Hay que acabar con el robo de agua palestina por parte de Israel

Foto: Niños palestinos llenan galones de agua en la ciudad de Gaza el 20 de mayo de 2021. [MAHMUD HAMS/AFP vía Getty Images]

30 de noviembre de 2021

Por Sari Al-Qudwa

El agua es esencial para la vida, por lo que la situación es desoladora para la población de la Palestina ocupada, ya que Israel está robando las aguas subterráneas palestinas a medida que se apodera de cada vez más tierras palestinas para su anexión de facto mediante asentamientos ilegales en toda la Cisjordania ocupada. El Estado de ocupación controla las fuentes naturales de agua en los territorios palestinos ocupados; éste es uno de los aspectos más importantes de los menos evidentes del conflicto. El agua subterránea se extrae de las zonas palestinas y se bombea a las ciudades israelíes en beneficio de la ocupación racista y de apartheid que mata la vida y las personas. La seguridad del agua es vital para el futuro de los palestinos; sin ella, todos los sectores humanitarios, de desarrollo y económicos se ven afectados negativamente, cuando en cambio deberían beneficiarse de las capacidades palestinas. Por eso es importante que los palestinos controlen sus propias fuentes de agua si quieren que la sociedad y la economía se desarrollen y crezcan.

La comunidad internacional debe hacer que las autoridades de ocupación rindan cuentas por esta y otras violaciones contra los palestinos. Estos crímenes se están cometiendo abiertamente; todo el mundo los conoce, así que no hay excusa para no actuar. Israel se aprovecha de la falta de acción y sigue robando agua de los territorios palestinos ocupados, violando las leyes y resoluciones internacionales. El pueblo de la Palestina ocupada tiene derechos legítimos a la autodeterminación, a la acción internacional y a que se tomen las medidas necesarias para preservar sus fuentes y suministros de agua. Los procesos legales están disponibles; deben ser utilizados.

La Autoridad Palestina del Agua, los organismos gubernamentales y los municipios de las ciudades palestinas deben desafiar el abierto desafío de Israel a la ley y los consiguientes abusos, activar la demanda de los derechos palestinos sobre el agua en los foros internacionales e insistir en la aplicación de las decisiones del Comité Económico y Financiero de la ONU (Segunda Comisión). Es importante señalar que el pueblo palestino tiene una soberanía permanente sobre sus recursos naturales en los territorios ocupados, incluido Jerusalén Este. Esta resolución afirma y apoya los derechos palestinos y condena las continuas violaciones israelíes en los territorios ocupados.

El pueblo palestino debe ser respaldado por la comunidad internacional para ejercer su derecho a la autodeterminación, incluido su derecho a acceder, controlar y beneficiarse del agua, tal y como determina la legislación palestina. Esto implica, naturalmente, el fin de todas las violaciones y robos de agua palestinos por parte de Israel.

La cuestión del agua supone un gran reto dado el crecimiento de la población, que se prevé que aumente hasta los 7,2 millones de personas en 2030, según el Programa de Medio Ambiente de la ONU. En 2030 habrá un déficit anual de agua en Cisjordania y la Franja de Gaza ocupadas de unos 92 y 79 millones de metros cúbicos respectivamente, a menos que se ponga fin al robo y al control del agua palestina por parte del Estado de ocupación colonial.

El pueblo palestino está comprometido con sus derechos, todos ellos, y no cederá ninguno. Tienen derecho a beneficiarse de su agua y a utilizarla adecuadamente sin ninguna interferencia de Israel. La Autoridad Palestina debe exponer al mundo entero lo que está haciendo el Estado de ocupación para que se ponga fin al robo de agua palestina y para que Israel rinda cuentas.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

ONU: Las violaciones de los derechos del pueblo palestino ponen en peligro la solución de dos Estados

Foto: una niña en la puerta de su casa en el campamento de refugiados palestinos de Khan Younis, en Gaza. © UNRWA/Hussein Jaber

29 de noviembre de 2021

La cuestión de los derechos de los palestinos sigue sin resolverse. António Guterres recalca que la convivencia en condiciones de paz y seguridad es todavía el principal objetivo y que no es suficiente con calmar la situación. “Reafirmemos nuestro apoyo inquebrantable al pueblo palestino en su búsqueda por hacer valer sus derechos inalienables y construir un futuro de paz, justicia, seguridad y dignidad”.

