En vista de la cumbre Biden-Bennet

23 de agosto de 2021

Por Daniel Kupervaser 

Desde que se formalizaron las “relaciones de dependencia especiales” entre Estados Unidos de América e Israel, cuatro décadas atrás, el ceremonial adoptado demanda un encuentro de lideres ante todo cambio de gobierno en alguno de los dos países. En esta oportunidad, dado el retardo en la formación del nuevo ejecutivo israelí, esta reunión está programada para esta semana, 7 meses con posterioridad a la asunción de Biden.

En notas anteriores detallé los componentes más relevantes de esta rara invención denominada “relaciones de dependencia especiales” En esta oportunidad nos centraremos en las temáticas que principalmente preocupan a Israel y seguramente formaran parte de la agenda de la próxima cumbre Biden-Bennet.

No se trata de un encuentro protocolar, o para tomar una foto histórica. Se trata de un momento crucial en donde se fijan los limites de los acuerdos y desacuerdos que de alguna manera establecen las reglas de juego a las que se debe atener Israel mientras perduren ambos liderazgos.

En este marco de “relaciones especiales de dependencia” Israel recibe de USA tres componentes básicos:

Subvención financiera de un orden anual entre 4 a 5 mil millones de dólares.
Provisión de armamento, especialmente aviones de nueva generación y munición sofisticada bajo el compromiso estadounidense permanente de mantener la supremacía militar israelí en Medio Oriente.
Apoyo diplomático incondicional en organismos internacionales o como eje ejecutor en el otorgamiento de privilegios o lanzamiento de sanciones internacionales a países o instituciones según orden de prioridades israelíes.
En vista de su reconocido poder de influencia en el Congreso y Senado estadounidense, ya de años atrás el poderoso lobby judío en USA logró otorgarles a los puntos “a” y “b” un respaldo legal permanente e independiente de todo gobierno de turno. No es tema de discusión en ninguna cumbre y funciona casi como una cadena de abastecimiento automática. El punto “c” es el que demanda periódica coordinación y armonización.

En el caso específico del próximo encuentro Biden-Bennet, hay dos temas que exigen un accionar inmediato preferiblemente armónico, aunque no se debe olvidar otros temas importantes de por sí, aunque no del mismo nivel de urgencia.

La temática mas importante, sin lugar a dudas, es el futuro de la posible restauración de vigencia del acuerdo de las potencias con Irán destinado a limitar el desarrollo nuclear de este país (JCPOA por sus siglas en inglés) originalmente firmado en 2015. Como se recordará, Trump, azuzado por Netanyahu, se retiró del acuerdo en 2018 e impuso duras sanciones económicas a Teherán y sus líderes. Lejos de arrodillarse, no solo que Irán logra sobreponerse al boicot económico estadounidense, sino que tomó la iniciativa de extralimitarse de las cláusulas de JCPOA (que hasta la decisión de Trump las cumplía a rajatablas) logrando significativos progresos en la acumulación y sofisticación del enriquecimiento de material radioactivo que, según expertos, lo acerca a la capacidad de convertirse muy pronto en otra potencia con armamento nuclear.

Biden asume en enero de este año con la promesa declarada de negociar con Irán la anulación de las sanciones como contrapartida al retorno a JCPOA bajo un marco mas amplio que limite a Irán, no solo en la capacidad de enriquecer uranio, sino también en otros aspectos que, en ojos de Israel, representan un serio peligro para el futuro. Las ampliaciones a las que se refiere Biden comprenden entre otras: extensión de la vigencia de JCPOA más allá de la fecha limite original año 2030, limitación de planes de desarrollo de misiles de largo alcance, limitación del activismo terrorista en Medio Oriente y limitación en el desarrollo e instalación de centrifugas sofisticadas.

A partir del mes de mayo del presente año, delegaciones de las partes firmantes de JCPOA llevaron a cabo una serie de encuentros. La delegación iraní, de principio, expuso su negativa total a toda modificación o complemento al original de JCPOA, con el agregado que se deben anular todas las sanciones contra Irán y, de firmarse un retorno a JCPOA, USA deberá ofrecer garantías suficientes que no se retirará nuevamente en el futuro. Un mes atrás, estos contactos llegaron a un impasse como consecuencia del cambio de gobierno en Irán y el mundo está a la expectativa de su próximo devenir desconocido hasta el momento.

