El mar: un camino hacia la vida

Mayo 2018

Por Alexandra Vega-Rivera[1]

Cuando no se ha interiorizado un poco más a fondo con la causa o la cuestión Palestina son pocos los oídos que advierten que Gaza está sobre la costa del mar Mediterráneo. El tratamiento mediático y tergiversador de la ilegal ocupación israelí sobre Palestina confunde y crea imaginarios simbólicos que se materializan luego en opiniones públicas que aunque mucho mencionan a Gaza difícilmente pueden ubicarla en el mapa. El Mediterráneo se llama así porque responde a su origen latín: medi terraneum, que no es otra cosa que la realidad ya que es un mar que está en medio de tierras, incluida la Palestina.

El territorio palestino está ocupado y con el paso de los años y la inexistente voluntad política internacional está cada vez más disminuido, el cambio que ha sufrido ha sido abismal. Se podría suponer que la mayoría de personas en occidente reconocen la palabra ‘Palestina’ por dos factores: los relatos bíblicos y los medios de comunicación. Ninguno de los anteriores es muy claro, la gente entiende que allí hay un problema pero con la complicidad del periodismo y las maquinarias de información es que se ha logrado una confusión que pareciera imposible de desatar.

Palestina está ocupada y Gaza está bloqueada, también sobre su costa en el mar Mediterráneo, a ese mar que ha sabido ser actor principal en la obra de la constitución de occidente y por tanto del mundo como lo conocemos, le han cerrado las puertas. Es necesario por repetitivo que parezca siempre aclarar aspectos ante el desconocimiento de la ocupación israelí sobre la histórica Palestina.

Porque entre la impunidad de los medios de comunicación hegemónicos y la falta de voluntad política pueden hacer que el agua se convierta en muro, como lo vemos con las embarcaciones estalladas de migrantes de origen africano tratando de llegar a Europa y el silencio cómplice por parte de un gran número de Estados ante el ilegal bloqueo a Gaza,

“Decir ‘territorio en disputa’ en vez de ‘territorio ocupado’ no es una postura realista sino la negación de la esencia del conflicto: la ocupación”. (De Currea-Lugo, 2017: 16,17)

Por tanto es que la vía marítima es otra forma y otro camino que nos conduce a Gaza. En ése sentido lo ha visto la Coalición Internacional de la Flotilla de la Libertad (FFC) y Rumbo A Gaza (su capítulo con sede en el Estado Español), agrupaciones de personas que solidariamente se han organizado para llevar adelante campañas que buscan romper el bloqueo a Gaza por vía marítima. Las acciones llevadas a cabo por la Flotilla de la Libertad están encaminadas a denunciar el ilegal bloqueo israelí a las aguas territoriales palestinas, estas acciones son pacíficas, emergentes y direccionadas desde y hacia la sociedad civil exigiendo el respeto de los derechos humanos del pueblo palestino.

Como antecedente de estas acciones pacificas por vía marítima, en el año 2008 el movimiento Gaza Libre (Free Gaza Movement)[ii] emprendió 5 misiones en las que pudo entrar y salir de Gaza, llevando ayuda humanitaria y denunciando ante el mundo las condiciones en las que se encontraba a la población gazatí, propició además encuentros entre familias palestinas que por la ocupación llevaban separadas durante varios años. Sin embargo, el 30 de diciembre de ese año en la que fuera su sexta misión fueron atacados por las fuerzas militares israelíes en aguas internacionales y a 90 millas de la costa, impidiendo que la población de Gaza recibiera las más de tres toneladas de suministros médicos que llevaban a bordo. El capitán de la nave pudo llegar a un puerto en Líbano sin contabilizar vidas perdidas.

En mayo de 2010 la Flotilla de la Libertad zarpaba en la que sería la primera de sus campañas con dirección a la costa gazatí, el 31 de ese mismo mes, el mundo fue testigo del asalto por parte de la armada Israelí a la embarcación Mavi Mármara y el asesinato de diez activistas miembros de la campaña.

En agosto de 2011 y ya conformada Rumbo A Gaza, zarpó una Flotilla de una decena de embarcaciones llevando ayuda humanitaria a Gaza, ayuda que nunca llegó porque las autoridades griegas en connivencia con las israelíes los interceptaron en el Mediterráneo, (hecho que además supone la vulneración de la soberanía nacional de varios países miembros de la Unión Europea). De esta flotilla sólo un barco pudo seguir en dirección a Gaza siendo interceptado más adelante por las autoridades del Estado ocupante.

