Reconstruyendo Gaza, una vez más: Las consecuencias del ataque de mayo de 2021

En mayo de 2021, Gaza sufrió el ataque más reciente, en el que los bombardeos aéreos israelíes mataron a 256 palestinos (incluidos 66 niños) e hirieron a casi 2.000 más

Foto destrucción en Gaza tras el alto al fuego Ashraf Amra

Por Yara M. Asi 

En 2012, Naciones Unidas lanzó una advertencia alarmante: o cambia la situación ya, o la franja de Gaza podría dejar de ser «un lugar habitable» en 2020. El desempleo, la pobreza y la inseguridad alimentaria eran elevados; el acceso al agua y a la electricidad eran irregulares; todo el territorio, construido dentro de fronteras artificiales, estaba densamente poblado y carecía de servicios. Los niños y niñas constituyen la mitad de su población y casi tres cuartas partes de la misma son personas refugiadas, que se vieron obligadas a huir de sus hogares durante la Nakba de 1948. Israel lleva restringiendo los desplazamientos hacia y desde Gaza desde principios de la década de 1990, pero las elecciones de 2006, que impulsaron a Hamás al poder en el pequeño territorio, dieron lugar a la situación actual, en la que la circulación de muchos bienes y personas dentro y fuera de Gaza está esencialmente prohibida debido al bloqueo impuesto por Israel y Egipto. Desde aquel informe, Gaza ha sufrido múltiples ataques destructivos por parte de Israel, sigue viviendo bajo el bloqueo y, más recientemente, ha tenido que hacer frente a las devastadoras consecuencias de la pandemia de COVID-19.

Se han destinado miles de millones de dólares a la reconstrucción de Gaza durante décadas, pero las condiciones no han hecho más que deteriorarse. Por esta y otras muchas razones, hoy en día se identifica a Gaza como una catástrofe humanitaria: una población civil de casi 2 millones de personas atrapada entre fuerzas políticas a las que les importa poco la vida de los inocentes en el fuego cruzado. 

En mayo de 2021, Gaza sufrió el ataque más reciente, en el que los bombardeos aéreos israelíes mataron a 256 palestinos (incluidos 66 niños) e hirieron a casi 2.000 más. Se destruyeron más de 1.000 viviendas y locales comerciales y otros 16.000 resultaron dañados. También resultaron dañadas casi 60 instalaciones educativas y casi 30 instalaciones sanitarias. Tan pronto como comenzaron los ataques aéreos, y especialmente una vez anunciado el alto el fuego, llegaron los compromisos de ayuda financiera de los donantes habituales. Sin embargo, las numerosas lecciones aprendidas de los ataques anteriores indicaban que estos esfuerzos de reconstrucción serían, en el mejor de los casos, estériles y no harían nada por abordar las causas fundamentales del conflicto. ¿Cuál es el futuro de la reconstrucción de Gaza -y de su población- tras esta última ofensiva? 

Aunque todavía se desconoce el coste final de los daños causados por la ofensiva de mayo de 2021, las estimaciones son de miles de millones de dólares. Sin embargo, muchos de los costes de esta guerra más reciente, y de las anteriores, son incalculables. Por ejemplo, Gaza estaba entrando en otra ola de COVID-19 en primavera. Sin embargo, muchos hospitales e instalaciones sanitarias resultaron dañados, incluido el principal laboratorio de análisis de COVID-19. Además, el principal médico encargado de la respuesta a la pandemia en Gaza, el Dr. Ayman Abu Alouf, fue asesinado. Las instalaciones gestionadas por Médicos Sin Fronteras también sufrieron daños. Además de limitar el acceso a los servicios sanitarios, la carga de la salud mental en Gaza es ya excesivamente alta debido a los años de guerra y bloqueo. Algunos niños y niñas, incluso de corta edad, muestran signos de estrés traumático. Cientos de miles de personas en Gaza necesitan urgentemente un apoyo a la salud mental que es difícil de proporcionar, y que es insuficiente mientras persistan las causas fundamentales de su trauma, mucho después de que hayan cesado los bombardeos. 

Aunque la falta de financiación es un obstáculo importante, la escasez de fondos no es, desde luego, exclusiva de Gaza. Es difícil encontrar una crisis humanitaria que reciba todo el apoyo financiero que necesita, o incluso la totalidad del dinero comprometido por los donantes. La ayuda al desarrollo se ha estancado en los últimos años, especialmente para las poblaciones más vulnerables, mientras que el gasto militar global sigue aumentando. Sin embargo, aparte de la pobreza y la falta de recursos financieros, Gaza se enfrenta a otros retos que son casi exclusivos de este pequeño territorio. 

El más importante, por supuesto, es el bloqueo, que ya se acerca a los 15 años. Considerado una clara violación del derecho internacional humanitario hace más de una década, el bloqueo ha sido una de las fuerzas más destructivas de Gaza. Las agencias de ayuda llevan tiempo advirtiendo de que el bloqueo dificulta la reconstrucción, por no hablar de la vida cotidiana; en 2016, menos del 10% de las viviendas destruidas en la guerra de 2014 habían sido reconstruidas. Israel tiene que aprobar todos los materiales de construcción que entran en Gaza, incluyendo tuberías, maquinaria como generadores (necesarios debido a los constantes cortes de electricidad), e incluso cemento. Debido a la percepción de estos recursos como de «doble uso» (definidos vagamente como cualquier artículo que pueda ser potencialmente utilizado para el terrorismo), Israel escudriña todas las solicitudes y limita la cantidad de estos materiales que pueden ser importados. Reconociendo esta realidad, nada más producirse el último alto el fuego, el director del CICR para Oriente Medio predijo: «El daño infligido en menos de dos semanas tardará años, si no décadas, en reconstruirse». 

La población palestina no se beneficia de las continuas condenas, repulsa o preocupación cuando sus vidas son tratadas como algo desechable. Si se vuelven a ignorar estas injusticias fundamentales, este último episodio de ataques no será el último. Se pedirá a la comunidad internacional que aporte cientos de millones de dólares para «reconstruir» Gaza, una vez más. 

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«Una versión más larga de este artículo fue publicada por primera vez en inglés por Arab Center Washington DC en: http://arabcenterdc.org/policy_analyses/rebuilding-gaza-yet-again/, publicado de nuevo con permiso».  

Yara M. Asi es postdoctorada en el Departamento de Gestión sanitaria e informática de la Universidad de Florida Central y becaria Fulbright para el curso 2020-2021 en Cisjordania.

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