Palestina: heridas y cicatrices del colonialismo y el apartheid

30 de julio de 2021

Por Karina Bidaseca* | Ilustración: Luis Morado

«Una nueva escalada de violencias contra la población palestina nos llama a alzar la voz por aquellos que no lo pueden hacer, porque viven bajo ocupación. Cientos de muertos en Gaza, asesinatos, mujeres, niños y niñas. Son 16 mil mujeres palestinas desde 1967 que han pasado por prisiones, más de 39 mujeres las detenidas en estos días aciagos».

En la conmemoración de los 73 años de Al Nakba –Al Mustamera en lengua ancestral- una nueva escalada de violencias contra la población palestina que nos llama a alzar la voz por aquellos que no lo pueden hacer, porque viven bajo ocupación. Cientos de muertos en Gaza, asesinatos, mujeres, niños y niñas. Son 16 mil mujeres palestinas desde 1967 que han pasado por prisiones, más de 39 mujeres las detenidas en estos días aciagos. La carne de los masacrados fue lacerada. La colonización tatuada en la piel de las víctimas.

Las mujeres palestinas se encuentran resistiendo y luchando contra el colonialismo del gobierno israelí y los patriarcados. Me pregunto por qué hay mucho miedo de acariciar ese punto sensible. Devenir palestinas es un llamado a sentir ese dolor, a volvernos todes palestines en este momento en que la sinécdoque spivakiana permite ser al mismo tiempos multiples identidades. Evito hablar por otres o sobre otres. Hablo desde el sur, como la metáfora del sufrimiento.

Palestina está llorando, no se puede oír su llanto, pero ella está constantemente llorando. Mientras el mundo sigue en silencio. Para romper esta apatía, las lenguas de las artes vivas nos pemritirán a dos artistas de uno y otro lado del muro, y a una poeta, Fadwa Tuqan para abrir las memorias sepultadas por los colonialismos a otras sensibilidades. La poeta funde su cuerpo para tocar el cuerpo de Palestina. Las performances como transferencias vitales de energías narran con sus cuerpos el dolor más intenso de esta tragedia humana, despiertan del olvido.

En el contexto de colonialismo, quisiera introducir la discusión acerca de la noción de estética feminista y de cómo ésta toma forma única en la representación de la guerra.

La socióloga palestina Elise Aghazarian, menciona que los encuentros coloniales están vivos ahora e implican armamentos avanzados, la privatización de la guerra. Palestina fue expoliada, dividida en distintas áreas. Siendo los movimientos de sus pobladores ahora controlados por otros. Los colonos, a través de las necropolíticas de control sobre los colonizados, intentan lograr lo que Frantz Fanon llamaba una pseudopetrificación. Especialmente en las zonas de la Ribera Occidental y la Franja de Gaza. Bajo una organización colonial del espacio, los check points organizan los pases de un sitio a otro, en un sentido tangible de restricciones para las y los refugiados internos, reconocidos con la categoría legal de “ausentes presentes”.

Utilizando las violencias coloniales, los poderes imperiales cuadriculan la zonificación del mundo. Así, las zonas de la humanidad y la no-humanidad determinan lo que Fanon llamó las zonas de no-ser: yo soy, pero no soy siempre ni en todas las situaciones, es decir, mi humanidad está socialmente condicionada, a veces reconocida, a veces negada. Zonas serpenteantes que segregan poblaciones, racializan cuerpos, construyen cartografías coloniales en las que el poder decide quién debe vivir y quién ha de morir. En las zonas marcadas, la criminalización de las poblaciones colonizadas, originarias, tratan de huir de las violencias coloniales: raciales, sexistas, capitalistas, promovidas por discursos tales como la ideología de género. Discursos poderosos que toman cada vez más fuerza, impregnando la malla social con distintos dispositivos, inundados por fluidos financieros que promueven las campañas anti-feministas, misóginas, homofóbicas, transfóbicas, apuntando a los cuerpos disidentes.

La aparthedización del mundo (Bidaseca, 2018). se exacerba en las metrópolis donde el colonizador y con él los fantasmas coloniales que nos acechan, despliegan sus feroces e insaciables voracidades. Los cuerpos disidentes, los cuerpos refugiados, en tránsitos, racializados por las políticas del neoliberalismo mundial, que opera con la nueva razón imperial bajo el brazo, habitan las zonas tenebrosas de las violencias coloniales.

La piel y el desgarramiento de la cicatriz colonial a partir de la obra de dos artistas de un lado y otro del muro, en la obra de la palestina en la diáspora Emily Jacir, quien con su técnica de pantallas divididas e imágenes dobles nos permite inferir la escisión de esa herida colonial aún latente. El proyecto de Jacir habla de la crisis experiencial del exilio, de la necesidad de hablar del site specific como del derecho al retorno, reclamado, ante el estado fragmentador de cada estallido, de cada estruendo que despoja y desposee. La obra de la artista israelí Sigalit Landau cuya Hula Barbed, expresa en el desgarramiento de su piel por el roce del alambre de púas una metáfora de esa cicatriz que perdura. Que es escrita en el cuerpo, que no se disuelve, en estos tiempos de confinamientos mundiales y de apartehidización del mundo.

Acercarse a la obra de Landaut y Jacir a partir de la performance como transferencia de energías vitales, a contextos conflictivos de ocupación y colonialismo, permite apelar a los lenguajes artísticos para un desarrollo de las políticas sensibles para la liberación del pueblo palestino y con él de sus mujeres atrapadas en los centros más afectados del tejido comunitario.

