Susan Sarandon reitera su apoyo al pueblo palestino

30 de diciembre de 2021

La actriz estadounidense Susan Sarandon ha reiterado una vez más su apoyo a Palestina y al pueblo palestino.

Sarandon de 75 años, tuiteó una imagen que incluía un tuit del difunto arzobispo retirado de Sudáfrica e icono de la lucha contra el apartheid, Desmond Tutu, que decía: “Israel nunca conseguirá la verdadera seguridad y protección oprimiendo a otro pueblo. Una paz verdadera sólo puede construirse, en última instancia, sobre la base de la justicia”.

La estrella de “Thelma & Louise” siempre se ha pronunciado a favor del pueblo palestino en varias ocasiones. Ya en mayo, tuiteó: “Estoy con el pueblo palestino que lucha contra el gobierno de apartheid de Netanyahu”.

También elogió a la modelo estadounidense de origen palestino, Bella Hadid, “por tener la valentía de solidarizarse con su pueblo”.

Sarandon fue también una de las celebridades de alto nivel que firmaron una carta abierta criticando a Israel por etiquetar a seis grupos de derechos humanos palestinos como “organizaciones terroristas”.

Fuente: Palestine Chronicle

Edición: Comunidad Palestina de Chile

Opera prima del realizador Ameen Nayfeh, premiada en Venecia ahora En Netflix: «A 200 metros», una fábula palestina

30 de diciembre de 2021

Por Juan Pablo Cinelli

La película aborda con cierta profundidad las dificultades que enfrentan los ciudadanos palestinos en su vida diaria, en particular los de la zona de Cisjordania.

Intérpretes: Ali Suliman, Anna Unterberger, Lana Zreik, Motaz Malhees, Nabil Al Raee, Mahmoud Abu Eita.

Estreno: en Netflix.

De la opera prima del director palestino Ameen Nayfeh, A 200 metros, no se puede decir que sea una mala película. Tampoco lo contrario. No importa demasiado: categorías como lo bueno o lo malo no son muy útiles. Pueden ser prácticas a la hora de dar una opinión sin necesidad de argumentos más profundos, pero resultan simplificadoras y reductivas. De hecho, estas últimas tres palabras definen mejor a la película y ayudan en la tarea de comenzar a analizarla. Es que A 200 metros -ganadora del premio del público en la sección Giornate degli autori de la Mostra de Venecia 2020- busca abordar con cierta profundidad las dificultades que enfrentan los ciudadanos palestinos en su vida diaria, en particular los de la zona de Cisjordania. Pero en su afán de hacerlo a partir del cine de ficción de narración más clásica, no puede evitar volverse simplificadora y reductiva. Aun así no parece haber premeditación en ello, sino más bien cierta candidez que se traduce en un dispositivo dramático signado por una inocencia de amplísimo espectro. La misma abarca tanto a lo cinematográfico como la representación política de la compleja situación que rodea al conflicto entre Israel y Palestina.

Lo más interesante de A 200 metros es su mirada sobre lo cotidiano. Mustafá es un obrero palestino que vive frente al muro de concreto que separa a Israel de Cisjordania. El problema es que su mujer reside al otro lado, donde vive con los hijos de ambos, pero tan cerca que si se asoman a la ventana pueden verse por encima de la pared. No es que la pareja esté divorciada: por orgullo, Mustafá no quiso aceptar el permiso de residencia que le permitiría vivir no solo junto a su familia, sino también más cómodo. Porque el hombre trabaja en Israel y todo los días debe soportar los estrictos controles fronterizos que no siempre le permiten pasar. Como miles de personas que realizan ese cruce a diario, Mustafá lo soporta como parte de la vida. Pero un día su hijo tiene un accidente al otro lado y, con angustia, se arriesgará a cruzar de forma ilegal, realizando una odisea de casi 200 kilómetros para llegar a un lugar que está a 200 metros de su casa.

A esa travesía del protagonista se irán sumando personajes que le permitirán al director poner en escena diferentes situaciones que son habituales en la realidad palestina y que dan cuenta de la precariedad de la vida en ese lugar. Avatares de las buenas intenciones de la propia película, en cada personaje los sentimientos nobles conviven con ciertas miserias, dualidad propia de la condición humana que Nayfeh parece querer retratar. Hay en esa decisión un fondo ético, según el cual nadie está exento de culpas y por ese camino A 200 metros retrata situaciones extremas, pero siempre elige resolverlas con esperanza (aunque eso no significa que se resuelvan “bien”). Es ahí donde se asienta aquella inocencia que signa la identidad de esta película, en donde todo parece reducirse a la buena voluntad y la nobleza intrínseca de sus personajes.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar

Viajar por Gaza sin moverse de la cocina

Foto: una mujer hornea pan en Bait Lahiya (Gaza).ALI ALIEFE

29 de diciembre de 2021

Por Rosa Meneses 

Un libro que recopila las recetas tradicionales palestinas muestra cómo la gastronomía ayuda a preservar la memoria y la identidad de la castigada población del enclave.