“La situación en los Territorios Palestinos Ocupados, incluida Jerusalén Oriental, sigue siendo un importante reto para la paz y la seguridad internacionales”, declaró este lunes el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres.

Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Solidaridad con el Pueblo Palestino, Guterres afirmó que “las persistentes violaciones de los derechos del pueblo palestino, junto con la expansión de los asentamientos [israelíes], amenazan con echar por tierra las perspectivas de lograr la solución de dos Estados”.

A pesar de sentirse alentado por los recientes compromisos entre altos funcionarios israelíes y palestinos, el titular de la ONU advirtió que «no basta con contener la situación».

Dos Estados

Guterres reiteró que “el objetivo sigue siendo el de dos Estados que convivan en condiciones de paz y seguridad”.

De esta manera, se colmarían “las aspiraciones nacionales legítimas de ambos pueblos, respetando las fronteras de 1967 y teniendo a Jerusalén como capital de ambos Estados”.

El Secretario General hizo un llamamiento a las partes para que eviten medidas que socaven las posibilidades de una resolución pacífica del conflicto.  También las instó a comprometerse de forma constructiva a «poner fin al cierre de Gaza y a mejorar las condiciones de vida de todos los palestinos” que siguen viviendo bajo la ocupación.

 

Niño palestino frente al puerto de Gaza, dañado por los ataques israelíes. ©UNICEF/Eyad El Baba

Solidaridad

El mensaje de Guterres se produjo antes de una reunión especial hoy en Nueva York para debatir la cuestión de Palestina y los derechos inalienables del pueblo palestino. 

Dicho cónclave supone una oportunidad para que la comunidad internacional lleve de nuevo a la mesa de discusiones la cuestión de los derechos del pueblo palestino, tal y como se definieron en el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino establecido por la Asamblea General en 1975, y que casi 50 años después siguen sin haberse alcanzado.

A petición de la Asamblea General, el Comité debía recomendar un programa para que el pueblo palestino pudiera ejercer sus derechos, tales como a la libre determinación sin injerencia externa, a la independencia y la soberanía nacionales, y a regresar a sus hogares y propiedades, de los que habían sido desalojados.

Paralelamente a la reunión, se montó una exposición permanente en la sede de la ONU en Nueva York sobre «La cuestión de Palestina y las Naciones Unidas».

Humildad

Durante su intervención en la reunión de Nueva York, el presidente de la Asamblea General, Abdulla Shahid, expresó que el Día debía celebrarse con un «sentido de la humildad». 

Tras recordar que la paz en Oriente Medio ha sido una de las prioridades de la agenda mundial desde la fundación de la ONU, confesó que «es decepcionante que, a pesar de la prioridad concedida a esta cuestión, la cantidad de energía gastada, las múltiples resoluciones de la ONU adoptadas y las décadas de negociaciones, diálogos y compromisos, se haya logrado tan poco». 

Shahid agregó que los palestinos del enclave de Gaza «están atrapados en un ciclo de desempleo, oportunidades económicas limitadas y pobreza, una dinámica que se ha visto gravemente agravada por el COVID-19«. 

Tras elogiar la labor que realiza la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, la UNRWA, el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (EN), el presidente de la Asamblea apeló a la comunidad internacional a garantizar «una financiación suficiente y fiable para que los refugiados palestinos reciban la asistencia adecuada». 

Fuente: Noticias ONU

 

En Argentina dicen “Yo quiero ser palestino”

30 de noviembre de 2021

En el marco de los múltiples actos y manifestaciones de apoyo realizados este lunes en el mundo por conmemorarse el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, fecha establecida por la ONU para centrar la atención en el hecho de que la cuestión de Palestina aún no se ha resuelto y de que los palestinos todavía están privados de ejercer los derechos inalienables reconocidos por la Asamblea General, se realizó en la Embajada del Estado de Palestina en la República Argentina la jornada denominada “Yo quiero ser palestino”, una campaña impulsada por el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino, con la colaboración de la Liga Argentina por los Derechos Humanos y la Asociación de Trabajadores del Estado; entre otras organizaciones, con el fin de solicitar de manera simbólica la nacionalidad palestina. 

A esta convocaría también asistieron representantes de organizaciones de base que de forma incondicional por décadas han apoyado la causa palestina. Compartimos algunas imágenes de esta jornada que queda para la historia como una expresión de amor, paz y justicia de las y los argentinos hacia el pueblo palestino.

