Cemex, la empresa mexicana involucrada en el conflicto entre Israel y Palestina

Por David Ordaz, 19 mayo 2021

Esta semana, decenas de ciudadanos mexicanos y de la comunidad judía en nuestro país, se manifestaron en el Monumento a la Revolución, en contra de los ataques del gobierno de Israel a territorio de Palestina en la Franja de Gaza.

Bajo la consigna: “¡No es conflicto, es un exterminio!”, los manifestantes reclamaron los actos bélicos contra lo que denominaron “genocidio palestino”, ejecutado por Israel en la región de medio oriente.

Del otro lado del mundo, los ataques se intensificaron y hasta el momento suman más de 130 muertos y alrededor de 10,000 desplazados de diferentes territorios.

Durante la manifestación pudieron escucharse reclamos hacia el gobierno mexicano para que cancele la compra de armamento y equipo tecnológico a Israel y la suspensión de venta de cemento por parte de la empresa Cemex, el cual se utiliza para construir un muro contra Palestina en la Franja de Gaza.

En dicha movilización participaron diversos colectivos, entre ellos Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS), quien pidió al gobierno mexicano hacer un embargo militar a Israel “porque le compra armas, asesorías para la policía y hasta software para vigilar y todos esos recursos se regresan para continuar con la opresión al pueblo palestino”.

Además, hizo un llamado urgente a la cementera mexicana CEMEX para que retire sus plantas productivas de los territorios ocupados por Israel en Palestina, ya que, afirman, “lucra con el apartheid, la ocupación y la colonización israelíe contra el pueblo palestino”.

Actualmente, Cemex tiene plantas de producción de cemento y hormigón en zonas israelíes ilegales en Cisjordania, así como en los Altos del Golán y sus servicios son empleados en obras de colonias ilegales, puestos militares, en el muro entre ambos territorios y en la construcción del tren ligero en Jerusalén, que conecta colonias con la ciudad principal y Cisjordania.

“Estas acciones violan el Derecho Internacional, los derechos humanos del pueblo palestino y las obligaciones establecidas por la ONU para las empresas. También contradicen la postura del gobierno mexicano de condena a las colonias israelíes ilegales, y demuestra que CEMEX no está cumpliendo con los principios que profesa. Exigimos que CEMEX reconsidere su participación en el proyecto de colonización, ocupación y discriminación institucionalizada contra el pueblo palestino”, expresó BDS.

EL SINUOSO CAMINO DE CEMEX

Para muchos es tierra sagrada. Israel, Cisjordania, Ramallah y Jericó. Lo cierto es que durante miles de años, Israel y Palestina han vivido en una cruenta guerra que ya se cuenta en millones de víctimas.

Cientos de años han pasado y siguen las batallas, por eso en pleno siglo XXI no es una sorpresa que, hasta allá, en medio del conflicto, haya algún mexicano involucrado.

Fue en junio de 2015, cuando la aseguradora noruega KLP decidió excluir de su cartera de inversiones a Cemex, al señalar que explotaba sus recursos en territorios palestinos ocupados por Israel, produciendo cemento y hormigón que se utiliza en la construcción de asentamientos judíos, retenes militares y muros de seguridad.

Uno de los caminos principales es la carretera que une Ramallah y Jericó con el norte de Cisjordania. A lo largo de la carretera se pueden encontrar largas colinas con árboles de olivos, campamentos, aldeas árabes y asentamientos humanos.

Al llegar al retén militar de Hawara, automóviles israelíes y palestinos se separan por caminos que los llevan a sus colonias, las cuales están perfectamente definidas para no mezclarse.

El retén de Hawara fue construido con cemento de la compañía israelí ReadyMix Industries, propiedad de Cemex. Esa fue la prueba suficiente para que KLP determinara que el hormigón producido en las canteras palestinas de Cisjordania no se destina a la población local, sino a la industria israelí.

“Estas prácticas son éticamente criticables, se oponen a disposiciones internacionales y contribuyen a la prolongación del conflicto”, afirmó en ese momento la aseguradora, quien incluso apuntó a Cemex como “cómplice” de la ocupación israelí al pagar tasas y licencias al gobierno de Tel Aviv.

Las actividades de la cementera mexicana, a través de sus filiales, se encuentran en la llamada zona C, totalmente controlada por Israel, y aunque en esa parte de Palestina están los asentamientos israelíes, la comunidad internacional ha declarado que dichos asentamientos son ilegales.

A finales del 2014, Cemex dio a conocer que hasta ese momento había suministrado alrededor de 100,000 metros cúbicos de concreto para la primera etapa de la construcción de la nueva infraestructura ferroviaria de Israel. El proyecto incluía una vía desde la estación en Ashkelon a Beher-Sheba, pasando por los poblados de Sderot, Netovot y la estación de Ofakim, donde la cementera -dijo- está aportando su experiencia logística.

“El proyecto tiene muchas complejidades de ingeniería y por eso requiere el uso intensivo de concretos especiales y elementos prefabricados”, aseguraron los contratistas encargados de la obra Solel-Boneh y Eliyakim Ben Ari.

Además, resaltaron que los materiales suministrados por Cemex cumplen con los más altos estándares de calidad, ya que más que simplemente proveer concreto, está aportando una amplia gama de soluciones.

De acuerdo al sitio web oficial de Cemex, en Israel es productor y distribuidor líder de materiales para la industria de la construcción, genera una diversa gama de productos de infraestructura, incluyendo morteros, agregados y mezclas de agregados; ha contribuido de manera importante al desarrollo de infraestructura en Israel y ha proveído concreto para una variedad de importantes proyectos de construcción, complejos, incluyendo aeropuertos, centros comerciales, puertos, estaciones de energía y estadios deportivos.

