Abbas le dice a Hamas que está «comprometido» con la convocatoria de elecciones

Foto: El presidente palestino Mahmud Abbas en Cisjordania el 3 de septiembre de 2020 [ALAA BADARNEH/POOL/AFP/Getty Images]

04 de enero de 2021

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, ha dicho a Hamas que está «comprometido» a celebrar elecciones. Proporcionó los detalles en una carta al jefe de la oficina política de Hamas, Ismail Haniyah.

En una declaración emitida a través del asesor de medios de comunicación del movimiento, Taher Al-Nunu, Haniyeh dijo que la carta proporciona los fundamentos para crear una asociación, poner fin a la división palestina y crear unidad entre el pueblo y los dirigentes mediante un proceso democrático justo y transparente.

«Abbas reiteró su compromiso con el logro de la asociación y la unidad como objetivo estratégico, y pidió que se entablara un diálogo nacional para alcanzar ese objetivo», dijo el dirigente de Hamas. «Trabajará en la creación de un entorno positivo para hacer cumplir todos los entendimientos y acuerdos, incluidos los resultados de la conferencia de secretarios generales de las facciones palestinas celebrada el pasado mes de septiembre y los entendimientos de Estambul».

El líder de la AP, Fatah y la OLP aparentemente se ha comprometido a la «necesidad» de celebrar elecciones para el Consejo Nacional Palestino, el parlamento y la presidencia de forma consecutiva, en un período de seis meses como máximo.

Según Al-Nunu, «Haniyeh expresó su confianza en el papel de los países hermanos y amigos, en particular Egipto, Qatar, Turquía y Rusia, que se esfuerzan por reavivar los esfuerzos de reconciliación y asegurar que se apliquen todos los acuerdos y entendimientos». El dirigente de Hamas dio instrucciones de reanudar el diálogo por el canal aprobado, encabezado por su adjunto, Saleh Al-Arouri, para comunicarse con Fatah, especialmente con el fin de hacer cumplir los entendimientos nacionales y restablecer la unidad palestina. «Hamas está decidido a lograr la unidad y poner fin a la división palestina».

Además, Haniyeh utilizó un discurso televisado el domingo por la noche para señalar que Hamas pone el interés nacional palestino en primer lugar. Confirmó que los contactos bilaterales con Fatah no tienen como objetivo excluir a otras facciones palestinas. Hamas, señaló, tiene canales de comunicación directa con todas las facciones.

«Tenemos muchas responsabilidades difíciles a nivel nacional y en la resistencia a la ocupación israelí», explicó. «Hamas ha respondido positivamente a todos los esfuerzos anteriores para lograr la unidad, pero recientemente hemos llegado a algunos entendimientos serios en Estambul, en la Conferencia de Secretarios Generales y en El Cairo, donde teníamos diferentes opiniones sobre si las elecciones se celebrarán de forma consecutiva o simultánea» Hamas, añadió Haniyeh, quería que se celebraran elecciones simultáneas para construir el sistema político palestino basado en la asociación a la vez, pero acordó más tarde celebrar los tres comicios de forma consecutiva».

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

 

Robo de municiones de una base del ejército israelí

Foto: Balas [Brett Hondow/Pixabay]

04 de enero de 2021

Ladrones han robado decenas de miles de balas de una base del ejército en el sur de Israel, informó Yedioth Ahronoth el domingo. El robo tuvo lugar la semana pasada en el Centro de Entrenamiento del Ejército Nacional cerca del gran kibutz Taslim. La base ha sido escenario de docenas de robos en la última década, con armas y municiones robadas.

Fuentes locales dijeron que este es uno de los mayores robos de municiones en la historia reciente del ejército israelí. Se sugiere que los ladrones podrían haber tenido ayuda interna de personas de la base, que eran conscientes de varias fallas en el sistema de seguridad.

Las mismas fuentes explicaron que los ladrones entraron en la base en un vehículo y cargaron cientos de cajas de munición en pocos minutos. Es probable que las balas se vendan a los delincuentes por millones de shekels.

Según Yedioth Ahronoth, nadie ha sido arrestado por el robo. Se ha abierto una investigación y los resultados serán presentados al fiscal militar.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

El Comité Preparatorio de la Conferencia de la Ruta Alternativa Palestina emitió una posición sobre lo que está sucediendo en el mundo árabe y su comprensión del campo de la resistencia

04 de enero de 2021

Hasta ahora, han fracasado todos los intentos para lograr la libertad para Palestina, incluyendo el proceso de Oslo. Es urgente llevar a cabo una nueva etapa de lucha y el fin del fracasado proceso Madrid-Oslo. Ghassan Kanafani decía: “Si fracasamos como defensores de la causa, lo correcto sería cambiar a los defensores, no la causa.”

Hacia el nacimiento del Frente Unido de Resistencia Árabe en el contexto del establecimiento del proyecto del renacimiento árabe

Como parte de sus diálogos y discusiones en curso para determinar la posición sobre diversos temas en preparación de la conferencia que se celebrará en la capital española, Madrid, en octubre del próximo año, el Comité Preparatorio de la Conferencia de la Ruta Alternativa Palestina emitió un documento en el que esbozó la posición de lo que está sucediendo en el mundo árabe y su comprensión del campo de resistencia en la región.

