Yo, católico palestino, a Biden: Estados Unidos ha traicionado los ideales de paz y de justicia

Foto: el presidente de EEUU, Joe Biden, y el presidente de Israel, Isaac Herzog

14 de julio de 2022

En una carta abierta, el profesor Bernard Sabella refiere las expectativas defraudadas de su pueblo, que nunca fue tratado «con justicia» por los distintos gobiernos estadounidenses. Se han negado los valores de «justicia, democracia e igualdad de derechos». La política de «doble rasero» ante situaciones de ocupación y conflicto. Ni siquiera la Iglesia es inmune a la violencia de los colonos.

Los palestinos esperan «desde siempre» ser escuchados «en forma equitativa» por los sucesivos gobiernos estadounidenses, pero solo han recibido como respuesta palabras y gestos muy diferentes a los «ideales» que promueve Estados Unidos: «justicia, democracia e igualdad de derechos”, afirma en su carta el profesor Bernard Sabella, ex representante de Fatah y secretario ejecutivo del Servicio a los refugiados palestinos del Consejo de Iglesias de Oriente Medio, en una carta abierta confiada a AsiaNews con motivo de la visita del presidente estadounidense Joe Biden a Israel y Palestina.  “A veces los palestinos -observa- nos preguntamos si Estados Unidos aplica un doble rasero en sus relaciones con los diferentes países, ante situaciones de ocupación y conflicto. […] y ni siquiera la Iglesia y sus propiedades son inmunes a los ataques de los grupos de colonos, como ocurrió en la puerta de Jaffa con propiedades de la Iglesia Ortodoxa Griega de Jerusalén”. Lo «mínimo» es «escuchar las voces de los palestinos que anhelan la paz y la justicia». A continuación el texto completo:

Señor Presidente,

Como anciano católico palestino, mi alma está triste.

He crecido en una familia católica que vivió la crisis de los refugiados palestinos, consecuencia de la guerra árabe-israelí de 1948. Mis padres, también refugiados, vivían con sus cuatro hijos en una habitación abarrotada, muy diferente a la pequeña pero independiente casa que tenían en Qatamon antes de 1948. Sin embargo, insistieron en que mis hermanos y yo tuviéramos la mejor educación que ofrecían las escuelas católicas, que formaban parte del sistema de educación privada que existía antes y después de 1948 en Palestina.

Gracias al buen nivel de estudios y a la educación recibida pude continuar mis estudios universitarios en Estados Unidos, con la ayuda de un programa de apoyo al estudio de la Embajada de Estados Unidos en Amman, Jordania. Esta oportunidad me permitió continuar con el legado de mis padres, Zaccaria y Margherita, y ofrecerme a mí mismo, a mi esposa María y a nuestros hijos la oportunidad de una buena educación aquí y en el extranjero.

Fui profesor en la Universidad Católica de Belén durante un cuarto de siglo y he podido apreciar la dedicación de los estudiantes palestinos para lograr un buen nivel de formación. El profesor que me dirigió en mi doctorado, el difunto Murray Milner Jr. de la Universidad de Virginia, oriundo de Texas, visitó el campus de la Universidad de Belén en la década de 1980 y observó que, salvo por la forma en que vestían los profesores palestinos, podría haber estado en cualquier campus universitario de Estados Unidos.

He trabajado en el Servicio a los Refugiados Palestinos del Consejo de Iglesias de Oriente Medio durante los últimos 22 años. He visto de cerca el dolor de los palestinos y otros desplazados y refugiados en todo Oriente Medio. En mi trabajo en contacto con los refugiados, algunos de los socios más valiosos fueron las Iglesias de los Estados Unidos: el Global Ministries of the United Methodist Church, los Discípulos de Cristo (Iglesia Cristiana), la United Church of Christ, la Iglesia presbiteriana y la Iglesia evangélico luterana, solo por nombrar algunas. Estas iglesias y sus miembros han acompañado el dolor de los palestinos desde 1948 y su solidaridad ha levantado el ánimo y curado las heridas de los cuerpos de miles de refugiados palestinos a lo largo de los años.

