La ciudad de Jerusalén resiste el castigo colectivo de Israel

Foto: un colono ondea una bandera israelí en Isawiya el día después de que la policía israelí matara a tiros a Mohammad Samir Obaid (AFP).
13 de agosto de 2019
Middle East Eye

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

La última campaña israelí contra la barriada de Isawiya, en la ocupada Jerusalén Este, es una de la más largas y violentas de su reciente historia.

En el vecindario palestino de Isawiya no se tolera la presencia de coches de la policía israelí.

Cualquier señal de presencia policial en la ciudad se convierte rápidamente en confrontación, con jóvenes palestinos que arrojan piedras y cócteles molotov a los vehículos y fuerzas israelíes que disparan munición real, balas de acero recubiertas de goma y gases lacrimógenos.

La barriada, hogar de más de 15.000 personas, es conocida entre los palestinos como un faro de resistencia civil ante la ocupación israelí.

“Isawiya es una de las zonas más inflamadas de Jerusalén”, dijo a Middle East Eye Fadi Elayan, un residente en la ciudad de 33 años.

“La policía actúa bajo la lógica de que si somete a Isawiya y silencia su rechazo a la ocupación, podrá aplastar fácilmente al resto de Jerusalén”.

El grado de determinación de la policía israelí para estigmatizar la ciudad quedó claro el martes pasado al revelarse que durante un reality de televisión sobre la policía, los agentes habían colocado un rifle M-16 en la casa de un vecino de Isawiya para después documentar su descubrimiento.

En los últimos dos meses, Isawiya se ha convertido en el blanco de una violenta represión israelí, lanzada poco después de Eid al-Fitr, con el pretexto de la seguridad.

La ciudad está pasando el verano convertida en objetivo de una política de castigo colectivo, con más de 250 arrestos políticos, cientos de infracciones emitidas por Israel contra vehículos y tiendas, docenas de residentes heridos por fuego israelí y una procesión fúnebre de un joven palestino asesinado por las fuerzas israelíes.

El 27 de junio, mientras realizaba una redada nocturna, la policía israelí mató a tiros a Mohammad Samir Obaid, desatando una ira generalizada entre los residentes de la ciudad.

Dos testigos dijeron a Middle East Eye que el palestino de 20 años no representaba amenaza alguna cuando le dispararon.

Un día antes, los palestinos habían compartido ampliamente en las redes sociales las imágenes de un soldado empapado de la pintura roja que le habían arrojado los jóvenes de la ciudad.

Represión concertada

Las medidas represivas no son infrecuentes en la ciudad, un hecho que los jóvenes y las familias de Isawiya pagan con sus vidas y su libertad.

Pero, según los residentes, la última campaña es una de las más largas y violentas en la historia reciente del vecindario al haber superado los 50 días consecutivos; una campaña que fue puesta en marcha por varias ramas de las agencias civiles y de seguridad israelíes.

Las incursiones de las fuerzas israelíes semejan un desfile organizado: cuatro grandes vehículos GMC entran en la aldea acompañados por guardias fronterizos y, en ocasiones, de fuerzas a pie.

Los soldados arrojan bombas de sonido a las calles para dispersar a los jóvenes e infundir miedo antes de embarcarse en la campaña humillante y agresiva de detener y registrar.

La represión la llevan a cabo la policía fronteriza israelí, las fuerzas especiales, la policía de tráfico, así como las autoridades municipales y fiscales, que despliegan sus esfuerzos a lo largo de todo el día y, en particular, cuando los residentes regresan a casa del trabajo y los jóvenes están en las calles.

Al igual que el resto de Jerusalén Oriental, Isawiya quedó bajo ocupación israelí en 1967 y hoy está rodeada por todas partes por los asentamientos israelíes y sus infraestructuras, todo ello ilegal en virtud del derecho internacional.

En la frontera este de la ciudad se encuentra la autopista 1, una carretera que fue construida para conectar a los colonos presentes en la Cisjordania ocupada con Jerusalén y Tel Aviv.

Hacia el sur, Isawiya está circundada por el campus de la Universidad Hebrea. Al norte y al oeste se encuentran los asentamientos de la Colina Francesa y Tsameret HaBira.

La ubicación de la ciudad facilita que esté sometida a restricciones que entorpecen el movimiento en forma de bloqueos de carreteras y búsquedas arbitrarias.

