Israel-Palestina: la segregación y la discriminación institucionalizadas

01 de julio de 2022

Por Isaías Barreñada Bajo Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Complutense de Madrid.

Hay conflictos de larga duración no resueltos que están invisibilizados y apenas concitan el interés de los medios, salvo cuando se viven estallidos de violencia o cuando afectan los intereses sensibles de ciertos estados. Sin embargo, hay un conflicto que, desde hace décadas, está hipermediatizado, se le presta una atención continua y ocupa un espacio casi permanente en las secciones de actualidad internacional de los periódicos y en los centros de análisis. Todo lo que rodea a Israel y a su belicosa relación con los países árabes es el ejemplo paradigmático de infodemia, sin duda inducida, que no solo satura, sino que encubre y propicia en muchos casos más desinformación y manipulación que un conocimiento cabal del problema.

El volumen de análisis y de estudios sobre Israel y Palestina es inabarcable, aunque en su mayor parte se trata de meras repeticiones o variaciones sobre el mismo tema. Los aportes novedosos y originales son pocos, y sin lugar a duda los más interesantes proceden de los propios actores, y en particular de una nueva generación de analistas palestinos e israelíes críticos, que desde el terreno o desde la diáspora académica a la que han sido condenados, vienen haciendo contribuciones que sacuden las tradicionales interpretaciones de la cuestión israelo-palestina y obligan a repensarla con otras coordenadas. Y lo que es más importante: son análisis que impugnan radicalmente la manera en que se ha explicado la cuestión israelo-palestina hasta ahora y también las maneras en que se ha intentado resolver.

El libro de Itxaso Domínguez de Olazábal se inscribe claramente en este cambio de paradigma epistemológico e interpretativo. La autora es una buena conocedora de las principales aportaciones de los estudios críticos y decoloniales palestinos, además de tener una vivencia directa de la realidad del país y de su población. No sobra decir que es un referente en España de la relectura e reinterpretación de la cuestión palestina, claramente a contracorriente con la mayor parte de los análisis clásicos y convencionales.

Como señala en sus primeras páginas, la obra no pretende ser un estudio simultáneo y paralelo de Israel y Palestina ni de los intentos fallidos de resolución del conflicto, sino una explicación crítica de la realidad de Palestina. El título es contundente y lo dice todo: ocupación, colonización, segregación. Estas son las tres dimensiones estructurales y estructurantes de la realidad palestina: el colonialismo de asentamiento y la limpieza étnica que están en el origen del problema, la anómala ocupación de Cisjordania y Gaza en 1967 y que perdura hasta hoy en día, y la cuestión del apartheid que afecta a todos los palestinos.

La obra tiene una estructura clara y muy pedagógica. Parte de la piedra angular: la colonización sionista, la nakba (la catástrofe de 1948-1949) y la fragmentación de la población autóctona. Expone el debate actual sobre el marco interpretativo de la cuestión palestina, señalando los elementos esenciales de la crítica decolonial aplicada a palestina. Analiza las tres dimensiones constituyentes de la palestinidad: los palestinos de las áreas ocupadas (los palestinos del 67), los palestinos con ciudadanía israelí (los palestinos del 48) y la diáspora de refugiados y emigrados. Aborda en un capítulo el papel de la comunidad internacional que ha contribuido al agravamiento y a la no resolución de esta situación. Y plantea finalmente una serie de reflexiones sobre los diferentes repertorios de resistencia que cuestionan y que han ido sustituyendo a las formas tradicionales del movimiento de liberación nacional palestino, la Organización para la Liberación de Palestina. A modo de colaboración-epílogo, la jurista chileno-palestina Nadia Silhi Chahin reflexiona sobre el derecho aplicable y la solidaridad con los palestinos. La obra se completa una cronología básica, y una muy acertada sección de recomendaciones bibliográficas y de recursos. Este itinerario se lleva a cabo con un rigor inexorable y exacto, atreviéndose a utilizar conceptos y términos como supremacismo, racismo, apartheid o deslegitimación, que hoy son habituales en los estudios críticos sobre la cuestión palestina pero que siguen siendo tabú en la mayor parte del discurso público en España y en Europa.

La lectura del libro da pie a algunas reflexiones generales. La primera es que la cuestión israelo-palestina, como bien expone la autora, no es un conflicto tradicional enquistado, ni siquiera un conflicto sui generis étniconacional o religioso; tampoco es un conflicto resoluble por medios convencionales en que las dos partes puedan lograr simultáneamente una parte de sus aspiraciones y puedan vivir a la par y en paz. Es un problema de colonialismo, con todo lo que implica de violencia estructural, no resuelto en su momento y que ha permanecido como un elemento estructurante del Estado de Israel, y que además ha sido consentido y encubierto por la comunidad internacional porque el proyecto sionista fue un producto de Europa y el Estado de Israel ha sido instrumental para las potencias occidentales. Como acertadamente escribía el eminente historiador Tony Judt en la New York Review of Books en 2003, “el problema con Israel no es, como a veces se sugiere, que sea un ‘enclave’ europeo en el mundo árabe; sino más bien que llegó demasiado tarde. Ha importado un proyecto separatista característico de finales del siglo XIX a un mundo que ha avanzado, un mundo de derechos individuales, fronteras abiertas y derecho internacional. La idea misma de un ‘Estado judío’, un estado en el que los judíos y la religión judía tienen privilegios exclusivos de los que los ciudadanos no judíos quedan excluidos para siempre, tiene sus raíces en otro tiempo y lugar. Israel, en resumen, es un anacronismo”. Es hora de revisar el relato de la legitimidad de origen de Israel.

«La realidad que se vive en Israel-Palestina es calificada por diversas organizaciones de derechos humanos como una situación de segregación y discriminación institucionalizada equiparable al apartheid sudafricano»

Hoy, la realidad que se vive en Israel-Palestina es calificada por diversas organizaciones de derechos humanos, por numerosos juristas internacionales relevantes y por los mismos relatores especiales de Naciones Unidas como una situación de segregación y discriminación institucionalizada equiparable al apartheid sudafricano. Cada vez más lo reconocen en voz baja los representantes diplomáticos europeos en Jerusalén. Esto ofende profundamente y pone extremadamente nerviosas a las autoridades israelíes, porque cuestiona todo su relato fundacional y sus políticas. Es una radical puesta en cuestión de su legitimidad de ejercicio (Weber), cuando ha hecho gala de ser la única democracia en Oriente Medio. Recordemos que el crimen de apartheid está definido por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 2002 y de una convención internacional de Naciones Unidas. Un Estado que comete apartheid no debería ser un socio preferente de la Unión Europea y de ningún Estado que defienda los derechos humanos y el derecho internacional.

El relato legitimador

Fruto de un efectivo trabajo de propaganda y de presión, la mayor parte de la comunidad internacional ha adoptado y normalizado el relato legitimador del proyecto sionista (un Estado para el pueblo judío, etc.), aunque sea a costa de la desposesión y la desaparición de la población autóctona palestina. La deriva conservadora y nacionalista excluyente de Israel en las últimas décadas no sólo está generando desconcierto y preocupación. Los niveles de violencia cotidiana contra los palestinos han alcanzado cotas nunca vistas. Y por ello Israel se ha convertido en un socio incómodo para muchos. Es hora de que se revisen las políticas con un actor tan problemático.

«La estatalidad palestina plena es parte de la solución, pero no lo es todo; como muy bien se señala en este libro son imprescindibles otros elementos: una solución justa para los refugiados y el fin de la discriminación de los palestinos en Israel»

La resolución de la cuestión palestina es sin duda compleja. El proceso de Oslo fracasó esencialmente por el bloqueo israelí, que sólo pretendió legalizar los hechos consumados acumulados en décadas de ocupación. Otras iniciativas como el plan de paz de Trump (Peace to Prosperity: A Vision to Improve the Lives of the Palestinian and Israeli People, 2020) han sido simplemente provocaciones gratuitas e insolentes. La Asamblea General Naciones Unidas estableció en la resolución 3236 (XXIX), de 22 de noviembre de 1974, los llamados derechos inalienables del pueblo palestino, que incluían la libre determinación, la independencia y soberanía nacionales, y el derecho al retorno de los refugiados. Y señaló que constituían elementos básicos de la resolución del problema. Desde 1994 hay un remedo de estado palestino en Cisjordania y Gaza, que no es soberano y depende de la ayuda internacional. La estatalidad palestina plena es parte de la solución, pero no lo es todo; como muy bien se señala en este libro son imprescindibles otros elementos: una solución justa para los refugiados y el fin de la discriminación de los palestinos en Israel. En suma, Israel debe redefinirse como proyecto estatal sobre bases democráticas y no étnicas excluyentes.

En conclusión, éste no sólo es un libro muy recomendable para quien quiera asomarse al caso israelo-palestino porque aporta los elementos esenciales para su comprensión. Al mismo tiempo es un trabajo de lectura obligada para aquellas personas que conociendo esta cuestión son conscientes de que el bloqueo de la cuestión israelo-palestina requiere quizás el planteamiento de otras preguntas, explorar otras interpretaciones y seguramente la necesidad de llamar las cosas por su nombre, asumir su significado y ser coherente con ello, empezando con los términos: colonialismo, ocupación y apartheid.

Fuente: www.politicaexterior.com

Refugiados: Al menos la mitad son de países árabes

26 de junio de 2022

Por Nathalie Farías Wybert

A fines de 2021, el total de personas desplazadas era de 89.3 millones en todo el mundo y, dentro de ese número, hubo 27.1 millones de refugiados, según cifras publicadas por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Siguiendo el mismo reporte, Siria sería el país con mayor cantidad de refugiados por país de origen con 6.8 millones, seguido por Palestina con 5.8 millones. Solo estos dos países árabes sumarían, según estos datos, el 46,5% de los refugiados del mundo.

Si a eso le agregamos los refugiados de otros países y poblaciones árabes como Yemen, Somalía, Libia y los saharauis, suman más del 50% del total mundial.

