27 estudiantes palestinos asesinados en Cisjordania y Gaza durante mayo

25 de mayo de 2021

Foto: estudiantes sentados en clase en la ciudad de Gaza el 10 de octubre de 2020 [MAHMUD HAMS/AFP vía Getty Images]. 

Veintisiete estudiantes murieron durante la reciente agresión israelí al pueblo palestino, declaró ayer el ministro de Educación, Sadiq Al-Khadour.

«Veintidós estudiantes de la Franja de Gaza y otros cinco de Cisjordania murieron en mayo», dijo Al-Khadour a los periodistas, y añadió que cerca de 46 escuelas de Gaza sufrieron daños, incluidas «algunas pertenecientes a la Agencia de Naciones Unidas para la Ayuda y el Desarrollo (UNRWA)».

Señaló que dos direcciones de educación en el norte y el oeste de la Franja ocupada resultaron «completamente dañadas». «La agresión israelí ha supuesto un golpe demoledor para todos los esfuerzos que se hicieron para reformar el sistema educativo en Gaza, que se habían suspendido debido al brote de coronavirus», dijo Al-Khadour.

El funcionario palestino señaló que «varias escuelas de Gaza se han convertido en refugios», y explicó que esto último «retrasará el regreso a las escuelas».

«El ministerio anunciará una fecha para el regreso de las escuelas locales en los próximos días», añadió Al-Khadour.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Una investigación revela que el 33% de los miembros del gabinete británico están financiados por grupos pro-israelíes

Foto: el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, sale del número 10 de Downing Street para presidir la reunión del gabinete en Londres, Inglaterra, el 8 de diciembre de 2020 [Tayfun Salci/Anadolu Agency].

25 de mayo de 2021

Un tercio de los miembros del gabinete británico, incluido el primer ministro Boris Johnson, han sido financiados por Israel o por grupos de presión pro-israelíes, ha revelado Declassified UK. El sitio web de periodismo de investigación descubrió las diversas formas en que el Estado ocupante ha cortejado a los miembros del gobierno a lo largo de los años, una tendencia que fue denunciada como «repugnante» el mes pasado por un ex ministro conservador de alto rango.

Los parlamentarios británicos han sido cortejados de diversas maneras, incluyendo viajes a Israel financiados por grupos pro-israelíes. Al parecer, Johnson realizó un viaje de cinco días al Estado ocupante en noviembre de 2004, tres años después de su entrada en el Parlamento. Fue financiado conjuntamente por el gobierno israelí y los Amigos Conservadores de Israel (CFI), un poderoso grupo de presión de Westminster que no revela sus financiadores pero que ha afirmado que el 80% de los diputados conservadores son miembros.

Según Declassified, Johnson no declaró el viaje en su registro parlamentario de intereses hasta cuatro años después, en 2008, y no reveló el coste del viaje, lo que puede suponer una infracción de las normas parlamentarias. El ex canciller George Osborne, que también estuvo en el viaje, lo registró dos semanas después de regresar.

En 2012, el CFI organizó un «autobús de campaña» para llevar a Johnson a una gira por el norte de Londres como parte de su campaña electoral a la alcaldía de Londres.

Otros cinco ministros del gabinete -Alok Sharma, Kwasi Kwarteng, Robert Jenrick, Oliver Dowden y Amanda Milling- realizaron viajes pagados a Israel entre 2011 y 2016. Kwarteng y Milling habrían visitado el año siguiente a su entrada en el Parlamento, mientras que Dowden fue antes de convertirse en diputado

Otros dos ministros del gabinete, Michael Gove y Priti Patel, fueron financiados para visitar Washington DC y asistir a conferencias organizadas por el Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí (AIPAC), el principal grupo de presión de Israel en Estados Unidos. Patel fue destituida en 2017 por la ex líder conservadora Theresa May por mantener reuniones secretas con Israel.

Patel, nombrado ministro del Interior por Johnson, recibió 2.500 libras (3.530 dólares) del think tank de derechas pro-israelí Henry Jackson Society (HJS) en 2013 para ser delegado en un «foro» organizado por el AIPAC. Los detalles de los viajes a Israel de los actuales miembros del Gabinete fueron reseñados ampliamente por Declassified.

Durante un viaje de James Cleverly, el ministro de Estado para Oriente Medio y el Norte de África, dijo: «Israel es un país increíble, no hay duda de ello». En los últimos meses, varios grupos, entre ellos Human Rights Watch, han calificado a Israel de Estado de apartheid, culpable de crímenes contra la humanidad.

Cleverly apoyó a Israel durante la última agresión del Estado de ocupación a Gaza. «El Reino Unido condena inequívocamente el lanzamiento de cohetes contra Jerusalén y otros lugares dentro de Israel», añadiendo: «Condenamos enérgicamente estos actos de terrorismo por parte de Hamás y otros grupos terroristas que deben poner fin permanentemente a su incitación y al lanzamiento de cohetes contra Israel. No hay justificación para atacar a civiles». Cleverly también dijo en el Parlamento que el Reino Unido se opone a una investigación de la Corte Penal Internacional sobre los crímenes de guerra israelíes.