Castiga al pueblo y a sus familias”

Cuando las fuerzas israelíes llevan a cabo arrestos, no dudan en usar la fuerza, atacar a los jóvenes, romper las puertas de las casas antes de asaltarlas y realizar registros violentos.

Fuentes locales en Isawiya le dijeron a Middle East Eye que en los últimos dos meses la policía ha arrestado a unos 250 jóvenes, principalmente en redadas nocturnas.

La mayoría permanecieron detenidos durante períodos cortos, siendo después liberados en muchos de los casos bajo fianza y órdenes de arresto domiciliario de diversos períodos de duración, en ocasiones de hasta una semana.

Hay al menos cinco jóvenes que siguen detenidos, según el abogado Mohammad Mahmud, que es quien representa sus casos ante los tribunales israelíes.

Mahmud le dijo a MEE que los jóvenes se enfrentan a varios cargos, incluida la participación en manifestaciones y enfrentamientos con las fuerzas israelíes, así como el lanzamiento de piedras y cócteles molotov tras la noticia del asesinato de Obaid.

Según Mahmud, la suma de dinero pagada por los jóvenes liberados bajo fianza supera los 60.000 shekels (17.200$).

Mohammad Abu el-Hummos, uno de los activistas políticos de la ciudad, dice que las medidas israelíes en Isawiya son arbitrarias en grado sumo y una forma de castigo colectivo.

Representan el “deseo de la policía de la ocupación israelí de llevar a cabo todas las redadas o arrestos que puedan, independientemente de la razón, simplemente para castigar a la ciudad y a sus familias”, dijo a MEE.

Padre convocado por la policía por un niño pequeño

El 30 de julio, la historia de Mohammad Elayyan, de cuatro años, se hizo viral cuando él y su padre fueron convocados para ser sometidos a interrogatorio por la policía israelí.

El abuelo del niño, Nayef Elayan, dijo en una entrevista que Mohammad estaba jugando en la calle con otros niños cuando un automóvil de la policía israelí irrumpió en la zona.

Posteriormente, ese mismo día, las fuerzas israelíes fueron a casa de Mohammad en busca del niño, alegando que les había arrojado piedras.

Cuando se dieron cuenta de que tenía cuatro años y de que, según la ley, no podían arrestarlo entregaron a su padre, Rabiaa, una citación para la mañana siguiente pidiéndole que trajera a Mohammad.

En apoyo del padre y el hijo, un grupo de vecinos de Isawiya les acompañó a la comisaría de policía de la calle Salah al-Din, la principal arteria comercial en Jerusalén Este.

Debido a las crecientes presiones, las autoridades israelíes no se reunieron con el niño, pero estuvieron interrogando al padre.

Este dijo que los agentes le habían amenazado con no volver a ver a su hijo si les arrojaba piedras.

“Los niños no representan ninguna amenaza”, dijo Fadi Elayyan, uno de los familiares de Mohammad.

“Todo lo que está sucediendo es un intento de aterrorizar a las familias de Isawiya, tanto a jóvenes como a viejos”.

Asalto a la casa de un enfermo

Un día después de los hechos acaecidos con Mohammed, la policía israelí emitió una citación para otro palestino residente en Isawiya por las presuntas acciones de su hijo de seis años.

Según la agencia oficial de noticias de la Autoridad Palestina, Wafa, Firas Obaid recibió una orden judicial que le pedía que fuera a una comisaría de policía israelí para interrogarlo después de que su hijo Qais, de seis años, fuera acusado de tirar piedras a los oficiales israelíes que patrullaban la ciudad.

En otro caso notorio de hace dos semanas, las fuerzas israelíes intentaron arrestar a Iyad Attiyah, de 24 años, que padece el síndrome de Williams, un trastorno genético raro que puede causar problemas físicos y cognitivos.

Su madre, Laila Attiyah, le dijo a MEE que la policía allanó su casa después de la medianoche en busca de su hijo.

Iyad fue convocado por los servicios de inteligencia, una orden que solo se canceló después de que los servicios sociales intervinieron con documentos para probar su enfermedad.

Razones ridículas”

La policía de tráfico israelí, que participa en la reciente represión, se ha estacionado en cada una de las entradas a Isawiya.

Los agentes detienen arbitrariamente los vehículos para llevar a cabo inspecciones de autos, licencias, seguros e identificaciones que requieren mucho tiempo, antes de repartir multas por infracciones de tráfico que oscilan entre los 250 y 1.000 shekels (70-285 $), lo que se añade a la sobrecarga económica que ya sufren los residentes.