‘La política del agua refleja el apartheid israelí contra los palestinos’

28 de septiembre de 2021

Es la denuncia contenida en una carta abierta dirigida a la ONU y a las ONG internacionales, promovida por los activistas israelíes-palestinos de “Combatants for Peace». La situación es más crítica en la zona C de los Territorios, donde el costo del suministro de agua es ocho veces mayor que en otras áreas Los palestinos solo pueden utilizar el 15% de las reservas de agua.

El Estado de Israel «viola sus obligaciones internacionales» y «niega los derechos humanos básicos» a la población palestina, especialmente a las comunidades que viven en el Área C, a las que «se les impide el acceso al agua». Esto es lo que escriben los miembros de “Combatants for Peace” -una ONG israelí-palestina que lucha con métodos no violentos contra la ocupación israelí en los territorios palestinos- en una carta abierta dirigida a las instituciones y organismos internacionales más importantes, incluida la ONU. La misiva fue enviada a AsiaNews por Jeremy Milgrom, rabino israelí y miembro de la ONG Rabbis for Human Rights; en ella, los activistas anuncian una campaña de protesta de seis semanas contra las políticas discriminatorias de Israel, «similares al apartheid».

La carta va dirigida a la Oficina de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), al representante especial de la UE para el proceso de paz y a los dirigentes del “Cuarteto”. Pide que se ponga «fin» a la política «inmoral e ilegal» de acceso al agua para los palestinos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos 100 litros de agua al día para uso personal y doméstico. Sin embargo, según los datos facilitados por B’Tselem, la cantidad reservada a los palestinos en Cisjordania es inferior a 90 y, en la zona C, se reduce a unos 20 litros. En cambio, en Israel, el consumo per cápita es de 300 litros.

Cisjordania se dividió en tres zonas en virtud de los acuerdos de Oslo II de septiembre de 1995, que complementan el acuerdo de paz firmado en la capital noruega el 13 de septiembre de 1993. La zona C es la más grande e incluye todos los asentamientos israelíes. En un principio, equivalía al 74% de Cisjordania y los acuerdos de Oslo II prevén la entrega gradual a los palestinos. Según datos de la ONU, actualmente comprende el 60% de Cisjordania y alberga a unos 325.000 colonos, divididos en 135 asentamientos y 100 puestos de avanzada. Los palestinos suman cerca de 150.000, repartidos en 542 comunidades. La zona C alberga la mayoría de los recursos naturales y espacios abiertos, pero su disfrute se ve obstaculizado por las barreras y los puestos de control.

Según la Oficina de Estadísticas palestina, las ciudades de Cisjordania sufren un déficit de reservas de agua: hasta 2018 ascendían a unos 58 millones de metros cúbicos, con situaciones muy críticas en Yenín, Tulkarem y Tubas. La situación se agravó con los años, e Israel se ha ido apoderando de las reservas. El agua producida por los depósitos subterráneos asciende a 750 millones de metros cúbicos al año. La parte palestina sólo puede utilizar 118 millones de metros cúbicos, apenas un 15% del total.

Los activistas de Combatants for Peace recuerdan que en muchas zonas del mundo la población sufre por la falta de agua debido a la crisis climática. En Cisjordania la situación es distinta: el problema radica en las «políticas» discriminatorias. «El gobierno israelí», continúan, «controla todos los recursos naturales desde 1967» y los utiliza para reforzar su control sobre la población palestina, favorecer los asentamientos y el cambio demográfico en la región. Los que más sufren son los «agricultores y pastores» del sur de las colinas de Hebrón y del valle del Jordán, que son excluidos de la red de agua y para los cuales resulta imposible recoger agua pluvial.

Por otro lado, el costo del agua en la zona C es ocho veces superior al precio promedio que pagan los palestinos en otras zonas de Cisjordania. Además, la poca agua que llega no es potable debido a las precarias condiciones sanitarias de las cisternas que se usan para transportarla. En muchos casos, «las familias tienen que elegir entre sus propias necesidades y las de sus animales o campos». «Hay que poner fin a esta política racista, ilegal e inmoral”, concluye. “El acceso al agua es un derecho humano fundamental, incluso cuando el ser humano en cuestión es palestino».

Fuente: http://asianews.it

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