No existe un lugar seguro en Gaza o cómo afrontar el miedo constante a la muerte

Foto: Niño refugiado en una de las escuelas de UNRWA en Gaza durante la ofensiva de mayo de 2021

Por Haneen Harara

Gritos, ataques aéreos, miedo constante y pesadillas, así viven los niños y niñas palestinas en Gaza. La constante violencia hace que su visión del mundo se haya convertido en un lugar de guerra y que se preparen para la posibilidad de perder la vida, sus hogares y a su familia en cualquier momento.

Recientemente, la última ofensiva israelí que duró 11 días, provocó la muerte de 260 personas, incluidos casi 70 niños y niñas y 40 mujeres. 2.200 personas fueron heridas, además de la destrucción de edificios, hogares, varios centros sanitarios y automóviles.  

Lo más peligroso que la escalada de violencia dejó en la mente de los y las menores es que no existe un lugar realmente seguro en Gaza. La destrucción de edificios ocupados por personas, incluidos niños y niñas, dejó profundas heridas psicológicas, en diferentes grados, en la franja de Gaza. 

“Tenía una hermana que tenía cinco hijos y yo era su único hermano. Vino a mi casa por la noche para celebrar el Eid al-Fitr conmigo y mis hijos. Salí a comprar pan y cuando llegué a casa me sorprendió la noticia de que habían atacado un lugar cercano. Vi que mi casa había sido destruida con mis hijos, mi esposa, mi hermana y sus hijos dentro”, comenta Alaa Abu Hatab, refugiado de Palestina de 34 años que vive en el campamento de refugiados y refugiadas de Shati, al norte de Gaza. 

“Me dio una crisis nerviosa, me desmayé y me llevaron al hospital, donde comencé a recibir a mis hijos muertos”, comenta con muchísima tristeza Alaa. 

Los aviones de combate israelíes atacaron su casa con cinco misiles, sin ninguna advertencia, ni aviso para evacuar. Les bombardearon directamente y convirtieron la casa en escombros. 

“Me sorprendió mi hija María, de 5 años. La encontré tirada en la parte trasera de la casa, había volado allí por la intensidad del bombardeo. Estaba llamando a su madre y llorando. Fue un milagro ver que estaba viva”, agregó. 

En Gaza no hay escondites, ni lugares lo suficientemente seguros para protegerse de las incursiones israelíes. Esto hace que los niños y niñas siempre se sientan asustados, incluso con el menor ruido. 

Los menores son incapaces de vivir la vida que le correspondería a alguien de su edad, una vida infantil, de disfrute y juegos en los parques. Cualquier lugar es susceptible de recibir un ataque, por lo que en su pensamiento siempre ronda la idea de cómo salvarse en caso de que un misil caiga sobre ellos. Asad Ashour, coordinador de educación del Consejo Noruego para Refugiados en Gaza, afirma que esta tendencia estresa sus cerebros y hace que la mayoría sientan un miedo constante a hacer cualquier cosa. 

Ashour confirma que la escalada de violencia exacerbó sus miedos, les afectó muy negativamente y les expuso a traumas muy complejos. “Es difícil convencer a los niños y niñas palestinos de que tienen algún tipo de futuro con la situación que viven todos los días”. 

En la actualidad, una gran parte de los jóvenes gazatíes sufren falta de concentración, pesadillas y constantes cambios de personalidad, además de una rápida irritabilidad y un miedo constante a la muerte, ya sea por ellos mismos o por sus familiares. 

Los efectos psicológicos comunes en los menores son depresión y ansiedad generalizada, fobia a la oscuridad y distracción, ya que sufren una alta incapacidad para concentrarse en la escuela. Además, desarrollan una actitud de violencia con los compañeros e indiferencia hacia lo que les rodea, así como rechazo a la autoridad de los padres, madres y la escuela. Por las noches, la incontinencia urinaria infantil se acompaña de alteraciones del sueño, pesadillas, despertar triste, incapacidad para dejar de pensar en experiencias traumáticas y sucesos dolorosos, y sentir que todo lo que les rodea es inseguro y que viven en un presente amargo y futuro ambiguo. A esto se le añaden los síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza, dolor abdominal y dolor de estómago. 

Los menores gazatíes viven en una zona de guerra y, según los últimos datos de UNICEF, uno de cada tres necesita apoyo psicológico y social. Una cifra que tristemente, y tras los últimos bombardeos, se espera que aumente. 

La capacidad de atención psicológica de los hospitales de Gaza es mucho menor de lo que debería para la cantidad de casos que necesitan seguimiento. 

Curar una lesión psicológica resultante de un trauma perpetuo a edades tan tempranas es una labor fundamental que solo se conseguirá reconociendo la importancia de la salud mental y destinando los recursos necesarios. Sin tabúes, ni “peros”, porque de ello dependen las futuras generaciones en Gaza.

 

Fuente: www.eldiario.es

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