*Investigadora principal de Conicet, coordinadora del Programa Sur Sur de CLACSO

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/dossier/palestina-heridas-y-cicatrices-del-colonialismo-y-el-apartheid

 

Palestina en foco: los asentamientos y la verdadera cara de la ocupación

Por Tamara Lalli

Ilustración: Luis Morado

La colonización y planificación de los asentamientos civiles en Palestina no son atribuibles ni a gobiernos de derecha o izquierda, sino a una lógica consustancial de las elites políticas con existencia y seguridad del estado, concebida sobre el desmantelamiento territorial, económico y político del pueblo originario.

En estos últimos meses, los palestinos han vivido un nuevo capítulo de violencia, ejercida tanto por el ejército israelí como por los colonos. La progresiva desaparición física de Palestina está marcada en esta naturaleza bifronte (cívico-militar) de la ocupación.

Esta última página de este de este proceso de más de siete décadas, comenzó cuando el estado de Israel decidió expulsar de sus casas a 28 familias palestinas del barrio Sheij Jarrah, en Jerusalén Este y la sublevación palestina se extendió a Gaza.  Esta es la foto que nos llegó a través de la prensa internacional y que —sistemáticamente— omite la naturaleza del proceso colonizador.

Sucede que la narrativa israelí, sobre la que basa su existencia, concibe a los asentamientos como un componte esencial para el control demográfico y, en consecuencia, el control sobre la propiedad de la tierra y sus acuíferos.

La colonización y planificación de los asentamientos civiles en Palestina no son atribuibles ni a gobiernos de derecha o izquierda, ni a «palomas o halcones», sino a una lógica consustancial del conjunto de las elites políticas con existencia y seguridad del estado, concebida ésta sobre el desmantelamiento territorial, económico y político del pueblo originario.

El mismo Estado de Israel, implantado en Palestina en 1948, es esencialmente un proyecto de asentamientos. A diferencia del colonialismo francés o inglés, que se basaba en la explotación de la tierra y de su población, Israel basó su proyecto colonial en la expulsión, confinamiento —o la matanza—  del pueblo palestino y su reemplazo por inmigrantes, a los que se les confirió ciudadanía y tierras.

En otras palabras, para llevar a cabo semejante empresa colonizadora era necesario la  negación y el desarraigo del otro. Por tanto, desde el inicio el objeto político de estado implantado, ha sido cambiar el equilibrio demográfico a través la sustitución progresiva de una población por otra, hasta desembocar en una lisa y llana limpieza étnica.

El proyecto colonizador comenzó a mediados del siglo XIX. Las primeras aproximaciones las hicieron misioneros cristianos evangélicos ingleses y los judíos fundadores de la escuela agrícola Mcveh Israel, financiados por Barón Rothschild y el Barón Hirsch. Es decir, Gran Bretaña fue pionera en reclamar la solución de la llamada cuestión judía sobre la base de la colonización de Palestina. Entre los actores políticos especialmente activos se encontraron Lord Chatsbury y Lord Palmerston (Canciller y luego Primer Ministro).

Hacia 1878, muchos europeos de religión judía, comenzaron a comprar tierras a los palestinos, o a alquilarlas por períodos prolongados. Organizaciones europeas como Pekka (familia Rothschild); el Fondo Nacional Judío Ken Kaymet, la Agencia Judía, creada luego del Congreso Sionista en Basilea, fueron las palancas colonizadoras con las que se conformaron las primeras 23 colonias agrícolas.

Todas estas instituciones —y otras creadas a posteriori— se activaron luego de la Primera Guerra Mundial, inaugurando el proceso que proponía y llevaba a cabo la famosa Declaración Balfour de 1917, que preveía el establecimiento de un hogar nacional para los judíos en Palestina.  A partir de allí, y con el objeto de gestionar esta voluntad política, se intensificaron las migraciones hacia Palestina desde toda Europa. Cada uno de ellas, respondió a procesos peculiares propios del antijudaísmo propiamente europeo: Progromos en Rusia zarista, la propia revolución bolchevique, la llegada de los Nazis a Alemania, y la persecución y exterminio de judíos en las áreas bajo ocupación de Alemania en toda la Europa Central.  

Con la creación del Estado de Israel por parte de la ONU, en 1948, se instauró la etapa del terror y se aceleró la expropiación de tierras. Más de 530 poblados fueron arrasados por bandas terroristas, como Haganh, Stern y el Irgun, provocando masacres entre los civiles palestinos. Deir Yassin, Ruhafat, Tantura son nombres que han sido prolijamente olvidados por la Historia Oficial israelí, pero que son perfectamente encuadrables como crímenes de lesa humanidad.

Por ello, es realmente notable que la cobertura ideológica que haya pretendido legitimar el establecimiento israelí en Palestina haya sido un mito —de pretendido orden religioso— tan elemental como falaz: “Un pueblo sin tierra, para una tierra sin pueblo”.

El último tercio del siglo XX, se completaron los objetivos colonizadores con la inmigración de los judíos procedentes de los países árabes, América Latina y de Etiopía, a través de la recordada «Operación Moisés».

La contracara de la inmigración masiva ha sido la apropiación de tierras. Para ello utilizaron todo tipo de herramientas legales. En principio, hubo leyes del Mandato Británico, luego aplicadas por Israel.  Una de ellas, por ejemplo, se refería al derecho del estado de confiscar tierras para uso público —como crear carreteras o caminos— que el estado de Israel la usó ampliamente para crear asentamientos.