El último informe de Declassified vuelve a poner de manifiesto lo que ha sido denunciado por el ex ministro de Asuntos Exteriores Sir Alan Duncan como «la más repugnante injerencia» en la política británica por parte del lobby pro israelí.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Samera Esmeir, activista y profesora palestina en la Universidad de Berkeley, analiza el conflicto de Gaza: «Ya no luchamos por el estado palestino, luchamos por la liberación»

Foto: una manifestante en Michigan, Estados Unidos, donde el presidente Joe Biden visitó una planta de Ford, para reclamarle por el cese del apoyo a Israel.. Imagen: AFP

21 de mayo de 2021

Por Natalia Brizuela y Verónica Gago

Samera Esmeir nació en la ciudad de Haifa -ocupada por Israel en 1948- y terminó su maestría en leyes en la Universidad de Tel Aviv. Desde 1995 empezó su práctica de abogacía defendiendo a refugiades y residentes palestinos en Jerusalem Oriental. Desde 2005 da clases en la Universidad de Berkeley desde donde continúa su activismo.

“Hemos visto cómo en el mundo occidental no se asocia a Palestina con las luchas feministas. De hecho se da por sentado, que no hay posible intersección o alianza entre el feminismo y la lucha palestina. Las feministas palestinas, en cambio, continúan pensando que el feminismo es una lucha en contra del proyecto de ocupación colonial, de opresión y violencia de género. Se niegan a separar el feminismo de las problemáticas anti-coloniales, del mismo modo en que viene ocurriendo en América Latina”, dice la abogada, profesora y activista palestina Samera Esmeir.

Este nuevo episodio de brutalidad tiene como momento inicial una expulsión: las protestas palestinas para evitar desalojos de varias familias, y el desplazamiento forzado de sus hogares, en los barrios de Sheikh Jarrah y Silwan, en Jerusalén. Luego siguió una feroz represión israelí en la mezquita de Al-Aqsa. Pero más que reproducir sin fin las escenas de destrucción, hay voces que ponen el eje en mirar nuevamente la resistencia palestina e incluso su afirmación de un vocabulario de la liberación más que el conocido de la autodeterminación. Es lo que propone Samera Esmeir en esta conversación.

Samera Esmeir

Samera nació en la ciudad de Haifa, la ciudad palestina que en la guerra de 1948 fue ocupada por las fuerzas sionistas, tras el fin del mandato británico en Palestina. Su familia fue parte de quienes fueron encerrados en un barrio pobre mientras la ciudad era tomada por completo. Estudió abogacía en la la Facultad de Leyes de Haifa y en 1995 se mudó a Jerusalén Oriental para trabajar en el Centro de Apoyo Legal Cuáquero. “Era un centro ilegal que ofrecía apoyo legal gratuito a los habitantes de Jerusalén Oriental y a los palestinos de Cisjordania. Así empecé mi práctica como abogada”, nos cuenta. Detalla que los casos que le tocaban eran de dos tipos: derecho de residencia y desalojos. “En los años 90, el estado de Israel aceleró la revocación del estatus de residente de los habitantes palestinos de Jerusalén Oriental como técnica para su proyecto de limpieza étnica y de volver minoritaria a la población palestina: entonces, trabajé en esos casos para impedir la revocación del estatus”. Agrega que, por entonces Israel tenía planes de urbanización en Cisjordania, proyectando grandes calles. “Podíamos armar casos en contra de las órdenes israelíes de demolición que destruían casas en la zona. Fue así que nos enteramos de proyectos de desarrollo de autopistas, avenidas y calles, como parte de un proyecto de urbanización que obstruye la circulación de lxs palestinxs y que facilita la movilidad de los colonos”. Luego empezó a trabajar en un despacho de abogados en Jerusalén Oriental, representando a palestinxs en la Corte Suprema israelí. En el ínterin hizo una maestría en leyes en la universidad de Tel Aviv. Luego se fue a Nueva York a hacer un doctorado. Dice que entonces tomó la decisión de dejar de ejercer como abogada: “Me dí cuenta de que la ruta de la ley no era la ruta para poder liberar a Palestina”. Sin embargo, entonces co-fundó la revista Adalah Review, vinculada a un centro de apoyo legal en Haifa en defensa de los derechos de lxs palestinxs, o sea de alguna manera el trabajo legal continuaba, aunque por otros medios. Desde el 2005, se convirtió en profesora e investigadora en la Universidad de California en Berkeley, sin dejar su activismo.

¿Qué elementos, tanto históricos como coyunturales, permiten comprender mejor el ataque actual contra Palestina y, en particular, que el foco esté otra vez en Gaza?

Gaza y Cisjordania fueron ocupados en 1967 por Israel y así completó entonces la ocupación de Palestina. El proceso de paz empezó en los años 90 pero fue interrumpido y en 2005 Israel se retiró por completo de la Franja de Gaza, donde había pocos asentamientos, de manera unilateral porque no quería negociar con Palestina. Estamos hablando de un área total de la Franja de Gaza de 41 kilómetros de largo y entre 6 y 12 kilómetros de ancho, con casi dos millones de palestinxs, de los cuales un millón cuatrocientos mil son refugiadxs de la guerra israelí. Es una población muy densa en un espacio pequeño de tierra. Señalar la unilateralidad de la retirada es importante porque establece la superioridad de Israel y su no voluntad de negociar con lxs palestinxs.