 

 

Ex presidente de Uruguay, José (Pepe) Mujica: «¿Alguien puede pensar en la desaparición del pueblo palestino?»

29 de noviembre de 2021

Diálogo con el ex presidente de Uruguay, José (Pepe) Mujica en donde analiza los retos que enfrenta la humanidad en esta coyuntura histórica y además denuncia la violación de los derechos humanos contra la población palestina. El ex presidente Mujica en reiteradas oportunidades ha expresado su solidaridad con el pueblo y el Estado de Palestina y ha condenado los crímenes que padecen los niños, mujeres y población civil palestina.

Fuente: Embajada del Estado de Palestina en Argentina 

Recordando la Resolución 181 que pide la partición de Palestina

Por Nasim Ahmed

¿Qué?

El plan de partición de la ONU para Palestina emitido por la Asamblea General en la Resolución 181

¿Cuándo?

El 29 de noviembre de 1947

¿Qué ocurrió?

Los británicos, que habían recibido el mandato sobre Palestina en 1922, prácticamente habían admitido su derrota en 1947. Los objetivos contradictorios de la Declaración Balfour de 1917, que prometía el «establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío», y la garantía para la inmensa mayoría de la población indígena de que «no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina», se habían vuelto insostenibles.

Una combinación de violencia comunal y horribles actos de terrorismo llevados a cabo por colonos sionistas de Europa contra los británicos hizo insostenible su presencia en Palestina. Varios grupos terroristas sionistas declararon la guerra a Gran Bretaña. Lanzaron una serie de ataques contra los británicos, el más notable de los cuales fue el atentado contra el Hotel Rey David en 1946, donde se encontraba la sede administrativa británica; 91 personas murieron en el ataque.

Un año después, a principios de 1947, el gobierno británico anunció su decisión de entregar el desastre que había creado en Palestina a la ONU y poner fin a su mandato. El 29 de noviembre de 1947, en contra de la voluntad del pueblo palestino, la Asamblea General de la ONU en Nueva York votó a favor de la partición de Palestina, adoptando la Resolución 181. En ella se recomendaba la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe.

A pesar de las fuertes protestas, la Asamblea General rechazó una resolución para someter la cuestión de Palestina a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para determinar si la ONU tenía alguna jurisdicción para recomendar la partición de Palestina o de cualquier otro país. Los palestinos, y los árabes en general, consideraban que la ONU no tenía por qué dividir los países en dos, sobre todo cuando la inmensa mayoría de la población se oponía a esa división de estilo colonial. El espíritu de autodeterminación de los pueblos indígenas esbozado por el presidente estadounidense Woodrow Wilson se había convertido entonces en un ideal normativo. El plan también fue rechazado porque la Carta de la ONU sólo confiere a la Asamblea General el derecho a limitarse a recomendar resoluciones, por lo que su propuesta no es vinculante.

No obstante, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181, dividiendo así Palestina en tres secciones: una parte judía, una parte árabe y una zona administrada internacionalmente que incluiría la ciudad de Jerusalén como Corpus Separatum que estaría bajo la responsabilidad de la ONU. Las autoridades británicas habían anunciado que pondrían fin a su mandato en Palestina en la víspera del 15 de mayo de 1948, tras lo cual entraría en vigor el plan de partición de la ONU.

Aunque los judíos constituían sólo un tercio (32%) de la población total, frente al 9% de 1914, el plan había ofrecido asignar el 55,5% del territorio a la comunidad judía recién llegada de Europa. Esto abarcaba muchas de las principales ciudades con mayoría árabe palestina y la importante línea costera desde Haifa hasta Jaffa, a un sector de la población que sólo poseía el 5,4% de la tierra. El Estado palestino también se vería privado de tierras agrícolas y puertos marítimos clave, lo que les llevó a rechazar la propuesta. A pesar de la propuesta de la ONU de dividir Palestina en dos, el Estado judío recién creado contaría con una minoría palestina significativamente grande -un millón-, lo que fue considerado un gran obstáculo por los primeros sionistas en sus esfuerzos por crear un país judío étnico-religioso.

¿Qué ocurrió después?