Um Zuhair prepara un pastel de alholva y aceite de oliva mientras cuenta la historia de ‘Yamil y Buzaina’. El relato, que se remonta a los tiempos del califato omeya, narra el destino de dos amantes desgraciados. El poeta Yamil Ibn Maàmar, de la ciudad de Medina, se enamora de Buzaina, que pertenece a otra tribu. La familia de la joven se opone al matrimonio: no quiere que Buzaina se case con un poeta, para ellos sinónimo de libertino. Yamil, loco de amor, vaga por el desierto recitando sus versos. Sus tristes estrofas hacen llorar a las aves y las piedras. La leyenda de ‘Yamil y Buzaina’, junto con la de ‘Layla y Maynun’ -otro gran mito de la literatura árabe-, llegaron a Europa a través de la España andalusí y se cree que fueron fuente de inspiración de epopeyas como ‘Tristán e Isolda’ o ‘Romeo y Julieta’.

Pero estamos en una cocina. En una cocina de Gaza, concretamente. Y Um Zuhair está elaborando su postre. Tras preparar la masa, engrasa un molde con tahina y la extiende, coloca por encima almendras y piñones y pone el recipiente en el horno 45 minutos. Luego, sobre el pastel horneado, vierte almíbar frío y lo deja enfriar para cortarlo y servirlo. En ese trajinar en los fogones durante horas y horas, familiares y vecinos comparten un espacio de transmisión de cultura y conocimiento, de diálogo, de libertad, donde se recitan poemas, se cuentan historias, anécdotas…

Por eso, el arte de la cocina típica de Gaza es mucho más que gastronomía: es una travesía por la cultura y la sociedad de este rincón olvidado del mundo. Ese viaje puede hacerse a través del libro ‘Las cocinas de Gaza’, que acaba de publicar en España Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. Es un periplo culinario por Palestina, con recetas que invitan a probar sus guisos especiados, el pescado relleno de hierbas, el falafel, los pasteles de nueces y sémola o su refrescante limonada con hierbabuena. Y es un mosaico de voces e historias, a la vez que un estudio de campo sobre la vida cotidiana de sus gentes bajo el férreo bloqueo impuesto por Israel desde 2007.

En la Antigüedad, por Gaza pasaban las caravanas de la Ruta de las Especias, con su trasiego de clavo, canela, nuez moscada o pimienta de Asia hacia el Mediterráneo. Hoy, Gaza -donde el 80% de la población es refugiada- se asocia a violencia y conflicto. «El libro pretende humanizar a la población de Gaza. Pretende compensar la representación sesgada que describe a los palestinos o como víctimas o como héroes o como agresores, una caricatura que no es lo que vive la gente, que no es la vida cotidiana, con sus momentos de alegría y pena. Queríamos un retrato a ras del suelo, con las vivencias cotidianas de las personas de Gaza, con sus situaciones terribles y su esfuerzo para llevar sus vidas con dignidad, para aportar alegría, belleza y significado», explica Maggie Schmitt, que junto con Laila El-Haddad es autora del libro.

«Los palestinos han sufrido la pérdida y el trauma durante el siglo pasado: la pérdida de tierra, de vidas y del hogar. Las aldeas de aquellos refugiados que se pusieron a salvo en Gaza fueron totalmente destruidas y su existencia, figurativa y literal, borrada de la faz de la tierra, de los mapas y los libros de historia», profundiza El-Haddad para este diario. «La comida es una de las maneras más importantes en las que han anclado su pérdida y han preservado y transmitido su memoria y herencia», continúa.

«Tomamos la comida como punto de partida para hablar de todo. Nos sitúa en realidades concretas, fuera de los grandes discursos ideológicos», prosigue Schmitt, en conversación con EL MUNDO. La comida como espacio de expresión y diálogo. «La cocina se sitúa en un papel seminal», precisa El-Haddad. «La cocina también es una forma de contar y, para quienes se toman el tiempo de escuchar, cuenta una historia curiosa que no se alinea con los Estados-Nación y transmite oralmente conocimientos fuera de lo oficial», reflexiona. Y es que, como dicen las autoras en el libro, «cuando se vive en Gaza, es un alivio que te pregunten sobre lentejas y no solo sobre política».

«La cocina es un lugar privilegiado de transmisión familiar y vecinal de la historia, de intercambio y relación», considera Schmitt. «Hablamos de Palestina, cuya historia está en peligro inminente de extinción por el borrado de aldeas del mapa. Su memoria se perpetúa a través de la cocina: vemos que terceras y cuartas generaciones del exilio mantienen las recetas de sus aldeas, transmitidas por la familia, y que cuentan de dónde vienen. Y así saborean un pueblo que no existe desde hace 70 años», añade.

El recetario pone el foco en las mujeres, muchas veces mantenidas al margen del relato histórico y político. Aquí, las mujeres son el centro. No porque el libro transcurra entre ollas, sartenes y ‘zibdías’, los tradicionales cuencos de barro, sino porque retrata a las mujeres como principales transmisoras de la memoria y la historia. «Quisimos dar voz a las mujeres, que quedan fuera de la representación. Recopilar un riquísimo patrimonio culinario y hacer un acto de memoria histórica para intentar cambiar el discurso en torno a Gaza a través de la cotidianidad», destaca Schmitt.

«La cocina es un lugar especial donde los palestinos -y especialmente las mujeres- ejercen el control sobre algunos aspectos de sus vidas y elaboran y retienen su dignidad cuando Israel ha trabajado rutinariamente para despojarles de ella», considera El-Haddad.