En 2007, sin embargo, Israel impone un bloqueo en Gaza impidiendo cualquier movimiento por mar, tierra y aire. Dice que el bloqueo es porque lxs palestinxs votaron en sus elecciones por el partido islámico de Hamas: es decir, el bloqueo es un castigo al voto. La elección de Hamas fue considerada como un desafío al gobierno israelí y a su supremacía porque Hamas es abiertamente un movimiento de resistencia. Podemos decir muchas cosas sobre Hamas, y hay varias posiciones al respecto, pero la reacción de Israel y la comunidad internacional que la respaldó, fue que imponer el bloqueo en Gaza tenía que ver con que Hamas es un movimiento de resistencia armado. Entonces, por casi quince años dos millones de personas en Gaza han estado viviendo en esa pequeña porción de tierra bajo bloqueo. Gaza reúne así historias de desposesión y sintetiza un estado de pobreza de la mayoría.

La madre de Yaseen Hamad tira flores al cuerpo de su hijo durante el funeral en el West Bank. (EFE)

¿Cómo se ubica el bombardeo actual entonces?

En mi análisis, el actual bombardeo contra Gaza es una performance de supremacía. Una performance de que Israel puede y quiere destruir vidas cuando sea que se decidan a resistir. El bombardeo aéreo es la principal tecnología y la práctica clave en la performance de supremacía. Entonces, lxs palestinxs en Gaza respondieron enviando cohetes para atacar Israel. Estos cohetes son caseros porque Palestina no tiene el poderío militar de Israel. Y es esa la resistencia que cada vez Israel intenta aplastar. Esta ocasión, cuando estaban intentando desalojar hogares palestinos de Jerusalén, hubo un llamado de activistas palestinos pidiendo apoyo a Gaza, para ayudarles con la resistencia. Gaza respondió enviando cohetes en apoyo a la gente que luchaba contra los desalojos en Jerusalén este. Y así es cómo este nuevo episodio de destrucción empezó. Pero recordemos que Israel no necesita que haya cohetes para atacar en Gaza. Solo para hablar de la última década, entre 2012 hasta 2021 Israel continuó con rutinas, estructurales o esporádicas pero rutinas al fin, de bombardeo contra la Franja de Gaza. Recordemos que desde el 30 de marzo 2018, el día de la Tierra, hasta diciembre de 2019, Gaza participó en la que se llamó la Gran Marcha del Retorno demandando el fin del bloqueo y el retorno a los hogares mientras que recibían cientos de balas del ejército israelí. La marcha pacífica continuó aún cuando decenas fueron asesinados y cientos heridos. Lxs palestinxs en Gaza son asesinadxs cada vez que muestran algún signo de resistencia. Israel no tolera esto porque aspira al control total y a la pacificación total. No hace falta decir que esto es imaginario porque es imposible de lograr.

¿Cómo sintetizarías las demandas históricas de la lucha palestina por la autodeterminación? ¿Sigue siendo ese el vocabulario principal de los reclamos?

La ironía es que lxs palestinxs están siendo obligadxs a reconocer a Israel como un Estado para el pueblo judío, pero eso implica reconocer la autodeterminacion de los judíos en su tierra mientras que, al mismo tiempo, es su propia autodeterminación la que está negada. Ningún documento reconoce la autodeterminacion del pueblo palestino. Dicho esto, en el momento actual de la lucha palestina, el lenguaje no es el de la autodeterminación, incluso cuando fue muy importante por muchas décadas, porque fue el lenguaje de los movimientos anti coloniales de la segunda mitad del siglo veinte y porque se convirtió en una herramienta legal contra la colonización. Y Argelia fue un ejemplo para la organización de la liberación palestina, por ejemplo. Pero volviendo a este momento coyuntural, no escuchamos el lenguaje de la autodeterminación, sino otro lenguaje incluso preexistente: el lenguaje de la liberación, de la libertad. Liberación solía ser el concepto principal de la lucha palestina y ahora está de nuevo surgiendo.

¿Qué diferencias implica?

Este lenguaje está menos interesado en la cuestión de la estatalidad y más interesado en deshacer y destruir la tecnología colonial de gobierno y sus operaciones. Liberar es descolonizar. Liberar es lograr libertad. Liberar es deshacer la estructura de ocupación y conseguir dignidad y equidad en nuestra tierra. Liberar es deshacer el estatus de refugiadxs y permitirles volver a su hogar. Esta es la diferencia hoy entre el lenguaje de la liberación y el lenguaje de la autodeterminación. Quiero repetir: la lógica de la estatalidad puede volver a emerger y es parte de lo que introduce el liderazgo convencional, pero la gente en las calles no canta por la autodeterminación ni por la estatalidad después de todo lo que se intentó en relación a la promesa de estatalidad por casi tres décadas, desde el acuerdo de Madrid en principio de los 90. El lenguaje hoy es un revival de un concepto anterior de liberación. Nadie está analizando esto, pero esta diferencia y este revival es importante. Todavía no sabemos las consecuencias que tendrá.