El documento trata de los intentos de endurecer el control colonial sobre Palestina y la región, con el fin de proteger a la entidad sionista y debilitar la acción oficial y popular, cuyas manifestaciones más destacadas fueron los acuerdos de paz desde Camp David, la ruta Madrid-Oslo y Wadi Araba, hasta la normalización, que distorsionó la conciencia nacional árabe, y no se centró únicamente en la relación con Palestina o su posición, sino en el concepto de nación, nacionalismo y unidad árabe, incluso en su forma más simple.

El documento también señala la necesidad del nacimiento del Frente Unido de Resistencia Árabe como única tabla de salvación colectiva, y el fortalecimiento de la acción nacional popular que adopte la solución histórica al conflicto árabe-sionista representada en el desmantelamiento y eliminación de la entidad colonial sionista racista y su liquidación, y enfatizando que la liberación de Palestina es la condición necesaria para liberar la voluntad de la nación y liberar la gran patria árabe y expulsar a los invasores y vencer  al colonialismo y la ocupación.

El documento afirma su posición y apoyo a todos los movimientos de resistencia en la región de los estados y partidos en Yemen, Palestina, Siria, Irak y Líbano, y apoyándolos en su continuo enfrentamiento contra el proyecto de dominación imperialista de la región bajo el lema «Lo que se toma por la fuerza solo puede recuperarse por la fuerza».

El documento manifiesta también su rechazo y condena a la interferencia extranjera directa e indirecta, y la afirmación del derecho de los pueblos árabes a rebelarse contra los regímenes tiránicos para obtener sus libertades y derechos y lograr la democracia y el pluralismo.

Para ver el documento completo, haga clic en el siguiente enlace: 

https://masarbadil.org/es/notas-generales-sobre-el-mundo-arabe-y-la-resistencia/

Israel aprueba el plan para apoderarse de más tierra palestina cerca de Belén

Foto: las fuerzas israelíes intervienen en la reacción de los palestinos ante los colonos judíos por tratar de apoderarse de las tierras agrícolas de los palestinos en la región de al-Ras en Selfit, Cisjordania, el 30 de noviembre de 2020. [Issam Rimawi – Agencia Anadolu]. 

04 de enero de 2021

Las autoridades de ocupación israelí aprobaron el domingo un plan para apropiarse de acres de tierra palestina cerca de la ocupada Belén, según ha revelado un activista local contra los asentamientos.

Hasan Brejiyeh dijo a Wafa que la tierra es de propiedad palestina y se utilizará para la construcción y expansión de los asentamientos coloniales. El plan, insistió, es una prueba de que el gobierno israelí está facilitando los intentos de los colonos de robar cada vez más tierras y terrenos de propiedad palestina.

Según el grupo de derechos israelí B’Tselem, el gobierno ha utilizado un complejo mecanismo legal y burocrático para tomar el control de más tierras palestinas en la Cisjordania ocupada.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Unión Mundial de Académicos Musulmanes llama a boicotear a Israel

04 de enero de 2021

La Unión Mundial de Académicos Musulmanes ha urgido a sancionar al régimen de Israel hasta su retirada total de los territorios ocupados de Palestina.

“Nuestras fatwas (decreto religioso) son específicas para el estado ocupante [Israel] y sus bienes y productos, ya que ocupa nuestras tierras y hogares, y ataca y se apodera de nuestros hermanos, sus tierras y hogares en Palestina y el Golán sirio, e incluso ocupa la Mezquita de Al-Aqsa”, asevera la Unión Mundial de Académicos Musulmanes, en un comunicado publicado el sábado en su cuenta oficial en Facebook.

La nota, firmada por el presidente y el secretario general de dicha asociación, Ahmad al-Raysuni y Ali Mohiuddin al-Qaradaghi, respectivamente, resaltando el gran papel de los académicos en concientizar e instar a la restauración de los derechos robados de los palestinos, pide un boicot integral contra Israel, especialmente económico, hasta que se retire de todos los territorios ocupados de Palestina.

Además, subraya que, conforme el Islam, la resistencia frente a los israelíes para expulsarlos, a través de maneras legales, es un deber ético, que es aceptado tanto por las leyes internacionales como las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En este sentido, el texto declara que comprar, vender, importar, usar, comercializar o promover los productos, servicios y tecnologías israelíes está prohibido, debido a que destinar dinero a estos productos significa participar en las agresiones del régimen de Tel Aviv en contra del pueblo palestino.

“Por lo tanto, continuar el boicot económico completo es deber de todos los musulmanes, hasta que la ocupación termine completamente en todas nuestras tierras ocupadas, especialmente nuestra primera Qibla [dirección de la oración] y la santa Al-Quds”, reza el comunicado de la Unión Mundial de Académicos Musulmanes.

Este grupo de eruditos se suma así a otros organismos y países que han boicoteado los productos israelíes, independientemente de que se produzcan o no en un asentamiento ilegal en los territorios ocupados palestinos, tal como lo promueve la campaña del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), que persigue aumentar la presión económica y política sobre Israel poner fin a la ocupación y la colonización de tierras palestinas.

