Israel demolió 295 estructuras residenciales palestinas en 2021

Foto: residentes palestinos reaccionan mientras su casa, situada en el Área C, es demolida por las fuerzas israelíes supuestamente por estar «sin licencia», en Hebrón, Cisjordania, el 28 de diciembre de 2021 [Mamoun Wazwaz/Anadolu Agency].

05 de enero de 2021

La ocupación israelí demolió 295 estructuras residenciales palestinas en los territorios ocupados en 2021, dejando a 895 palestinos, 463 de ellos menores, sin hogar, informó el martes el grupo de derechos israelí B’Tselem.

Según un informe publicado por B’Tselem, la demolición de viviendas palestinas llevada a cabo por la ocupación israelí en 2021 fue la cifra más alta desde 2016.

«A lo largo del año, otras 548 estructuras no residenciales fueron demolidas por orden de las autoridades israelíes, incluyendo cisternas, almacenes, estructuras agrícolas, negocios y estructuras públicas, el número más alto desde 2012», dijo B’Tselem.

El grupo de derechos israelíes añadió: «Sólo en Jerusalén Este, 160 estructuras fueron demolidas, 96 de las cuales eran viviendas.»

Continuó: «En Cisjordania, los últimos años han visto un aumento constante en las demoliciones de viviendas: en 2021, las fuerzas israelíes demolieron 199 estructuras, frente a 151 estructuras residenciales en 2020 y 104 en 2019.»

B’Tselem negó las afirmaciones israelíes de que estas demoliciones se llevaron a cabo como una cuestión de «aplicación de la ley», señalando que los «palestinos que construyen sin permisos no son «criminales».

Sin embargo, el grupo de derechos dijo: «El régimen de apartheid israelí bloquea casi todo el desarrollo palestino en vastas zonas de Cisjordania, incluido Jerusalén Este, mientras construye masivamente para los judíos.

«Esta política no deja a los palestinos otra opción que construir sin permisos, para tener un techo sobre sus cabezas. En ese momento, las autoridades israelíes emiten las órdenes de demolición de las estructuras».

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Israel construirá una nueva ciudad cerca de la Franja de Gaza

Foto: Director General del Ministerio de Construcción y Vivienda, Aviad Friedman [Wikimedia].

05 de enero de 2022

El Consejo Nacional de Planificación y Construcción de Israel aprobó ayer el establecimiento de una nueva comunidad judía en la periferia de la Franja de Gaza ocupada, informó Anadolu.

El nuevo asentamiento recibirá un nombre provisional -Hanoun- y albergará a 500 familias judías israelíes.

Anadolu informó de un comunicado emitido por el Ministerio de Construcción y Vivienda israelí, que decía: «El Consejo Nacional de Planificación y Construcción ha celebrado hoy una reunión y ha acordado pedir al gobierno israelí que apruebe la construcción del asentamiento de Hanoun».

Estará situado al este del kibbutz de Sa’ad, bajo la jurisdicción del Consejo Regional del Néguev de Sdot.

«El nuevo asentamiento responderá a las demandas de los colonos de la región y reforzará nuestras fronteras meridionales con la Franja de Gaza», dice también el comunicado.

El director general del Ministerio de Construcción y Vivienda, Aviad Friedman, dijo: «Se trata de un paso importante en relación con la expansión de los asentamientos en la periferia de Gaza. Esto refuerza toda la zona».

Friedman dijo que hay «mucha demanda» de reubicación en el sur «donde hay vida cualitativa con espacios amplios».

«Espero que el nuevo asentamiento atraiga a muchas familias jóvenes».

El gobierno no debe aprobar la urbanización antes de que pueda comenzar la construcción en el lugar.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Palestina 2021: el año en que el apartheid se volvió mainstream

Foto: Haciendo las conexiones correctas. Soweto, Sudáfrica.

03 de enero de 2022

Por María Landi 

Fuente: https://mariaenpalestina.wordpress.com

¿Qué ha significado el año 2021 para la lucha del pueblo palestino? En una mirada inmediatista puede parecer que la situación no ha hecho más que empeorar, y así lo indican las cifras de niños y jóvenes asesinados o encarcelados, de viviendas demolidas, de personas y propiedades atacadas y tierras robadas por los soldados y colonos israelíes armados, y un largo etcétera. Pero visto en perspectiva, éste será el año en que la legitimidad de la causa palestina creció, mientras la del Estado de Israel avanzó hacia un deterioro irreversible.

