¿Por qué la URSS apoyó al joven Estado de Israel?

18 de junio de 2019

Por Dominique Vidal

De la política de la Unión Soviética en el Oriente Próximo y Medio se recuerda, con razón, que fue pro árabe, en diferentes grados. Salvo en la inmediata post Segunda Guerra Mundial: entonces se puso al lado de las fuerzas judías de Palestina y luego al lado del joven Israel. Esta página poco conocida de la acción de la URSS merece ser recordada, pues explica en gran medida que el Estado judío naciente derrotara a sus vecinos y evidentemente a los palestinos en la primera guerra.

Los primeros contactos entre soviéticos y movimiento sionista se remontan a 1941 cuando la URSS era aún una aliada de la Alemania nazi (el pacto germano-soviético fue firmado el 28/09/1939. La invasión nazi de la URSS se produjo en junio de 1941 ndt). El presidente de la Organización Sionista Mundial, Haim Weizmann, se reunió con el embajador soviético en Londres Ivan Maiski. La discusión prosiguió con Ben Gurión, presidente de la Agencia judía. No se produjo ningún acuerdo pero, del lado sionista, se muestraron razonablemente optimistas. Maiski llegó incluso a contemplar la posibilidad de transferir a una parte de las y los árabes de Palestina para hacer hueco a las y los inmigrantes judíos. Acercamiento que se confirmó con la visita del embajador soviético a Palestina. De vuelta a Moscú, Maiski, convertido en vice-Comisario del pueblo para asuntos exteriores, redactó en 1944 un informe en el que sugirió que, a falta de revoluciones proletarias en esta región del mundo, se podía jugar con las contradicciones anglo-americanas. Según algunos, en la Conferencia de Yalta, los aliados habrían contemplado la creación del Estado judío en Palestina, pero hay otras versiones que contradicen ésta. En realidad nadie sabe a ciencia cierta lo que se dijo sobre Palestina, en el caso de que se dijera algo. La realidad es que si la URSS permanece prudente hasta 1946, luego va a implicarse claramente al lado de las fuerzas judías.

1) En primer lugar, compromiso diplomático: comenzó con el discurso de Gromyko en la Asamblea General de la ONU del 14 de mayo de 1947, que contribuyó a la decisión de la partición. El joven viceministro de asuntos exteriores soviético comenzó por saludar “las desgracias y sufrimientos extraordinarios” del pueblo judío. “La experiencia del pasado y sobre todo de la Segunda Guerra Mundial”, prosigue, “ha probado que ninguno de los países de Europa Occidental ha sido capaz de dar al pueblo judío la ayuda necesaria para la defensa de sus derechos y ni siquiera para la protección de su existencia”. Y concluía: “Esto explica la aspiración de los judíos a la creación de un Estado para ellos”. En consecuencia, anunció que la URSS es favorable a “la creación de un Estado judeo-árabe unificado”. Pero, añadió, “si se viera que las relaciones entre los judíos y los árabes de Palestina son tan tensas que es imposible asegurar la coexistencia pacífica” entre ellos, entonces Moscú apoyaría la “partición de Palestina en dos Estados, un Estado judío y un Estado árabe”. David Ben Gurión, que no se engaña sobre la importancia de la declaración, declaró: “Una toma de posición así constituye para nosotros un regalo inesperado… La Unión Soviética es ahora la única potencia que apoya nuestra causa”. De hecho, en la votación del 29 de noviembre de 1947 en la ONU, Moscú y sus satélites, salvo Yugoslavia (por razones que siguen sin estar claras aún hoy), apoyaron la partición. Y cuando en marzo de 1948 la guerra civil en Palestina empujó a Washington a renunciar a la partición, pequeño pero importante momento de la historia, Gromyko machacó en el Consejo de Seguridad de la ONU: “El único medio de reducir el baño de sangre, es la creación rápida y efectiva de dos Estados en Palestina” y hasta la proclamación de la independencia de Israel, el 14 de mayo, la URSS se mantendrá en esta posición.

