El guiso del traslado de la embajada de Guatemala

31 de mayo de 2018

En el solemne acto de inauguración de la nueva sede guatemalteca, los primeros mandatarios de ambos países tuvieron el honor de exponer ante todo el mundo los lazos de amistad especiales que unen ambos pueblos. El protocolo de siempre, generalmente desvinculado totalmente de la realidad. Una especie de farsa con un guion conocido.

Netanyahu elogió a las visitas en su discurso. “No es una coincidencia que Guatemala abra una embajada. Ustedes siempre han estado entre los primeros. Nosotros nos acordamos de nuestros amigos y Guatemala es nuestro amigo”, resaltó el premier israelí[1]. Su par guatemalteco fue mucho mas allá y hasta se despachó con una apología de lo que considera sentimientos fraternales entre Israel y Guatemala. La relación entre los dos países, dijo Jimmy Morales, “es una amistad sincera, pero, sobre todo, Guatemala e Israel tienen una relación de amor entre hermanos. Nosotros nos sentimos como en casa”. Por último, se le escapó una pista cuando metió a los estadounidenses en la masa. Morales afirmó que “EE.UU., Israel y Guatemala son tres amigos que muestran amistad, valor y lealtad”.

Tan solo transcurrieron unos pocos días para que repentinamente comenzara a sentirse en el ambiente un fuerte tufo de un típico guiso cocinado al mejor estilo de las recetas de la diplomacia israelí.

Información confidencial que fue secreto de estado días atrás, comenzó a filtrarse a los medios. La cancillería guatemalteca se vio en la necesidad de confirmar ante periodistas que el traslado de su numerosa delegación a Israel no fue una erogación estatal, como el caso supone, sino que fue financiado con dinero del millonario judío – estadounidense Sheldon Adelson, íntimo amigo y respaldo político de Netanyahu[2]. Ingredientes que son parte inseparable de la estructura supranacional de la diplomacia israelí ahora comienzan a ser los componentes principales de la receta.

Diáspora judía movilizada por la diplomacia israelí

Pero esto es solo el principio. Sandra Jovel, la Canciller de Guatemala, arrinconada por la exigencia de explicaciones del comprometedor regalo de Adelson, aparentemente no prestó suficiente atención y agregó otros ingredientes que forman parte de esta insólita mezcla. Cuando los periodistas le incriminaron que se trata de una dádiva prohibida por la ley guatemalteca, Jovel se defendió con un argumento que prácticamente tiro a la basura todos los discursos que hacían referencia a amor, amistad y demás yerbas. Tratando de escudarse cometió el error de difundir a todos los vientos que se trata de un negocio “según las normas religiosas judías: dar es recibir”. Ahora la imagen del manjar, o mejor dicho del negocio, salta a la vista de todos: Guatemala le hace un favor a Israel y traslada su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, e Israel, como contraprestación, se preocupa de transferir dinero o su equivalente a Guatemala.

Guatemala cumplió totalmente con su compromiso “dando”. Veamos como se organiza Israel para que Guatemala pueda “recibir”.

La primera insinuación también la aportó la Canciller Jovel cuando afirmó ante los mismos periodistas que, “con el cambio de la sede diplomática a Jerusalén, se crearon oportunidades de inversión en Guatemala de hasta 2 mil millones de dólares”. Al otro día fuentes israelíes se preocuparon por difundir una ampliación de esta información, eso sí, con mucho aderezo. “Yosssi Abadi, Director General del Fondo Guatemala-Israel para la Inversión y Desarrollo, anunció que empresarios israelíes invertirán en el corto plazo en Guatemala unos 2 mil millones de dólares en proyectos de agricultura, medicina y educación”[3].

Para comprender el carácter embaucador y desorientador de esta información, vale la pena acentuar varios de sus posibles elementos.

En primer lugar, el Estado de Israel, según su política de muchos años, no está dispuesto a invertir o financiar directamente un solo dólar en proyectos económicos en el exterior. Como máximo participa en asesoramiento general.

Una economía como la guatemalteca, con un PBI per cápita alrededor de los 4 mil dólares anuales (Israel ya llega a los 40 mil dólares), no representó hasta la fecha ningún atractivo de peso para que empresas israelíes inviertan significativamente su dinero con expectativas de beneficios seguros como corresponde a todo inversor. Mas aun, es de suponer que inversores israelíes no piensan ganar dinero invirtiendo en escuelas y hospitales privados en Guatemala. Resumiendo, es un poco irrisorio evaluar que la reubicación de su embajada en Israel pueda modificar drásticamente su atractivo como campo de inversiones a empresarios israelíes. De aquí que la afirmación de Abadi es de dudosa veracidad.

