Una vida en el exilio

Todas las personas que rodean a Khazneh Said la conocen como Um Qasem. Vive en una de las humildes casas del campamento de Khan Dunoun en Rif Damasco. Para llegar al recibidor de su casa hay que atravesar varias filas de ropa de todos los colores. Um Qasem, nacida en 1934 en al-Zwayeh, a 23 km de Safad en Palestina, cree que los años no son los únicos que le han dejado huella, también las difíciles condiciones de vida y el desplazamiento han hecho mella. Durante los años de exilio, UNRWA ha estado allí para apoyarla.

Um Qasem huyó de Palestina en 1948. Fue su primer éxodo, el comienzo de una vida de dolor indescriptible, miseria e injusticia. “Dios bendiga los buenos viejos tiempos, cuando estábamos en nuestra casa en al-Zwayeh en Palestina. Éramos felices y teníamos granjas “, dice Um Qasem. Al igual que todos los refugiados de Palestina que perdieron su hogar y sus medios de subsistencia en esa época, Um Qasem sobrevivió gracias a la unión y solidaridad de la comunidad palestina y a la asistencia alimentaria de UNRWA. “En ese entonces, nuestra vida era simple. Nos fuimos con lo puesto. Mi aldea, al-Zwayeh, fue ocupada en mayo de 1948 y era conocida principalmente por sus granjas. Era un pueblo pequeño con unos 2.000 habitantes”.

Um Qasem tenía catorce años cuando huyó de Palestina a Khyam al-Walid, un pueblo palestino al noreste de Safad, fronterizo con Siria. Lo que les dijeron entonces es que estarían fuera de casa solo 10 días, hasta que la situación se calmase: “Nunca olvidaré el día que tuve que huir. Me dije a mí misma que sería temporal”. Pero su aldea fue incendiada. Um Qasem tuvo que mudarse definitivamente a los Altos del Golán en busca de seguridad. Allí trabajó en granjas recolectando algodón para ganar dinero para su familia.

Después de la guerra árabe-israelí en junio de 1967, Um Qasem y su familia volvieron a buscar refugio en un lugar más seguro. Fue el comienzo de un largo viaje que terminó en el campamento de Khan Dunoun, cerca de Damasco. Allí encontraron refugio en una posada en ruinas. Más tarde, construyeron su propia casa y recibieron ayuda de UNRWA en forma de educación y servicios sanitarios. Um Qasem recuerda: “Fuimos parte de esa enorme ola de desplazados, una gran manada de seres humanos que se trasladaban a otra parte. Fue el segundo éxodo que nos impusieron, aunque nunca hicimos daño a nadie. Mi familia y yo salimos de los Altos del Golán en un camión rumbo a Damasco. Llevábamos con nosotros objetos personales, colchones, mantas y algunos utensilios de cocina, todo lo que pudimos cargar. La vida era muy dura en esos días. Luchábamos para llegar a fin de mes”.

Hoy Um Qasem tiene 84 años y es madre de ocho hijos. Es la matriarca de una familia de refugiados que abarca tres generaciones. Tiene más de 30 nietos, ‘más de’ porque ni siquiera sus parientes pueden asegurar el número exacto. Cuando comenzó el conflicto en Siria en 2011, UNRWA estuvo de nuevo allí para apoyar a la familia, proporcionando comida de emergencia y asistencia en efectivo.

Ingenio y decisión son dos características que tienen en común todas las familias de refugiados de Palestina que durante 70 años se han esforzado por mantener sus tradiciones, forjarse vidas nuevas y proporcionar un mejor futuro a sus hijos. El único deseo de Um Qasem en la actualidad es ir a la ocupada Ein el-Teeneh, en los Altos del Golán, para poder ver y oler desde allí su tierra natal, Palestina. “¿Dónde y cuándo encontraremos un hogar real? ¿Estamos condenados a vivir en el exilio?”. Con lágrimas en los ojos, Um Qasem concluye: “Lo que todos esperamos es que la paz prevalezca. Palestina está siempre en mis pensamientos. Palestina es la belleza, los viñedos, los huertos, los naranjos y las huertas”.

Fuente: https://www.unrwa.es

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