En efecto: este fue el año en que la Corte Penal Internacional –en una decisión largamente esperada– finalmente abrió una investigación sobre los crímenes de guerra cometidos por Israel; y en que la principal organización israelí de derechos humanos (B’Tselem), y la más importante a nivel internacional (Human Rights Watch), publicaron informes lapidarios donde acusan a Israel de ser un régimen de apartheid y de cometer el crimen internacional de apartheid (respectivamente); y ambas dicen que ello ocurre en todo el territorio que Israel controla, desde el Mediterráneo hasta el río Jordán. Es decir, fue el año en que la calificación de Israel como apartheid –como venían diciendo por más de una década personas y grupos de la sociedad civil y la academia de Palestina y de otros países− se volvió mainstream. Y también, por primera vez, las voces y el relato de las nuevas generaciones palestinas llegaron alto y lejos.

Para sintetizar los principales hechos ocurridos este año, me basaré en la reseña elaborada por Yumna Patel, la joven corresponsal del portal Mondoweiss en Palestina, que empieza así: «2021 fue un año decisivo para el pueblo palestino. Su lucha por la liberación registró niveles de solidaridad mundial sin precedentes. Desde Jerusalén hasta Cisjordania, Gaza y las comunidades palestinas dentro de Israel, la población se alzó unida desafiando la ocupación israelí y exigiendo un futuro mejor. (…) Desde las calles hasta la esfera digital, el pueblo palestino fue reprimido y censurado en todo momento. Y aun así, su voz se escuchó en todo el mundo como nunca antes.»

El primer trimestre del año se destacó por la publicación de los informes de B’Tselem (enero) y HRW (abril) sobre el apartheid israelí. El primero afirma de manera contundente que: «En toda la zona entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, el régimen israelí implementa leyes, prácticas y violencia estatal diseñadas para afianzar la supremacía de un grupo: el judío, sobre otro: el palestino.» HRW a su vez afirma que Israel «privilegia sistemáticamente a la ciudadanía judía israelí sobre la palestina a través de políticas discriminatorias», lo que equivale al crimen de apartheid definido en el Derecho Internacional. Más aún: HRW afirma que esa ingeniería para garantizar la supremacía judía está en el origen del Estado judío.

A pesar del silencio cómplice de los medios internacionales sobre estos dos informes, la sociedad palestina y sus aliadas en el mundo celebraron este avance, y el movimiento BDS lanzó una campaña para exigir a la ONU que investigue el apartheid israelí, como investigó –y sancionó– al sudafricano.

Israel fue el primer país del mundo en vacunar a su población contra el Covid-19, y rápidamente se convirtió en referencia para gobiernos, científicos y opinión pública. Sin embargo, los medios que lo destacaron se cuidaron bien de omitir las críticas que desde Palestina denunciaban la discriminación institucionalizada con que se implementó la vacunación: dentro de Israel, sin informar adecuadamente y en árabe a las comunidades palestinas, en Cisjordania, vacunando solo a los más de 400.000 colonos ilegales que viven allí, pero negando las vacunas a la población palestina (en clara violación de sus obligaciones internacionales como potencia ocupante hacia la población ocupada); y en Gaza, negando el envío de vacunas y obstaculizando los permisos de entrada de las mismas.

#SaveSheikhJarrah

En 2021 el pequeño barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, llegó a las televisoras de millones de hogares en todo el mundo, y algunos de sus habitantes –como la pareja de gemelos Muna y Mohammed Al-Kurd (23), con millones de seguidores en las redes, a quienes la revista Time incluyó entre las 100 personas más influyentes del año− fueron escuchados y vistos en las principales cadenas informativas de EE.UU. e incluso Europa. Tras décadas de defender sus hogares para evitar ser expulsadas (algunas ya lo fueron en 2009 y 2015), las familias lograron atraer la atención y la solidaridad de todo el país y del mundo; su barrio se convirtió en un símbolo de la lucha de toda la población palestina de Jerusalén, y generó una campaña masiva de solidaridad que se hizo tendencia global con el hashtag #SaveSheikhJarrah.

