Abrazando a Palestina, cómo combatir el mal uso que hace Israel del «antisemitismo»

16 de enero de 2020

Por Ramzy Baroud
Counterpunch

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Fuente de la fotografía: Ehabich – CC BY 2.5

En una charla que pronuncié en el norte de Inglaterra en marzo de 2018 propuse que la mejor respuesta a las acusaciones falsas de antisemitismo, que a menudo se lanzan contra comunidades e intelectuales propalestinas en todas partes, es acercarse aún más a la narrativa palestina.

De hecho de ninguna manera mi propuesta tenía la intención de ser una respuesta sentimental.

«Recuperar la narrativa palestina» ha sido el tema principal en la mayoría de mis discursos y escritos públicos en los últimos años. Todos mis libros y gran parte de mis estudios e investigaciones académicas se han centrado en gran medida en posicionar al pueblo palestino (sus derechos, historia, cultura y aspiraciones políticas) en el centro de cualquier comprensión genuina de la lucha palestina contra el colonialismo y el apartheid israelíes.

Es cierto que no había nada particularmente especial en mi charla en el norte de Inglaterra. Ya había pronunciado una versión de ese discurso en otras partes del Reino Unido, Europa y otros lugares. Pero lo que hizo que ese evento fuera memorable es una conversación que tuve con un activista apasionado, quien se presentó como asesor de la oficina del jefe del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn.

Aunque el activista estuvo de acuerdo conmigo con respecto a la necesidad de recuperar la narrativa palestina, insistió en que la mejor manera para que Corbyn desvíe las acusaciones antisemitas -que han perseguido su liderazgo desde el primer día- es que los laboristas emitan una condena contundente y decisiva de antisemitismo para que Corbyn pueda silenciar a sus críticos y finalmente pueda enfocarse en el apremiante tema de los derechos palestinos.

Estaba dudoso. Le expliqué al activista animoso y seguro de sí mismo que la manipulación sionista y el mal uso del antisemitismo es un fenómeno que ha precedido a Corbyn por muchas décadas y siempre estará allí mientras el Gobierno israelí encuentre la necesidad de distraer de sus crímenes de guerra contra los palestinos y para aplastar la solidaridad propalestina en todo el mundo.

Le expliqué que si bien el racismo antijudío es un fenómeno real que debe ser confrontado, el «antisemitismo», tal como lo definieron Israel y sus aliados sionistas, no es una cuestión moral que deba resolverse mediante un comunicado de prensa, no importa cuán dura sea la redacción. Más bien es una cortina de humo con el objetivo final de distraer de la conversación real, que son los delitos de ocupación militar, el racismo y el apartheid en Palestina.

En otras palabras nada de hablar, debatir o defenderse puede convencer a los sionistas de que exigir el fin de la ocupación militar israelí en Palestina o el desmantelamiento del régimen de apartheid israelí o cualquier crítica genuina a las políticas al Gobierno derechista de Israel no son, de hecho, actos de antisemitismo.

Por desgracia el activista insistió en que finalmente una declaración firme aclarando la posición del laborismo sobre el antisemitismo absolvería a Corbyn y protegería su legado contra la mancha inmerecida.

El resto es historia. Los laboristas entraron en una cacería de brujas para atrapar a los «verdaderos» antisemitas entre sus miembros. La purga sin precedentes ha llegado a muchas personas buenas que han dedicado años a servir a sus comunidades y defender los derechos humanos en Palestina y en otros lugares.

La declaración para finalizar todas las declaraciones fue seguida por muchas otras. Numerosos artículos y argumentos fueron escritos y hechos en defensa de Corbyn, sin resultado. Solo unos días antes de que los laboristas perdieran las elecciones generales en diciembre, el Centro Simon Wiesenthal llamó a Corbyn, uno de los líderes británicos más sinceros y bienintencionados de la era moderna, el «máximo antisemita de 2019». Hasta ahí llegó el compromiso con los sionistas.

No importa si el partido de Corbyn perdió las elecciones en parte debido a la difamación sionista y las acusaciones infundadas de antisemitismo. Lo que realmente me importa como intelectual palestino que esperaba que el liderazgo de Corbyn constituya un cambio de paradigma con respecto a la actitud del país hacia Israel y Palestina, es el hecho de que los sionistas han logrado mantener la discusión centrada en las prioridades israelíes y la sensibilidad sionista. Me entristece que si bien Palestina debería haber ocupado el centro del escenario, al menos durante los años de liderazgo de Corbyn, todavía estaba marginada, lo que significa una vez más que la solidaridad con Palestina se ha convertido en un riesgo político para cualquiera que desee ganar una elección en el Reino Unido y en cualquier lugar del mundo. Incluido Occidente.