Maestras de improvisar un plato adaptándose a lo que hay, en un contexto político y económico difícil, las autoras muestran en su trabajo cómo las mujeres hacen de las recetas transmitidas de generación en generación «un lugar de expresión y creatividad en femenino que se escapa a cualquier control».

Fuente: https://www.elmundo.es

200 vidas y 150 piernas segadas sin respuesta en Gaza. La justicia militar israelí investiga en falso los crímenes de guerra cometidos

Foto: Mohamed Barbagh, de 17 años, que perdió una pierna en las protestas en la frontera israelí en 2018, en un acto deportivo para mutilados, en Gaza en agosto. Foto cedida por su familia

.Por Juan Carlos Sanz

La justicia militar israelí investiga en falso los crímenes de guerra cometidos en las marchas en la frontera de la Franja entre 2018 y 2019 para eludir al Tribunal de La Haya, según un informe conjunto de organizaciones de Israel y Palestina

Después de más de cuatro años de obras, Israel acaba de completar la construcción de una barrera subterránea a lo largo de 65 kilómetros de la frontera de la franja de Gaza. Este muro invisible, que ha costado unos mil millones de euros y cuenta con sensores y radares para detectar la infiltración de milicias islamistas a través de túneles, intensifica la sensación de bloqueo a la que viven sometidos dos millones de palestinos en el enclave costero desde hace cerca de 15 años. En respuesta al aislamiento, reforzado cíclicamente por Egipto en la frontera del sur, decenas de miles jóvenes gazatíes secundaron entre 2018 y 2019 las protestas semanales de la llamada Gran Marcha del Retorno, en las que murieron más de 200 palestinos y otros 8.000 resultaron heridos por disparos de los francotiradores del Ejército israelí. Más de 150 sufrieron amputaciones.

Monser Nader Abali, de 27 años, dejó de estudiar Economía en la Universidad Islámica de Gaza el 13 de abril de 2018, cuando las balas israelíes le destrozaron la pierna derecha, poco después del inicio de las protestas en la frontera. Desde entonces también ha perdido el interés por la vida. “Me acerqué demasiado a la verja, a unos 20 metros, por simple curiosidad, junto a muchos otros manifestantes”, recuerda en el campo de refugiados de Shati, convertido en barriada marítima de la capital del enclave. Ahora lleva una prótesis que apenas le permite caminar y subir las escaleras de su casa.

 

Monser Nader Abali, de 27 años, que perdió una pierna en 2018 en la frontera de Israel, en el campo de refugiados de Shati (Gaza), el pasado día 13.

El Gobierno palestino le ha asignado una pensión de invalidez de 1.300 shéqueles (370 euros) al mes, el doble del alquiler del apartamento en el que vive con su esposa, después de haber pasado un año en una silla de ruedas y otro año más con muletas. “Espero que mi caso llegue algún día a La Haya para que los culpables sean castigados, pero no confío en que Israel asuma su responsabilidad”, se resigna. “Pregunté en el hospital cuánto costaría una pierna artificial moderna para poder volver a hacer mi vida de antes”, confiesa. “Es mejor no saberlo”, dice que le respondieron.

El Centro Palestino de Derechos Humanos (PCHR, por sus siglas en inglés), una ONG con sede en Gaza y financiada por donaciones internacionales, ha presentado este mes una investigación conjunta con la organización pacifista Israelí B’Tselem en la que se responsabiliza a la justicia militar de “encubrir” los presuntos crímenes de guerra cometidos por las tropas durante la Gran Marcha del Retorno.

“Trabajamos entre tres fuegos: el de la ocupación y el bloqueo de Israel; el de la Autoridad Palestina, en Cisjordania, y el del movimiento islamista Hamás en Gaza”, describe Rayi Surani, director desde hace tres décadas del PCHR, la dificultad del trabajo de una organización independiente. “Nuestros investigadores y abogados están sobre el terreno, y donde se presenta un caso con indicios de constituir un crimen de guerra recopilamos todos los datos”, precisa Surani en su despacho en la capital gazatí la misión de identificar testigos y documentar pruebas para ponerlas a disposición de la justicia internacional.

La Fiscalía del Tribunal Penal Internacional (TPI), con sede en La Haya, abrió en marzo una investigación por crímenes de guerra en Palestina dirigida tanto contra Israel como contra las milicias islamistas en Gaza. Israel no es país signatario del Estatuto de Roma, el tratado por el que nació en 2002 el TPI. Pero Palestina lo ratificó en 2015 y reconoció la jurisdicción del tribunal sobre su territorio. Palestina fue admitida como “Estado observador no miembro” por la Asamblea General de la ONU en 2012.

La versión oficial del Ejército israelí no ha variado en los últimos tres años, según han reiterado los portavoces castrenses. Las tropas respondieron de forma proporcionada para “neutralizar el peligro” que suponía la ola de violentos disturbios masivos y “acciones terroristas” organizados por Hamás con el objetivo de lanzar ataques al otro lado de la frontera. Los comandantes dieron la orden de abrir fuego “en defensa propia”, sostiene Israel.

Por encima de todo, el Gobierno israelí teme que la investigación penal internacional pueda desembocar en imputaciones contra responsables militares y civiles, como sospechosos de haber cometido crímenes de guerra o contra la humanidad en territorios palestinos. En consecuencia, pueden ser arrestados en el extranjero en virtud de órdenes de detención dictadas por el TPI.