Dos días después, el ministro israelí de asuntos exteriores, Moshe Shertok escribió a su homólogo Viatcheslav Molotov para pedirle el reconocimiento de Israel y para expresarle “la inmensa gratitud del pueblo judío de Palestina y de los judíos del mundo entero por la posición firme de la delegación de la URSS en la ONU sobre la cuestión de la creación en Palestina de un Estado judío independiente y soberano y por la defensa de esta posición a pesar de todas las dificultades”: el día siguiente, 17 de mayo, Moscú será la primera potencia en reconocer de jure a Israel.

La URSS apoyará luego de forma permanente al Estado judío en el seno de la ONU, hasta que fue admitida en la ONU el 12 de mayo de 1949. Cierto que, para obtener la entrada de su país en la nueva organización internacional, la delegación israelí en la Conferencia de Paz de Lausana tuvo que firmar con los árabes el protocolo de acuerdo en el que Israel reconocía la resolución 181 de 29 de noviembre de 1947, y por tanto el derecho de los árabes palestinos a un Estado, y la resolución 194, y por tanto el derecho al retorno de los refugiados de la guerra o a obtener una compensación. Y, sin embargo, incluso sobre la cuestión de los refugiados, Moscú defendió a Israel: ¡votó contra la resolución 194 del 11 de diciembre de 1948 que planteaba el derecho de los refugiados palestinos al retorno o a una compensación!.

2) Compromiso también político: La URSS impuso el apoyo al plan de partición a los comunistas (judíos y árabes) de Palestina, sin medir las turbulencias que esta decisión iba a provocar, detonando así la escisión en el seno de los comunistas palestinos igual que en otros PC del mundo árabe que van a conocer escisiones en serie a causa de esta toma de posición. Un verdadero giro respecto a la tradición antisionista que provoca agitación en todos los PC árabes. Pero no en Francia, donde L´Humanité ensalza al mismo tiempo “los Komsomol de la Unión Soviética, los Vietminh de Vietnam y los combatientes de la Hagana”. Por otra parte, la prensa comunista, y en esos momentos no solo la comunista, ignora totalmente a los árabes palestinos. No son un pueblo que ve en peligro su tierra y su existencia. Solo son reaccionarios árabes contra los que se lucha con la gran unión de todos los pueblos del mundo…

3) Compromiso también y sobre todo militar, vía Praga. Los primeros contactos se establecieron ya en 1947. Pero la verdadera negociación la realizó en Checoslovaquia una persona cercana a David Ben Gurión: Ehud Avriel. Con el apoyo de Moscú, convence a los dirigentes checos de que entreguen sus armas, no a las fuerzas árabes como habían comenzado a hacerlo, sino a las fuerzas judías de Palestina. Fue la entrega clandestina antes de la independencia de Israel; después, se estableció un puente aéreo oficial hacia Israel, con base en Zatec, con varios vuelos diarios. En total, en un año, Checoslovaquia entregará 60 millones de cartuchos, 25.000 fusiles Máuser, 10.000 bayonetas, 5.000 ametralladoras ligeras, 880 ametralladoras pesadas, 250 pistolas, 22 tanques, 1 millón de cartuchos anticarro, 84 aviones de combate y cerca de 10.000 bombas… En total, en 1948 el montante de contratos con Praga se cifra en 22 millones de dólares de aquella época, que en dólares actuales habría que multiplicar por más de mil. Sin contar la formación en el manejo de las armas garantizada por instructores checos, al inicio en Checoslovaquia y luego en el propio Israel.