En julio de 2012 la ruta para romper con el bloqueo trazó su recorrido desde Suecia hasta Gaza, siendo atacado por comandos israelíes en aguas internacionales.

En 2013 empezó otra campaña, virando la estrategia ya que la navegación iba a ser desde la costa gazatí hacia occidente: “El arca de Gaza” era el nombre de la campaña y de la embarcación recuperada por trabajadores palestinos y voluntarios internacionales. Tenía como algo novedoso además de romper el bloqueo desde adentro también exportar productos palestinos emitiendo así un mensaje de la capacidad de Palestina de desarrollar su propia economía al recuperar su libertad de movimiento, sin embargo nunca pudo navegar ya que fue blanco de los bombardeos israelíes en el marco de una operación militar sobre la franja que dejó más de 2200 personas muertas.

Y en ese contexto fue que la Coalición Internacional preparó una nueva campaña: “Gaza Puerto Abierto”. En la que envió tres barcos con más de cincuenta tripulantes a Gaza en junio del 2015, siendo uno de estos blanco del ilegal accionar de la armada israelí, que atracó la campaña y mantuvo a las personas que la integraban privadas de su libertad en la prisión de Giv’on.

Rumbo a Gaza no ve dos partes en conflicto, sino que denuncia la existencia de un verdugo y una víctima. La equidistancia no puede existir mientras se están cometiendo continuamente crímenes de guerra contra el pueblo palestino ante los ojos de la comunidad internacional. Ser equidistante es ponerse del lado del verdugo; mantenerse pasivo frente a una injusticia en lugar de denunciarla nos convierte en cómplices de los crímenes[iii].

Mujeres Rumbo a Gaza

Es el nombre de la más reciente campaña que se llevó a cabo en septiembre de 2016 y sobre la que este texto pretende hacer un poco más de énfasis a través de las experiencia y el relato de Sandra Barrilaro, una de las mujeres activistas que participó en la misma[iv].

Hay un efecto inversamente proporcional que cada vez se hace más fuerte en cuanto a la causa palestina. Y es que entre menos posesión y movilidad en su tierra tiene el pueblo palestino y en especial el gazatí, más crece y se fortalece el compromiso de millones de personas con ésa causa, porque la causa palestina es un viaje de ida, una vez que en ella se involucra, no hay retorno.

“Nosotras no dudamos en ningún momento, siempre, arriba del velero supimos que hacíamos lo correcto” sostiene Sandra Barrilaro sobre su experiencia junto con otras doce mujeres que en septiembre de 2016 se embarcaron desde Barcelona y Messina en un velero que tenía como destino las costas de Gaza y que a tan solo 40 millas de la costa fue interceptado por la armada israelí en el contexto de ocupación y bloqueo ilegal de ése Estado hacia el pueblo y territorio palestino.[v]

Sandra tiene unos ojos brillantes que se hacen verbo en su oficio: es fotógrafa. Ante la pregunta de cómo y por qué se acercó y está tan comprometida con Palestina, se lo piensa un segundo y dice que no sabe en qué momento exactamente empezó. “Es que soy vasca”, es su respuesta, hay algo de ello que desde chica le llamó a hacer foco en ése pedazo de tierra en el que se condensan las más grandes atrocidades con la más grandes hospitalidades, y ése es un contraste permanente en el relato de Sandra.

Ella conoce Palestina y tiene amigos en Gaza, ha ido varias veces y al igual que las personas que han tenido contacto directo con la situación, da cuenta de las hostilidades en las que vive la población en la franja, resaltando que en Cisjornadia es “positivamente” diferente y es justamente ése, uno de los argumentos utilizados a la hora de difusión y (des)información emitida por el Estado de Israel, creando un consenso que invisibiliza las condiciones en las que se encuentran las personas en Gaza. El ensañamiento, las insalubridad y la escasez, el accionar violento y armamentista de ése Estado, la falta de humanidad choca de frente y en contra mano con la hospitalidad de la población gazatí.

El discurso del odio es un discurso unívoco y unipersonal, es el que sostienen desde Israel poniéndose en lugar de víctimas y a su vez, es el que lo ejecuta llevándolo a cabo en su calidad de victimario. Discurso emitido al mundo exterior pero también y sobre todo, dentro de sus arbitrarias fronteras: “la sociedad israelí se ha logrado convencer, de que es la víctima del conflicto, no el verdugo”[vi].