Sin embargo, los números de ACNUR y la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) no reflejan la totalidad real de los refugiados existentes. La ONG BADIL (Resource Center for Palestinian Residency & Refugee Rights), por ejemplo, indica que los refugiados palestinos son 8.35 millones, de una población total de 14 millones. En otras palabras: 3 de cada 5 palestinos en el mundo son refugiados.

A su vez, El Líbano es el país con mayor cantidad de refugiados per cápita: 1 de cada 5 habitantes es refugiado. En su mayoría, sirios y palestinos.

Por los constantes conflictos armados, las intervenciones extranjeras y las dificultades políticas y económicas que suceden en Medio Oriente desde hace décadas, los países árabes cuentan con una gran cantidad de desplazados y refugiados en distintas partes del mundo.

En una década la cantidad de refugiados del mundo pasó de 15.2 millones en 2011 a 27.1 millones en 2021.

Para ilustrar, tengamos en mente eventos como la creación del Estado de Israel (1948) y las sucesivas guerras en torno (1958, 1967, 1973), la invasión israelí a El Líbano (1982), la guerra civil libanesa (1975-1985), la guerra Irán-Irak (1980-1988), la guerra del Golfo (1990-1991), la invasión estadounidense en Irak (2003), la guerra en Siria con el avance del Estado Islámico (EIIL), que llegó a borrar la frontera entre Siria e Irak, la guerra civil libia y la intervención de EEUU (2011) y la guerra civil en Yemen con la invasión de Arabia Saudí (2014 – actualidad).

¿Qué es un refugiado? Definición, cifras y actores internacionales

El derecho internacional toma la definición de refugiado de la Convención de 1951, universalizada en el Protocolo de 1967. Se refiere a toda persona que:

«debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él».

Un refugiado es alguien que tuvo que abandonar su país por la fuerza o por peligro de sufrir violaciones graves a derechos humanos, como la vida y la integridad física. Es el caso, por ejemplo, de quienes huyen de situaciones de guerra.

Palestinas trasladando sus pertenencias de Jaffa
Palestinas trasladando sus pertenencias de Jaffa. © 1948 UN Archives, fotógrafo desconocido.

Otras categorías utilizadas por organizaciones internacionales son las de ‘personas desplazadas internas’ —que tuvieron que abandonar su hogar pero quedaron dentro de las fronteras de su país, a diferencia de los refugiados— y ‘solicitantes de asilo’, que están fuera de su país pero no fueron aún legalmente reconocidos como refugiados.

El hecho de ser refugiado implica una situación de vulnerabilidad y una falta de garantías individuales, en muchos casos por discriminación, racismo y xenofobia.

Solicitar asilo es un Derecho Humano y los refugiados tienen, por ejemplo, derecho a la no devolución, que significa que el país receptor no debería devolverlo a su país, porque estaría forzándolo a regresar a esa situación de peligro y desprotección.

En una década la cantidad de refugiados del mundo pasó de 15.2 millones en 2011 —año de acontecimientos como la división de Sudán y el comienzo de la guerra en Siria—, a 27.1 millones en 2021.

Campo de refugiados Za’atari
El campo de refugiados Za’atari aloja miles de sirios en Jordania. Foto de la ONU.

La ACNUR es la organización internacional que tiene asignada la función de proteger y velar por los derechos de los refugiados, desplazados internos, apátridas, retornados y solicitantes de asilo.

En paralelo, existe la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), un organismo creado en 1950 especialmente para ocuparse de las necesidades de esta población específica. Forma parte de Naciones Unidas, el organismo que avaló la partición de la Palestina histórica, causante del desastre.

Caso palestino: Refugiados y otra vez refugiados

¿Quiénes son?

Según la UNRWA, los refugiados palestinos son aquellas personas “cuyo lugar de residencia habitual, entre junio de 1946 y mayo de 1948, era la Palestina histórica —el actual Estado de Israel— y que perdieron sus casas y medios de vida como consecuencia de la guerra. Los descendientes de esta población son también considerados refugiados por la Agencia”.

Sin embargo, esta definición excluye a los refugiados posteriores a esas fechas, como los de la Naksa en 1967 y a los que, incluso dentro de esas fechas, no fueron registrados por distintos motivos.

La serie de acontecimientos históricos conocidos como la Nakba (“la catástrofe”) fue el medio que permitió crear un nuevo Estado en 1948. Fue, según el historiador israelí Ilan Pappé, el único medio posible, ya que había que implantar una nueva población con nuevas instituciones y gobierno en un territorio que estaba ya poblado, con sus instituciones históricas y en normal funcionamiento.

Familia palestina refugiada en Gaza.
Familia palestina refugiada en el área de Gaza entre 1948 y 1949. Foto de la ONU.

La implantación de Israel en la Palestina histórica destruyó el mapa y destrozó las formas de vida establecidas al momento desde hace generaciones. Asesinó a personas, acabó con cientos de localidades, con sus viviendas e instalaciones, y generó entre 700.000 y 900.00 nuevos refugiados en el mundo en 1948. De un día para el otro, perdieron sus tierras, casas, propiedades y medios de vida.

Es la población refugiada más antigua del mundo. Un refugiado palestino hoy puede ser el trastataranieto —o chozno— del primer refugiado de su familia.

3 de cada 5 palestinos en el mundo son refugiados.

Esta situación, que hoy involucra a millones de seres humanos, es un problema que lleva 74 años y cuatro y cinco generaciones sin ser solucionado. Uno de los derechos más importantes de los refugiados es el derecho al retorno, es decir, que se les permita regresar a su patria. Este derecho les es negado sistemáticamente, y, a su vez, la vulneración de este derecho es lo que los convierte en refugiados.

La Nakba no terminó

Muchos, incluso, son hoy en día doblemente refugiados y nuevamente desplazados.

La corte israelí autorizó nuevos desplazamientos forzosos de más de mil personas y la demolición de sus hogares en la localidad de Masafer Yatta, al sur de Hebrón. Esto se está ejecutando en 2022. En 2021 el caso de los desalojos de familias palestinas en el barrio de Sheik Jarrah en Jerusalén Este tuvo algo más de cobertura mediática.

Por otro lado, al menos el 60% de los 438.000 palestinos que aún habitan en Siria fueron internamente desplazados al menos una vez desde 2011. Alrededor de 120.000 se convirtieron en doblemente refugiados al huir de la guerra en Siria hacia países vecinos.

Palestinas en el campo de refugiados Acqba Jaba.
Campo de refugiados palestino Acqba Jaba en Cisjordania. Foto de la ONU.

Muchos de ellos intentaron, por ejemplo, refugiarse en Jordania, y fueron impedidos de ingresar, y algunos de los que lograron entrar fueron expulsados. Una política del gobierno jordano que viola el derecho de la no devolución y contrasta en su discriminación a los palestinos con la política adoptada hacia los refugiados sirios, quienes sí son ampliamente recibidos en el Reino. Ambos huían de la misma situación. Este ejemplo ilustra la vulnerabilidad puntual de ser un refugiado palestino.

Refugiados sirios, otro grupo mayoritario

Desde el inicio de la guerra en Siria en 2011, las ciudades comenzaron a vaciarse por la violencia, el riesgo de muerte y la imposibilidad de una vida normal.

Como mencionamos al principio, la cifra de refugiados sirios que da ACNUR es de 6.8 millones, que varía levemente con el número del Norwegian Refugee Council, que contabiliza 6.98 millones.

Además de los refugiados sirios, ACNUR informa de 6.9 millones de desplazados internos el 2021. La mayoría de ellos se fueron a El Líbano, Turquía y Jordania.

Turquía es el país que hospeda la mayor cantidad de refugiados en el mundo, entre ellos, más de 3 millones de sirios. Como parte del visible aumento de la xenofobia y el racismo en este país hacia ellos, el ataque a una anciana siria en las calles de Gaziantep —ciudad turca que limita con Siria— fue noticia el último mes. Si bien este ataque despertó una ola de solidaridad en la comunidad virtual con los hashtags #StandWithLeyla y #SakirCakirTutuklansin pidiendo el arresto del atacante, la vulnerabilidad de ser refugiado se vuelve a expresar.

Idlib, Siria
Idlib, ciudad al noroeste de Siria. Foto de Ahmed Akacha de Pexels.

Yemen: Crisis humanitaria y desplazados internos

Otra situación grave de violencia en la región es la guerra en Yemen, por lo general, pobremente cubierta en los medios masivos occidentales.

La cifra de refugiados —130.000— no es tan significativa como la de desplazados internos, la mayor del mundo según ACNUR: 4.3 millones. Además, la Agencia informa que 20 millones necesitan ayuda humanitaria, en lo que se describe como la peor crisis humanitaria del momento.

Fuente: https://clubculturaarabe.com/refugiados-la-mitad-son-arabes/

La labor de EE.UU. es integrar a Israel en el mundo árabe

Foto: El ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu (izq.), el ex presidente estadounidense Donald Trump y el ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al-Nahyan (der.), sonríen mientras participan en la firma de los Acuerdos de Abraham en los que los países de Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos reconocen a Israel, en la Casa Blanca en Washington, DC, el 15 de septiembre de 2020 [SAUL LOEB/AFP vía Getty Images].

27 de junio de 2022

Por Dr Mohammad Makram Balawi

Fui uno de los que concluyó muy pronto que hay poca diferencia entre Donald Trump y Joe Biden. Sigo creyendo que esto es cierto. Aunque Biden habló mucho durante su campaña electoral sobre el acuerdo nuclear con Irán, la relación con China, la cuestión de Palestina y Arabia Saudí, no hay ninguna diferencia tangible entre sus políticas y las de Trump, al menos en esos temas.