“Las armas checas han salvado al país (…) Constituyeron la ayuda más importante que hayamos obtenido. Dudo mucho que sin ellas hubiéramos podido sobrevivir los primeros meses”, reconoció 20 años más tarde David Ben Gurion. Es cierto que la llegada de armas fue crucial en abril-mayo de 1948. En la primera fase ayudaron a las fuerzas judías a ejecutar el plan Dalet, que les permitirá apoderarse de la mayor parte de las ciudades grandes de Palestina. En la segunda fase, ayudarán al joven Israel a hacer frente, simultáneamente, a cinco contingentes árabes (Egipto, Siria, Iraq, Transjordania y Líbano) en un período en que su ejército no estaba aún bien equipado. Si la correlación de fuerzas militares [a favor de las fuerzas judías] se volvió aplastante a partir del verano de 1948 (en particular gracias a las armas del campo comunista), durante las primeras semanas la situación permanecía equilibrada. Hay que tener en cuenta que Estados Unidos decretó el embargo de armas a Palestina en diciembre de 1947.

El biógrafo de David Ben Gurion, Michel Bar-Zohar, testimonia a propósito del primer aterrizaje el 28 de marzo de 1948: “Esa noche, se produjo un verdadero milagro cuando un gran avión, el primero que llegó sin hacer escalas desde Checoslovaquia, aterrizó en un aeródromo secreto. Las (armas) que llevaba fueron inmediatamente distribuidas a los combatientes. Otro milagro se produjo el día siguiente: el Nora (…) fuerza el bloqueo inglés y echa el ancla en el puerto de Tel Aviv”. Con esas armas, de forma inmediata, la Haganá puede emprender la batalla para limpiar el camino hacia Jerusalén, durante la que se produciría la primera gran masacre. La de Deir Yassin, el 9 de abril de 1948. La entrega de armas checoslovacas durará hasta febrero de 1951.

Más sorprendente y poco conocido aún: como explica en su libro, fundamental, Laurent Rucker, Praga envió incluso una brigada de judíos comunistas checoslovacos a combatir junto con la Haganá… que previamente habían donado sus bienes al Estado checo. Sugerida por el secretario del PC israelí Shmuel Mikunis, aceptada por David Ben Gurion y el futuro nº1 soviético Georgui Malenkov, la idea se materializó en Praga en el otoño de 1948: en diciembre llegaron a Israel 2.000 voluntarios. Pero con la guerra casi acabada, la brigada será disuelta y sus miembros integrados de forma dispersa en el ejército israelí.

4) Compromiso demográfico también, quizá aún más fundamental que el militar. La población judía de Palestina representaba entonces unas 600.000 personas, es decir, un tercio del total de la población palestina. Los dirigentes sionistas debían modificar la correlación de fuerzas a su favor. La URSS va a contribuir de forma decisiva: durante 1946, deja partir a más de 150.000 judíos polacos hacia zonas de ocupación americana y británica en Alemania, donde ingresan en los campos de personas desplazadas. Las personas provenientes de los campos nazis casi no tienen otra opción que ir a Palestina. EE UU no quiere acoger a estos refugiados en su país, y no les concede visados. En estas condiciones, los campos de personas desplazadas se transformaron en un vivero para las organizaciones sionistas.

Antes de 1948, la URSS apoyó directa o indirectamente las operaciones de inmigración clandestina organizadas por la Agencia Judía a partir de países de Europa del Este: el 96% de las 60.000 personas judías que entraron en Palestina en 1946-1948, la mitad de ellas clandestinamente, provenían de Europa; de ellas el 80% de Polonia, Rumanía, Checoslovaquia y Hungría. Después del 14 de mayo de 1948, la cuestión de la inmigración se volvió más vital aún: el joven Israel tiene absoluta necesidad de nuevos soldados y obreros. Así pues, entre 1948 y 1951, llegaron a Israel más de 300.000 personas judías de Europa del Este; es decir, más de la mitad del número total de inmigrantes. Única excepción: en este período la URSS solo autoriza emigrar a Israel a 500 personas judías (de fuente soviética, cuando los israelíes contabilizaban más de 8.000, pero incluso esta cifra es mínima comparada con el número de personas judías en la URSS).

