Tras más de 72 años el sufrimiento de la población refugiada palestina continúa, pero su resistencia también y la lucha continúa

Foto: esquina del Campo de refugiados Al Azza (Belén) con una pintada donde se lee “Volver a casa”. Créditos: Badil.

19 de junio de 2020

“El legado de la Nakba te persigue desde la infancia, cuando naces refugiado […] es una cuestión de consciencia. ¿De dónde dices que eres cuando te preguntan? ¿De Al-Jalazon o de Lydda? Necesitas identificarte con algún lugar y sabes que el campamento no es tu casa. Desde muy pronto comprendes que hay un problema”.

Mientras se conmemora el Día Mundial del Refugiado en plena pandemia del Coronavirus, la Nakba (catástrofe en árabe) palestina continúa sucediendo desde el mandato británico en 1917 y hasta el día de hoy. A esta realidad se ha llegado a través de un círculo vicioso: continuos desplazamientos de población palestina a la vez que la imposición de obstáculos a su retorno. Es más, los palestinos y palestinas siguen sufriendo constantemente nuevos mecanismos israelíes de desplazamiento, como la demolición de las casas de militantes y personas prisioneras políticos palestinas bajo la política del “castigo colectivo“, dejando a la gente sin hogar y a veces en extremas dificultades económicas, particularmente cuando ya han perdido a sus seres queridos, bien porque han sido asesinados o encarcelados por el régimen Israelí. “Sólo pueden derribar las piedras, no nuestra memoria ni nuestra resistencia. Construiremos, reconstruiremos y volveremos a reconstruir y continuaremos nuestra lucha hasta la libertad” dice Wedad, madre del prisionero Qassam Barghouthi. Su casa fue demolida el 11 de mayo de 2020, mientras la Organización Mundial para la Salud recomendaba quedarse en casa y cumplir las medidas de distanciamiento social, confinamiento y cerrando fronteras.

“Las redadas militares israelíes en el campo son continuas. Es imposible tener un espacio seguro para jugar”

En 1948, las organizaciones paramilitares sionistas lanzaron operaciones militares y masacres indiscriminadas para forzar a la población palestina a abandonar sus lugares de origen. Como resultado, aproximadamente 750.000 personas, dos tercios de la población palestina en aquel momento, se convirtieron en personas refugiadas. Hoy, constituyen uno de los grupos de refugiados más numerosos, cuya situación es la más prolongada en el tiempo y aún por resolver. No hay una sola fuente fiable que indique la población exacta de personas refugiadas palestinas y de desplazadas internas . Sin embargo, de acuerdo a las estimaciones más recientes, al menos 8,7 millones (66,7%) del total de 13.05 millones de población palestina mundial han sido forzosamente expulsada de sus hogares de origen. “Nuestra familia fue desplazada por completo a Cisjordania. No nos quedan familiares en Lydda o en ninguna otra parte. Lydda es mi lugar de origen, pero nunca he estado allí y definitivamente ha cambiado mucho desde 1948” afirma Dina. En las últimas 7 décadas, las tiendas de campaña de los campos de refugiados han sido reemplazadas por estructuras de hormigón. Sucesivas generaciones han nacido en estos campos, que ofrecen escasas salidas y oportunidades de futuro.

“Las redadas militares israelíes en el campo son continuas. Es imposible tener un espacio seguro para jugar” dice una niña de 14 años del campo de refugiados de Aida. está situado en el extremo norte de la ciudad sagrada de Belén, rodeado por las colonias israelíes de Gilo y Har Homa y por el muro del Apartheid. Éste es la cara visible de la expansión colonial israelí desde que Israel ocupó Cisjordania, incluyendo Jerusalén Este, en 1967. Hoy, el muro implica tener presencia militar constante en el campo de refugiados y refugiadas de Aida. Serpentea en torno al límite del campo y está lleno de cámaras y torres de vigilancia. Las fuerzas israelíes también entran en el campo a través de puertas de acero que proporcionan acceso directo al mismo para las redadas militares. Presenciar o experimentar detenciones, injurias, acoso y a veces la muerte son parte del crecer en Aida.

“Uno de las cosas que la Nakba ha impuesto a la población palestina es la fragmentación física. Es una de formas que tiene Israel de cortar las conexiones naturales entre las diferentes partes de la población”, explica Mohammed del campo de población refugiada de Ain al-Hilweh en Líbano. Los campos pretendían ser una solución temporal a una situación de emergencia, pero el conflicto continúa bajo la ocupación militar israelí, haciendo añicos cualquier parecido a una vida segura y normal. Desde BADIL, trabajamos para hacer frente a esta fragmentación, reconectando a jóvenes palestinos y palestinas de distintas zonas y empoderándoles en sus derechos. Para muchos y muchas jóvenes, el reconocimiento y la información y sensibilización sobre la Nakba es parte del legado de BADIL.