Muchos palestinos creían que Biden revertiría las decisiones de Trump, como su traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a la Jerusalén ocupada por Israel; su cierre del consulado de Estados Unidos en la ciudad santa, que servía de embajada de Estados Unidos en Palestina; su suspensión de las donaciones de Estados Unidos a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA); y el cierre de la oficina de la OLP en Washington en 2018 como castigo a los palestinos que se atrevieron a denunciar a Israel ante la Corte Penal Internacional. Trump también se esforzó por obligar a Israel a aceptar la solución de dos estados que desde hace tiempo defiende Estados Unidos. Sin embargo, no se ha visto ningún retroceso, aparte de la reanudación de alrededor del 50% de las donaciones de la UNRWA.

De hecho, Biden ha complementado los planes de Trump para fortalecer al Estado de Israel, que ha estado desafiando las resoluciones de la ONU y ocupando tierras palestinas desde 1948. Su visita programada a Oriente Medio el próximo mes pretende integrar a Israel con el resto de la región: el mundo árabe. Espera ampliar la Cumbre del Néguev celebrada en marzo para incluir a más Estados árabes junto a Israel, Estados Unidos, Marruecos, Egipto, los EAU y Bahréin, y convertirla en una plataforma permanente.

Según los medios de comunicación estadounidenses, Biden quiere convencer a otros dos países árabes para que normalicen sus relaciones con Israel en el contexto de la lucha contra las ambiciones iraníes en la región. Al igual que Trump y su yerno Jared Kushner idearon los llamados «Acuerdos de Abraham» que socavan los intereses palestinos y envalentonan el desafío de Israel al derecho internacional, Biden está trabajando en los Acuerdos de Abraham II, esta vez con un sabor demócrata y no evangélico.

Lo último que necesita Washington ahora es otra guerra, sobre todo porque la situación en Ucrania sigue abierta a todas las opciones. El movimiento de Biden en la región probablemente no pretende iniciar una guerra contra Irán. Más bien tratará de instalar a Israel como el amo y protector de la región por encargo de Estados Unidos, con el pretexto de oponerse a Irán, que se presume que ha estado trabajando durante las últimas tres décadas en el desarrollo de un arma nuclear.

Además, Biden está al servicio de los intereses del ministro de Asuntos Exteriores de Israel y primer ministro entrante, Yair Lapid, con la esperanza de aumentar su popularidad añadiendo algunos logros a su historial. Lapid es tan popular entre los estadounidenses que la revista Time lo clasificó entre las 100 personas más influyentes del mundo. Washington está harto de la arrogancia de Netanyahu y de su intento de inmiscuirse en la política estadounidense, por lo que está dispuesto a apoyar a cualquiera antes que a él, aunque sea temporalmente al más radical Naftali Bennett. La elección perfecta sería Lapid, con sus palabras escurridizas y su cara sonriente.

Es esta política la que apartó a Netanyahu y lo sustituyó por sionistas religiosos de extrema derecha. El resultado es que el gobierno de coalición de Bennett prácticamente se ha hundido. Con otras elecciones generales a la vista, ¿se presentará un primer ministro israelí aceptable para los gustos de Estados Unidos? Si es así, ¿durará? Los gobiernos israelíes tienden a acortarse con cada elección. ¿Ayudará la estrategia estadounidense a que Lapid se mantenga en el cargo?

Todos los políticos de Israel creen hoy que tienen derecho a gobernar y todos están dispuestos a hacer lo que sea necesario para ello. A diferencia de la generación fundadora de Israel, que fue perseguida en los países de los que procedía, lo que les permitió superar sus diferencias para construir su refugio, la generación actual nació generalmente en Israel, que sigue actuando como si estuviera por encima de la ley internacional y fuera de toda duda.

Irónicamente, mientras Biden trata de impulsar a los opositores de Netanyahu, en su país se le ridiculiza ampliamente por sus problemas mentales y físicos, que podrían poner en peligro su futuro político. En el caso totalmente posible de que Trump gane las próximas elecciones presidenciales de EE.UU., Netanyahu podría también escenificar una remontada, ya que aún conserva el mayor número de escaños en manos de un solo partido en el parlamento israelí; la Knesset. Mientras Estados Unidos se ocupaba de salvar a Israel de sí mismo, se está polarizando y dividiendo mucho. Al igual que sus homólogos israelíes, muchos políticos e intelectuales estadounidenses prevén un futuro oscuro para Norteamérica si esto continúa.

El propio Biden simboliza el declive de Estados Unidos como superpotencia. Aunque parezca poderoso y sabio, su mente y su cuerpo parecen fallarle. El general retirado y ex primer ministro Ehud Barak ha dicho que Israel no debe temer a Irán, sino a sus propias diferencias políticas internas. Después de todo, ¿quién necesita enemigos con tales líderes y amigos?. 

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

La libertad de expresión es una ilusión bajo la ocupación israelí

 

28 de junio de 2022

Por Santiago Montag para La tinta

Con el asesinato de la periodista Shireen Abu Akleh en manos de soldados de Israel, quedó al descubierto el sistema represivo que Tel Aviv despliega contra los y las comunicadoras en Cisjordania y Gaza.

Pasaron más de 30 días del asesinato de Shireen Abu Akleh, la reconocida periodista de la cadena Al Jazeera, mientras cubría un ataque del ejército de Israel en un campo de refugiados en Jenín, al norte de Cisjordania. Lo ocurrido fue sentido por toda Palestina, entre los sectores progresistas de Israel y en millones de periodistas y activistas a nivel mundial. Para hablar sobre la situación que viven día a día los y las periodistas palestinas, en La tinta conversamos con varios colegas que conocían a la periodista ultimada.

El asesinato de Shireen conmocionó al pueblo palestino. Su funeral fue una larga procesión desde el lugar de los hechos hasta Jerusalén. La periodista fue acompañada por miles de colegas, amigos, familiares y su propio pueblo hasta el lugar donde ahora descansa.

La lucha de narrativas de los hechos entre el pueblo palestino y el Estado de Israel, atraviesa todos los niveles imaginables, incluso en un caso como este. Pero el relato del gobierno israelí está cayendo como un castillo de naipes. Y con cada carta que se derrumba, mayor es su respuesta para ocultar la verdad y silenciar a la prensa.  

Desde un principio, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intentaron ocultar su responsabilidad en el asesinato de Shireen: distribuyeron videos de palestinos disparando y crearon una sensación de que la periodista, junto a sus compañeros, estaban bajo fuego cruzado. Hasta dijeron que su muerte pudo haber sido “sin querer”, mientras los soldados israelíes estaban en combate. Sin embargo, hasta el momento, Tel Aviv se ha negado a entregar pruebas concluyentes sobre lo que sucedió ese día. Pero varios indicios muestran que los periodistas se encontraban muy alejados del supuesto enfrentamiento, según expone una investigación del Washington Post, un periódico vinculado al establishment norteamericano, que es el principal tutor del Estado de Israel.

(Imagen: Infobae)

Según la investigación, el grupo de periodistas estaba terminando sus labores, ya que los enfrentamientos habían finalizado 30 minutos antes de la muerte de Shireen. A este diario, Ali al-Samoudi, productor de Al Jazeera, le dijo en una entrevista: “Estábamos muy seguros de que no había palestinos armados ni intercambio de disparos o enfrentamientos con los israelíes (…) Estaba totalmente tranquilo, no hubo disparos en absoluto”. 

Control y represión

El asesinato de la periodista expuso cómo Israel aumenta año tras año, por distintas vías, la represión, la opresión y el colonialismo sobre el pueblo palestino. 

Con Estado israelí, nos referimos a algo más amplio que las instituciones inmediatamente vinculadas al poder de los gobiernos, como el aparato represivo y judicial. Existe una base social vinculada a las organizaciones de la sociedad civil que actúan con relativa autonomía, como empresas (algunas directamente colonialistas, como Alon Ribu’a Kahol o Nahalat Shimon, que operan desplazando palestinos y palestinas de sus tierras); organizaciones sindicales con rasgos empresariales, como el Histadrut, o los partidos políticos (en su mayoría inclinados hacia la derecha) y organizaciones de colonos religiosos-nacionalistas (como Yesha), que atacan sistemáticamente a ciudadanos palestinos para finalizar la limpieza étnica y ocupar triunfalmente la tierra prometida por Dios. 

También podemos mencionar el accionar de los medios de comunicación hebreos, que conforman uno de los pilares de la propaganda del Estado y que, al mismo tiempo, se jactan de ser “democráticos” porque -acorde a los criterios de los países europeos- permiten la “libertad de prensa”. Si bien existe un amplio abanico de medios, desde progresistas como Haaretz hasta de ultraderecha (Israel Hayom o Yedioth Ahronoth), trabajar en ellos es difícil para los árabes-israelíes (palestinos que viven en los llamados territorios de 1948, actualmente Israel) es casi imposible. En los hechos, como veremos luego, existe un estrecho control de lo que se escribe en la prensa, quiénes tienen el derecho a opinar y cómo la procedencia étnica es determinante. 


Los asesinatos de periodistas son la punta del iceberg, pero existen encarcelamientos, torturas, hostigamientos, ataques deliberados en las protestas y un largo etcétera. A esto, Israel logra hacerlo principalmente porque existe una base social que vira cada vez más hacia la derecha, en un contexto de aumento de la presión de los colonos nacionalistas judíos sobre el gobierno para avanzar en desplazar a los y las palestinas. También debemos mencionar que tanto la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Cisjordania como Hamas en la Franja de Gaza controlan varios medios de comunicación y reprimen a periodistas críticos para así mantenerse a flote en las respectivas administraciones, algo que favorece directa o indirectamente a Tel Aviv.


Este año, en particular, estuvo atravesado por la tensión ocasionada desde antes y durante el Ramadán, donde se combinaron varias festividades judías, musulmanas y cristianas: de los ataques individuales de palestinos armados contra ciudadanos israelíes, pasando por la crisis política profundizada por la salida de Benjamín Netanyahu, hasta llegar al actual gobierno israelí que no logra recomponerse. 

Shireen estuvo expuesta a esta situación, incluso siendo una personalidad y con la cobertura de un medio de comunicación masivo, como es Al JazeeraA ella, sin más, la mataron por ser periodista. Que en su chaleco antibalas estuviera la palabra “PRESS”, en tamaño gigante, es justamente lo que la identificó para que un francotirador apretara el gatillo. Ser periodista en Palestina es ser un objetivo. 