Nada clandestino ahí. El campo comunista muestró su apoyo a la inmigración. Ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el delegado ucraniano Vasili Tarasenko, el 27 de mayo de 1948 dijo: “La cuestión de la migración a Israel es un asunto interno del Estado de Israel. El Consejo de Seguridad no tiene ni el derecho ni la capacidad para inmiscuirse en los derechos soberanos de un Estado (…). Algunos delegados han planteado, ante el Consejo, el argumento de que esta migración amenaza la seguridad de los Estados árabes. Quiero subrayar ante todo que no conocemos ningún ejemplo de incursión de las fuerzas armadas de Israel en el territorio de otro Estado, con excepción de los casos de autodefensa cuando estuvieron obligados a rechazar los ataques de las fuerzas armadas de otro país en territorio israelí. Era autodefensa en el pleno sentido de la palabra». Y Gromyko, con su derecho a veto, rechazó la demanda británica de frenar la migración de hombres en edad de combatir.

Este apoyo masivo y multidimensional de la URSS en favor de las fuerzas judías constituyó evidentemente, por tanto, una sorpresa. El dirigente sionista Nahum Goldmann, expresó en sus Memorias su «gran extrañeza, pues tanto los medios judíos como los no judíos tenían la costumbre de considerar a los soviéticos como los enemigos encarnizados del sionismo».

Los comunistas, en particular los soviéticos, siempre se habían estado opuestos a la doctrina del sionismo. En el fondo, estimaban que los judíos no constituyen un pueblo y que debían asimilarse gracias a la revolución, que les liberaría, al igual que al resto de ciudadanos.

A comienzos del siglo XX, Lenín, polemizando con el partido obrero judío socialista, Bund, explica en Iskra: «Absolutamente inconsistente desde un punto de vista científico, la idea de un pueblo judío especial es, por su alcance político, reaccionaria (…). La hostilidad para las capas alógenas de la población no puede ser eliminada mas que cuando dejen de constituir un elemento extranjero, cuando se fundan en la masa de la población. Es la única solución posible a la cuestión judía, y debemos apoyar todo lo que contribuya a poner fin al particularismo judío». Esta es la línea que defiende Lenin y que defenderá el Partido Comunista al llegar al poder.

Cuando llegaron al poder, los bolcheviques proclamaron la igualdad de los judíos y abolieron todas las discriminaciones de las que eran víctimas bajo los zares: zona de residencia, exclusión de numerosas profesiones, cuotas de entrada en las universidades, prohibición del culto, por no hablar de los pogromos… Durante la guerra civil las y los bolcheviques combatieron el antisemitismo criminal de los Blancos. En 1932 aparece inscrita en los pasaportes la nacionalidad judía. E incluso fue creada una Palestina soviética en Birobidjan, región autónoma creada en 1934 en Extremo Oriente, con el yiddish como lengua oficial. El presidium del CC ejecutivo de la URSS se congratuló: «Por primera vez en su historia, el pueblo judío ha visto realizarse su ardiente deseo de fundar una patria, de construir un Estado nacional». Se puede medir la contradicción teórica entre esta declaración y la posición de Lenin…

Pero las proclamas grandielocuentes disimulan mal el hecho de que mientras tanto, en los años 1930, el PC soviético cayó en la instrumentalización del antisemitismo, sin duda profundamente enraizado en el pueblo ruso: con la excusa de la lucha antirreligiosa y antinacionalista, Stalin hizo confiscar bienes comunitarios judíos, prohibió y persiguió a rabinos, impuso el declive de escuelas yiddish, deportó a bundistas y sionistas. Paradójicamente, Yevsektia (sección judía) del PC empujó en la misma dirección, exigiendo que «se ponga fin a las vacilaciones de la actitud oficial hacia el partido sionista». ¿Stalin antisemita? Se puede discutir ampliamente, pero en cualquier caso, utiliza el chauvinismo gran ruso y por tanto el antisemitismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, evidentemente, el régimen limó las aristas frente al genocidio hitleriano. A finales de 1942, el gobierno soviético autorizó incluso la creación del Comité Antifascista Judío (CAJ) para movilizar a los judíos del mundo a favor de la URSS y recoger fondos para el esfuerzo de guerra soviético. La comunidad judía americana constituía el objetivo privilegiado de esta campaña, se esperaba que ayudaría a presionar al gobierno estadounidense para la apertura de un segundo frente en Europa. El viaje del gran actor Solomon Mikhoels e Itzhik Feifer a Occidente en mayo-diciembre de 1943 conoció un gran éxito. Pero volvieron con dos ideas que van a provocar graves y duraderos conflictos: redacción de un Libro negro sobre los crímenes nazis contra los judíos de la URSS y creación de una República autónoma judía en Crimea.