“Los jueces de La Haya, sin embargo, actúan bajo el principio de complementariedad. Si un Estado efectúa una investigación completa y ofrece reparación a las víctimas, la justicia internacional se abstiene de intervenir”, puntualiza Surani. “Pero si no hay una respuesta legal o se prueba que la jurisdicción israelí ha encubierto la investigación, entonces sí es posible acudir al TPI. Investigadores israelíes y palestinos hemos presentado hechos, nombres y todo tipo de evidencias que el sistema legal israelí ha ocultado en su investigación”, asegura el director del Centro Palestino de Derechos Humanos.

 

May Abu Rowaida, de 22 años, que perdió un ojo por el impacto de una bala forrada de goma en 2019 en la frontera de Israel, en su casa de Maghazi (Gaza), el pasado día 13.

“Arruinaron mi vida y mi futuro”

A May Abu Rowaida, de 22 años, una bala forrada de goma le reventó el ojo derecho el 6 de diciembre de 2019 en Al Biureji, en la frontera central de la franja de Gaza. La joven ondeaba una bandera palestina en la fase final de las protestas de la Gran Marcha del Retorno, en un momento en el que apenas se registraban incidentes. Ha interrumpido sus estudios de secretariado sanitario y apenas ha vuelto a salir con sus amigas en el campo de refugiados de Maghazi, en el centro de la Franja. Suleiman Abu Rowaida, funcionario local de 54 años, menea la cabeza mientras escucha las palabras cargadas de amargura de su hija. “Practicaron puntería con mi ojo. Yo no suponía ningún peligro”, relata un año después de haber recibido una protésis ocular. Arruinaron mi vida y mi futuro. Me siento desfigurada”, lamenta la joven, que ahora recibe una pensión mensual de 600 shéqueles.

May Abu Rowaida acudió hasta las oficinas militares israelíes del paso fronterizo de Erez para presentar una denuncia. “Nadie me ha llamado para investigar mi caso en Israel”, alega. “Pero tampoco tengo esperanzas de que pueda lograr una compensación a través de la justicia internacional. Perdí el ojo sin ninguna razón, solo por llevar una bandera palestina”.

“Hemos intentado agotar todas las instancias en Israel, aunque su jurisdicción militar no aplica el derecho internacional, solo investiga si los hechos se han producido de acuerdo con las disposiciones castrenses”, aclara Rayi Surani, abogado palestino especializado en la defensa de los derechos humanos. “Israel no trata de evaluar si ha habido muertos o heridos y por qué causas”, concluye, “sino si se han producido violaciones de las normas del Ejército, como por ejemplo cometer saqueos o robos”. Cree que en el fondo todo este proceso solo es una “cortina de humo”.

Las investigaciones israelíes solo han afectado a militares de bajo rango. Se han centrado en 143 casos con resultado de muerte y no han abordado los miles de casos con heridos y amputados. Cerca de un centenar de denuncias han sido archivadas sin abrir diligencias. “Israel se ha dedicado a encubrir y proteger a los jefes políticos y militares que aprobaron la práctica del fuego a discreción”, concluye el informe conjunto del PCHR y B’Tselem. “Declarar que hay en marcha una investigación (para eludir al TPI) no es suficiente. Tiene que haber una investigación efectiva y dirigida a los altos mandos. Israel no cumple estos requisitos”, remacha el informe conjunto de ONG de Palestina e Israel.

Tan solo una investigación militar israelí ha desembocado hasta ahora en una condena. Es el caso del chico palestino Othman Heles, abatido a tiros en la frontera de Karni, próxima a la capital gazatí, el 13 de julio de 2018. Cuando EL PAÍS visitó al padre del fallecido, Rami Heles, en 2019 en Ziyahia, una barriada periférica de Gaza, había recibido recientemente la noticia de la sentencia a 30 días de trabajos para la comunidad impuesta a un francotirador israelí por haber disparado contra Othman. “Fue una trágica chiquillada, se encaramó a la valla. Pero al menos los israelíes podían haber pedido perdón si creen que todo fue debido a un error”, se quejaba entonces de la leve condena impuesta a un soldado, que no fue identificado por el Ejército tras el acuerdo de admisión de culpabilidad que alcanzó con la Fiscalía. 

 

Yasir Barbargh posa junto a un cartel con la foto de su hijo Mohamed, que perdió una pierna en las protestas en la frontera israelí en 2018, en su casa de Jan Yunis (Gaza) el pasado día 13.JCS

Jugar al fútbol tras perder una pierna

El 25 de octubre de 2018, con 15 años, Mohamed Barbagh era un fanático del futbol. Tres años después ha tenido que aprender a jugar sin la pierna derecha. Ahora se encuentra en Egipto, en un centro de rehabilitación para amputados acompañado por su madre. Su padre, Yasir Barbagh, de 48 años, posa junto a un cartel del muchacho, celebrado como un “héroe” por las organizaciones políticas de Gaza, en el salón de su casa en las afueras de Jan Yunis (sur de la Franja). “Era la primera vez que acudía a las marchas. Iba con sus amigos, junto con una multitud”, asegura. Como más de la mitad de los gazatíes, está en paro. Hasta 2006, cuando se cerró la frontera era uno más entre decenas de miles de temporeros que cada día trabajaban en la agricultura o la construcción en Israel.

