Argentina: marcha a la embajada de Israel en solidaridad con los presos políticos palestinos

28 de septiembre de 2021

En el acto se denunció la sistemática represión sionista contra los y las palestinas, que se traduce en la detención y el encarcelamiento de miles de personas en los territorios ocupados por Israel. «No conozco a ningún palestino que no haya tenido un familiar o alguien preso. Esa es la cruel realidad» expresó Tilda Rabi, presidenta de la Federación de Entidades Argentino Palestinas en diálogo con Barricada Tv. La movilización buscó visibilizar además el caso de los 6 presos palestinos que el día 6 de septiembre lograron escapar de una cárcel de máxima seguridad israelí luego de cavar un túnel con una cuchara. «Desgraciadamente fueron capturados y torturados. Esto lo ha usado el sionismo como pretexto para hacer redadas e incursiones violentas en las casas, llevarse mas prisioneros. Es lo cotidiano que ejerce el sionismo en la Palestina ocupada», cerró.

Fuentes: Barricada TV y Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino

Cineasta palestino sobre ocupación israelí: No me acallarán

Foto: Muhamad Bakri, actor y director palestino

27 de septiembre de 2021

El cineasta palestino-hebreo Muhamad Bakri alerta que el veto de su documental sobre los ataques israelíes a los palestinos en 2002 busca acallar a los críticos.

Bakri asistió largo tiempo a audiencias judiciales, luego de una demanda contra su película ‘Jenín, Jenín (Yenín, Yenín)’, que retrata una de las ofensivas militares más duras del régimen de Israel en la Cisjordania ocupada durante la segunda Intifada. En enero, un tribunal israelí determinó que este filme no fuera emitido en los territorios ocupados; el artista ha apelado y espera la decisión.

El destacado director de 68 años dijo que la decisión judicial israelí es una forma de “persecución política” contra los que cuestionan sus medidas ilegales, como las que recoge en su obra“Salvajismo es lo que hicieron los israelíes en Yenín, lo vi con mis propios ojos”, recordó Bakri.

“Esta sentencia busca destruirme, hacerme callar la boca y alertar a otros para que no traten cuestiones como las del documental”, denunció Barki en una entrevista a la agencia española den noticias Efe, según ha publicado el medio este lunes.

El actor asegura que la emisión de ‘Jenín, Jenín’ en 2002 dio voz a los civiles palestinos del campo de refugiados —arrasado tras dos semanas de enfrentamientos que se saldaron con la muerte de más de 50 palestinos y más de 20 soldados israelíes—, aunque esta denuncia le costó que ya no pudiese acceder a la escena cultural israelí, indicó.

“Desde hace más de quince años no puedo aparecer ante la audiencia israelí porque estoy vetado. El cine y teatro oficiales me boicotean”, lamenta Bakri y señala que el poder y los círculos culturales más oficialistas del régimen israelí no quieren que lo que ocurrió en Yenín cuestione lo que ellos relatan sobre esos días. 

Palestina ya se ha levantado dos veces en movimientos conocidos como Intifadas (Levantamientos) ante las agresiones del régimen israelí. La situación empeora cada vez más para los palestinos al punto que en reciente pronunciamiento han dado un ultimátum a Israel.

El viernes, el presidente de Palestina, Mahmud Abás, en su discurso en el 76.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), subrayó que “Israel, el poder ocupador, tiene un año para retirarse del territorio palestino que ocupó en 1967, incluido Jerusalén Este” (Al-Quds).

Fuente: HISPANTV 

La interminable guerra de Zakaria Zubeidi

Fuentes: Monitor de Oriente [Foto: Zakaria Zubeidi en una imagen de 2004. (Reuters)]

Zakaria Zubeidi es uno de los seis presos palestinos que, el 6 de septiembre, salieron por un túnel de Gilboa, una conocida prisión israelí de alta seguridad. Fue recapturado unos días después. Los grandes hematomas de su rostro relatan la desgarradora historia de una audaz fuga y una violenta detención. Sin embargo, su historia no empieza ni termina ahí.

Hace veinte años, tras lo que ha quedado grabado en la memoria colectiva palestina como la «Masacre de Yenín«, me presentaron a la familia Zubeidi en el campo de refugiados de Yenín, que fue exterminado casi por completo por el ejército israelí durante y después de los combates. A pesar de mis repetidos intentos, el ejército israelí me impidió llegar a Yenín, que permaneció sitiada por el ejército durante meses tras el episodio más violento de todo el Segundo Levantamiento Palestino (2000-2005).