La luna de miel entre el régimen y las personas judías, en efecto, no durará mucho. Los primeros informes hostiles al nacionalismo burgués del CAJ aparecieron en 1943. Se multiplicaron y volvieron inquietantes en 1946. Y a partir de 1948, a iniciativa de Andrei Jdanov, se desarrolló una amplia campaña de represión denominada anticosmopolita. El año 1948 comenzó trágicamente, el 13 de enero, con el asesinato del presidente del Comité, el gran actor Simon Mikhoels, y las numerosas detenciones de sus camaradas. El CAJ fue disuelto, su periódico y su revista cerrados. Como consecuencia del proceso secreto al Comité, en mayo-julio de 1952, todos los acusados, salvo una mujer, son condenados a muerte y ejecutados. La casi totalidad de las instituciones judías fueron prohibidas. Hubo una purga masiva y violenta que fue creciendo hasta el asunto de las blusas blancas, médicos judíos soviéticos acusados de haber querido asesinar a Stalin y otros responsables soviéticos. Solo la muerte del Gran Mariscal, el 5 de marzo de 1953, frenará esta locura. La etapa siguiente preveía la deportación masiva de judíos soviéticos a Siberia (cosa que se conoce tras la apertura de los archivos).

El momento clave de esta contradicción entre el apoyo a Israel y la represión simultánea contra las personas judías soviéticas se produjo con la llegada de Golda Meir como primera embajadora de Israel. Fue calurosamente acogida en la gran sinagoga por 20.000 judíos moscovitas el 11 de septiembre de 1948, en lugar de los 2.000 fieles que se reunían, como mucho, en las grandes ocasiones. Movilización que se repite el 4 de octubre para el Rosh Hachana (Nuevo año judío) y el 10 de octubre Kippur (Gran perdón).

Sin embargo, el 18 de septiembre, el escritor judío Ilya Ehrenburg puso en guardia en Pravda. «El futuro de los trabajadores judíos de todos los países está ligado al del socialismo. Los judíos soviéticos, con todo el pueblo soviético, trabajan en la construcción de su madre patria socialista. No miran hacia el Próximo Oriente sino que miran únicamente hacia el futuro. Y creo que el pueblo trabajador del Estado de Israel, que no comparte el misticismo de los sionistas, mira ahora hacia el Norte, hacia la Unión Soviética». La esposa del ministro de Asuntos Exteriores, Vyascheslav Molotov, que tuvo la audacia de charlar en yiddish con la dirigente sionista en la recepción oficial, fue detenida, obligada a divorciarse de su marido y enviada a un campo …

En estas condiciones, las estrechas relaciones de Moscú y Tel Aviv no podían durar mucho tiempo: se fueron degradando progresivamente hasta la ruptura diplomática el 12 de febrero de 1953, tras el atentado contra la delegación soviética en Tel Aviv.

¿Por qué este período de apoyo soviético al movimiento sionista?

1) Según algunas personas (Hélène Carrère d´Encausse), Stalin tenía ilusiones de que Israel se convirtiera en un Estado socialista: «Los principios socialistas que animan las colonias judías, el pasado de los dirigentes del Estado judío que a menudo habían pasado por partidos comunistas del Este europeo o que habían luchado a su lado, la voluntad de modernización de esos dirigentes, permiten pensar que en un Medio Oriente de estructuras anquilosadas Israel será un islote de modernidad, de progreso, en última instancia un modelo revolucionario».