No hace falta decir que la propuesta plantó las semillas de un nuevo conflicto. Para los primeros sionistas, otorgó la tan codiciada legitimidad internacional a lo que por aquel entonces se parecía mucho a un proyecto secesionista de judíos europeos que habían huido a Palestina buscando refugio del antisemitismo europeo. Los árabes palestinos autóctonos, sin embargo, lo vieron como otra propuesta colonial para dividir su país y, por tanto, rechazaron el plan. Para los árabes palestinos, la propuesta les despojaba de sus derechos históricos en favor de un proyecto colonial de colonos que, en 1947, no dejaba lugar a dudas de que los grupos paramilitares sionistas, construidos en gran parte por los británicos, pretendían desplazar por la fuerza y de forma violenta a la comunidad indígena.

Poco después de la Resolución 181 de la ONU, estalló la guerra entre los árabes palestinos y los grupos armados sionistas, que, a diferencia de los palestinos, habían obtenido un amplio entrenamiento y armas al luchar junto a Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial. Los grupos paramilitares sionistas lanzaron una despiadada campaña de limpieza étnica destinada a la expulsión masiva de los palestinos de sus ciudades y pueblos para construir el Estado judío, que culminó con la Nakba (Catástrofe).

Los historiadores han documentado cómo en menos de seis meses, desde diciembre de 1947 hasta mediados de mayo de 1948, los grupos armados sionistas expulsaron a unos 440.000 palestinos de 220 pueblos antes del estallido de la guerra con los estados árabes. Un número similar fue expulsado tras el estallido de los combates con sus vecinos. En contra de la narrativa sionista, los ejércitos árabes no cruzaron el territorio israelí y no tenían, como se afirma, la intención de borrar del mapa al incipiente Estado. Fueron enviados para detener la limpieza étnica y las masacres que estaban llevando a cientos de miles de palestinos a los países árabes vecinos.

Antes de la guerra de mayo de 1948 con los Estados árabes, Israel ya había cometido algunas de las masacres más infames: la masacre de Baldat Al-Sheikh, el 31 de diciembre de 1947, en la que murieron hasta 70 palestinos; la masacre de Sa’sa’, el 14 de febrero de 1948, en la que se volaron 16 casas y 60 personas perdieron la vida; y la masacre de Deir Yassin, el 9 de abril de 1948, en la que fueron masacrados unos 110 hombres, mujeres y niños palestinos.

En 1949, dos años después de la Resolución 181 de la ONU, al menos 750.000 palestinos huyeron o fueron expulsados por la fuerza de su tierra. Se dice que las fuerzas sionistas han cometido unas 223 atrocidades para entonces, incluyendo masacres, ataques como bombardeos de casas, saqueos y la destrucción de propiedades y pueblos enteros.

Esta política no ha cambiado, ya que Israel sigue demoliendo propiedades palestinas y desalojando y desplazando a los palestinos de las casas que han ocupado durante décadas y que están dentro de los límites del Estado palestino, tal y como establece el plan de partición.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Hoy, 29 de noviembre, Día de Internacional de Solidaridad con el pueblo palestino: 73 años sin derechos en Palestina

Por Raquel Martí, Directora UNRWA España

En el Día de Internacional de Solidaridad con la Población Refugiada de Palestina, ponemos el foco sobre los 5,7 millones de personas que corren el riesgo de ser olvidadas y reivindicamos sus derechos y cultura. La dignidad es un derecho y la humanidad una necesidad.

Mientras el mundo está recobrando la normalidad lentamente, en Palestina llevan 73 años sin ni siquiera rozarla. 

El 29 de noviembre, Día de Internacional de Solidaridad con la Población Refugiada de Palestina, ponemos el foco sobre los 5,7 millones de personas que corren el riesgo de ser olvidadas y reivindicamos sus derechos y cultura.

Sus historias habitan en 58 campamentos de refugiados y refugiadas distribuidos entre Gaza, Cisjordania, Siria, Jordania y Líbano. El éxodo tras la guerra Árabe-Israelí de 1948 se llevó por delante la posibilidad de los hijos, hijas, nietos y nietas de la Nakba de conocer sus orígenes, los pueblos de sus abuelos, sus tierras y, por supuesto, sus propiedades.

Los 2 millones de habitantes de Gaza siguen sufriendo las consecuencias de un bloqueo por tierra, mar y aire que les ahoga sin dar tregua. La infancia en Gaza está marcada por brutales ofensivas que se han llevado por delante su futuro y sueños. La última acabó con la vida de 70 niños y niñas en mayo de este año.

