Los crecientes vínculos de Israel con China preocupan a Washington

Foto: el presidente de China, Xi Jinping (d), y el ex primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se dan la mano en Pekín, China, el 21 de marzo de 2017 [ETIENNE OLIVEAU/AFP/Getty Images].

24 de agosto de 2021

Por Adnan Abu Amer

No es ningún secreto que las crecientes relaciones económicas entre Israel y China están suscitando preocupación en Washington, a pesar de las advertencias internas en el Estado de ocupación de que Pekín está explotando estos lazos para obtener tecnología militar y de seguridad por medios secretos. Todavía resuenan los ecos de un ciberataque chino contra Israel.

Entre 2007 y 2020, China invirtió 19.000 millones de dólares en Israel, incluidos 9.000 millones en tecnología y 6.000 millones en infraestructuras. El flujo comercial anual entre ambos también ha aumentado de 12.000 millones de dólares a 15.000 millones, lo que convierte a China en el tercer socio comercial de Israel después de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, desde 2018 se ha producido un descenso de las inversiones chinas en Israel, como ha sucedido en otros lugares, aunque el interés de China por la tecnología israelí se ha demostrado a través del empeño de Pekín por enviar académicos a Israel, comprar empresas y establecer centros de investigación y desarrollo.

No obstante, China ha intensificado sus actividades económicas, políticas y militares con respecto a Israel, con una política más asertiva y a veces incluso agresiva. Los estadounidenses han percibido los peligros y los desafíos de los crecientes vínculos entre Tel Aviv y Pekín, sobre todo la transferencia a gran escala de tecnología y habilidades, además de los incentivos económicos para promover objetivos políticos, el espionaje y la influencia extranjera.

Una de las preocupaciones de Estados Unidos es que Pekín está tratando de obtener tecnología militar y de seguridad israelí a través de una variedad de canales abiertos y encubiertos, gubernamentales y civiles. Washington ha advertido a Israel sobre el creciente acceso de China a su infraestructura y tecnología, pero muchos en Tel Aviv consideran esas advertencias como un intento de frenar las relaciones del Estado de ocupación con Pekín, ya que esos lazos son de gran importancia económica. Tel Aviv tiene que ser cuidadosa, no en cuanto a la gestión inteligente de la tensión con Estados Unidos, su aliado estratégico, sino para reducir la exposición a los riesgos chinos.

Esto confirma que las relaciones de Israel con China tienen retos directos que van más allá de la posición adoptada por EEUU. De ahí que exista la posibilidad de que China intente obtener tecnología específica de Israel no sólo de forma consentida, sino también de forma clandestina. Esto exige una mayor conciencia de los riesgos de espionaje y cibernéticos que plantea China, que puede perseguir otros objetivos en los sectores gubernamental, empresarial, académico y de la sociedad civil.

El malestar de Estados Unidos por los crecientes lazos entre Israel y China ya no se mantiene entre bastidores. El director de la Agencia Central de Inteligencia, William Burns, expresó al primer ministro Naftali Bennett la preocupación de Washington por la creciente injerencia de Pekín en la economía israelí, así como por la participación de China en el mercado de la alta tecnología y en grandes proyectos de infraestructuras.

Esto hizo que el gabinete israelí incluyera el tema en la agenda de la reunión de Bennett con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, prevista para esta semana, a sabiendas de que el aumento del compromiso de China con Israel era una fuente de tensión entre el ex presidente Donald Trump y el gobierno de Benjamín Netanyahu. Esto se produjo después de un aumento de la participación de China en grandes proyectos de infraestructura en el estado de ocupación, como la construcción de un nuevo puerto en Haifa y el tren ligero de Gush Dan. Washington se vio empujado a exigir que Tel Aviv restrinja la participación de China en dichas actividades.

Israel se debate entre el mantenimiento de importantes relaciones con China y las advertencias de Estados Unidos porque no puede ignorar la tensión entre Washington y Pekín. Es posible que se vea obligado a elegir entre las dos superpotencias, lo que no será fácil ya que quiere mantener vínculos con ambas. Los intereses chinos en la industria armamentística son especialmente importantes para Israel.

El año pasado estuvo marcado por la presión de Estados Unidos sobre Israel para que cancelara un enorme acuerdo de suministro de aviones militares a China, debido a la preocupación por una posible transferencia de tecnología sensible relacionada con los misiles Patriot. Fuentes de la inteligencia estadounidense y funcionarios del Departamento de Estado y del Pentágono han acusado a Israel de transferir tecnología militar estadounidense a China y otros países. El Congreso de Estados Unidos ha pedido al interventor del Estado que realice investigaciones urgentes al respecto.

Aun así, los lazos económicos y de otro tipo entre Israel y China han seguido creciendo a pesar de los intentos de interrumpirlos. Las empresas chinas han invertido en infraestructuras y tecnología israelíes y han conseguido un papel importante en la gestión y ampliación de los puertos israelíes. Se espera que el antiguo embajador de Israel en China, el general Matan Vilnai, inaugure en octubre una sucursal de una universidad china con el objetivo de enseñar la lengua china y acoger a estudiantes en Israel.

Los israelíes saben que este tipo de avances tienen como objetivo extender la influencia política y cultural. Para China, forman parte de su iniciativa «Belt and Road», que combina la economía y la geografía en un conjunto de objetivos estratégicos. Israel también sabe que debe tener en cuenta que el Secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, ha calificado a Pekín como «el mayor desafío para Estados Unidos». El propio Biden ha pedido en sus reuniones con los líderes europeos un frente unido contra China, lo que ha llevado a uno de sus asesores políticos a anunciar que el objetivo de Pekín es lograr el dominio mundial sobre Estados Unidos en los próximos 30 años.

Es cierto que Israel puede no estar de acuerdo con esta evaluación negativa de China, pero no puede ignorarla mientras represente el principio rector de la política exterior estadounidense, a pesar de los importantes vínculos con Pekín y de que Washington sigue siendo el principal aliado estratégico de Israel y más de la mitad de los judíos del mundo son ciudadanos estadounidenses. Si tiene que elegir entre los dos, esto puede ser un factor decisivo.

Fuente: https://www.monitordeoriente.com

 

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