Visita de Biden a Israel: el pueblo judío más fuerte que nunca y EE. UU. cada día más sometido a los judíos e Israel

18 de julio de 2022

Por Daniel Kupervaser

La guerra del Sinaí, liderada por Inglaterra, Francia e Israel contra Egipto, finalizó el 5 de noviembre de 1956, después que el ejército de Israel ocupara la Franja de Gaza y gran parte de la península del Sinaí. Tres días después, Dwight D. Eisenhower, entonces presidente de EE.UU. se dirigió telefónicamente a David Ben Gurion, entonces primer ministro de Israel, exigiéndole la inmediata retirada de las fuerzas israelíes de los territorios conquistados. A los 3 días Ben Gurion anunció el repliegue de las fuerzas israelíes.

Apenas finalizada la primera guerra del golfo en febrero de 1991, George Bush (padre), en su tiempo presidente de EE.UU. y líder de la coalición que derrocó a Sadam Hussein en ese conflicto, forzó a Israel a participar en una conferencia internacional para tratar de imponer un acuerdo de paz en Medio Oriente. Pese a la tradicional posición israelí que promovía negociaciones directas entre las partes sin intervención externa y se oponía a convenciones internacionales, Yitzhak Shamir, el conocido halcón intransigente, se vio obligado a rendirse ante las presiones de Washington, y por esta vía, aceptar de participar en la Conferencia de Paz de Madrid de 1991 donde israelíes debieron sentarse en una misma mesa junto con representaciones de países árabes y palestinos.

Estos dos históricos acontecimientos reflejan los aspectos básicos que caracterizaron la diplomacia estadounidense en relación a Israel durante las primeras décadas de la independencia del estado judío: apoyo a la seguridad de Israel siempre condicionado a visiones diplomáticas y supremacía de intereses de EE.UU. en su diplomacia.   

La reciente visita del presidente Biden en Israel demuestra que, durante las últimas décadas, ese histórico orden dio un giro de 180 grados en el que EE.UU. dejó de ser ese factor internacional que fija las reglas de juego diplomático en Medio Oriente según sus visiones estratégicas, para convertirse en un estado sometido a intereses de Israel. Lo que en su momento dictó la necesidad de Israel y los judíos de congraciarse con EE.UU., hoy es el presidente de EE.UU. quien siente la necesidad de congraciarse con Israel y el pueblo judío.

Dos significativos choques de visiones estratégicas totalmente opuestas flotaban en el aire como trasfondo de la reciente visita de Biden a Israel: el marco de la solución del conflicto palestino israelí y la posibilidad de restaurar la vigencia del acuerdo de las potencias del mundo (incluido EE.UU.) de limitación de desarrollo nuclear de Irán firmado en 2015 (JCPOA) y que Trump se retirara del mismo en 2018 presionado por Netanyahu.  

Biden, al igual que todos los presidentes de USA de las últimas décadas, se posicionó claramente detrás de la solución de dos estados para los dos pueblos sobre la base de los límites de antes de la guerra de 1967 como fórmula para finalizar conflicto. Inclusive, el plan de paz del siglo de Trump de 2020 se apoyó en ese principio cuando fijó la entrega de territorios israelíes del Negev a los palestinos como contrapartida a territorios de colonias en Cisjordania que quedarían bajo soberanía israelí. Israel, por supuesto no lo aceptó. Con Biden, Israel fue mucho más preciso y categórico. Arrodilló y “convenció” al presidente en funciones de EE.UU. de la necesidad de encajonar indefinidamente su fórmula de solucionar el conflicto, de declarar públicamente que como estadounidense puro “es sionista” y que ni siquiera hay oportunidades de negociaciones. No es el momento de molestar a Israel con ese tema.