La realidad es que desde 2011, Cemex tuvo problemas para asentarse en un territorio en conflicto.

En agosto de ese año, el Business & Human Rights Resource Centre de Londres publicó un artículo donde se evidenciaron las malas prácticas de la cementera mexicana, misma que respondió diciendo que sus operaciones “cumplan estrictamente con todos los requisitos legales pertinentes”.

Incluso, la compañía de la familia Zambrano respaldó los principios del Pacto Mundial de Naciones Unidas, una iniciativa de política estratégica para empresas que están comprometidas con la sostenibilidad y prácticas de negocio responsables.

En ese Pacto se sostiene que todas “las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos internacionales dentro de sus esferas de influencia, y asegurarse de que no son cómplices de abusos de derechos humanos”.

Fuente: https://susanasaenz.com

La policía israelí ataca otra vez a palestinos en el barrio de Sheikh Jarrah en Jerusalén

21 de junio de 2021

La policía israelí atacó a los residentes del distrito de Sheikh Jarrah, en la Jerusalén Oriental ocupada, que estaban bajo la amenaza de ser desalojados por la fuerza de sus hogares y a los palestinos que los apoyaban. 

Los agentes de policía israelíes atacaron a los residentes del distrito de Sheikh Jarrah de la Jerusalén Oriental ocupada, que estaban bajo la amenaza de ser desalojados por la fuerza de sus hogares, y a los palestinos que los apoyaban.

Según testigos presenciales, la policía israelí utilizó la porra para impedir que los vecinos del barrio entraran en las plazas de Sheikh Jarrah, y también utilizó la fuerza para ahuyentar a los periodistas y a los presentes para apoyar a los palestinos bajo la amenaza de ser desalojados por la fuerza de sus hogares.

La policía israelí también allanó una casa en el barrio de Sheikh Jarrah rompiendo su puerta y atacó a los residentes de la casa.

Los colonos israelíes ilegítimos lanzaron gases lacrimógenos contra los residentes del distrito Sheikh Jarrah de la Jerusalén Oriental ocupada y los palestinos en solidaridad el sábado.

Se está viviendo una gran tensión en la Mezquita de Al-Aqsa y sus alrededores, así como en el Distrito Sheikh Jarrah de la Jerusalén Oriental ocupada debido a los ataques de la policía israelí desde el 13 de abril que comenzó el mes de Ramadán.

Fuente: https://www.trt.net.tr

Reconstruyendo Gaza, una vez más: Las consecuencias del ataque de mayo de 2021

En mayo de 2021, Gaza sufrió el ataque más reciente, en el que los bombardeos aéreos israelíes mataron a 256 palestinos (incluidos 66 niños) e hirieron a casi 2.000 más

Foto destrucción en Gaza tras el alto al fuego Ashraf Amra

Por Yara M. Asi 

En 2012, Naciones Unidas lanzó una advertencia alarmante: o cambia la situación ya, o la franja de Gaza podría dejar de ser «un lugar habitable» en 2020. El desempleo, la pobreza y la inseguridad alimentaria eran elevados; el acceso al agua y a la electricidad eran irregulares; todo el territorio, construido dentro de fronteras artificiales, estaba densamente poblado y carecía de servicios. Los niños y niñas constituyen la mitad de su población y casi tres cuartas partes de la misma son personas refugiadas, que se vieron obligadas a huir de sus hogares durante la Nakba de 1948. Israel lleva restringiendo los desplazamientos hacia y desde Gaza desde principios de la década de 1990, pero las elecciones de 2006, que impulsaron a Hamás al poder en el pequeño territorio, dieron lugar a la situación actual, en la que la circulación de muchos bienes y personas dentro y fuera de Gaza está esencialmente prohibida debido al bloqueo impuesto por Israel y Egipto. Desde aquel informe, Gaza ha sufrido múltiples ataques destructivos por parte de Israel, sigue viviendo bajo el bloqueo y, más recientemente, ha tenido que hacer frente a las devastadoras consecuencias de la pandemia de COVID-19.

Se han destinado miles de millones de dólares a la reconstrucción de Gaza durante décadas, pero las condiciones no han hecho más que deteriorarse. Por esta y otras muchas razones, hoy en día se identifica a Gaza como una catástrofe humanitaria: una población civil de casi 2 millones de personas atrapada entre fuerzas políticas a las que les importa poco la vida de los inocentes en el fuego cruzado. 

En mayo de 2021, Gaza sufrió el ataque más reciente, en el que los bombardeos aéreos israelíes mataron a 256 palestinos (incluidos 66 niños) e hirieron a casi 2.000 más. Se destruyeron más de 1.000 viviendas y locales comerciales y otros 16.000 resultaron dañados. También resultaron dañadas casi 60 instalaciones educativas y casi 30 instalaciones sanitarias. Tan pronto como comenzaron los ataques aéreos, y especialmente una vez anunciado el alto el fuego, llegaron los compromisos de ayuda financiera de los donantes habituales. Sin embargo, las numerosas lecciones aprendidas de los ataques anteriores indicaban que estos esfuerzos de reconstrucción serían, en el mejor de los casos, estériles y no harían nada por abordar las causas fundamentales del conflicto. ¿Cuál es el futuro de la reconstrucción de Gaza -y de su población- tras esta última ofensiva? 