Si se toma en cuenta el tipo mencionado de inversiones, sería mucho más valedero suponer que se trata de proyectos de infraestructura de mucha magnitud del gobierno guatemalteco. En este caso, empresas israelíes muy bien pueden ser parte para programar, erigir, equipar y administrar estas iniciativas. En esos aspectos la oferta israelí es muy amplia, profesional y de la tecnología mas avanzada. Emprendedores privados israelíes difícilmente estén dispuestos a invertir de su propio capital en Guatemala, ni menos financiar las inversiones.

Ahora, para dar el último golpe de calor al guiso, hay que encontrar quien abastezca el combustible necesario. Se trata de ubicar quién financie a largo plazo esos 2 mil millones de dólares y quién puede asegurar la apertura de mercados internacionales para la creciente producción agrícola prevista. Como es de suponer, ambos desafíos seguramente no están al alcance del gobierno guatemalteco. Si no fuese así, Guatemala hubiese resuelto el problema por sus propias manos y no se hubiese creado la necesidad de preparar este guiso.

Es aquí donde, en base a la experiencia del pasado en situaciones similares, es posible imaginar al cocinero israelí agregando puñados de su conocida pimienta diplomática: el enorme poder de injerencia sobre gobiernos locales de instituciones judías de la diáspora a favor de intereses israelíes.

Esta conducta es típica de organizaciones judías estadounidenses que actúan en los pasillos de la administración en Washington. Judíos, ciudadanos de EE.UU., entre otras funciones, aprovechan su poder de influencia política y presionan localmente en la toma de decisiones actuando como agentes de intereses foráneos. Lamentablemente gran parte del pueblo judío no tiene en cuenta que todo país que pretende guiarse por normas democráticas internacionales debe tener muy claro que este quehacer es un derecho y obligación exclusiva de sus diplomáticos, y no de sus pares étnicos que por casualidad se radican en otro país y disponen de poder de influencia.

En 2010 se informó que, “la comunidad judía de Estados Unidos declaró su disposición a apoyar a Panamá en la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, luego que Panamá apoyara a Israel en sus demandas internacionales. Así lo mencionó hoy el embajador de Panamá en ONU”[4]. Otro ejemplo: Discurso del presidente colombiano en relación al TLC entre su país y EE.UU. Así lo expresó Juan Manuel Santos: “En Nueva York tuve oportunidad de agradecer –y hoy quisiera volver a destacarlo– el importante papel que tuvo el Comité Judío Americano al apoyarnos para lograr la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos en el Congreso de este país”[5]. Otros casos destacados se pueden leer en mi libro “Israel se emborracho y no de vino”[6].

Solo resta prestar atención si en el futuro, Yosssi Abadi y el Fondo Guatemala-Israel para la Inversión y Desarrollo son capaces de traer a Guatemala la cantidad suficiente de pimienta diplomática israelí para que el pueblo de Guatemala, y no solo la comitiva presidencial en el avión de Adelson, también pueda degustar un poco de esa exquisitez que cocinaron.

Este guiso es un buen ejemplo del modo de operar de la diplomacia israelí. Israel disfruta de ventajas diplomáticas, Guatemala de beneficios económicos, y como en la mayoría de los casos, probablemente, el costo del banquete lo pagan los estadounidenses.

Ojalá me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 31-5-2018

http://daniel.kupervaser.com/

kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD

[1] “Guatemala trasladó su embajada a Jerusalén”, Infobae, 16-5-2018

[2] Dueño de casinos en Las Vegas financio viaje a Israel de Jimmy Morales”, Prensa Libre, Guatemala, 25-5-18

[3] “Empresarios israelíes invertirán 2 mil millones de dólares en Guatemala”, Enlace Judío, 27-5-18

[4] “Panamá apoya a Israel, a cambio de apoyo a TLC con Estados Unidos”, La Nación Panamá, 3-2-2010

[5] “Palabras del presidente Juan Manuel Santos al recibir el Premio Shalom del Congreso Judío Latinoamericano”, Asturia Mundial- Pagina Web del Congreso Judío Latinoamericano, 17-10-12.

[6] “Israel se emborrachó y no de vino”, Daniel Kupervaser, Editorial Dunken 2014, pág. 57

Fuente: http://daniel.kupervaser.com/2018/05/31/el-guiso-del-traslado-de-la-embajada-de-guatemala/

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