Palestina: Netanyahu busca una “explosión” para salvar su trono

Foto: el premier israelí, Benjamín Netanyahu, en una reunión en Al-Quds (Jerusalén), 1 de septiembre de 2019. (Foto: Reuters).

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) afirma que el premier de Israel intenta exacerbar las tensiones en la ocupada Al-Quds para salvar el pellejo.

El pasado miércoles, los partidos de la oposición de Israel anunciaron un acuerdo para la formación de un gabinete y terminar así con los 12 años de mandato de Netanyahu.

Mediante un comunicado emitido el domingo, el ministro de Asuntos Exteriores de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) declaró que el premier israelí está tratando de activar una nueva espiral de violencia contra los palestinos, en particular, en la ciudad de Al-Quds (Jerusalén), a través de la “explosión” de la situación para evitar la concreción de la llamada coalición israelí de “cambio” que amenaza fuertemente con echarlo del poder.

Netanyahu intenta “frustrar la formación del llamado gabinete de cambio en Israel, haciendo estallar la situación en Al-Quds (Jerusalen) y escalando la agresión contra los lugares sagrados y sus ciudadanos”, se lee en la nota.

Además, apostilla que el régimen de Tel Aviv busca “socavar” todos los esfuerzos tanto regionales como internacionales destinados a consolidar el alto el fuego sin condiciones con la Resistencia Palestina que fue aceptado por Israel el 21 de mayo.

La ANP divulgó el comunicado poco después de que Israel renovase sus ataques contra el barrio Sheij Yarah en Al-Quds (Jerusalén), agrediendo a manifestantes y periodistas. Es más, en el último episodio de hostilidades, la policía israelí asaltó la casa de la destacada activista palestina, Muna al-Kurd y la detuvo.

El régimen israelí está utilizando exactamente la misma táctica, para agravar la situación en los territorios ocupados que usó el mes pasado.

Del 10 al 21 de mayo, el mundo fue testigo de otra escalada en la ofensiva militar de Israel contra la Franja de Gaza. Unos 290 palestinos, incluyendo 69 niños, perdieron la vida en Gaza como consecuencia de los ataques perpetrados por el régimen de Tel Aviv, tal como reporta el Ministerio palestino de Salud.

Fuente: HispanTV 

Relator de la ONU: ‘Israel recurre a bandas armadas para agredir a palestinos’

06 de junio de 2021

El relator especial de las Naciones Unidas sobre cuestiones de las minorías, Fernand de Varennes, condenó el miércoles las atrocidades perpetradas por los grupos israelíes de extrema derecha, incluidos los colonos, contra los palestinos, con el respaldo de las fuerzas israelíes.
Un relator de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desvela que el régimen de Israel da respaldo a las bandas armadas que agreden a palestinos.

El relator especial de las Naciones Unidas sobre cuestiones de las minorías, Fernand de Varennes, condenó el miércoles las atrocidades perpetradas por los grupos israelíes de extrema derecha, incluidos los colonos, contra los palestinos, con el respaldo de las fuerzas israelíes.

“Los informes sobre la violencia de extrema derecha [israelí] y el uso desproporcionado de la fuerza por funcionarios encargados de hacer cumplir la ley durante las protestas de las últimas semanas, incluso en Sheij Yarrah, la Puerta de Damasco y la Mezquita Al-Aqsa [las tres en Al-Quds, Jerusalén], han dado lugar a algunos de los peores casos de violencia contra los ciudadanos palestinos”, señaló.

Conforme alertó, la extrema derecha israelí instrumentaliza las redes sociales como una plataforma para “incitar a la violencia con impunidad convocando a la gente con sus armas para atacar a los palestinos”.

De Varennes urgió al régimen de Tel Aviv a detener la represión contra el pueblo palestino, la cual ha ido en aumento en fechas recientes, dando pie a la reciente escalada de 12 días entre Israel y los grupos palestinos de la Resistencia en la Franja de Gaza, la cual se cobró la vida de cientos de palestinos.

Los palestinos se enfrentan a una brutal represión, mientras las leyes del régimen de ocupación impulsan esa violencia.

De hecho, Israel promueve planes para desalojar a los palestinos y expandir los asentamientos ilegales; y, tratando de materializar ese fin, ofrece impunidad a los colonos israelíes, secundando sus crímenes.

Tras aceptar una tregua con los grupos palestinos el 21 de mayo, el régimen de Israel sigue intensificando su campaña de represión y detención a los palestinos en la Cisjordania ocupada; muchos consideran que ese posicionamiento se debe a su fracaso en la operación contra la Franja de Gaza.

Fuente: Resumen Latinoamericano

Israel busca cambiar de un gobierno de derechas a otro, quizás aún más, de derechas

Foto: simpatizantes de la derecha israelí del primer ministro Benjamín Netanyahu corean consignas y agitan la bandera nacional durante una manifestación contra la coalición para formar gobierno, en la ciudad central israelí Petah Tikva, el 3 de junio de 2021. [JACK GUEZ/AFP vía Getty Images]. 

Por Oraib al-Rantawi

07 de junio de 2021

En el momento de escribir estas líneas, sigue habiendo incertidumbre sobre la formación de un nuevo gobierno en Israel. El actual y quizás pronto ex primer ministro Benjamín Netanyahu entra en pánico. El gobierno de Biden le ha dicho al ministro de defensa israelí que se asegure de no lanzar ataques con misiles contra el programa nuclear de Irán en un esfuerzo por bloquear un gobierno de coalición Lapid-Bennett. Los medios de comunicación israelíes, por su parte, no descartan la posibilidad de que se produzcan masacres en Jerusalén o en otros lugares antes de que el primer ministro más longevo del país abandone el escenario.

Sin embargo, se cree que Netanyahu se retirará de la política y volverá a ser un ciudadano normal, y por tanto tendrá que enfrentarse a un juicio por cargos de corrupción, soborno y abuso de poder. Esto es algo bueno, y hace felices a los palestinos. Muchos israelíes que están cansados de los juegos de Netanyahu y de su papel divisivo que sabotea las esperanzas de paz, también estarán contentos si esto sucede. El rey Benjamín de Israel bien podría pasar años, posiblemente el resto de su vida, durmiendo junto a un cubo de orina en una estrecha celda de prisión. De eso se regodea mi amigo Yaqob Diwani. Diwani es un antiguo preso, escritor y analista político; desea para Netanyahu las mismas condiciones que él y sus compañeros palestinos tuvieron dentro de las cárceles de Israel.

Pase lo que pase, e independientemente de los sentimientos personales que podamos tener si Netanyahu finalmente deja su cargo, no debemos dejarnos engañar por el nuevo gobierno. El primer ministro en funciones, Naftali Bennett, es un hombre que se enorgullece de haber matado personalmente a un gran número de palestinos, y que ha expresado su voluntad, y quizás su esperanza, de matar a más de ellos en el futuro. Es un hombre que patrocina asentamientos ilegales en la Jerusalén ocupada y en Cisjordania, dirige el consejo de asentamientos allí y se opuso al «Acuerdo del Siglo» porque trataba «generosamente» a los palestinos. Es alguien que rechaza la creación de un Estado palestino, incluso en un pequeño fragmento de la tierra palestina ocupada.

