Jeffrey Epstein y Zwi Migdal

04 de septiembre de 2019

Por Gilad Atzmon
gilad.online

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Zwi Migdal fue una asociación delictiva de judíos nacida en Polonia y asentada fundamentalmente en Argentina, que traficaba con mujeres judías de Europa Central para la esclavitud sexual y la prostitución.

La historia de Jeffrey Epstein ha perdido su misterio a medida que más y más comentaristas se permiten expresar el pensamiento de que existe una gran posibilidad de que Epstein estuviera conectado con un sindicato del crimen afiliado a una organización política sionista israelí y/o al menos a algunas personas comprometidas con agencias de inteligencia. Whitney Web y otros han producido excelentes estudios de posibles escenarios. En cambio a mí me gustaría abordar el tema desde una perspectiva cultural. Epstein no fue el primer traficante sexual judío. Este parece un buen momento para mirar hacia atrás a Zwi Migdal, un sindicato judío del crimen global que operaba hace un siglo y traficaba con decenas de miles de mujeres judías y niñas menores de edad como esclavas sexuales. Según la escritora judía contemporánea Giulia Morpurgo, Zwi Migdal había convertido a Argentina, «en una pesadilla de prostitución y explotación».

Durante las primeras tres décadas del siglo XX, Argentina fue un país rico. Superó a Canadá y Australia en población, ingresos totales e ingresos per cápita. Justo antes de la Primera Guerra Mundial, Argentina era el décimo Estado más rico del mundo per cápita. Cuando Argentina era un país rico, gran parte de su economía, cultura y política estaban controladas por sindicatos delictivos y particularmente por un aparato judío del crimen organizado llamado Zwi Migdal.

En 2009 la Coalición Judía Internacional contra el Abuso/Asalto Sexual (JCACA, siglas en inglés) publicó un artículo completo sobre Zwi Migdal titulado Entendiendo a la Sociedad Zwi Migdal del que estoy a punto de citar ampliamente.

Zwi Migdal era una asociación de mafiosos judíos que estaban involucrados en la «explotación sexual de mujeres y niños judíos, que operaba a nivel mundial». Aparentemente Zwi Migdal eligió originalmente un nombre que parecía bastante inocente: «Sociedad de Ayuda Mutua Judía de Varsovia». De hecho suena casi tan inocente, humano y caritativo como el de la «Liga contra la difamación», «judíos contra el cáncer de mama» o incluso la «Voz judía por la paz», pero la Sociedad de Ayuda Mutua Judía de Varsovia no era inocente en absoluto. Forzó a miles de mujeres y niñas a convertirse en esclavas sexuales y destruyó sus vidas.

El 7 de mayo de 1906, el sindicato judío tuvo que cambiar su título después de que el embajador polaco en Argentina presentase una queja oficial ante las autoridades argentinas con respecto al uso del nombre «Varsovia». Obviamente el Gobierno polaco no quería que le relacionasen con un sindicato judío del crimen. En esa línea sería apropiado preguntar cuánto tiempo pasará antes de que el Gobierno estadounidense y sus políticos insistan en que AIPAC deje caer su primera «A» o antes de que se ordene al Proyecto Neocon del Nuevo Siglo Americano que retire American de su título.

«Zwi Migdal significa ‘poder fuerte’ en yiddish y también honra a Zvi Migdal, conocido como Luis Migdal, uno de los fundadores de la organización criminal».

La organización Zwi Migdal funcionó desde 1860 hasta 1939. En su apogeo, después de la Primera Guerra Mundial, tenía cuatrocientos miembros solo en Argentina. Su facturación anual era de cincuenta millones de dólares a principios del siglo XX.

A diferencia de Epstein y Maxwell, quienes supuestamente reclutaron mujeres menores de edad no judías, Zwi Migdal se especializó en el tráfico de mujeres judías. «La mayoría de las mujeres y niños judíos secuestrados fueron sacados de shtetls (pequeños pueblos judíos) empobrecidos y llevados a Buenos Aires».