De cara a ese panorama discursivo siempre está abierta la pregunta sobre si los gazatíes odian a Israel:

“No los odian y es que les han hecho perder todo, debe ser que hasta la capacidad de odio la perdieron, es un pueblo que sólo pide vivir en paz”,

sostiene Sandra al respecto.

La primera vez que estuvo fue en el 2009 y ése primer encuentro fue determinante: “La gente allí pide a los que vienen de afuera que cuenten, que cuenten lo que pasa” dice Sandra, quien se encontró con una realidad inocultable y que debía fotografiar, aquella realidad hizo que se reconciliara con su profesión, ya que el salto de la fotografía analógica a la digital dejó en ella un sinsabor profundo porque su especialidad era blanco y negro en analógica, y prácticamente trató de dejar afuera a la fotografía de su vida. “Gaza hizo que me reconciliara con mi profesión. Palestina me ha dado muchas cosas”, lo dice agradecida y sonriendo.

Pero el mundo ya había cambiado y justamente de la mano de la tecnología. Así que cuando volvió a emprender rumbo con destino a Gaza se fue acercando junto con un amigo por Egipto, recuerda en medio de risas a un militar que al escuchar su destino enseguida les preguntó si estaban locos. En ésa ocasión no pudieron llegar a Gaza porque quedaron en medio de una de las bisagras de la historia más reciente: la primavera árabe.

Un camino que se va allanando. La persistencia de Sandra –como la de tantas personas- por acercarse a ése pueblo ha sido incansable, no puede ser de otra manera cuando se es consciente de los vejámenes por los que atraviesa la población civil en Gaza.

De ese modo fue que en septiembre de 2016 estaban en el velero Zaytouna-Oliva de 13 metros de longitud Sandra Barrilaro junto a 12 mujeres más, solamente mujeres, de distintas edades y provenientes de los cinco continentes. Todas ellas desafiando de frente a uno de los ejércitos más armados e impunes del globo. A la pregunta de si tenían miedo, Sandra sostiene que sí, que tenían miedo, pero estar juntas y sentir el apoyo incondicional de tantas personas en tierra hizo que ni siquiera lo advirtieran.

Tan cerca y tan lejos

Entrar a Palestina es muy complicado, sobre todo a Gaza que sufre y resiste las atrocidades de un bloqueo nefasto desde hace una década. Es por ello que la mayoría de personas empiezan a conocer a Palestina desde el relato, es un boca a boca que va dándole la vuelta al globo y aquello que quieren desaparecer, en realidad, poco a poco va cobrando más vida.

El 5 de octubre de 2016 fue un día muy largo y desde la primera hora recibieron muchas llamadas de los medios de comunicación, mucha gente y muchos mensajes. Sandra recuerda particularmente uno que recibieron cuando estaban muy cerca, en el que les decían que habían convocadas en España para esa misma tarde manifestaciones en 18 ciudades, para ellas ese mensaje fue una inyección de alegría y determinación justo en ése momento.

“100, 90, 80 millas, no sabíamos nada y desde tierra la gente también se emocionaba. Claro, llegamos a las 70 millas y ya teníamos previsto que a esa distancia no nos iban a dejar pasar, porque sabíamos que eso es lo máximo que tiene permitido la armada israelí, pasamos las 70 las 60, las 50 y es que ¡estábamos con un subidón!”

La emoción de la cercanía con la costa en la narración de Barrilaro es contagiosa. Poder avanzar tanto hizo crecer en ellas una ilusión que permitía plantearse la posibilidad de poder romper el bloqueo. Llegar a las 40 millas y estar tan cerca, pero seguir tan lejos:

“Recibimos algunos mensajes de Gaza que nos hicieron llorar por que nos dijeron que estaba el puerto lleno de gente, que estaban las mujeres cocinando y otras haciendo pinturas, que habían salido los pescadores y que estaban allí esperándonos, que había una fiesta y música en el puerto, bueno, Gaza era una fiesta y fíjate que luego nos enteramos que echaron bombas de sonido para romper esa fiesta. Eso nos hizo llorar: saber que nos estaban esperando”

Esto empieza

El corte repentino de las comunicaciones fue la señal: “esto empieza”, se dijeron entre ellas. Y así, en tan sólo minutos los puntos lejanos en el mar fueron creciendo y eran fragatas que las contactaron por radio, les indicaron que detuvieran la marcha inmediatamente, que iban hacia aguas bloqueadas y que no estaba permitida la navegación, que se detuvieran. Ante esto la respuesta de las 13 mujeres en el velero fue categórica: “les dijimos que gracias por avisarnos pero que nosotras no reconocíamos el bloqueo de Gaza porque es ilegal, que nuestro rumbo era Gaza y que íbamos para Gaza”.