En Cisjordania, la población palestina sufre más que nunca la violencia de los colonos y de las fuerzas israelíes que intentan por todos los medios y, a pesar del Derecho Internacional, hacerse con sus propiedades y territorios. Sin escrúpulos. Dejándoles sin sus hogares ni medios de vida. Según datos de OCHA el número de estructuras de propiedad palestina demolidas o incautadas por autoridades israelíes en 2021, representa un aumento del 21% en comparación con 2020. El número de personas desplazadas ha crecido también un 28% con respecto al año anterior.

Por otro lado, Líbano atraviesa una de las peores crisis económicas y financieras de su historia. El 70% de la población refugiada de Palestina en el país depende de la ayuda de la Agencia de Naciones Unidas para la Población refugiada de Palestina (UNRWA) para sobrevivir. Y se enfrentan a una absoluta falta de oportunidades. Al no ser formalmente ciudadanos de otro estado, no pueden reclamar los mismos derechos que otros extranjeros que viven y trabajan en el Líbano. No se les permite tener propiedades y la ley prohíbe su acceso a servicios y empleos del sector público y a 39 profesiones más.

Mientras, en Siria, se enfrentan al décimo año de guerra, muerte y pobreza y el 95% de la población refugiada de Palestina necesita ayuda humanitaria para sobrevivir.

Distribuidos por Oriente Próximo y algunos de ellos, los menos, fuera de sus fronteras, todos reivindican lo mismo: su identidad y una vuelta a su normalidad. “Ahora vivo en España con mi marido y mis hijos, y jamás olvidaré mi primer viaje por Europa. En una carretera en medio de una montaña alguien dijo ‘ya estamos en Francia’, y yo dije ‘¿Esto es una frontera? ¿Sin soldados, sin barreras, sin controles?’. Entonces descubrí lo que es una vida normal, la que había en Palestina antes de 1948 y que aún no hemos podido recuperar”, comenta Nisreen, refugiada de Palestina actualmente residente en España. 

La búsqueda de una solución a la situación de los refugiados de Palestina ha sido olvidada por la comunidad internacional, lamentablemente, una campaña deliberada de desinformación que busca desmantelar la agencia ponen en peligro la misión crítica de UNRWA, la única Agencia dedicada en exclusiva a prestar asistencia a los refugiados de Palestina.

En UNRWA seguiremos siempre junto a las personas refugiadas de Palestina. Pase lo que pase. Digan lo que digan. Hagan lo que hagan. Porque nuestra misión es insoslayable. Somos trabajadoras humanitarias. Nuestro compromiso y lucha junto con la población refugiada de Palestina por su derecho a una vida digna sigue y seguirá más fuerte que nunca. Continuaremos a su lado porque la dignidad es un derecho y la humanidad una necesidad.

Fuente: www.eldiario.es

29 de noviembre, día internacional de solidaridad con el pueblo Palestino

Por Rafael Araya – Presidente de la Confederación Palestina Latinoamericana del Caribe (COPLAC).

En el mes de diciembre del año 1977, la Asamblea General de la ONU aprobó declarar el día 29 de noviembre como el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Como una forma de recordatorio a las naciones y pueblos del mundo, que en Palestina existía y existe una deuda pendiente de la comunidad internacional que, años atrás, un 29 de noviembre de 1947, había resuelto la partición de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe-palestino, sin consulta previa de ningún tipo a la población originaria que allí habitaba. Es decir, fue la imposición lisa y llana de una naciente ONU en manos de las potencias victoriosas de la II Guerra Mundial, a un pueblo árabe que vivía y habitaba por muchísimas generaciones en las tierras de toda la Palestina histórica. Como si las culpas occidentales por la tragedia del  Holocausto padecido por la población judía de una  Europa arrasada a sangre y fuego por la perversidad del régimen nazi, la hubiese terminado pagando el pueblo palestino a costa de sus vidas, su exilio, su desposesión y su opresión sempiterna bajo un brutal régimen militar impuesto por Israel que perdura hasta nuestros días.

