El exgeneral israelí Benny Gantz no es la última esperanza para el país

 

Benny Gantz, exjefe de las fuerzas armadas israelíes y jefe del partido Israel Resilience durante un acto de campaña. / REUTERS – AMIR COHEN

31 de enero de 2019

Por Eugenio García Gascón

Puede ser la última gran sensación de Israel, pero sin duda no tiene el perfil necesario para dar un vuelco a la política del país. Al contrario, su trayectoria militar y sus palabras revelan que nos encontramos ante un líder que apenas se diferencia de la derecha ultranacionalista a la que nos hemos acostumbrado.

La noche del martes, a las 20 horas exactamente, las tres televisiones generalistas conectaron en directo con el Centro de Convenciones de Tel Aviv para abrir sus informativos estrella. Un hombre de 59 años, de buena planta y considerable altura, a quien los israelíes se acostumbraron a ver durante años con uniforme, caminaba entre la multitud con traje y corbata hacia el estrado situado en el centro de la nave, sonriendo, saludando y repartiendo besos a izquierda y derecha.

Era un escenario cuidadosamente preparado para imitar a las convenciones de las carreras presidenciales de Estados Unidos, con globos y banderas en abundancia, con gritos de aliento y consignas políticas que coreaban los seguidores del exgeneral Benny Gantz y de su partido, Hosen L’Israel (Resiliencia para Israel), una formación que no existía hace solo un mes.

Interrumpido una y otra vez por los presentes, Gantz, exjefe del ejército, leyó una alocución de varios minutos mediante la que dio a conocer sus intenciones de cara a las elecciones del 9 de abril. Muchos esperaban novedades, pero en realidad, no dijo nada que se salga de lo normal en el discurso político de Israel de la última década.

Lo tachan de «izquierdista», aunque nada esté más lejos de la realidad

Dijo que su gobierno, en el caso de que triunfe en los comicios, “buscará la paz y no perderá ninguna oportunidad para llevar la paz a la región”, pero a continuación dejó claro que “nunca” abandonará el Golán sirio ocupado en la guerra de 1967. Nada nuevo, aunque a su audiencia, el medio millar de personas que llenaban el centro de Tel Aviv y todos los que lo veían a través de la televisión, no pareció importarles lo más mínimo.

Benny Gantz es la estrella en auge en estos momentos. Los últimos sondeos le pronostican alrededor de 15 escaños, una pequeña fracción de los 120 diputados que caben en la Kneset. Es cierto que se habla de posibles acuerdos de coalición de Gantz con otros partidos, pero aun así parece muy difícil, prácticamente imposible, que el exgeneral se haga con la presidencia del gobierno.

En el Likud, que obtiene en los sondeos el doble de escaños, lo tachan de “izquierdista”, aunque nada esté más lejos de la realidad. La palabra “izquierdista”, que tiene un valor claramente peyorativo, la utilizan en el Likud contra todo aquel que no apoya a Benjamín Netanyahu. Incluso se utiliza contra el diminuto sector liberal del Likud, que es un poco más tolerante de lo que exige Netanyahu.

La vida de Gantz ha transcurrido dentro de las líneas generales de cualquier militar que ha llegado a lo más alto de la cúpula. Es difícil encontrar en su biografía anécdotas que se salgan de lo esperado. En 2010 se le acusó de haberse apropiado de un terreno anejo a su casa para expandir su vivienda, una denuncia que finalmente no prosperó puesto que las autoridades determinaron que no lo había hecho de mala fe.

Recientemente, un comentarista palestino mostró su sorpresa por esa denuncia: “¿Cómo puede acusarse a un general israelí de robar tierra cuando su oficio consiste precisamente en robar tierra?”, escribió sin el menor asomo de ironía.

La semana pasada Facebook bloqueó un anuncio de su campaña electoral en el que se decía que durante el asalto israelí a la Franja de Gaza de 2014, cuando Gantz era jefe del estado mayor, los 1.364 palestinos muertos eran “terroristas” de Hamás, algo que ni siquiera dice Israel oficialmente. En un segundo video electoral, Gantz alardeaba de haber devuelto “partes de Gaza” a la Edad de Piedra.

El eslogan del partido más utilizado hasta ahora es: «Izquierda o derecha, no importa. Todo es por Israel»

Naturalmente, con estos datos nadie en su sano juicio, con excepción del Likud y sus satélites, puede acusar a Gantz de “izquierdista”.El mismo martes por la noche, después de escuchar su esperada alocución, el comentarista político que quizá goza de mayor prestigio en el país, Amnon Abramovich, del Canal 12, proclamó que Gantz acababa de fundar la “auténtica nueva derecha”, en alusión al partido Nueva Derecha que acaban de crear dos políticos ortodoxos, Naftalí Bennett y Ayelet Shaked, ambos ultranacionalistas y aliados de Netanyahu.

El eslogan del partido más utilizado hasta ahora es “Izquierda o derecha, no importa. Todo es por Israel”. Gantz todavía tiene tiempo para alcanzar pactos mientras llegan las elecciones. De momento, ha logrado un pacto con Telem, la nueva formación del exgeneral Moshe Yaalon, un político de la extrema derecha nacionalista, exaliado de Netanyahu, un dato que revela cuál es la verdadera línea política de Gantz.

En esta situación procede preguntarse si la Unión Europea tiene algo que decir. La UE sigue paralizada a pesar de que la situación política en Oriente Próximo es vital para sus intereses. Es inexplicable que Bruselas permanezca con los brazos cruzados viendo los derroteros por los que corre Israel.

En los dos últimos años, la UE no ha hecho nada esperando el “acuerdo del siglo” anunciado por la administración de Donald Trump, y que se ha ido demorando cada pocos meses con una excusa u otra. La UE también está callada ahora porque Israel está en campaña electoral y no se puede hacer nada. Seguramente, después del 9 de abril habrá que seguir esperando porque todavía no habrá gobierno en Israel, y en verano se volverá a hablar del inminente “acuerdo del siglo” y se seguirá esperando. Mientras tanto Israel irá consolidando la ocupación. La cuestión es que, con un motivo u otro, Bruselas se lava las manos en Oriente Próximo a pesar de ser una región imprescindible de su política exterior.

Fuente: Eugenio García Gascón, Público – España

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