Bennett combina en su arrogante mente sionista las tendencias ideológicas tanto del extremismo religioso como del nacionalista. Cuando era ministro de Educación, adoptó un plan de estudios para perpetuar el judaísmo del Estado y prohibió a los palestinos y a los sionistas liberales visitar las escuelas y universidades para que no pudieran difundir su «veneno». A diferencia del Likud y de sus planteamientos de seguridad, cree en la reconstrucción de la sociedad israelí sobre una base religiosa y nacional extrema, lo que le convierte en el principal candidato para dar el pistoletazo de salida a los próximos cien años de guerra, para desarraigar a los palestinos, confiscar sus derechos y borrar su identidad, su patrimonio y sus santidades.
Su compañera política, Ayelet Shaked, no es diferente, mientras que su aliado Gideon Sa’ar se hartó antes de Netanyahu y del Likud, y dimitió para fundar un partido mucho más a la derecha. En cuanto a Yair Lapid, calificado de «centro» en los medios de comunicación israelíes e internacionales (y, por desgracia, en los medios árabes), es en realidad un derechista, a cuya derecha han surgido fuerzas aún más extremistas. No es que estuviera en la derecha y se haya desplazado al centro, sino que se ha encontrado en el centro después de que muchas fuerzas se hayan precipitado a su derecha.

La izquierda en el gobierno de coalición propuesto, así como la Lista Árabe Unificada de Abbas Mansour, es marginal, lo que refleja su posición en la Knesset. No hay ningún gobierno o coalición en Israel que pueda hacer la paz con los palestinos. Nadie en Israel puede ser un socio para la paz. La solución de dos Estados, que chocó con Netanyahu, chocará con el gobierno de Lapid-Bennett y su «coalición para el cambio». No habrá ningún cambio.

El gobierno propuesto no pondrá fin a la crisis política en Israel, ya que se trata de una alianza frágil, unida únicamente por la hostilidad a Netanyahu, y es probable que caiga a las primeras de cambio, probablemente mucho antes de que finalice su mandato de cuatro años. Yair Lapid podría tener que esperar aún más para convertirse en primer ministro.

Los palestinos no tienen más remedio que hacer su propio camino, y no esperar a lo que las urnas o los políticos israelíes puedan improvisar. La confrontación con Israel, no la paz, es la característica distintiva de la próxima etapa, así que preparémonos para ella a ambos lados del río, porque Bennett ha demostrado que no es bueno para los palestinos ni para los jordanos.

Fuente: https://www.monitordeoriente.com

Israel libera a la periodista de Al Jazeera detenida

Foto: la periodista de Al Jazeera, Givara Budeiri, es vista tras su liberación de una comisaría de policía en Jerusalén Este, el 6 de junio de 2021 [AHMAD GHARABLI/AFP vía Getty Images].

07 de junio de 2021

Israel ha liberado a una corresponsal de Al Jazeera en territorio palestino ocupado que, junto a su equipo, cubría una sentada de protesta en Jerusalén, según ha informado este sábado la cadena de noticias con sede en Qatar, informa la Agencia Anadolu.

«La periodista de Al Jazeera Givara Budeiri ha sido liberada de la detención israelí horas después de haber sido detenida y se le ha prohibido temporalmente la entrada al barrio ocupado de Jerusalén Este de Sheikh Jarrah», dijo la cadena en Twitter.

«Budeiri dijo que había sido liberada condicionalmente y que se le ha prohibido ir a Sheikh Jarrah durante 15 días», añadió.

La policía israelí intervino durante la sentada para apoyar a los palestinos que están bajo la amenaza de ser desalojados por la fuerza de sus hogares en Sheikh Jarrah, en el Jerusalén Este ocupado. Las autoridades agredieron al equipo de Al Jazeera que cubría la manifestación.

Las tensiones se han intensificado en los territorios palestinos desde mediados de abril debido a la decisión de un tribunal israelí de desalojar a ocho familias palestinas de sus hogares en Sheikh Jarrah en favor de grupos de asentamientos.

Sin embargo, las autoridades israelíes pospusieron la decisión final hasta diciembre debido a las masivas protestas palestinas, que incluyeron 11 días de enfrentamientos entre Israel y grupos de resistencia palestinos en Gaza, así como a la presión internacional.

El Instituto Internacional de Prensa (IPI) emitió un comunicado en el que condenaba enérgicamente la detención de Budeiri.

«Budeiri fue detenido tras cubrir las protestas en el barrio de Sheikh Jarrah. El vídeo del incidente muestra que Budeiri llevaba un chaleco claramente marcado como «Prensa» y, según Al Jazeera, intentaba mostrar su tarjeta de prensa emitida por Israel mientras era arrastrada por las fuerzas de seguridad israelíes. Al Jazeera también dijo que la policía dañó el equipo de uno de sus camarógrafos, Nabil Mazzawi», dijo.

«El IPI condena la brutal detención de Givara Budeiri por las fuerzas de defensa israelíes en Jerusalén y pide su inmediata liberación», según el comunicado que cita a la directora ejecutiva del IPI, Barbara Trionfi.

«El IPI pide la liberación inmediata de Givara Budeiri, así como de los al menos otros 10 periodistas actualmente retenidos por Israel. Israel debe responsabilizar a los representantes de las FDI que atacan a los periodistas», ha declarado Trionfi.

El mes pasado, aviones de guerra israelíes destruyeron un edificio en la ciudad de Gaza con oficinas de varios grupos de medios de comunicación, entre ellos Al Jazeera y The Associated Press. Funcionarios israelíes alegaron que la torre de oficinas también era utilizada por el grupo de resistencia Hamás.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

 

La embajada paralela. La DAIA y su representación oficiosa de los gobiernos de Israel

Foto: reunión de Alberto Fernández con los dirigentes de la DAIA, con la presencia del canciller Felipe Solá y del secretario de Culto Guillermo Oliveri

06 de junio de 2021

Por Jorge Elbaum 

El pasado lunes, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) fue recibida en la Casa Rosada por el Presidente Alberto Fernández, luego de que la institución cuestionara la postura asumida por la Cancillería argentina en el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de las Naciones Unidas. El voto argentino se sumó al de otros 23 países, de un total de 47 que conforman el Consejo. Esa mayoría respaldó la conformación de una comisión investigadora que deberá relevar de forma exhaustiva los acontecimientos sucedidos en Israel, en Gaza y en los territorios palestinos ocupados. Cuestionando esta futura investigación, el titular de la institución que tiene sede en Pasteur 633, Jorge Knoblovits, asumió el rol de un embajador oficioso de Israel, efectuando llamativas consideraciones críticas sobre el voto argentino. No contempló, en ningún momento de su demanda, los intereses nacionales que se ponen en juego en una votación de esas características. Tampoco hizo referencia a que Israel vota siempre contra la Argentina en los foros internacionales, respaldando la posición del Reino Unido de Gran Bretaña. Eso explica el silencio de la DAIA en relación con la causa fundamental de la soberanía argentina: nunca se expidió de forma explícita sobre la inicua ocupación colonial de las Islas Malvinas.

Este anclaje geopolítico es el que lleva a los dirigentes de la calle Pasteur a tramitar la reapertura de la causa del Memorándum con Irán, operación de lawfare que motivó una de las estrambóticas causas con las que se intentó proscribir a Cristina Fernández de Kirchner. Dicha reapertura permitió, además, el arbitrario encarcelamiento de Carlos Zannini, Luis D’Elía y Fernando Esteche. Esa saña fue también la que le impidió a Héctor Timerman darle continuidad a su tratamiento oncológico, situación que le produjo la muerte. En los momentos previos a la reunión, en los pasillos de la Casa Rosada, se recordaba que fue CFK quien reconoció al Estado de Palestina en 2010.

