El bautismo israelí del valle del Jordán palestino

Cartel de una promoción inmobiliaria en Al Auja, en Jericó, en la Cisjordania ocupada por Israel. EDWARD KAPROV

15 de septiembre de 2019

Por Juan Carlos Sanz

Los colonos judíos celebran la propuesta de Netanyahu para anexionar el territorio ocupado mientras los campesinos de Cisjordania defienden su futuro Estado.

Con cerca de 40 grados en la mañana de final del verano, Mohamed Rashul y su cuadrilla de jornaleros de Jericó parecen estar a gusto bajo el palmeral de Naran, en el corazón del valle del Jordán de Cisjordania ocupado por Israel desde hace 52 años. Por 85 shequels (22 euros) la jornada, de seis de la mañana a cuatro de la tarde, recolectan dátiles de la apreciada variedad medjoul en la plantación de un colono judío. “Si hacemos horas extras nos pagan 120”, precisa este campesino de 55 años que se encarama a una plataforma elevadora. “Los israelíes no necesitan anexionarse esta tierra, ya la tienen; pero saben que esto siempre será Palestina”, se despide hacia la altura.

En vísperas de unas elecciones en las que sigue sin despegar en los sondeos, el primer ministro en funciones, Benjamín Netanyahu, anunció esta semana que proyecta extender la soberanía israelí sobre 2.400 kilómetros cuadrados del valle —un 30% de Cisjordania— si es relegido el martes. El voto de los 600.000 colonos judíos en territorios palestinos puede salvarle de la derrota.

“Estamos en Tierra Santa”, predica el padre Yohahan con paciencia bíblica. “Aquí no hay anexiones que valgan sin contar con el pueblo”, arguye este sacerdote copto afincado en Jerusalén mientras unge con óleo de la basílica de la Natividad de Belén a peregrinos llegados de México y Ucrania, recién bautizados en las aguas del Jordán. La frontera fluvial es tan estrecha en el lugar donde la tradición cristiana sitúa el bautismo de Jesús que casi es posible alcanzar Jordania de un salto.

De cumplir su compromiso —algo que dudan la mayoría de los rivales políticos de Netanyahu— el futuro Estado palestino se verá condenado a convertirse en una entidad inviable, asfixiada dentro del cerco de Israel. La zona pendiente de ser anexionada comprende la parte oriental del Área C (de gestión exclusiva israelí) de Cisjordania, excluida la ciudad de Jericó y su oasis, integrados en la zona A (bajo control autónomo de la Autoridad Palestina) también definida en los acuerdos de Oslo de 1993.

Fuente: El País

 

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