Despedimos a Nissim Sharim, actor chileno de religión judía, opositor a la anexión israelí de Palestina

06 de noviembre de 2020

La Comunidad Palestina de Chile despide al actor chileno de religión judía Nissim Sharim, quien falleció el día de hoy, dedicando su vida al arte y también a la defensa de los derechos humanos.

Recordamos su oposición a la anexión de Cisjordania al régimen israelí en carta firmada por personalidades chilenas de creencia judía el pasado 25 de junio, diferenciándose así de aquellos que validan la colonización y ocupación de Palestina.

En la misiva mencionada los firmantes entre ellos el destacado actor y director de teatro afirmaban que “como chilenos/as judíos/as independientes consideramos que es nuestro deber sacar la voz: la anexión significaría la consolidación de una política sistemática de colonización y ocupación que históricamente ha atentado contra las reivindicaciones del pueblo palestino y la posibilidad de una coexistencia pacífica entre israelíes y palestinos”

En tanto, en el año 2014, durante la agresión del régimen sionista a la Franja de Gaza manifestó su rechazo y firmó una declaración pública junto “chilenos de raíces judía, palestina y de otros orígenes, comprometidos con la defensa irrestricta de los derechos humanos, la justicia y la libertad, nos sumamos a las voces del mundo que dicen: ¡No más! No hay argumento posible para negar y eliminar al otro. Nada justifica esta masacre”.

Nissim Sharim es hijo de inmigrantes, Elías Sharim (Líbano) , y de Fortuna Paz (Egipto), casado con Juana Kovalskys, argentina, y es padre de la actriz Paula Sharim.

Estudió su secundaria en el colegio Windsor School ingresando en 1957, lugar donde daría sus primeros pasos en el teatro. Durante su juventud, formó parte del movimiento juvenil Hashomer Hatzair, movimiento que lo marcaría por su ideología y que a su vez, fortaleció su vínculo con el judaísmo.

A sus 16 años, hace ingreso a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Tras abandonar sus estudios de leyes, se dedicó al teatro. En 1962 ingresó a la compañía de teatro Ictus, fundada en 1955.

Durante los años 1970 participó en el programa humorístico “La Manivela” de éxito en audiencia. Tras la finalización del programa se dedicó a realizar teatro y participar en películas. Durante los años 1980 fue rostro de una campaña publicitaria del Banco de Santiago que le encasillará por años como el personaje “Perico”, junto a la actriz Delfina Guzmán.

Tras el retorno de la democracia lo eligieron como parte del directorio de Televisión Nacional de Chile por cuatro años.

Desde la Comunidad Palestina de Chile, junto con lamentar su pérdida, envía sus condolencias al mundo del teatro, a su familia y amigos.

Fuente: Comunidad Palestina de Chile 

La guerra de palabras de la Crónica Judía contra los palestinos y sus partidarios

06 de noviembre de 2020

Aunque no lo creas, la Crónica Judía no siempre se ha visto siempre como un paño racista, anti-palestino y anti-musulmán. Bajo la propiedad de Asher Myers e Israel Davis entre 1878 y 1906, de hecho, el periódico incluso tuvo un período antisionista. Esto no fue tan inusual como algunos lectores pueden pensar. En esa época, y durante décadas posteriores, el sionismo fue una tendencia minoritaria muy pequeña en las comunidades judías europeas.

De hecho, se puede argumentar que los orígenes del sionismo político son más «cristianos» que «judíos». Sólo una vez que los planificadores británicos se dieron cuenta de la utilidad del sionismo para el imperialismo en Asia occidental comenzó el verdadero auge del movimiento, y fue bajo la tutela del Imperio Británico cuando comenzaron muchos de los líderes del movimiento sionista en Palestina.

De hecho, muchas de las personas que estaban detrás de las milicias sionistas comenzaron su entrenamiento en el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial, o en los «Escuadrones Nocturnos Especiales» de Gran Bretaña, que eran básicamente escuadrones de la muerte formados para reprimir la insurgencia palestina de 1936 contra la ocupación del mandato británico y el colonialismo sionista. Una brigada de infantería judía fue parte del ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial, reclutada de entre los judíos que ya habían emigrado a Palestina. Muchos pasaron a servir en las nacientes Fuerzas de Defensa de Israel.

Hoy en día, el mayor grupo pro-israelí por número de miembros en América parece ser el de los Cristianos Unidos por Israel (CUFI) de John Hagee. El grupo afirma actualmente tener más de seis millones de miembros. Si bien esa cifra puede ser cuestionable (hace sólo unos años afirmaba tener dos millones), no hay duda de que el CUFI tiene una gran base entre cierto tipo de cristianos evangélicos extremistas.

Tras la expulsión masiva del pueblo palestino en 1948 -descrita por algunos historiadores como «limpieza étnica»- y la fundación de Israel como un «Estado exclusivamente judío», el movimiento sionista logró convencer a la opinión pública de Occidente de que él, y sólo él, representa a «los judíos» o «la comunidad judía». La realidad es mucho más complicada. Muchos judíos hoy en día -y en número creciente- rechazan la pretensión de Israel de representarlos, y también rechazan la violencia sistémica del Estado y el racismo contra el pueblo indígena de Palestina.

