La apuesta de Netanyahu

05 de junio de 2019

Por Daniel Kupervaser /

Netanyahu recibió muy sonriente a Jared Kushner, el jerárquico asesor y promotor del “acuerdo de paz del siglo” entre palestinos e israelíes según la iniciativa del presidente Trump. Pese al resonante fracaso en formar gobierno, el primer ministro israelí expuso un llamativo optimismo tras su apuesta a nuevas elecciones por medio de la disolución inmediata del recientemente constituido parlamento israelí. Ante el preocupado Kushner, que se ve obligado a postergar, por no decir sepultar definitivamente, su plan de paz, Netanyahu aseguró que el episodio de ayer “fue un simple y pequeño incidente que no lo detendrá” (“Netanyahu: el incidente de ayer no nos detendrá”, Walla, 30-5-19).

Como se recordará, pese a todas las insinuaciones que apuntaban a sus esfuerzos de materializar una cúpula legal que le otorgue inmunidad ante las graves acusaciones pendientes de corrupción, con anterioridad a las elecciones Netanyahu hizo todos los esfuerzos en proyectar una imagen de estadista desvinculado totalmente de visos con intereses personales.

En una entrevista televisada del canal 12, tan solo dos semanas antes del día de sufragio, Netanyahu negó rotundamente su intención, y la de sus allegados del partido, de presentar proyectos que le permitan escabullirse de las acusaciones mencionadas. Aseguró no necesitar de tal ayuda ya que las pruebas harán caer todo. Como lo mencionó repetidamente, “no habrá nada, pues no hubo nada” (“Qué dijo Netanyahu antes de las elecciones respecto del proyecto de modificación de la ley de inmunidad parlamentaria”, Haaretz, 14-5-19).

La conducta de Netanyahu es muy consistente en el tiempo. La mayoría de sus afirmaciones se comprueban como embustes. Los ecos de las fallidas negociaciones en la formación de gobierno demostraron que la principal preocupación de Netanyahu fue conseguir inmunidad a todo precio. La modificación de la ley de inmunidad parlamentaria y el proyecto de limitación de intervención de la Corte Suprema de Justicia fueron unos de los puntos centrales de las discusiones. Como prueba, el primer proyecto de ley presentado por el parlamentario del Likud Miky Zohar, mano derecha de Netanyahu, fue la modificación de la ley de inmunidad con el objetivo de proteger al primer ministro de Israel (“El parlamentario Miky Zohar presentó el proyecto de modificación de la ley de inmunidad parlamentaria”, Calcalist, 21-5-19).

Paralelamente, aquello de “no hubo nada” se transformó en una coartada hueca al mejor estilo de delincuentes que tratan de escabullirse de la justicia. En el juicio por corrupción en el manejo del dinero de la residencia del primer ministro se comprobó que su esposa Sara metió la mano en el tarro de otro en beneficio propio (“aprovechamiento intencional del error de otro sin fraude”) y se ve obligada a devolver parte del dinero y pagar una multa (“Acuerdo entre la Fiscalía y Sara Netanyahu”, Haaretz, 29-5-19).

Tal como se pronosticó en este blog apenas conocidos los resultados de las últimas elecciones, la comodidad de una mayoría del bloque de derecha de 65 escaños escondía serias contradicciones entre sus participes. Esta situación convirtió rápidamente el proceso de formación de la coalición y gobierno en una misión prácticamente imposible. También en esa oportunidad se apuntó a Liberman como el principal escollo (“Algunas reflexiones sobre las elecciones en Israel”, 12-4-19). Su inquebrantable oposición a las imposiciones de los partidos religiosos ultra ortodoxos finalmente obligó a Netanyahu a apostar por la disolución del flamante parlamento para llamar a nuevas elecciones con la esperanza que en esta nueva oportunidad podría lograr su objetivo.

Arie Dery, veterano compañero de ruta de Netanyahu y líder del partido religioso ultra ortodoxo sefaradí Shas, fue más explícito y afirmó que la meta central de los partidos que integran la coalición leal a Netanyahu es obtener en las próximas elecciones una mayoría sin el partido de Liberman (“Haremos todo lo posible para formar gobierno de derecha sin Liberman”, Walla, 30-5-19).

Los 100 días que restan para la fecha de los próximos comicios son suficientes para catalogar como demasiado riesgoso vaticinar un posible resultado de esta jugada política de Netanyahu. Pese a ello, lo acontecido en la primera ronda de las elecciones e indicios que afloran en los primeros días de la nueva campaña electoral podrían ser suficientes para sumar serias dudas a las posibilidades de Netanyahu de liderar nuevamente y con éxito la formación de gobierno. Aun con resultados positivos en el proceso electoral, y con exitosas negociaciones en la formación de gobierno, muy probablemente Netanyahu no tenga la posibilidad de materializar ese escudo legal que impida a la fiscalía llevarlo a juicio.

Estos síntomas que anteponen serios signos de interrogación ante la posible continuidad de Netanyahu en el poder son variados y están vinculados a diferentes sectores.

En primer lugar, la imagen que recibió la sociedad israelí durante los 40 días de negociaciones para formar gobierno brindó la oportunidad de verificar el carácter embustero de Netanyahu en relación a sus promesas preelectorales. Prácticamente no se ocuparon de temas centrales del destino futuro de Israel, sino fundamentalmente un intercambio de exigencias extremas de partidos religiosos ultra ortodoxos y religiosos nacionales como contrapartida del apoyo a modificaciones (por no decir arrasamiento) del histórico y ponderado orden judicial israelí para salvar a Netanyahu de la ignominia de un juicio por corrupción.