Los documentos recientemente publicados relacionados con el asunto de Jeffrey Epstein sugieren que Epstein y Maxwell serían acusados ​​de tráfico sexual de niños y como presuntos suministradores de niñas menores de edad. Parece que nada de eso es realmente novedoso en el mundo judío: “La Sociedad Zwi Migdal atrajo a niñas y mujeres jóvenes decentes de Europa de muchas maneras ingeniosas y engañosas. Un hombre muy educado y elegante aparecería en un pueblo judío pobre en lugares como Polonia o Rusia. Anunciaría su búsqueda de mujeres jóvenes para trabajar en los hogares de judíos adinerados en Argentina publicando un anuncio en la sinagoga local. Temerosos de los pogromos y, a menudo, en circunstancias económicas desesperadas, los padres confiados enviarían a sus ingenuas hijas con estos hombres, con la esperanza de darles un nuevo comienzo».

La última línea recuerda el relato de Virginia Giuffre de su encuentro con la elegante socialité británica Ghislaine Maxwell, quien supuestamente proponía a sus víctimas «escapar» de su miseria.

Continúa la JCACA: “Las niñas, en su mayoría de 13 a 16 años, empacaron una pequeña bolsa, se despidieron de sus familias y abordaron barcos a Argentina, creyendo que estaban en camino hacia un futuro mejor. Sin embargo, pronto aprendieron la amarga verdad. Su período de entrenamiento como esclavas sexuales, que comenzaba en el barco, fue cruel y brutal. Las jóvenes vírgenes fueron «destrozadas» violadas, golpeadas, hambreadas y encerradas en jaulas”.

La Organización Zwi Migdal alcanzó su apogeo en la década de 1920 cuando unos 430
gángsteres y proxenetas controlaron 2.000 burdeles que traficaban con alrededor de 30.000 mujeres y niñas judías solo en Argentina. “Los burdeles más grandes de Buenos Aires albergaban de 60 a 80 esclavas sexuales. Había burdeles en toda Argentina, pero la mayoría de ellos estaban en la gran ciudad, en el barrio judío, en la calle Junín».

Al parecer “las prostitutas que no lograban satisfacer a sus clientes eran golpeadas, multadas o llevadas a trabajar en casas provinciales. Se registraron todas las transacciones comerciales. Los malhechores «celebraban un mercado de carne» donde las chicas recién llegadas desfilaban desnudas frente a los comerciantes en lugares como el Hotel Palestina o el Café Parisienne”.

Uno puede preguntarse cómo encaja todo eso con la tradición judaica y la ley talmúdica. «En un burdel», informa la ACACA, «la señora, una mujer judía observante, no dejaba que sus mujeres trabajaran los viernes, sino que las instruía en el arte de hacer el amor».

Muchos comentaristas sobre el asunto de Epstein están sorprendidos por la incapacidad de las fuerzas del orden público, el sistema legal y las agencias federales de los Estados Unidos para llevar justicia a las víctimas de Epstein y su fracaso en encerrarlo. Una vez más eso no es nuevo. La JCACA escribe sobre la criminalidad de Zwi Migdal: “Estas actividades se desarrollaban sin que las molestasen porque las frecuentaban funcionarios del Gobierno, jueces y reporteros. Funcionarios de la ciudad, políticos y policías fueron pagados. Los proxenetas tenían poderosas conexiones en todas partes».

La comunidad judía no se apresuró a salvar a sus hijas maltratadas. «Las prostitutas, que en su mayoría eran analfabetas, indigentes y despreciadas por la comunidad judía dominante, se unieron para formar sus propias sociedades de ayuda mutua». Sin embargo, rara vez, algunos activistas étnicos judíos defendieron a las mujeres y niñas maltratadas. “Una noche Nahum Sorkin, un conocido activista sionista, se paró fuera del teatro y físicamente detuvo la entrada de los proxenetas judíos. Luego fueron expulsados ​​de las sinagogas y, para colmo, se les negó el entierro en el cementerio judío”.

De Rachel (Raquel) Lieberman a Virginia Roberts Giuffre

Nos enteramos de que la audacia de los delincuentes los llevó a su desaparición. “Sucedió cuando se negaron a renunciar a sus ingresos del trabajo de una mujer, Rachel Lieberman de Lódž, Polonia. Ella, como tantas otras personas, tuvo la tentación de viajar a Buenos Aires respondiendo un anuncio matrimonial, pero fue llevada a la calle Junin, donde la obligaron a prostituirse”.

“Después de cinco años tenía suficiente dinero para ingresar en el negocio de muebles antiguos para mantenerse a sí misma y a sus hijos, pero los proxenetas lo hicieron imposible. No querían que fuera un ejemplo para los demás esclavos. Pero esta mujer no se doblegó. Como fue el caso de Virginia Giuffre, que necesitó de la valiente Rachel para salir a la luz.