El objetivo número uno

“Trabajar como periodista bajo la ocupación es muy hostil, peligroso e imprevisible. Siempre estás alerta, tenés miedo de lo que te pueda pasar si estás en el campo, porque pueden matarte si te pegan las balas, los gases lacrimógenos y el agua de mofeta, o las bombas de sonido. La gente piensa que este tipo de armas son ligeras, pero no. Las bombas de sonido pueden dejarte sordo o sin poder escuchar por un tiempo”.

Las palabras son de Vera Sajrawi, oriunda de Haifa, una ciudad “mixta” dentro del Estado de Israel. Actualmente, es editora y escritora de la conocida +972 Magazine; también fue productora de televisión y radio en la BBC y Al Jazeera. Vera tiene acumulada una enorme experiencia en cubrir enfrentamientos en Belén, Ramalá y Jerusalén.

Desde las montañas que miran hacia el Mediterráneo Oriental en su ciudad, envía por audio un relato estremecedor: “Una vez, ante los manifestantes en Haifa, las fuerzas israelíes se pusieron muy agresivas para dispersar a la multitud pacífica. Estaba huyendo de un ataque de las fuerzas a caballo (que son realmente grandes, para aplastar y empujar a la multitud). Los manifestantes empezaron a luchar para refugiarse. Pensé que era una buena idea esconderme detrás de una especie de valla de piedra. Me vieron, vi a un policía a los ojos y él disparó dos bombas de sonido, una a mi izquierda y otra a mi derecha. La explosión de las bombas en el suelo me quemó la piel, se me quemó la ropa, el humo me asfixió y perdí la audición durante unos minutos”. 

“Fue la experiencia más aterradora de mi vida como palestina y como periodista con experiencia en cubrir enfrentamientos –recuerda Vera-. Había una voz dentro de mí que me instaba a resistir, pero me rompí en pedazos y esa experiencia me dejó marcada. Incluso, hablar de eso ahora me trae todas las emociones, porque el miedo es implacable. Israel es despiadado, quiere instalar el miedo en los corazones y las mentes de los periodistas. Es para que dejemos de cubrir la realidad y exponer los crímenes de la ocupación al resto del mundo, que es donde podríamos encontrar apoyo o donde podríamos lograr más presión internacional para que Israel frene sus crímenes”.

Entre sollozos, Vera agrega: “Nuestro trabajo no va a liberar a Palestina, pero cuando se vigila y se expone a Israel, es suficiente con presionar para que haya más justicia. Se supone que estamos protegidos por el derecho internacional, pero este no es el caso. Israel nos convierte en el objetivo número uno”.

(Imagen: Diario Hoy)

El relato de la periodista prosigue, casi descarnado: “Algo que no se conoce mucho es el trastorno de estrés postraumático, un problema mental común entre periodistas palestinos por escuchar historias, ver a las víctimas de primera mano o hablar con ellas, vivir atrocidades enfrente nuestro. Todo eso deja un enorme impacto en nuestra salud mental. El efecto de la ocupación en los palestinos es la depresión, la ansiedad y el suicidio”.

“Los problemas mentales causados por el estrés son comunes entre los palestinos, pero cuando sos una periodista palestina, esto se duplica y, cuando son un médico palestino, esto se triplica –resume-. Cuando sos un testigo del conflicto, las consecuencias te dejan cicatrices. Hay historias que he escuchado de los palestinos durante las entrevistas que no puedo repetir sin llorar o no quiero pensar en ellas porque son muy traumatizantes”.

Vera también explica la persecución israelí hacia los y las periodistas palestinas a través de los servicios de inteligencia y el sistema jurídico, que conforman un aparato de control y hostigamiento silencioso para callar voces con causas judiciales, intervención de teléfonos y redes sociales, y a través de softwares sofisticados como Pegasus (que se infiltra sin ser detectado y viola la confidencialidad de fuentes periodísticas). Además, los y las periodistas sufren allanamientos sistemáticos, encarcelamientos e interrogatorios. Actualmente, se estima que entre 15 y 25 periodistas se encuentran encarcelados en Israel, y más de 50 fueron detenidos desde comienzos de 2022. 

Hay amenazas por todas partes –remarca Vera-. La inteligencia israelí, junto al sistema legal, trabajan incansablemente para silenciarnos. Por ejemplo, mientras trabajaba en Jerusalén, me avergonzaron en una entrevista de trabajo y me dijeron que no podía trabajar allí, según el mismo consultor israelí del canal internacional al que me presentaba. Dijo que no me darían primicias, información o entrevistas como a los periodistas israelíes. Y es cierto: los funcionarios israelíes marginan a los periodistas palestinos hasta el punto de no dejarnos dar respuestas a las historias. Que te pregunten por qué has escrito esto o aquello es un ataque a la libertad de expresión. La libertad de expresión es una ilusión bajo la ocupación israelí. Tenemos muchos obstáculos para conseguir la información, sumado al rechazo que recibimos de los servicios de inteligencia e instituciones israelíes”.

Balas a los cuerpos

El periodista, fotógrafo y camarógrafo, Shadi Jrar’ah, trabaja para Associated Press. Detrás de los muros de separación que dividen Cisjordania, cuenta: “La profesión de periodista, en general, es difícil, especialmente si sos fotógrafo o reportero de campo. Trabajar bajo la ocupación es muy difícil y peligroso, ya que siempre estamos expuestos a balas de todo tipo y a detenciones. Fui alcanzado 12 veces con balas de metal recubiertas de goma y bombas de gas. La situación en Cisjordania es muy peligrosa, ya que siempre hay una orden para que los soldados de ocupación nos disparen o nos golpeen”.

Ahmed Abu Artema es escritor palestino y activista por los derechos humanos, con base en Franja de Gaza. Es autor del libro Organized Chaos y escribe regularmente para la revista Mondoweiss

Trabajar, o incluso vivir, bajo la ocupación significa que sos un objetivo, independientemente de si sos periodista, médico, un niño o una mujer –afirma-. Porque el Estado de apartheid israelí no respeta ninguna de las leyes internacionales ni los derechos humanos. Israel se siente impune por la cobertura, el apoyo político, económico y militar de los gobiernos occidentales. Se sienten completamente impunes y creen que no serán llevados a rendir cuentas. Reprimen a los periodistas de todas las maneras posibles, restringiendo sus movimientos, comprometiéndolos, a veces golpeándolos y destruyendo sus oficinas, como hicieron en mayo de 2021, cuando destruyeron el poder de la prensa en Gaza, derribando, por ejemplo, el edificio Al-Jalaa”.

El año pasado, en la última ofensiva sobre Gaza, 59 medios de comunicación fueron bombardeados y destruidos, un periodista fue asesinado y decenas resultaron heridos, según el Comité Árabe de Apoyo a los Periodistas. En Gaza, el periodismo palestino es un blanco fundamental al ser una de las principales herramientas para vincular a la población de la franja con el mundo exterior. En esa ofensiva de 2021, la exposición mediática que tuvo Israel generó un rechazo mundial por asesinar con bombas a 236 palestinos y palestinas, entre ellos, 54 menores de edad. Ahmed detalla otras cifras del terror. Dice que, desde el año 2000, las fuerzas de ocupación asesinaron al menos a 46 periodistas. A su vez, el Sindicato de Periodistas Palestinos asegura que 86 periodistas palestinos fueron ultimados desde la ocupación israelí de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza, en 1967.

Llorar a una colega

Sobre lo que significa el asesinato de Shireen, Shadi dice: “Fue uno de los momentos más difíciles. Nunca lloré por nadie como lloré por Shireen. Estaba en el lugar en ese momento. Pero, sobre todo, porque Shireen es una de las periodistas más influyentes del mundo de la información sobre la causa palestina”.

Para Vera, los sentimientos son similares a los de su colega: “Quise ser periodista porque crecí durante la Segunda Intifada, empecé a creer en el poder del periodismo, así que lo hice por Palestina. Es difícil expresar con palabras la forma en que le dispararon y la mataron delante de nuestros ojos. Perderla de esta manera tan brutal fue muy duro. Pensé que era porque también soy periodista, me asusté. Pero luego empecé a hablar con la gente, a ver los mensajes en las redes sociales, y me di cuenta de que era un dolor nacional, un dolor colectivo, que se podía ver reflejado en el llanto de todos”.

“Nunca tenemos el lujo de llorar, no tenemos el tiempo ni el privilegio para llorar a nuestras víctimas, porque sucede todo muy rápido”, resume la periodista.

La figura de Shireen, para Vera, ahora es un símbolo. “Ella es la razón por la que quiero seguir haciendo periodismo –enfatiza-. Una cosa es ver el crimen en la televisión y otra es ir a verlo. Tuve que ir a cubrir las noticias al lugar donde fue asesinada. Cuando llegué allí, apenas pude contener las lágrimas mientras filmaba. Hasta que no pude soportarlo más. Vi que su sangre aún estaba en el suelo. Palestinos de todo el país vinieron a visitar el lugar. Pusieron flores, dibujos y poemas, imprimieron sus fotos y colgaron todo eso en la pared. Es como si el lugar se convirtiera en un refugio para que todos vinieran a tratar de sanar su dolor”.

“La escena de su funeral me golpeó mucho, donde las fuerzas israelíes atacaron a los dolientes que llevaban su ataúd, que casi se cae al suelo –recuerda la periodista-. En ese momento, cuando vi eso, salté de la silla para querer levantar su ataúd, fue un reflejo, y grité y grité”.

(Imagen: EFE)

Ahmed, que vive en una Gaza bloqueada por aire, mar y tierra, cuenta indignado que “a Shireen Abu Akleh le dispararon mientras llevaba el chaleco de prensa y el casco. Estaba muy claro para el francotirador israelí que se trataba de una periodista. Pero como Israel y sus soldados están a salvo de la rendición de cuentas, no sienten ningún problema para apuntar y disparar”.  