Aunque todavía se desconoce el coste final de los daños causados por la ofensiva de mayo de 2021, las estimaciones son de miles de millones de dólares. Sin embargo, muchos de los costes de esta guerra más reciente, y de las anteriores, son incalculables. Por ejemplo, Gaza estaba entrando en otra ola de COVID-19 en primavera. Sin embargo, muchos hospitales e instalaciones sanitarias resultaron dañados, incluido el principal laboratorio de análisis de COVID-19. Además, el principal médico encargado de la respuesta a la pandemia en Gaza, el Dr. Ayman Abu Alouf, fue asesinado. Las instalaciones gestionadas por Médicos Sin Fronteras también sufrieron daños. Además de limitar el acceso a los servicios sanitarios, la carga de la salud mental en Gaza es ya excesivamente alta debido a los años de guerra y bloqueo. Algunos niños y niñas, incluso de corta edad, muestran signos de estrés traumático. Cientos de miles de personas en Gaza necesitan urgentemente un apoyo a la salud mental que es difícil de proporcionar, y que es insuficiente mientras persistan las causas fundamentales de su trauma, mucho después de que hayan cesado los bombardeos. 

Aunque la falta de financiación es un obstáculo importante, la escasez de fondos no es, desde luego, exclusiva de Gaza. Es difícil encontrar una crisis humanitaria que reciba todo el apoyo financiero que necesita, o incluso la totalidad del dinero comprometido por los donantes. La ayuda al desarrollo se ha estancado en los últimos años, especialmente para las poblaciones más vulnerables, mientras que el gasto militar global sigue aumentando. Sin embargo, aparte de la pobreza y la falta de recursos financieros, Gaza se enfrenta a otros retos que son casi exclusivos de este pequeño territorio. 

El más importante, por supuesto, es el bloqueo, que ya se acerca a los 15 años. Considerado una clara violación del derecho internacional humanitario hace más de una década, el bloqueo ha sido una de las fuerzas más destructivas de Gaza. Las agencias de ayuda llevan tiempo advirtiendo de que el bloqueo dificulta la reconstrucción, por no hablar de la vida cotidiana; en 2016, menos del 10% de las viviendas destruidas en la guerra de 2014 habían sido reconstruidas. Israel tiene que aprobar todos los materiales de construcción que entran en Gaza, incluyendo tuberías, maquinaria como generadores (necesarios debido a los constantes cortes de electricidad), e incluso cemento. Debido a la percepción de estos recursos como de «doble uso» (definidos vagamente como cualquier artículo que pueda ser potencialmente utilizado para el terrorismo), Israel escudriña todas las solicitudes y limita la cantidad de estos materiales que pueden ser importados. Reconociendo esta realidad, nada más producirse el último alto el fuego, el director del CICR para Oriente Medio predijo: «El daño infligido en menos de dos semanas tardará años, si no décadas, en reconstruirse». 

La población palestina no se beneficia de las continuas condenas, repulsa o preocupación cuando sus vidas son tratadas como algo desechable. Si se vuelven a ignorar estas injusticias fundamentales, este último episodio de ataques no será el último. Se pedirá a la comunidad internacional que aporte cientos de millones de dólares para «reconstruir» Gaza, una vez más. 

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«Una versión más larga de este artículo fue publicada por primera vez en inglés por Arab Center Washington DC en: http://arabcenterdc.org/policy_analyses/rebuilding-gaza-yet-again/, publicado de nuevo con permiso».  

Yara M. Asi es postdoctorada en el Departamento de Gestión sanitaria e informática de la Universidad de Florida Central y becaria Fulbright para el curso 2020-2021 en Cisjordania.

Hamas dice que Marwan Barghouti encabeza la lista de intercambio de prisioneros

Foto: manifestantes agitan banderas con un retrato del prominente palestino encarcelado Marwan Barghouti durante una manifestación en la ciudad cisjordana de Ramala el 17 de abril de 2017 [ABBAS MOMANI/AFP. vía Getty Images].

Hamás ha declarado que dará prioridad a la liberación del alto dirigente de Al Fatah Marwan Barghouti en cualquier acuerdo de intercambio de prisioneros con Israel. Esto se ha revelado tras una reunión entre el jefe de la oficina política del Movimiento de Resistencia Islámica Palestina, Ismail Haniyeh, y Fadwa Barghouti, la esposa de este hombre de 62 años que va a cumplir 20 años en una prisión israelí.

Haniyeh habló con la esposa de Barghouti en presencia de varios dirigentes destacados del movimiento a principios de este mes en El Cairo. Una alta fuente de Hamás que estuvo presente en la reunión declaró a Al-Monitor que Haniyeh ha dado prioridad a la liberación de Barghouti. Fadwa Barghouti recibió garantías de que su marido será el primero de la lista en cualquier futuro acuerdo de intercambio de prisioneros con Israel.

Según la fuente, que habló bajo condición de anonimato, Haniyeh y los funcionarios egipcios discutieron la posibilidad de un nuevo acuerdo con Israel. Los mediadores egipcios creen que aún no es el momento de avanzar en las conversaciones con los israelíes, y sugirieron posponer la cuestión hasta que el nuevo gobierno se ponga a trabajar.

Sin embargo, no está nada claro si el gobierno dirigido por el nacionalista de extrema derecha Naftali Bennett estará abierto a un intercambio de prisioneros. Es aún más extremista que su predecesor, Benjamin Netanyahu.

«Creo que el nuevo primer ministro israelí, conocido por decir que hay que matar a los terroristas y no liberarlos, será más cauto a la hora de cerrar un acuerdo de intercambio que podría dar lugar a la liberación de prisioneros que tienen un historial de operaciones militares planificadas que mataron a muchos israelíes», dijo Talal Oka, del periódico Al-Ayyam.