En 2006 tuve el privilegio de ser elegido miembro del Consejo Legislativo Palestino en virtud de la cuota reservada a los cristianos en la ciudad de Jerusalén.

Sin embargo, Sr. Presidente, a pesar de todos los logros que he conseguido en la vida, el aporte de la educación que recibí en EE. UU. y el apoyo que nos ha dado la iglesia de los EE. UU., mi espíritu sigue estando triste.

Mis compatriotas palestinos y yo siempre hemos esperado y confiado ser escuchados con justicia por las diversas administraciones de Washington que se han sucedido a lo largo del tiempo. Hemos sido tratados injustamente y hemos esperado, teniendo presente los ideales que siempre ha promovido esa gran nación: justicia, democracia e igualdad de derechos. Esperábamos que aplicaran esos mismos ideales para hacer valer nuestros derechos, negados desde hace tanto tiempo.

Hemos quedado librados a nuestras fuerzas, sin ninguna esperanza de una solución equitativa, justa y duradera para nuestra situación, considerando las políticas estadounidenses sobre el conflicto árabe-israelí. La estrategia y el poder, más que los valores de equidad y justicia, parecen ser primordiales para determinar las posiciones políticas. A veces los palestinos nos preguntamos si Estados Unidos aplica un doble rasero, en sus relaciones con diferentes países, ante situaciones de ocupación y conflicto.

No niego que las condiciones de vida de los palestinos y su mejora sean motivo de preocupación, como han subrayado reiteradamente las administraciones estadounidenses. Pero permítame recordarle, señor presidente, un versículo de la Biblia: “No sólo de pan vive el hombre” (Mateo 4:4).

El espíritu anhela el tipo de palabras y acciones que necesitan las heridas de mi pueblo. La continua ocupación israelí de las tierras palestinas, la expansión de los asentamientos ilegales, los enfrentamientos militares que estallan en forma intermitente en la Franja de Gaza, las matanzas diarias de jóvenes palestinos, la expropiación de vastas extensiones de tierra que desplazan a miles de palestinos de sus hábitats naturales y la intimidación y el acoso constantes a niños y agricultores palestinos por parte de los colonos, protegidos por el ejército israelí, apuntan hacia una solución sin salida. Ni siquiera la Iglesia y sus propiedades son inmunes a los ataques de grupos de colonos, como sucedió en la Puerta de Jaffa con propiedades pertenecientes a la Iglesia Ortodoxa Griega de Jerusalén.

Señor Presidente,

hace pocos días un joven futbolista palestino dijo en la televisión local, utilizando un árabe sencillo: “Somos un pueblo que quiere vivir como cualquier otro pueblo. Queremos divertirnos jugando al fútbol y disfrutar un poco de las cosas buenas de la vida». Del mismo modo, los trabajadores palestinos que se levantan a las tres de la mañana todos los días para pasar los puestos de control llenos de gente y llegar a su trabajo a las siete, le dirían que quieren seguir con su trabajo, porque aman a sus familias y quieren que.sus hijos tengan todas las oportunidades que ellos no tuvieron.

Aspiramos a estar libres de ocupación y poder vivir como otras naciones en nuestro propio Estado. Para nosotros también es importante que con Jerusalén se cumpla lo que afirmaron los jefes de las Iglesias en una declaración de noviembre de 1994: “Instamos a todas las partes a ir más allá de cualquier perspectiva o acción exclusivista y a tomar en consideración, sin discriminaciones, las aspiraciones religiosas y nacionales de los demás, a fin de restituir a Jerusalén su verdadero carácter universal y hacer de la ciudad un lugar santo de reconciliación para toda la humanidad”.

Con el alma y el corazón tristes, tanto el mío como el de mis compatriotas palestinos, me dirijo a usted con motivo de la visita que está llevando a cabo en estos días, y le recuerdo que lo mínimo que puede hacer es escuchar las voces de los palestinos que anhelan la paz y la justicia. El dolor que sentimos dentro de nosotros solo puede tener cura con un futuro de paz, que pueda venir y reinar entre todos nosotros en esta tierra tan atormentada.

Fuente: www.asianews.it

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