Porque basta recordar que lasta los años ´30, en aquel territorio convivían en paz cristianos, judíos y musulmanes. Comerciando, compartiendo su día a día y donde nadie preguntaba al otro qué religión profesaba para establecer u vínculo de amistad y cooperación. O sea, esto nos da la idea cabal de que el conflicto allí carece de toda raíz religiosa y, por el contrario, hablamos de un conflicto basado en un proyecto de carácter colonialista, donde una ideología de carácter nacionalista –el sionismo- se trepó en las espaldas del judaísmo para buscar una justificación religiosa basada en la premisa de que aquella tierra se las dio Dios, ni más ni menos y que así lo asegura la Biblia. En resumidas cuentas, transformaron a Dios en un agente inmobiliario y a la Biblia en un título de propiedad.

Y fue bajo esa premisa que llevaron a cabo su política de expulsión y un proceso de limpieza étnica que perdura hasta nuestros días, y que significó el exilio forzoso de casi 800 mil personas, cuando allí había alrededor de 1.100.000 habitantes. Había que conquistar la mayor cantidad de tierra posible con la menor cantidad de habitantes originarios que se pudiera. Y se quedaron con sus casas, con sus bienes, con sus huertos, sus olivares, todas sus pertenencias en una vorágine de dinamitación de aldeas, fusilamientos, masacres de aldeas completas, para que hoy nos hablen de que ésa fue su “guerra de independencia”. Una seguidilla de ataques terroristas contra población civil prácticamente inerme, sin posibilidad de resistir mediante la lucha armada, salvo excepciones de grupos que se opusieron a la ocupación de Palestina. Guerrillas dispersas que no podían competir con bandas armadas por países europeos ni con el equipamiento que les dejaron los ingleses una vez que terminaron el mandato que tenían sobre Palestina y se retiraron.

Es largo, es una historia de 74 años de la Partición de Palestina y 54 años de la ocupación total del territorio manu militari, que se perpetró con la Guerra de los Seis Días en junio de 1967, cuando el ejército israelí ocupó toda la Ribera occidental, incluida Jerusalén Oriental y la Franja de Gaza.

Grosso modo, esta es la síntesis de lo que llevó a la ONU a declarar el día 29 de noviembre como Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, para ayudar a mantener viva la conciencia universal de que existe una injusticia que continúa sin resolverse, que existe una comunidad internacional que, habiendo generado el problema, se ha mostrado absolutamente incapaz de resolverlo de acuerdo a las pautas y normas que rigen la ley internacional.

Como contrapartida, tenemos la infinita solidaridad de los pueblos del mundo. La de aquellos que se manifiestan permanentemente exigiendo el respeto al derecho a la libre autodeterminación del pueblo palestino, para construya una patria soberana en su propia tierra, aquella que le es negada de manera draconiana por la ocupación militar.

Palestina es un pueblo en lucha, y los pueblos que luchan por sus derechos, llegan más temprano que tarde a conquistar su libertad y su independencia.

Buenos Aires, noviembre de 2021

Rafael Araya Masry

Presidente de la COPLAC

Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe

Diputado Miembro del Consejo nacional Palestino

Fuente: https://identidadcolectiva.com.ar

Expulsada en 1948, una familia palestina teme otro desplazamiento

Foto: una madre árabe refugiada, y su hijo, de la región de Ramallah, cerca de Jerusalén, Israel, 16 de diciembre de 1948 [PhotoQuest/Getty Images].

25 de noviembre de 2021

Por Agencia Anadolu

La familia de Muhammad Abd Al-Razzaq Al-Sabbagh era propietaria de un edificio y una gran casa en la ciudad de Jaffa, en el norte de la Palestina ocupada, ahora Israel, antes de trasladarse a Jerusalén Oriental tras el éxodo palestino de 1948, informa Anadolu News Agency.

Desde hace años, la familia, compuesta ahora por 32 personas, teme un nuevo desplazamiento tras recibir numerosas decisiones de grupos de colonos para desalojarlos de la casa en la que residen desde 1956 en el barrio de Sheikh Jarrah de Jerusalén Este.

«Después de la guerra de 1948, nuestra familia vino de Jaffa a Jerusalén, donde teníamos parientes en el barrio de Wadi Al-Joz, y nos quedamos con ellos durante unos ocho años, hasta 1956», dijo Al-Sabbagh en una entrevista con la Agencia Anadolu en su casa de Sheikh Jarrah. «En ese año, el gobierno jordano, la ONU y el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (OOPS) establecieron 28 viviendas en beneficio de los refugiados, así que nos instalamos en ellas».