La armada Israelí se volvió a dirigir a ellas advirtiéndoles que entonces se atuvieran a las consecuencias, que iban en su dirección unos zodiacs para abordarlas, a lo que las integrantes del velero Zaytouna-Oliva respondieron: “bueno, seguimos rumbo a Gaza, vengan a abordarnos”.

Y las abordaron.

Y en este punto parece imposible no remitirse al violento antecedente de asalto al barco turco Mavi Mármara, hecho que marcó a sangre y fuego los riesgos de la protesta pacífica, misión no-violenta contra el bloqueo de Gaza y activismo por los derechos humanos en un contexto de ocupación, abuso e impunidad por una de las partes. Desenmascarando no solo los crímenes israelíes y la impunidad con la que actúa tanto en Gaza como en resto del mar Mediterráneo, sino la complicidad de aquellos gobiernos que con su colaboracionismo sustentan y financian la ocupación de Palestina.

Las 13 mujeres y la embarcación fueron capturadas, ellas deportadas y el velero Zaytouna-Oliva sigue ilegalmente bajo custodia de las autoridades israelíes, quienes argumentan una supuesta amenaza por parte de la campaña Mujeres Rumbo a Gaza, a la seguridad del país ocupante.

Mujeres Rumbo a Gaza. ¿Ha sido una amenaza real para Israel?

Para ese momento ellas estaban tranquilas y entrenadas a partir de las experiencias que la Flotilla ha tenido en campañas anteriores, sin embargo y como manifiesta Sandra, las tranquilizo también el tono de ellos. Del otro lado hubo hombres y mujeres del ejercito: “todos los soldados eran chicos y chicas, muy jóvenes” sostiene.

Romper con el bloqueo

Si bien la finalidad central de las campañas es romper con el bloqueo, pensándolo como la ruptura en el marco del arribo de los barcos a la costa de Gaza, teniendo en cuenta que habitamos una realidad que data de una década de bloqueo, siempre se esperará el momento en el que avanzar más millas alimente la emoción y la posibilidad de hacerlo efectivo, aun siendo conscientes de que eso no pueda ser probable –por ahora-. Sin embargo y como manifiesta Rumbo a Gaza: “Lo más importante que nos enseña la resistencia palestina a la ocupación es que esta lucha es larga y que lo logrado es sólo mirando a largo plazo”.

Por tanto, cada campaña implica avanzar cada vez más en el objetivo de ruptura, porque mientras se rompe el bloqueo en términos materiales y marítimos, se avanza en cuanto a romper esquemas sustentados en ése orden simbólico construido para dentro y fuera de Israel. Como los que enfrentan sus jóvenes en la milicia, prestando el servicio militar obligatorio ante la aparición de un velero de 13 metros con 13 mujeres de distintas partes del mundo enfrentando a la armada Israelí.

Sandra lo notó en el puerto luego de la captura cuando llegaron escoltadas por la noche, incluso en la cárcel: “[por parte de ellos/as] había una mezcla de alucine y admiración (…) Pienso que es una de las formas de romper y hacer fisura en la sociedad israelí, hacer fisuras en ése discurso que alimentan de prevención y persecución, y es que se dieron cuenta que no íbamos a Israel, nosotras íbamos a Gaza, por la gente de Gaza y Palestina, no por Israel”.

Militancia con acento feminista

Esta campaña pretendió visibilizar el lugar de la mujer palestina en general y de la mujer gazatí en particular en medio del contexto de ocupación y bloqueo ilegal. La mujer palestina está manteniendo de alguna forma la cohesión social, porque en las sociedades árabes el núcleo familiar es base de la sociedad, por tanto el rol de las mujeres es fundamental en esa construcción.

Al respecto, Sandra Barrilaro trae un recuerdo y una observación: “tras los bombardeos del 2014, cuando comenzaron las clases en las escuelas de Gaza las imágenes eran impresionantes, se veían a los niños y niñas de Gaza con sus batas, libros y carpetas impecables y sabias que muchos de ellos estaban viviendo en ruinas o en las escuelas de UNRWA[vii] asilados y en pésimas condiciones pero aun así, sabías que detrás de esos niños estaban madres, abuelas, tías”.