Hamás afirma que tiene en su poder a cuatro soldados israelíes que fueron capturados durante la embestida israelí de 2014 contra la Franja de Gaza, durante la cual murieron más de 2.200 palestinos y más de 17.000 resultaron heridos. Israel, sin embargo, cuestiona esa cifra. Además, sigue manteniendo a 4.500 palestinos en sus cárceles.

Barghouti es considerado el sucesor natural de Mahmud Abbas, de 85 años, y la persona ideal para unir a las facciones políticas palestinas. Según las últimas encuestas, es el líder palestino más popular, lo que significa que tendría muchas posibilidades de ganar las elecciones presidenciales. Sin embargo, esto podría jugar en su contra. Los críticos sostienen que uno de los medios por los que Israel puede mantener su brutal ocupación es mantener a los palestinos divididos política y geográficamente.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Israel mantiene separados a padre e hija durante décadas mediante detención administrativa

Foto de archivo: hombres palestinos sentados con sus uniformes penitenciarios marrones tras un cristal hablando por teléfono con sus familiares el 5 de marzo de 2006 en la prisión de Gilboa, Israel [HAGAI AHARON/AFP via Getty Images].

22 de junio de 2021

Cuando nació su única hija, en abril de 1993, Jamal Taweel se encontraba en el sur del Líbano tras ser exiliado por las fuerzas israelíes por su pertenencia al grupo de resistencia palestino Hamás.

«Fue exiliado al sur del Líbano junto con cientos de líderes de Hamás cinco meses antes del nacimiento de nuestra hija Bushra», dijo su esposa, Montaha, de 56 años, a la Agencia Anadolu.

A Taweel sólo se le permitió regresar a la Cisjordania ocupada para reunirse con su familia cuando su hija tenía varios meses.

«La vio por primera vez cuando tenía 5 meses. Sin embargo, lo volvieron a detener antes de que Bushra cumpliera un año y lo mantuvieron bajo detención administrativa», dijo.

Ex jefe del municipio de Al-Bireh, Taweel fue detenido por las fuerzas israelíes en la puerta de su casa aquel 1 de junio. Al día siguiente, el tribunal militar de Ofer dictó una orden de detención administrativa contra él.

En noviembre del año pasado, el mismo tribunal dictó una orden de detención administrativa contra su hija mayor, que ahora tiene 28 años, y la renovó en marzo.

En protesta por la detención administrativa de su hija, Taweel ha iniciado una huelga de hambre indefinida para exigir su liberación.

Desde que comenzó su huelga, las autoridades israelíes mantienen a Taweel aislado en la prisión de Hasharon. Se le han negado las visitas familiares.

«¿Es justo negar una reunión familiar sólo por la detención administrativa de Israel y sin ninguna acusación?», preguntó su esposa.

La política de detención administrativa permite a las autoridades israelíes prolongar la detención de un preso sin cargos ni juicio.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

El retorno a Palestina, fundamento de la OLP

Fuentes: Rebelión
 

La Nakba, una realidad muy viva, persistirá como una herida abierta, hasta que sea rectificada. Después de esto, permanecerá como una memoria indeleble. La Nakba fue lo que motivó el establecimiento de la Organización para la Liberación de Palestina, «la organización de los refugiados», con el fin de alcanzar su primer y más importante objetivo, que es el retorno a su tierra natal. El derecho al retorno: un derecho inviolable y factible. (Texto publicado en Al-Quds el 21 de mayo de 2000 y reproducido en Nación Árabe, núm. 43, Invierno de 2001. Traducción del inglés de María Iráizoz, N.Á.) Autor: Salmán Abu Sitta. Investigador palestino, autor de un definitivo informe sobre el éxodo palestino de 1948, a partir del cual se publicó en castellano Al- Nakba (El Desastre). El desalojo sionista de Palestina en 1948 como suplemento de Nación Árabe, núm. 35, 1998

 

No es ya el reconocimiento del derecho al retorno que consta en todos los organismos internacionales, sobre todo en tiempos durante los cuales el sionazismo y el imperialismo intentan hacerlos desaparecer e imponer su dominación como única ley, sin más, robando a todos los pueblos. Emplean al pueblo palestino en sentido geoestratégico, la ocupación, el expansionismo y el genocidio, su propósito general antiderechos. Los pies de los pueblos salen del suelo del mundo, una parte de ellos son los del pueblo palestino. El propósito con la creación de la OLP era recuperar  el país, lo inmediato y el horizonte. La Resistencia, desde los territorios del 48 hasta los campos de refugiados y los Resistentes esparcidos por el mundo, ha actuado unida, el deseo tan ansiado por todos ha puesto en primer plano la recuperación de la Organización para la Liberación de Palestina, su habilitarla como casa de toda la Resistencia, acerca el Derecho inalienable a la casa común.

El 10 de mayo de 1967 los sionazis asaltaron Jerusalén, un desafío a la Ley Internacional que declara que Al Quds tiene un estatuto especial de protección para la convivencia. El desfile del odio de banderas del ente israelí, el escudo de Rothschild, y sus gritos de muerte a los árabes muestran al mundo el proyecto de sus financiadores. Numerosos dirigentes palestinos se concentraron con su pueblo en la Puerta de Damasco para declarar que la bandera que representan y a su alrededor se agitaba es la bandera de la ciudad, la capital de Palestina.

En la historia figuran los pueblos que se identifican con el que tanto sufre y lucha por el Derecho de todos, y sin embargo la propaganda sionazi dice que los neocolonizadores conforman la única democracia de la región: financian grupos terroristas, atacan y ocupan territorios de los países del entorno, cometen crímenes selectivos, hacen miles de prisioneros entre el pueblo palestino, desde niños hasta ancianos, roban el agua, roban las tierras, roban las casas, ejecutan el apartheid, son racistas en base a su objetivo y la formación de su establecimiento, bombardean diariamente y bloquean, diariamente roban el agua, los alimentos, las medicinas a Gaza, y defecan sobre los acuerdos de ley del mundo que salió de la última Guerra Mundial para con ellos decirse civilizado.