La DAIA expresó al Presidente su oposición a que exista una comisión investigadora habilitada por la CDH, cuya tarea será dilucidar si existieron o no violaciones al derecho internacional humanitario en los sucesos que se iniciaron el 13 de abril en Jerusalén Oriental. La institución concurrió al encuentro con Alberto Fernández sin la más mínima ilusión de cambiar el voto. Su objetivo fundamental consistió en darle continuidad al imaginario instalado –ante la sociedad argentina y el gobierno– de que esa entidad monopoliza la representación de los judíos argentinos.

El objetivo fundacional de la DAIA consistió en enfrentar la judeofobia. Fue creada en 1935 para enfrentar al fascismo, pero devino en una entidad alineada con lo más rancio de la derecha local, verdaderos herederos de aquellos que destilaban discursos antisemitas en las primeras décadas del siglo XX. En la actualidad, no sólo respalda de manera acrítica las políticas de los gobiernos de Israel, sino que alienta de forma explícita los programas neoliberales patrocinados por el injerencismo de Washington. Un porcentaje mayoritario de las manifestaciones públicas de la DAIA se relaciona con el patrocinio de cualquier medida tomada por los diferentes gobiernos de Israel, más allá del signo ideológico de sus gobernantes. Un pormenorizado seguimiento de las actividades y acciones desarrolladas por sus dirigentes muestra su interés desmesurado por los ágapes con embajadores acreditados en la Argentina. Según pudo constatar El Cohete a la Luna, los empleados de varias delegaciones extranjeras nombran a la DAIA como la “embajada alternativa”, en directa referencia a la de Israel.

Quienes recibieron a las autoridades de la DAIA quedaron atónitos ante las incongruencias manifestadas por Knoblovits. En el comunicado difundido por la DAIA luego del encuentro quedaron por escrito algunos de esos desatinos: “Hay otras formas para condenar el terrorismo”, señaló el titular de la entidad, sin precisar a qué terrorismo hacía referencia ni cuáles serían las formas más adecuadas de posicionarse frente al flagelo. En el mismo comunicado, la DAIA manifestó su preocupación por “el lugar en el que quedó la Argentina al aprobar la investigación junto a países que no son democráticos y (que) no respetan las libertades individuales”.

La Resolución 46/3 del CDH fue avalada por México, Bolivia, China, Rusia, Venezuela y Cuba. “Ver a nuestro país votando con ellos nos dolió”, subrayó el titular de la DAIA, para dejar en claro cuál es su posicionamiento internacional y el de sus mandantes.

En la reunión, los integrantes de la DAIA señalaron que Israel es una de las pocas democracias en el Medio Oriente. Sin embargo, no lograron explicar qué tipo de sistema democrático es aquel que priva de derechos ciudadanos a más de dos millones de palestinos, sobre quienes se impone únicamente una justicia administrativa de contenido militar, disímil a la que usufructúan los ocho millones de israelíes que no viven en los territorios ocupados.

La resolución aprobada en Ginebra encomienda a la futura comisión –cuyos miembros deberán ser designados por la presidencia del CDH– relevar lo ocurrido desde el pasado 13 de abril, cuando se iniciaron los enfrentamientos en Jerusalén mientras se desarrollaba la conmemoración del Ramadán, mes en que los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta el ocaso. La comisión deberá registrar toda información que pueda servir de prueba en eventuales procesos legales. Deberá identificar a los responsables de las violaciones –tanto en Gaza como en Israel y en los territorios ocupados– y recomendar medidas para que las víctimas puedan contar con instancias de reparación judicial.

En la reunión del CDH del 27 de mayo, el representante diplomático argentino, Federico Villegas, se pronunció a favor de esa investigación sugerida por la Alta Comisionada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, con el cometido de brindar “una rendición de cuentas creíble y exhaustiva por todas las vulneraciones del derecho internacional a fin de establecer una paz sostenible en lo que hace a la situación de derechos humanos”. Enfatizó además que “la Argentina reitera que la única solución verdadera al conflicto se logrará con el surgimiento definitivo de un Estado palestino independiente, democrático, viable y territorialmente contiguo que garantice el derecho de Israel a vivir en condiciones de paz y de seguridad”.

Alberto Fernández recibió a la DAIA acompañado por el canciller Felipe Solá y por el secretario de culto Guillermo Oliveri. Por la DAIA participaron, además de su titular, David Stalman, Alejandro Zuchowicki, Marcos Cohen y el titular del Consejo Federal, Fabián Neiman. Este último es un conocido integrante del Likud local (organización política comandada por Benjamin “Bibi” Netanyahu, que tiene representación en la DAIA) que utiliza las redes sociales para vilipendiar a los simpatizantes del Frente de Todos y para insultar a Cristina Fernández de Kirchner. Los integrantes de la comunidad judía de San Miguel de Tucumán lo sindican como un personaje irascible que incluso fue denunciado por violencia familiar por quien fuera su suegra, la docente Sara Sansón de Spindler, ex directora del jardín de infantes de la escuela perteneciente a la Sociedad Unión Israelita de esa provincia.

Un likudnik en la Casa Rosada

Posteos del Presidente del confederal de la DAIA, Fabián Neiman, visitante de Alberto Fernández en la Casa Rosada.

Una de las tácticas fundamentales de la DAIA consiste en confundir conceptos para evitar que su verdadera tarea sea desenmascarada. Sus comunicados y posicionamientos mezclan el judaísmo con el sionismo tratando de convertirlos en sinónimos, cuando existen millones de integrantes de esa colectividad, ciudadanos de diferentes países del mundo, que no se identifican con el sionismo. Noam Chomsky es uno de los más renombrados. Pero también existen, entre los israelíes, grupos que poseen representación legislativa (como la Lista Unida, que agrupa a judíos y árabes) que repudian esa concepción, a la que consideran secuestrada por la derecha del Likud, que la utiliza para justificar la ocupación de tierras palestinas por parte de los colonos fundamentalistas.

El término “antisemitismo” fue instituido en 1873 por el judeófobo Wilhelm Marr para agrupar a quienes detestaban a los judíos. Marr acuñó el término de forma equívoca dado que “semita” expresa un componente lingüístico que comparten tanto los judíos como los árabes. Tanto el arameo como el hebreo o el árabe tienen una raíz común. Esa confusión motivó que, hasta el día de hoy, el término ideado por Marr sea utilizado en lugar de “judeofobia”que sería la denominación más precisa.

Es indudable que la discriminación a los judíos todavía tiene vigencia de formas más o menos explícitas o veladas. Y que convive con otras formas de etiquetamiento y persecución. La islamofobia, la inferiorización de los pueblos originarios, la estigmatización de los afrodescendientes, el rechazo a los migrantes, la misoginia y la violencia contra las disidencias sexuales se yuxtaponen en lógicas sociales donde el desprecio y la competencia son considerados valores legítimos.

 Sionismo neopentecostal

 

El neoliberalismo articula a diferentes sectores de derecha en una misma línea neocolonial.