A pesar de los arrestos, la represión brutal de la policía israelí (incluso hacia legisladores y periodistas de cadenas internacionales), y las provocaciones, incursiones y ataques constantes de los colonos extremistas que viven en casas palestinas robadas, la movilización no cesó; periodistas, personalidades, políticos locales y diplomáticos de varios países también se hicieron presentes para expresar su apoyo a las familias amenazadas de inminente expulsión. Las protestas diarias en Sheikh Jarrah acabarían por extenderse al resto de Jerusalén y a toda Palestina, llegando a desencadenar los mayores levantamientos colectivos que la población palestina ha vivido en años. Las familias acabaron por rechazar una propuesta ‘conciliadora’ de la Corte Suprema israelí de convertirse en inquilinas de los colonos en sus propias casas, por lo cual la amenaza de expulsión sigue vigente.

En mayo, cuando se acercaba el fin del mes del Ramadán, la represión israelí aumentó en Sheikh Jarrah y en la Ciudad Vieja de Jerusalén, lo cual redobló las protestas palestinas. El 10 de mayo las fuerzas israelíes invadieron el recinto de Al-Aqsa (lugar sagrado para el Islam) y atacaron a miles de fieles que rezaban dentro de la mezquita. Cientos de palestinos resultaron heridos con balas de goma y gases lacrimógenos. Las autoridades de Hamás en Gaza dieron plazo a Israel para retirarse de Al-Aqsa y Sheikh Jarrah antes de las 18:00 horas; pero el ultimatum fue ignorado, y Hamás comenzó a lanzar cohetes desde Gaza. En respuesta, Israel inició su devastadora cuarta ofensiva sobre Gaza, que duraría 11 días y mataría a cientos de personas.

La violencia en Jerusalén y Gaza, y las turbas fascistas que atacaron las comunidades palestinas dentro de Israel, provocaron protestas masivas en toda Palestina y en todo el mundo. Superando la fragmentación territorial y demográfica impuesta por la ocupación colonial, la población palestina de Cisjordania, Jerusalén y el interior de Israel participó en protestas y boicots en lo que se llamó la “intifada de la unidad”, que tuvo su pico en la huelga general del 18 de mayo en toda la Palestina histórica, con un nivel de acatamiento masivo que no se veía desde 1936.


Otra ofensiva devastadora sobre Gaza

El ataque masivo de mayo sobre la bloqueada Franja de Gaza fue el cuarto desde 2008. En esos 11 días, murieron al menos 259 personas, incluyendo 66 niñas y niños. Como en 2014, familias enteras fueron eliminadas del registro de población. Y como entonces, los bombardeos israelíes tuvieron como objetivo barrios residenciales, oficinas de medios de comunicación e infraestructuras críticas de Gaza que todavía no se habían recuperado de las tres ofensivas anteriores.

Tras el alto el fuego, el Ministerio de Obras Públicas y Vivienda de Gaza estimó que al menos 258 edificios fueron destruidos, incluyendo 1.042 viviendas y comercios; además, 769 unidades resultaron gravemente dañadas y quedaron inhabitables, y otras 14.536 sufrieron daños menores.

HRW dijo que había pruebas que indicaban que Israel cometió crímenes de guerra durante la ofensiva, ya que en su investigación de tres bombardeos que mataron a 62 civiles, la ONG encontró que “no había objetivos militares evidentes en las cercanías.” Además, la organización británica Airwars informó que, al igual que en las tres ofensivas anteriores, la niñez palestina pagó un precio especialmente alto, pues representó más de un tercio de las muertes civiles registradas.


Un año mortífero para la niñez palestina

Según la rama palestina de Defensa de la Niñez Internacional (DCIP), 2021 fue el año más mortífero para la niñez palestina desde 2014. Hasta el 10 de diciembre, 86 niñas y niños habían sido asesinados en los territorios ocupados. Según las cifras del DCIP, Israel mató a 61 niños en Gaza (y siete murieron por cohetes disparados erróneamente por grupos armados palestinos) y a 15 en Cisjordania y Jerusalén Este; dos de los 15 fueron asesinados por colonos judíos, y el resto por las fuerzas de seguridad israelíes. Al menos 9 niños palestinos fueron muertos por disparos durante protestas en las que “no representaban una amenaza directa”, dijo DCIP.

A su vez, la organización de familiares de mártires dijo que de las 357 personas palestinas asesinadas por Israel en 2021, 79 eran menores de edad. Desde el año 2000, 2.198 niñas y niños palestinos han muerto por el accionar de los soldados y los colonos israelíes en el territorio palestino ocupado, según los registros de DCI-P.