En este sentido, entonces, estamos empezando a cerrar el círculo. La historia de David Cesarani sobre el Jewish Chronicles detalla cómo, bajo Myers y Davis, el periódico se opuso fervientemente al padre fundador del sionismo político, Theodor Herzl. El periódico «emergió como uno de los más amargos oponentes de Herzl», escribe Cesarani, y «luchó contra el sionismo herzliano en cada paso del camino».

La línea editorial del Jewish Chronicle se hizo eco de los principales oponentes ideológicos judíos al sionismo, que en ese momento eran muy mayoritarios dentro de las comunidades judías de Gran Bretaña.

Cuando Herzl reunió un congreso para fundar la Organización Mundial Sionista en 1897, el periódico «se horrorizó» y apoyó la exitosa protesta de un grupo de rabinos reformistas alemanes que impidieron que el congreso se celebrara en su país. Se vio obligado a reunirse en Basilea, Suiza.

Resumiendo la línea editorial del periódico, Cesarani escribe: «La misma noción de un Congreso ‘Internacional’ fue un insulto al patriotismo de los judíos de varias nacionalidades, y los antisemitas no han tardado en aprovechar las insinuaciones infundadas de que los judíos son ahora confesadamente antipatrióticos y poco entusiastas como ciudadanos de los estados en los que viven».

En otras palabras, el sionismo no sólo era un peligro para los palestinos, sino también para los judíos en sus países de origen en todo el mundo. Los acontecimientos posteriores han demostrado que este es el caso.

Sin embargo, bajo nuevos dueños, la Crónica Judía se volvió más tarde hacia el sionismo. A lo largo de la era de la «Guerra contra el Terror», ha hecho un cambio notable hacia lo que se llama el lado islamofóbico.

El actual editor del periódico es Stephen Pollard, que asumió el papel en 2008. Desde el principio del liderazgo del columnista del Daily Express, el periódico fue hostil al Partido Laborista, incluso a las tibias políticas del Nuevo Laborismo de Gordon Brown. También contrató a columnistas abiertamente antimusulmanes como Melanie Philips. Y se dedicó fanáticamente a Israel.

En su blog (ahora eliminado) sólo dos años antes de ser contratado por el Chronicle, Pollard había mostrado lo lejos que estaba de la derecha, publicando un «manifiesto» escrito «para preservar la civilización occidental» de la amenaza de los «islamistas». En él, insistía en que «la izquierda, en cualquier forma reconocible, es ahora el enemigo».

Este fanatismo de derecha llevó al periódico a una guerra abierta contra los laboristas bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn. Para sostener la mentira de que el partido bajo Corbyn se había convertido en un foso de antisemitismo, el periódico se esforzó cada vez más en hacer lo que mucha gente razonable vio como declaraciones difamatorias y calumnias, no sólo sobre el entonces líder laborista sino también sobre los miembros del partido y, de hecho, toda la izquierda británica.

Últimamente, el Jewish Chronicle ha estado pagando el precio de esta campaña. Una serie de victorias por calumnias y fallos del IPSO han sido ganadas por activistas del Partido Laborista (y más recientemente del Partido Verde).

Los palestinos y los musulmanes han sido sometidos al mismo tratamiento. Interpal, una organización benéfica que se centra en ayudar a los palestinos necesitados, fue calumniada por el periódico como financiadores «terroristas» y el año pasado se pagaron 50.000 libras esterlinas en daños y perjuicios a los fideicomisarios. El Jewish Chronicle también publicó sus disculpas.

En los últimos años han aumentado los informes sobre las crecientes dificultades financieras del periódico y la disminución del número de lectores. El cierre fue evitado recientemente después de una compra por un consorcio que incluía al periodista de la BBC John Ware. ¿Cuánto tiempo más podrá entonces el Jewish Chronicle mantener su costosa campaña contra el pueblo de la Palestina ocupada y sus partidarios?

Sobre el autor: Asa Winstanley, es editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004. 

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

La expansión de asentamientos israelíes hace que las Naciones Unidas se alejen de su cometido, como siempre

Una foto tomada en una aldea palestina en Nablus, que muestra un asentamiento israelí en la Ribera Occidental el 22 de junio de 2020 [JAAFAR ASHTIYEH/AFP/Getty Images]. 

06 de noviembre de 2020

Por Ramona Wadi 

La intransigencia de las Naciones Unidas con respecto a Israel difiere de las observaciones del portavoz especial Michael Lynk sobre la actual expansión de los asentamientos de Israel, entre otras cosas porque este último refuerza sus argumentos al proporcionar un cierto contexto colonial en lugar de permanecer atado al compromiso de los dos Estados. Tras el reciente anuncio de que Israel ha aprobado planes para construir aproximadamente 5.000 nuevas viviendas en los asentamientos, Lynk señaló que «la comunidad internacional observa, a veces se opone, pero no actúa».