La DAIA, en su intento de blindar las políticas de los gobiernos de Israel, juzga toda crítica como una expresión de judeofobia, con la indudable finalidad de descalificar a quienes cuestionan la ocupación y el apartheid. Si bien es frecuente que la judeofobia coincida con la estigmatización de Israel y del sionismo, no toda crítica a Israel puede calificarse como judeofóbica. No se puede bautizar a quienes cuestionan el colonialismo como militantes antisemitas. El sionismo es una ideología política, no una identidad étnica. Y así como existen muchos integrantes del pueblo judío que no se sienten identificados en absoluto con el sionismo, también abundan las comunidades de la derecha evangélica neo-pentecostal que se sienten partícipes de esa ideología. De forma análoga, cuestionar la ocupación de Cisjordania o el bloqueo de Gaza no significa avalar el lanzamiento de cohetes dispuestos por Hamas hacia la población civil de Israel.

La sobreactuación de la DAIA para posicionarse como referente único de los judíos argentinos tiene como objetivo mostrar a sus mandantes el poder de fuego del que disponen. La foto con el Presidente Alberto Fernández es exhibida frente a la Cancillería israelí como un capital simbólico de la capacidad que detentan como referentes del judaísmo local. Pero ese registro se complica cuando sectores de esa misma colectividad –como el Llamamiento Argentino Judío (LAJ)– expresan posiciones alternativas e incluso opuestas a las sostenidas desde la calle Pasteur. La desesperada intención de invisibilizar esas diferencias y de disimular su rol de embajada paralela de Israel los obliga a presentarse con credenciales monopólicas, claramente apócrifas: “La DAIA, representante de la comunidad judía argentina”.

La insistencia de la DAIA en arrogarse una representación de la cual carece motivó que en el día de ayer, sábado 5 de junio, el Llamamiento enviara una carta a su titular, Jorge Knoblovits, en la que se estipula lo “injustificado de la invocación de la representación de toda la comunidad judía”. En esa misiva se señala que dicha actitud “confunde a las autoridades nacionales y a la población receptora de esos mensajes, que piensa que la colectividad a la que pertenecemos es un todo homogéneo, cuando es exactamente lo contrario. No tiene un pensamiento único frente a los continuos acontecimientos de la vida política y social, y en eso radica su riqueza como parte de un pueblo”.

“Por otra parte –resume la carta del Llamamiento–, atribuirse la representación de la comunidad/colectividad judía argentina (…) lesiona gravemente el derecho constitucional de libre asociación consagrado en el artículo 16 de la Constitución Nacional (atinente al derecho) de todo ciudadano a asociarse o no y, con ello, a no ser representado por una asociación a la que no pertenece. En atención a estas consideraciones queremos solicitarles que en el futuro se abstengan de invocar la representatividad de toda la colectividad argentino-judía”. El escrito está firmado por el presidente del Llamamiento, Marcelo Horestein, su secretario general, Pablo Gorodneff y los integrantes de su Comisión Jurídica, la doctora Cynthia Benzion y los doctores Bernardo Fischberg, Luis Kon, Alfredo Kraut y Beinusz Szmukler.

La DAIA continúa perdiendo el halo de representatividad que alguna vez tuvo. Durante la dictadura genocida abandonó a los familiares de los detenidos desaparecidos. Luego se sumó a la lógica neoliberal en una alianza de Rubén Beraja con el menemismo. Posteriormente participó de la persecución a CFK y es responsable de la muerte de Héctor Timerman. Es hora de que la sociedad y el sistema político asuma que esa entidad sólo representa al sector de la colectividad judía que está comprometido con intereses ajenos a los nacionales y latinoamericanos.

 

¿Llamar a esto un gobierno de cambio?

Por Gideon Levy | 07/06/2021

Fuentes: Haaretz
 

Uno puede entender a quienes están experimentando alivio o incluso alegría hoy, suponiendo que un nuevo gobierno está a punto de formarse1/. Más difícil resulta unirse a las exageraciones pomposas e infantiles, que describen a Israel como pasando de la oscuridad a la luz, y de la esclavitud a la libertad, como si fuera Alexander Lukashenko quien hubiera caído y no Benjamin Netanyahu.

Ambos campos son culpables de exageraciones histéricas: la partida de Netanyahu no es ni la salida ni la entrada al paraíso. El campo que despreciaba a Netanyahu, ignoraba sus realizaciones y se centraba en su estilo de vida y fracasos, saltará con alegría a las piscinas de la ciudad esta noche 3 de junio, así que siento ser un aguafiestas. Pero el gobierno de Netanyahu será reemplazado por otro gobierno de derechas. Israel despertará a un nuevo día que será demasiado parecido al anterior.

Uno puede entender la felicidad de sacar al Likud del poder, dada la multitud de payasos y vagos de su gobierno, que en los últimos años ha sido un espectáculo unipersonal. Ver a Miri Regev [diputada desde 2009 y ministra de Cultura y Deporte desde 2015 y luego de Transportes] desaparecer de nuestras vidas es un momento sublime. El nuevo gobierno tendrá un equipo de ministros más eficiente y más presentable, en el que habrá seguramente alguien que tratará de hacer su trabajo de manera más decente. Es agradable. Pero sobre todo ello se cierne una nube negra y opresiva: la derecha está reemplazando a la derecha. Una derecha sin Netanyahu reemplazará a una derecha con Netanyahu, y ambas son atroces. Ninguna persona de izquierdas que sea seria puede regocijarse en esto.

Justo antes de que la izquierda también se sienta tentada de creer la campaña de amenazas de los bibi-ístas [a Netanyahu le llaman Bibi. Ndt], según las cuales se trata de un «gobierno de extrema izquierda», uno debe volver con gran tristeza a la realidad: la derecha también reinará sin matices sobre este gobierno. No representa ni unidad ni cambio; es de derechas. El proceso de formación de este gobierno anuncia lo que vendrá después: nadie cortejó a Meretz y al laborismo durante las negociaciones de coalición; ya estaban en los bolsillos de los grandes. Les regalaron las carteras de transporte y salud, y ofrecieron algunos sobornos a la Lista Árabe Unida [el islamista Mansur Abbas], que difícilmente se puede llamar de izquierda.

El Ministro de Relaciones Exteriores,Yair Lapid, viajará por el mundo para realizar operaciones fotográficas con estadistas, encantando a toda la gente que tan desesperadamente quiere ver a Israel como supuestamente diferente. Será otra ilusión como las difundidas por Shimon Peres [ministro en diferentes departamentos desde 1970, luego primer ministro y finalmente presidente del Estado de Israel de julio de 2007 a julio de 2014], predecesor de Lapid en el papel de rostro amable de Israel. Esto no solo será debido al gobierno que le sostiene, sino también a sus propias posiciones: Lapid es de derechas. Estará de acuerdo con casi todos los movimientos de este gobierno de derechas, ¿por qué debería quejarse? En cuestiones cruciales, el hermano Bennett implementará la política del hermano Lapid, y viceversa. ¡Qué fraternidad!

Sería mejor no decir demasiado sobre el Ministro de Finanzas Avigdor Lieberman. Israel nunca ha tenido un ministro de finanzas tan de derechas y podrido. El ministro de Justicia Gideon Sa’ar y el ministro del Interior Ayelet Shaked serán el rostro del mal del gobierno. Aquí ni siquiera habrá la apariencia de compasión y humanidad, y mucho menos de igualdad, hacia la gente no judía del país. El Ministro de Defensa Benny Gantz ya está estrangulando Gaza como nadie la había estrangulado antes.