Fuente: HispanTV 

Israel excluye a los palestinos de programa de vacunación omitiendo sus obligaciones como potencia ocupante

04 de enero de 2021

Israel está celebrando una impresionante campaña de vacunación que bate récords, habiendo administrado las primeras inyecciones de coronavirus a más de una décima parte de la población. Pero los palestinos en la Ribera Occidental y Gaza ocupada por Israel sólo pueden mirar y esperar.

A medida que el mundo acelera lo que ya está en camino de convertirse en una campaña de vacunación muy desigual – con la gente de las naciones más ricas siendo la primera en ser inoculada – la situación en Israel y los territorios palestinos es un claro ejemplo de la división.

Israel transporta lotes de la vacuna Pfizer/BioNTech en el interior de la Ribera Occidental. Pero sólo se distribuyen a los colonos israelíes, y no a los 2,7 millones de palestinos que viven a su alrededor y que pueden tener que esperar semanas o meses.

“No sé cómo, pero debe haber una manera de hacernos una prioridad también…” dijo Mahmoud Kilani, un entrenador deportivo de 31 años de la ciudad palestina de Nablus. “¿Quién se preocupa por nosotros? No creo que nadie esté atascado en esa pregunta”.

A dos semanas de su campaña de vacunación, Israel está administrando más de 150.000 dosis diarias, lo que equivale a las inyecciones iniciales para más de un millón de sus 9 millones de ciudadanos, una proporción mayor de la población que en cualquier otro lugar.

Se han establecido centros de vacunación en recintos deportivos y plazas centrales. Las personas mayores de 60 años, los trabajadores de la salud, los cuidadores y las poblaciones de alto riesgo tienen prioridad.

El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha dicho a los israelíes que el país podría ser el primero en salir de la pandemia. Un funcionario del Ministerio de Salud dijo que el país ha pagado 62 dólares por dosis, comparado con los 19,50 dólares que paga EE.UU.

Mientras tanto, la Autoridad Palestina, que mantiene un autogobierno limitado en los territorios, se apresura a conseguir vacunas. Un funcionario sugirió, quizás con optimismo, que las vacunas podrían llegar en las próximas dos semanas.

Sin embargo, cuando se le pidió un plazo, Ali Abed Rabbo, director general del Ministerio de Salud palestino, estimó que las primeras vacunas llegarían probablemente en febrero.

Estas serían a través de una asociación liderada por la Organización Mundial de la Salud llamada Covax, destinada a ayudar a los países más pobres, que se ha comprometido a vacunar al 20% de los palestinos. Sin embargo, las vacunas destinadas a Covax aún no han obtenido la aprobación de “uso de emergencia” por la OMS, condición previa para que comience su distribución.

Gerald Rockenschaub, jefe de la oficina de la OMS en Jerusalén, dijo que podría ser “de principios a mediados de 2021” antes de que las vacunas del plan Covax estuvieran disponibles para su distribución en los territorios palestinos.

Se espera que el resto de las dosis se consigan a través de acuerdos con las compañías farmacéuticas, pero parece que hasta ahora no se ha firmado ninguno.

A pesar de la demora, la autoridad no ha pedido oficialmente ayuda a Israel. La coordinación entre ambas partes se detuvo el año pasado después de que el presidente palestino cortara los lazos de seguridad durante varios meses.

Pero Rabbo dijo que se habían celebrado “sesiones” con Israel. “Hasta este momento, no hay ningún acuerdo, y no podemos decir que haya nada práctico sobre el terreno en este sentido”, dijo.

Los funcionarios israelíes han sugerido que podrían proporcionar un excedente de vacunas a los palestinos y afirman que no son responsables de los palestinos de Cisjordania y Gaza, señalando los acuerdos provisionales de la era de 1990 que requerían que la autoridad observara las normas internacionales de vacunación.

Esos acuerdos preveían un acuerdo de paz más completo en un plazo de cinco años, un hecho que nunca ocurrió. Casi tres decenios después, grupos de derechos israelíes, palestinos e internacionales han acusado a Israel de eludir sus obligaciones morales, humanitarias y jurídicas como potencia ocupante durante la pandemia.

Gisha, un grupo de derechos israelí, dijo que los esfuerzos palestinos hasta ahora para buscar vacunas en otros lugares “no absuelve a Israel de su responsabilidad final hacia los palestinos bajo la ocupación”.

Las disparidades podrían hacer que los israelíes volvieran a cierta forma de normalidad en los tres primeros meses de este año, mientras que los palestinos siguen atrapados por el virus. Esto podría tener un impacto negativo en el objetivo de Israel de la inmunidad de la manada, ya que miles de palestinos de Cisjordania trabajan en Israel y en los asentamientos, lo que podría mantener altas las tasas de infección.

En Gaza, un enclave empobrecido sometido a un bloqueo israelí-egipcio, el plazo podría ser incluso más largo que en la Ribera Occidental. Los gobernantes islamistas de la Franja, Hamas, han sido incapaces de contener el virus y son enemigos de Israel y rivales políticos de la Autoridad Palestina.

Salama Marouf, jefe de la oficina de prensa de Gaza dirigida por Hamas, estimó que las vacunas llegarían “dentro de dos meses”, añadiendo que hubo coordinación con la OMS y la Autoridad Palestina.