Esta teoría se suma a la de una cierta propaganda de la derecha norteamericana, basada, según Peter Grose, en el hecho de que el partido de David Ben Gurión «salió de la Unión soviética y de sus Estados satélites y tiene lazos de parentesco con esas regiones e ideológicamente se sitúa mucho más cerca de la Unión Soviética que de Estados Unidos». El muy anticomunista escritor Ray Brooks evocaba por ejemplo «el establecimiento de un Estado comunista desesperado en el país corazón del Medio Oriente» y se angustiaba pensando en «la población atraída de Europa central y oriental donde solo el comunismo proporciona la organización y las armas que permiten limitar la resistencia del enemigo futuro».

Pero, en mi opinión, es una teoría poco creíble: Stalin es fundamentalmente antisionista y poco inclinado a la ingenuidad. Aunque hubiera tenido ilusiones, éstas se habrían disipado rápidamente con la evolución del joven Israel: en las elecciones de 1949, el PC solo obtiene el 3,5%, aunque el partido sionista de izquierdas Mapam llegara a casi el 15%; y en 1950 Israel optó por el campo occidental en la primera guerra caliente de la Guerra fría, es decir, la guerra de Corea.

En agosto de 1948, David Ben Gurion recibía al embajador americano diciendo: «Israel saluda el apoyo ruso en las Naciones Unidas. Pero no tolerará ninguna dominación soviética. No solo Israel es occidental en su orientación, sino que nuestro pueblo es demócrata y tiene claro que no puede hacerse fuerte y permanecer libre mas que a través de la cooperación con Estados Unidos». Y, a comienzos de enero de 1949, Israel obtenía, no por casualidad, un préstamo americano de 100 millones de dólares. Gromyko practicaba por tanto el método Coué (método basado en la autosugestión y la autohipnosis ndt) cuando declaraba: «El pueblo de Israel no tolerará que su país se convierta en una base militar angloamericana». Para el Primer Ministro israelí, según su biógrafo, » en adelante, Israel será el bastión de Occidente en Medio Oriente».

La idea de un acercamiento [de la URSS y el movimiento sionista ndt], no data de 1947. Ya en 1943, un diplomático soviético escribía: «En los años 1920, no podíamos sino considerar al sionismo como una agencia del imperialismo (…) Ahora, sin embargo, toda la situación ha cambiado. No solo Gran Bretaña y el sionismo parecen estar en una disputa permanente, sino que nuestra visión ha sufrido también una seria evolución. Si la Rusia soviética quiere interesarse por el futuro del Medio Oriente, es evidente que los judíos avanzados y progresistas de Palestina representan más promesas para nosotros que los árabes atrasados controlados por las camarillas feudales de reyes y efendis [señores]».

2) Otra tesis: Moscú esperaba, apoyando a Israel, ganarse el favor de las comunidades judías y, a través de ellas, crear un lobby capaz de influir en la política de los países en los que la comunidad judía era numerosa. Hoy, cuando las ideas de la derecha sionista se han vuelto dominantes en numerosas comunidades judías, es difícil imaginar eso, pero entonces, el papel de la URSS en la II Guerra mundial, en la liberación de los campos de concentración y la ayuda a Israel contribuyen a desarrollar una opinión muy positiva respecto a la Unión Soviética entre las y los judíos.

También hay que tener muy presente que, para todos los actores americanos y europeos, tanto en el Este como en el Oeste, el genocidio de los judíos tiene un gran peso. Opiniones y dirigentes están conmocionados por el reciente descubrimiento de los campos de concentración y exterminio. Es cierto también en la URSS, donde la aniquilación de judíos fue particularmente horrible: al menos un millón de víctimas, la «Shoah por las balas» puesta en marcha por los Einsatzgruppen. En total, los judíos representaban 2,5 de los 25 millones de víctimas soviéticas, cuando en 1940 solo formaban el 2,5 % de la población.

