El presidente de Israel busca una coalición entre el Likud y el centro

Gantz, cuya fuerza obtuvo más escaños que el Likud, querría recibir mañana el encargo del presidente (Amir Cohen / Reuters)

25 de septiembre de 2019

Netanyahu y Gantz no tienen apoyos suficientes para gobernar por separado. El futuro gobierno israelí sigue en la cuerda floja, después de que el presidente Reuven Rivlin terminara ayer la ronda de contactos con todos los cabezas de lista. Las elecciones del martes pasado han vuelto a arrojar un resultado endemoniado y el jefe del Estado comprobó ayer que ni Beniamin Netanyahu ni Benny Gantz cuentan con los sesenta y un escaños que les garanticen la investidura.

Ante esta evidencia, Rivlin se reunió ayer a puerta cerrada con ambos candidatos, con el objetivo de intentar evitar unas nuevas elecciones, que serían las terceras en un año, algo nunca visto. Un posible gobierno de concentración entre el Azul y Blanco de Gantz y el Likud de Netanyahu, presenta varias dificultades.

Sin embargo, las apelaciones de este último a la “excepcionalidad del momento internacional” no dejan dudas sobre su predisposición al pacto. Existe el precedente, en los ochenta, del reparto de la jefatura de gobierno entre el Likud y los laboristas, a razón de dos años cada uno. Esta opción sería la preferida por Netanyahu, que no insistiría en la presencia de sus socios religiosos. Pero Gantz no ha mostrado cambios en su postura de no trabajar con un primer ministro imputado.

Tres diputados árabes se retractan y dejan a Gantz con un apoyo menos que Netanyahu para la investidura

El enviado especial de Donald Trump, Jason Greenblatt –ya destituido– y el embajador de EE.UU. se entrevistaron ayer con ambos. Para Netanyahu lo más importante es poder caminar sobre las aguas judiciales que le aguardan dentro de diez días. Por eso espera que el presidente le dé preferencia mañana para intentar ser investido. Este escenario, improbable hace dos días, ya no lo es. Aunque Gantz ha conseguido 33 diputados, frente a los 31 de Netanyahu, este último suma ahora 55 apoyos frente a sus 54.

La explicación está en que tres diputados palestinos, de la izquierda panárabe, se habrían retractado de su apoyo a Gantz, que fuera Jefe del Estado Mayor de Netanyahu durante la mortífera ofensiva en Gaza del 2014.

En cualquier caso, la noticia es que los palestinos se mojan. Los palestinos, claro está, que viven dentro de las fronteras movedizas de Israel y con derecho a voto en dicho Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace cinco meses, más de la mitad se acercaron a las urnas, hartos del populismo antiárabe del primer ministro.

Casi todos votaron por la Lista Conjunta, encabezada por el abogado árabe Ayman Odeh, comunista y ateo profeso. Entre sus trece diputados de tres partidos, hay tres mujeres, dos cristianos, un druso y un judío.

Aunque ni siquiera el apoyo al completo de Lista Conjunta hubiera sido decisivo, puesto que Israel Nuestra Casa sigue sin decantarse. El líder del partido ultranacionalista y laico, Aviggor Lieberman, declaraba ayer que “los ultraortodoxos son nuestros adversarios, pero los árabes son nuestros enemigos”.

Así que los israelíes que querrían transporte público los sábados siguen cruzando los dedos. Mientras Tel-Aviv boicotea la final de la copa de Palestina de fútbol, al impedir que el equipo de Gaza viaje a Cisjordania. Netanyahu, atento a todos los tic-tacs del vecindario, suma un día más.

Fuente: Jordi Joan Baños, La Vanguardia – España

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