Heba Abu Asr, de 35 años, residente en Gaza, se sacudió cuando se le preguntó cómo se sentía acerca de que los demás recibieran primero la vacuna. “¿En serio estás tratando de compararnos con Israel o cualquier otro país?”, preguntó. “No podemos encontrar trabajo, comida o bebida. Estamos bajo amenaza todo el tiempo. Ni siquiera tenemos necesidades para la vida”.

Fuente: Qudsnen

Traducción y Edición: Comunidad Palestina de Chile

Un camino a ninguna parte

04 de enero de 2021

Por Ilan Pappe 

Fuentes: Jacobin América Latina

Dos décadas después de que caducaron el proceso de paz entre el Camp David y la cumbre de Taba, mucha gente recuerda con nostalgia los Acuerdos de Oslo entre Israel y la OLP. Pero el historiador Ilan Pappe argumenta que el fracaso de Oslo a la hora de garantizar la soberanía palestina estaba predeterminado.

El 13 de septiembre de 1993, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el gobierno israelí anunciaron la firma de los Acuerdos de Oslo con bombos y platillos. El acuerdo fue el invento de un grupo israelita que formaba parte del think tank Mashov, dirigido por el entonces ministro de Asuntos Exteriores Yossi Beilin.

Su supuesto era que una convergencia de factores había generado una oportunidad histórica para imponer una solución. Entre estos factores se contaban, por un lado, el triunfo del Partido Laborista Israelí en las elecciones de 1992 y, por otro, la drástica erosión de la posición internacional de la OLP luego del apoyo de Yasser Arafat a la invasión de Saddam Hussein en Kuwait.

Los arquitectos de los acuerdos asumieron que el pueblo palestino ya no estaba en posición de resistirse a los dictados de Israel, que representaban lo máximo que el Estado judío estaba dispuesto a conceder en aquel momento. Lo mejor que pudieron ofrecer quienes representaban al «campo de la paz» israelí fueron dos bantustanes —una reducida Ribera Occidental y un enclave en la Franja de Gaza— que gozarían de la categoría de Estado en términos simbólicos pero permanecerían, en la práctica, bajo control israelí.

Además, este acuerdo debería ser declarado como el fin del conflicto. Todas las demás demandas, tales como el derecho de retorno de las personas palestinas refugiadas o los cambios en el estatuto de la minoría palestina al interior de Israel, fueron suprimidas de la agenda de la «paz».

Una receta para el desastre
Este decreto era una nueva versión de las viejas ideas israelitas que habían dado forma al denominado «proceso de paz» de 1967. La primera fue la denominada «alternativa jordana», que implicaba repartir —geográfica o administrativamente— el control sobre los territorios ocupados entre Israel y Jordania. El movimiento obrero israelí apoyó esta política. La segunda fue la idea de una autonomía palestina limitada en estos territorios, que estuvo en el centro de las conversaciones para la paz con Egipto a fines de los años setenta.

Todas estas ideas —la alternativa jordana, la autonomía palestina y la fórmula de Oslo— tenían una cosa en común: proponían dividir la Ribera Occidental entre áreas palestinas y judías, con el objetivo de integrar la parte judía a Israel en el futuro, manteniendo la Franja de Gaza como un enclave conectado a la Ribera Occidental por un puente terrestre controlado por Israel.

Oslo difería de las iniciativas anteriores en muchos sentidos. El más importante era que la OLP se asoció a Israel en esta receta para el desastre. Sin embargo, debe darse crédito a la organización por no haber aceptado, hasta el día de hoy, los Acuerdos de Oslo como un proceso terminado.

Su participación, y el reconocimiento internacional que recibió, fue el aspecto positivo (o al menos potencialmente positivo) de Oslo. El aspecto negativo de la participación de la OLP fue el hecho de que la política unilateral de progresiva anexión territorial y división de los territorios ocupados gozó entonces de la legitimidad de un acuerdo que las autoridades de la OLP habían firmado.

Otra diferencia fue el compromiso de un equipo académico supuestamente profesional y neutral cuya actuación facilitaría los acuerdos. La fundación noruega FAFO estuvo a cargo de la campaña de mediación. Adoptó una metodología que fue muy ventajosa para el lado de Israel y desastrosa para el pueblo palestino.

Fundamentalmente, se trataba de definir lo mejor que la parte más fuerte estaba dispuesta a ofrecer, y luego intentar coaccionar a la parte más débil para que lo aceptara. No había ninguna posibilidad de que la parte definida como débil pudiese actuar. Todo el proceso se convirtió en una imposición.

Un trago amargo
Hemos estado ahí antes. La Comisión Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés) adoptó un enfoque similar durante los años 1947-1948. El resultado fue catastrófico. La población palestina, que era autóctona del lugar y mayoría en el territorio, no tuvo ninguna influencia en la solución propuesta. Cuando la rechazaron, las Naciones Unidas ignoraron su posición. El movimiento sionista y sus aliados impusieron la división por la fuerza.

Cuando se firmó Oslo I, el primer conjunto de acuerdos mayormente simbólicos, la falta desastrosa de cualquier aporte palestino no salió a la luz inmediatamente. Estos acuerdos incluían no solo el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP, sino también el retorno de Yasser Arafat y de la conducción de la OLP a Palestina. Esta parte del acuerdo creó una euforia comprensible en una parte de la población palestina, dado que disimulaba el objetivo real de Oslo.

