La izquierda israelí pugna por salir a flote en las primarias del laborismo

Amir Peretz, primero por la izquierda. A su lado, Avi Gabbay, entonces líder del partido laborista, el pasado enero en Tel Aviv. GILI YAARI/NURPHOTO.

03 de julio de 2019

La vieja guardia del exministro de Defensa Amir Peretz derrota a los jóvenes renovadores del partido. La izquierda israelí, la fuerza fundacional del Estado judío, nunca desaprovecha la oportunidad de desaprovechar una oportunidad.

Después de haber caído a su nivel electoral más bajo en las legislativas del pasado abril, que se saldaron con la victoria de la derecha liderada por Benjamín Netanyahu, la repetición de los comicios en septiembre –forzada por el fracaso de Netanyahu a la hora de formar Gobierno–, se presentaba como una inesperada segunda vuelta para que las fuerzas progresistas se recuperen del naufragio en las urnas. El retorno a la política del carismático Ehud Barak, que fue el último primer ministro laborista hace casi dos décadas, y las primarias internas que celebró el martes el partido parecían las primeras señales de su salida a flote. Las dos almas del laborismo se sometieron al voto de los 65.000 militantes del partido, que participaron en un 59%. Pero la pugna entre dos jóvenes dirigentes renovadores surgidos de las protestas sociales de 2011 acabó dando el triunfo en la votación interna a la vieja guardia encarnada por el exministro de Defensa Amir Peretz, de 67 años.

La izquierda israelí ha perdido en conjunto el 80% de los votos que apuntalaron su hegemonía en 1992, cuando el laborista Isaac Rabin recibió el mandato popular para firmar los Acuerdos de Oslo con los palestinos. En una sociedad que se han ido escorando hacia el conservadurismo desde la primera victoria de la derecha en 1977, los partidos progresistas apenas sumaron el 8% de los sufragios en las últimas elecciones. Laboristas (seis diputados) y Meretz (pacifistas, cuatro) quedaron arrinconados en una Kneset (Asamblea legislativa) de 120 escaños dominada por la derecha (65 parlamentarios) y la emergente alianza de centro Azul y Blanco (35).

El histórico partido Avodá –la socialdemocracia heredera de fuerzas de la izquierda que gobernaron ininterrumpidamente Israel durante tres decenios tras la creación del Estado judío, en 1948–, celebró en medio de la indiferencia social sus terceras primarias en menos de dos años. Desde 2011 ha visto pasar a cinco líderes distintos que no parecen haber sabido atraer a los votantes.

La diputada Stav Shaffir, de 34 años, una de las oradoras más activas en la Kneset, con 26,9% de los votos, y el parlamentario Itzik Shmuli, de 39 años, reconocido también por su actividad en la Cámara y con el 26,9% de los sufragios de las primarias, se encontraban hace ocho años al frente del movimiento de los indignados –equivalente al 15-M español–, que plantó cara a las crecientes desigualdades económicas en Israel, exacerbadas por los altos precios de la vivienda.

La disputa para cerrar una candidatura única entre ambos antiguos compañeros de acampada en el bulevar Rothschild de Tel Aviv, epicentro de la protesta de 2011, ha acabado beneficiando al exlíder laborista Peretz, titular de Defensa durante la guerra de Líbano de 2006, que se hizo con el liderazgo con el 47% de los apoyos. El veterano político escaló posiciones desde la poderosa federación sindical Histadrut, con apoyo del antaño floreciente movimiento de los kibutz (granjas colectivas), que controlaba en la sombra el poder, hasta la cúpula del aparato del partido.

Peretz dirigió el laborismo entre 2005 y 2007, cuando fue apartado del cargo en unas primarias por Ehud Barak. La enemistad entre ambos veteranos dirigentes de la izquierda hace temer que sea inviable su alianza electoral frente al bloque de la derecha. Barak, de 77 años, dio la sorpresa la semana pasada al anunciar su vuelta a la escena política con la fundación de un nuevo partido para desafiar el “liderazgo corrupto” del Netanyahu.

El que fuera el militar más condecorado de la historia de Israel y exjefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, dirigió el Gobierno desde 1999, cuando apeó del poder precisamente a Netanyahu, hasta 2001, tras el fracaso de las negociaciones con los palestinos y el estallido de la Segunda Intifada. Barak ocupó más tarde el cargo de ministro de Defensa entre 2007 y 2013. Luego se alejó de la política para dedicarse con éxito a los negocios de ciberseguridad y cannabis medicinal.

“Bibi, ha llegado la hora de que te vayas a casa por voluntad propia”, advirtió el ex primer ministro laborista, citando por su apodo familiar al jefe del Ejecutivo, al que acechan varios casos de corrupción. Varios analistas le consideran el único rival con carisma para doblegar en las urnas a Netanyahu, quien estuvo a sus órdenes directas en un pelotón de comandos en los años setenta. Para ello ha planteado formar una gran coalición electoral con los laboristas y con Meretz, que el pasado jueves designó como nuevo líder al exdiputado Nitzan Horowitz, figura destacada de la comunidad LGTBI de Israel.

Fuera de sus reductos en la liberal área metropolitana de Tel Aviv y la progresista ciudad de Haifa, la izquierda carece de peso específico. Precisará forjar también una alianza con el partido de centro Azul y Blanco, encabezado por el exjefe del Ejército Benny Gantz, que se convirtió hace apenas tres meses en la principal fuerza de la oposición. Los centristas tendrán la última palabra para completar un frente electoral anti Netanyahu. Parafraseando de nuevo las palabras del diplomático israelí Aba Eban sobre las árabes, en la negociación posterior a la guerra de Yom Kipur (1973), está por ver si el centro-izquierda desaprovecha también la oportunidad en esta ocasión.

Fuente: Juan Carlos Sanz, Diario El País – España

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