Y todo esto estará presidido por el Primer Ministro Naftali Bennett, cuyo cinturón ya tiene una muesca de una terrible guerra en Gaza, a la que impulsó e incitó argumentando el secuestro y asesinato de tres jóvenes judíos en Cisjordania, una guerra que estaría encantado de repetir. Irán, la ley del estado nación, el estado de derecho, el presupuesto de defensa y las colonias serán tratados al igual que bajo el gobierno anterior. En el puesto avanzado de Evyatar2/, la última hierba silvestre hasta ahora, ya pueden abrir el champán. Este gobierno “de extrema izquierda” también les apoyará. Es un gobierno de malas noticias.

Los restos de la miserable izquierda sionista observarán con anhelo lo que está sucediendo desde la galería de visitantes. Con nostalgia. Nadie los tomará en serio, y con razón. No tienen otra opción. Nitzan Horowitz [del Meretz] protestará, Merav Michaeli [del Partido Laborista] amenazará y el secretario del gabinete lo registrará en el acta. En este gobierno no juegan en el patio de los mayores.

Ojalá todo esto no fuera cierto. Ojalá fuera solo la irritable queja de alguien que siempre ve lo peor. Desafortunadamente, no hay ninguna posibilidad de que sea así.

Artículo publicado en Haaretz el 3/06/2021.

Traducido de http://alencontre.org/moyenorient/israel/israel-vous-appelez-ca-un-gouvernement-du-changement.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Notas

1/ La coalición anunciada al presidente Reuven Rivlin por Yair Lapid, la noche del 2 de junio, reúne a los siguientes 8 partidos: Yesh Atid («Hay un futuro» de Yair Lapid), Yamina («Hacia la derecha» de Naftali Bennett) , Kahol Lavan (Alianza Azul y Blanco de Benny Gantz), Nueva Esperanza (creado por Gideon Sa’ar en diciembre de 2020, ruptura del Likud), Partido Laborista (presidido por Merav Michaeli), Yisrael Beiteinu («Israel es nuestra casa» creado, entre otros, por Avigdor Liberman), Meretz (“Energía”, Partido Socialdemócrata, vinculado al Partido de los Socialistas Europeos, liderado por Nitzan Horowitz) y la Lista Árabe Unificada (en este caso representada por el diputado islamista palestino Mansour Abbas). En los próximos días, el parlamento deberá confirmarlo, o no, con un voto de confianza. Red. A l´encontre

2/ El puesto avanzado colonial de Evyatar, ilegal y por tanto “amenazado”, ha sido establecido en el norte de Cisjordania en memoria del asesinato de Raziel Shevach y de Itamar Ben-Gal en 2018. Red A l´Encontre.

Fuente: Rebelión 

 

Nuevos argumentos por Palestina

Por Claudio Katz | 31/05/2021

Varios integrantes o descendientes de la comunidad judía hemos suscripto un nuevo llamamiento de solidaridad con el pueblo palestino, Convocamos a multiplicar las protestas contra los asesinatos en Cisjordania, los bombardeos en Gaza y las agresiones a los árabes de Israel.[1]

En ese pronunciamiento resaltamos la incompatibilidad de las raíces, las tradiciones y los valores de la cultura judía con las masacres perpetradas por el ejército israelí. Esos crímenes destruyen el fundamento humanista de un legado milenario proclive a la hermandad de los pueblos.

Quiénes conocimos en la infancia a los sobrevivientes del holocausto no podemos permanecer en silencio. Indigna escuchar cómo se equipara a los opresores con los oprimidos, presentando la confrontación de Medio Oriente como una “guerra entre dos contendientes”.

Los resistentes del gueto de Varsovia no constituían un “bando en conflicto” con la maquinaria del nazismo. Eran heroicos sublevados contra el cerco impuesto por un batallón genocida. También Israel despliega en la actualidad su arrolladora superioridad militar contra víctimas indefensas. Transformó a Gaza en un campo de tiro, convirtió a Cisjordania en un laberinto carcelario y maltrata a los árabes-israelíes como ciudadanos de segunda.

Ese brutal escenario resulta particularmente chocante para los descendientes de judíos en América Latina, que conocimos los tormentos padecidos durante las dictaduras de los años 70. La insultante identificación de los militantes palestinos con “grupos terroristas”, nos recuerda la equiparación de los luchadores populares con la “sedición” que hacían los militares de esa época.

En las últimas tres décadas los gendarmes israelíes estrecharon vínculos con las fuerzas represivas de América Latina. Afianzaron una oscura sociedad en el submundo del espionaje y el tráfico de armas. En las principales operaciones regionales de “contra-insurgencia” siempre aparece algún asesor militar de Israel.

En Colombia adiestran a los paramilitares en el asesinato de dirigentes sociales, en Chile enseñan a disparar a los ojos de los manifestantes, en Centroamérica comandan incursiones de guerra sucia. El mayor exportador per cápita de armas del mundo ha forjado un gran mercado para sus productos, en la región de mayor violencia social del planeta. Comercializan los drones y misiles que utilizan en sus fronteras. Cada operativo en Gaza es coronado con una feria de ventas de ese armamento.

Resulta inadmisible convalidar ese salvajismo o imitar la indiferencia que exhibe gran parte de la sociedad israelí. Al cabo de varias décadas de adoctrinamiento y militarización han naturalizado la deshumanización. Ni siquiera la matanza de niños suscita reacciones compasivas. La ideología sionista, el sistema educativo y el prolongado servicio militar han acostumbrado a una significativa parte de la población de ese país a convivir con la crueldad, la venganza y el castigo colectivo a los palestinos.

Esta validación del terrorismo de estado se acentuó en los últimos 20 años de gobiernos derechistas. Las viejas corrientes laboristas perdieron gravitación frente al fundamentalismo ideológico o religioso y se afianzó el protagonismo de los colonos, que despliegan una violencia cotidiana en Cisjordania. Por fortuna, la nueva oleada juvenil de protestas que denuncia esos atropellos encuentra un eco creciente en todo el mundo.

INCURSIONES PARA EL REDISEÑO IMPERIAL

Existen numerosos indicios del involucramiento personal de Netanyahu en la reciente escalada de provocaciones contra los palestinos. Los desalojos en Jerusalén, los asaltos a la mezquita de Al Aqsa y la intensificación del cerco en Gaza coincidieron con la proximidad de un juicio por corrupción que puede tumbar al primer ministro. El reelegido derechista intentó sortear esa amenaza política con apuestas militares.[2]

Pero la nueva secuencia de desangres también apuntó a incidir en la política externa norteamericana. Biden ha confirmado la prioridad de la disputa geopolítica con China, sin definir si esa estrategia incluirá la crecente tensión con Irán que promovía Trump o la acotada negociación que auspiciaba Obama.

Netanyahu recalienta las tensiones militares para promover la primera alternativa y frustrar la reanudación de cualquier tratativa con Teherán. El bombardeo de Gaza fue un mensaje concertado con todos los halcones de Washington.

Israel ya no actúa sólo en un territorio minúsculo del Mediterráneo. Cuenta con armamento nuclear y tiene manifiestas ambiciones de control del gas de la costa, los recursos de Siria y el territorio de Cisjordania. Participa activamente en la reconfiguración imperial de la región y aprovechó la destrucción padecida por su principal rival fronterizo para reforzar la anexión del Golán.