Continuó diciendo: «Mi familia vivía en el barrio de Al-Ajami, en Yafo, antes de 1948, y era propietaria de dos casas en el barrio, además de una granja de cítricos de unos 250 dunums (61,8 acres) en Yavna, una ciudad palestina desalojada en 1948. Mi abuelo era uno de los mayores comerciantes de frutas y cítricos de Jaffa».

Al-Sabbagh dijo: «El llamado Custodio Israelí de la Propiedad Ausente vendió las dos casas y el terreno. La primera casa tiene tres pisos y seis apartamentos, y la segunda -transferida a una asociación israelí por el Custodio de la Propiedad de los Ausentes en 2006 y convertida en sinagoga- tiene un piso».

Según la legislación israelí, Al-Sabbagh no tiene derecho a reclamar la restitución de los bienes de su familia en Yafo y Yavna, al igual que todos los refugiados palestinos que se vieron obligados a abandonar sus hogares e inmuebles tras los acontecimientos de 1948.

Pero una ley promulgada por la Knesset israelí en 1970 permitió a los judíos reclamar bienes inmuebles en Jerusalén Este que, según ellos, eran propiedad judía antes de 1948.

Al-Sabbagh dijo: «Vivimos con seguridad y tranquilidad hasta 1967, cuando estalló la guerra y llegó la ocupación israelí. En 1972, dos asociaciones de asentamientos salieron a reclamar que eran los propietarios de los terrenos en los que están construidas nuestras casas».

Continuó: «Estas personas afirman que tienen un documento desde 1875, por el que dicen que compraron el terreno, pero luego resultó que lo habían alquilado al propietario original del terreno, pero mediante una falsificación, lo convirtieron de alquiler a propiedad».

 

Una madre árabe refugiada, y su hijo, de la región de Ramallah, cerca de Jerusalén, 16 de diciembre de 1948 [PhotoQuest/Getty Images].

Un ciudadano de Jerusalén había presentado los papeles de propiedad de la tierra ante los tribunales israelíes, pero éstos se negaron a reconocerlos, a pesar de la autenticidad de los documentos.

Desde 1972, unas 28 familias palestinas, que se enfrentan a denuncias de grupos israelíes, se han visto envueltas en una amarga lucha en los tribunales israelíes.

«Hemos estado en los tribunales desde 1972 hasta ahora. En 1976, se presentaron cuatro casos contra cuatro familias, pero en ese momento, la abogada Tosya Cohen pudo demostrar la falsedad de las acusaciones de los grupos israelíes y que las familias residían en sus casas legalmente y no las ocupaban, como afirman los grupos de colonos», subrayó Al-Sabbagh.

Las familias palestinas habían recurrido a la contratación de un abogado israelí en ese momento, porque los abogados palestinos estaban haciendo una huelga ante los tribunales israelíes.

Pero la alegría de las familias palestinas no duró mucho cuando el abogado israelí que las defendía «hizo un trato en 1982, con el abogado de los colonos, según el cual los residentes (israelíes) eran considerados inquilinos protegidos y que teníamos que pagar el alquiler a los grupos de colonos, y permanecer en las casas durante tres generaciones», según Al-Sabbagh.

Señaló que «el abogado Cohen firmó (el acuerdo) en nombre de 17 familias sin su conocimiento, y (aunque el acuerdo) fue rechazado por las familias, el tribunal se ha basado, hasta ahora, en este acuerdo y en el documento falsificado en el que los grupos de asentamientos reclaman la propiedad de la tierra».

Posteriormente, el abogado israelí fue sustituido por un equipo de abogados palestinos.

El desalojo real de las familias de sus hogares comenzó en 2008, cuando la familia Al-Kurd fue expulsada de su casa en un procedimiento que se repitió en 2009 contra las familias Al-Ghawi y Hanun.

Al-Sabbagh dijo que el poder judicial continuó atendiendo casos contra otras familias y, en febrero de 2012, se emitió la decisión de desalojo de su familia, pero los abogados lograron suspender la decisión hasta 2018 antes de que el tribunal tomara otra decisión el 3 de enero de 2019 que los abogados lograron suspender y que sigue activa hasta hoy.

«A principios de 2021, los tribunales emitieron decisiones de desalojo contra otras siete familias. En agosto, el Tribunal Supremo israelí pospuso su decisión sobre las órdenes de desalojo hasta que hizo una propuesta en octubre a las familias que respondieron rechazándola.»