Este trago amargo un poco edulcorado rápidamente hizo sentir su verdadera naturaleza con el siguiente conjunto de acuerdos, implementados en 1995 y conocidos como los Acuerdos de Oslo II. Fueron difíciles de aceptar hasta para el debilitado Arafat, y el presidente egipcio Hosni Mubarak literalmente lo forzó a firmar el pacto frente a las cámaras de todo el mundo.

Una vez más, como en 1947, la comunidad internacional implementó una «solución» que servía a las necesidades y a la visión ideológica de Israel, ignorando completamente los derechos y las aspiraciones de palestina. Y, una vez más, el principio subyacente de la «solución» fue la división.

En 1947, se le ofreció el 56% de Palestina al movimiento colonizador sionista y este tomó el 78% por la fuerza. Los Acuerdos de Oslo II brindaban a Israel otro 12% de la Palestina histórica, consolidando el estatus más grande de Israel sobre el 90% del país y creando dos bantustanes en el resto del área.

En 1947, la propuesta fue partir Palestina entre un Estado árabe y uno judío. La narrativa hilada por Israel, la FAFO y los agentes internacionales involucrados en la mediación de Oslo fue que el pueblo palestino había perdido una oportunidad para gozar de su Estado dada la posición irresponsable y reaccionaria que había adoptado en 1947. Por lo tanto, se les ofrecía esta vez, de forma didáctica, un espacio mucho más pequeño y una entidad política degradada (que no puede considerarse un Estado sin importar desde donde se lo mire).

La geografía del desastre
Los Acuerdos de Oslo II crearon una geografía del desastre que permitió que Israel anexara todavía más territorio de la Palestina histórica encerrando al pueblo palestino entre dos bantustanes; o, para ponerlo en otros términos, dividiendo la Ribera Occidental y la Franja de Gaza entre áreas palestinas y judías.

El área A bajo el mando directo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP, que se asemeja a la categoría de Estado pero no tiene ninguno de sus poderes); el área B bajo el mando compartido de Israel y de la ANP (pero que en realidad está bajo el mando de Israel); el área C bajo el mando exclusivo de Israel. En la actualidad, la zona está siendo anexada de facto a Israel.

Los medios para alcanzar esta anexión han incluido el hostigamiento militar y colonial sobre las poblaciones palestinas (obligando a mucha gente a abandonar sus hogares), la declaración de amplios territorios como campos de entrenamiento militar o «pulmones verdes» ecológicos de los cuales el pueblo palestino está excluido y, finalmente, las transformaciones constantes de la legislación sobre la tierra, para tomar más tierra para nuevos asentamientos o para expandir los más viejos.

Para el momento en que Arafat llegó al Camp David en 2000, el mapa de Oslo se había desplegado con claridad y, en muchos sentidos, había iniciado un proceso irreversible. La principal característica de la cartografía posterior a Oslo fue la bantustanización de la Ribera Occidental y de la Franja de Gaza, la anexión oficial del área más grande de Jerusalén y la separación física del norte y del sur de la Ribera Occidental.

Había otras que no eran menos importantes: la desaparición del derecho de retorno de la agenda de «paz» y la continua judaización de la vida palestina al interior de Israel (mediante expropiación de tierras, el estrangulamiento de poblados y ciudades, el mantenimiento de asentamientos y ciudades exclusivos para personas judías y la aprobación de una serie de leyes que institucionalizaron a Israel como un Estado de apartheid).

Más adelante, cuando se probó que era demasiado costoso sostener la presencia colonial en medio de la Franja de Gaza, las autoridades de Israel revisaron el mapa y la lógica de Oslo para incluir un nuevo método: imponer el asedio terrestre y el bloqueo marítimo de Gaza, dado su rechazo a convertirse en otra Área A bajo el gobierno de la ANP.

Después de Rabin
La geografía del desastre, de forma similar a lo que sucedió en 1948, fue el resultado de un plan de pacificación. Desde 1995, a partir de la firma de los Acuerdos de Oslo II, más de seiscientos puntos de control han privado a las personas de los territorios ocupados de su libertad de circulación entre los pueblos y las ciudades (y entre la Franja de Gaza y la Ribera Occidental). La vida en las Áreas A y B fue administrada por la Administración Civil, un equipo cuasi militar dispuesto a brindar permisos solo a cambio de una colaboración plena con los servicios de seguridad.

Los ocupantes siguieron atacando al pueblo palestino y expropiando sus tierras. El ejército israelí, con sus unidades especiales, siguió entrando a voluntad al Área A y a la Franja de Gaza, arrestando, hiriendo y matando a las personas palestinas. También prosiguieron bajo el «acuerdo de paz» los castigos colectivos mediante la demolición de hogares, los toques de queda y el cierre de territorios.

Poco tiempo después de que se firmaron los Acuerdos de Oslo II, en noviembre de 1995, el primer ministro de Israel Yitzhak Rabin fue asesinado. Nunca sabremos si tenía la voluntad –o si hubiese sido capaz– de avanzar en un sentido más positivo. Los que lo sucedieron hasta el año 2000, Shimon Peres, Benjamin Netanyahu y Ehud Barak, le dieron su completo apoyo a la política de transformar la Ribera Occidental y la Franja de Gaza en dos megaprisiones, en las cuales la circulación, la actividad económica, la vida cotidiana y la supervivencia dependen totalmente de la buena voluntad de Israel, que en general es escasa.