En la misma línea, destaca: “Esa es la política israelí hacia la prensa en general, porque Israel mismo fue creado sobre una gran mentira, sobre una narrativa falsa. Esto hace que un periodista sea su principal enemigo, porque se quiere evitar que la gente conozca el hecho de que los palestinos tienen el derecho a la tierra, a su libertad y a poseer su soberanía”. 

Para Ahmed, las políticas coloniales de Tel Aviv son integrales, ya que “van de la mano de los asentamientos, destruyendo edificios y asesinando a los ciudadanos palestinos. Israel no quiere que el mundo sepa de esto. Por eso, aplica esta brutalidad contra el trabajo de los periodistas en general. Shireen no fue la primera periodista asesinada por Israel ni será la última. De hecho, pocos días después, asesinaron a la joven Ghofran Warasneh en el campo de Arroub, en Cisjordania”.

Transmitir la verdad

Para Shadi, Israel aplica una la política sistemática “para impedir la transmisión de la imagen y desacreditar la narrativa israelí, especialmente si los soldados de ocupación son fotografiados agrediendo a ciudadanos palestinos”. Por eso, le pide al mundo “que mire al periodismo de Palestina de forma honesta y justa, porque tenemos derecho a transmitir nuestra verdadera historia”.

Mientras tanto, Vera opina que “el periodismo y la libertad de expresión están en el punto de mira de Israel, porque temen exponer la verdad, temen que el resto del mundo sepa finalmente quiénes son”. La periodista continúa: “Soy ciudadana israelí. Soy palestina, por supuesto, pero vivo en lo que hoy se llama Israel, así que tengo pasaporte israelí. Pero no tengo derechos como israelí. No me van a silenciar. Hoy en día, tenemos redes sociales y tecnología. Están librando una batalla perdida porque silenciarnos no va a funcionar”. 

En particular, cuenta lo que es ser periodista mujer bajo la ocupación: “Significa que tu cuerpo puede ser utilizado como el de cualquier mujer, en cualquier lugar, especialmente bajo la ocupación. Sabemos que en la guerra se utiliza la violación como arma, ya que los cuerpos de las mujeres se utilizan para castigarlas y silenciarlas, y esto no es diferente de cualquier otra situación de invasión o ocupación”.

“De hecho, buscan provocarnos maldiciendo nuestras vaginas, esperan que reaccionemos para poder golpearnos o arrestarnos en múltiples ocasiones en los puestos de control –manifiesta-. Una vez, me acosaron los soldados pidiéndome mi número de teléfono, otra vez un soldado tomó mi nombre legal de mi identificación mientras cruzaba de Ramalá a Israel (porque tenés que mostrar tu identificación al pasar el puesto de control militar), tomó mi nombre y lo puso en Instagram, y me agregó descaradamente como si fuera a aceptarlo y hablar con él”.

Además de esta situación de vejación, la periodista relata que “muchas veces me preguntaron qué estoy haciendo en este o aquel equipo en el puesto de control, en un ambiente tan hostil. Hay detalles muy repugnantes que no quiero contar, pero definitivamente fui acosada por ser mujer y lo triste es que no saben que no pueden avergonzarme con mi cuerpo. Estoy muy orgullosa de ser una mujer palestina. Porque nuestros cuerpos son vistos como una amenaza para el Estado israelí, especialmente si tenemos hijos: nos ven como un peligro demográfico, porque podríamos aumentar el número de palestinos frente a los israelíes aquí. Así que no me avergüenzo y algún día espero tener bebés palestinos”.

Por último, Vera asevera: “A Shireen, mujer palestina, la mataron, pero crearon millones como ella. Estoy más que entusiasmada con mi periodismo siendo una activista después de su muerte, porque quiero hacer exactamente lo que Israel no quiere que haga para exponer la verdad. Y si esto significa ser encarcelada, estoy segura de que muchos otros se motivarán a decir la verdad y espero que así sea, espero que mi gente nunca se rinda”.

*Por Santiago Montag para La tinta / Imagen de portada: AP Photo / Ariel Schalit.

Fuente: La Tinta – Argentina

Conoce Palestina: Beit Al Karmeh

27 de junio de 2022

Al este de Kufr Aqab, a ocho kilómetros al norte de Jerusalén, hay un conjunto de edificios de la época otomana que han sido renovados recientemente por el Centro Riwaq de Conservación Arquitectónica. Uno de estos edificios históricos, Hosh Dar Barakat, ha sido alquilado por la Asociación Dalia y abierto con el nombre de Beit Al Karmeh (Casa de las Uvas). Alberga una cocina comunitaria llamada qout (alimento), salas de reuniones, una biblioteca, un espacio de co-working y dos habitaciones para invitados.

Un amplio patio al aire libre da la bienvenida a los visitantes -invitándoles a rememorar cómo vivían sus antepasados- y acoge actos comunitarios. La típica casa campesina de dos niveles con habitaciones con bóveda de crucería tiene una larga escalera exterior que conduce a un balcón desde el que se accede a una espaciosa sala de reuniones bien iluminada. Al lado hay una sala con el techo abierto que conduce a la biblioteca.

Hace seis meses, dos mujeres jóvenes tomaron la iniciativa de abrir una cocina comunitaria que sirve a la gente del barrio y atiende eventos del centro. Cuando la visité a finales de octubre, Abrar, de 29 años, y Samia, de 25, estaban ocupadas preparando platos locales. Detrás de la gran ventana arqueada de la cocina, Abrar preparaba dawali, un plato muy aromático y fragante de hojas de parra envueltas en arroz.

Los dawali de las dos mujeres se preparaban con una especia secreta que realzaba el sabroso sabor del relleno. Esta es una de las comidas palestinas más famosas y el plato que más piden sus clientes. Otras especialidades de la cocina qout son el musakhan, una popular creación palestina a base de pollo y cebollas caramelizadas servida sobre un pan plano bañado en aceite y espolvoreado con zumaque alimonado y piñones tostados. Igualmente popular es el mansaf, un plato de arroz y cordero servido sobre pan fino y cubierto con una generosa porción de una salsa de yogur preparada con jameed (yogur seco), que le da un sabor conmovedor.

La Roca, una estrecha sala con bóveda de crucería que recibe el nombre de una gran roca natural en su pared, sirve como espacio de reunión con ocho asientos. Otras dos habitaciones se utilizan como casa de huéspedes: Majdal, con una cama individual, y Bisan, con una cama doble. Todas las habitaciones están revestidas con azulejos ornamentales tradicionales. Con su moderno mobiliario y sus vivos colores, fusionan el pasado con el presente.

Al-eliyeh ( el ático) es una habitación grande y espaciosa con un amplio balcón que da a la calle principal y a las pintorescas colinas del este. Equipada con mobiliario moderno y la tecnología necesaria para celebrar reuniones, dispone incluso de una cocina americana. La biblioteca aún no se ha llenado de libros, pero ya se utiliza para eventos comunitarios, y acepta donaciones de libros.

Beit Al Karmeh forma parte del programa Al Saha (lit. arena) de la Asociación Dalia, que ofrece una plataforma para reuniones, actos y encuentros comunitarios en los que participantes y visitantes comparten ideas y recursos. Además de Beit Al Karmeh, el programa Al Saha incluye varias instalaciones con espacios de reunión, un huerto orgánico en la sede principal de la Asociación Dalia y el Dukkan, una tienda de segunda mano en Ramallah.

Fuente: This Week in Palestine

El muro del Apartheid de Jerusalén que hace 20 años encierra a miles de palestinos

27 de junio de 2022

Por Yemeli Ortega

Sueño que vuelo como los pájaros, elevándome sobre todas las fronteras”, dice la canción que compuso Mohamed Hmoud, un palestino nacido y criado en el campo de refugiados de Shuafat, que junto a otros barrios de Jerusalén Este está aislado del resto de la ciudad hace dos décadas por un imponente muro de hormigón gris.

Tras los atentados suicidas de la Segunda Intifada (2000-2005), Israel emprendió en junio de 2002 la construcción de su colosal “valla de seguridad”, que impide el libre tránsito desde Cisjordania ocupada y es conocido entre los palestinos como «el muro del apartheid».

Veinte años después, el muro sigue alargándose y actualmente cubre unos 600 de los 720 kilómetros proyectados, según cifras oficiales.

La serpenteante muralla, considerada ilegal por la ONU, se eleva en algunos tramos como una ola de cemento de hasta 10 metros con una cresta de alambre de espino; y en algunas zonas rurales, se convierte en reja electrificada.

En su trayecto, se adentra sobre Cisjordania -recortándole casi el 10 % del territorio- y mutila a Jerusalén oriental, dejando del otro lado a un puñado de barrios jerosolimitanos palestinos como Kufar Akab o el campo de refugiados de Shuafat, donde vive Hmoud, el joven músico.

UNA GRAN CÁRCEL

“Estar de este lado del muro es vivir en una gran cárcel: hay soldados que, si quieren, te dejan pasar por el puesto de control, y si no, simplemente te quedas atrapado aquí”, asegura a Efe este ingeniero musical de 25 años, que compone sus canciones de hip-hop junto con niños del campo.

Establecido por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en 1965, este campamento -hoy parte del tejido urbano de la ciudad- fue ilegalmente ocupado y anexionado por Israel en 1967 al igual que todo Jerusalén Este.

“Debemos pasar por un chequeo de seguridad todos los días, como en un aeropuerto. Si trabajas fuera del campo de refugiados y debes llegar a las 8:00, tienes que salir de casa a las 5:00 aunque estés a un par de kilómetros», deplora Hmoud, que al igual que el resto de los jerosolimitanos palestinos no tiene ciudadanía israelí pero sí una residencia legal que le permite moverse por ambos lados de la valla.

Según el investigador Aviv Tatarsky, de la oenegé israelí Ir Amim, la decisión de dejar estas comunidades fuera del muro obedece, entre otras cosas, a la voluntad del Estado de reducir la población palestina de Jerusalén para impulsar una mayor demografía judía.