Hasta el día de hoy continúan dos leyes muy controvertidas, como la «Ley del Ausente», en la que ningún palestino puede ausentarse de su casa por un corto periodo, ya que la propiedad es factible de ser tomada por la autoridad militar israelí. O la Ley de Adquisición de Tierras (1953), que permite expropiar cualquier fracción de tierra para fines de seguridad.

Con el tiempo, las colonias pasaron a ser focos de conflictos, espacios propicios para encender la mecha y mantener un permanente un estado de beligerancia, con la disponibilidad permanente del ejército israelí en defensa de los colonos. La multiplicación del número y tamaño de colonias está emparentada a un proceso de expansión territorial indefinida. No es ajeno recordar el carácter fundacional de esta política pública en las célebres palabras de Ben Gurión, el primer Premier del Estado implantado: “las fronteras de Israel serán determinadas por las generaciones futuras”.

Fuente: Agencia Paco Urondo (APU)

61 agresiones israelíes contra periodistas palestinos en julio

Foto: periodistas protestan frente a la oficina de las Naciones Unidas en la ciudad ocupada de Cisjordania, Ramallah, el 28 de junio de 2021 [ABBAS MOMANI/AFP vía Getty Images].

02 de agosto de 2021

El Comité de Apoyo a los Periodistas (JSC) ha declarado que ha documentado 61 violaciones israelíes contra periodistas en los territorios palestinos ocupados durante el mes de julio, informó la agencia de noticias Anadolu.

El grupo de derechos humanos, con sede en Ginebra, declaró ayer que las violaciones incluyeron el ataque y las agresiones a 22 periodistas palestinos con balas de metal recubiertas de goma, granadas de esponja, bombas de gas, granadas de aturdimiento, gas pimienta y palizas.

Según el comunicado, el ejército israelí detuvo y encarceló a más de siete periodistas palestinos y condenó a cinco.

El comité ha declarado que también ha documentado más de 20 casos en los que las fuerzas de ocupación israelíes han prohibido y obstruido el trabajo de los periodistas, impidiendo que se desplacen, asaltando el domicilio de un periodista y confiscando equipos, vehículos, teléfonos móviles y carnés de prensa.

Fuente: https://www.monitordeoriente.com

La situación de los palestinos es bien conocida, es hora de actuar

02 de julio de 2021

Por Asa Winstanley

Foto: Manifestantes y tropas israelíes en la ciudad de Hebrón, Cisjordania Wikimedia. (Commons/Mustafa Bader).

“Estoy cansado de denunciar cada día la misma brutalidad, de pensar en nuevas formas de describir lo evidente».

Estas son las palabras de Mohammed El-Kurd, reconocido activista palestino de Jerusalén Este. Él y su familia están amenazados con ser expulsados de sus casas. No han cometido ningún delito, pero les echan única y exclusivamente porque no son judíos, e Israel es un Estado supremacista judío.

Mohammed y su hermana Muna El-Kurd recibieron una gran atención mediática en mayo-junio, cuando la guerra israelí contra Gaza era resistida por el «Levantamiento de la Unidad» palestino. Pero la situación de los palestinos sigue siendo la misma.

«La situación en Sheikh Jarrah no es difícil de entender», escribió Mohammed en su artículo de opinión en The Guardian, que debutó esta semana. «Es una ilustración perfecta del colonialismo de los colonos, un microcosmos de la realidad de los palestinos a lo largo de 73 años de dominio sionista».

El sionismo, la ideología oficialmente sancionada -y la única legalmente protegida- de Israel, es racista.

La limpieza étnica está mal. La supremacía étnico-religiosa está mal. Matar niños está mal.

Israel ha matado a 11 niños palestinos en Cisjordania desde principios de año. Y eso se suma a los 60 niños que ha matado en Gaza en el mismo periodo de tiempo.

El viernes pasado, matones del ejército israelí asesinaron a sangre fría a un niño palestino de 17 años.

Muhammad Munir Tamimi formaba parte de un grupo que se había enfrentado a una banda de soldados israelíes fuertemente armados que invadían su pueblo con nada más que piedras. Los israelíes incluso impidieron la evacuación del adolescente gravemente herido a un hospital de Ramallah mientras yacía sangrando por las entrañas, algo que los soldados israelíes acostumbran a hacer.

Tamimi murió por las heridas esa misma noche.

El miércoles, otro niño palestino fue abatido por los disparos del ejército israelí.

Mohammad Mo’ayyad Bahjat Abu Sara, de 11 años, fue abatido por la lluvia de balas israelíes que impactó en el coche que él, su padre y su familia habían utilizado para hacer la compra. Seis soldados israelíes habían acribillado el coche con no menos de 13 balas, según testigos presenciales.

Los medios de comunicación palestinos publicaron fotos estremecedoras del coche con los alimentos abandonados, incluyendo bolsas de pan aparentemente cubiertas de la sangre del niño muerto.

Como se puede ver en los Tweets adjuntos, el grupo de derechos humanos Defence for Children International (DCIP) – Palestina desempeña un papel clave en la documentación de estos crímenes israelíes contra los palestinos.

Como resultado de la destacada y esencial labor de derechos humanos de DCIP en la protección de los niños palestinos, Israel ha cometido ahora otro acto de represión contra el grupo.