Por último, el cambio de Netanyahu por Bennet, un sionazi declarado por otro sionazi declarado, se corresponde con el encuentro de Biden con Putin, que buscaban por motivos distintos parar o alejar el peligro de una posible guerra en la que se verían envueltos, pues esos eran los planes de Netanyahu con el asalto final a toda Cisjordania, el ataque total a Siria, el ataque a Irán e Irak, donde se ha hecho autor de la comisión de asesinatos selectivos, la continua provocación a Líbano, … el genocidio que afila contra Gaza, Netanyahu-Trump había dirigido el desgaste que alcanzaba a las potencias. El cambio de Trump por Biden no significa un cambio estratégico, es solo un movimiento táctico porque como Trump, Netanyahu había agotado su papel, y EEUU debía ganar tiempo para rehacer la putrefacta imagen internacional que ha dejado la entidad israelí, y además tratar de contener la crisis en todos los órdenes, interno y externo, general, que pone en peligro la existencia del ente. Por si quedan dudas debemos añadir que Naftali Bennet es elegido entre los votantes sionistas con el 6% de los votos; un sionazi, que se reconoce él mismo como un asesino de árabes, y con el 6% de los votantes ¿es alternativa para el estado profundo estadounidense representado por Biden? Son las potencias las que parece que han quitado del medio a Netanyahu, y han puesto a Bennet para que la situación tome un respiro. Pero no olvidemos que EEUU lo hace porque los actores naturales han cuestionado su política en la región, y una vez que se recupere volverá con fuerza a perseguir su objetivo.

Por eso es tan sumamente importante la reorganización de la OLP sobre la base de la unidad en su dirección y en el objetivo del retorno a la patria, soberanía, independencia, libertad de Palestina. La solidaridad internacionalista será la primera en darle su abrazo.

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y Resistencia; Dietario de Crisis;  Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de Estudios Sociales  AMANE,  Miembro de la Alianza Europea para la Solidaridad con los Detenidos Palestinos. Miembro del Frente Antiimperialista Internacionalista.

Es hora de cambiar el lenguaje sobre Palestina e Israel

Fuentes: Monitor de Oriente Foto: concentración en el centro de Londres, antes de una marcha en solidaridad con el pueblo palestino. (Mayo de 2021)
 

El 25 de mayo, el famoso actor estadounidense Mark Ruffalo tuiteó una disculpa por haber sugerido que Israel está cometiendo un «genocidio» en Gaza.

He reflexionado y quiero disculparme por los mensajes publicados durante los recientes combates entre Israel y Hamás que sugerían que Israel está cometiendo un «genocidio»», escribió Ruffalo, añadiendo: «No es preciso, es incendiario, irrespetuoso y se está utilizando para justificar el antisemitismo, aquí y en el extranjero. Ahora es el momento de evitar la hipérbole».

Pero, ¿fueron las anteriores apreciaciones de Ruffalo, en efecto, «no precisas, incendiarias e irrespetuosas»? ¿Y equiparar la guerra de Israel contra la asediada y empobrecida Gaza con el genocidio entra en la clasificación de «hipérbole»?

Para evitar inútiles peleas en las redes sociales, basta con referirse a la «Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio». Según el artículo 2 de la Convención de 1948, la definición legal de genocidio es: «Cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, tales como: a) Matar a los miembros del grupo; b) Causar graves daños físicos o mentales a los miembros del grupo; c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial».

En su descripción de la última guerra de Israel contra Gaza, el grupo de derechos humanos con sede en Ginebra, Euro-Med Monitor, informó: «Las fuerzas israelíes atacaron directamente a 31 familias extensas. En 21 casos, las casas de estas familias fueron bombardeadas mientras sus residentes estaban dentro. Estas incursiones provocaron la muerte de 98 civiles, entre ellos 44 niños y 28 mujeres. Entre las víctimas había un hombre con su esposa e hijos, madres con sus hijos o hermanos menores. Hubo siete madres que murieron junto con cuatro o tres de sus hijos. El bombardeo de estas casas y edificios se produjo sin previo aviso, a pesar de que las fuerzas israelíes sabían que había civiles en su interior.»

Hasta el 28 de mayo, 254 palestinos de Gaza habían muerto y 1.948 habían resultado heridos en la última embestida israelí de 11 días, según el Ministerio de Sanidad palestino. Aunque trágica, esta cifra es relativamente pequeña en comparación con las víctimas de guerras anteriores. Por ejemplo, en la guerra israelí de 51 días contra Gaza en el verano de 2014, murieron más de 2.200 palestinos y más de 17.000 resultaron heridos. Asimismo, familias enteras, como la familia Abu Jame de 21 miembros en Khan Younis, también perecieron. ¿No es esto un genocidio? La misma lógica puede aplicarse a los asesinatos de más de 300 manifestantes desarmados en la valla que separa la Gaza asediada de Israel entre marzo de 2018 y diciembre de 2019. Además, el asedio y el aislamiento absoluto de más de dos millones de palestinos en Gaza desde 2006-2007, que ha provocado numerosas tragedias, es un acto de castigo colectivo que también merece la designación de genocidio.