Han habido muchas manifestaciones en Palestina, donde sobresale la presencia joven. ¿Podrías explicarnos cómo el derecho al retorno, ese que impulsó las marchas los últimos años, y la oposición a la solución de los “dos estados” se expresó estos días concretamente en las calles?

El derecho a regresar ha estado en el centro de la lucha palestina hace ya varias décadas, mientras se discutía la opción de los dos estados. Lxs refugiadxs palestinxs se sentían excluídxs del proyecto de solución vía los dos estados y continuaron demandando el derecho a regresar. Lxs refugiadxs se han convertido en una fuerza central de la lucha palestinx. O sea, habían sido centrales ya en los años 60 y 70, pero los Acuerdos de Paz de Oslo los habían marginado porque Israel no permitía que regresen porque eso desarticularía la mayoría israelí en el territorio. Han habido algunas propuestas que permitirían el regreso de algunos pocos a Cisjordania. En los Acuerdos de Paz, la OLP (Organización de Liberación Palestina) dejó de lado el tema de lxs refugiadxs para negociaciones futuras. También el tema de los asentamientos, de Jerusalén y la cuestión del agua. Es decir: cuatro temas centrales para la vida palestina fueron dejados de lado para que avanzaran los acuerdos de Oslo. Pero son los temas más centrales en cierto modo. Lxs refugiadxs palestinxs han estado imponiendo sus propias demandas en sus movilizaciones y en sus organizaciones. Hay también un movimiento dentro de Israel, de palestinxs que fueron desplazadxs dentro de su propia tierra, como mis padres, como yo, y hay un movimiento de regreso dentro del territorio mismo. En mi aldea, por ejemplo, los jóvenes y los mayores regresaron hace unos años, retomando la vida en la aldea destruída. Lo hicieron durante un año hasta que Israel los expulsó, otra vez. En las calles ves personas de todas las generaciones y el reclamo es por nuestra existencia, por nuestras vidas, generando espacio para que regresen lxs refugiadxs más allá de la forma política que tome Palestina. Esto es un cambio radical muy reciente aunque recordemos que esta era la demanda de la OLP cuando se formó en los años 60.

Manifestantes en Chile en defensa de la resistencia Palestina (EFE)

Se habla de un cambio generacional, tanto en el liderazgo como en las movilizaciones. ¿Cómo caracterizarías ese cambio?

La OLP, que en los 80 decíamos que era la única representación política de lxs palestinxs porque queríamos que el resto del mundo la reconociera como nuestro movimiento de liberación nacional, se transformó en la Autoridad Palestina que gobierna en particular Cisjordania. Hoy está haciendo el trabajo de ocupación en Cisjordania. No es ningún secreto, ya que está en todos los acuerdos publicados. Ellos tienen lo que llaman la coordinación de seguridad: esto significa que la Autoridad Palestina en Cisjordania colabora y coopera con Israel, le entrega información sobre las personas a quienes debe detener, liderada por una facción, Fatah, y algunos de sus aliados. La nueva generación está harta de esa organización. Y lo que están haciendo hoy es reactivar otra historia de lucha, una que ya no está interesada en lograr un estado, sino en la liberación de Palestina. Pueden articular una lucha que no está limitada por los lenguajes de la ley y la diplomacia internacional.

En ese sentido, ¿qué significó el llamado a huelga general esta semana?

La huelga general desafía el desmembramiento de la sociedad palestina. Cuando las fuerzas sionistas ocuparon Israel en 1948 inmediatamente desmembraron la sociedad palestina en tres grupos. La mayoría de lxs palestinos se convirtieron en refugiadxs, en Líbano, Siria y Jordania. Una minoría permaneció dentro de Israel y se les dio ciudadanía israelí. En 1967 Israel ocupa Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental y Gaza y les impone un gobierno militar. La historia que se dibuja es una de fragmentación de la comunidad política en por lo menos cuatro partes: lxs palestinxs del 48, lxs palestinxs viviendo bajo ocupación en Gaza y Cisjordania, lxs refugiadxs palestinxs en la diáspora y en campos de refugiados, y lxs palestinxs residentes de Jerusalén Oriental. Después de la ocupación de la Jerusalén palestina en 1967, Israel anexó ese territorio, no se les dió ciudadanía israelí a lxs residentes palestinxs de la zona ocupada para no desestabilizar la mayoría y supremacía isrealí en el territorio, pero se les otorgó residencia a lxs palestinxs de Jerusalén. Una residencia como la que se le daría a un inmigrante que llega a un nuevo país que logra obtener una visa. O sea, es gente que queda marcada como no perteneciendo a ese territorio.

¿La huelga general funcionó como un acto de conexión de todo eso?

