Futbolistas asfixiadas por la ocupación y las convenciones sociales

07 de junio de 2019

La felicidad, para Nivín Alkolayb, tiene forma de balón. Su gran pasión es el fútbol y en torno a este deporte gira su vida desde que dio los primeros pasos. “Después del colegio, dejaba la cartera en casa y salía a buscar a los chicos del vecindario para jugar a fútbol. También participaba en otros juegos con las chicas, pero con menos entusiasmo”, recuerda esta palestina de 35 años con una sonrisa traviesa.

La gente en el barrio la llamaba “hasansabi” (palabra árabe que designa a las niñas consideradas poco femeninas), pero ella hacía oídos sordos y seguía chutando la pelota. Hasta que cumplió 16 años y tuvo que dejar de jugar en espacios públicos porque “no estaba bien visto”, puntualiza.

En el colegio para niñas al que asistía en Belén destacaba en los deportes, aunque no había fútbol. Su frustración desapareció cuando ingresó en la universidad para estudiar Geografía e Historia y averiguó que tenían equipo de fútbol femenino.

“Inmediatamente me presenté para ver si me admitían. Tenía 18 años. Me dijeron que fuera al siguiente entrenamiento y pensé que tenía que explicárselo a mis padres, pero no sabía cómo. Así que acabé entrenando sin contárselo a nadie”, explica Nivín. En cuanto dio unos toques al balón vieron que tenía talento y la ficharon.

“Entonces hablé con mis padres”, comenta Nivín, que lleva el cabello cubierto con el “hiyab” musulmán. “Mi padre me animó, no tuve ningún problema con él sino con un hermano que se oponía a que jugara a fútbol. Pero mi padre lo hizo callar y dijo a toda la familia que mientras él viviera, nadie tenía nada que decir”, cuenta con vehemencia.

A primera vista, sentada y antes de pronunciar una palabra, Nivín muestra un aspecto frágil por sus rasgos dulces, pero en cuanto se mueve y habla aparecen su energía y fortaleza.

Tan solo un mes después de entrar en el equipo, se desplazó a Alejandría (Egipto) para participar en un torneo. Fue su primer viaje al extranjero, pero vendrían más con el equipo universitario, luego con el Diyar de Belén, el primer club palestino de fútbol femenino, y con la selección palestina.

“La experiencia de Egipto cambió mi personalidad en diferentes aspectos”, destaca Nivín, nacida en Jerusalén, pero vecina de Belén. Solo 8 kilómetros separan estas ciudades. No obstante, los palestinos de Belén, en el territorio ocupado de Cisjordania, no pueden visitar Jerusalén sin permiso de Israel.

“Aunque nací en Jerusalén y mi madre es de allí, los israelíes nunca me concedieron el carné de residente en esta ciudad”, explica frente al muro que Israel levantó en Cisjordania.

Los israelíes ocupan la parte este de Jerusalén desde 1967. La gran mayoría de palestinos de la ciudad tiene carné de residente, pero no pasaporte israelí. Pueden moverse por Jerusalén, Israel y las zonas de Cisjordania controladas por la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Nivín tiene estatus de refugiada de la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA). Parte de su familia tuvo que huir de Rafat, un pueblo ocupado por el Ejército israelí durante la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967.

La familia de Nivín es extensa, siguiendo la costumbre palestina. “Somos cinco hermanas y cinco hermanos. Todos acabaron aceptando que yo jugaba a fútbol, y hasta mis hermanos empezaron a venir a mis partidos”, comenta Nivín, que enroló en el equipo a su hermana Nadín como portera.

Tuvieron suerte de que sus padres fueran más abiertos que gran parte de la sociedad palestina. “Mi madre mandaba callar a los que me criticaban porque jugaba a fútbol y viajaba siendo una chica y musulmana. A mi no me importaba lo que dijera la gente porque mi pasión por el fútbol era mayor que estas estupideces” señala Nivín.

Confiesa que no ha tenido una gran vida social porque algunos no veían bien que se dedicara al fútbol y estaba muy ocupada. “Mi padre murió antes de que yo cumpliera los 19 y tuve que ponerme a trabajar para pagarme la universidad”, indica Nivín.

A los 35 años está soltera, algo poco común en la sociedad palestina. “Los chicos me hacían escoger entre ellos y el fútbol y no lo acepté. En Palestina tienes que elegir entre casarte y llevar una vida tradicional o vivir tu vida como quieras. Los hombres tienen miedo de las mujeres independientes”, sentencia.

A veces se pregunta si tendría que “haber escuchado un poco” a los que le advertían que su dedicación al fútbol la alejaría de la vida social tradicional. Pero sigue pensando que ha logrado hacer lo que deseaba, es feliz y tiene amigos por todo el mundo gracias a sus viajes con la selección palestina.