En un viernes típico de protestas a lo largo de la Marcha del Gran Retorno, como los que presenció este corresponsal, miles de familias coreaban cánticos nacionalistas a unos dos kilómetros de la valla, mientras algunos centenares de jóvenes tiraban piedras a los soldados en la verja, entre humaredas de neumáticos quemados y gases lacrimógenos arrojados desde drones. “Un familiar me telefoneó desde Hoshma, en la misma frontera, con este mensaje: ‘Tu hijo ha sido tiroteado y va camino del Hospital Europeo de Jan Yunes’. Tras una operación de siete horas de duración, pudo ser evacuado hasta el hospital palestino de Makassed, en Jerusalén Este (en un último intento de salvarle la extremidad). Cuatro días después, le amputaron la pierna por encima de la rodilla”, relata Yasir Barbagh. Asegura que su hijo estaba jugando al fútbol en una zona alejada de la valla fronteriza.

“Siente muchas molestias al caminar con la prótesis que le han colocado. La que él necesitará cuesta unos 15.000 dólares y ahora solo recibe una ayuda de 300 shéqueles mensuales del Gobierno palestino”, lamenta el padre. “Lo peor es que Mohamed ya no es como antes. No quiere salir de casa. Se ha quedado sin ilusiones. Eso no se lo devolverán nunca en el Tribunal de La Haya”.

El Autor Juan Carlos Sanz, es el corresponsal para Oriente Próximo en Jerusalén desde 2015. Antes fue jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, el Magreb, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid. 

Fuente: El País 

¿Por qué Israel está modificando su política de fuego abierto? Tres posibles respuestas

Foto: soldados israelíes detienen a un manifestante palestino durante una protesta contra la expansión de los asentamientos israelíes en el pueblo de Jbara, al sur de Tulkarm, en la Cisjordania ocupada, el 1 de septiembre de 2020. [JAAFAR ASHTIYEH/AFP vía Getty Images]. 

Por Ramzy Baroud

De entrada, la decisión militar israelí de revisar sus políticas de fuego abierto en la Cisjordania ocupada parece desconcertante. ¿Cuál sería la lógica de dar a los soldados israelíes el espacio para disparar a más palestinos cuando los manuales existentes del ejército ya les habían concedido una inmunidad casi total y poca responsabilidad legal?

Las nuevas normas del ejército permiten ahora a los soldados israelíes disparar, e incluso matar, a los jóvenes palestinos que huyen con munición real por haber lanzado supuestamente piedras contra coches «civiles» israelíes. Esto también se aplica a situaciones en las que los presuntos «atacantes» palestinos no tienen piedras en la mano en el momento del disparo.

La referencia a los «civiles» en el manual revisado del ejército se aplica a los colonos judíos israelíes armados que han colonizado los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este, desafiando el derecho internacional y la soberanía palestina. Estos colonos, que a menudo operan como fuerzas paramilitares en coordinación directa con el ejército israelí, ponen en peligro la vida de sus propias familias al residir en tierras palestinas ocupadas. Según los retorcidos criterios de Israel, estos violentos israelíes, que han matado y herido a numerosos palestinos a lo largo de los años, son «civiles» que necesitan protección contra los «asaltantes» palestinos que lanzan piedras.

En Israel, lanzar piedras es un «delito grave» y los palestinos que las lanzan son «delincuentes», según Liron Libman, ex fiscal militar jefe de Israel, al comentar las nuevas normas. Para los israelíes, hay poco desacuerdo sobre estas afirmaciones, incluso por parte de quienes cuestionan la legalidad de las nuevas normas. El punto de discordia, según Libman y otros, es que «una persona que huye no representa una amenaza», aunque, según el propio Libman, «la nueva política podría estar potencialmente justificada», informó The Times of Israel.

El «debate» sobre la nueva política de fuego abierto en los medios de comunicación israelíes, da la falsa impresión de que algo fundamental ha cambiado en la relación del ejército israelí con los palestinos ocupados. Esto no es así en absoluto. Hay numerosos ejemplos diarios en los que se dispara y se mata impunemente a los palestinos, incluidos los niños, que tiran piedras o no, que van a la escuela o que simplemente protestan por la confiscación ilegal de sus tierras por parte del ejército israelí o de colonos armados.

En la aldea palestina de Beita, en el norte de Cisjordania ocupada, ocho palestinos desarmados han sido asesinados desde mayo. Este pequeño pueblo ha sido escenario de manifestaciones periódicas contra la expansión de los asentamientos judíos y contra el puesto de avanzada ilegal de Eviatar, en la zona rural palestina del monte Sabih. Entre las víctimas se encuentra Muhammad Ali Khabisa, de 28 años y padre de un niño de ocho meses, que fue asesinado a tiros el pasado septiembre.

Aunque las nuevas normas han hecho mucho hincapié en la condición de las supuestas víctimas israelíes, calificándolas de «civiles», en la práctica, el ejército israelí ha utilizado exactamente el mismo criterio para disparar, mutilar y matar a los palestinos que supuestamente lanzan piedras, incluso cuando no hay colonos armados presentes.