Israel considera la ciudad santa como su capital, mientras que los palestinos reivindican el lado este de la urbe como el bastión de su futuro Estado.

Jessica Montell, directora de la organización HaMoked, coincide en que el muro sirve para “evitar cualquier desafío a la soberanía de Israel” en Jerusalén.

Este propósito se hizo evidente en 2017, cuando el partido derechista Likud intentó aprobar una ley para desconectar de Jerusalén estos barrios palestinos y anexar, en cambio, algunos asentamientos judíos.

Por otro lado, el denominado «Acuerdo del Siglo», impulsado en 2020 por el expresidente estadounidense Donald Trump y apoyado por Israel, propuso utilizar el muro como frontera definitiva y dejar a estos barrios jerosolimitanos bajo control palestino.

POBREZA, VIOLENCIA Y HACINAMIENTO

El desdén por parte del Ayuntamiento de Jerusalén hacia estos barrios extramuros los ha convertido en tierra de nadie, dejándolos desprovistos de seguridad, reglamentación y servicios públicos.

La basura se acumula en los rebosantes contenedores que obstruyen las polvorientas calles sin pavimentar, las familias sufren cortes de agua y luz, los niños no tienen educación suficiente, mucho menos espacios de recreación.

“No hay hospitales, solo clínicas elementales. Y las ambulancias no tienen permiso de entrar cuando hay pacientes críticos”, lamenta el doctor Salim Anati, director del centro de discapacitados del barrio.

Además, las fuerzas de seguridad permanecen indiferentes ante la rampante criminalidad, el elevado consumo de drogas y la presencia de armas.

Otro de los cánceres de estas comunidades es el hacinamiento. Miles de palestinos han inmigrado desde otras zonas de Jerusalén Este en busca de un menor costo de vida o de garantías de que, ante la ausencia del Estado, Israel no demolerá sus hogares, como ocurre en otras áreas.

Por otro lado, los jerosolimitanos palestinos evitan migrar a otras ciudades en Cisjordania ocupada como Ramala o Nablus -que ofrecen una mejor calidad de vida- porque perderían su estatus de residentes en Jerusalén, y con ello, la posibilidad de seguir atravesando el muro.

Según estimaciones de Ir Amim, desde la construcción del muro hasta hoy, la población de estos barrios pasó de unos 60.000 habitantes a más de 120.000. Así, está zona que representa un 5 % del territorio de Jerusalén oriental, concentra más de un tercio de su población palestina.

«La gente aquí vive en casas muy pequeñas, vivimos uno encima del otro. Puedes escuchar, oler y ver todo lo que hace tu vecino», explica Hmoud en su estudio de grabación. «Esto se llama violencia estructural, no tienes libertad ni dentro de tu propia casa, donde se supone que puedes ser tu mismo», añade.

Jaber Mohasen, un veterano habitante del campamento que -a diferencia de Hmoud- conoció Jerusalén sin el muro, siente que desde su construcción «todo cambió».

«No podemos movernos libremente, tenemos problemas económicos, sociales y daños psicológicos», se queja, y no titubea al describir el barrio como “un gueto”.

El muro, dice, es solo la punta del iceberg de la «tragedia» de los palestinos en Jerusalén: «No tenemos dignidad en nuestra propia ciudad».

 Fuente: Swiss Info 

Así es como Israel planea anexionarse Cisjordania ocupada, por Ramzy Baroud

23 de junio de 2022

Por: Ramzy Baroud

El Tribunal Supremo de Israel ha decidido que la región palestina de Masafer Yatta, en las colinas del sur de Hebrón, debe ser apropiada en su totalidad por el ejército israelí y que la población local de más de 1.000 palestinos debe ser expulsada.

La decisión del tribunal del 4 de mayo no es sorprendente. La ocupación militar de Israel no sólo se lleva a cabo con soldados armados, sino también con elaboradas estructuras políticas, militares, económicas y jurídicas, todas ellas dedicadas a la expansión de los asentamientos judíos ilegales y a la lenta -y a veces no tan lenta- expulsión de los palestinos.

Cuando los palestinos dicen que la Nakba (“Catástrofe”), que condujo a la limpieza étnica de Palestina en 1948 y al establecimiento del Estado de Israel sobre sus ruinas, es un proyecto inacabado en curso, quieren decir exactamente eso. La limpieza étnica de los palestinos de Jerusalén Este y el interminable tormento de los beduinos palestinos en el Naqab, y ahora en Masafer Yatta, son testimonio de esta realidad.

Sin embargo, Masafer Yatta es especialmente singular. En el caso de la Jerusalén Oriental ocupada, por ejemplo, Israel ha hecho una afirmación falaz y ahistórica de que la ciudad es la capital eterna e indivisa del pueblo judío. Combinó su narrativa infundada con acciones militares sobre el terreno, seguidas de un proceso sistemático para aumentar la población judía y expulsar a los habitantes nativos de la ciudad. Las nociones de “Gran Jerusalén” y las estructuras jurídicas y políticas, como la del Plan Maestro de Jerusalén de 2000, han contribuido a convertir la antaño mayoría palestina de Jerusalén en una minoría en constante disminución.

En el Naqab, los objetivos de Israel se pusieron en marcha ya en 1948, y de nuevo en 1951. El proceso de limpieza étnica de los nativos sigue vigente hasta hoy.

Aunque Masafer Yatta forma parte del mismo plan colonial, su singularidad se debe a que está situada en la zona C de la Cisjordania ocupada. En julio de 2020, Israel decidió supuestamente posponer su plan de anexión de casi el 40% de Cisjordania, quizá por temor a una rebelión palestina y a una condena internacional no deseada. Sin embargo, el plan siguió adelante en todo menos en el nombre.

La anexión de grandes franjas de Cisjordania significaría que Israel se convertiría en responsable del bienestar de comunidades palestinas enteras que viven en ella. Sin embargo, como Estado colono-colonial, Israel quiere la tierra, pero no la gente. En el cálculo de Tel Aviv, la anexión sin la expulsión de la población podría conducir a una pesadilla demográfica, de ahí la necesidad de Israel de reinventar su plan de anexión. Puede que la anexión de jure se haya “pospuesto”, pero ha continuado en términos de facto, lo que ha atraído muy poca atención política y mediática internacional.

La decisión del tribunal israelí respecto a Masafer Yatta, que ya se está llevando a cabo con la expulsión de la familia Najjar el 11 de mayo, es un paso importante hacia la anexión de la zona C. Si Israel puede desalojar a los residentes palestinos de doce aldeas, más de 1.000 personas, sin obstáculos, cabe esperar más expulsiones de este tipo, no sólo al sur de Hebrón, sino en todos los territorios palestinos ocupados.

Los habitantes palestinos de Masafer Yatta y su representación legal saben muy bien que no se puede obtener ninguna “justicia” real del sistema judicial israelí. Sin embargo, siguen luchando en la guerra legal con la esperanza de que una combinación de factores, incluyendo la solidaridad en Palestina y la presión desde el exterior, pueda finalmente lograr obligar a Israel a retrasar su plan de destrucción y judaización de toda la región.

Sin embargo, parece que los esfuerzos palestinos, que llevan en marcha desde 1997, están fracasando. La decisión del Tribunal Supremo israelí se basa en la noción errónea y totalmente extraña de que los palestinos de esa zona no podían demostrar que pertenecían a ella antes de 1980, cuando el gobierno israelí decidió convertirla en la “Zona de Fuego 918”.

Lamentablemente, la defensa palestina se basaba en parte en documentos de la época jordana y en registros oficiales de la ONU que informaban de los ataques israelíes a varios pueblos de Masafer Yatta en 1966. El gobierno jordano, que administró Cisjordania hasta 1967, compensó a algunos de los residentes por la pérdida de sus “casas de piedra” -no tiendas-, animales y otras propiedades que fueron destruidas por el ejército israelí. Los palestinos intentaron utilizar estas pruebas para demostrar que han existido, no como pueblos nómadas, sino como comunidades arraigadas. Esto no convenció al tribunal israelí, que favoreció el argumento del ejército de ocupación por encima de los derechos de la población nativa.

Las zonas de tiro israelíes ocupan casi el 18% de la superficie total de Cisjordania. Se trata de una de las diversas estratagemas utilizadas por el gobierno israelí para reclamar un derecho pseudolegal sobre las tierras palestinas y, eventualmente, reclamar también la propiedad legal. Muchas de estas zonas de tiro existen en el Área C, y son una de las formas en que Israel se apropia oficialmente de las tierras palestinas con el apoyo de los tribunales.

Ahora que el ejército israelí ha conseguido adquirir Masafer Yatta -una región que abarca entre 32 y 56 km2- basándose en excusas completamente endebles, será mucho más fácil garantizar la limpieza étnica de muchas comunidades similares en diversas partes de la Palestina ocupada.

Mientras que los debates y la cobertura mediática del plan de anexión de Israel en Cisjordania y el Valle del Jordán se han calmado en gran medida, el Estado colono-colonial se está preparando para una anexión gradual. En lugar de tomar el 40% de Cisjordania de una sola vez, Israel está anexionando por separado pequeñas extensiones de tierra y regiones, como Masafer Yatta. Con el tiempo, Tel Aviv conectará todas estas zonas anexionadas a través de carreteras de circunvalación exclusivas para colonos con infraestructuras de asentamientos judíos más grandes en Cisjordania.

Esta estrategia alternativa no sólo permite a Israel evitar las críticas internacionales, sino que también permitirá al Estado colono-colonial anexionar tierras palestinas mientras expulsa progresivamente a los palestinos. Así, se evitarán los desequilibrios demográficos antes de que puedan producirse.

Lo que está ocurriendo en Masafer Yatta no sólo es el mayor plan de limpieza étnica que ha llevado a cabo Israel desde 1967, sino que también debería considerarse el primer paso de un plan mucho más amplio de apropiación ilegal de tierras, limpieza étnica y anexión masiva oficial.