El primer partido de la historia del fútbol internacional femenino de Palestina se jugó en 2005 en Amán (Jordania), entre los equipos palestino y jordano, con victoria del segundo por 1-0.

Entonces, el conjunto palestino estaba integrado por jugadoras de Jerusalén, Cisjordania, Gaza e Israel, la mayoría cristianas. Pero desde hace años, no hay ninguna gazatí, subraya Nivín.

En junio de 2007, Hamás tomó el control de Gaza y poco después, Israel impuso un bloqueo sobre este territorio por tierra, mar y aire, con la ayuda de Egipto, que durante años mantuvo la frontera cerrada. Gaza se fue asfixiando y con ella, su población.

“La ocupación israelí afecta al deporte. Cuando jugábamos partidos contra equipos de otras poblaciones palestinas, solíamos salir de Belén tres horas antes de lo normal por si encontrábamos problemas en el control militar o por si había enfrentamientos”, rememora Nivín.

Los viajes de Belén a lugares del centro de Cisjordania como Ramala se complicaban. El camino más directo entre las dos poblaciones pasa por Jerusalén, pero los cisjordanos no pueden entrar en esta ciudad sin permiso de Israel.

El tiempo que hay que invertir en el trayecto entre Belén y Ramala fue la razón por la que Nivín dejó su trabajo de dirección del equipo nacional femenino de fútbol sub-19, que desempeñó tres años.

Los conjuntos de Jerusalén este, zona de la ciudad ocupada por Israel, casi nunca juegan en casa. “Un club de Jerusalén puede venir a Belén, pero nosotros no podemos jugar allí, es difícil que nos concedan el permiso”, recalca Nivín. Y recuerda que “alguna vez, en medio de un partido, nos llegó el olor de los gases lacrimógenos que los soldados echaban a los jóvenes palestinos en las protestas”.

Nivín no tuvo problemas para viajar al extranjero para disputar un encuentro, excepto en una ocasión. “Tenía que ir al Líbano, pero no me dieron el permiso. No sé si fue Israel o los libaneses”, apunta.

Para viajar a cualquier país, los palestinos de Cisjordania han de desplazarse primero a la vecina Jordania, no pueden viajar desde el aeropuerto de Tel Aviv (Israel). “Cogíamos el avión en Amán y antes pasábamos de Palestina a Jordania. El cruce era desesperante, horas y horas. Una vez perdimos el avión”, relata Nivín.

“Necesitábamos muchos documentos para viajar. En una ocasión, los israelíes no dejaron salir de Cisjordania a uno de los entrenadores porque había estado en la cárcel. Competir en el extranjero era realmente complicado”, dice Nivín.

“Cuando técnicos deportivos extranjeros daban cursos en Palestina, el material que llevaban -balones, camisetas- llegaba a su destino a mitad del curso porque Israel lo retenía en la frontera”, recalca.

Desde 2016, Nivín ya no forma parte de la selección palestina, pero sigue jugando en su club con las veteranas. Ahora, su ocupación principal en el Diyar, por la que recibe un pago simbólico, es entrenar a niñas. La mayoría, al contrario que hace unos años, son musulmanas.

El club es “muy modesto, como todos los equipos femeninos en Palestina, algunos han tenido que cerrar por falta de recursos”, lamenta. Nivín considera que las autoridades palestinas apoyan mucho más al fútbol masculino que al femenino, los hombres reciben salarios por jugar y las mujeres no, y en las mismas posiciones técnicas, un hombre cobra mucho más que una mujer. “No hay dinero para que podamos ser profesionales”, se queja Nivín. Hasta hace dos meses trabajaba en la recepción de un hotel para mantenerse.

La Asociación de Fútbol de Palestina (AFP) organizó el primer torneo femenino de fútbol, con seis equipos, en 2008. Más de 650 palestinas están inscritas en la AFP -número muy inferior al de jugadores masculinos- y hay una veintena de equipos femeninos. En Gaza, no existe conjunto de chicas.

El primer partido en casa de la selección femenina de Palestina se celebró en 2009. Unos 16.000 espectadores, de los cuales 10.000 mujeres, ocuparon las gradas para ver el encuentro, de nuevo entre Palestina y Jordania y que finalizó con empate a 2.

“El fútbol femenino tiene muy poco público”, se queja Nivín, que es hincha del Real Madrid. Las selecciones que más le gustan son Brasil, Alemania, España y Egipto. Sus jugadores preferidos, Zlatan Ibrahimovic y Cristiano Ronaldo. Entre sus ídolos futbolísticos no figura ninguna mujer.

Fuente: https://www.eldiario.es

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