También la demolición de Irak y Libia consolidó ese expansionismo. Israel acompaña el proyecto estadounidense de rediseño regional, diseminación de mini-estados fallidos y despliegue de fuerzas para neutralizar a Irán.

Con la virulenta exhibición de su poder militar, Israel ha logrado subordinar a varios estados árabes. Extendió a los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Marruecos, las relaciones diplomáticas que restableció hace varias décadas con Egipto y Jordania. Los funcionarios de Tel Aviv incursionan también en lugares más alejados. Han intervenido en la balcanización de Sudán y estrecharon vínculos con las elites africanas enemistadas con sus rivales del universo árabe-musulmán.

El aprovisionamiento de la tecnología militar encabeza la agenda de todas las actividades internacionales del país. La justificación sionista de ese protagonismo bélico ha perdido sus antiguas mascaradas. Nadie puede alegar en la actualidad que Israel se militariza para defender sus fronteras de enemigos más numerosos. La pequeñez de su territorio contrasta con el gigantismo de su poder destructivo. Utiliza especialmente ese arsenal, para desconocer las resoluciones desfavorables que periódicamente aprueba la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Ese descaro se asienta en el sostén incondicional de Estados Unidos. Sin el respaldo que aporta el Pentágono, los desplantes de Israel serían impracticables. El famoso lobby sionista de Washington afianza una sintonía asentada en la integración de la mini-potencia al entramado interno del imperialismo norteamericano.

Esta amalgama fue inaugurada por la sucesión de guerras que consolidaron en 1950-70 el proyecto sionista El entrelazamiento con Washington derivó posteriormente en el novedoso perfil coimperial que exhibe Israel. En esa transformación el sionismo perdió su exclusividad judaica y ha quedado enlazado a distintas redes del fundamentalismo cristiano neoconservador.

COLONIALISMO, ANEXIÓN Y APARTHEID

La reciente incursión en Gaza repitió el salvajismo habitual. Durante once días el ejército destruyó edificios, instalaciones públicas y hospitales. Asesinó a centenares de adultos y niños y pulverizó el programa de contención del Covid.

Fue la cuarta incursión a un enclave que desde el 2008 acumula miles de víctimas. Las bombas despedazan periódicamente a las familias y los asesinatos selectivos ultiman a los dirigentes de la resistencia. Como los colonos israelíes abandonaron el lugar en el 2005, los ataques se repiten a mansalva y sin ninguna consideración por la población civil.

Con el bloqueo de todas las salidas terrestres y marítimas, Gaza ha quedado transformada en una cárcel a cielo abierto. Soporta una modalidad pausada pero sistemática de limpieza étnica. En Cisjordania impera otro modelo de ocupación. Los colonos usurpan el territorio demoliendo todos los atisbos de vida normal, para remodelar las fronteras a su conveniencia. Capturan las parcelas más valiosas y afianzan la constelación de cantones que ha destruido la articulación interna de la zona.

El acuerdo de Oslo (1993) aceleró ese proceso de apropiación del territorio y del agua. La población palestina fue relegada a localidades recortadas que rememoran el viejo diagrama del bantustán sudafricano.

Los árabes-israelíes que permanecieron en el territorio inicial de estado sionista padecen una tercera variante del apartheid. Conforman una minoría marginada que actualmente reúne al 20% de la población israelí, en un casillero de ciudadanos formales sin derechos reales. Están desarmados frente a una mayoría entrenada en uno de los servicios militares más prolongados y permanentes del mundo.

Israel mantiene un sistema de propiedad estatal de la tierra laborable para asegurar la primacía de los judíos. El régimen legal también garantiza a los recién llegados, todos los derechos negados a la población originaria. Un judío proveniente de cualquier parte del mundo tiene más prerrogativas que los antiguos moradores del lugar. Con ese sistema institucional se ha erigido, en los hechos, otra variante de las teocracias imperantes en Medio Oriente.

El estado de Israel fragmenta a la población palestina en tres tipos de encarcelamientos. Los colonos regentean la prisión de Cisjordania, los soldados custodian los barrotes de Gaza y el sistema político enclaustra a los viejos residentes árabes. Con expulsiones y apartheid se ha desgarrado a toda la sociedad palestina.

Esa cirugía fue intensificada durante el mandato de Trump. El magnate incentivó la ocupación definitiva de Cisjordania y bendijo los nuevos muros y corredores que manejan los colonos. El reconocimiento internacional de Jerusalén como la capital de Israel constituiría el broche final de esa apropiación.

Basta observar los sucesivos mapas de Israel (1948, 1973, 2001, 2021) para constatar la impresionante expansión de sus territorios. El sionismo programó metódicamente ese proyecto colonialista. En sus inicios justificaba la creación de un “hogar nacional judío”, alegando derechos milenarios estipulados en las escrituras de la Biblia.

Posteriormente presentó el mismo objetivo como una reparación internacional a los sufrimientos padecidos con el holocausto. Pero omitió que esa compensación no debía basarse en el sufrimiento de otro pueblo. Con sucesivas implantaciones de pobladores foráneos terminó reproduciendo en Medio Oriente la tragedia vivida en Europa. Palestina no era una “tierra vacía” a la espera de un aluvión de inmigrantes. Albergaba una masa de habitantes organizados en comunidades multiétnicas, que fueron sometidas al suplicio de la Nakba (catástrofe).

Los administradores del decadente imperio inglés iniciaron ese desastre, mediante la típica remodelación del mapa que en todos los continentes consumaban sin consultar a los involucrados. La mayoría de los habitantes de Palestina se oponía a partición forzada de 1948 y a la consiguiente expulsión de la población originaria. Las familias que huyeron, fueron engañadas o perdieron sus pertenencias a punta de pistola quedaron automáticamente transformadas en refugiados, desprovistos del elemental derecho de retorno a sus hogares.

Desde ese momento Israel afronta el dilema sin solución de su proyecto colonialista. Debe lidiar con una masa de pobladores que no puede absorber, expulsar ni exterminar. Al concluir la guerra de 1967 los palestinos no repitieron la escapatoria de 1948. Frente al dramático y conocido destino de los refugiados, decidieron permanecer en sus hogares y comenzar la resistencia.

En los últimos sesenta años Israel ha respondido a esa defensa con violencia, masacres y muros, pero no ha podido capear los efectos de la demografía. La presencia de siete millones de palestinos entre siete millones de israelíes, torna inviable el aterrador ideal del sionismo. El genocidio perpetrado con los indios en Estados Unidos (y su posterior agolpamiento en alejadas reservas fronterizas), no puede repetirse en un diminuto territorio de Medio Oriente. El colonialismo del siglo XXI confronta con múltiples obstáculos.

FRACASOS Y RESISTENCIA

Netanyahu perpetró su nueva matanza en Gaza pero no doblegó a los resistentes. Destruyó edificios y asesinó niños sin contener la lluvia de cohetes. Tampoco desmanteló los túneles construidos por Hamas para almacenar esos misiles. Para demoler esa estructura necesitaba una nueva invasión que prefirió soslayar. Optó por aceptar la tregua, frente a la tenebrosa perspectiva de quedar empantanado en otra incursión territorial. Recordó que el último intento de ocupar Gaza desembocó en el retiro forzoso de los colonos y los soldados.