Sí, porque estamos desmembrados, quebrados y rotos como sociedad, en grupos con diferentes identidades y aspiraciones. Lo que hace la huelga general es que consolida, agrupa, y colectiviza a lxs palestinxs. Ese es su mayor éxito. Reúne a lxs palestinxs en su tierra. Por primera vez en muchas décadas somos un pueblo palestino, con nuestras pluralidades, nuestras diferencias, y emergemos como uno. Esta huelga nos da una aspiración colectiva. La belleza de la huelga es que, cada unx desde su lugar, nos permite participar a todxs. No miramos acciones a la distancia. La huelga, además, habla sobre el acto de protestar, sobre las confrontaciones que ocurren de modo cotidiano en los checkpoints. Hemos estado viendo potentes y bellas actividades ligadas a la educación, tours dentro de los territorios palestinos que buscan re-educarnos sobre la conexión a la tierra. El día de la huelga general hablamos de esa belleza, de la unidad, de prefigurar un futuro, de una libertad que llegará, pero en este día nuestro corazón también está roto porque Gaza se ha convertido en el laboratorio para la destrucción, para el bombardeo y los rituales de supremacía israelí. Es por y para Gaza que está sucediendo esta huelga general.

¿Cómo ha sido la respuesta de la comunidad internacional? ¿Y desde Estados Unidos en particular?

La respuesta de la comunidad internacional ha sido muda. Y nadie debería de esperar otra cosa más que EEUU defendiendo el derecho de Israel a defenderse porque financian esta guerra. Hace sólo unas semanas EEUU le dió a Israel cientos de millones de dólares en financiamiento militar. Lo que sí están haciendo, que es bastante común cada vez que bombardean Gaza, es darle tiempo a Israel para defenderse y después, gradualmente empiezan a hablar sobre la necesidad del cese de hostilidades. Y después de dos semanas, generalmente, hay un alto de fuego. Pero de hecho le dan a Israel dos o tres semanas para que complete su destrucción de la resistencia en Gaza y también la destrucción de de las posibilidades de vida y de insurgencia en contra de la ocupación israelí. Ya es un ritual conocido. También sabemos que cuando Israel llega hacia el final de su campaña intensifica sus ataques. Estos días estamos siendo testigos de una destrucción horrorosa, porque Israel sabe que tiene licencia internacional de continuar destruyendo por unos par de días más hasta que la comunidad internacional participe en otro ritual más de negociación de un alto del fuego.

Claro, pero las protestas en el mundo fueron rápidas y en muchísimos lugares. Incluso varias conexiones entre la represión en Palestina y en Colombia, con carteles que se viralizaron…

Sí. Hay protestas en todo el mundo, y en el mundo árabe también, porque los estados árabes han abandonado a lxs palestinxs, pero no lo han hecho los pueblos árabes. Esta solidaridad es importante para que sepamos que no estamos reducidxs a los estados a los que pertenecemos, y a su orden internacional. Tenemos otras existencias políticas que importan en la lucha contra la desposesión, contra la colonización, y contra el racismo. Hay muchas conexiones y puntos de convergencia y obviamente diferencias con lo que está sucediendo en Colombia. La huelga de Colombia es contra las medidas neoliberales y la de Palestina es contra el proyecto de ocupación colonial, del llamado colonialismo de colonos (“settler colonialism”). Pero hay convergencias en relación a la desposesión y la violencia racista. Nos corresponde poner en diálogo estas prácticas y procesos de desposesión y racismo para poder cartografiar otro mapa del mundo, más allá del que está satisfecho con representar al mundo a través de los estados nación.

¿Cuál es el rol de los colectivos feministas palestinas y el impulso de acciones transnacionales de apoyo y solidaridad?

Palestina siempre ha tenido colectivos y luchas feministas desde el comienzo de las luchas palestinas anti-coloniales. Yo participé en esas luchas en los 90 cuando terminaba la secundaria y empezaba la facultad. La agenda feminista ha cambiando durante estos últimos años. En particular, ha habido un vuelco hacia la oenegización en Cisjordania, donde el apoyo internacional llega de la mano de talleres de capacitación. Es una agenda vía las ONG que separa las luchas feministas de la lucha palestina, que convierte al feminismo en una cuestión de igualdad de género principalmente, aunque también aborda cuestiones de violencia doméstica contra las mujeres. Pero no tiene ningún interés en explorar la intersección de raza, clase y género. Las feministas palestinas, en cambio, continúan pensando que el feminismo es una lucha en contra del proyecto de ocupación colonial, de opresión y violencia de género. Hace dos días la coalición de mujeres de Jerusalén hizo una declaración en apoyo a la lucha Palestina en contra de la ocupación colonial, enfocándose en cómo ha afectado de modo desproporcionado a mujeres, niñes, embarazadxs. Pero también hemos visto cómo en el mundo occidental no se asocia a Palestina con las luchas feministas. De hecho se da por sentado, de modo generalizado, que no hay posible intersección o alianza entre el feminismo y la lucha palestina. Por eso, las feministas palestinas en EEUU han insistido en categorizar la cuestión palestina como una cuestión feminista. Hace poco un colectivo feminista palestino en EEUU emitió una carta de amor a la gente en palestina aclamándolos por la incansable insistencia de permanecer en sus tierras, y describiendo esa lucha de perseverancia y potencia como una inspiración para la lucha feminista. Esta renovada lucha feminista, que se está dando principalmente por colectivos feministas palestinos en la diáspora, insiste en lo que siempre ha sido fundamental para la lucha feminista palestina previa a la ONGeización: la lucha contra todas las formas de opresión incluyendo la opresión del proyecto racista de ocupación y opresión colonial. En Palestina hay varios grupos feministas cuyas intervenciones se posicionan en la intersección de problemas de violencia género, en particular femicidios por familiares, y el modo en que la Autoridad Palestina ha encubierto a los culpables y asesinos. O sea que la lucha feminista se posiciona en contra de la Autoridad Palestina y de Israel. Las feministas se niegan a separar el feminismo de las problemáticas anti-coloniales, del mismo modo en que eso viene ocurriendo en América Latina, y en tantos otros movimientos feministas en el mundo hoy. O sea que la lucha feminista se ha convertido en un gran paraguas para fomentar y apoyar todo tipo de luchas en contra de la opresión colonial, la subyugación, el racismo y la violencia de género.