NEGACIÓN DE DERECHOS Y PROMESAS ROTAS

“Como refugiado de Jaffa, todo lo que quiero es volver a casa y tener derecho a decidir […]. Mientras que Jaffa está mayoritariamente ocupada por colonos judeo-israelíes, y cualquier extranjero puede simplemente viajar a la Palestina histórica y visitar Jaffa, yo sigo siendo incapaz de viajar o vivir allí” dice Abeer del campo de refugiados y refugiadas de Al Shati en Gaza. No es la primera vez en la historia de la población refugiada palestina que el tiempo parece detenerse, suspendido ante la incertidumbre de preguntarse qué será lo próximo que pueda afectar a la comunidad. Durante los últimos 72 años, las personas refugiadas palestinas se han visto afectadas por múltiples formas de injusticia, negación de sus derechos y oportunidades, así como promesas rotas. Han esperado, en vano hasta la fecha, a que se encuentre y aplique una solución política y se termine su sufrimiento.

Durante los últimos 72 años, las constantes violaciones de los derechos humanos y los crímenes de guerra han aumentado y se han hecho más habituales, y el pueblo palestino ha sido continuamente expuesto a desplazamientos forzosos, unido a la denegación de su derecho al retorno y a reparaciones por dicho desplazamiento forzoso. Todo ello se ve reforzado por los repetidos intentos de Estados Unidos de desmantelar la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo- UNRWA, de erosionar los derechos de la población palestina desplazada y de terminar por completo con la cuestión de la población refugiada. Como ejemplo reciente y culmen de esta postura tenemos el plan “Paz y Prosperidad: una visión para mejorar las vidas de los pueblos palestino e israelí” (también conocido como el Acuerdo del Siglo). En línea con la estrategia israelí, el Acuerdo del Siglo acaba con el derecho de las personas refugiadas y desplazadas palestinas de volver a sus hogares o lugares de origen y a recobrar sus propiedades en el territorio en el que, en 1948, se creó el Estado de Israel.

ACUERDO DEL SIGLO

En base a diferentes resoluciones de la ONU, la solución duradera principal para las personas desplazadas y refugiadas palestinas es el retorno a sus hogares, la restitución real de sus propiedades e indemnizaciones por pérdidas y daños[1]. En una violación directa de estas resoluciones, el Acuerdo del Siglo pretende negar los derechos garantizados a los desplazados y desplazadas, a través de la negación de su existencia, a la vez que intenta limitar el número actual de refugiados y refugiadas palestinas y prohibirles ejercer el derecho de retorno a sus hogares situados en lo que es hoy Israel. Contradice totalmente el derecho internacional al negar el derecho de las población desplazada y refugiada palestina a una solución duradera y justa, concretamente al retorno voluntario y a su derecho a compensaciones (restitución de sus propiedades e indemnizaciones), constituyendo un serio incumplimiento del derecho internacional.

La negación de los derechos de la población desplazada y refugiada palestina y la negación de su derecho a la autodeterminación en general, es una manifestación del continuo fracaso de la comunidad internacional de exigir responsabilidades a Israel y proporcionar a la población palestina la protección a la que tienen derecho. En base a esto y con ocasión del Día Mundial del Refugiado 2020, BADIL insta a los países y miembros de la ONU a rechazar el Acuerdo del Siglo propuesto por Estados Unidos y reconocerlo como un plan que directamente viola los derechos de las personas refugiadas palestinas. También hace un llamamiento a que estos estados cumplan sus responsabilidades internacionales para exigir a Israel rendir cuentas por sus delitos. Apela a que contribuyan a poner fin a la negación de Israel del derecho de los desplazados y desplazadas palestinas a una solución justa y duradera, particularmente el retorno voluntario y la restitución de sus propiedades e indemnizaciones.

Bajo el eslogan: “Un pueblo, un destino: unidos por el retorno y contra el Acuerdo del Siglo” llamamos a un movimiento solidario internacional que implemente acciones para apoyar las iniciativas palestinas que enfrentan la anexión israelí, las prácticas de colonización y la segregación racial que superan los límites de la solidaridad moral. La solidaridad y la resistencia de las personas oprimidas en todo el mundo es sin duda esencial y debe continuar demandando justicia para el pueblo palestino, así como justicia para todos los pueblos oprimidos en el mundo.

[1] Asamblea General de las Naciones Unidas, 194 (III). “Palestina-Informe sobre el progreso de las gestiones del Mediador de las Naciones Unida“, A/RES/194 (III), 11 de diciembre de 1948; Consejo de seguridad de la ONU, Resolución del Consejo de Seguridad 237, S/RES/237, 14 June 1967, para. 1.

Artículo original en inglés, traducido por Ana Morales

Fuente: www.elsaltodiario.com

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