De Balfour a la Nakba: la colonización de poblamiento en Palestina

Foto: Nakba Palestina (1948)

25 de mayo de 2021

Por Ilan Pappe

El eminente erudito del colonialismo de poblamiento, Patrick Wolfe, ahora fallecido, nos recordó repetidamente que éste no era un evento, sino una estructura. Si bien el colonialismo de poblamiento en muchos casos tiene un punto de partida histórico, su motivación original guía su mantenimiento en el presente.

En general, los proyectos coloniales de poblamiento están motivados por lo que Wolfe definió como “la lógica de la eliminación de las y los indígenas”. El deseo de las y los colonos de crear una nueva patria choca casi inevitablemente con las aspiraciones de la población autóctona local.

En algunos casos, este choque conduce a la eliminación física de las poblaciones autóctonas, como se ha visto en las Américas y Australia; en otros, como Sudáfrica, las y los colonos enclavan a la población indígena en áreas cerradas e imponen un sistema de apartheid.

El sionismo en Palestina es un proyecto colonial de poblamiento, e Israel sigue siendo hasta el día de hoy un Estado colonial. Esta descripción ahora es ampliamente aceptada en el mundo académico, pero rechazada por los académicos israelíes convencionales.

El 2 de noviembre de 1917, Arthur Balfour, entonces secretario de Relaciones Exteriores británico, apoyó la idea de un «hogar nacional para el pueblo judío» sin «que se perjudiquen» los «derechos civiles y religiosos» de las «comunidades no judías existentes en Palestina»[1]. Si bien la formulación podría implicar que las y los judíos fueran la población nativa y mayoritaria de Palestina, en realidad, constituían solo el 10 por ciento de la población.

Esta tergiversación de la realidad palestina en la Declaración Balfour muestra hasta qué punto es aplicable el paradigma colonial de poblamiento al caso del movimiento sionista en Palestina.

El movimiento de las y los colonos obtuvo el apoyo de una potencia colonial e imperial, de la que renegó a partir de 1942, y compartió la percepción de la población local como, en el mejor de los casos, una minoría tolerada y, en el peor, como usurpadora. Gran Bretaña otorgó una legitimidad internacional a este acto de colonización, sembrando las semillas para el futuro despojo de la población indígena.

Muchas y muchos historiadores explican la Declaración Balfour como algo que tiene su origen en una reflexión estratégica británica. Era parte de un intento de evitar una tierra santa musulmana y se basaba en la percepción de que otras potencias europeas podrían apoyar a las y los sionistas.

El apoyo británico a la creación de una patria judía en Palestina hunde sus raíces en el dogma sionista cristiano evangélico, que ya se había desarrollado a ambos lados del Atlántico a principios del siglo XIX. Mucho antes de la Declaración Balfour, el colonialismo de población cristiano había penetrado en América del Norte y África.

Sin defensa y sin líder

La rama británica del sionismo cristiano se centró más particularmente en el significado religioso de un «retorno» judío a Palestina, etapa previa a la Segunda Venida del Mesías. Esta ideología milenarista influyó en políticos británicos clave en el momento de la Declaración Balfour, incluido el entonces primer ministro David Lloyd George.

Las conexiones entre el imperio británico, el sionismo y otros proyectos coloniales se hicieron aún más claras en los años que siguieron a la Declaración Balfour. Ésta se convirtió en un factor crucial en la historia del país cuando fue integrada en la carta del mandato que la Liga de Naciones otorgó a Gran Bretaña sobre Palestina.

Su importancia se vio reforzada por el nombramiento de Herbert Samuel, un judío inglés pro-sionista, como el primer alto comisionado de Palestina. Inmediatamente después de su llegada a Palestina en 1920, Samuel implementó políticas que permitieron al movimiento colonial atraer a más colonos y expandir su presencia en el país mediante la compra de tierras, principalmente de terratenientes ausentes.

El movimiento nacional palestino estaba lo suficientemente organizado como para resistir por diversos medios, populares y violentos. En los primeros años, la vulnerable colonia judía estuvo protegida por Inglaterra, cuyo papel fue particularmente importante durante la revuelta palestina de 1936-39, brutalmente aplastados con todo el poder que pudo reunir el imperio británico.

Esto provocó la destrucción de la élite militar y política palestina, con muchas personas muertas, heridas o expulsadas, dejando a la sociedad palestina indefensa y sin líderes cuando más se necesitaban en 1948.