Fuente: Página 12

 

Las fuerzas israelíes detienen a 18 palestinos de Cisjordania y golpean a una niña de 5 años

Foto:  niña de 5 años que sufrió hematomas en el ojo después de ser golpeada por soldados israelíes en al-Tuwani.

25 de mayo de 2021

RAMALLAH, martes 25 de mayo de 2021 (WAFA) – Las fuerzas israelíes detuvieron durante la noche de este martes a 18 palestinos de varias partes de Cisjordania, según la Sociedad de Prisioneros de Palestina (PPS).

Como parte de las redadas de detención, nueve fueron detenidos del distrito de Jerusalén, otros tres del distrito de Jenin, otro del distrito de Nablus, otro del distrito de Jericó y otros tres del distrito de Hebrón.

En la ciudad de Jerusalén, la policía israelí detuvo a cinco jóvenes después de irrumpir en las casas de sus familias en la ciudad.

También llevaron a cabo una redada en el barrio de al-Tur en Jerusalén, donde detuvieron a un adolescente de 18 años.

Aún en el distrito de Jerusalén, otros dos fueron detenidos en redadas separadas en las ciudades de Biddu y Beit Duqqu, al noroeste de la ciudad.

Esto se produjo cuando las fuerzas de Mista’arvim se infiltraron en la aldea de az-Za’ayyem, al este de la ciudad, donde secuestraron a otro supuestamente por publicar un video en las redes sociales.

En el distrito de Jenin, las fuerzas israelíes volvieron a arrestar a un ex prisionero después de irrumpir en la casa de su familia en la aldea de Kafr Dan, al noroeste de la ciudad de Jenin.

El director de la oficina de PPS en Jenin, Muntaser Sammur, señaló que las fuerzas israelíes estaban persiguiendo al ex prisionero y asaltaron la casa de su familia varias veces en las últimas semanas, agrediendo a miembros de su familia y deteniendo brevemente a su padre y hermanos en el campamento militar de Salem para obligarlo a entregarse.

Esto se produjo cuando las fuerzas israelíes encubiertas, conocidas como Mista’arvim, secuestraron a otro ex prisionero de su casa en la ciudad de Jaba ‘, al sur de la ciudad.

Otro palestino fue detenido después de detenerse en el puesto de control militar de Mavo Dotan, al suroeste de la ciudad. Fue identificado como residente de la ciudad de al-Yamun, al oeste de la ciudad.

En el distrito de Nablus, vehículos militares israelíes irrumpieron en la ciudad, donde los soldados rodearon a otro después de saquear su casa en la calle al-Quds.

En el distrito de Jericó, se confirmó una redada militar israelí en el campo de refugiados de Aqabat Jaber, al suroeste de la ciudad, que resultó en la detención de un miembro del Servicio de Seguridad Nacional Palestino.

En el sur de Cisjordania, PPS confirmó una redada militar israelí en el barrio de Khallet Hadur en la ciudad de Hebrón, que resultó en la detención de otro.

El lunes por la noche, las fuerzas israelíes asaltaron la aldea de al-Tuwani, al sur de Hebrón, y arrestaron a un padre y a su hijo.

Según la Alianza por los Derechos Humanos (AHR), un grupo que documenta abusos contra los derechos humanos en los territorios ocupados, los soldados mantuvieron a los detenidos en una camioneta dentro del asentamiento colonial israelí de Maon durante varias horas antes de llevarlos a la comisaría de policía de Kiryat Arba.

AHR se enteró de que los soldados no dejarían que los detenidos hablaran con su abogado antes de la investigación.

Durante el arresto, los soldados irrumpieron en varias casas, golpearon a una madre y a su hija de 5 años y le provocaron hematomas en el ojo.

También destruyeron ventanas de las casas, dañaron propiedades en las casas y se llevaron los teléfonos a las personas que intentaron filmar la operación.

Las fuerzas israelíes asaltan con frecuencia casas palestinas casi a diario en Cisjordania con el pretexto de buscar palestinos «buscados», lo que desencadena enfrentamientos con los residentes.