No se debe permitir que Israel tenga éxito en Masafer Yatta. Si lo hace, su plan original de anexión masiva se hará realidad en poco tiempo.

Por: Ramzy Baroud

Fuente: Qudsnen

 

Declaración de académicos por Palestina: ¿Con qué agua se lava la imagen de Israel?

Para Académicos por Palestina, resulta importante subrayar que ninguna tecnología –y menos aún, algún “negocio”- puede ser considerado “neutral”, exenta de cierto contexto histórico, cultural y político: ¿da lo mismo “comprar” tecnología de agua para usar en Chile mientras Palestina es despojada de ella por la misma entidad que la vende? Si toda tecnología no está jamás fuera de sus contextos porque su desarrollo tiene efectos políticos inmediatos, acaso ¿no oculta esta singular colaboración a la nakba palestina, el rostro de miles que por 74 años han sido despojados de sus tierras y a quienes se les ha privado del agua gracias a la violencia colonial israelí?.

En las últimas semanas hemos visto como importantes instituciones de nuestro país, así como autoridades políticas, generan acuerdos de colaboración en áreas de tecnologías y sustentabilidad con la Embajada de Israel. Entre ellas se cuentan el encuentro del alcalde de Valparaíso Jorge Sharp con la embajadora Marina Rosemberg para “intercambiar mirada sobre desafíos comunes en temas hídricos y otras áreas”[1]; el reconocimiento de la misma embajada al actual Gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, por “promover el cuidado del medio ambiente y hacer de Santiago-RM una región más sustentable y verde”[2] así como la reunión que sostuvo la misma embajadora con Ximena Fuentes, subsecretaria de Relaciones Exteriores del Estado chileno.[3]

Ninguna de las personas aquí adherentes podríamos desconocer la importancia de abordar la crisis hídrica actual, o promover el cuidado del medio ambiente, tanto de nuestras entidades académicas, como gubernamentales. La cuestión es que en los casos señalados observamos que la visibilización de estas acciones, supuestamente basadas en articulaciones de colaboración científica, ocultan un objetivo que busca lavar la imagen del Estado sionista de Israel y, a su vez, socavar la legitimidad de los organismos internacionales de derechos humanos, de la ONU y de todas aquellas instituciones que han denunciado los crímenes de lesa humanidad que ha perpetrado Israel diariamente sobre el pueblo palestino. De hecho, la entidad sionista ha sido condenada por organizaciones de Derechos Humanos (Human Rights Watch, entre otros miles), el Derecho Internacional (ONU), Tribunales Internacionales (Tribunal Russel y Tribunal de la Haya) y Amnistía Internacional, por su sistemática violación de los Derechos Humanos de la población palestina y de la instauración de un verdadero estado de apartheid durante los 74 años de sistemática colonización.

Este lavado de imagen es nítidamente observable respecto del tema de las tecnologías del agua. Desde la guerra de 1967 en que el Estado sionista de Israel niega el acceso libre a las aguas al pueblo palestino, haciéndose soberano de éstas en todo el territorio palestino (de sus acuíferos cisjordanos y gazatíes; así como de la parte correspondiente a Palestina del caudal del río Jordán), restringiendo a menos de la mitad la dosis de agua que se entrega por persona en territorio palestino (respecto de la cantidad de agua considerada para cada ciudadano israelí), y además, cobrando más por litro de agua a la población palestina, que a la población israelí[4]. Al mismo tiempo ha desarrollado en todas estas décadas de ocupación una innovación tecnológica en torno al agua – a través de la Compañía Nacional de Aguas Mekorot-  que incluso se exporta a otros países, tal como parece estar sucediendo, ahora, con su “colaboración” con las diversas entidades chilenas.

Para Académicos por Palestina, resulta importante subrayar que ninguna tecnología –y menos aún, algún “negocio”- puede ser considerado “neutral”, exenta de cierto contexto histórico, cultural y político: ¿da lo mismo “comprar” tecnología de agua para usar en Chile mientras Palestina es despojada de ella por la misma entidad que la vende? Si toda tecnología no está jamás fuera de sus contextos porque su desarrollo tiene efectos políticos inmediatos, acaso ¿no oculta esta singular colaboración a la nakba palestina, el rostro de miles que por 74 años han sido despojados de sus tierras y a quienes se les ha privado del agua gracias a la violencia colonial israelí? En este registro resulta alarmante observar en las acciones de nuestras autoridades políticas de las últimas semanas una verdadera operación de borramiento del pueblo palestino activada por el Estado de Israel. Mas aún si estas autoridades se reconocen en una cierta tradición “democrática” que, como ha dicho el presidente Gabriel Boric, se caracterizan por respetar irrestrictamente los Derechos Humanos. ¿Cómo se puede decir que se respetan los DDHH si, a la vez, las mismas autoridades colaboran sistemáticamente con el negocio colonial de la entidad sionista?

La aparición de la embajadora israelí junto a las diferentes autoridades chilenas, conjuntamente con el silencio de estas mismas autoridades respecto de la situación Palestina, no hacen más que ejercer una violencia que, a la vez que lava la imagen de la entidad sionista, borra las voces del pueblo palestino en sus 74 años de Nakba que define a la colonización sionista. Las imágenes resultan mas que ominosas: el feliz encuentro de Sharp en Valparaíso para debatir la crisis hídrica, o el feliz reconocimiento a Orrego, por hacer de Stgo-RM una región sustentable, o las conversaciones con la subsecretaria Fuentes no hacen más que ocultar que dichos encuentros están sostenidos sobre décadas de colonización sobre una tierra regada con sangre, exilio y apartheid. Es precisamente el problema ético, inescindible de la cuestión tecnológica y colonial lo que está aquí en cuestión.

Por todas estas razones, Académicos por Palestina repudia la decisión de colaborar con la entidad sionista por parte de las autoridades gubernamentales de nuestro país, llamamos a los diversos actores del país a rechazar cualquier nexo de colaboración con el Estado sionista, a denunciar toda forma de racismo y defender realmente los Derechos Humanos del pueblo palestino y de todos los pueblos.

[1] https://twitter.com/JorgeSharp/status/1536812935787384834/photo/1

[2] https://twitter.com/Orrego/status/1535371336901697538

[3]https://twitter.com/XFuentes/status/1538969062612553728

[4] Véase el informe de Amnistía Internacional: Informe Apartheid Amnistía

La Voz De Los Que Sobran

El acuerdo de gas entre Israel, Egipto y la UE es otra luz verde para la ocupación y los abusos de los derechos

Foto: la plataforma del campo de gas natural Leviatán en el mar Mediterráneo se muestra desde la ciudad costera israelí de Cesarea el 24 de febrero de 2022 (AFP)

21de junio de 2022

Por Inés Abdel Razek

En lugar de aislar a los Estados que violan los derechos individuales y el derecho internacional, Europa les permite oprimir con impunidad.

La Unión Europea acaba de firmar un acuerdo de gas tripartito con Egipto e Israel que aumentará la dependencia de la UE del gas israelí. Descrito por el jefe de la Comisión de la UE como un «acuerdo histórico» , el acuerdo demuestra que cuando se trata de respeto por los derechos humanos y el derecho internacional, la UE y sus estados miembros no tienen credibilidad.

El acuerdo se produce cuando la UE está buscando alternativas al petróleo ruso en medio de la guerra en curso en Ucrania . Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, dice que el embargo a las importaciones de petróleo ruso corta “una enorme fuente de financiación para su maquinaria de guerra” .

En cambio, la UE está adoptando un camino que la hará más dependiente del gas israelí, a pesar de la ocupación militar de Israel durante más de medio siglo y los 74 años de despojo de los palestinos por parte de los colonos , que ha incluido violaciones continuas y flagrantes del derecho internacional que ascienden a el crimen del apartheid.

El acuerdo de gas sigue a la implementación de los Acuerdos de Abraham , un impulso negociado por Estados Unidos para normalizar las relaciones entre Israel y los estados árabes. El acuerdo también hará que la UE dependa más de Egipto, un régimen dictatorial con aproximadamente 60.000 presos políticos y abusos generalizados contra los derechos humanos que la UE también ha normalizado .

A principios de este año, la UE comprometió 657 millones de euros (688 millones de dólares) para el Interconector EuroAsia, una línea submarina que une las redes eléctricas de Israel, Chipre, Grecia y Europa.

Durante décadas, Israel ha estado construyendo su estado y alimentando su proyecto colonial de colonos mediante la expropiación de tierras y el saqueo de los recursos naturales palestinos, incluidos el agua, el petróleo y el gas , la piedra y los minerales del mar muerto en los territorios ocupados. El gas destinado a ser exportado a Europa se explota frente a la costa de Gaza, donde desde hace 15 años Israel mantiene un bloqueo brutal sobre dos millones de palestinos y los bombardea periódicamente .

Israel también ha impedido que los palestinos exploten las reservas de gas natural en el campo marino de Gaza , asegurando que la población palestina permanezca subordinada a la voluntad de Israel.

De hecho, Israel está utilizando el sector energético como palanca para normalizar aún más su apartheid y su régimen colonial de colonos, construyendo descaradamente la diplomacia mientras comete crímenes contra la población palestina. Al presentarse como un faro de tecnologías militares y cibernéticas, Israel experimenta y prueba estas tecnologías en los palestinos bajo su control.

La colaboración de Europa con Israel en el sector energético, junto con visitas de alto nivel a Israel por parte de líderes europeos y estadounidenses , da luz verde al gobierno actual para continuar intensificando su campaña de opresión, sin responsabilidad internacional. Durante el año pasado, las fuerzas israelíes mataron a cientos de palestinos, demolieron cientos de casas , continuaron las campañas estatales de limpieza étnica y continuaron persiguiendo a los activistas de derechos humanos .

Sin embargo, en lugar de sancionar y aislar a Israel, la comunidad internacional lo recompensa por sus crímenes de guerra a través de acuerdos y diplomacia, reforzando la cultura de impunidad del estado. En el mejor de los casos, los gobiernos europeos continúan emitiendo declaraciones desdentadas utilizando puntos de conversación agotados desconectados de las realidades sobre el terreno, como la «necesidad de una solución de dos estados».