La Autoridad Palestina contra su pueblo

En la madrugada del 24 de junio, las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina (AP) invadieron el domicilio del destacado activista y disidente palestino Nizar Banat. Su familia afirma que lo rociaron con gas pimienta y lo golpearon brutalmente mientras lo arrestaban. Pocas horas después, Banat fue declarado muerto.

Su asesinato provocó instantáneamente la indignación en las redes sociales y manifestaciones en toda Cisjordania, principalmente en Ramala (capital de facto y bastión de la AP), exigiendo la renuncia de Mahmoud Abbas. La AP lanzó una brutal represión contra los manifestantes: mientras la policía lanzaba gases lacrimógenos, los servicios de inteligencia, junto con grupos de choque de Fatah, les atacaron con piedras y palos. Periodistas denunciaron agresiones y destrucción de sus cámaras y equipos, y mujeres denunciaron haber sido acosadas y atacadas sexualmente. Los arrestos masivos e interrogatorios de activistas provocaron condenas internacionales y la indignación popular, que ya había explotado en enero cuando Abbas anunció la cancelación (hasta hoy sin fecha) de las elecciones legislativas y presidenciales, al ver que las encuestas anunciaban la derrota de su sector.

Manifestación por el asesinato de Nizar Banat a manos de la AP. Ramala, 13/7/21 (Ihab Alami/APA).


La “gran fuga del túnel”

En septiembre seis presos políticos palestinos conmocionaron al mundo cuando se fugaron de la prisión de máxima seguridad de Gilboa (en el norte de Israel, y famosa por su alta militarización) a través de un túnel que habían excavado con cucharas durante casi un año. Fue la primera fuga de una prisión desde 1987, y sólo una de las pocas en la historia de Palestina, pese a que aproximadamente el 20% de la población palestina en general, y el 40% de la población masculina, ha sido encarcelada por Israel en algún momento de su vida.

En Palestina los seis prisioneros −la mayoría de los cuales cumple condenas de décadas− [ver mi columna de septiembre] se convirtieron al instante en héroes y en símbolo de la resistencia colectiva  inquebrantable en las condiciones más adversas. Los seis fueron finalmente recapturados por el poderoso aparato de seguridad de Israel, que se embarcó en una cacería de semanas en un esfuerzo por recuperarse de lo que sus funcionarios describieron como un gran fracaso y una vergüenza. A pesar de la recaptura, la “gran fuga del túnel” pasará a la historia como un momento inolvidable en la lucha palestina por la libertad.

Zakaria Zubeidi (46), Mahmud Abdullah Ardah (46), Yaqub Qadri (49), Mohammed Qassem Ardah (39), Munadil Yaqub Nfeiat (26), Ayham Nayef Kamanji (35). (MEE).


La censura a Palestina en las redes sociales

Las redes sociales han desempeñado un papel crucial para hacer llegar al mundo el mensaje del pueblo palestino que resiste bajo la ocupación colonial y el apartheid. Frente al silencio y la complicidad de los grandes medios, las redes sociales han permitido conocer en tiempo real los crímenes que Israel está cometiendo, y eso ha contribuido eficazmente al deterioro de su imagen internacional y a deslegitimar su relato falaz. Un ejemplo claro fue la viralización de la campaña por salvar Sheikh Jarrah de ser tomado por los colonos: si bien esa lucha lleva décadas, este año alcanzó una visibilidad sin precedentes, en gran parte gracias a las redes sociales.

Pero a medida que crece la solidaridad global –y como reacción–, han aumentado la censura y las restricciones a la libertad de expresión en esas plataformas. Empresas como Facebook llevan años censurando contenidos palestinos y colaborando con el régimen israelí para cerrar y restringir cuentas palestinas y solidarias acusándolas de “incitación” y “antisemitismo”. En 2021 la censura alcanzó un nuevo nivel: bajo la presión de las organizaciones sionistas, Facebook consideró equiparar “sionismo/sionista” con “judaísmo/judío”, lo que llevaría a penalizar cualquier crítica a las políticas de Israel.

El observatorio palestino sobre derechos digitales 7amleh registró al menos 990 incidentes en 2021. Los mayores infractores fueron Facebook e Instagram, que en conjunto tomaron 837 medidas (suspensiones de cuentas, restricciones y bloqueos) contra contenidos palestinos en sus plataformas, especialmente durante la revuelta popular de mayo. Esto generó una campaña de rechazo bajo el slogan “Facebook, tenemos que hablar”, liderada en EE.UU. por organizaciones judías antisionistas.