Estas redadas, que tienen lugar también en zonas bajo el control total de la Autoridad Palestina, se llevan a cabo sin necesidad de una orden de registro, cuando y donde el ejército elija de acuerdo con sus amplios poderes arbitrarios.

Según la ley militar israelí, los comandantes del ejército tienen plena autoridad ejecutiva, legislativa y judicial sobre más de 3 millones de palestinos que viven en Cisjordania. Los palestinos no tienen voz en cómo se ejerce esta autoridad.

Fuente: WAFA

 

La ofensiva en Gaza, objetivo a objetivo: «Ningún lugar era seguro»

Foto: palestinos conducen una motocicleta después de la tregua entre Israel y Hamas, en Gaza REUTERS / SUHAIB SALEM

21 de mayo de 2021

Por Yolanda Álvarez 
 

Once días después, por primera vez en la Franja de Gaza no se escuchan bombardeos ni lanzamientos de cohetes. Al menos 243 palestinos, incluyendo 66 niños, y 12 israelíes, dos de ellos menores, han muerto en la última ofensiva entre Hamás e Israel. Con la Franja cerrada a la prensa extranjera por parte de Israel durante toda la operación militar, intentamos reconstruir los hechos dentro del territorio palestino con fuentes sobre el terreno, testigos presenciales e informes documentados de la organización palestina de derechos humanos Al Haq.

La mecha de esta escalada se prendió con las órdenes de expulsión de varias familias palestinas del barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Oriental, territorio ocupado por Israel desde 1967, según la ONU. Echaron gasolina al fuego los enfrentamientos en la Explanada de las Mezquitas, durante el Ramadán, mes sagrado para los musulmanes, que se saldaron con centenares de palestinos heridos. Después de una advertencia, el lunes 10 de mayo, a las 5:45 de la tarde, las milicias de la Franja de Gaza lanzaron cohetes contra Israel en lo que llamaron “defensa” de los palestinos de Jerusalén Este.

Israel actuó en lo que llamó “defensa propia” con varios bombardeos y puso en marcha su cuarta operación militar en la Franja en 13 años, bautizada “Guardián de los Muros”. Los bombardeos del primer día fueron selectivos. El ejército israelí asegura que se dirigieron a objetivos de Hamas. Como resultado, perdieron la vida al menos 24 palestinos, entre ellos, nueve menores.

Al día siguiente, las milicias palestinas intensificaron el lanzamiento de cohetes contra Israel y el ejército israelí, sus bombardeos. Como resultado, esa jornada murieron tres civiles israelíes y al menos 30 palestinos, de los que diez eran niños. Ese día y los posteriores, el ejército de Israel llamaba a los habitantes de los inmuebles antes de bombardearlos o disparaba desde sus drones pequeños proyectiles de aviso, una señal ante la que los palestinos de Gaza proceden al inmediato desalojo del edificio ante el casi seguro bombardeo. Eso no evitó, sin embargo, que hubiera víctimas civiles.

«Conscientes de que ningún lugar era ya seguro»
Durante la primera semana de escalada, ni los bombardeos de un lado ni los cohetes del otro cesan. Cambian los lugares, las víctimas, pero en el parte de guerra cada día parece similar al anterior. Sin embargo, el jueves 13 de mayo se produce un salto cualitativo. A la una de la madrugada, en Beit Lahia, en el norte de la Franja, los misiles del ejército israelí destruyen completamente ocho edificios de unas 30 viviendas cada uno. La diferencia: esta vez no ha habido aviso previo a sus habitantes.

El objetivo era matar a un líder de Hamas, Abu Anas Al Gandour, cuya vivienda estaba en uno de esos edificios; pero en el momento del bombardeo, el líder islamista no se encontraba allí. A algunas familias las sacaron de debajo de los escombros siete horas después. Otras no tuvieron la misma suerte: murieron 22 personas inocentes.

La población civil empezó a sentir aún más miedo. “Hasta ese momento, la gente pensaba que en casa estaría a salvo, que no atacarían sin avisar; pero a partir de ese momento, todos eran conscientes de que ningún lugar era ya seguro”, nos cuenta Abu Obada, vecino de Beit Lahia.

El viernes 14 de mayo la ofensiva de Israel se intensifica: a los 450 misiles lanzados desde sus aviones de combate, se suman 550 andanadas de disparos de artillería desde tanques desplegados alrededor de la Franja. El ejército israelí asegura que se dirige a atacar la red de túneles subterráneos y las lanzaderas de cohetes de las milicias.

En una entrevista tras la ofensiva de 2014, ex soldados israelíes me explicaron que la artillería emplea armas poco precisas, con un margen de error de hasta 500 metros, lo que supone un aumento exponencial de víctimas civiles en un lugar superpoblado como es la Franja de Gaza, con casi dos millones de habitantes en 365 km2. El balance de víctimas en la Franja sube vertiginosamente: 145 palestinos muertos y más de 800 heridos.

El sábado de madrugada, Israel bombardea un edificio en el campo de refugiados de Al Shate, en el oeste de la ciudad de Gaza. Otra vez, sin advertencia previa. Allí vivía un miembro de Hamas, Alaa Mohamed Abu Hatab; pero él tampoco estaba en casa en el momento del ataque. Murieron su mujer y sus cuatro hijos, y su hermana junto a sus tres hijos, que habían ido a visitar a la familia por la festividad del Eid el Fitr. El bombardeo también causó daños importantes en los edificios de alrededor.