Un caso famoso, en 2015, fue el asesinato de un adolescente palestino de 17 años, Mohammad Kosba, a manos de un coronel del ejército israelí, Yisrael Shomer. Este último alegó que Kosba había lanzado una piedra contra su coche. Posteriormente, Shomer persiguió al adolescente palestino y le disparó por la espalda, matándolo.

El oficial israelí fue «censurado» por su conducta, no por haber matado al chico, sino por no haberse detenido «para apuntar correctamente», según The Times of Israel. El fiscal jefe militar israelí concluyó entonces que «el uso de la fuerza letal por parte de Shomer en el marco del protocolo de detención estaba justificado por las circunstancias del incidente».

El desprecio de Israel por el derecho internacional en sus ataques a los palestinos no es un secreto. Grupos de derechos humanos israelíes e internacionales han condenado repetidamente el comportamiento inhumano y bárbaro del ejército israelí en los territorios ocupados.

En un extenso informe ya en 2014, Amnistía Internacional condenó el «cruel desprecio de Israel por la vida humana al matar a decenas de civiles palestinos, incluidos niños, en la Cisjordania ocupada» a lo largo de los años. AI dijo que esos asesinatos habían tenido lugar «con casi total impunidad».

«La frecuencia y la persistencia de la fuerza arbitraria y abusiva contra manifestantes pacíficos en Cisjordania por parte de soldados y policías israelíes -y la impunidad de la que gozan los autores- sugiere que se lleva a cabo como una cuestión de política», se lee en el informe de Amnistía.

Incluso el propio grupo de derechos de Israel, B’tselem, está de acuerdo. La organización denunció la «política de disparar a matar» del ejército israelí, que también se aplica a «personas que ya han sido ‘neutralizadas'». De hecho, en el caso de Abdel Fattah al-Sharif, un palestino al que un médico militar israelí, Elor Azaria, disparó a bocajarro en Al-Khalil (Hebrón) en 2016, no sólo fue ‘neutralizado’ sino que quedó inconsciente.

Según B’tselem, los «soldados y policías israelíes se han convertido en juez, jurado y verdugo». Teniendo en cuenta esta trágica y siniestra trayectoria, cabe preguntarse por qué el ejército israelí modificaría su política de fuego abierto en este momento concreto. Hay tres posibles respuestas:

Una, el gobierno y el ejército israelíes están anticipando un aumento de la resistencia popular palestina en los próximos meses, posiblemente como resultado de la expansión masiva de los asentamientos ilegales y los desalojos forzosos en el Jerusalén Este ocupado.

En segundo lugar, al alinear perfectamente la actual política de fuego abierto con la agresiva práctica militar de «disparar para matar» ya existente, los tribunales israelíes ya no tendrían que enfrentarse a ninguna repercusión legal por matar a palestinos, incluidos niños, independientemente de las circunstancias de sus asesinatos.

Por último, las normas revisadas permitirían a Israel defenderse en respuesta a la investigación abierta por la Corte Penal Internacional (CPI), en relación con las violaciones de los derechos humanos y los crímenes de guerra en la Palestina ocupada. El Fiscal General de Israel argumentará ahora que no se están produciendo crímenes de guerra en Palestina, ya que el asesinato de palestinos es coherente con la propia conducta militar y el sistema judicial de Israel. Dado que la CPI investiga a presuntos criminales de guerra, y no al propio gobierno, Israel espera poder evitar que sus propios asesinos tengan que enfrentarse a las expectativas legales de la Corte.

Aunque el momento de la decisión militar israelí de modificar su política de fuego abierto puede parecer repentino y sin mucho contexto, la decisión sigue siendo siniestra. Cuando el ejército de un país decide que disparar a un niño por la espalda sin ninguna prueba de que el presunto «delincuente» suponga peligro alguno es un acto legal, la comunidad internacional debe tomar nota.

Es cierto que Israel actúa al margen de las normas mínimas del derecho internacional y humanitario, pero es responsabilidad de la comunidad internacional proteger a los palestinos, cuyas vidas siguen siendo preciosas aunque Israel no esté de acuerdo.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Tres planes de Israel para 2022

Foto: nuevos inmigrantes judíos de Ucrania, que están haciendo Aliyah (Inmigración a Israel), bajan las escaleras mientras su avión aterriza en el aeropuerto internacional Ben Gurion el 22 de diciembre de 2014, en Lod, a unos 15 kms al este de Tel Aviv [GIL COHEN-MAGEN/AFP vía Getty Images].

27 de diciembre de 2021

Por Tawfiq Abu Shomar

El primer plan: Los israelíes planean absorber una posible nueva oleada de inmigrantes procedentes de Ucrania, y esperan que Rusia lance una guerra contra Ucrania a principios de 2022, porque Rusia ha movilizado 100 batallones militares en las fronteras de Ucrania. Los expertos recomiendan prepararse para este gran número de inmigrantes, por lo que deben aprobarse presupuestos especiales para ellos. También existe la posibilidad de que esto vaya acompañado de otra oleada de inmigración desde la propia Rusia, porque Estados Unidos y Europa aplicarán sanciones económicas a Rusia, lo que empujará a miles de judíos rusos a inmigrar también.