En la madrugada de ayer, matones del ejército israelí asaltaron la oficina de DCIP en Cisjordania, robando ordenadores, archivos de clientes y discos duros. El grupo de derechos humanos dijo que no se dejó ningún documento en la oficina que indicara el motivo de la redada, y que no dejaron ningún recibo de los materiales incautados.

Khaled Quzmar, director general de DCIP, dijo: «Este último acto de las autoridades israelíes impulsa una campaña continua para silenciar y eliminar a la sociedad civil palestina y a las organizaciones de derechos humanos como el DCIP».

El grupo pidió a las autoridades israelíes que pusieran fin inmediatamente a sus persecuciones contra los grupos de derechos humanos palestinos, y exigió que «la comunidad internacional debe exigir responsabilidades a las autoridades israelíes».

Eso es exactamente lo que falta.

Como aludió Mohammed El-Kurd, la situación de los palestinos es probablemente una de las injusticias más conocidas, bien explicadas y documentadas de la historia.

Como concluyó en su artículo de The Guardian «El problema no es la ignorancia, es la falta de acción». No hay voluntad política en Occidente para pedir cuentas a Israel por sus crímenes.

Debemos actuar para que esto cambie, y pronto.

Editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004

Fuente: https://www.monitordeoriente.com/20210801-la-situacion-de-los-palestinos-es-bien-conocida-es-hora-de-actuar/

Entrevista a Thomas Vescovi: “Israel es un Estado de derechas, con cada vez más tendencias fascistas”

Foto:  Viento Sur [Foto: Thomas Vescovi (L’Humanité)]

Por Julien Salingue

31 de julio de 2021

Thomas Vescovi es un investigador independiente en historia contemporánea. Acaba de publicar, en la editorial La Découverte, L’échec d’une utopie : une histoire des gauches en Israël (El fracaso de una utopía: una historia de la izquierda en Israel). Hablamos con él sobre la situación política en Israel. Esta entrevista se llevó a cabo antes de la nueva y violenta agresión colonial contra las y los palestinos.

Julien Salingue: Desde hace casi dos décadas, cada vez que hay elecciones en Israel, se viene escuchando a las y los comentaristas decir que el gobierno que se pondrá en marcha será “el más a la derecha en la historia de Israel”. Obviamente se trata de una expresión, pero dada la fuerte tendencia a la derechización del campo político israelí hay algo de verdad en ella. ¿Cómo se traduce esto en el campo político israelí, ya sea desde el punto de vista de los programas o de las organizaciones? A veces nos perdemos un poco, ya que alguna gente que ayer se presentó como de extrema derecha ahora está clasificada en el centro-derecha, o incluso en el centro…

Thomas Vescovi: Para hacernos una idea, el primer Parlamento israelí, elegido en 1949, tenía 71 escaños (de 120) que podían clasificarse del lado de la izquierda, ya fuera sionista o anticolonial. Hoy debemos tener 72 escaños que están a la derecha o a la extrema derecha. Como anécdota, pero significativa, recuerdo que en 2009 Avigdor Liberman, con su partido Israel Beytenou [Nuestra Casa Israel, partido de habla rusa], fue considerado el representante de la extrema derecha más radical, nacionalista, etc. Hoy Liberman es presentado como centro-derecha. Naftali Bennett, cuando fue elegido en 2013, fue considerado entonces el representante de las y los nacionalistas religiosos, colonos, encarnando lo más extremista en el campo político israelí. Hoy se presenta como la derecha dura, y son las y los kahanistas quienes han heredado este estatus de extrema derecha racista, religiosa, belicosa, etc. Así que, sí, Israel es un Estado que se derechiza, con cada vez más tendencias fascistas, porque para mí no hay duda de que las y los kahanistas son fascistas. La derechización es tal que a veces ya no tenemos léxico para caracterizarla, de ahí esta fórmula sobre el gobierno más a la derecha

J. S.: ¿Y en el lado de la izquierda y del centro-izquierda?

T. V.: Dentro de la izquierda sionista israelí hay una incapacidad para ir más allá, por así decirlo, de la cuestión del sionismo. Desde la creación de Israel [en 1948] ha habido mutaciones profundas en el juego político israelí, con todo un electorado de izquierdas moviéndose gradualmente hacia el centro, votando por un liberalismo económico y político. Las y los judíos de origen ruso, por otro lado, se inclinan cada vez más a votar por un tipo exclusivo de nacionalismo que rechaza derechos compartidos con la población no judía. En el caso de las y los judíos orientales, la visión que se ha impuesto es la de una identidad judía que no es, como defiende la izquierda, una identidad cultural, sino una aspiración a que Israel adopte leyes judías.

En realidad, no podemos entender Israel si no entendemos la existencia de lo que se puede llamar la pirámide de poder: a la cabeza de Israel, en las élites políticas y económicas, todavía tenemos muchas personas judías de origen europeo; en la parte inferior de la escala tenemos a las y los palestinos de Israel, y entre los dos hay una forma de competencia entre los diferentes sectores de la población judía israelí, para estar lo más cerca de la cima y lo más lejos posible de las y los palestinos. Así, las y los judíos orientales, a quienes se dejó claro que en Israel había que ser personas judías y no árabes, lo que no tenía mucho sentido para ellos ya que personas judías y árabes eran lo que habían sido durante siglos, gradualmente se han ido separando de esta arabidad, en favor de un judaísmo exacerbado, hasta el punto de no querer compartir derechos con las y los palestinos y rechazar a la izquierda sionista.