Gráfico de la campaña «Facebook, tenemos que hablar» (imagen de Jewish Voice for Peace).


Incremento sin precedentes de la violencia colonial

En 2021 se produjo un aumento exponencial de la violencia de los colonos israelíes en el territorio palestino que ocupan. Hasta el 20 de diciembre, UNOCHA reportó al menos 450 ataques contra personas y propiedades palestinas, 118 de ellos con muertes o lesiones. Incluso el servicio secreto israelí registró un “drástico aumento” de dicha violencia: 397 ataques en comparación con 272 en 2020. Y según B’Tselem, en 2021 la violencia de los colonos aumentó 28,6% respecto a 2020.

Según datos del centro de investigación ARIJ, hubo unos mil ataques de colonos, que incluyeron 3 asesinatos y casi 30.000 árboles de olivo y frutales destruidos, incendiados o robados. Los colonos atacaron tierras y cultivos palestinos durante todo el año, pero la violencia se disparó a partir de la cosecha de olivo (octubre-noviembre). Además, en las dos últimas semanas de diciembre se produjo una nueva escalada tras el asesinato de un colono israelí en Cisjordania. Los colonos armados lanzaron ataques coordinados contra viviendas y vehículos palestinos que circulaban por la carretera; decenas resultaron heridos y sufrieron daños materiales. Recientemente, colonos armados balearon viviendas en Sheikh Jarrah mientras la policía militar arrestaba a un niño del barrio.

En un contundente informe de noviembre, B’Tselem sostiene que la violencia de los colonos es un “asunto de Estado”, no solo porque cuenta con la complicidad y protección de las fuerzas israelíes en el terreno, sino porque constituye un medio clave para el robo contumaz de las tierras palestinas: mediante actos de violencia se impide a las familias acceder a su tierra y trabajarla, y acto seguido el Estado israelí la expropia y la entrega a los colonos judíos.

«La violencia de los colonos contra la población palestina forma parte de la estrategia empleada por el régimen de apartheid de Israel, que pretende apoderarse de más y más tierras de Cisjordania. El Estado apoya plenamente estos actos de violencia, y sus agentes a veces participan directamente en ellos. Así, la violencia de los colonos es una forma de política gubernamental, apoyada e instigada activamente por las autoridades del Estado.», afirma B’Tselem.

Agricultores campesinos atacados por colonos de Gitit el 13/1/21.

Colonos enmascarados apoyados por soldados disparan contra la población palestina de Urif, el 14/5/21 (B’Tselem).


La sociedad civil palestina criminalizada

En el mayor ataque contra la sociedad civil palestina en años, en octubre Israel calificó a seis organizaciones palestinas de derechos humanos y sociales como “terroristas” [ver mi columna de noviembre], alegando que tenían vínculos con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (un grupo de resistencia marxista-leninista al que Israel considera “terrorista”, al igual que a otros grupos políticos palestinos). A pesar de no aportar ninguna prueba real de sus acusaciones, Israel ilegalizó a las organizaciones y dio luz verde al cierre de sus oficinas, la incautación de sus bienes, la congelación de sus cuentas bancarias y el encarcelamiento de su personal. Poco después se supo que algunos de sus integrantes habían sido objeto de hackeo por parte de la empresa israelí NSO, y sus teléfonos fueron infectados con el spyware Pegasus.

Como parte de la respuesta a la criminalización, las seis organizaciones y sus aliadas dentro y fuera de Palestina lanzaron la campaña #StandWithThe6 y crearon un sitio web para coordinar los esfuerzos de información, incidencia y solidaridad con la sociedad civil palestina criminalizada. Entre otras cosas, invitan a firmar la declaración de apoyo a la sociedad civil palestina y la petición a Josep Borrell y Antony Blinken para que la Unión Europea y Estados Unidos desestimen la criminalización israelí de las organizaciones palestinas, y pongan fin a sus relaciones con Israel en materia militar, de seguridad y cibervigilancia.