Del mismo Likud comenzaron a surgir voces con serias críticas a la intención de promover leyes destinadas a una protección personal a Netanyahu, o alternativamente, visiones tácticas opuestas. Dos parlamentarios del Likud se expresaron en ese sentido: Guidon Saar y Mijal Shir. En los últimos días, Tzahi Hanegvi, ministro del Likud, no descartó la posibilidad de formar un gobierno de coalición nacional con el partido Azul y Blanco. Más punzante fue el artículo publicado por Shai Bazak, ex asesor de Netanyahu. Este hombre, que fue tan cercano a Netanyahu durante años, afirmó que “un gobierno no puede rendirse a las presiones interminables de sectores extremistas. En las próximas elecciones yo votaré por Liberman” (Liberman señaló una línea roja a los ultra ortodoxos”, Ynet, 2-6-19).

En base a los resultados de la última elección, la única posibilidad de sumar votos de otros partidos llevó a Netanyahu a adoptar la táctica electoral de acusar y atacar ferozmente a Liberman. Aparentemente y a primera vista, este accionar demuestra que más bien se trata de un tiro que le salió por la culata. Los primeros sondeos de intención de voto que se publicaron en estos días mayormente adjudican a Liberman un incremento de 5 a 8 bancadas en promedio frente a un bloque de derecha sin Liberman que carece de mayoría necesaria para formar gobierno. No en vano varios miembros del Likud exigen el cambio de táctica (“Desacuerdos en el Likud. No es suficiente solo atacar a Liberman”, Maariv, 2-6-19).

Hay quienes sueñan con el incremento posible de votos para el bloque de derecha, reorganizando los partidos que se quedaron sin representación por no alcanzar el mínimo en las elecciones anteriores (260,000 votos de Bennet y Feiglin, lo que representa potencial de 5 a 6 escaños). Esto es ficticio y solo imaginario. Como contrapartida, es de suponer que los votantes del partido de Kahalon (4 escaños en las últimas elecciones), comprado por Netanyahu ahora como parte del Likud, comprobaron que su líder los traicionó y seguramente no retornarán al mismo error inclinándose por otro partido. En el mismo orden, se puede evaluar que los votantes del partido Gesher de Orly Levy (1,5 mandatos desperdiciados) se inclinarán por Liberman o algún partido del centro o izquierda.

El golpe de gracia a las intenciones de reelección de Netanyahu muy bien puede provenir de un sector inesperado. Se trata de conocidas estrellas de televisión, con enorme influencia sobre la millonaria audiencia en programas de reality o de información, que durante años aportaron a direccionar el pensamiento de ese público en favor de la derecha política y del gobierno de Netanyahu. Tanto Avri Gilad como Shimon Riklin se expresaron pública y enérgicamente por la necesidad de dar término a los gobiernos dirigidos por Netanyahu (“Avri Gild y Shimon Riklis salieron en contra de Netanyahu”, Haaretz, 3-6-19).

NETANYAHU Y MANDELBLIT
Por último, es necesario dar detalles del calendario previsto para los próximos meses en relación al proceso judicial contra Netanyahu. Esa ajustada agenda prácticamente sepulta todos los planes anteriores del primer ministro de escabullirse de ser llevado a juicio, aun cuando obtenga la mayoría necesaria y logre formar gobierno.

El llamado a elecciones se fijó para el 17 de septiembre próximo. Es de suponer que, en el mejor de los casos, el próximo gobierno se constituiría formalmente a mediados de noviembre. Los planes de Netanyahu incluyen, como primer paso, la modificación de la ley de inmunidad parlamentaria, y un segundo paso, otra ley que pondría una valla a la Corte Suprema de Justicia que impediría dejar sin efecto, como hasta ahora, leyes dictadas por la Knesset, pero consideradas antidemocráticas y/o que afectan derechos humanos básicos, según la visión de este alto tribunal. El procedimiento legal que exige el dictado de esas nuevas leyes lo llevaría ya a los primeros meses del año 2020.

Como se sabe, la audiencia de la fiscalía con Netanyahu se postergó para mediados de octubre y no se estima ninguna posibilidad de modificar dicha fecha. En esa situación, está previsto que la decisión final de Mandelblit, Fiscal General de Estado, se conozca a mediados de diciembre de 2019. Como se evalúa, en base al caso de su esposa Sara, que el alibi “no hubo nada” no resiste las pruebas de la fiscalía, se valora que ya en diciembre de 2019 Mandelblit podría decidir definitivamente llevarlo a juicio. De ser así, se terminaría la saga. Ya no hay lugar a efecto retroactivo de las nuevas leyes. Con toda la simpatía política, e inclusive sin exigencia legal de dimisión, difícilmente se pueda encontrar una mayoría parlamentaria dispuesta a continuar bajo el gobierno de un primer ministro enjuiciado formalmente por corrupción.

Aun con la persistencia de una mayoría del electorado israelí inclinándose por el bloque denominado de derecha, muy probablemente sus contradicciones internas y el pragmatismo lleve al liderazgo israelí a retornar al año 1984 formando un gobierno de coalición nacional entre Likud y Azul y Blanco.

En los próximos meses la sociedad israelí vivirá momentos dramáticos. O se arrasará con el tradicional y valorado orden judicial israelí con el objetivo de coronar eterna y personalmente a Netanyahu, o será testigo de un nuevo y vergonzoso juicio a un primer ministro acusado de corrupción.

Uno peor que el otro.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 5-6-2019

http://daniel.kupervaser.com/
kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD

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