Respecto a la posibilidad de renovar la vigencia de JCPOA entre las potencias e Irán, en su visita a Israel, Biden insistió en su posición de siempre. Mientras continúan las negociaciones con Irán, es preferible dar oportunidad a la diplomacia. Israel le respondió que, no solo se opone a la posición estadounidense, sino que dio a entender claramente su intención de sabotear por la fuerza militar todo acuerdo con Irán. A las pocas horas que el avión de Biden despegó de Israel, el General Kochavi, jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel se encargó de poner a Biden en su lugar. Biden puede hablar, pero Israel no lo escucha. Para ser más preciso declaró: “Los preparativos para la guerra contra el programa nuclear iraní están en el centro de los planes de acción en el ejército de Israel” (Haaretz, 17-7-2022). Como en el caso del conflicto palestino-israelí, nadie se debe sorprender de un repentino alistamiento de Biden del lado israelí.

¿Qué procesos se dieron para semejante viraje del liderazgo de EE.UU. que lo convirtieron en sirvientes de intereses israelíes?

Paralelamente al fortalecimiento israelí en materia militar y de informaciones, que lo convirtieron en una potencia no solo regional sino también con aspiraciones en territorios alejados, comenzó a tomar relevancia el creciente posicionamiento económico de ciertas capas del judaísmo estadounidense con aspiraciones en el campo político de Washington. La insólita posibilidad que el orden legal de EE.UU. permite el uso del dinero privado para influenciar sobre la conducta de candidatos a posiciones políticas claves, conformó un mecanismo que creó las bases de una significativa y tal vez excepcional injerencia judía en favor de Israel tanto en el Congreso, Senado y la Casa Blanca.

CANDIDATOS FINANCIADOS POR ORGANIZACIONES JUDÍAS EN ELECCIONES DE EE.UU. NOVIEMBRE 2022 – MÁS DE 400 DE UN TOTAL DE 469 BANCAS . Fuente: Forward.com      

Con el tiempo, ese entramado tomó importancia y volumen hasta que la participación judía en el financiamiento de campañas electorales en EE.UU. se convirtió en un factor de suma importancia y hasta critico en un país en donde dinero invertido en propaganda rinde en la urna. Según un estudio de las elecciones de 2016, la participación de dinero judío alcanzó el 25% del presupuesto del partido republicano y el 50% del presupuesto del partido demócrata (“Así es como los judíos se convirtieron en factor influyente en las elecciones en EE.UU.”, Ynet, 5-11-2016).

Para las próximas elecciones de noviembre 2022, la organización judía AIPAC publicó en todos los medios y sin desparpajo alguno, su intención de apoyar financieramente a miembros del parlamento y senado, como así también a nuevos candidatos, en sus esfuerzos de reelección o elección, solo bajo la condición que se comprometan a un accionar a favor de Israel. Para formarse una idea de la magnitud desproporcionada de la inversión, se debe tomar en cuenta que financian a mas de 300 candidatos en un total de 469 bancas en disputa en el Congreso y Senado. El resto de organizaciones judías financian a otros 100 candidatos

El incentivo económico funciona a la perfección, especialmente ante un insólito desinterés de la sociedad estadounidense a la vista de sus políticos activando en favor de intereses foráneos como como exigencia de la financiacion. El servilismo incondicional a Israel se convirtió en la norma de una significativa parte del poder ejecutivo y legislativo de los distintos gobiernos de EE.UU. de los últimos tiempos. Esta actitud permitió a Israel un mayor fortalecimiento a nivel internacional, si se tiene en cuenta que Jerusalén supo aprovechar ese servilismo estadounidense para promover favores a terceros países en EE.UU. a condición de apoyo diplomático en organizaciones internacionales. Seguramente se recordará la larga fila de lideres sudamericanos y africanos que periódicamente se arriman a Israel jurando lealtad a los judíos e Israel para promover intereses de sus países en Washington.

Hoy Israel y el pueblo judío se sienten mas fuertes que nunca como consecuencia de su posicionamiento como potencia regional y aún más allá, logro obtenido en gran medida gracias al aporte de dinero judío a elecciones en EE.UU. y así convertir al liderazgo de la potencia más grande del mundo en sirvientes de los judíos e Israel.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 18-7-2022

http://daniel.kupervaser.com/

kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD     

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