Las autoridades palestinas bajo el liderazgo de Yasser Arafat soportaron estos tragos amargos por varios motivos. Era difícil abandonar el semblante del poder presidencial, cierto sentido de independencia en algunos aspectos de la vida y, sobre todo, la creencia ingenua de que esto era un estado de cosas pasajero, que sería reemplazado por un acuerdo final que garantizaría la soberanía palestina (aunque debe notarse que estas autoridades firmaron un acuerdo que no menciona, en ningún documento oficial, el establecimiento de un Estado palestino independiente).

El espejismo del Camp David
Por un breve momento en 1999, pareció que el optimismo tenía algún fundamento. Al gobierno de derecha de Benjamin Netanyahu le siguió uno encabezado por el líder laborista Ehud Barak. Barak declaró su compromiso con el acuerdo y su voluntad para terminar de implementarlo. Sin embargo, luego de perder rápidamente la mayoría en el Knéset, él junto al presidente de los EE. UU., Bill Clinton –envuelto en ese momento en el escándalo Lewinsky–, precipitó a Yasser Arafat hacia una cumbre caprichosa durante el verano de 2000.

El gobierno israelí reclutó a un gran número especialistas y preparó montañas de documentos con un único objetivo en mente: imponer la interpretación de Israel de un acuerdo final con Arafat. De acuerdo con sus especialistas, el fin del conflicto implicaría la anexión de grandes asentamientos a Israel, una capital palestina en la ciudad de Abu Dis y un Estado desmilitarizado, sujeto al control y a la dirección de Israel en cuestiones de seguridad. El acuerdo final no incluyó ninguna referencia seria al derecho de retorno, y por supuesto –como sucedió con los Acuerdos de Oslo– ignoró totalmente a las personas palestinas que vivían en Israel.

El lado palestino reclutó al Instituto Adam Smith de Londres para que lo ayudara en la preparación de esta apresurada cumbre. Produjeron algunos escasos documentos, que en cualquier caso no fueron considerados como algo relevante por Barak ni por Clinton. Estos dos caballeros estaban en un apuro para concluir el proceso en dos semanas, completamente en beneficio de su propia supervivencia política.

Ambos necesitaban un logro rápido del cual presumir (puede pensarse aquí en la catastrófica gestión que Donald Trump hizo de la pandemia de COVID-19 y la paz de Israel con los Emiratos Árabes Unidos, vendida como un gran triunfo de su gobierno). Dado que el tiempo apremiaba, dedicaron las dos semanas a ejercer una enorme presión sobre Arafat para que firme un acuerdo preparado de antemano en Israel.

Arafat alegó que necesitaba una conquista palpable para mostrar a su regreso a Ramala. Esperaba poder anunciar, al menos, la detención de los asentamientos y/o el reconocimiento del derecho de la ALP a Jerusalén, y tal vez algún tipo de comprensión por principio de la importancia del derecho de retorno para el lado palestino. Barak y Clinton ignoraron completamente su situación. Antes de que Arafat partiera hacia Palestina, los dos líderes lo acusaron de ser un belicista.

La Segunda Intifada
Luego de su regreso, Arafat –tal como informó luego el senador George Mitchell– fue muy pasivo y no planeó ningún movimiento drástico como un levantamiento. Los servicios de seguridad de Israel informaron a sus jefes políticos que Arafat estaba haciendo todo lo que podía para pacificar a la parte más militante de Fatah, y que todavía esperaba poder encontrar una solución diplomática.

Quienes rodeaban a Arafat sintieron que habían sido traicionados. Había una atmósfera de impotencia hasta que el líder de la oposición de Israel, Ariel Sharon, hizo una visita a la Explanada de las Mezquitas (Haram esh-Sharif). El comportamiento de Sharon disparó una ola de manifestaciones, a las que el ejército de Israel respondió con especial brutalidad. El ejército había sido humillado recientemente en manos del movimiento Hezbollah del Líbano, que forzó a las Fuerzas de Defensa de Israel a retirarse del sur del Líbano, erosionando de esta manera su poder de disuasión.

La policía palestina decidió que no podía resistir, y el levantamiento se militarizó. Se extendió hacia Israel, en donde una policía racista y con el gatillo fácil mostró con gran satisfacción la tranquilidad con la que podía asesinar a manifestantes que tenían la ciudadanía del Estado de Israel.

El intento de algunos grupos palestinos como Fatah y Hamas de responder con atentados suicidas y las represalias de Israel –que terminaron con la infame operación «Escudo Defensivo» de 2002– llevaron a la destrucción de pueblos y ciudades, y a más expropiaciones de tierra por parte de Israel. Otra respuesta fue la construcción de un muro de tipo apartheid que separaba al pueblo palestino de sus negocios, campos y centros de actividad cotidiana.

Israel ocupó de nuevo efectivamente la Ribera Occidental y la Franja de Gaza. En 2007, se restauró el mapa A, B y C de la Ribera Occidental. Luego de que Israel se retirara de Gaza, Hamas tomó el poder y el territorio estuvo, desde entonces, sujeto a un asedio que continúa en la actualidad.

