Las paredes hablan en Israel: racismo o asimilación. Árabes afuera.

17 de octubre de 2021

Por Daniel Kupervaser

La dinámica del devenir histórico de las sociedades nos enfrenta periódicamente ante acontecimientos significativos con el consiguiente surgimiento del interrogante ¿qué importancia dar? ¿Cómo insertarlo en nuestro análisis histórico? Los hay aquellos fortuitos e individuales totalmente desvinculados de las tendencias y caracteres generales que se enraizaron en una sociedad. Lobos solitarios. Los hay quienes exponen en todo su esplendor los avances o la decadencia de los valores que conducen esa sociedad.

Un buen ejemplo de estos últimos lo expuso días atrás el parlamentario israelí Bezalel Smotrich del partido Sionismo Religioso. Con estas palabras dirigidas a sus pares, parlamentarios árabes israelíes ante el plenario del parlamento de Jerusalén, confesó que en el año 1948 Israel llevó a cabo una limpieza étnica parcial de árabes locales: “Ustedes están aquí por error, porque Ben-Gurion no terminó su trabajo y no los desterró en el 48” (TV del Parlamento Israelí, 13-10-21). A decir verdad, no es la primera vez que este parlamentario expone su visión de ver el territorio desde el Mediterráneo al Rio Jordán limpio de árabes, “tanto por la ayuda de Dios, como por medio de toma de medidas prácticas por parte del gobierno israelí” (“A quien representa Smotrich”, Ravit Hecht, Haaretz, 15-10-21).

Ciertos sectores trataron de restar importancia a este hecho. Ejemplo, Jamal Hakrush, árabe israelí y funcionario de alta jerarquía en la policía de Israel consideró que a esas declaraciones mas vale no darles repercusión (Makor Rishon, 17-10-21).

Sin embargo, difícilmente uno se puede desentender de semejante declaración ante lo asombroso y el carácter histórico del acontecimiento. Las problemáticas conclusiones no son el resultado del hecho que un líder israelí circunstancial incorpore el racismo a la escala de valores que guía el sionismo, al Estado Judío y al pueblo judío, sino que, la gran mayoría, por no decir todo, el liderazgo judío, permaneció totalmente indiferente y ni siquiera se preocupó por desligarse o refutar semejante mancha adjudicada al sionismo y judaísmo. Business as usual.

Smotrich no es un parlamentario cualquiera. Es el líder de un movimiento cuyos miembros se estiman cerca del 10% de la población de Israel. Su partido es componente clave en el bloque opositor de derecha liderado y apoyado por Netanyahu con serias aspiraciones y posibilidades de retornar al poder. Ningún representante de este bloque reprochó o criticó las palabras de Smotrich. Peor aún, brillaron por su ausencia palabras de censura de la bancada oficial, que, como se sabe, incluye partidos de izquierda como Meretz y Avoda.

Tampoco se escuchó la voz de las direcciones de las comunidades judías de la diáspora, generalmente sermoneadora, critica de la discriminación y defensora de los derechos humanos. Unos pocos medios de información judíos de la diáspora divulgaron escuetamente el acontecimiento sin agregar valoración alguna como generalmente lo hacen en situaciones inversas. Leales a su posicionamiento de peones del oficialismo israelí, ambos sectores continúan escabulléndose de toda referencia a los abusos israelíes bajo la consigna “de eso no se habla” “eso no se toca”.

Solo se escuchó la voz crítica de unos pocos parlamentarios árabes israelíes y algunos intelectuales judíos de izquierda.

El silencio mayoritario dentro del judaísmo que acompañó las declaraciones de Smotrich no hace más acentuar que el sueño de una Gran Israel del Mediterráneo al Jordán y sin árabes aun persiste fuertemente en la conciencia del pueblo judío, por encima de todo valor democrático universal, el cual no se cansan de alardear, pero con reparos a cumplir en la práctica. De la misma manera, como el nuevo gobierno de Bennet con apoyo de la izquierda (Meretz y Avoda), ya declaró que no habrá negociaciones de paz con palestinos y que por generaciones y generaciones Israel impondrá un régimen de Apartheid en Jerusalén Oriental y Cisjordania (Soberanía israelí de jure o de facto, con plenos derechos a judíos y sin derechos civiles básicos a palestinos habitantes de la región).

La mayoría judía de Israel y del mundo se siente muy incómoda y responde agresivamente cuando le demuestran la generalización en sus filas y la incorporación del racismo a su ADN. Sin embargo, en la práctica se palpa claramente que esa mayoría judía se cubre de un fuerte caparazón para adecuarse en silencio y tratar de convivir alegando excusas que los pueblos del mundo las rechazan y que solo son admisibles a lideres de países guiados por intereses o simplemente por incentivos económicos (Por ejemplo, donaciones millonarias de judíos a campañas electorales de candidatos en USA).

Culpar de antisemitismo o de judeofobia se convirtió en la única herramienta para repeler estos informes, y consecuentemente, las instituciones judías día a día pierden sus batallas mediáticas. Las comunidades judías del mundo deberán tener presente que su silencio ante la predominancia del racismo en la política israelí los convierte automáticamente en cómplices del Estado de Israel y los enfrentará día a día con mayores desafíos frente a las sociedades circundantes.

Tengan presente: el parlamentario Smotrich es el árbol que impide ver el gran bosque de racismo en el componente judío de la sociedad israelí.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 17-10-2021

http://daniel.kupervaser.com/

kupervaser.daniel@gmail.com@KupervaserD

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