Por último, no debemos olvidar que desde 1967 Israel ha sido un Estado que ha colonizado masivamente, principalmente en Cisjordania, y que este proceso de colonización cristaliza las tensiones en el propio Israel. La derecha y la extrema derecha ponen en el centro del juego político la continuidad de la colonización y de la anexión. El centro-izquierda, sin decir que hay que dejar de colonizar, continúa manteniendo el mito de los dos Estados, con un Estado palestino que estaría al lado de Israel. Pero la colonización continúa, cada vez hay más personas colonas y, aunque sea un mito, no quieren oír hablar de dos Estados ni de la reanudación de las negociaciones, y están radicalizando cada vez más su discurso.

J. S.: El proyecto de establecer un Estado judío en un territorio abrumadoramente poblado por gentes no judías necesariamente requería la desaparición, física o política, de las y los autóctonos. Ahora bien, estos todavía siguen ahí. Lo que estamos presenciando ¿no es, en última instancia, la radicalización lógica de una sociedad colonial dentro de un Estado que es fundamentalmente una colonia de asentamiento, pero que no ha logrado deshacerse de la sociedad indígena?

T. V.: En el título de mi libro, cuando digo “el fracaso de una utopía”, es porque, sin emitir un juicio de valor, supongo que la gente creía sinceramente que sería capaz de formar un Estado para las y los judíos sobre una base, digamos, de izquierda. Y en el libro seguimos la trayectoria de este proyecto y tratamos de entender cómo, a lo largo de la historia, las cosas se han desviado y han tomado una dirección completamente diferente a la que algunos y algunas habían previsto al comienzo. Y resulta que este proyecto sionista de izquierda, que tenía una vocación emancipadora para las y los judíos que fueron víctimas del antisemitismo, fue sin embargo un proyecto fundamentalmente colonial. Además, lo que la izquierda sionista no parece haber tenido en cuenta es que su definición de lo que era ser una persona judía no era la que toda la gente judía del mundo podía tener. Y al crear un Estado que se plantea como un Estado judío o un Estado de las y los judíos, esta definición necesariamente estará en el centro de la vida del Estado, así como los debates sobre lo que significa ser una persona judía y vivir en un Estado judío. Poco a poco, y podemos ver cómo están las cosas hoy, se ha impuesto el deseo de que el Estado sea judío en el sentido de exclusivamente judío, y por lo tanto cada vez más colonial.

Jerusalén es un caso ejemplar. Es un lugar en el que la colonización sigue siendo, y cada vez más, impugnada. Hoy en día, todavía tenemos casi un 40% de personas palestinas en la aglomeración de Jerusalén, una zona en la que la colonización es muy violenta, con desalojos, expropiaciones, etc. Y porque esta presencia palestina sigue ahí, vemos el desarrollo de grupos de extrema derecha que hacen razias, atacan a la gente palestina, etc. Se enfrentan a una población que se queda allí, que no quiere irse y que además lucha por sus derechos.

J. S.: La retórica de la lucha contra el terrorismo también juega su papel…

T. V.: Israel, desde su creación hasta, digamos, la década de 1980, luchó principalmente en nombre de su derecho a ser reconocido como un Estado legítimo. A medida que las cosas se normalizaban gradualmente a nivel internacional, en la década de 1980, vimos una crítica a la militarización del Estado, se desarrollaron guerras libradas fuera, especialmente en Líbano, y se impuso gradualmente la idea de que sería posible vivir con, al lado de, un Estado palestino. Pero con el fracaso de los acuerdos de Oslo en la década de 1990, hubo una renovación del discurso sionista: la separación amistosa versión Rabin fracasó, tenemos gente frente a nosotros, las y los palestinos, que no quieren la paz, y por lo tanto necesitamos una separación por la fuerza y solo en base a nuestras condiciones. Personalidades de derecha como Sharon y Netanyahu son la encarnación de este discurso, con, por ejemplo, un Sharon repitiendo que debemos dejar de pretender ser un Estado “judío y democrático”, porque lo que importa es ser un Estado judío. Un Estado judío en una lucha de civilización, un puesto avanzado de la lucha contra el terrorismo (especialmente desde 2001): esto es lo que se explica a las y los jóvenes que hacen su servicio militar, diciéndoles que no son un ejército de ocupación, sino una vanguardia en la lucha contra el terrorismo internacional. Se comprende por qué la prensa israelí de derechas no duda, a propósito de Jerusalén y los habitantes que luchan por no ser expulsados, en señalar con el dedo a Hamas, que no tiene nada que ver con este asunto… Sharon declaró en su tiempo que Arafat era el Bin Laden de Israel. Por lo tanto, la cuestión ya no es tanto, con la excepción de los discursos sobre Irán, la lucha por la existencia, como una lucha de civilización, en alianza con los países occidentales. Anécdota significativa: en enero de 2017 se organizó una conferencia en la Universidad de Tel Aviv con Philippe Val y Frédéric Encel, cuyo título era muy claro: “Francia-Israel: dos democracias frente a la plaga islamista”. La cuestión nacional palestina está completamente evacuada, y todo está listo para desarrollar discursos identitarios cada vez más radicales.