No pude hablar directamente con Zakaria Zubeidi. A diferencia de su hermano, Taha, sobrevivió a la masacre de 2002 y posteriormente ascendió en las filas de las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, el brazo armado del movimiento Fatah, hasta convertirse en su líder. Así, encabezó la lista de los palestinos más buscados por Israel.

La mayor parte de la comunicación fue con su hermana, Kauzar, que nos contó con detalle los acontecimientos que precedieron a aquel fatídico asedio militar. Ella sólo tenía 20 años en ese momento. A pesar de su dolor, hablaba con orgullo de su madre, asesinada por un francotirador israelí sólo unas semanas antes de la invasión del campo; y de su hermano, Taha, líder de las Brigadas Al-Quds, el brazo armado del movimiento de la Yihad Islámica en Yenín en aquella época; y de Zakaria, que ahora tenía la misión de vengar a su madre, a su hermano, a sus mejores amigos y a sus vecinos.

«Taha fue asesinado por un francotirador. Después de matarlo, [los israelíes] le dispararon proyectiles que quemaron completamente su cuerpo. Esto ocurrió en el barrio de Damaj», nos dijo Kauthar. «Los shebab [jóvenes] recogieron lo que quedaba de él y lo metieron en una casa. Desde ese día, la casa se conoce como ‘El hogar del héroe’».

Kauthar también me habló de su madre, Samira, de 51 años, «que se pasó la vida yendo de una cárcel a otra» para visitar a su marido y a sus hijos. Samira era querida y respetada por todos los combatientes del campo. Sus hijos eran los héroes que todos los jóvenes querían emular. Su muerte fue especialmente impactante.

«Recibió dos balas en el corazón», explicó Kauthar. «Una vez que se dio la vuelta, la hirieron por la espalda. La sangre le salía por la nariz y la boca. No sabía qué más hacer que gritar».

Zakaria pasó inmediatamente a la clandestinidad. El joven combatiente se sentía agraviado por lo que le había ocurrido a su querida Jenin, a su familia, a su madre y a su hermano, que tenían previsto casarse la semana siguiente a su muerte. Zakaria también se sentía traicionado por sus «hermanos» de Al Fatah que seguían colaborando abiertamente con Israel, a pesar de las crecientes tragedias en la Cisjordania ocupada; y por la izquierda israelí que abandonó a la familia Zubeidi a pesar de las promesas de solidaridad y camaradería.

«Cada semana, 20-30 israelíes venían [a Yenín] a hacer teatro», dijo Zakaria en una entrevista con la revista Times. Se refería al teatro «Arna’s House», en el que participaban Zakaria y otros jóvenes de Yenín, y que fue creado por Arna Mer-Khamis, una mujer israelí casada con un palestino. «Abrimos nuestra casa y la demolieron… Les dimos de comer. Y, después, ninguno de ellos cogió el teléfono. Fue entonces cuando vimos la verdadera cara de la izquierda en Israel».

De los cinco niños que participaron en el teatro, sólo Zakaria sobrevivió. El resto se unió a varios grupos armados para luchar contra la ocupación israelí y todos fueron asesinados.

Imagen: El inevitable fracaso de Israel: cómo lo derrotó una vieja cuchara oxidada – Caricatura [Sabaaneh/Monitor de Oriente].

Zakaria Zubeidi nació en 1976 bajo la ocupación israelí, por lo que nunca ha experimentado la vida como un hombre libre. A los 13 años, los soldados israelíes le dispararon por lanzar piedras. A los 14, fue detenido por primera vez. A los 17, se unió a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, creyendo, como muchos palestinos de la época, que el «ejército» de la AP se había creado para proteger a los palestinos y asegurar su libertad. Desilusionado, abandonó la AP menos de un año después.

No se comprometió con la lucha armada hasta 2001, como forma de conseguir la libertad de su pueblo, meses después del inicio de la Segunda Intifada. Uno de sus amigos de la infancia fue uno de los primeros en morir a manos de los soldados israelíes. En 2002, Zakaria se unió a las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, más o menos cuando su madre, Samira, y su hermano, Taha, fueron asesinados.