3) Tesis más creíble en mi opinión: la voluntad soviética de utilizar Palestina para expulsar a los británicos de allí y minar su influencia, ya vacilante, en Medio Oriente. Por otra parte, Estados Unidos tenía exactamente el mismo objetivo: querían tomar el relevo de Gran Bretaña en Medio Oriente. Convergencia que se traduce en el apoyo de Moscú y Washington del plan de partición de Palestina, y que resulta incomprensible si se olvida que en 1947 no había comenzado aún la guerra fría: es el golpe de Praga en febrero de 1948, la llegada al poder del Partido Comunista en Praga, la que da el pistoletazo de salida. Tanto la URSS como Estados Unidos miden muy bien el carácter estratégico de Medio Oriente: constituye la gran vía de comunicación Europa/Asia/África, tiene las mayores reservas de petróleo del mundo y representa el cinturón meridional de la URSS.

En aquellos momentos, Gran Bretaña está arruinada por la guerra y solo escapa de la quiebra por los préstamos y arriendos de Estados Unidos: 39.000 millones de libras. En estas condiciones, el mandato británico es demasiado caro. El terrorismo sionista obliga a Londres a estacionar 100.000 soldados, entre los que se producen 758 muertes entre 1945-1948. Además, el Reino Unido ya tenía mucho trabajo en India. Entonces, no le quedó más remedio que entregar el mandato de Palestina a la ONU. Y, como consecuencia, la estrategia de Moscú y de Washington triunfó más allá de lo que esperaban. El fracaso de Gran Bretaña en Palestina conllevó su declive progresivo en toda la región: desde la revolución de los Oficiales Libres en Egipto (1952) al derrocamiento de la monarquía en Bagdad (1958) y la marcha del último soldado británico del golfo Arabo-Pérsico (1971). Pero, de forma clara, benefició más a EE UU que a la Unión Soviética: el sistema defensivo puesto en pie por Estados Unidos (con Francia y Gran Bretaña), de la declaración tripartita (1950) al Pacto de Bagdad (1955), iba a cercar literalmente a la URSS movilizando a sus aliados, Turquía, Irak, Irán, Pakistán,…

4) En efecto, la voluntad del Kremlin de liberar el Próximo y Medio Oriente del dominio británico fue acompañada de la desestabilización del mundo árabe reaccionario. Como escribe Laurent Rucker: «Los diplomáticos soviéticos, como muestran algunas de sus declaraciones ante sus homólogos israelíes, consideraban que la derrota en Palestina de los ejércitos árabes no dejaría de afectar profundamente a las sociedades árabes (…). En cambio, la idea de un amplio plan de Moscú para crear una situación revolucionaria en el mundo árabe mediante un apoyo a la creación de Israel resulta más problemática».

5) Última observación: el año 1948 aclaró también la naturaleza de la represión contra las personas judías en aquel momento en la URSS. Ciertamente no hay que subestimar el antisemitismo ruso y su instrumentalización por los dirigentes soviéticos en determinados períodos. Pero el régimen temía sobre todo ver a una minoría, en este caso la judía, escapar a la estructura piramidal del poder y adquirir autonomía. Laurent Rucker cita esta significativa carta de mayo de 1943 al secretariado ejecutivo de Sovinformburo, de un tal Kroujkov, que escribió: «Pienso personalmente que la dirección del CAJ se inmiscuye en asuntos en los que no debería inmiscuirse. Considero políticamente dañino el hecho de que reciba cartas de parte de ciudadanos judíos soviéticos que conciernen a todo tipo de solicitudes de carácter material o sobre las condiciones de vida, y se preocupe por satisfacer estas demandas escribiendo a los órganos del Partido y del Estado soviético».

En la reacción del poder soviético, y visiblemente de Stalin, hay, en primer lugar, una cólera contra la idea de que las y los judíos se aprovecharan de la ayuda a Israel para adquirir este papel singular en el sistema soviético. Y la represión no solo se iba a desarrollar en Rusia. En la misma época se dio el proceso a Laszlo Rajk (Hungría 1949) y, a menudo, los procesos de Praga de los años 1951/1952 tuvieron por objetivo a judíos presentados como tales o como sionistas. En Praga, responsables de la ayuda militar a Israel fueron juzgados al margen del proceso Slansky en 1952: Mordechai Oren, dirigente del movimiento sionista de izquierdas Hachomer Hatzair, que había coordinado la operación, fue condenado a 15 años de prisión (solo cumplirá 4).