Hipocresía occidental

Existe una línea directa que conecta la vaga promesa británica dada al movimiento sionista hace un siglo y la catástrofe que le sobrevino al pueblo palestino en 1948. Algunos políticos británicos alimentaron dudas posteriormente sobre la validez de la declaración Balfour. En 1930, reflexionaron sobre el repudio de la Declaración Balfour, pero abandonaron rápidamente un cambio de sentido tan espectacular.

En 1939, las y los dirigentes británicos intentaron restringir la inmigración judía a Palestina y la compra de tierras, pero luego fueron fustigados por esta política debido al auge del nazismo y el fascismo, que convirtió a Palestina en uno de los pocos refugios seguros para las y los judíos que escapaban de Europa. La condena provino de un mundo occidental hipócrita que hizo muy poco para salvar a las y los judíos durante el Holocausto, o para abrir sus puertas a quienes sobrevivieron inmediatamente después de la guerra.

Inglaterra tuvo que aceptar el veredicto internacional de que las y los judíos europeos deberían ser compensados, permitiendo que el movimiento sionista colonizara aún más Palestina. También se convirtieron en enemigos del movimiento sionista. Estas presiones, junto con la transformación de Gran Bretaña de una potencia mundial en un actor de segundo orden en la escena internacional, llevaron a su decisión en febrero de 1947 de remitir la cuestión de Palestina a las Naciones Unidas.

Sin embargo, Gran Bretaña seguía siendo responsable del orden público entre febrero de 1947 y mayo de 1948, y dentro de esta responsabilidad fue testigo, permaneció indiferente y, en ocasiones, actuó como cómplice del resultado final y desastroso de la Declaración Balfour: la limpieza étnica de las y los palestinos en 1948.

Plan de limpieza étnica

La decisión británica impulsó a la dirección militar y política de la comunidad judía a idear su propia versión de “la lógica de la eliminación de las y los indígenas”. En marzo de 1948, la dirección judía produjo el Plan Daleth que, en mi opinión, fue un plan claro que tenía por objetivo la expulsión sistemática de la gente palestina de Palestina.

La importancia del plan residía en la forma en que se tradujo en un conjunto de órdenes operativas enviadas a las fuerzas judías en marzo, abril y mayo de 1948. La esencia de estas órdenes era ocupar pueblos, ciudades y barrios, expulsar a sus habitantes y, en el caso de las aldeas, destruir las casas para evitar cualquier retorno a ellas.

Inglaterra ya se estaba retirando de ciertas partes de Palestina cuando comenzó esta limpieza étnica, pero estaba presente en los espacios urbanos de Palestina, allí donde se llevaron a cabo los principales esfuerzos de limpieza étnica. Las fuerzas británicas actuaron como observadores y mediadores, como en el caso de Haifa, pero no intervinieron cuando las personas que comenzaron a salir en virtud de un acuerdo fueron bombardeadas por las fuerzas judías en ruta hacia el puerto.

Este fue un capítulo vergonzoso, tan vergonzoso como la declaración misma. Cuando terminó la limpieza étnica, la mitad de la población de Palestina había sido expulsada, la mitad de sus aldeas demolidas y la mayoría de sus ciudades despobladas. Sobre sus ruinas, Israel construyó kibutzim y plantó pinos europeos para intentar borrar la naturaleza árabe de Palestina.

El camino a seguir

Gran Bretaña reconoció con bastante rapidez el Estado judío y contribuyó aún más a la catástrofe palestina al apoyar la partición de la Palestina post-mandato entre Jordania e Israel. Además, hizo todo lo posible para evitar la creación de un Estado palestino incluso solo en una parte de Palestina. La destrucción de Palestina se convirtió en la consecuencia inevitable de la Declaración Balfour.

Sin embargo, el proyecto colonial de poblamiento del sionismo no es tan exitoso como los proyectos estadounidense o australiano, y aún puede tener un final similar al de Sudáfrica. Es demasiado pronto para decirlo, pero a través de este prisma, se puede comprender mejor por qué hay un conflicto en Israel y Palestina y cuál, al menos en principio, debería ser el camino a seguir para resolverlo.

[1] Se puede leer la declaración en inglés con su traducción al español en https://es.wikipedia.org/wiki/Declaración_Balfour ndt.

Ilan Pappe es profesor de historia, director del Centro Europeo de Estudios Palestinos y codirector del Centro Exeter de Estudios Etnopolíticos de la Universidad de Exeter.

La versión original es en inglés. Traducido de
https://www.middleeasteye.net/fr/opinion-fr/israel-palestine-balfour-nakba-colonisation-hypocrisie-occidentale-nettoyage-ethnique-pappe

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur
tomado de:
https://vientosur.info/de-balfour-a-la-nakba-la-colonizacion-de-poblamiento-en-palestina/

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