El primer levantamiento de 2002, en particular, fue un año decisivo para el movimiento Al Fatah, que estaba dividido prácticamente, pero no oficialmente, en dos grupos: uno que creía que la lucha armada debía seguir siendo una estrategia de liberación; y otro que abogaba por el diálogo político y un proceso de paz. Muchos miembros del primer grupo fueron asesinados, detenidos o marginados, incluido el popular líder de Fatah, Marwan Barghouti, que fue detenido en abril de 2002 y sigue en una prisión israelí. Los miembros del segundo grupo se enriquecieron y corrompieron. Su «proceso de paz» no consiguió la ansiada libertad y se negaron a considerar otras estrategias, por miedo a perder sus privilegios.

Zakaria, al igual que miles de miembros y combatientes de Fatah, se vio atrapado en este dilema permanente. Quería seguir con la lucha como si la dirección del presidente de la AP, Mahmud Abbas, estuviera dispuesta a arriesgarlo todo por el bien de Palestina, mientras seguía comprometido con el movimiento Al Fatah, con la esperanza de que, tal vez, algún día recuperara el manto de la resistencia palestina.

La trayectoria de la vida de Zakaria Zubeidi ha sido un testimonio de esta confusión. No sólo fue encarcelado por los israelíes, sino también por la AP. A veces, hablaba bien de Abbas para luego renegar de todos los dirigentes palestinos traidores. Entregó su arma varias veces, sólo para recuperarla con la misma determinación que antes.

Aunque Zakaria ha vuelto a la cárcel, su historia y su guerra no han terminado. Decenas de jóvenes combatientes recorren ahora las calles del campo de refugiados de Yenín, jurando continuar con la lucha armada. Zakaria Zubeidi no es, por tanto, sólo un individuo, sino también el reflejo de toda una generación de palestinos en Cisjordania que tienen que elegir entre una lucha dolorosa, pero real, por la libertad, y los compromisos políticos. Estos últimos, en palabras del propio Zakaria, «no han conseguido nada».

Ramzy Baroud es periodista, autor y editor de Palestine Chronicle. Es autor de varios libros sobre la lucha palestina, entre ellos «La última tierra»: Una historia palestina’ (Pluto Press, Londres). Baroud tiene un doctorado en Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter y es un académico no residente en el Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales de la Universidad de California en Santa Bárbara. Su sitio web es www.ramzybaroud.net.

Fuente: https://www.monitordeoriente.com/20210924-la-interminable-guerra-de-zakaria-zubeidi/

Khalida Jarrar ha sido liberada. Es hora de organizar la liberación palestina

Foto: Samidoun

Traducido para Rebelión por Loles Oliván

La Red de Solidaridad con los Presos y Presas Palestinas Samidoun saluda a Khalida Jarrar, a su familia y a sus seres queridos, a sus compañeros y al pueblo palestino con motivo de su liberación tras dos años de injusto encarcelamiento en las cárceles de la ocupación israelí. Su liberación constituye un motivo de alegría para todas las personas que apoyan alrededor del mundo la justa causa del pueblo palestino y su movimiento internacional por la liberación y la justicia. Hoy, su firmeza, su fuerza y su liderazgo deben darnos pie no sólo para celebrar su regreso a casa sino para redoblar los esfuerzos por la liberación y el retorno de los y las palestinas.

Como no puede ser de otro modo, nuestra celebración de hoy rinde honor y duelo por las cinco vidas palestinas que la ocupación israelí se ha cobrado hoy por resistir a los asesinatos y a las redadas: Ahmad Zahran, Mahmud Hmaidan, Osama Sobh, Mohammed Sobh y Zakaria Badwan. Estos mártires se resistieron al robo y a la colonización de la tierra y las vidas palestinas hasta su último aliento.

Jarrar, la líder política, feminista y parlamentaria palestina, fue detenida por las fuerzas de ocupación israelíes el 1 de noviembre de 2019, solo ocho meses después de haber sido liberada tras 20 meses de detención administrativa israelí –encarcelamiento sin cargos ni juicio– tras su última detención por las fuerzas de ocupación en 2017. Durante su detención de 2017 a 2019, más de 275 organizaciones firmaron un llamamiento internacional para su liberación. El ataque de las fuerzas de ocupación israelíes de 2019 tuvo lugar al mismo tiempo que Jarrar se preparaba para dar clases en la Universidad de Bir Zeit sobre Derecho Internacional y el movimiento palestino; la cancelación forzada de su clase fue seguida del ataque a las y los estudiantes por su actividad política y estudiantil en el campus.