Al mismo tiempo, las instituciones de la UE han gastado energías políticas en acosar a los palestinos por los libros de texto escolares y rendirse ante la campaña de Israel contra los grupos de la sociedad civil palestina .

Para empeorar las cosas, los líderes palestinos han permanecido en silencio sobre el acuerdo de gas entre Israel, Egipto y la UE, que se anunció solo dos días después de que la UE liberara alrededor de 200 millones de dólares en fondos a la Autoridad Palestina (AP), que se habían demorado mucho. Esto confirma una vez más que la Autoridad Palestina ha aceptado su propia subyugación bajo el dominio colonial y el mayor despojo de los palestinos para asegurar su propia supervivencia política.

Esto contribuye aún más a borrar al pueblo palestino de cualquier cálculo geopolítico, lo que hace que la perspectiva de la liberación y la autodeterminación palestina sea aún más remota.

El reciente acuerdo de gas representa otra mancha en los valores fundacionales de la UE. En lugar de oponerse a estados neoautoritarios con agendas etnonacionalistas e implementar una política exterior basada en valores respaldada por un fuerte multilateralismo, Europa simplemente está eligiendo sus propios campos de colonizadores y violadores de los derechos humanos.

Fuente: https://www.middleeasteye.net/

Gideon Levy»Destrozando la evidencia: cómo Israel mantiene la impunidad mundial»

Foto: Gilad Erdan, embajador de Israel ante la ONU, rompe un informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 29 de octubre de 2021 (Twitter/@giladerdan1).

20 de junio de 2022

Por Gideon Levy

Desde Chaim Herzog en 1975 hasta Gilad Erdan el año pasado, los funcionarios israelíes han tomado medidas drásticas para evitar la rendición de cuentas por los crímenes del Estado.

El 10 de noviembre de 1975, el difunto Chaim Herzog, entonces embajador de Israel ante las Naciones Unidas y padre del presidente Isaac Herzog, subió al podio de la Asamblea General de la ONU y rompió dramáticamente el texto de la Resolución 3379, adoptada ese mismo día. 

La resolución 3379 declaró que “el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial”. Israel se sorprendió. Un bulevar importante en Haifa nombrado en honor a la ONU fue rebautizado rápidamente como «Bulevar del Sionismo» por el Ayuntamiento de Haifa. Qué broma del destino: la calle una vez nombrada en agradecimiento a la ONU por declarar en 1947 su apoyo al establecimiento de Israel como estado fue renombrada tres décadas después debido a una decisión diferente de la misma organización.

Chaim Herzog fue un superhéroe inmediato en Israel. Fue el momento cumbre de su carrera. Los israelíes consideraron su gesto teatral como una respuesta adecuada a lo que el país percibía como un acto de antisemitismo global . Casi todos los israelíes, incluido yo más joven, tenían esa opinión en ese momento. ¿Comparando el sionismo con el racismo? Sólo podía ser antisemitismo.

Años pasados. La ONU rescindió esa decisión en diciembre de 1991, pero unas décadas más tarde, todo se ve diferente nuevamente. El sionismo, que hoy en día se trata esencialmente de la preservación de la supremacía judía en un país habitado por dos pueblos, ya no parece demasiado lejos de cómo se presentó en la decisión original de la ONU.

Asimismo, el gesto realizado por Herzog padre en el podio de la ONU -triturar las páginas de una decisión que la mayoría de las naciones del mundo habían aceptado como lícita- parece mucho menos apropiado hoy que en su momento.

Violaciones de derechos humanos
Lo que no ha cambiado ni un centímetro desde la adopción de la Resolución 3379 en 1975 es la actitud de Israel hacia las organizaciones internacionales y el derecho internacional. Casi medio siglo después, encontramos al actual embajador israelí ante la ONU, Gilad Erdan, haciendo algo similar. El 29 de octubre de 2021, se paró en el mismo escenario y rompió el último informe anual del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Esta vez, la actuación fue percibida como repulsiva y violenta, y ganó mucho menos respeto. Pero Erdan también sugirió enviar el informe al lugar que le corresponde en “el basurero del antisemitismo”.

Que Israel no esté solo en sus violaciones de los derechos humanos, que otros países se comporten de la misma manera, pero obtengan mucha menos censura internacional, se considera adecuado para justificar el fracaso total de Israel en responder a las acusaciones formuladas en su contra.

Es como un conductor atrapado conduciendo a exceso de velocidad imprudentemente, que trata de evitar consecuencias legales diciendo que todo el mundo conduce de esa manera. Esta es una estratagema inútil cuando se usa contra policías de tránsito, y debería ser igualmente inútil cuando se dirige a las instituciones de la comunidad internacional.

Entonces, esta es la historia en pocas palabras: un país establecido gracias al poder de la ONU y la comunidad internacional actúa para socavar a los mismos organismos internacionales en el momento en que se vuelven críticos con su comportamiento. Solo tenga en cuenta cómo los medios israelíes cumplen con los informes sobre los miembros de las diversas comisiones internacionales de investigación sobre las acciones israelíes.

Considere las representaciones más recientes de Navi Pillay, quien pasó seis años como alta comisionada de la ONU para los derechos humanos y ahora preside la comisión de investigación de la ONU sobre el bombardeo de torres de gran altura por parte de Israel en Gaza en mayo de 2021: Pillay “está equivocado”, “ odia a Israel” o “es antisemita”. 

Disparando al mensajero

No todo se hizo público sobre los esfuerzos de Israel para destruir la reputación de Richard Goldstein, quien dirigió el equipo de investigación de la ONU sobre la guerra de Gaza de 2008-2009. Aún se sabe menos sobre sus intentos de atacar a Fatou Bensouda, la exfiscal jefe de la Corte Penal Internacional, después de que finalmente reunió el coraje para abrir una investigación sobre presuntos crímenes de guerra cometidos por Israel. 

Israel emplea repetidamente una estrategia antigua pero efectiva: si no puede manejar el mensaje, dispare al mensajero. Tras la decisión de abrir esa investigación, Bensouda renunció y no se ha hecho nada desde entonces. A los miembros de la comisión de la ONU que investigan la última guerra de Gaza se les ha negado la entrada a Israel, ya que el gobierno se niega a cooperar con su trabajo.

Israel tiene mucho que ocultar. Sin embargo, incluso eso no ha proporcionado incentivos suficientes para ampliar las investigaciones.

Esto está funcionando para Israel. Erdan acaba de ser elegido vicepresidente de la Asamblea General de la ONU. Las investigaciones de Israel se llevan a cabo a un ritmo sospechosamente pausado. Ni siquiera mencionemos la palabra sanciones; lo que estuvo bien para tratar con Rusia solo unas semanas después de su invasión de Ucrania nunca ha estado en la agenda con respecto a una ocupación asombrosamente similar , con más de medio siglo de antigüedad y contando, por parte de Israel.

El resultado: nadie acusado, sin rendición de cuentas, sin precio exigido y sin castigo.

Toda esta progresión ha llevado a una situación inconcebible. Presenta una potencia ocupante, cuya ocupación continua es reconocida internacionalmente como ilegal; cuya ocupación “temporal” se ha vuelto permanente desde hace mucho tiempo; y cuyas fuerzas de seguridad cometen crímenes de guerra en los territorios ocupados de manera regular, ya que esa es la única forma de vencer la legítima resistencia a la ocupación. Nadie es investigado, acusado, juzgado o sancionado, ni el propio país, ni sus ciudadanos que realizan estas acciones.

Impunidad automática

Dado que el sistema judicial en Israel también absuelve sistemáticamente a quienes cometen tales crímenes , se crea una situación en la que Israel, su gobierno, su ejército y otras organizaciones operan con una impunidad automática, ciega, continua y casi total.

Los soldados que sirven en los territorios ocupados saben muy bien que casi todo lo que hacen se considera permisible: disparar, matar, abusar, humillar. Nunca serán castigados, ni por Israel ni por nadie más. Cada día hay más asesinatos, arrestos sin juicio por motivos políticos, castigos colectivos, demoliciones de viviendas , confiscación de tierras, torturas y humillaciones, expansión de asentamientos y explotación de recursos naturales.

Nunca nadie es responsable, más allá de aquellos que intentan cambiar esta situación distorsionada. Si se escribe un informe, Israel ni siquiera lo leerá, y su embajador triturará el texto en el escenario internacional más respetado del mundo. Si alguien se atreve a iniciar una investigación, Israel la hará desaparecer rápidamente.

El resto del mundo puede adoptar una línea dura sobre Israel retóricamente, sin embargo, instantáneamente sale en defensa de Israel frente a cualquier acción potencialmente dañina. Ningún otro país tiene algo como el espectro de impunidad de Israel . Ningún otro ejército es tratado como inocente, a pesar de perpetuar una ocupación y cometer todos los delitos evitables e inevitables que son parte integral de esta situación ilegal.

¿Ha reconocido Israel alguna vez siquiera una acción indefendible ante la comunidad internacional? ¿Se ha atrevido alguna vez la comunidad internacional a dar un paso real para llevar a los culpables ante la justicia?

No ha habido responsabilidad alguna por la larga lista de crímenes cometidos en los territorios bajo la ocupación de Israel. Solo pregúntale a Erdan cómo funciona esto; para mantener este sistema en marcha, solo necesita pararse en el podio más respetado de la tierra y romper la evidencia de sus transgresiones.

Gideon Levy es columnista de Haaretz y miembro del consejo editorial del periódico. Levy se unió a Haaretz en 1982 y pasó cuatro años como editor adjunto del periódico. Recibió el Premio de Periodista Euro-Med en 2008; el Premio de la Libertad de Leipzig en 2001; el Premio de la Unión de Periodistas de Israel en 1997; y el Premio de la Asociación de Derechos Humanos en Israel de 1996. Verso acaba de publicar su nuevo libro, The Punishment of Gaza.

Fuente: https://www.middleeasteye.net

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