El escritor Micah Levinson escribió el 19 de diciembre en el Jerusalem Post: «Según el American Jewish Year Book 2019, aproximadamente 200.000 ucranianos son elegibles para hacer aliá bajo la Ley del Retorno. Aunque la mayoría no se identifican como judíos ni son halájicamente judíos, decenas de miles que buscan refugio podrían solicitar la ciudadanía israelí.» Por lo tanto, según Levinson, el gobierno de Naftali Bennett sugiere eliminar el monopolio de judaización impuesto por el puritano Gran Rabinato, para dar a los rabinos modernos y reformistas la oportunidad de lograr la judaización por medios rápidos, porque hay medio millón de inmigrantes de la Unión Soviética y otros países, que no son judíos, según los estándares rabínicos, incluso el Gran Rabino sefardí Yitzhak Yosef, que los llamó «comunistas hostiles a la religión» el año pasado. Constituyen el 5% de los judíos de Israel, según el análisis del más destacado experto en demografía, Sergio DellaPergola, profesor de la Universidad Hebrea.

El segundo plan apareció en el periódico Israel Hayom el 19 de diciembre y está relacionado con el método de represión de las manifestaciones y levantamientos de nuestro pueblo palestino que se mantiene firme en sus tierras desde 1948. Yoav Limor escribió: «Tras la Operación Guardián de los Muros, las FDI y la Policía de Israel trabajaron para extraer lecciones del conflicto para el futuro. Se decidió inmediatamente transferir el mando de las unidades de la Policía de Fronteras del ejército a la policía, así como recurrir a las tropas del Mando del Frente Interior para sustituir a la policía en la seguridad de las bases y los convoyes de las FDI. En cuanto a las nuevas unidades de la Policía de Fronteras, estarán formadas por reservistas que hasta ahora servían mayoritariamente en unidades militares «regulares», normalmente de infantería o de defensa de fronteras.»

«La unidad participará en las actividades operativas en curso en Judea y Samaria [la Cisjordania ocupada] y Jerusalén, y, si es necesario, operará bajo la Policía de Israel para misiones de seguridad interna, como la prevención de disturbios violentos en ciudades mixtas.» Estas ciudades mixtas incluyen Lod, Nazaret, Haifa y Acre, entre otras.

Esta unidad realizó su primer entrenamiento hace unos días en la ciudad palestina de Umm Al-Fahm, y llevará a cabo la intervención rápida con el pretexto de mantener la seguridad y combatir el terrorismo palestino y los asesinatos diarios. Sin embargo, el objetivo no declarado es oprimir a los palestinos.
En cuanto al tercer plan, es un plan que se está aplicando fuera de Israel en el mayor grupo de presión para Israel en Estados Unidos, el Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC). La organización planea transformarse en el lobby israelí de apoyo a los candidatos al Congreso, financiando las campañas de los miembros del Congreso y de los candidatos a las elecciones pro-israelíes. Los apoyará financiera y logísticamente para atraer a los partidarios de Israel tanto del partido demócrata como del republicano.

La presidenta del AIPAC, Betsy Berns Korn, ha dicho «A lo largo de la historia de AIPAC, el Consejo de Administración ha ajustado constantemente nuestra estrategia política para garantizar que pudiéramos seguir teniendo éxito en un Washington en constante cambio. El entorno político de D.C. ha experimentado un profundo cambio. El hiperpartidismo, la alta rotación en el Congreso y el crecimiento exponencial del coste de las campañas dominan ahora el panorama. Por ello, el Consejo ha decidido introducir estas dos nuevas herramientas». Añadió que el PAC del AIPAC «destacará y apoyará a los actuales congresistas demócratas y republicanos pro-Israel, así como a los candidatos al Congreso». La creación de los PACS forma parte de varias iniciativas nuevas que el AIPAC ha lanzado en los últimos dos años, incluyendo una mayor presencia en los medios sociales, una iniciativa digital y una próxima aplicación del AIPAC. Hasta ahora, las iniciativas han aumentado significativamente nuestra membresía a más de 1,5 millones de miembros y creciendo.»

El ex presidente demócrata del AIPAC, Steven Grossman, comentó este cambio diciendo: «Habiendo visto los cambios y la evolución de la política estadounidense en esta última docena de años, más o menos, apoyo lo que ha hecho el AIPAC porque dará a la organización y a sus miembros una oportunidad aún más significativa de desempeñar un papel activo en la vida política estadounidense en un momento en que eso es esencial».

Terminaré diciendo que me gustaría que pudiéramos beneficiarnos de los sistemas de Israel en la planificación y preparación del futuro, haciendo una corrección de nuestra lucha admitiendo primero nuestros errores y luego haciendo planes futuros apropiados para corregir nuestro rumbo.

Recordad: La política es una partida de ajedrez y sólo se puede ganar conociendo los planes del adversario.

Fuente: M.O.E 

Facebook cierra la cuenta de un ex ministro palestino por un intento de hackeo

29 de diciembre de 2021

La empresa estadounidense Meta cerró ayer la cuenta de Facebook del ex ministro de Cultura palestino, Ehab Bseiso, tras quedar expuesta a un intento de pirateo.

«Mi cuenta de Facebook fue cerrada por la administración de Meta», dijo Bseiso en Twitter, señalando que había recibido un mensaje de la empresa estadounidense afirmando que su cuenta había sido objeto de un intento de hackeo.