Bombardeos sin advertencia a la población
Ese mismo sábado 15 de mayo por la tarde el conserje del edificio Burj Al-Jalaa recibe una llamada del ejército israelí, advirtiendo que van a bombardear en una hora. La torre alberga las oficinas de la agencia Associated Press y de la televisión qatarí Al Jazeera, que ya se convirtió en objetivo israelí en la ofensiva de 2014. Aquella vez su responsable llamó al ejército tras recibir un proyectil de aviso lanzado desde un dron e Israel desestimó el bombardeo; pero en esta ocasión el ejército no atiende las incesantes llamadas.

Todos los trabajadores tienen que desalojar el edificio e Israel lo reduce a escombros. Yo misma visité esas oficinas en un par de ocasiones. Tenían el mejor equipamiento para televisión y los periodistas de Gaza la consideraban la torre más segura de la Franja para cubrir una guerra. El ataque, condenado por la Federación Internacional de Periodistas y RSF, lanza un mensaje claro contra la prensa, que una vez más, se convierte en testigo incómodo.

Esa misma tarde, el ejército israelí bombardea la torre Al Shuruk, en el centro económico de la ciudad de Gaza. No era un mero edificio, era el símbolo económico de la Franja. El lunes 17 de mayo por la tarde, los cazas israelíes empiezan a bombardear el barrio de Al Rimal, donde se concentran importantes negocios y centros comerciales. Las fuerzas israelíes bombardean la calle principal, disparando un misil cada 50 metros y cientos de proyectiles en todo el barrio, según indican testigos presenciales.

El ejército israelí asegura que era un centro de operaciones de Hamas. Los bombardeos mataron a varias familias en la calle Al Wahda, una avenida central de Gaza. Fuentes de la Franja que piden permanecer en el anonimato aseguran que varias familias han sido “borradas del mapa”. Una era la del médico Ayman Abu Al-Ouf, que supervisaba la respuesta a la pandemia causada por la covid y no tenía vinculación política ni relación con Hamas, según las mismas fuentes. Los bombardeos se llevaron a cabo sin ningún tipo de advertencia a la población.

50 bombardeos en menos de 15 minutos
La madrugada del domingo 16 fue, según testigos presenciales de la Franja, la mayor ola de ataques desde el comienzo de la actual ofensiva, con 50 bombardeos en menos de 15 minutos. Los bombardeos destruyeron la residencia familiar del líder de Hamas Yahya Sinwar, que no estaba en casa, y también incluyeron varios edificios civiles.

Las milicias palestinas lanzaron al menos 130 cohetes, contra Tel Aviv y otras ciudades del centro de Israel. El número de víctimas palestinas subió a cerca de 200, incluyendo 58 menores y 34 mujeres, y el de víctimas israelíes a 10, dos de ellas menores.

No todos los ataques a la prensa en la Franja han sido con previo aviso. El miércoles 19 de mayo, la aviación israelí atacó con tres proyectiles sucesivos los dos últimos pisos de un edificio de cinco plantas en el norte de la ciudad de Gaza y mató a un periodista de 32 años, que trabajaba en la radio local Voz de Al-Aqsa. En la ofensiva de 2014, murieron al menos 17 periodistas y trabajadores de medios de comunicación en la Franja palestina.

En la ciudad de Gaza hay más de 300 edificios altos o torres. Para sus habitantes y trabajadores resulta difícil saber con certeza si en alguno de los pisos existe una vivienda, oficina o negocio relacionado con Hamas, la Yihad Islámica u otras milicias, que disponen, por ejemplo, de varias emisoras de radio y otros medios de comunicación. En diez días, las viviendas destruidas en la Franja palestina por los ataques israelíes eran más de 700.

Ataques a infraestructuras civiles
La organización palestina de derechos humanos Al-Haq, con sede en Ramala, ha elaborado varios informes sobre el terreno que documentan detalladamente los ataques en la Franja de Gaza. Concluye que las fuerzas israelíes han atacado varias infraestructuras civiles, como una planta desalinizadora o los puertos de Deir Al-Balah o Rafah, así como terrenos de uso agrícola, edificios de medios de comunicación y negocios, con una “destrucción extensiva y apropiación de la propiedad, no justificada por necesidad militar y llevada a cabo de forma ilegal y deliberada”. Y pide una investigación internacional de los hechos.

A 20 de mayo de 2021, el ejército israelí asegura que las milicias palestinas han disparado al menos 4.070 cohetes, de los que el 90% ha sido interceptado por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro y 610 habrían caído en la propia Franja. Algunos de ellos han llegado no solo a las poblaciones más cercanas al territorio palestino, sino a grandes ciudades como Tel Aviv.

* Yolanda Álvarez es periodista de En Portada y fue corresponsal de TVE en Jerusalén entre 2011 y 2015, y cubrió las ofensivas de 2012 y 2014 en la Franja de Gaza

 
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