No hace falta ser un experto en derecho para identificar los numerosos elementos de genocidio en el comportamiento violento de Israel, por no hablar de su lenguaje, contra los palestinos. Existe una relación clara e innegable entre el discurso político violento de Israel y la acción igualmente violenta sobre el terreno. El que podría ser el próximo primer ministro de Israel, Naftali Bennett, que ha desempeñado el papel de ministro de Defensa, declaró en julio de 2013: «He matado a muchos árabes en mi vida – y no hay ningún problema con eso».

Teniendo en cuenta este contexto, e independientemente de por qué Ruffalo consideró necesario dar marcha atrás en su posición moral, Israel es un violador impenitente de los derechos humanos que sigue llevando a cabo una política activa de genocidio y limpieza étnica contra los habitantes nativos e indígenas de Palestina.

El lenguaje es importante, y en este «conflicto» en particular, es lo que más importa, porque Israel ha logrado, durante mucho tiempo, escapar de cualquier responsabilidad por sus acciones, debido a su éxito en tergiversar los hechos y la verdad general sobre sí mismo. Gracias a sus numerosos aliados y partidarios en los principales medios de comunicación y en el mundo académico, Tel Aviv ha pasado de ser un ocupante militar y un régimen de apartheid a un «oasis de democracia», de hecho, «la única democracia de Oriente Medio».

Este artículo no tratará de cuestionar la totalidad de la descripción errónea que los medios de comunicación dominantes hacen de Israel. Para ello se necesitan volúmenes, y los diez mitos sobre Israel del profesor israelí Ilan Pappé son un importante punto de partida. Sin embargo, este artículo intentará presentar algunas definiciones básicas que deben entrar en el léxico palestino-israelí, como requisito previo para desarrollar una comprensión más justa de lo que está sucediendo sobre el terreno.

Una ocupación militar – no un «conflicto

Con bastante frecuencia, los principales medios de comunicación occidentales se refieren a la situación de Palestina e Israel como un «conflicto», y a los diversos elementos específicos de este supuesto conflicto como una «disputa». Por ejemplo, el «conflicto palestino-israelí» y la «ciudad disputada de Jerusalén Este».

Lo que debería ser una verdad evidente es que los pueblos asediados y ocupados no entran en «conflicto» con sus ocupantes. Además, un «conflicto» se produce cuando dos partes tienen reivindicaciones igualmente convincentes sobre cualquier cuestión. Cuando las familias palestinas de Jerusalén Este se ven obligadas a abandonar sus hogares, que a su vez son entregados a extremistas judíos, no hay ninguna «disputa«. Los extremistas son ladrones y los palestinos son víctimas. Esto no es una cuestión de opinión. Lo dice la propia comunidad internacional.

«Conflicto» es un término genérico. Además de absolver al agresor -en este caso, Israel-, deja todas las cuestiones abiertas a la interpretación. Como el público estadounidense está adoctrinado para amar a Israel y odiar a los árabes y musulmanes, ponerse del lado de Israel en su «conflicto» con estos últimos se convierte en la única opción racional.

Israel ha mantenido una ocupación militar del 22% de la extensión total de la Palestina histórica desde junio de 1967. El resto de la patria palestina ya fue usurpada, utilizando la violencia extrema, el apartheid sancionado por el Estado y, como dice Pappé, el «genocidio gradual» décadas antes.

Desde la perspectiva del derecho internacional, los términos «ocupación militar», «Jerusalén Este ocupado», «asentamientos judíos ilegales», etc., nunca han sido «discutidos». Son simplemente hechos, aunque Washington haya decidido ignorar el derecho internacional y aunque los principales medios de comunicación estadounidenses hayan optado por manipular la terminología para presentar a Israel como víctima, no como agresor.

Proceso sin paz

El término «proceso de paz» fue acuñado por los diplomáticos estadounidenses hace décadas. Se utilizó a mediados y finales de la década de 1970, cuando el entonces Secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, se esforzó por negociar un acuerdo entre Egipto e Israel con la esperanza de fragmentar el frente político árabe y, finalmente, dejar a El Cairo totalmente al margen del «conflicto árabe-israelí».

La lógica de Kissinger resultó ser vital para Israel, ya que el «proceso» no pretendía alcanzar la justicia según los criterios fijos delineados por las Naciones Unidas durante años. Ya no había ningún marco de referencia. Si existía alguno, eran las prioridades políticas de Washington que, históricamente, coincidían casi por completo con las de Israel. A pesar de la evidente parcialidad de Estados Unidos, este país se otorgó a sí mismo el inmerecido título de «el honesto agente de la paz».

Este enfoque se utilizó con éxito en la redacción de los Acuerdos de Camp David en 1978. Uno de los mayores logros de los acuerdos es que el llamado «conflicto árabe-israelí» fue sustituido por el llamado «conflicto palestino-israelí».

El «proceso de paz» volvió a utilizarse en 1993, dando lugar a los Acuerdos de Oslo. Durante casi tres décadas, Estados Unidos siguió pregonando sus autoproclamadas credenciales como pacificador, a pesar de que inyectaba -y sigue haciéndolo- entre 3.000 y 4.000 millones de dólares anuales de ayuda, sobre todo militar, a Israel.

Por otro lado, los palestinos tienen poco que mostrar. No se logró la paz; no se obtuvo justicia; no se devolvió ni un centímetro de tierra palestina y no se permitió el regreso de un solo refugiado palestino a su hogar. Sin embargo, los funcionarios estadounidenses y europeos y un enorme aparato mediático siguieron hablando de un «proceso de paz» sin tener en cuenta el hecho de que el «proceso de paz» no ha traído más que guerra y destrucción para Palestina, y ha permitido a Israel continuar con su apropiación y colonización ilegal de tierras palestinas.