Bseiso -el actual vicepresidente de la Universidad Dar Al-Kalima- arremetió contra el pirata informático, señalando que era una muestra de «estrechez de miras». «Palestina es más grande con su lucha y la firmeza de nuestro legendario pueblo en todas partes», añadió.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

El presidente Abbas declara estado de emergencia por 30 días para combatir la pandemia de coronavirus

RAMALLAH, miércoles 29 de diciembre de 2021 (WAFA) – El presidente Mahmoud Abbas declaró hoy un estado de emergencia de 30 días en Palestina para combatir la pandemia de COVID-19.

El estado de emergencia se declaró por primera vez en marzo de 2020 después del descubrimiento de los primeros casos de coronavirus en los territorios palestinos y se ha extendido o restablecido cada 30 días desde entonces.

La ley básica palestina permite una prórroga única del estado de emergencia y, si tiene que prorrogarse por más tiempo, debería emitirse una nueva declaración.

El estado de emergencia otorga al gobierno el poder de actuar de cualquier forma que considere necesaria para combatir la pandemia.

Editorial del diario «El País» de España: «Los Altos de Trump»

Foto: Donald Trump junto a Benjamin Netanyahu en marzo de 2019, durante la firma un decreto con el que reconocía la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán. SAUL LOEB (AFP)

29 de diciembre de 2021

La política expansionista de Israel en Siria debe encontrar la oposición explícita de la UE frente a la permisividad de Biden. 

Ningún presidente de Estados Unidos ha realizado una contribución tan efectiva a los proyectos expansionistas del Estado de Israel como Donald Trump. Su escaso aprecio por la legalidad internacional y por los acuerdos multilaterales le permitió realizar pasos que ningún presidente anterior habría asumido, como romper las relaciones con la Autoridad Palestina, retirar la ayuda humanitaria a los refugiados palestinos, trasladar la embajada de su país a Jerusalén —y, sobre todo, reconocer la Ciudad Santa como capital de Israel—, declarar la compatibilidad con la legislación internacional de la ocupación israelí de Cisjordania y afirmar incluso la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, un millar de kilómetros montañosos, internacionalmente reconocidos como de soberanía siria, conquistados por las armas en 1967 y situados a escasos 60 kilómetros de Damasco.

Gracias a la acción concertada de dos mandatarios ultraconservadores, Trump y Netanyahu, quedó más que maltrecho el proceso de paz iniciado con los acuerdos de Oslo de 1993 para el reconocimiento de un Estado palestino; el Estado sionista consiguió abrir relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos, y la Casa Blanca anunció en marzo de 2019, durante una visita oficial del primer ministro israelí a Washington, el reconocimiento de la anexión israelí del Golán. En agradecimiento, el gobernante israelí aprobó en junio de 2020 la construcción de un nuevo asentamiento en la región montañosa para albergar a 300 familias israelíes con el nombre de Ramat Trump (Altos de Trump) y se fotografió junto al embajador de Estados Unidos y sus respectivas esposas ante un enorme cartel con tal denominación en hebreo e inglés. Los Altos de Trump no fueron una anécdota durante la campaña electoral resultante de la delirante política exterior trumpista sino una premonición.

Trump actuó siempre de la mano de Netanyahu, pero los efectos de su política exterior no han quedado anulados ni por la presidencia de Biden ni por el nuevo Gobierno israelí de Naftali Bennett. El nuevo Gabinete acaba de aprobar un plan de 280 millones de euros para construir 13.000 viviendas nuevas en los próximos cinco años, duplicar la población israelí en el Golán de los actuales 26.000 habitantes hasta 50.000, dotar la región de comunicaciones, infraestructuras turísticas y convertirla en el mayor parque de energía solar de Israel. Todo ello, naturalmente, sin consultar ni atender a los intereses de los 25.000 golaníes drusos, en su mayoría de nacionalidad siria, ni a la tajante resolución 497 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que ya en 1981 declaró la anexión como “nula, sin valor ni efecto jurídico sobre el plano internacional”. En los planes expansivos sobre el Golán ha pesado la actitud continuista de Joe Biden respecto a Oriente Próximo y a las últimas decisiones trumpistas, exceptuando, afortunadamente, la reanudación de las relaciones con la Autoridad Palestina.

De no mediar al menos una clara matización de la política unilateralista practicada por Trump y Netanyahu, tendrá consecuencias muy negativas la ambigüedad del mensaje que emite Washington en dirección a los instintos expansionistas también internacionalmente reprobables de Putin respecto a Ucrania y de Xi Jinping respecto a Taiwán. Al menos la Unión Europea y sus países miembros debieran oponerse abiertamente a estos planes israelíes que vulneran la legalidad internacional a costa de la Siria fragmentada y en guerra civil.

Fuente: https://elpais.com/opinion/2021-12-29/los-altos-de-trump.html

Edward Said y Palestina: archivo, narración, filología

Foto: el intelectual palestino Edward Said en su estudio y biblioteca

Por Mauro Scalercio

Edward Said, conocido sobre todo por su trabajo Orientalism, texto pionero de los estudios poscoloniales, es también conocido como militante de la causa palestina. Pero, en la literatura sobre Said se subestima, por lo general, la
importancia de esta actividad y, sobre todo, no se alcanza a comprender la estrecha relación entre estos dos ámbitos de la actividad de Said.

EDWARD_SAID_Y_PALESTINA_ARCHIVO_NARRACIO (1)

Fuente: https://www.academia.edu

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