantes como los de Harun (23), que yace ventilado en una Unidad de Cuidados Intensivos desde que un soldado israelí le disparó en el cuello sin motivo alguno, el pasado viernes.

Por miedo al Covid-19 no se nos permitió acercarnos a él, y sólo lo observamos −conectado a máquinas y tubos− desde la puerta. Parecía dormido, hasta que de repente abrió un par de ojos enormes y miró durante mucho tiempo al techo. Ese es el único lugar al que puede mirar. La bala le cortó la médula espinal entre las vértebras C6 y C7. No puede girar la cabeza ni mirar a ningún otro sitio. Pero su mirada clara nos dice que vivirá. Y que lo sabe.

Antes de ir al hospital, nos sentamos con la familia y los vecinos de Harun y escuchamos más detalles sobre el crimen que tuvo lugar allí el 1° de enero, un regalo de Año Nuevo de los colonos judíos, el ejército israelí y la Administración Civil a los habitantes de Al-Rakiz. Así nos enteramos de lo que ocurrió antes de la agresión y, lo que es aún más horrible, de lo que ocurrió después.

El domingo pasado, Ashraf −vecino de Harun que vive en la colina de enfrente− se enteró de que el tribunal israelí había declarado una moratoria sobre las demoliciones en la zona. Ashraf pensó que sería una oportunidad para ampliar su corral de ovejas; trajo consigo [los materiales], y el martes el corral estaba en pie.

Harun Abu Aram en la cueva de su familia, en la comunidad pastoril Al-Rakiz, Colinas al Sur de Hebrón. (The Villages Group).


El viernes por la mañana, los colonos de la cercana Havat Ma’on vinieron y fotografiaron el nuevo corral de ovejas. Recordemos que el propio Havat Ma’on −un ‘puesto de avanzada’ [colonia no autorizada pero tolerada por el Estado] ilegal como todos los puestos de avanzada erigidos en la cima de cada colina− está haciendo metástasis como un cáncer violento, sin ningún permiso de construcción, pero en el Planeta de la Ocupación hay leyes diferentes para la raza superior.

La ‘Administración Civil’ [gobierno militar en Cisjordania] y el ejército israelí actuaron inmediatamente. A las 2 de la tarde, un jeep del ejército y una camioneta de la Administración Civil se detuvieron junto a la casa de Ashraf. Los soldados entraron. «¿Qué buscan?» preguntó Ashraf. Los soldados no tenían ninguna orden judicial y ni siquiera se molestaron en explicar a Ashraf lo que estaban haciendo en su casa. «Cállate», dijo el soldado y le empujó. «Cállate y apártate».

Como sabemos, la población palestina de los territorios ocupados no tiene ningún derecho humano: ni a la dignidad, ni a la intimidad, ni a un juicio justo. Su hogar no es inmune a las incursiones y demoliciones nocturnas, su propiedad está expuesta a la confiscación arbitraria, su vida y sus cuerpos son pisoteados por cualquier soldado al que se le antoje.

Los soldados hicieron lo que les dio la gana en la casa de Ashraf, a la vista de su mujer y su pequeño hijo. Descubrieron un cable eléctrico [esas aldeas no tienen electricidad, aunque sí las colonias judías vecinas] al que Ashraf había conectado una sierra de disco, lo siguieron y encontraron el generador −ese generador que se hizo famoso por el video−, que vale cientos de shekels. Sin ninguna razón ni explicación, lo tomaron y lo pusieron en la camioneta de la Administración Civil. «¿Por qué?» «¡Se callan!»

Ashraf no estaba dispuesto a aceptarlo. Intentó recuperar su generador y los soldados lo golpearon. Rasmi, el padre de Harun −que trabaja en Israel y había venido a su casa por el fin de semana− vio el alboroto y vino a ayudar. Los soldados también lo golpearon. Harun vio cómo golpeaban a su padre y corrió en su ayuda. Se les unieron uno o dos niños más, mientras la esposa de Ashraf gritaba, igual que su hijo de 2 años. Y eso es todo. 

La innecesaria pelea que estalló entre soldados israelíes armados y cuatro o cinco palestinos fue descrita por el portavoz del ejército como «una violenta revuelta de 150 palestinos, que lanzaron piedras masivamente.» Sí. En serio. En el Planeta de la Ocupación, la verdad no es una opción.

Entonces sonó el disparo y Harun cayó; los soldados y el representante de la Administración Civil corrieron hacia sus vehículos seguros y huyeron; Ashraf y Rasmi cargaron a Harun sangrando en el cacharro de Ashraf e intentaron llevarlo al hospital. Pero el jeep del ejército les bloqueó el paso y no les dejó pasar. Ashraf se salió de la carretera e intentó esquivar a los soldados. Entonces le dispararon a los neumáticos. Sí. Los soldados israelíes dispararon a las ruedas del coche que llevaba al hospital al joven al que recién habían baleado en el cuello y abandonado. Sí. Qué queda por decir.

De alguna manera lograron llegar al poblado vecino de Al-Tuwani, donde pasaron a Harun al vehículo de Mohammad Rabi. Cuando llegaron a la carretera principal, los soldados les esperaban de nuevo. Y de nuevo los detuvieron. Y de nuevo Mohammad tuvo que escapar de ellos con el sangrante Harun en el asiento trasero. Y volvieron a sonar disparos en su dirección. Sí. Sí.

En la siguiente aldea, la ambulancia ya estaba esperando para llevarlo hasta Yatta. El médico dice que otros diez minutos de retraso y Harun no estaría vivo. Detuvo la hemorragia y envió a Harun al hospital de Hebrón, donde lo sedaron durante dos días hasta que se estabilizó. Allí lo vimos hoy.

