Una crisis política que no tiene fin: Israel se encamina hacia nuevas elecciones

Por Efraim Davidi,

El denominado «gobierno del cambio» de Israel alcanzó el 30 de junio pasado su punto final. Duró poco más de un año y se desmoronó lentamente por un sinfín de crisis internas que se apilaron hasta dejar a sus líderes sin margen de acción. La caída del actual gobierno, hasta ahora encabezado por un líder de extrema derecha, Naftali Bennett, convirtió al Ministro de Relaciones Exteriores y autodenominado «líder de centro» Yair Lapid, en Primer Ministro en funciones por los próximos cuatro meses hasta la formación de la próxima coalición gubernamental.

Tras la disolución de la Knésset (Parlamento) con el apoyo de 92 de un total de 120 diputados, Israel vuelve a sumergirse en una feroz campaña electoral de cara a los comicios fijados para el próximo 1 de noviembre, las quintas elecciones en 36 meses. Pero esta decisión de disolver el Parlamento ahonda más aun la profunda crisis política que atraviesa Israel y entre las facciones de la coalición gubernamental.

Este Ejecutivo, compuesto por siete partidos sionistas de derecha, centro e incluyendo dos que pertenecen a la Internacional Socialista (el laborismo, otrora la mayor fracción parlamentaria y Meretz) y apoyado por un partido islámico conservador (Rapan) tuvo por objetivo destronar al ex Primer Ministro y líder del derechista Likud, Benjamín Netanyahu, enjuiciado por corrupción que sirvió ininterrumpidamente en el cargo desde 2009 hasta junio de 2021.
Pero paradójicamente y en los hechos, el «gobierno de cambio» fue en realidad un gobierno de continuidad en los ejes centrales de la política gubernamental de Netanyahu: la continuación de la ocupación de los territorios palestinos ocupados por Israel en junio de 1967, la perseverancia en las medidas neoliberales en la economía y la sociedad, el disciplinado alineamiento con la estrategia del imperialismo en la región y los recurrentes ataques en Siria e Iran.

Dos bloques de las clases dominantes y un tercero minoritario

Al igual que en las últimas ocasiones, ante estas elecciones (¡nuevamente!) anticipadas los partidos se perfilan divididos entre aquellos dispuestos a servir bajo el mando de Netanyahu quien fracaso en su tarea de formar los últimos cuatro gobiernos y quienes insisten en la necesidad de evitar el regreso del ex-mandatario, que enfrenta los cargos de fraude, cohecho y abuso de confianza en tres casos distintos de corrupción.

Esta vez, sin embargo, el electorado acudirá a votar habiendo atravesado la experiencia de un poder ejecutivo alternativo al que propone Netanyahu, al frente de su partido, Likud, junto a sus socios ultraortodoxos y racistas.
Existe una tercera opción, aunque minoritaria: la Lista Común que conforman el frente Hadash del Partido Comunista de Israel junto a dos partidos árabes, Ta’al (Movimiento Árabe por el Cambio) y Balad (Pacto Nacional Democrático). «La Común», como se la denomina generalmente en hebreo y árabe, está dirigida por un joven diputado de Hadash, Ayman Odeh y no está incluida en ninguno de los dos bloques, aunque es profundamente enemiga de Netanyahu y sus aliados. La Lista Común tiene un programa anti-colonialista y anti-capitalista y posee una bancada de solo seis diputados. De acuerdo a las encuestas realizadas a principios de julio, podría obtener entre siete y ocho parlamentarios.

Netanyahu prepara su retorno

A las dificultades internas del gobierno saliente se sumó el incansable accionar de Netanyahu, como líder de la oposición derechista, para obstaculizar su funcionamiento y demostrar al electorado que un gobierno tan amplio y no bajo su mando no podía funcionar. «Esto es lo que sucede cuando mezclas un partido de falsa derecha con partidos de extrema izquierda y una facción árabe-terrorista ligada a los Hermanos Musulmanes», dijo en la Knesset el 30 de junio pasado el ex-primer ministro, que describió al gobierno saliente como un «experimento que fracaso».