Biden continúa sus esfuerzos en materializar el retorno a JCPOA, en tanto que, paralelamente, envía a Israel un mensaje un tanto confuso: “USA está comprometido con Israel. Durante mi cadencia Irán no dispondrá de armamento nuclear” (“Biden al presidente Rivlin”, Ynet, 29-6-21).

A diferencia de Netanyahu, que su enérgica oposición a JCPOA lo llevó prácticamente a desvincularse de Biden, Bennet, aun sin modificar básicamente su oposición a JCPOA, sí busca un entendimiento con la administración yanqui. En la reunión de gabinete de esta semana declaró: “Estamos en un punto crítico con respecto a Irán que avanza rápidamente en el enriquecimiento de uranio y ya acortó el tiempo necesario para acumular material para una bomba. Heredamos esta complicada situación (crítica indirecta a Netanyahu. DK). Irán se comporta en forma agresiva y desafiante en la región. Le diré a Biden que llegó el momento de frenar a Irán, no darles un salvavidas por medio del retorno a JCPOA que ya venció y no es relevante. Presentaremos un plan preparado y organizado que armamos los últimos meses para frenar a Irán, tanto en sus planes nucleares como contra su agresividad regional” (Walla, 22-8-2021).

En base a las conductas conocidas hasta hoy de Biden e Irán, la posición de Israel es sumamente peligrosa y hasta podría convertirse en contradictoria si las conversaciones al retorno de la vigencia de JCPOA continúan como hasta dos meses atrás cuando las partes suspendieron los encuentros por las elecciones en Irán, momento en que anunciaron avances significativos, aunque con no pocos escollos por delante. Si Irán con su nuevo gobierno se retira de las conversaciones y/o impone condiciones inadmisibles, entonces Benet y Biden podrán avanzar de la mano. Si por el contrario Irán manifiesta su predisposición a reanudar las conversaciones, Israel se transformará en oyente sin voz ni voto, aislada totalmente del proceso.

La segunda temática de primordial importancia de esta cumbre es la visión de cada gobierno hacia la solución del conflicto palestino-israelí. Mientras que las contradicciones internas de la sociedad israelí, reflejadas claramente en la composición política del actual gobierno, dictan la eternización de la constelación de statu quo conformada post acuerdos de Oslo, Biden públicamente apoya la solución basada en la formula dos estados para dos pueblos. Esta visión contrapuesta se proyecta en varios temas de actualidad, como la ampliación de colonias israelíes en Cisjordania, planes de desalojo de palestinos de Jerusalén Oriental y reapertura del consulado estadounidense en Jerusalén considerado como la embajada de ese país en Palestina. La extensa experiencia acumulada demuestra que, prácticamente en todos los casos, Israel sale con lo suyo, mientras que la administración estadounidense se conforma con pálidos rezongos propio de un país dominado. La única excepción fue la abstención de Obama en la votación del Consejo de Seguridad de ONU que permitió la adopción de la resolución 2334 que fijó el carácter ilegal a colonias israelíes en territorios ocupados en la guerra de 1967, inclusive Jerusalén Oriental.

De carácter excepcional, esta cumbre tratará una exigencia de USA hacia Israel. En el declarado conflicto entre USA y China por el predominio económico y tecnológico del mundo, la administración estadounidense demanda de Israel abandonar todos los proyectos económicos de gran escala, muy benéficos para el país, que incluyen una importante participación de la potencia de oriente en Israel, especialmente en materia de infraestructura y comunicaciones.

Se debe reconocer que un imaginario o posible rechazo estadounidense a posiciones y demandas israelíes que seguramente elevará Bennet, de ninguna manera comprometen importantes intereses estratégicos de Washington. Lo que seguramente Biden tiene muy claro es que un rechazo de ese tipo, muy probablemente, podría llegar a reducir drásticamente los cuantiosos aportes de parte de la colectividad judía de USA (2% de la población) a las próximas campañas electorales de su partido estimados en un 50% del presupuesto total.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 23-8-2021

http://daniel.kupervaser.com/

kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD

 

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