Bilal Ali Soboh, el terapeuta palestino que quiere traer esperanza en Balata

Foto: Bilal Ali con un grupo de alumnos.

02 de febrero de 2018

Escrito por Carolina González para Palestina Libre

La cultura palestina, normalmente muy tradicional y conservadora, parece estar abriéndose lentamente a nuevas formas de terapia. 

La cultura palestina, normalmente muy tradicional y conservadora, parece estar abriéndose lentamente a nuevas formas de terapia. Conversando con algunas personas en Nablus, he visto que han empezado a surgir inquietudes por introducir nuevas formas de fortalecer psicológicamente a la comunidad usando prácticas de meditación, yoga y medicina alternativa.

Hace unos días me reuní con Bilal Ali Soboh, en terapeuta palestino certificado en Shiatsu, acupuntura, tuina, reflexología, masaje ayurvédico, entre otras terapias, para conversar de su vida y trabajo en el Campamento de Balata, en la región de Nablus.

Bilal nació y se crió en el campamento de refugiados de Balata, y como la mayoría de las personas que viven allí, su familia era muy pobre y no tenía recursos para que él pudiera cursar estudios superiores. Un día, un primo lo ayudó a financiar un viaje a Italia y su primer año de estudios, y allí comenzó un nuevo camino para formarse como terapeuta, donde pasó 12 años estudiando y aceptando distintos trabajos para mantenerse. Trabajó como modelo para pagar sus estudios, y luego consiguió un trabajo en el spa de un hotel cinco estrellas. Allí conoció a muchos actores, cantantes, políticos y celebridades, hasta que un día uno de sus clientes le ofreció aparecer por un momento breve en el programa de televisión Big Brother, haciendo terapia de masaje a uno de los actores. Gracias a esa breve exposición en el programa de televisión, empezó a recibir más clientes hasta que logró establecerse como terapeuta en Roma.

Hoy en día, Bilal vive entre Italia y Palestina. Tiene una consulta en Ramallah y su propio proyecto de formación de terapeutas en Balata, en el Centro Cultural de Apoyo PsicoSocial, Markaz Yafa. Él más que nadie sabe lo que significa nacer y vivir en el campamento, con todos los impactos psicológicos que esto conlleva.

“Muchos hombres y jóvenes pasan todo el día pensando en qué hacer con su futuro, y no saben como mejorar su situación,” me cuenta. “El nivel de estrés por la falta de trabajo y no poder ver una salida a la pobreza causa un enorme sentimiento de agobio y de desesperanza, y es fácil caer en el crimen.”

Existen muchas tensiones entre las personas que viven acá. Si una persona logra, por ejemplo, crear su propio negocio y surgir, otros alrededor pueden sentir resentimiento porque ellos no pueden lograr salir adelante. Hay muchos sentimientos de frustración, rabia, desesperanza e impotencia.

La situación de las mujeres, me cuenta, es incluso más difícil. Como en la cultura local las mujeres normalmente se deben tapar y no mostrar la piel, eso quiere decir que su piel no recibe suficiente luz del sol, y por lo tanto tienen una deficiencia en calcio y vitamina D, la cual afecta nuestra felicidad. La falta de vitamina D para las mujeres es especialmente cierto en la vida del campamento, mucho más que en las ciudades o aldeas, debido a que las construcciones de las casas y departamentos están tan juntas unas de las otras, que en muchas casas ni siquiera entra la luz del sol por las ventanas. Además, como todo el mundo vive en condiciones hacinadas y existe una enorme falta de privacidad, las mujeres no pueden entrar a sus casas y destaparse libremente y relajarse, sino que siempre están cubiertas por el velo y sus abrigos, y vivir de esta forma, según Bilal, es también una manera de estar aprisionado.

Son muchos los factores que afectan psicológicamente a los residentes del Campamento de Balata, donde hoy día viven más de 30.000 refugiados de la ciudad de Yafa, formando el campamento de refugiados más grande de Cisjordania. Pero Bilal tiene su propio proyecto con el cual quiere crear esperanza. Recién a fines de diciembre comenzó su primer Programa de Formación de Terapia Shiatsu, en el cual están participando 12 personas del campamento, y el objetivo es formar a estas personas con las herramientas necesarias para practicar terapia, y de esta manera ayudarlos a ayudar a otros, pero sobre todo, entregarles una herramienta que les sirva para comenzar a generar algunos ingresos económicos.

Bilal con un grupo de alumnos.

Bilal dice que el programa de formación tiene una duración de tres meses. Este es el primero curso y si los resultados son buenos, Bilal quiere hacer un segundo programa especial para mujeres, pensando que la situación para ellas es siempre más difícil que la de los hombres, y ayudarlas a lograr una mayor independencia económica.

A pesar de que la cultura palestina es muy conservadora, Bilal me cuenta que las personas que acuden a él están cada vez más abiertas a probar este tipo de terapias, lo cual es una señal positiva dada la extrema necesidad de tener mayor acceso a alternativas de sanación en una sociedad tan violentamente oprimida por la ocupación de Israel.

Estas dos casas del Campamento Balata fueron construidas en la Nakba, cuando llegaron los primeros refugiados de Yafa. En la casa de la izquierda viven 7 personas.

Dos vistas de una casa quemada por soldados israelíes.

El campamento está lleno de estos pasajes y algunos son tan angostos que un adulto sólo puede pasar caminando de lado.

En ambas fotos se ve como tuvieron que volver a tapar con bloques y concreto los hoyos que hicieron los soldados en estas casas durante la Intifada.

 

Arriba a la izquierda dos jóvenes llevan una gallina a su casa.

Algunos niños que van al centro cultural, Markaz Yafa. 

Escrito por Carolina González para Palestina Libre

Fuente: PalestinaLibre

LOS CONCEPTOS, OPINIONES E INFORMACIONES EMITIDAS EN PALESTINASOBERANA.INFO SON RESPONSABILIDAD DIRECTA DE QUIENES LAS ELABORAN Y NO NECESARIAMENTE REPRESENTAN LA POLÍTICA EDITORIAL DE ESTE MEDIO
Shale theme by Siteturner