Las caricaturas políticas del artista palestino Nayi Al-Ali, vivas y recopiladas en un libro tres décadas después

21 de marzo de 2021

Por Eugenio García Gascón

Con la aparición de una antología del célebre caricaturista palestino, el lector español puede acceder a este icono de la ilustración árabe asesinado en Londres en 1987, pero cuya obra sigue reproduciéndose en los medios árabes.

Aunque pueda parecer extraño, la caricatura política goza de buena salud desde hace tiempo en el mundo árabe, y en esta disciplina destaca con luz propia Nayi al-Ali, del que ahora se publica un libro en España: Palestina. Arte y resistencia en Nayi al-Ali. Bien prologado y cuidadosamente editado, el libro ofrece la oportunidad de adentrarse el peligroso terreno de las viñetas políticas en Oriente Próximo, terreno tan peligroso que le costó la vida al autor, que fue asesinado en Londres en el verano de 1987.

A pesar de que desde entonces ha llovido, la obra de Al-Ali sigue estando vigente, hasta el punto de que sus caricaturas continúan reproduciéndose en numerosos medios. Palestino de nacimiento, supo reflejar la realidad y la tragedia palestina de una manera tan penetrante que se ha convertido en un icono clásico y sus viñetas están de actualidad puesto que la realidad política del entorno no ha experimentado notables cambios.

Sus viñetas están vinculadas directamente a la imagen de Handala, un niño que siempre aparece dibujado desde atrás y observando la realidad del mundo árabe. Con las manos cruzadas a la espalda, con una indumentaria pobre, Handala raras veces participa en lo que ocurre en la viñeta. Al-Ali dijo en vida que Handala era un niño de 10 años, los mismos que él tenía cuando se estableció el estado de Israel y su familia fue expulsada de Galilea.

Nacido en la localidad de Al Shayara en 1936, en una época de revuelta palestina contra la administración británica y en plena expansión de la colonización judía, su aldea fue atacada por la Haganá o milicias judías precursoras del ejército israelí en mayo de 1948. Todos sus habitantes fueron expulsados, las viviendas fueron dinamitadas y el terreno nivelado, como ocurrió en numerosos poblados de los que no ha perdurado ningún vestigio.

Esta circunstancia no fue el resultado de una acción forzada sino de una operación de limpieza étnica sistemática y planificada por las autoridades judías. Al-Ali, que todavía no había cumplido los 11 años fue expulsado con su familia y nunca pudo volver a visitar el lugar de su nacimiento. Todos los vecinos se convirtieron en refugiados de un día para otro.

Sus viñetas están vinculadas directamente a la imagen de Handala, un niño que observa la realidad del mundo árabe

La familia se estableció en el campo de refugiados de Ain al Helwe, en el área de la ciudad libanesa de Sidón. La prologuista del libro, Teresa Aranguren, cuenta que los muros del campo fueron el papel donde el joven plasmó sus primeros dibujos. Como es de suponer, el campo de refugiados era un crisol de activistas donde Al-Ali fue introducido a la política de manera natural.

«Yo soy de Ain al Helwe y la gente de este campo de refugiados es hija de la tierra de Palestina. No eran ni comerciantes ni propietarios, eran campesinos que al perder su tierra perdieron su vida y han terminado aquí, en el campo de refugiados. Los burgueses, las clases altas, no terminaron aquí», dijo en una ocasión.

Al-Ali siempre estuvo al lado de los desposeídos, de quienes lo habían perdido todo. La misma figura del harapiento Handala es la de un niño que forma parte de la clase más desfavorecida. Fue el conocido escritor Ghassan Kanafani, que entonces ya era una figura de renombre en las letras árabes, quien durante una visita casual al campo de Ain al Helwe lo descubrió y le animó a publicar sus dibujos, a lo que siguió una meteórica carrera profesional.

Un personaje problemático para los estamentos del poder

En 1963 emigró a Kuwait, donde obtuvo trabajo. Su nombre enseguida fue conocido en los medios políticos y culturales como el de un palestino comprometido, pero también como un personaje problemático para los estamentos del poder, a pesar de que procuraba no meterse directamente con los mandatarios de la región, lo que no le impedía denunciar la situación y las carencias del mundo árabe en términos políticos.

En 1974 regresó a Líbano. Dos años antes un comando del Mosad había asesinado a Kanafani, el que unos años atrás había descubierto sus cualidades de dibujante. Kanafani murió en Beirut en un atentado con coche bomba junto a una sobrina de 17 años, y la autoría del atentado fue reconocida por el Mosad, algo que no suele ocurrir.

Aunque Al-Ali nunca llegó a militar en ninguna organización, simpatizaba con el Frente Popular para la Liberación de Palestina, un partido marxista y panarabista fundado en 1967 por el refugiado cristiano George Habash. De hecho, en las viñetas de Al-Ali aparecen con frecuencia figuras cristianas.

Durante la guerra civil libanesa temió por su vida y regresó a Kuwait, de donde fue expulsado en 1985. Instalado en Londres, trabajaba para el diario Al Qabas cuando el 22 de julio de 1987 fue tiroteado junto a la puerta de ese periódico. Murió en un hospital de Londres a finales de agosto, cuatro meses antes de que estallara la primera intifada.

La policía británica detuvo a un palestino de Jerusalén este, Ismail Sowan, de 28 años, en cuya residencia se halló un alijo de armas. Sowan fue liberado. Poco después confesó que trabajaba para la OLP y también para el Mosad. La policía británica pidió al Mosad información para seguir investigando el crimen, pero los servicios secretos israelíes se negaron a colaborar. Londres expulsó a tres diplomáticos israelíes incluido el contacto con Sowan, y la primera ministra Margaret Thatcher cerró temporalmente una oficina del Mosad en Londres.

Fuente: www.publico.es

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