‘Los informes sobre Sarah y Saleem’: El amor y la intimidad también es política en Jerusalén

‘Los informes sobre Sarah y Saleem’, a cargo del director Muayad Alayan

13 de septiembre de 2019

El cineasta palestino Muayad Alayan revela en ‘Los informes sobre Sarah y Saleem’ todo lo que separa a las personas en Jerusalén y explica cómo en nombre de la seguridad se invade la intimidad y se atenta contra los Derechos Humanos.

Un soldado israelí disparó a la cabeza a Ali al Ashqar, un joven palestino de 17 años, la semana pasada. Fue uno de los dos muertos esos días en la Franja de Gaza. Allí, desde marzo de 2018, las víctimas mortales palestinas de las llamadas Marchas del Retorno son 301, según el Ministerio de Sanidad de Gaza, y hay más de 17.000 heridos por fuego israelí. A 97 kilómetros escasos, en Jerusalén, Benjamín Netanyahu se ha marcado una campaña electoral en la que no han existido alusiones a los palestinos o a la ocupación israelí. El régimen inhumano que sufren los palestinos no interesa en Israel.

En Israel, todo es político. En Jerusalén, todo es político. El rodaje de una película es política. Los profesionales palestinos del cine terminan a menudo detenidos por el ejército de Israel mientras trabajan y ello cuando los equipos, con suerte, han conseguido los permisos para acceder a las zonas de rodaje. El cineasta palestino Muayad Alayan ha padecido todo esto con Los informes sobre Sarah y Saleem, su nueva película.

La historia, un relato sobre una relación extramatrimonial, es cine político. “Solo en Jerusalén los asuntos extramaritales privados pueden destruir vidas”, declaró en el Festival de Cine Palestino de Boston. Allí, el cineasta explicó cómo la tensión cada día mayor que se vive entre Jerusalén Este y Oeste ha convertido la ciudad en un estado policial que invade las vidas privadas de sus habitantes.

«Un humano completo»

En 1948, los israelíes expulsaron a los palestinos de Jerusalén Oeste y les convirtieron en refugiados en su propia ciudad. Hoy, Jerusalén oriental es la parte empobrecida en la que el ejército confisca tierras indiscriminadamente, tira abajo las casas, echa a los residentes… “Su propósito es vaciar la ciudad de sus habitantes palestinos”, añadió el director en Boston.

En esa ciudad viven los personajes de Los informes de Sarah y Saleem. Ellos son una mujer judía de la zona privilegiada y un palestino de Jerusalén Este. Sarah y Saleem mantienen su relación en secreto porque ambos están casados, pero sobre todo porque ella es judía y él, palestino. El ejército de Israel confisca documentos en las oficinas de las autoridades palestinas en Belén y en ellos está el nombre de Saleem.

Detenido y con diez años de cárcel a la vista, su vida queda en manos de la buena voluntad y honestidad de los demás. Los personajes de esta historia deberán decidir si están dispuestos a sacrificar alguno de sus privilegios por el bien del otro o si la presión política, social y familiar podrá con ellos. “Si no estás dispuesto a sacrificarte por los demás no eres un humano completo”, sentenció Muayad Alayan el año pasado en una rueda de prensa en la Seminci de Valladolid, donde participó con la película.

Los dos protagonistas de ‘Los informes sobre Sarah y Saleem’.

En nombre de la seguridad

Ganadora del Premio del Público y Premio Especial del Jurado en Rotterdam, entre otros galardones, la película de Alayan, con guion de su hermano Rami Musa Alayan, es el reflejo de la intrusión de las autoridades en la vida privada de las personas, de la gente corriente en Jerusalén, de cómo en nombre de la seguridad se invade la intimidad y se atenta contra los Derechos Humanos.

Es una mirada que desentona ante otras películas que muestran relaciones entre ambas comunidades en un tono tal vez demasiado bienintencionado. “La mayoría de esas películas muy a menudo ignoran la realidad sobre qué es lo que separa a ambas comunidades, y sobre los opresivos sistemas creados para prolongar su segregación”, asegura el director que, junto a su hermano, se inspiró en un caso real para contar esta historia.

Tras la invasión a Cisjordania, varios conocidos del cineasta fueron arrestados repentinamente. El ejército israelí había confiscado materiales y documentos del cuartel general de la autoridad palestina y de otras organizaciones palestinas académicas, médicas y de la sociedad civil. Cientos de palestinos de Jerusalén fueron detenidos y la mayoría no lo fueron por actividades políticas, sino por venganzas personales o como forma de extorsionar a otros.

Interrogados durante horas

Es la misma situación que plantea en Los informes sobre Sarah y Saleem, una película que le costó bastantes disgustos durante su realización. El equipo rodó en un verano en el que la tensión alrededor de la mezquita de Al-Aqsa fue creciendo. A muchos miembros del equipo, aunque tenían los permisos solicitados con semanas de antelación, no se les permitió entrar en Jersusalén. En Belén, donde transcurre otra parte de la historia, todo parecía más fácil porque se iba a rodar en territorio de control palestino. Pero entonces, el ejército de Israel invadió Beit Jala y paralizó el rodaje.

El director Muayad Alayan, el director de arte y el productor fueron arrestados. Los soldados les llevaron a una base militar y les interrogaron durante horas. Después de apropiarse de parte de su material de atrezzo y de sus vehículos, les dejaron en libertad. “Jerusalén es la ilusión última de una ciudad abierta, la ilusión de la igualdad, el movimiento, la libertad, la paz, la democracia… Es una ilusión, un constructo de ilusiones cuidadosamente elaborado”, escriben los hermanos Alatan en las notas de producción de la película, en un texto donde dejan claras sus intenciones. “La película muestra Jerusalén como un personaje por derecho propio, con sus comunidades segregadas, sus diferencias socio-económicas, sus contradicciones culturales y su ambiente político, todo lo cual tiene consecuencias en la historia y la vida de los personajes”.

Fuente: Begoña Piña, Público – España

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