Igualmente impactante ha sido la resistencia de los palestinos de Cisjordania. Libraron con éxito una sucesión de pequeñas batallas contra el invasor. En Jerusalén frenaron la introducción de nuevos controles, impidieron el desalojo de familias de un barrio codiciado por los expansionistas y detuvieron las provocaciones sobre la mezquita de Al Aqsa.[3]

Pero la mayor sorpresa provino del interior de Israel. Por primera vez en mucho tiempo los árabes de ese territorio se sumaron públicamente a las protestas callejeras. Los actos y la huelga general en las denominadas ciudades mixtas retrataron la pujanza combativa de una nueva generación.

Esa intervención reavivó la unidad de los palestinos fragmentados en tres segmentos por el sistema colonial. El paro en Israel, las manifestaciones en Cisjordania y la resistencia de Gaza han permitido recuperar la potencialidad militante de toda una nación oprimida.

La violenta respuesta israelí reactivó, a su vez, la centralidad de la causa palestina en el mundo árabe. Encuestas recientes han confirmado el abrumador apoyo a esa lucha y el rechazo a la complicidad de los gobernantes con el enemigo sionista.[4]

La lucha de los palestinos ha recobrado impulso. No lograron recuperar sus tierras, ni construir un estado, pero consolidaron la legitimidad de su demanda. Israel no consigue ignorarlos, ni borrarlos del escenario internacional. Debe disimular las viejas proclamas del sionismo, que convocaban “al arreglo del problema palestino entre los propios árabes”, utilizando “el gran espacio que existe para ellos en otros lugares de Medio Oriente”.

El rebrote actual del conflicto pone también en aprietos a los recientes “acuerdos de Abraham” que Israel suscribió con varios emiratos. Los reyezuelos justificaron esa traición con la ridícula promesa de inducir a Netanyahu a moderar su anexionismo.

Los sionistas afrontan un complejo escenario que agrieta al establishment israelí. Aumentan las críticas al último operativo y reaparece el recuerdo de las derrotas bélicas y los reveses geopolíticos. Israel conoció el amargo sabor del repliegue en la guerra de 1973 y en la salida del sur del Líbano en 1982. Las nuevas resistencias palestinas han comenzado a quebrantar el triunfalismo de los últimos tiempos.

¿DOS ESTADOS O UN ESTADO?

Israel instrumenta su expansión con un gran despliegue de hipocresía. Finge el carácter provisional de ocupaciones que paulatinamente transforma en expropiaciones definitivas. Convierte de esa forma las mejores zonas de Cisjordania en sólidos asentamientos protegidos con retenes militares.

Cuando deben emitir algún comentario sobre esas confiscaciones, sus voceros recurren a pretextos inverosímiles. Aprovechan la complicidad de la “comunidad internacional”, que encubre todas las fechorías de los sionistas con algún comunicado de ocasión. La diplomacia europea se ha especializado en ese tipo de pronunciamientos verbales carentes de efectos prácticos.

La continuada ampliación territorial de Israel ha demolido el ensueño de los dos estados, que promocionaban los suscriptores del acuerdo de Oslo. Este convenio nunca contempló la constitución real de un estado palestino. Omitía el retorno de los refugiados y encubría la multiplicación de los asentamientos judíos. Enmascaró ese avance de la colonización hasta que la derecha capturó el gobierno israelí y enterró el inservible disfraz de las anexiones.

Esa expansión del colonialismo fue también pavimentada por la capitulación de la OLP, que ensombreció su heroica historia de resistencia aprobando un acuerdo que ha imposibilitado la creación del estado palestino. Ese aval afectó la credibilidad de la autoridad nacional palestina.

Esa dirección ejerce actualmente funciones administrativas en Cisjordania en convivencia con los ocupantes. Su dependencia financiera de las corruptas dictaduras y monarquías de Medio Oriente no es ajena a la actitud sumisa que adoptó en las últimas décadas. La ausencia de elecciones impide verificar qué grado de respaldo efectivo mantiene entre la población, frente a la gran influencia conquistada por los sectores (como Hamas), que rechazaron el sometimiento al expansionismo israelí.

La solución de los dos estados ha quedado totalmente sepultada en los términos actuales. Sólo una gran derrota de Israel obligaría al ocupante a negociar las dos cláusulas requeridas para resucitar esa salida: el retiro a las fronteras de 1967 y alguna reconsideración del retorno de los refugiados.

Ningún esbozo del estado palestino es viable desconociendo esas exigencias. El repliegue del territorio conquistado en la guerra de seis días es imprescindible para integrar a Cisjordania con Jordania y la deuda con los refugiados supone negociar distintas alternativas de reparación. En el contexto de la crisis creada por la primera intifada y el empantanamiento militar en el sur del Líbano hubo conversaciones (Taba, Ginebra) que llegaron a evaluar un asomo de esas posibilidades.

Los partidarios de retomar ese camino suelen discrepar en la forma de efectivizarlo, pero coinciden en señalar que aporta la única solución realista en escenario actual.[5] En la misma línea, otros imaginan que Jerusalén podría convertirse en un micro-modelo de esa solución, si la ciudad es unificada y al mismo tiempo dividida en una capital israelí occidental y otra palestina oriental.[6] El objetivo más deseable de un esquema confederativo podría suceder en el futuro a esa primera gran conquista.

Los críticos de esta propuesta destacan la obsolescencia de esa salida. Consideran que el proyecto de los dos estados podría haber funcionado en el pasado, pero quedó enterrado por la frustración de Oslo y la conversión de Cisjordania en un anexo de Israel. Proponen retomar la vieja tesis de la OLP de forjar un sólo estado laico y democrático.[7] Esta mirada ha ganado adeptos en distintas franjas juveniles.[8]

A favor de este curso se presenta el antecedente sudafricano de desmantelamiento del apartheid. Para preservar sus privilegios económicos, la minoría blanca se avino a generalizar el status ciudadano y a compartir el sistema político con las elites negras. Conviene igualmente recordar que la economía sudafricana integraba a los trabajadores negros explotados a sus actividades y la colonización israelí expulsa a los palestinos de sus tierras para apropiarse de sus medios de vida.

Los promotores de un sólo estado también remarcan la mayor afinidad de su planteo con las campañas internacionales de solidaridad con Palestina y boicot a la economía israelí (BDS). Subrayan que con esa estrategia se reconstruyen, además, los puentes entre dos comunidades enfrentadas. En las movilizaciones recientes, israelíes y palestinos compartieron tribunas exhibiendo prometedores signos de esa convergencia.

SIONISMO, JUDAISMO, ANTISEMITISMO

Cualquier expresión de solidaridad con Palestina afronta la inmediata respuesta denigratoria del establishment sionista. Los críticos del estado de Israel son acusados de ignorar los “derechos del pueblo judío”, como si esas prerrogativas debieran materializarse con la opresión de otra colectividad. Un colono que confisca parcelas aplasta derechos ajenos, en lugar de ejercer los propios. Lo mismo vale para un soldado que responde con balas a las piedras lanzadas por los resistentes.

Los sionistas contraatacan identificando cualquier cuestionamiento a Israel con el antisemitismo. Pero olvidan que las víctimas palestinas de sus matanzas comparten la misma raíz semítica de los pobladores judíos. Las acusaciones de antisemitismo emitidas sin ton ni son, apuntan a recrear temores ancestrales divorciados de la realidad contemporánea. Se imagina la persistencia de un gran acoso universal sobre los judíos, que Israel contrarrestaría con exhibiciones de brutalidad militar.