Mirando hacia 2022

Yumna Patel concluye su reseña con estas palabras: «En 2022 el pueblo palestino entrará en su 55º año bajo ocupación, y 74 años desde que comenzó su limpieza étnica. El mundo entrará en su tercer año bajo la pandemia del coronavirus, lo que supondrá más desafíos para la población ocupada. A medida que el pueblo palestino siga llevando su causa ante el mundo, veremos cómo más personas de todo el planeta se unen al llamado para acabar con el apartheid israelí. Con el crecimiento de movimientos de base como el BDS, también veremos cómo Israel redobla sus ataques contra las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil

El reciente incremento de las acciones violentas en Cisjordania −como respuesta a los ataques de los colonos− parece indicar que la población palestina ha decidido defender sus tierras del robo y la agresión israelíes por todos los medios posibles. También, mientras escribo estas líneas, hay manifestaciones en toda Palestina en apoyo al preso político Hisham Abu Hawash, quien entró en coma tras cinco meses en huelga de hambre contra su detención arbitraria. Su muerte puede desatar otra revuelta popular y la consiguiente reacción represiva israelí. Por eso Palestina necesitará más que nunca nuestra solidaridad activa para resistir la violencia de una ocupación colonial cada día más insostenible.

El pueblo palestino sabe muy bien, desde hace tiempo, que solo la movilización popular y desde abajo inclinará la balanza en su favor, y por eso nos pide intensificar las campañas de boicot, presión, desobediencia, deslegitimación y sanciones.

Que en 2022 nos encontremos en las calles y en las redes para derrotar al único apartheid del siglo XXI.

En el portal Desinformémonos el 3/1/22.
De Londres a New York, Toronto, Seúl, Berlín, Sidney o Estambul, en 2021 la solidaridad con Palestina creció de manera significativa en todo el mundo (video de QNN):
Por qué el movimiento BDS considera necesario exigir que la ONU investigue el apartheid israelí:
Fuente: https://mariaenpalestina.wordpress.com/2022/01/03/palestina-2021-el-ano-en-que-el-apartheid-se-volvio-mainstream/

 

Libro las cocinas de Gaza: Una manera original e inteligente de mostrar el drama y la fortaleza de las gentes de Gaza

Por Teresa Aranguren, periodista y escritora.

Las cocinas de Gaza, es un libro bellísimo. Una manera original e inteligente de mostrar el drama y la fortaleza de las gentes de Gaza. Gaza es un territorio inhabitable o, más exactamente, sería un territorio inhabitable si no fuera porque su gente, sobre todo sus mujeres, se empeñan en hacerlo habitable

Este no es un libro de cocina sino de cocinas, esos espacios íntimos y familiares donde, entre cazos, guisos y cuentos mil veces contados, ocurre la vida. Este libro habla del gusto de vivir pese a todo y frente a todo. Habla de las gentes de Gaza.

“Quizás sean los carteles de colores brillantes que cuelgan de la pared o el patio primorosamente rastrillado y repleto de todo tipo de hierbas aromáticas. Quizá las caras impacientes de las seis niñas que salen a saludarnos y suben corriendo las escaleras con sus largas trenzas negras y brillantes. Sea cual sea la razón, salta a la vista que la casa de Um Hana en Beit Lahia es un lugar alegre”.

Extraña descripción de un lugar que los informes de Naciones Unidas han calificado de “inhabitable”. En el excelente prólogo de este libro, Raquel Martí, directora de UNRWA-España (Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos) ofrece los datos de la catástrofe que el bloqueo israelí impone sobre la población de Gaza: cortes de electricidad diarios de más de ocho horas de duración, el 96% de las aguas del acuífero están contaminadas, el agua potable tiene que ser traída en camiones y su precio resulta inasequible para la mayoría de la gente, el paro alcanza al 48% de la población y en el caso de los jóvenes al 65%, los hospitales padecen una constante falta de material sanitario y se sostienen al borde del colapso, gran parte de las infraestructuras, desde las depuradoras de agua y el sistema de alcantarillado hasta viviendas, edificios administrativos, cultivos y granjas han sido destruidas por las bombas.

Sí, Gaza es un territorio inhabitable o, más exactamente, sería un territorio inhabitable si no fuera porque su gente, sobre todo sus mujeres, se empeñan en hacerlo habitable.
No se trata de dulcificar lo insoportable ni de ocultar el sufrimiento cotidiano de la vida en Gaza, este libro no habla de héroes con superpoderes sino de seres humanos que resisten la adversidad, se apoyan mutuamente y cocinan entre risas y cotilleos como se hacía en las cocinas de la aldea de la que fueron expulsados y cuyo nombre ya no figura en los mapas. Las mujeres de Gaza cocinan para preservar la vida. Y la memoria.