Dejamos al padre y al tío con Harun y volvimos a Al-Rakiz. Encontramos a su madre, Farsi, sacudida entre la esperanza y el desconcierto, a su hermano Muhammad (16 años) y a su hermana Hanan (14 años), que están volviéndose locos, y a la pequeña Doha, que aún no entiende. También conocimos a la prometida de Harun, Du’a. Parecía congelada y en estado de shock, y no decía ni una palabra. Tenían planeado casarse dentro de dos meses.

Harun con su madre Farsi y Erella, tras ser dado de alta del hospital Reut.


La madre estaba especialmente preocupada por Muhammad. Él y Harun son tan unidos, decía ella, siempre juntos, planeando la nueva casa que construirían, hablando de la gran boda con la que Harun soñaba. ¿Qué hará él con toda la rabia, el dolor, la impotencia, la sensación de horrible injusticia?

Nos sentamos con Ashraf. Se podía ver lo culpable que se sentía, como si de alguna manera todo hubiera ocurrido por su culpa. Pero ¿quién habría pensado que una persona sería baleada por un generador? No puede soportar las mentiras desparramadas por el portavoz del ejército, y las repite una y otra vez: «¿150 personas? ¿Por qué inventar semejante mentira?»

(En las afueras de la aldea, de regreso, nos encontramos con un equipo de Al-Jazeera. La policía israelí les paró a la entrada del poblado y multó a cada uno de los pasajeros del coche con 5.000 shekels por no llevar mascarillas. Sí. Sí. Nunca termina).

¿Y ahora qué? En Israel Harun podría recibir una atención médica mucho mejor, sin duda, cuando comience su rehabilitación. Pero desde que Trump anunció la anexión, la Autoridad Palestina no permite el traslado de pacientes a Israel ni paga su atención y hospitalización allí. La anexión se evaporó como un mal sueño, pero la resolución sigue en pie.

En un mundo normal, Israel asumiría la responsabilidad por el cuidado de Harun. Pero palabras como “normal” o “responsabilidad” no son reconocidas por el léxico de la ocupación. Estamos tratando de encontrar la manera de llevar a Harun a un hospital israelí. Les seguiremos informando.

Mientras tanto, Harun está allí, mirando el techo. Solo.

 

Harun en su nuevo hogar en Yatta, con su madre y Erella (The Villages Group).

 

Erella y su grupo cumplieron su palabra, además de mover cielo y tierra y recolectar fondos para financiar el tratamiento de Harun en un hospital de rehabilitación israelí (a 28.000 dólares al mes). En un post del 22/6/21, informan que Harun salió de peligro pero quedó tetrapléjico, y reiteran el pedido de apoyo económico para seguir pagando el hospital, ya que sus gestiones ante la Autoridad Palestina fueron vanas. En otro post del 21/11/21, Erella –tras recordar que conoció a la familia de Harun cuando el ejército israelí demolió su vivienda en noviembre de 2020− informa que el 24/10/21 Harun fue dado de alta del hospital israelí y trasladado a su nuevo hogar −adaptado a sus necesidades− ya no en su aldea pastoril sino en la vecina ciudad de Yatta («No más campo abierto, ni rebaño, ni el caballo que soñaba comprar, ni el vasto desierto.»), y que continúan recaudando fondos para financiar a los enfermeros permanentes que necesita por su delicado estado (tiene éscaras en el cuerpo que, según una enfermera del hospital Reut, podrían ser mortales si no se curan) y que la Autoridad Palestina se sigue negando a pagar en su propio territorio.

Vale mencionar que durante 2021 las fuerzas de ocupación continuaron sus habituales incursiones en Al-Rakiz y las aldeas vecinas, confiscando tractores, vehículos y tanques de agua, demoliendo estructuras y otros medios de vida de esas comunidades pastoriles.

El analista y activista Amjad Iraqi escribió el pasado 19 de enero: «La crueldad es intrínseca al apartheid israelí. Y la demolición de hoy de la casa de los Salhiyeh en Sheikh Jarrah (…) está diseñada para ser cruel, tanto para la familia como para todos los palestinos y palestinas que la observan. La crueldad es necesaria para aterrorizar, desmoralizar e incapacitar a la población palestina. El Estado necesita que sintamos esta impotencia, que nos sintamos atrapados por la sensación de fracaso, para robarnos no sólo la voluntad de resistir, sino la voluntad de vivir. Necesita nuestra total sumisión, o nuestra completa anulación. (…) Muchas palestinas y palestinos hemos sentido hoy ese dolor de forma aguda. Muchos nos sentimos impotentes. Pero luego vino la rabia. Y luego vino nuestra determinación. Una sociedad ‘resiliente’ es una sociedad torturada, que a menudo depende de su pura obstinación para salir adelante. Pero es lo único que desafía a la crueldad cuando nada más lo hace.» Y yo agrego: de eso el pueblo palestino sabe mucho: como tantos pueblos indígenas del mundo, lleva varias generaciones resistiendo; y ningún proyecto colonial logrará arrancarlo de su tierra ancestral.

 

Demolición de viviendas, corrales y estructuras palestinas en la aldea pastoril Al-Fajit, Colinas al Sur de Hebrón. Octubre. 2020 (B’Tselem).

Fuente: https://mariaenpalestina.wordpress.com/2022/02/06/la-crueldad-como-politica-de-estado-la-historia-de-harun/

 

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