Desde las cenizas
Algunas figuras políticas están convencidas de que han quebrado el espíritu palestino. Precisamente veintisiete años después de que se firmaron los Acuerdos de Oslo, la Casa Blanca fue sede de una nueva ceremonia a favor de los Acuerdos de Abraham, un acuerdo para la paz y la normalización entre Israel y dos Estados árabes, los Emiratos Árabes y Baréin.

Los principales medios de EE.UU. e Israel aseguran que este es el último clavo del ataúd de la tenacidad palestina. Piensan que la AP se verá obligada a aceptar cualquier cosa que Israel le ofrezca, dado que no hay nadie que pueda ayudarla en el caso de que rechace la propuesta.

Pero la sociedad palestina es una de las más jóvenes y educadas de todo el mundo. El movimiento nacional palestino resurgió de las cenizas del Nakba y podría hacerlo de nuevo. No importa cuan poderoso sea el ejército israelí y no importa cuántos más Estados árabes firmen tratados de paz con Israel, el Estado judío seguirá existiendo con millones de personas palestinas bajo su control en el marco de un régimen de apartheid.

El fracaso de Camp David en 2000 no fue la conclusión de un proceso de pacificación genuino. Nunca hubo un proceso verdadero en este sentido desde que el movimiento sionista llegó a Palestina a fines del siglo XIX; se trató, en cambio, del establecimiento oficial de la república del apartheid de Israel. Resta saber por cuánto tiempo el mundo estará dispuesto a aceptarla como legítima y viable, o si aceptará que la desionización de Israel, con la creación de un Estado democrático único que albergue a toda la Palestina histórica, es la única solución viable a este problema.

Ilan Pappe, historiador y activista socialista israelí. Es profesor de la Universidad de Exeter, director del Centro Europeo de Estudios Palestinos, codirector del Centro de Estudios Etnopolíticos de Exeter y autor de Ten Myths About Israel (Verso, 2017).

Traducción de Valentín Huarte

Fuente: https://jacobinlat.com/2020/12/31/un-camino-a-ninguna-parte/

Israel atacó 300 blancos en Gaza y otros 50 en Siria en 2020

Foto: una columna de humo se eleva tras un ataque aéreo israelí en Gaza, 26 de diciembre de 2020. (Foto: AFP)

04 de enero de 2021

El ejército del régimen de Israel afirma haber atacado 300 objetivos en la Franja de Gaza y otros 50 en Siria a lo largo del año 2020.

En su informe anual de estadísticas, las fuerzas de guerra de Israel han informado este jueves [31 de diciembre de 2020] que alrededor de 300 objetivos fueron atacados en la asediada Franja de Gaza.

El documento confirma que este año los aviones de combates israelíes patrullaron Gaza 1400 veces y los helicópteros del ejército israelí 400 veces. Además, las aeronaves no tripuladas (drones) espías del régimen de Tel Aviv registraron unas 35 000 horas de vuelo sobre varias partes de la zona.

Por otra parte, añade que llevó a cabo 50 ataques contra objetivos en Siria. La última agresión israelí tuvo lugar la madrugada del miércoles, en la que un soldado sirio perdió la vida y otros tres resultaron heridos

El informe sale a la luz cuando el régimen israelí busca cada vez más usurpar tierras palestinas y avanzar sus planes agresivos en los territorios ocupados, mientras intenta justificar sus agresiones ilegales sobre la Franja de Gaza, arguyendo que responden al lanzamiento de cometas y globos incendiarios desde el lado palestino.

Además, el régimen israelí usa regularmente drones para operaciones de reconocimiento y cometer asesinatos selectivos, que implican la violación de los espacios aéreos palestino, sirio y libanés.

Las autoridades palestinas, a su vez, condenan los crímenes de Israel contra “los civiles palestinos, sus tierras, propiedades y lugares sagrados”, e instan a la comunidad internacional a que ponga fin a su pasividad ante tales acciones bélicas, pues, alertan, el silencio mundial alienta al régimen de Tel Aviv a abusar aún más del pueblo palestino y violar sus derechos.

Fuente: https://www.hispantv.com/noticias/palestina/484786/israel-ataques-gaza-siria

 

Fawzi al-Junaidi, el niño palestino de 16 años que Israel necesitó de un batallón militar para arrestarlo

04 de enero de 2021

Imagen: Fawzi al-Junaidi, un menor palestino de 16 años, detenido por militares israelíes en Hebrón. Foto: Efe.

Por Octavio Fraga Guerra

El “glorioso” ejército israelí, experto en ocupación y represión militar, se dedica a robar bienes palestinos, a arrestar niños, a allanar viviendas a media noche, a atacar a periodistas y a disparar a quemarropa a jóvenes palestinos. Más de veinte soldados del régimen genocida israelí colman los espacios del encuadre. Avanzan hacia la cámara con aparente linealidad, surcando la polvareda abigarrada —tal vez— de una calle estrecha. Las burdas botas que sostienen su marcha pisan los imperceptibles cercos de una ciudad distante, 30 kilómetros al sur de Jerusalén.

Es la mítica Hebrón de la Palestina ocupada; se distingue por el cultivo de uvas, el asiento de piedras caliza, el trabajo con la cerámica y el antológico soplado del vidrio. Desde sus pedestales milenarios, la ciudad se dibuja entre calles estrechas y torcidas. Sus casas soportan techos planos, como paraguas de una escalonada urbanidad.

