Líbano: Niña palestina Sarah contra Donald Trump

Por  Armando Reyes

Cuando la maestra preguntó en la clase de inglés cómo cambiar una oración de la voz activa a la pasiva, Sarah levantó su mano y respondió con corrección.

Sin saberlo, la niña palestina de 10 años de edad, estaba dando una respuesta al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que comenzó a cortar financiamiento a los refugiados palestinos en Medio Oriente.

Sarah es uno de los miles de menores de la ocupada nación que llegó a El Líbano desde Siria en 2013 para escapar de la guerra y también porque un cohete impactó su vivienda.

Es una estudiante estrella de una escuela primaria administrada por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (Unrwa) que enfrenta un futuro incierto por el recorte de fondos ordenado por el magnate republicano.

La familia de Sarah desciende de algunos de los cientos de miles que huyeron o expulsaron de lo que hoy es Israel durante la Guerra de 1948.

Por ese motivo, los refugiados y sus descendientes ahora suman más de cinco millones y la mayoría reside en las ocupadas Cisjordania y Franja de Gaza, así como Jordania, El Líbano y Siria.

Sarah y sus familiares se convirtieron en refugiados por segunda vez cuando huyeron de su hogar en Damasco.

En El Líbano, la niña va a la escuela primaria Jafna, operada por Unrwa, el programa de socorro más antiguo y más grande de la ONU en Medio Oriente.

Esa agencia ofrece atención médica, educación y servicios sociales a millones de refugiados, incluidos los desplazados de la guerra en Siria y de otros conflictos en la región.

Trump anunció en enero que cortó su ayuda a la agencia humanitaria y que solo entregará 65 millones de dólares de una cuota de financiación planificada de 125 millones.

El gobierno norteamericano donó 60 millones y dejó en claro que el apoyo adicional depende de reformas en la Unrwa y de un cambio de posiciones de los palestinos.

De tal manera, Washington remitió un espaldarazo a Israel que acusa a la agencia de la ONU de promover los justos reclamos de la causa palestina de un derecho al retorno.

Y mientras, Trump culpa a los palestinos de impedir el progreso de los esfuerzos de paz en Medio Oriente.

Algunos países prometieron donar 100 millones de dólares adicionales, aunque la directiva de Unrwa enfrenta un déficit de 350 millones.

Si esa crisis se mantiene, no hay garantías para iniciar el próximo curso escolar, expresó un oficial de la agencia humanitaria, Salem Dib.’H

ay peligros con respecto a la continuidad de la educación para todos los refugiados palestinos, ya sean de El Líbano o de Siria’ dijo.

Unos 36 mil estudiantes, entre ellos alrededor de cinco mil 500 desplazados de Siria, forman la matrícula de 66 escuelas de Unrwa en la nación de los cedros.

Dib precisó sobre las dificultades para los palestinos de inscribirse en escuelas públicas abarrotadas de refugiados sirios. En abril último, los donantes internacionales prometieron entregar 4.4 mil millones de dólares en ayuda para Siria y países vecinos en 2018, una cifra que se queda por debajo de los más de siete mil millones que la ONU solicita para mantener vivos sus programas humanitarios.

Los padres de Sarah esperan que su hija obtenga una beca para estudiar en otro país. ‘Si mis hijos abandonan la escuela, se perderán’, aseveró su madre Fátima.

La familia de Sarah confía en la asistencia de la ONU, entretanto el padre de la niña, Ghadir, trabaja en un restaurante cercano.

Para incrementar sus ingresos, vendió maíz en un puesto en la cuneta de una carretera, pero lo abandonó cuando las autoridades irrumpieron en el área y temió por un arresto al carecer de permiso de trabajo.

Pese a vivir experiencias tan onerosas, Sarah sigue sobresaliendo en la escuela. Le encanta aprender inglés y sueña con ser cardióloga.

Un asesor de Unrwa, Samah Khalil, apuntó que muchos de los infantes sufren traumas que les dificultan estudiar o interactuar con otros y cita el caso de Sarah como excepcional.

‘…es una estudiante especial, la mejor de su clase y sus compañeros la quieren’, acotó.

Mary Joy Pigozzi, directora ejecutiva de Educate A Child, una entidad que brinda asesoramiento psicológico en las escuelas de Unrwa, explica que su trabajo consiste en fomentar habilidades en los jóvenes para convertirlos en personas de bien.

‘Al igual que Sarah, algunos de estos niños superaron situaciones difíciles, lo que hace más importante priorizar sus oportunidades educativas’, subrayó.

‘El acceso a una educación de calidad es un derecho humano’, puntualizó.

El autor es corresponsal de Prensa Latina en El Líbano.

Fuente: Armando Reyes, Agencia Prensa Latina

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