Al-Sabbagh señaló que «según la propuesta, las familias debían aceptar pagar un alquiler a las asociaciones de asentamientos y permanecer en las viviendas durante tres generaciones, y congelar las decisiones de desalojo durante un periodo de 15 años, durante el cual la orden de propiedad se discute en el tribunal de asentamientos».

Dijo que «la propuesta fue rechazada por las familias y los residentes del barrio, porque representa el reconocimiento de la propiedad de los colonos sobre la tierra, y esto no es cierto.»

El caso de Sheikh Jarrah, desde el pasado mes de mayo, atrajo la atención de los partidarios de la causa palestina en todo el mundo.

Las familias palestinas temen que las autoridades israelíes las expulsen de sus hogares.

«Desde 1972, todas las familias viven bajo presión psicológica, así que ¿a dónde iríamos si nos desalojaran? Siempre nos sentimos amenazados por el desalojo, a pesar de que llegamos a nuestras casas legalmente y de acuerdo con el gobierno jordano y la UNRWA», dijo Al-Sabbagh.

«Te encuentras en una situación en la que, hoy, te sientes en casa y mañana estarás fuera. Esta es nuestra sensación diaria», dijo. «Tememos ser desplazados por segunda vez, como lo fuimos en 1948».

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Una nueva campaña apunta a Facebook con una revisión de la aplicación de 1 estrella por la censura del contenido palestino

RAMALLAH, viernes 26 de noviembre de 2021 (WAFA) – Sada Social Center, que se especializa en proteger la narrativa palestina en las plataformas de redes sociales, dijo ayer que lanzó una campaña instando a los usuarios de todo el mundo a darle a Facebook una reseña de una estrella en Apple y La aplicación de Google se almacena sobre la actual censura del contenido digital palestino por parte del gigante de las redes sociales.

La campaña hizo un llamado a los activistas en Palestina y el resto del mundo para bajar las calificaciones de Facebook a través de Apple Store y Google, enfatizando la importancia de este paso para llamar la atención de Facebook sobre la furia del público palestino debido a su parcialidad con la ocupación israelí, su injusticia contra la causa palestina y sus ataques a periodistas, activistas y libertades en general. 

La semana pasada, miles de usuarios tuitearon usando el hashtag #FbCensorsJerusalem para expresar su resentimiento por la censura masiva por parte de Facebook del contenido digital pro palestino y por su pronta respuesta a las solicitudes de la ocupación israelí que exigen la eliminación o restricción de dicho contenido.

La campaña recibió una amplia interacción en Palestina y en otros lugares, ya que el hashtag en inglés alcanzó más de 10 millones de interacciones a través de Twitter e Instagram en 24 horas, mientras que la interacción en el hashtag árabe alcanzó más de 2 millones.

El alcance de la interacción se está expandiendo rápidamente, ya que figuras influyentes, profesionales de los medios de comunicación y políticos de todo el mundo participaron en la campaña, en medio de llamados para proteger el contenido palestino y detener el bloqueo que ha sofocado cientos de cuentas y páginas palestinas. 

El jueves, la campaña celebró una vigilia contra las políticas de Facebook en la ciudad de Hebrón, en el sur de Cisjordania.

La campaña y sus organizadores afirmaron que continuarán hasta que Facebook se retracte de su lucha contra el contenido palestino y su doble rasero, y exigieron la cancelación de los algoritmos digitales que favorecen la ocupación israelí y eliminen automáticamente las páginas, cuentas y publicaciones palestinas.

El mes pasado, un informe de Human Rights Watch acusó a Facebook de eliminar y reprimir injustamente contenido de palestinos y sus partidarios, incluso sobre abusos de derechos humanos cometidos por Israel durante la agresión a Gaza y Jerusalén en mayo de este año.

«Facebook ha suprimido el contenido publicado por palestinos y sus partidarios que hablan sobre cuestiones de derechos humanos en Israel y Palestina», dijo Deborah Brown, investigadora principal de derechos digitales y defensora de Human Rights Watch.

«Con el espacio para tal defensa bajo amenaza en muchas partes del mundo, la censura de Facebook amenaza con restringir una plataforma crítica para aprender y participar en estos temas».

Fuente: WAFA 

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