Resistencia, liberación nacional – no «terrorismo» y «construcción del Estado»

El «proceso de paz» introdujo algo más que la muerte, el caos y la normalización del robo de tierras en Palestina. También forjó su propio lenguaje, que sigue vigente hasta hoy. Según el nuevo léxico, los palestinos se dividen en «moderados» y «extremistas». Los «moderados» creen en el «proceso de paz» dirigido por Estados Unidos, en las «negociaciones de paz» y están dispuestos a hacer «compromisos dolorosos» para obtener la ansiada «paz». Por otro lado, los «extremistas» son el grupo «respaldado por Irán» y políticamente «radical» que utiliza el «terrorismo» para satisfacer sus «oscuras» agendas políticas.

Pero, ¿es este el caso? Desde la firma de los Acuerdos de Oslo, muchos sectores de la sociedad palestina, incluidos musulmanes y cristianos, islamistas y secularistas y, sobre todo, socialistas, se resistieron a los injustificados «compromisos» políticos asumidos por sus dirigentes, que percibían como una traición a los derechos básicos de los palestinos. Mientras tanto, los «moderados» han gobernado en gran medida a los palestinos sin mandato democrático. Este pequeño pero poderoso grupo introdujo una cultura de corrupción política y financiera, sin precedentes en Palestina. Aplicaron la tortura contra los disidentes políticos palestinos siempre que les convenía. Washington no sólo no criticó el pésimo historial de derechos humanos de la «moderada» Autoridad Palestina (AP), sino que la aplaudió por su represión de quienes «incitan a la violencia» y su «infraestructura terrorista».

Un término como «resistencia» -muqawama- fue extirpado lenta pero cuidadosamente del discurso nacional palestino. El término «liberación» también se percibió como un término de confrontación y hostil. En su lugar, empezaron a imponerse conceptos como «construcción del Estado», defendido por el ex primer ministro palestino Salam Fayyad y otros. El hecho de que Palestina siguiera siendo un país ocupado y de que la «construcción del Estado» sólo pudiera lograrse una vez asegurada la «liberación», no parecía importar a los «países donantes». Las prioridades de estos países -principalmente aliados de Estados Unidos que se adhirieron a la agenda política de este país en Oriente Medio- era mantener la ilusión del «proceso de paz» y garantizar que la «coordinación de seguridad» entre la policía de la AP y el ejército israelí siguiera adelante, sin interrupción.

La llamada «coordinación de seguridad», por supuesto, se refiere a los esfuerzos conjuntos de Israel y la AP financiados por Estados Unidos para reprimir la resistencia palestina, detener a los disidentes políticos palestinos y garantizar la seguridad de los asentamientos judíos ilegales, o colonias, en la Cisjordania ocupada.

Guerra y, sí, genocidio en Gaza – no «conflicto Israel-Hamas»

La palabra «democracia» aparecía constantemente en el nuevo lenguaje de Oslo. Por supuesto, no tenía la intención de servir a su significado real. Por el contrario, era la guinda del pastel para hacer perfecta la ilusión del «proceso de paz». Esto era obvio, al menos para la mayoría de los palestinos. También resultó obvio para todo el mundo en enero de 2006, cuando la facción palestina Fatah, que ha monopolizado la AP desde su creación en 1994, perdió el voto popular frente a la facción islámica, Hamás.

Hamás, y otras facciones palestinas, han rechazado -y siguen rechazando- los Acuerdos de Oslo. Su participación en las elecciones legislativas de 2006 cogió a muchos por sorpresa, ya que el propio Consejo Legislativo Palestino (CLP) era un producto de Oslo. Su victoria en las elecciones, clasificadas como democráticas y transparentes por los grupos de supervisión internacionales, supuso un revés para los cálculos políticos de Estados Unidos, Israel y la AP.

He aquí que el grupo que durante mucho tiempo ha sido percibido por Israel y sus aliados como «extremista» y «terrorista» se convirtió en los posibles líderes de Palestina. Los asesores de Oslo tuvieron que ponerse en marcha para frustrar la democracia palestina y garantizar un retorno exitoso al statu quo, incluso si esto significaba que Palestina estuviera representada por líderes no elegidos y no democráticos. Lamentablemente, este ha sido el caso durante casi 15 años.

Mientras tanto, había que escarmentar al bastión de Hamás, la Franja de Gaza, y de ahí el asedio impuesto a la empobrecida región desde hace casi 15 años. El asedio a Gaza tiene poco que ver con los cohetes de Hamás o con las necesidades de «seguridad» de Israel, el derecho a «defenderse» y su deseo supuestamente «justificable» de destruir la «infraestructura terrorista» de Gaza. Si bien es cierto que la popularidad de Hamás en Gaza no tiene parangón en ningún otro lugar de Palestina, Al Fatah también tiene un poderoso grupo de apoyo allí. Además, la resistencia palestina en la franja no es defendida únicamente por Hamás, sino también por otros grupos ideológicos y políticos, por ejemplo, la Yihad Islámica, el socialista Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y otros grupos socialistas y laicos.

Tergiversar el «conflicto» como una «guerra» entre Israel y Hamás es crucial para la propaganda israelí, que ha conseguido equiparar a Hamás con grupos militantes de todo Oriente Medio e incluso de Afganistán. Pero Hamás no es Daesh, Al-Qaeda o los talibanes. De hecho, ninguno de estos grupos es similar, de todos modos. Hamás es un movimiento nacionalista islámico palestino que opera dentro de un contexto político mayoritariamente palestino. Un libro excelente sobre Hamás es el volumen recientemente publicado por el Dr. Daud Abdullah, Engaging the World. El libro de Abdullah presenta acertadamente a Hamás como un actor político racional, arraigado en sus convicciones ideológicas, pero flexible y pragmático en su capacidad de adaptarse a los cambios geopolíticos nacionales, regionales e internacionales.