Um Ibrahim nació en la localidad de Beit Tima al sur de Yafa, a sus más de 90 años mantiene vivos sus recuerdos de infancia y juventud y “le brillan los ojos cuando describe con detalle las verduras silvestres y las hermosas calabazas de su pueblo natal”. También recuerda con precisión lo que ocurrió en el otoño de 1948 cuando, tras buscar refugio en una aldea cercana porque las milicias sionistas llegaban a su pueblo, su familia decidió regresar días después a Beit Tima para recoger la cosecha de grano que tenían almacenada en la casa, “encontramos a muchos de nuestros vecinos muertos, con disparos en la frente y miembros amputados…”. Um Ibrahim huyó con su familia y sus vecinos a Gaza. Vive en el campo de refugiados de Deir Al Belah. Nunca ha vuelto a ver su pueblo ni los paisajes de su infancia, pero conserva el legado de sabores y olores de aquella Palestina que fue y pervive en las recetas que aprendió de niña en Beit Tima. La que Um Ibrahim nos ofrece en este libro es la de “Bamia ua adas”, un guiso de lentejas y verdura típico no solo de esta región sino de toda Palestina.

Laila Al Haddad y Maggie Schmitt recorrieron las cocinas de Gaza en busca de recetas tradicionales, pero sobre todo de relatos, retazos de vida que las mujeres van desgranando en su charla mientras majan en el mortero un poco de comino, sésamo, albahaca y aceite o desgranan los rubíes de una granada. La mayoría de las personas que aparecen en este libro son mujeres, pero también hay algún hombre, como Abdel Munin, que gestiona una pequeña finca de cultivo ecológico en Beit Hanun o Mohamed Ahmed, que antes del bloqueo solía exportar fruta a Europa y ahora, con sus árboles arrancados porque sus tierras quedaban cerca de la frontera, depende de la ayuda alimentaria de UNRWA. En Gaza la alimentación es tarea de mujeres cuando se realiza en casa, si es negocio es cosa sobre todo de hombres. Pero esto no ocurre solo en Gaza.

Uno de los grandes atractivos de este libro son las excelentes fotografías que acompañan cada una de las recetas, cada una de las historias, imágenes de los platos cocinados y de los rostros de quienes los muestran. Y es conmovedora la alegría de vivir que desprenden esos rostros.

Las cocinas de Gaza, editado con el esmero con el que Ediciones de Oriente y el Mediterráneo realiza siempre su trabajo, es un libro bellísimo. Una manera original e inteligente de mostrar el drama y la fortaleza de las gentes de Gaza.

Fuente: www.infolibre.es

Prisionero palestino pone fin a huelga de hambre tras llegar a un acuerdo sobre su detención administrativa

Foto: Hisham Abu Hawash se alimenta por primera vez después de terminar su huelga de hambre que duró 141 días

05 de enero de 2022

RAMALLAH, martes 4 de enero de 2022 (WAFA) – Con las directivas del presidente Mahmoud Abbas y el enérgico seguimiento del Servicio General de Inteligencia, esta noche se llegó a un acuerdo con la parte israelí para la liberación del prisionero palestino en huelga de hambre, Hisham Abu Hawash, poniendo así fin a sus 141 días consecutivos de huelga de hambre en protesta por su detención sin cargos ni juicio.

La Comisión de Asuntos de Detenidos y Ex-Detenidos en un comunicado dijo que Abu Hawash puso fin a su huelga de hambre después de llegar a un acuerdo con las autoridades de ocupación israelíes para poner fin a su detención administrativa y liberarlo el 26 de febrero.

Abu Hawash, de 40 años, de la localidad de Dura, al sur de Hebrón, fue detenido el 27 de octubre de 2020. Inmediatamente después de su arresto, se emitió una orden de detención administrativa en su contra por un período de seis meses y fue renovada varias veces. Está casado y es padre de cinco hijos. Su salud ha llegado a un punto crítico debido a la huelga de hambre.

Un comunicado emitido por la Sociedad Palestina de Prisioneros (PPS) dijo que la batalla de Abu Hawash ha traído el tema de los prisioneros, específicamente el tema de la detención administrativa, de vuelta a un primer plano a pesar de todos los desafíos que él y otros prisioneros, que lo precedieron en la huelga, se han enfrentado por la serie de políticas sistemáticas de todos los brazos del gobierno israelí.

Cientos de prisioneros palestinos detenidos sin juicio ni acusación iniciaron hace cuatro días un boicot a los tribunales militares de Israel en protesta por su detención administrativa.

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