J. S.: ¿Hay algún futuro para una izquierda no sionista en Israel sin las y los palestinos de Israel?

T. V.: Iría aún más lejos, diciendo que no hay futuro para la izquierda en Israel en su pluralidad si no se vuelve más hacia las y los palestinos de Israel. Si retrocedemos un año, durante las elecciones legislativas de marzo de 2020, la Lista Unificada que reunió a las y los palestinos de Israel fue la expresión de una nueva estrategia: esa lista, dirigida por el comunista Ayman Odeh, pretendía explicar a la población palestina de Israel que la estrategia del pasado consistente en participar en la política declarándose antisionista y rechazando cualquier negociación gubernamental con la izquierda, incluida la sionista, estaba superada, no había traído nada, y que por lo tanto era importante considerar que siendo una minoría la izquierda progresista judía israelí, era posible contemplar alianzas con ella; si bien con condiciones por definir y con un programa claro. Resultó que esta estrategia, piense lo que uno piense, había subestimado un factor esencial: dentro de la propia centroizquierda israelí, donde uno se declara sionista, las contradicciones son demasiado fuertes cuando se trata de aliarse con las y los palestinos. Tras las elecciones y el buen resultado de la Lista Unificada, vimos a un Ayman Odeh triunfante, ciertamente criticado en su propio campo, pero mucha gente se preguntó si tendría éxito en su apuesta y lograría una alianza con una serie de garantías, más derechos, más igualdad, el fin de las demoliciones, etc. Fue un fracaso, porque el centro-izquierda judío israelí fue presionado sobre el tema “Vais a formar un gobierno sin mayoría judía”. Por tanto, lo que sigue siendo dominante, incluso entre las fuerzas judías progresistas del centro-izquierda, es poner el carácter judío por delante del contenido democrático…

Del lado de la izquierda no sionista, siempre ha habido una política de construcción de vínculos con las y los palestinos de Israel, especialmente alrededor de ciudades como Nazaret, Haifa, etc. Su problema, más bien, sería dirigirse más a la población judía que, como sabemos y hemos visto en algunas ciudades, estaría dispuesta a votar por listas como la Lista Unificada. Así que existe esta dificultad: si quieres ser capaz de dirigirte a la gente progresista judía israelí, no puedes limitarte a explicar que toda la gente sionista es colonialista, pero si quieres dirigirte a la gente palestina de Israel, no puedes poner sordina a tu crítica radical a las instituciones sionistas.

Revue L’Anticapitaliste, 126 (mayo de 2021).

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Fuente: https://vientosur.info/entrevista-a-thomas-vescovi-israel-es-un-estado-de-derechas-con-cada-vez-mas-tendencias-fascistas/

 

Ansia que no se sacia: Israel planea expandir colonias en Al-Quds

02 de agosto de 2021

Foto: manifestantes palestinos frente a un asentamiento israelí durante una protesta,en Kafr Qadum en la Cisjordania ocupada, 13 de noviembre de 2020. (Foto: Reuters). 

El régimen de Israel planea impulsar su política de confiscación de tierras palestinas para expandir la construcción de asentamientos en los territorios ocupados.

El gobernador adjunto de Al-Quds (Jerusalén), Abdulá Seyam, advirtió el domingo del plan sistemático de los funcionarios israelíes para cambiar la demografía de esa ciudad y judaizarla aún más, según recoge la agencia local de noticias WAFA.

Conforme alertó, el régimen de ocupación planea confiscar grandes extensiones de tierras palestinas en Al-Quds en el marco de su proyecto para expandir la construcción de los asentamientos ilegales en los territorios ocupados.

Teniendo esa meta, prosiguió Seyam, Israel ha aplicado severas medidas como la demolición de viviendas y la imposición de fuertes impuestos a los residentes para expulsar por la fuerza a los palestinos de la región.

Mientras tanto, activistas locales han alertado de la intención de los colonos israelíes de acelerar la construcción de cientos de unidades de vivienda en el asentamiento no autorizado de Kida, construido ilegalmente en el sur de la ciudad de Nablus, sita en la Cisjordania ocupada.

¿Qué busca Israel al expandir colonias? Relator de ONU responde

El relator especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios ocupados, Michael Lynk, pidió en julio a la comunidad internacional que determine la construcción de asentamientos israelíes como un crimen de guerra.

Lynk advirtió que los asentamientos sirven para dos propósitos de Israel, es decir: garantizar que el territorio ocupado permanezca bajo control israelí a perpetuidad, y garantizar que nunca habrá un auténtico Estado palestino.

Sin embargo, en claro desafío a la comunidad internacional y las Naciones Unidas, Israel ha descartado cualquier congelamiento en la ampliación y el desarrollo de los asentamientos y aún recurre al desalojo de los palestinos en Al-Quds y Cisjordania.

En los últimos meses, los palestinos generaron masivas protestas a raíz de las políticas represivas del régimen israelí contra los palestinos en Al-Quds, así como por la orden de desalojo de las familias palestinas del barrio de Sheij Yarrah.

Esas manifestaciones tensaron la situación en los territorios ocupados y, como consecuencia, del 10 al 21 de mayo, se registró una nueva escalada de violencia israelí contra la Franja de Gaza.

Las facciones palestinas han recalcado que no permitirán que el régimen de ocupación judaíce Al-Quds, advirtiendo de todos los elementos necesarios para realizar una exitosa Intifada (levantamiento).

Fuente: HispanTV 

El doble rasero en el discurso de la Cancillería Israelí

29 de julio de 2021

Por Daniel Kupervaser 

En sus denodados esfuerzos por desechar las críticas dirigidas en su contra por el accionar en el conflicto con los palestinos, y ante la falta de recursos apropiados y convincentes, Israel recurre frecuentemente a la acusación de antisemitismo. Para ello nada más oportuno que la definición de antisemitismo tal como fue propuesta por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto y que Israel, como las direcciones judías de la diáspora, tanto se preocupan en demandar su adopción por parte de países e instituciones del mundo. Según este documento, se considera antisemitismo, entre otros motivos, “aplicar un doble rasero al pedir a Israel un comportamiento no esperado ni exigido a ningún otro país democrático”.