Pero en la actualidad las comunidades judías de mundo no afrontan ningún peligro significativo. Y la eventual reaparición de esa amenaza no quedaría atemperada con el asesinato de niños Gaza. Los sionistas resucitan el miedo al antisemitismo, para erosionar la convivencia (y mixtura) de los judíos con las distintas colectividades de sus países de origen. Recrean diferencias y propician antagonismos para fomentar la emigración a Israel.

Los judíos que rechazan esa política de auto-segregación y hostilidad al entorno son presentados como traidores a la comunidad (“se odian a sí mismos”). La simple búsqueda de coexistencias e integraciones es mal vista por los forjadores de una identidad separada. También exacerban las viejas modalidades del nacionalismo reaccionario, para justificar el despojo colonial en Medio Oriente con alusiones misioneras a la supremacía de un “pueblo elegido”

Todo el armazón conceptual del sionismo se asienta en la errónea identificación del judaísmo, el estado de Israel y el sionismo. Confunden tres conceptos muy distintos.

El judaísmo es la religión, la cultura o la tradición de un pueblo diseminado por muchos países. En cambio Israel conforma una nación surgida de la partición y colonización del territorio originalmente habitado por los palestinos. A su vez el sionismo es la ideología colonialista que justifica esa expropiación, con extravagantes teorías de exclusiva pertenencia de esa zona a los inmigrantes judíos. El antisionismo critica esa retrógrada concepción, sin adoptar actitudes anti-judías o anti-israelíes.[9]

El sionismo oscurece esas distinciones, para presentar la lucha de los palestinos como una amenaza a la supervivencia de los israelíes en Medio Oriente y de los judíos en el resto del mundo. Interpreta las convocatorias “a destruir el estado de Israel” (que repiten los mandatarios de Irán y varias corrientes islámicas), como una corroboración de sus advertencias.

Pero en su formato inicial ese viejo enunciado no era un llamado a consumar actos de genocidio o exilios forzados. Proponía el reemplazo del engendro creado por la partición (estado de Israel) por una nueva estructura estatal laica, democrática e integrada por todos los habitantes del territorio.

Al cabo de varias décadas ese escenario ha cambiado y en Israel se forjado una nación en el plano objetivo (lengua, territorio, economía común) y subjetivo (pasado y lazos culturales compartidos). Los derechos nacionales de los israelíes tienen la misma validez que los enarbolados por los palestinos y por eso la demanda de un sólo estado debe incluir actualmente el componente binacional.

UN EMBLEMA EN AMÉRICA LATINA

Los sionistas no libran una simple batalla de ideas contra sus opositores. Han consolidado una red de intereses en la cúspide del poder económico, militar y mediático de Estados Unidos, que se proyecta a otros países con gravitación de la comunidad judía. Influyen en los gobiernos, comparten actividades con las vertientes cristinas o evangelistas reaccionarias, manejan fondos millonarios y controlan instituciones, fundaciones y museos.

Esa presencia es muy visible en América Latina y especialmente en Argentina. En ese país la derecha sionista capturó la conducción de los principales organismos de la comunidad judía, consolidó vínculos con el macrismo y logró neutralizar (o acallar) al progresismo, luego de los irresueltos atentados a la embajada y la AMIA. Alberto Fernández inició su mandato con un elogioso viaje a Israel.

El amparo oficial y la idolatría que despierta Israel en los medios de comunicación hegemónicos han potenciado, además, las campañas anti-palestinas. La denuncia que realizó, por ejemplo, un diputado de la izquierda de los bombardeos en Gaza fue recientemente sucedida por virulentas presiones para expulsarlo del Parlamento.

A escala regional, el sionismo está muy involucrado en acciones golpistas contra Venezuela. No olvidan la enorme simpatía que generaron los pronunciamientos de Chávez en Palestina. El gestor del proceso bolivariano destacó las raíces comunes de las batallas populares que se libran en América Latina y el mundo árabe. Resaltó la resistencia al saqueo de los recursos naturales, en dos regiones que han padecidos los mismos despojos y agresiones del imperialismo estadounidense.

Washington ambiciona el petróleo de Venezuela y Medio Oriente. Por eso acosa a todos los países que protegen sus riquezas y ha buscado emular el militarismo israelí en América Latina, montando un apéndice bélico muy semejante en Colombia. Pero no puede contrarrestar la enorme simpatía que suscita la causa palestina en toda la región.

Palestina es el gran emblema de los jóvenes que desafían a los gendarmes en las calles de Cali, Santiago o Lima. Encarna una rebelión heroica contra la injusticia que despierta admiración en todos los rincones de América Latina. Palestina está muy presente en el corazón de nuestros pueblos.

RESUMEN

Las atrocidades cometidas por el ejército israelí suscitan nuevas protestas entre los herederos de la tradición humanista del judaísmo. Esa reacción es mayor en América Latina, frente a la importación derechista de los brutales métodos utilizados en Medio Oriente. Con anexiones y apartheid Israel participa en el rediseño imperial de la región, pero su proyecto colonialista no es viable en el siglo XXI.

La resistencia en Gaza, Cisjordania y las ciudades mixtas recompone el fragmentado tejido de los palestinos. La solución de los dos estados exigiría la reparación a los refugiados y el dudoso fin de la ocupación. Por eso gana adeptos el proyecto de un sólo estado, binacional, laico y democrático. Es necesario distinguir la cultura judía y la nación israelí del expansionismo sionista y apuntalar una lucha de Palestina que suscita admiración en América Latina.

Notas:

[1] https://ernestovillegassite.wordpress.com/2021/05/25/raices-judias-contra-genocidio-en-palestina/ Foro internacional «Raíces judías contra genocidio en Palestina» YouTube: https://bit.ly/3yItyYE

[2] Armanian, Nazanin. Palestina: un genocidio en cámara lenta, 18-5-2021,

[3] Juma, Jamal. La Operación “Guardián de los muros” no reparará los muros del apartheid de Israel, 15/05/2021. http://rebelion.org/la-operacion-guardian-de-los-muros-no-reparara-los-muros-del-apartheid-de-israel

[4] Harb, Imad. El absoluto fracaso de los Acuerdos de Abraham, 21/05/2021, https://rebelion.org/el-absoluto-fracaso-de-los-acuerdos-de-abraham/

[5] Chomsky, Noam; Achcar, Gilbert (2007). Estados peligrosos: Oriente Medio y la política exterior estadounidense. Barcelona: Paidós (cap 5)

[6] Margalit, Meir. En Israel todo el mundo trabaja para la derecha, 18-5-2021,

[7] Pappé, Ilan. Podemos contar los días hasta el próximo ciclo de violencia, 23-5-2021, https://www.eldiarioar.com/mundo/illan-pappe-historiador-israeli-contar-dias-proximo-ciclo-violencia_128_7963376.html

[8] Baroud, Ramzy, Hay que superar el apartheid en Palestina. La solución de un Estado no es ideal, pero es justa y posible, 07/12/2020, https://rebelion.org/la-solucion-de-un-estado-no-es-ideal-pero-es-justa-y-posible/

[9] Katz Claudio. Los argumentos por Palestina, 4-9-2006, https://katz.lahaine.org/los-argumentos-por-palestina/

Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

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