Vídeo: https://vimeo.com/124652938

En su desesperación, Rachel Lieberman «contactó al inspector Julio Elsogray. Había oído mencionar su nombre en la calle como alguien que no aceptaba el dinero de Zwi Migdal y en realidad estaba buscando formas de destruir la organización. Un día se metió en su oficina y le contó detalladamente las conexiones entre los varios proxenetas en la gestión de la organización.

Su testimonio condujo a una extensa investigación. Los hallazgos llegaron al doctor Rodríguez Ocampo, un juez que tampoco aceptaría sobornos de Zwi Migdal.

El largo juicio terminó en septiembre de 1930, con 108 detenidos. «La existencia misma de la Organización Zwi Migdal amenaza directamente a nuestra sociedad», escribió el juez en su veredicto, dictando largos períodos de prisión».

Al igual que con Epstein y sus amigos mafiosos, las cosas cambiaron rápidamente y no a favor de la justicia y mucho menos guiados por principios éticos. Los mafiosos de Zwi Migdal estaban tan bien conectados, al menos, como Epstein con políticos, jueces y fiscales. «Mientras estaban en prisión, los proxenetas acudieron a sus viejas relaciones, apelaron sus sentencias en enero de 1931 y altos funcionarios del Ministerio de Justicia dejaron solo a tres de los condenados en la cárcel y liberaron a los deás».

Como el caso de Julie Brown en The Miami Herald y muchos de nosotros en los medios alternativos que no permitimos que los podridos delitos de Eptein y su círculo de pedófilos fueran escondidos debajo de la alfombra, los medios argentinos de la década de 1930 no aceptaron hacer la vista gorda ante la impunidad del sindicato judío.

Cuando los medios informaron de la liberación de la cárcelde los mafiosos de Zwi Migdal, “el público estaba muy molesto y presionó a las autoridades para que revocaran la decisión de excarcelación. Posteriormente cientos de proxenetas fueron deportados a Uruguay. «Con los años regresaron lentamente uno por uno, pero la era de los enormes burdeles terminó».

La JCACA resume la saga Zwi Migdal al afirmar que el sindicato del crimen judío era «una organización que comerciaba con mujeres mientras sus miembros usaban tefilín (una vestimenta religiosa judía) y se construían una sinagoga». Supongo que se puede decir lo mismo del círculo de Epstein. Es posible que no sean religiosos, que no usen tefilín, pero son sionistas judíos autoidentificados que donan a Israel y apoyan abiertamente la política criminal de Israel.

La JCACA proclama que la “historia de Zwi Migdal es una vergüenza para todos los judíos decentes. Involucraba un montón de dinero, políticos corruptos, sexo violento, comercio internacional de mujeres, brutalidad dura, violación y engaño, todo ligeramente condimentado con yiddishkeit y tradiciones temerosas de Dios. Entre esas tradiciones, según las creencias judías expresadas en la Torá, está perfectamente bien tener esclavos mientras no sean judíos. Sin embargo Zwi Migdal también esclavizó a las jóvenes judías y muchas que dirigían los burdeles eran mujeres judías”.

Admito que excepto por Benjamin Netanyahu, que denunció a Ehud Barak por sus lazos con Epstein por razones políticas oportunistas, todavía no he visto a una sola organización judía expresar ninguna vergüenza con respecto a Epstein y su operación de tráfico sexual. Al contrario, el abogado de Epstein, Alan Dershowitz, anunció que en realidad es víctima del movimiento #metoo. También ocasionalmente insiste en que los judíos nunca deben disculparse por usar su fuerza. Maxwell se ha callado. Wexner aún tiene que disculparse. Al igual que Dershowitz, adoptó el camino de la víctima al anunciar que Epstein «se apropió indebidamente» de unos pocos shekels de su familia y lamenta que le asocien con el traficante sexual. JVP que se preocupa tanto por los palestinos debe estar un poco menos molesta por la difícil situación de Guiffre. Me pregunto, ¿es el hecho de que Zwi Migdal abusó de mujeres y niñas judías lo que provocó el desconcierto judío? Supongo que, al menos por el momento, parece que los judíos no poseen los medios culturales o psicológicos para mirar de manera efectiva a Epstein y sus secuaces. La única pregunta que queda abierta es si el FBI tiene agallas para hacer su trabajo.

Fuente: https://gilad.online/writings/2019/8/29/jeffrey-zwi-epstein-migdal

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