Además, en un discurso ante el parlamento que para muchos marcó el comienzo de su campaña electoral, prometió «un gobierno amplio y robusto, que devolverá el orgullo nacional, la fuerza, la disciplina y la esperanza a Israel». En otras palabras, Netanyahu propone una mayor fascistacion del Estado de Israel, y de acuerdo a los medios israelíes una de sus primeras medidas si fuera elegido, es legislar una ley que impida la continuación de su juicio y una posterior condena a la cárcel.

Nuevas elecciones y viejas incógnitas

Culminada la votación en el Parlamento, Lapid se dirigió al museo del Holocausto de Jerusalén, Yad Vashem, con el fin de honrar la memoria de su padre, fallecido en 2008 y sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. «Prometí a mi difunto padre que siempre mantendría a Israel fuerte, capaz de defenderse a sí mismo y de proteger a sus hijos», escribió Lapid a través de su cuenta de Twitter, previo a la simbólica ceremonia de traspaso de mando. El padre de Lapid, ex ministro de Justicia, propugno en su momento abolir los juzgados laborales y limitar el derecho de huelga. De tal palo, tal astilla, y últimamente el nuevo Primer Ministro, quien fuera ministro de Economía durante uno de los gobiernos de Netanyahu, expreso que «los países más ricos son aquellos donde hay más desigualdades sociales».

De cara a los próximos comicios, este periodista de 58 años devenido político se perfila una vez más como líder del sector anti-Netanyahu, que ya no contará con la participación de Bennett tras su anuncio de que no se presentaría a las elecciones.

Esta decisión de Bennett podría ser decisiva para el futuro político de Israel, dado que deja al mando de su partido, Yamina (literalmente «Hacia la Derecha», en hebreo), a la impredecible y racista ministra de Interior, Ayelet Shaked que hizo todo lo posible para sabotear el gobierno saliente dirigido por… Bennet.

Las últimas encuestas difundidas por medios israelíes anticipan un escenario difícil para ambos bloques, que por ahora no contarían con los apoyos necesarios para llegar al mínimo de 61 diputados necesario para formar una coalición. Según encuestas difundidas durante los últimos días Netanyahu se perfila como ganador en cantidad de votos, tal como sucedió en tres de las últimas cuatro elecciones, pero no contaría con suficientes diputados para gobernar. Sus posibilidades de formar un gobierno dependerían sin embargo de las alianzas que pueda formar y del resultado electoral de sus tradicionales socios ultraortodoxos, derechistas y racistas, que en los comicios anteriores no consiguieron los escaños necesarios para formar una coalición de más de 60 diputados junto al Likud.

Lapid, por su parte, se ubica segundo en las encuestas y se perfila como líder del bloque anti-Netanyahu, que sin embargo ha enfrentado profundas dificultades para gobernar en conjunto durante el último año. Algunos de sus socios tambalean en sus encuestas, entre estos los partidos Meretz y Ra’am que no alcanzarían la cantidad de votos necesarios (cuatro diputados) para tener una representación parlamentaria.

Muchas incógnitas rodean las próximas elecciones, pero hay una certitud: un torbellino de rumores, acusaciones cruzadas, desmentidos y promesas electorales de todo tipo, previos a una nueva cita electoral que bien podría no ser la última. En todo caso los dos grandes bloques no darán respuesta a los problemas más importantes de Israel: poner fin de la ocupación que continua hace ya más de cinco décadas, la degradación de la salud pública y la educación nacional, la crisis de la vivienda y el alto costo de vida que afecta principalmente a millones de trabajadores y a sus familias.

Efraim Davidi es miembro de la dirección del Partido Comunista de Israel – MAKI

(Este artículo fue escrito para el boletín de análisis internacional MORENA INTERNACIONAL y saldrá actualizado en su próximo número con fecha del 16 de julio de 2022)

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