Pero, ¿qué gana Israel con la caracterización errónea de la resistencia palestina en Gaza? Además de satisfacer su campaña de propaganda de vincular erróneamente a Hamás con otros grupos antiestadounidenses, también deshumaniza por completo al pueblo palestino y presenta a Israel como un socio en la llamada «guerra contra el terror» global de Estados Unidos. Los políticos neofascistas y ultranacionalistas israelíes se convierten entonces en los salvadores de la humanidad, se perdona su violento lenguaje racista y su «genocidio» activo se considera un acto de «autodefensa» o, en el mejor de los casos, un mero estado de «conflicto».

El opresor como víctima

Según la extraña lógica de los medios de comunicación dominantes, los palestinos rara vez son «asesinados» por los soldados israelíes, sino que «mueren» en «enfrentamientos» resultantes de diversas «disputas». Israel no «coloniza» la tierra palestina; simplemente se «anexiona», se «apropia» y «captura», etc. Lo que ha estado ocurriendo en el barrio de Sheikh Jarrah, en el Jerusalén Oriental ocupado, por ejemplo, no es un robo absoluto de la propiedad, que conduzca a una limpieza étnica, sino una «disputa por la propiedad».

La lista es interminable.

En realidad, el lenguaje siempre ha formado parte del colonialismo sionista, mucho antes de que el propio Estado de Israel se construyera a partir de las ruinas de los hogares y pueblos palestinos en 1948. Palestina, según los sionistas, era «una tierra sin pueblo» para «un pueblo sin tierra». Estos colonos nunca fueron «colonos ilegales», sino «judíos retornados» a su «patria ancestral», que, mediante el trabajo duro y la perseverancia, consiguieron «hacer florecer el desierto» y, para defenderse de las «hordas de árabes», necesitaron construir un «ejército invencible».

No será fácil deconstruir el aparentemente interminable edificio de mentiras, medias verdades y tergiversaciones intencionadas del colonialismo sionista israelí en Palestina. Sin embargo, no puede haber alternativa a esta hazaña porque, sin una comprensión y una representación adecuadas, precisas y valientes del colonialismo israelí de los colonos y de la resistencia palestina a él, Israel seguirá oprimiendo a los palestinos mientras se presenta como la víctima.

Fuente: Rebelión 

En una carta abierta, 680 personas influyentes instan a Biden a defender los derechos de los palestinos

WASHINGTON, domingo 20 de junio de 2021 (WAFA) – Más de 680 líderes e influyentes mundiales en los campos de la ciencia, la academia, la sociedad civil, la fe y más han instado al presidente de EE. UU., Joe Biden, a que cumpla sus compromisos de proteger los derechos humanos de la Palestinos.

En una carta abierta publicada el jueves, el grupo pidió al presidente de Estados Unidos que coloque «los derechos humanos en el centro de la política exterior de Estados Unidos».

Los signatarios incluyen ONG palestinas, Christian Aid, la ex presidenta irlandesa Mary Robinson, el académico israelí expatriado Ilan Pappe, el académico estadounidense Noam Chomsky, el ex fiscal general de Israel Michael Ben-Yair y el ex presidente de la Knesset Avraham Burg, entre otros.

La carta sigue a la juramentación del nuevo gobierno de coalición de Israel bajo el liderazgo del primer ministro de extrema derecha Naftali Bennet, así como a un compromiso de los estados del G7 la semana pasada de «aprovechar el poder de la democracia, la libertad, la igualdad, el gobierno de la ley y el respeto a los derechos humanos para responder a las mayores interrogantes y superar los mayores desafíos «.

Los grupos e individuos de 75 países pidieron a Biden que garantice la «responsabilidad de las autoridades israelíes que violan los derechos de los palestinos», apliquen «presión diplomática concertada» para poner fin a su «discriminación y opresión cada vez mayor» de los palestinos y poner fin a la política de Washington de mantener el «statu quo político desprovisto de justicia y responsabilidad».

La carta abierta dice: «Su administración se ha comprometido con una política exterior» centrada en la defensa de la democracia y la protección de los derechos humanos. Más recientemente, usted declaró: «Creo que los palestinos y los israelíes merecen igualmente vivir con seguridad y seguridad, y disfrutar de medidas iguales de libertad, prosperidad y democracia. «Para los palestinos, el espacio entre estas declaraciones y su vida diaria no podría ser más amplio».

» El despojo forzoso de palestinos en la Cisjordania ocupada, incluidas las familias que viven en los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan en Jerusalén Oriental, y las acciones agresivas de las fuerzas israelíes contra manifestantes pacíficos y fieles en la mezquita de Al-Aqsa, son la última evidencia de una sistema de gobierno separado y desigual », agrega la carta.

Continúa, “Estas políticas desenredan el tejido social de las comunidades y socavan cualquier progreso hacia un futuro democrático, justo y pacífico. La lógica que los impulsa ha llevado al reciente desplazamiento de 72.000 palestinos en Gaza que también deben sobrevivir a la crisis humanitaria en curso causada por un bloqueo de 14 años ».

» De cara al futuro, Estados Unidos debe abordar las causas fundamentales de la violencia que las sucesivas administraciones han descuidado. Su administración debe aplicar una presión diplomática concertada para ayudar a poner fin a la discriminación y la opresión sistémica en constante expansión y garantizar la rendición de cuentas de las autoridades israelíes que violan los derechos de los palestinos ».

Fuente: WAFA 

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