Israel mantiene secuestrados 68 cadáveres de palestinos

30 de noviembre de 2020

Noor Shuqeir, que fue asesinado el miércoles pasado por la policía de Ocupación en un puesto de control de Jerusalén, fue enterrado en dicha ciudad.

Según la policía, los oficiales dispararon a Shuqeir, un residente del barrio palestino de Silwan en Jerusalén Oriental, después de que se sospechara que había perpetrado un ataque con coche bomba. Su cuerpo fue retenido unos días por las autoridades israelíes, de acuerdo con la política actual de no devolver los cuerpos de los presuntos atacantes palestinos a sus instalaciones.

El hecho de que el cuerpo de Shuqeir fuera finalmente devuelto a su familia indica que es probable que las autoridades hayan aceptado la postura mantenida por su familia y amigos: Shuqeir no tenía intención de cometer un ataque.

Desde abril de 2016, Israel mantiene secuestrados más de 68 cuerpos a los que se niega a devolver para su entierro a sus familias, que está reteniendo con fines de negociación o disuasión.

Entre los cadáveres se encuentran los de siete hombres que murieron, al interior de las cárceles de ocupación por enfermedad, tras no ser atendidos debidamente, incluido un detenido que ni siquiera había sido juzgado. Se desconoce el número total de cadáveres que Israel tiene en su poder, pero las estimaciones llegan hasta unos pocos cientos.

Israel devolvió unos 400 cadáveres entre 1991 y 2008 como parte de diversos acuerdos de intercambio con los palestinos y con Hezbola.

Desde enero de 2020, las autoridades israelíes han añadido 17 cuerpos palestinos más al total que ya están retenidos. Sólo este mes, tres cuerpos adicionales fueron añadidos a la lista: Noor Shquir de Silwan, quien fue sospechoso de perpetrar un ataque con coche bomba en el puesto de control de A Zaim la semana pasada y fue asesinado por un oficial de la Policía Fronteriza; Bilal Rawajba, de la aldea de Iraq Al Taya, al este de Nablus, un asesor jurídico de la fuerza de seguridad preventiva palestina que fue asesinado por soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel que afirmaron que les había disparado un arma; y Kamal Abu Waer de Qabatiyah, que murió de cáncer mientras cumplía una sentencia de cadena perpetua.

Abu Waer, miembro de Fatah, fue condenado por asesinar a israelíes en Cisjordania a principios de la segunda intifada. En julio contrajo el coronavirus y se recuperó, según informó el Servicio de Prisiones de Israel. También informó de que “su cuerpo fue transferido a la responsabilidad de la Policía de Israel el día en que fue declarado muerto, en el Hospital Assaf Harofeh”.

Otro recluso que murió en Israel y cuyo cuerpo está en manos de las autoridades es Daud Al Khatib de Belén, también miembro de Fatah. Murió en septiembre de un ataque cardíaco, cuatro meses antes de su liberación prevista tras cumplir una pena de prisión de 18 años.

El mayor de los 68 cuyo cuerpo no ha sido devuelto es Saad Gharbali, de 75 años, de la Franja de Gaza, quien murió en julio de cáncer. Fue condenado a cadena perpetua en 1994 por el asesinato de un israelí y estaba afiliado a Hamas.

El detenido que aún no ha sido juzgado es Nassar Taqatqa, de 27 años, que murió en julio en cuarentena en la enfermería de la prisión de Nitzan, tras ser interrogado por el servicio de seguridad del Shin Bet.

El Centro de Asistencia Jurídica y Derechos Humanos de Al Quds, que representa a algunas de las familias cuyos cuerpos de parientes no han sido devueltos, dijo que, según su conocimiento, algunos de los cuerpos han sido enterrados y otros están siendo almacenados en congeladores en Israel.

El pasado mes de septiembre el gabinete de seguridad aprobó la decisión del ministro de Defensa, Benny Gantz de mantener en su poder el cuerpo de cualquier persona sospechosa de participar en un ataque contra los israelíes o que haya llevado a cabo tal ataque, independientemente de su afiliación política. Gantz adoptó la posición de su predecesor, Naftali Bennett, como medio de ejercer presión sobre Hamas para que devolviera los cuerpos de los soldados israelíes fallecidos tras la agresión a Gaza en 2014.

Tanto Bennett como Gantz promovieron una política más extrema que la determinada por el gabinete en 2017, en la que se afirmaba que “los cuerpos de los palestinos pueden devolverse en condiciones restrictivas decididas por los funcionarios de seguridad”, mientras que los cuerpos de “terroristas asociados con Hamas” y “terroristas que llevaron a cabo actos de terror particularmente extremos” serían enterrados en Israel en un cementerio especial.

Seis familias palestinas presentaron una petición al Tribunal Superior de Justicia contra la decisión del gabinete de 2017. Israel alegó que actuaba basándose en las regulaciones de defensa de emergencia.

En una decisión mayoritaria, el tribunal decidió ese año a favor de las familias, dictaminando que las regulaciones en cuestión no autorizan al estado a retener cuerpos para propósitos de negociación. Los jueces dieron al estado seis meses para intentar aprobar una legislación que le autorizara a conservar la posesión de los cuerpos, pero en su lugar el estado contrarrestó con una demanda de otra audiencia ante un panel especial del Tribunal Superior.

En esa audiencia, en septiembre de 2017, la mayoría dictaminó que la ley efectivamente otorga al Estado la autoridad para retener los órganos con fines de negociación, allanando así el camino a la política actual.

Fuente: Haaretz

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile

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