Curiosamente, desde la toma de mando del nuevo gobierno israelí a mediados del mes de junio pasado, su nueva cancillería demostró claramente que recurre justamente al doble rasero en sus argumentaciones para su defensa o para criticar a otros países. En las próximas líneas analizaremos su conducta en el debut bajo la batuta liderada por Yair Lapid en tres ocasiones de significativa trascendencia con sendos anuncios y/o toma de posiciones en votaciones de organismos internacionales.

A la semana de asumir su nuevo cargo, el flamante canciller israelí se descargó contra el gobierno de Polonia por la promulgación de una nueva ley cuyo objetivo principal es limitar drásticamente las posibilidades de restituir la pertenencia o resarcir el valor de propiedades de judíos polacos que les fueron usurpadas por las fuerzas nazis durante el holocausto en la segunda guerra mundial y que, posteriormente, pasaron a dominio polaco.


En un lenguaje en términos diplomáticos, aunque muy ásperos en su contenido, la cancillería israelí aseguró que, “Israel se conducirá como un muro de defensa por la memoria de la Shoa y por el honor de los sobrevivientes de la Shoa y sus propiedades. La ley polaca, que impide en la practica la restitución de propiedades de judíos, o indemnización por su valor, para aquellos sobrevivientes de la Shoa y sus descendientes, es una injusticia detestable e ignominia que daña los derechos de esos sobrevivientes de la comunidad judía que vivieron en Polonia durante cientos de años” (Comunicado de la cancillería de Israel, 24-6-2021).

La segunda ocasión surgió como consecuencia de la réplica de Lapid a la decisión de la firma estadounidense Ben & Jerrys de cancelar la representación de su agente en Israel por la oposición de este último a suspender las ventas de sus productos en los territorios ocupados por Israel en Cisjordania por estar en contradicción con el contrato de representación que adjudica el derecho de venta solamente dentro de los limites de Israel.  

Esta drástica medida del productor estadounidense de helados llevó a Lapid a considerar que se trata de un boicot a judíos que viven en Cisjordania y a declarar que “la decisión de Ben & Jerrys es una vergonzosa rendición ante el antisemitismo y de todo lo que es malo en el lenguaje anti israelí y anti judío. Nosotros no callaremos. Yo programo dirigirme uno a uno a los mas de 30 estados de USA y exigir de ellos poner en ejecución para este caso sus leyes en contra del boicot comercial a Israel” (Lapid replica a Ben & Jerrys: rendición al antisemitismo”, Srugim, 19-7-21).

El día 20 de julio de este año, Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, anunció que se propone repoblar la zona de Verosha en la Isla de Chipre. Se trata de un distrito de la ciudad Famagusta que fue conquistado por Turquía en la guerra de 1974 y de entonces permanece despoblado. El anuncio de Erdogan despertó un repudio generalizado en el mundo moderno que no ve con buenos ojos la intención de anexar a Turquía un territorio conquistado en guerra.

En boca de su Cancillería, también Israel se acopló al coro de protesta, principalmente por afectar directamente intereses de su nuevo y estratégico aliado: Grecia. Paralelamente al anuncio turco, en Israel se difundió un comunicado en donde la Cancillería expresa su dura crítica a la declaración turca que simboliza en la práctica la división de la isla. El canciller Lapid le trasmitió al su paralelo chipriota que “Israel observa con mucha preocupación los pasos y declaraciones unilaterales de Turquía con respecto a la situación de Verosha” (“Cancillería israelí: preocupados por los pasos unilaterales de Turquía contra Chipre”, Ynet, 20-7-21).

¿Dónde retumba el doble rasero israelí?   

Según la ley titulada de Propietarios Ausentes de 1950, el Estado de Israel se apropió de todo bien cuyo dueño (palestino) abandonó el país hacia otro país enemigo de Israel durante la guerra de independencia. Estos bienes (principalmente viviendas y tierras) quedaron en poder del Estado de Israel y/o fueron trasferidas a instituciones públicas/privadas o directamente a personas. En la misma ocasión, un proceso similar se sucedió en regiones que quedaron bajo dominio del gobierno jordano (principalmente en lo que es hoy Jerusalén Oriental y Hebrón) quien se apropió de bienes de judíos que abandonaron la región. En esta oportunidad, el gobierno jordano cedió estas viviendas a refugiados palestinos que huyeron o fueron desterrados de Israel y cuyas familias viven en ellos hasta hoy.

Como consecuencia de la guerra de los 6 días en 1967, Jerusalén Oriental fue declarada territorio bajo soberanía israelí. Como consecuencia de ello, y según interpretación legal de la justicia israelí, judíos que fueron despojados de sus bienes en Jerusalén Oriental durante la guerra de independencia, o sus descendientes, tienen el derecho a desalojar a sus habitantes de hoy y recuperar sus bienes. Al refugiado palestino que vive en esos bienes y que fue despojado de su vivienda en Jerusalén Occidental u otra parte de Israel, carece de todo derecho a demandar restitución o indemnización. ¿Lapid no se mira en el espejo cuando critica a los polacos? Si la conducta de los polacos es injusticia e ignominia, ¿cómo se debe catalogar la conducta israelí que protege a judíos despojados y abandona a otros también despojados que viven bajo territorio soberano israelí, por el solo motivo de no ser judíos?