Me resulta desconcertante, de hecho inquietante, que Israel, directamente o de algún otro modo, pueda determinar la naturaleza de cualquier discusión sobre Palestina en Occidente, no solo dentro de las plataformas convencionales sino también dentro de los círculos propalestinos. Por ejemplo, escuché a activistas cuestionar repetidamente si la solución de un solo estado es posible porque «simplemente Israel nunca la aceptaría».

A menudo desafío a mi público a basar su solidaridad con Palestina en el verdadero amor, apoyo y admiración por el pueblo palestino, por su historia, su lucha anticolonial y los miles de héroes y heroínas que han sacrificado sus vidas para que su pueblo pueda vivir en libertad.

¿Cuántos de nosotros podemos nombrar a los mejores poetas, artistas, feministas, futbolistas, cantantes e historiadores de Palestina? ¿Qué tanto familiarizados estamos realmente con la geografía palestina, las complejidades de su política y la riqueza de su cultura?

Incluso en plataformas que simpatizan con la lucha palestina existe el temor inherente de que tal simpatía pueda interpretarse erróneamente como antisemitismo dando como resultado que las voces palestinas a menudo se descuidan, si no se reemplazan por completo con las voces judías antisionistas. Veo que esto sucede con bastante frecuencia incluso en los medios de comunicación de Oriente Medio, que supuestamente defienden la causa palestina.

Este fenómeno está vinculado en gran medida a Palestina y solo a Palestina. Mientras la lucha contra el apartheid en Sudáfrica y la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos, como fue el caso de muchos movimientos genuinos de liberación anticolonial en todo el mundo, han utilizado estratégicamente la interseccionalidad para vincularse con otros grupos locales, nacionales o internacionales, los movimientos mismos confiaron en las voces negras como verdaderos representantes de las luchas de sus pueblos.

Históricamente los palestinos no siempre han sido marginados dentro de su propio discurso. Hace tiempo la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), a pesar de sus muchas deficiencias, proporcionó un discurso político palestino unificado que sirvió como prueba de fuego para cualquier individuo, grupo o gobierno con respecto a su posición sobre los derechos y la libertad palestina.

Los Acuerdos de Oslo pusieron fin a todo eso: fragmentaron el discurso palestino al igual que han dividido al pueblo palestino. Desde entonces el mensaje que emana de Palestina se ha vuelto confuso, fraccionado y a menudo autodestructivo. El Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) ha hecho un trabajo tremendo para lograr cierta claridad al intentar articular un discurso palestino común.

Sin embargo BDS aún no ha producido una estrategia política centralizada de comunicación a través de un cuerpo palestino elegido democráticamente. Mientras la OLP persista en su inercia y sin una alternativa verdaderamente democrática, es probable que continúe la crisis en el discurso político palestino.

Al mismo tiempo, no se debe permitir que los sionistas determinen la naturaleza de nuestra solidaridad con el pueblo palestino. Si bien la verdadera solidaridad palestina requiere el rechazo total de todas las formas de racismo, incluido el antisemitismo, el campo pro-Israel debe quedar completamente al margen de cualquier conversación relacionada con los valores y la moral de lo que significa ser «pro-Palestina».

Ser antisionista no siempre es lo mismo que ser propalestino. El primer concepto emana del rechazo de las ideas racistas y sionistas y el segundo indica una conexión y vínculo real con Palestina y su pueblo.

Ser propalestino es también respetar la centralidad de la voz palestina, porque sin la narrativa palestina no puede haber una solidaridad real o significativa. Y también porque, en última instancia, será el pueblo palestino quien se liberará a sí mismo.

«No soy un libertador», dijo el icónico revolucionario sudamericano Ernesto Che Guevara. “Los libertadores no existen. El pueblo se autolibera”.

Para que los palestinos se «liberen», tienen que reclamar el centro en la lucha por los derechos palestinos en todas partes, articular su propio discurso y ser los adalides de su propia libertad. Nada más será suficiente.

Ramzy Baroud es periodista, autor y editor de Palestine Chronicle. Su ultimo libro es The Last Earth: A Palestinian Story (Pluto Press, Londres 2018). Obtuvo un Ph.D. en Estudios de Palestina de la Universidad de Exeter y es Académico no residente en el Centro Orfalea de Estudios Globales e Internacionales, UCSB.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/01/13/embracing-palestine-how-to-combat-israels-misuse-of-antisemitism/

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