La soldadesca israelí de este retrato grupal lleva abultadas mochilas, portentosos cascos, ropajes grotescos y pesados armamentos que cuelgan como novias de usar y tirar, como sacados de posters de alguna película de acción narrada por brutales escenas de “héroes” de pelo rubio, permeados ojos azules y tatuajes hechos por encargo, sello mundano de las tropas de élites de la U.S. Navy.

El desequilibrio envuelve los anclajes semióticos de esta entrega fotográfica. La desproporcionalidad, el sin sentido, las tramas de lo absurdo trazan delgadas rutas que colorean pátinas imperceptibles. Una segunda lectura desvela las esencias de esta crónica fotográfica, tomada por los azares de las circunstancias y la impronta de congelar un instante simbólico, un momento dramático.

Los rostros de cada uno de los actores de este instante, los uniformes de grueso calibre que cubren sus cuerpos, las poses de sus abigarrados brazos son partes esenciales de un boceto coral de nítidos trazos. Responden a estados de ánimos, delgados contextos, despreciables biografías y herencias de una historia labrada por décadas, que anulan el sentido de sus vidas. Y también los destinos de muchos otros, de miles de hombres y mujeres que tienen truncados sus andares por los límites que marcan los Checkpoint.

Los actores de las rutas del terror israelí deambulan por esa calle, llevan un “trofeo” que irradia luz, miedo y soledad. Cargan en sus puestas actorales muchas preguntas y también muchas respuestas que los políticos de occidente son incapaces de desgranar. Las despreciables complicidades de sus actos de equilibristas atan, permean, anulan toda posibilidad de coherencia, todo acto de vestidura digna.

Los límites de esta foto de escritura simbólica delatan el subrayado objetivo de narrar el drama bocetado por sucesivas oleadas de represión. Truncan todo signo de protesta contra la ocupación del Estado Israelí, que escupe contra poblaciones enteras morteros que cercenan las raíces de casas habitadas, ancladas en los pasajes de barrios acribillados, marcados por los sonidos de metralletas y balas de última generación.

Relatados con virtuosos apuntes, se erigen como eje central de la foto los colores de su gestualidad, auténticos actos de miedo, de soledad y dolor. Fawzi al-Junaidi, un menor palestino de 16 años, es el núcleo de este documento.

Los flujos que habitan en las texturas de ese instante, convergen hacia el protagonista, hacia sus ojos vetados del derecho a la luz, a la ruta y el tiempo. Cada año, entre 500 y 700 niños y niñas palestinos son detenidos y procesados por la justicia militar israelí. Fawzi al-Junaidi fue uno de ellos.

Fuente: www.cubaperiodistas.cu

En tres días 31 prisioneros palestinos han sido contagiados por el Coronavirus en una cárcel israelí

03 de enero de 2021

A los malos tratos, condiciones inhumanas, hacinamientos y intencionales negligencias médicas en las cárceles israelíes, ahora se suma el Covid-19 que está poniendo en peligro la vida de los miles de prisioneros políticos palestinos encarcelados por Israel.
La Comisión de Detenidos y Exdetenidos Palestinos condenó el crimen del gobierno israelí de dejar a los prisioneros palestinos contagiarse del coronavirus en la prisión de Naqab ubicada en el desierto del Naqab al sur de Palestina.

Cabe señalar que 31 casos de COVID-19 desde el jueves pasado hasta esta mañana del domingo han sido detectados entre prisioneros palestinos debido a las negligencias de los carceleros israelíes y las horribles condiciones de hacinamientos y tratos inhumanos que los prisioneros palestinos reciben dentro de las cárceles. En la cárcel israelí del Naqab hay alrededor de 1200 prisioneros entre ellos muchos enfermos y ancianos, por lo cual se teme un desastre dentro dl recinto.

Grupos humanitarios han advertido que la administración de la prisión desértica del Naqab es la única responsable de la llegada del coronavirus a la prisión y su propagación, enfatizando que el gobierno israelí no puede eludir su responsabilidad de este horrible crimen. A su vez, es realmente vergonzoso el silencio internacional frente a las atrocidades que Israel comete incluyendo los tratos inhumanos que los prisioneros políticos palestinos reciben dentro de las cárceles israelíes.

En este sentido la Comisión de Detenidos y Exdetenidos Palestinos, llamó al comité internacional de la Cruz Roja y la Organización Mundial de la Salud para intervenir y poner fin a este crimen, llevar los contagiados a centros sanitarios para aislar a los pacientes y hablar directamente con el gobierno israelí sobre los prisioneros y las brutales condiciones en el cual se encuentran sometidos. También llamó para trabajar en liberarlos y facilitar vacunas a los prisioneros políticos palestinos.

Cabe recordar que Israel está vacunando a los israelíes incluyendo a los presos israelíes encarcelados por crímenes y delitos comunes, pero no considera vacunas para los prisioneros políticos palestinos, detenidos por Israel solo por sus luchas por la libertad de Palestina y poner fin a la ocupación militar extranjera de sus tierras.

Fuente: Corresponsal de PalestinaLibre.org en Jerusalén ocupada

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