También en la intervención de Lapid con referencia a la decisión de la empresa Ben & Jerrys exhala un fuerte tufo de hipocresía y uso de doble rasero. Tan solo tres semanas con anterioridad, Israel fue el único país del mundo que se acopló a USA para demandar en ONU la continuidad del embargo y boicot internacional a Cuba (“Pese al clamor de la ONU y aun con Biden, EE. UU. mantiene el embargo sobre Cuba”, France 24, 23-6-21). ¿Cuál es el mensaje de Lapid? ¿Embargo y boicot a Cuba es judío y Kosher, mientras se considera antisemitismo la prohibición a una sucursal de empresa estadounidense por la venta no autorizada de productos en Cisjordania según condición explícita en contrato previo, área ocupada militarmente por Israel? ¿Se dará cuenta que realmente está banalizando el antisemitismo?

Sin lugar a dudas, el colmo del uso del doble rasero se lo lleva su crítica a Turquía por la colonización civil de parte de Chipre. El típico caso que el muerto se asusta del degollado. Es cierto, a medida de Erdogan es claramente criticable. Ningún país en el mundo reconoce tal derecho turco en esa región. Pero por la misma razón, nadie en el mundo reconoce soberanía israelí en Cisjordania. ¿Qué pretende hipócritamente Lapid? ¿Que el mundo critique a Erdogan, pero aplauda a Israel mientras continúa colonizando Cisjordania, al igual que Erdogan, por medio de las botas y metralla en contradicción con decisiones de ONU y la oposición de todos los países del mundo?

En tanto y en cuanto Israel continúe con sus políticas exigiendo el excepcionalísimo judío e israelí bajo la protección del servilismo estadounidense frente a la masiva financiación a candidatos a elecciones en USA, la difusión de las posiciones israelíes (conocida como Hasbara) continuará con su rotundo y conocido fracaso ante las sociedades del mundo. Escudarse en el antisemitismo es un arma de doble filo que termina por generalizar, popularizar y legitimar justamente el antisemitismo. La realidad está delante los ojos de todos.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 29-7-2021

http://daniel.kupervaser.com/

kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD     

Canadá y el PMA ayudan a las familias palestinas vulnerables a superar las dificultades en Gaza

02 de agosto de 2021

JERUSALÉN – El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) acogió con agrado una contribución de 2 millones de dólares canadienses (aproximadamente 1,7 millones de dólares estadounidenses) del Gobierno de Canadá para proporcionar asistencia alimentaria muy necesaria durante dos meses a más de 64.000 personas en la Franja de Gaza que han sido los más afectados por la reciente escalada armada y la pandemia de COVID-19 en curso.

“El reciente conflicto ha causado una destrucción significativa y ha aumentado el sufrimiento de la población de Gaza que ya ha estado lidiando con grandes desafíos con pocas perspectivas de avance”, dijo el Representante y Director de País del PMA, Samer AbdelJaber. «Estamos agradecidos por el apoyo constante y generoso de Canadá, que nos ayuda a llevar comida a la mesa de muchos palestinos vulnerables».

Un estudio reciente realizado por las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea poco después de las hostilidades de 11 días en mayo de 2021 en Gaza muestra un empeoramiento de las condiciones sociales. La Evaluación Rápida de Daños y Necesidades (RDNA) pronostica que el desempleo y la pobreza, que ya eran altos antes de las hostilidades, aumentarán en dos y 2.3 puntos porcentuales respectivamente. Desempleo y pobreza, los dos factores clave de la inseguridad alimentaria en Gaza. La pobreza en Gaza es actualmente un aumento de 16,3 puntos porcentuales por encima de los niveles de 2016-2017.

“El PMA es un socio mundial del Gobierno de Canadá desde hace mucho tiempo y desempeña un papel fundamental en la mejora de la seguridad alimentaria de las personas vulnerables en situaciones de crisis en todo el mundo”, dijo Robin Wettlaufer, Representante de Canadá en Ramallah.

Las familias recibirán un vale electrónico de alimentos con un crédito de US $ 10.30 por persona por mes para comprar alimentos diversos de su elección en 200 tiendas minoristas designadas. La mayoría de las personas que recibirán este apoyo son mujeres y niños que luchan para llegar a fin de mes a raíz de una aguda crisis humanitaria en Gaza.

El PMA ha estado utilizando y ampliando el uso de cupones desde 2011 sobre la base de pruebas que demuestran su mayor impacto en el estado de la seguridad alimentaria de las personas y los efectos indirectos positivos en la economía local.   Los vales o transferencias en efectivo (CBT) brindan a las personas más libertad de elección, dignidad y flexibilidad para cobrar sus derechos según su propia conveniencia.

El PMA y sus socios están proporcionando asistencia alimentaria periódica a más de 350.000 de los no refugiados más pobres y con mayor inseguridad alimentaria en Gaza y Cisjordania. La asistencia alimentaria ha sido un salvavidas para aquellas personas que viven con menos de US $ 1 y ahora están lidiando con una presión adicional sobre sus frágiles medios de vida, nutrición y salud debido al impacto creciente de los conflictos recurrentes y COVID-19. El PMA también se coordina con el Ministerio de Desarrollo Social, las agencias de la ONU y otras partes interesadas para responder a las necesidades alimentarias inmediatas de más personas afectadas durante las emergencias.

Fuente: WAFA

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