En 2014 se resistió –y venció– a un intento israelí de desplazarla por la fuerza de su casa familiar de el Bireh a Jericó. Sólo nueve meses después, en abril de 2015, fue capturada por las fuerzas de ocupación israelíes y se le impuso la detención administrativa con encarcelamiento sin cargos ni juicio. Tras una protesta internacional, fue llevada ante los tribunales militares israelíes y se enfrentó a 12 cargos basados en su actividad política, desde dar discursos hasta asistir a actos en apoyo de las presas y presos palestinos. Cumplió 15 meses en la prisión israelí; posteriormente quedó en libertad sólo 13 meses antes de su detención en 2017.

Durante los 2 años de encarcelamiento de Khalida Jarrar, el pueblo palestino ha sido testigo del intento de imponer el llamado “acuerdo del siglo” a través de campañas de normalización dirigidas por Estados Unidos en colaboración con los regímenes árabes reaccionarios; los repetidos bombardeos y el asedio a Gaza; la pandemia del COVID-19 y sus efectos palestinos y mundiales; el levantamiento de los palestinos desde el río hasta el mar y dentro y fuera de Palestina en mayo de 2021 junto con la batalla de Seif al Quds; la autoliberación de seis prisioneros palestinos con las herramientas que pudieron fabricar a mano, dejando al descubierto el falso barniz de invencibilidad de la ocupación israelí. Durante todo este tiempo, Khalida ha permanecido encerrada tras las rejas israelíes, un intento de impedir que el pueblo palestino y al movimiento global acceda a su liderazgo, pensamiento y acción.

Por supuesto, Khalida Jarrar también ha sido apartada de su familia y sus seres queridos, incluso en medio de la tragedia personal. El 11 de julio de 2021, la querida hija de Khalida, Suha Ghassan Jarrar, comprometida defensora de los derechos humanos palestinos que trabajaba con Al Haq y hablaba por todo el mundo defendiendo los derechos y la liberación de los palestinos, murió repentinamente de un ataque al corazón a la edad de 30 años. Mientras cientos de palestinos se unían a su cortejo fúnebre en Ramala, a la madre de Suha se le negó la posibilidad de asistir a su funeral e incluso de ver el cuerpo de su hija antes de ser enterrada.

Miles de palestinos y simpatizantes de todo el mundo alzaron la voz, hicieron campaña en las redes sociales, firmaron peticiones, exigieron a sus gobiernos que tomaran medidas y expresaron su indignación por la denegación de este derecho humano básico y el consuelo de Khalida Jarrar y su familia por parte de la ocupación israelí. Khalida representa tanto a una palestina dirigente política y madre que sigue resistiendo a la ocupación israelí en medio de un dolor devastador.

Jarrar es miembro del comité palestino que se adhirió al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y presentó pruebas ante el organismo internacional sobre los actuales crímenes israelíes. Las fuerzas de ocupación israelíes invadieron su casa justo cuando la fiscal jefe de la Corte Penal Internacional anunció que recomendaba a a este tribunal iniciar una investigación formal sobre los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad cometidos por Israel en Palestina. Fue condenada sólo unas semanas después de que la CPI afirmara su jurisdicción sobre la Palestina ocupada, a pesar de las objeciones de la ocupación israelí y de sus partidarios entre las potencias imperialistas. De hecho, su detención en 2015 se produjo literalmente un día después de la adhesión de Palestina a la CPI.

A pesar de todas las detenciones políticas, la persecución continua y los intentos de silenciar a Khalida Jarrar, la ocupación nunca pudo quebrar su voluntad ni su compromiso con la libertad de Palestina y su pueblo. En esta ocasión, instamos a todos los amigos y amigas de Palestina a que se unan a nosotras en la celebración –y en la indignación– a través de la acción: compartiendo las historias, las imágenes y las luchas de los presos políticos palestinos, construyendo el boicot a Israel y organizándose juntos para que llegue un día en el que los barrotes de las cárceles de Palestina y de todo el mundo sean derribados para liberar a todos los presos y presas de la injusticia, y en el que Palestina sea libre, desde el río hasta el mar.

Fuente: https://samidoun.net/2021/09/khalida-jarrar-is-free-time-to-organize-to-free-palestine/

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