A partir de 1950 las relaciones soviético-israelíes se deterioraron. Hay sucesivas quejas de los embajadores de la URSS en Tel Aviv de que Israel se inscribe, poco a poco, en el campo occidental y ya ni siquiera manifiesta el reconocimiento que debía manifestar por la ayuda de la URSS.

Laurent Rucker invoca varios factores para el cambio: en primer lugar Israel ha perdido todo interés estratégico para la URSS, que ya no puede instrumentalizarlo para profundizar las contradicciones interimperialistas; luego está el factor interno de la URSS, donde el sionismo vuelve a ser el enemigo, al igual que el imperialismo o el titismo. Es la razón, cito a Rucker, por la que «la contradicción entre la política interna, de represión de los judíos de la URSS y la política exterior, de neutralidad pasiva hacia Israel se volvió insalvable».

El cambio decisivo se da en 1955: la URSS se gira hacia el mundo árabe y, primera etapa, concluye un contrato de entrega de armas con el Egipto de Nasser.

Ante el Soviet supremo, Nikita Jrutchov parece amnésico: «Comprendemos las aspiraciones de los pueblos árabes que luchan por su plena liberación de la dominación extranjera. Por consiguiente, no podemos sino condenar las acciones de Israel que, desde los primeros días de su existencia, ha amenazado a sus vecinos y adoptado una política hostil hacia ellos. Está claro que esta política no sirve a los intereses de Israel y que quienes la adoptan gozan del apoyo de las potencias imperialistas (…). Éstas aspiran a utilizar a Israel como un instrumento contra los pueblos árabes con el objetivo de explotar implacablemente las riquezas de la región».

Y el ministro israelí de asuntos exteriores, Abba Eban, saca las lecciones siguientes: «En 1948, Moscú nos había apoyado porque éramos los mejores garantes de la salida de los británicos de Palestina. Una actitud idéntica por parte de los países árabes respecto a la Gran Bretaña y sus aliados llevó posteriormente a los rusos a adoptar una actitud proárabe».

Poco después, durante la guerra de Suez, Moscú estará al lado de los árabes. Y, durante treinta años, Moscú será el gran aliado del mundo árabe contra el antiguo aliado israelí…

¡Gracias por vuestra atención!

8/12/2017

* Este texto es la traducción/transcripción de la conferencia que Dominique Vidal pronunció en la Universidad popular del IREMMO el 4 de febrero de 2017. El vídeo se puede encontrar en https://www.youtube.com/watch?v=__wHX1yEEvA . En comentario de Dominique Vidal, esta conferencia se apoya en particular en Dominique Vidal, « L’URSS “sioniste” ? Moscou et la Palestine 1945-1955 », La Revue d’études palestiniennes, n° 28, été 1988 ; y sobre todo en Laurent Rucker, Staline, les Juifs et Israël, PUF, 2001, así como Michel Réal, « Quand l’Union soviétique parrainait Israël », Le Monde diplomatique, septembre 2014 https://mondiplo.com/cuando-la-union-sovietica-apadrinaba-a-israel. Ndt.

Dominique Vidal, periodista e historiador, antiguo redactor jefe adjunto de Le Monde Diplomatique, también fue director internacional del Centre de formation et de perfectionnement des journalistes (CFPJ). Participa en las actividades del IREMMO ( Institut de Recherche et D’études Méditerranée Moyen-Orient, http://iremmo.org). También es autor de numerosos libros, en particular sobre el conflicto palestino-israelí, entre ellos: Les 100 Clés du Proche-Orient, con Alain Gresh, Fayard, 2011 (1986), Un Autre Israël est possible, con Michel Warschawski, ed. de l’Atelier, 2012 y Palestine : le jeu des puissants, (dir.), Sindbad, 2014.

Traducción/transcripción: Alberto Nadal.

Fuente: https://www.vientosur.info

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