Las mujeres somos más de la mitad de la población. Es importante dentro de todas las variaciones que advertimos en el mundo actual ser conscientes de los espacios de militancia y activismo que se empiezan a ocupar también por mujeres y mejor aún, con perspectivas feministas. “Nadie nos tiene que dar voz a nosotras, nosotras tenemos nuestra propia voz y la militancia de la mujer no es que sea importante es que es fundamental e incuestionable” sostiene Sandra al respecto.

La convergencia entre la denuncia al bloqueo a través de la acción directa y la reivindicación de la mirada feminista no se podía tomar por hecha, pero la campaña Mujeres Rumbo a Gaza mostró que se consiguió una sinergia que ha superado expectativas. Las mujeres vinculadas en el trabajo que llevó a cabo este proyecto –en tierra y mar- pudieron hacer valer sus formas, crear espacios que permiten la expresión de sentimientos y fomentar el diálogo. Mujeres Rumbo a Gaza fue una experiencia de crecimiento, de descubrir fortalezas y oportunidades.

A la pregunta de qué implica para Sandra Barrilaro haber participado de la campaña marítima de Mujeres Rumbo A Gaza, se llama un minuto al silencio para no llorar: “¡Un regalo de la vida!” Afirma, con total seguridad.

¡No disparen! ¡Estamos pescando!

La coalición internacional de la Flotilla de la Libertad y Rumbo a Gaza se dedicaron en el 2017 a trabajar localmente la solidaridad con la flota pesquera de Gaza. El objetivo fue conectar la lucha de los pescadores palestinos en Gaza –bajo bloqueo y ataques constantes de las fuerzas de ocupación israelí– con comunidades de pesca en todo el mundo, fomentando la solidaridad internacional y el apoyo desde la sociedad civil para acabar con el bloqueo. Aproximadamente mil millones de personas en todo el planeta dependen del pescado como su principal fuente de proteína. La mayor parte de estas personas viven en la pobreza y muchos de los 54 millones de pescadores del mundo también son pobres.

Gaza, una franja costera de 43 km de largo, siempre ha tenido tradición de pesca y de ella dependía para abastecer a su población de 2 millones de personas. Durante la última década la población Gazatí ha visto su capacidad de vivir de la pesca seriamente perjudicada, a causa de la limitación impuesta por las fuerzas de ocupación israelí de su acceso al mar.

Un futuro digno para Palestina

Así es como desde la última misión marítima en 2016, Mujeres Rumbo a Gaza,  y durante el año 2017 la Coalición de la Flotilla de la Libertad se centró en la difícil situación de la flota pesquera de Gaza, a la que no se le permite la pesca más allá de las 6 millas náuticas y que a menudo es atacada por las fuerzas de ocupación israelí incluso dentro de esta zona. Es importante señalar que el 85% de las aguas pesqueras de la franja están afectadas por las restricciones israelíes.

Durante más de una década Israel ha mantenido un bloqueo inhumano y destructivo sobre Gaza. En 2012 un informe de Naciones Unidas alertaba sobre el hecho de que Gaza será inhabitable en año 2020 debido al bloqueo israelí, a fines de 2017, Naciones Unidas reconoció que ya se había llegado a ese dramático estado.

La infancia y los menores, quienes constituyen más de la mitad de la población de Gaza que sobrepasa los dos millones, viven en un permanente estado de privación de derechos fundamentales.

Dato sobre la infancia gazatí: los chicos y las chicas menores de diez años en Gaza, han vivido tres grandes ataques militares israelíes, los del 2008/2009, 2012 y 2014.

Gran parte de la población de Gaza aún vive entre escombros ya que la comunidad internacional no ha cumplido su promesa – y obligación- de financiar y garantizar la reconstrucción, y el bloqueo impide las importaciones necesarias para ello.

Muchas personas sufren traumas psicológicos y todas padecen un suministro insuficiente de energía y de agua potable, tratamiento inadecuado de las aguas residuales y escasez de instalaciones educativas. Sobre todo, la población de Gaza carece de una perspectiva de un futuro digno. Las políticas de humillación están empujando a muchas personas al suicidio, dato comprobable en el aumento del número de casos en los últimos años.

