Editorial del diario «El País»: «Israel y el elefante de la ocupación»

09 de junio de 2022

La derrota parlamentaria de la coalición de ocho partidos que gobierna en Israel en una votación clave sobre los asentamientos en Cisjordania demuestra que ignorar y aparcar la ocupación de los territorios palestinos agudiza un conflicto que dura ya más de medio siglo. Un año después de su formación, el Gobierno no ha podido prorrogar la vigencia de la legislación “provisional” que desde 1967 ha extendido los derechos civiles israelíes a los cerca de 450.000 colonos asentados en territorio ocupado palestino, mientras los 2,5 millones de palestinos de Cisjordania se hallan sometidos a la ley marcial de un régimen de ocupación militar que acaba de cumplir 55 años.

El revés sufrido por la coalición que encabeza el ultranacionalista Naftali Bennett culmina una deriva de fractura a lo largo de los dos últimos meses. Los derechistas Bennett, Avigdor Lieberman (ministro de Finanzas) y Gideon Saar (Justicia) rechazan de plano la solución de los dos Estados, que implica una Palestina independiente; los centristas Yair Lapid (Asuntos Exteriores) y Benny Gantz (Defensa) son ambivalentes y prefieren contemporizar, mientras que los laboristas y la izquierda pacifista de Meretz defienden una solución política al conflicto, pero están en minoría. La piedra angular que ha sostenido hasta ahora tan diversa coalición ha sido el pequeño partido islamista Raam. Con apenas cuatro escaños, su respaldo externo al Gabinete estrenó una vía de pragmatismo para integrar a la minoría árabe (un 20% de la población) en un Estado que se declara judío. El acuerdo de inversiones públicas para mejorar sus empobrecidas comunidades a cambio de su apoyo político puso fin a más de dos años de bloqueo parlamentario marcados por cuatro elecciones legislativas. Pero la fragilidad de la coalición ha quedado patente esta primavera. La muerte de medio centenar de palestinos en incidentes con las fuerzas de seguridad en Cisjordania y la decisión del Supremo israelí de dar luz verde al desplazamiento forzoso de más de un millar de beduinos también han contribuido a fragmentar la heterogénea alianza en el poder.

El bloqueo de la legislación que permite vivir a los colonos como si estuvieran en Israel amenaza ahora la supervivencia de la coalición, mientras el bloque nacionalista y religioso acaricia el retorno al poder mediante una moción de censura. La ocupación es el elefante que está en el centro de la habitación del Estado de Israel, pero el llamado Gobierno del cambio ha preferido no afrontar el disenso en un asunto central con el único objetivo de salvaguardar su supervivencia. Paradójicamente, y con tal de derribar a Bennett, un histórico defensor de los intereses de los colonos como Netanyahu tampoco ha vacilado en votar contra la ley que ampara algunas de las acusaciones de organizaciones humanitarias israelíes e internacionales contra el sistema de apartheid legal impuesto a los palestinos.

Fuente: El País 

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