En conmemoración de los 70 años de la Nakba; teniendo presente que el 70% de la población gazatí es refugiada; que el pasado 30 de marzo de 2018 empezó la Gran Marcha del Retorno en Palestina, y repudiando los ataques de la fuerza militar ocupante sobre la población que asistió[viii]; en la continuidad de defensa del derecho internacional, presionando gobiernos y denunciando su complicidad en los crímenes cometidos por el Estado de Israel; es que en mayo de este año la Coalición Internacional de la Flotilla de la Libertad zarpará una vez más para romper el bloqueo israelí de Gaza (Palestina), y para conseguir la libertad de movimiento de su pueblo bajo el lema: “Un futuro digno para Palestina”.

En solidaridad con la flota pesquera, la infancia y juventud, y con toda la población palestina de Gaza que exige esa libertad de movimiento y el ejercicio de su derecho a un futuro digno en su tierra, y su mar Mediterráneo también.

Logo de la campaña 2017/18 Solidaridad con la Flota Pesquera de Gaza, creado por el Sindicato de Comités de los Trabajadores Agrícolas (UAWC, por sus siglas en inglés) de Gaza.

[1] Coordinadora de Rumbo a Gaza para América Latina

alexandravegarivera@aibr.org

Bibliografía

Mujeres Rumbo a Gaza, Memoria 2016. Recuperado de https://www.rumboagaza.org/wp-content/uploads/2017/09/MemoriaMRG.pdf

De Correa-Lugo, Víctor 2017 Palestina, al derecho. Tras 50 años de ocupación israelí. (Bogotá D.C: Ediciones Antropos).

Links

https://www.rumboagaza.org

http://www.freegaza.org/

http://www.gazaark.org/es/

Compilado fotográfico de la campaña Mujeres Rumbo a Gaza/Women’s Boat to Gaza de libre acceso en: https://www.flickr.com/photos/rumboagaza/

Notas al final

[i] El título parafrasea al poeta Palestino Mahmud  Darwish, en su poema “Nosotros  amamos  la vida” de 1986, de la frase: “Nosotros amamos la vida cuando hallamos un camino hacia ella”.

[ii] http://www.freegaza.org/

[iii] https://www.rumboagaza.org/campanas-2/campana-2015-·-gaza-puerto-abierto/

[iv] El relato de Sandra Barrilaro fue recopilado en un encuentro personal que sostuvimos en enero de 2017 en Madrid.

[v] Las participantes en el trayecto final fueron: la premio Nobel de la Paz (1976) Mairead Maguire de Irlanda del Norte;, la ex coronel Ann Wrigt; la diputadas de Nueva Zelanda, Marama Davidson y Samira Dauafia, Argelia; Leight-Ann Naidoo, atleta de Sudafrica; Jeannette Escanilla, política sueca; la doctora Fauziah Hasan, Malasia; el equipo de Al Jazeera compuesto por Mina Harbalou (Marruecos-Reino Unido) y Hoda Rakhme (Líbano-Rusia) y la fotógrafa española Sandra Barrilaro. Como tripulantes participaron la capitana Madeleine Habib de Australia y las marineras Emma Ringqvist, Suecia y Synne Sofie Reksten, Noruega.

[vi] De Correa-Lugo, Víctor 2017 Palestina, al derecho. Tras 50 años de ocupación israelí. (Bogotá D.C: Ediciones Antropos).

[vii] Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, sus siglas en inglés).

[viii] A la fecha de confección de este texto el número de personas asesinadas por las fuerzas militares israelíes ascendía a 16 y de heridos a más de 1400. Los nombres de las personas asesinadas son los siguientes: Naji Abu Hajir (25 años), Mohammed Kamal Al-Najjar, Wahid Nasrallah Abu Samour  (27 años), Amin Mansour Abu Muammar, Mohammed Naeem Abu Amr, Ahmed Ibrahim Ashour Odeh  (16 años), Jihad Ahmed Fraina, Mahmoud Saadi Rahmi, Abdel Fattah Abdel Nabi (18 años), Ibrahim Salah Abu Shaar  (22 años), Abd al-Qader Marhi al-Hawajri  (25 años), Sari Walid Abu Odeh, Hamdan Ismail Abu Amsha, Jihad Zuhair Abu Jamous  (30 años), Bader al-Sabbagh  (22 años), Mus’ ab Zuhair Essaloul (23 años).

Fuente: http://alzeytun.org/mar-camino-hacia-la-vida/

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