De hecho, las Naciones Unidas y sus instituciones son ejemplos de observadores pasivos. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas en los territorios palestinos ocupados (OCAH) informó ayer que Israel demolió 76 estructuras de viviendas en Humsa Al-Bqai’a, desplazando a 73 palestinos. El informe también señaló que 869 palestinos han sido desplazados en lo que va de 2020, y pidió a Israel «que detenga inmediatamente las demoliciones ilegales». Es una típica declaración de la ONU sin dientes que Israel, por supuesto, ignorará.

Es demasiado simplista decir que Israel ha aprovechado el enfoque del mundo en las elecciones de EE.UU. para seguir adelante y destruir casi por completo un pueblo palestino entero. Nada ha impedido a Israel hacer cosas como estas antes, porque la comunidad internacional no se ha unido colectivamente contra el colonialismo. Todo lo que las Naciones Unidas han hecho es remitirse al derecho internacional mientras ayudan a Israel a violar la Ley, utilizando así su propio poder y la falta de responsabilidad para transferir la impunidad a la empresa colonial de los colonos en Palestina. Al igual que con su respuesta a la expansión de los asentamientos de Israel, las Naciones Unidas simplemente han evitado su deber, como de costumbre.

Lynk se ha distanciado de los halagos de la ONU sobre los acuerdos de normalización entre Israel y algunos Estados del Golfo, que ahora se están extendiendo a otros países árabes, como reveló en octubre el embajador de EE.UU. en Israel, David Friedman. «Mientras que Israel puede haber archivado sus planes para la anexión de facto de los asentamientos en agosto», advirtió el funcionario de la ONU, «continúa con la anexión del territorio palestino a través de este implacable crecimiento de los asentamientos».

La anexión se ha pospuesto hasta que se completen los acuerdos de normalización árabes con Israel. Declaraciones como las de la semana pasada sólo validan la estrategia del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, que fue difundida repetidamente en los medios de comunicación israelíes pero nunca fue cuestionada políticamente por la Autoridad Palestina. De hecho, la AP sólo expresó sus objeciones cuando su abandono por los antiguos aliados regionales se hizo evidente. Una vez más, no hay que admirar la lucha no edificante de los dirigentes palestinos por abrazar el paradigma de los dos Estados. Esa «solución» confiere legitimidad a decenios de expansión colonial israelí y sólo busca una rendición de cuentas parcial, algo que Israel y la comunidad internacional pueden descartar fácilmente.

La distinción entre la anterior expansión de los asentamientos de Israel y la nueva ola es superficial. La primera empresa colonial del sionismo, que fue legitimada como un Estado y reconocida por la comunidad internacional, está libre de críticas, y mucho menos sujeta a la rendición de cuentas. En lo que respecta a la ONU, la expansión de los asentamientos sólo se reconoce como una violación en relación con el compromiso de dos estados que defiende. En cuanto a la anexión de facto a la que Lynk se refirió, la ONU prefiere permanecer en silencio hasta que el territorio sea formalmente robado. Sólo entonces pueden los palestinos esperar algún tipo de declaración que, una vez más, lamentará la amenaza a la política de «dos estados» pero ignorará la muy real amenaza existencial para el pueblo de la Palestina ocupada.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

 

Sionismo: sobre mitos, declaraciones y crímenes

Fuentes: Rebelión
 

A 103 años de la Declaración Balfour, reflota con más fuerza aún, el traer para conocimiento general, uno de los grandes mitos del sionismo, que para justificar su presencia colonizadora y ocupante en tierras palestinas, apela a que cierta divinidad, por considerarlos elegidos, les habría prometido una tierra. Ello, en una idea más propia de una concepción del protestantismo evangélico que del judaísmo.

Resulta inverosímil asignarle algún grado de seriedad a este tipo de argumentos, sobre todo si consideramos que esa tierra, Palestina, estaba habitada hace miles de años por diversos pueblos, entre los que destacaba, mayoritariamente y en forma permanente, el pueblo palestino. Los hebreos fueron uno de los pueblos, que en sus incursiones militares estuvieron en la zona, donde en un periodo de tres siglos desarrollaron el poblamiento de ciertos sectores, para luego desaparecer históricamente en el trasiego de guerras, invasiones, destrucción y asimilación.  Lo significativo es que los actuales colonizadores y ocupantes de Palestina no tienen relación alguna con esos habitantes, ya que se trata de extranjeros, gran parte de ellos europeos, tanto del centro como de Europa oriental y que en el transcurso de la colonización posterior a mayo del año 1948, cuando se funda la entidad sionista bajo la denominación de Israel, generaron una inmigración con etíopes, árabes y hasta latinoamericanos de creencia judía.

Historiadores israelíes, como Shlomo Sand, hablan en sus obras, no sólo de la invención de lo judío, sino también de la invención de la tierra de Israel, en la idea de desmontar esos mitos que suelen cubrir la presencia de extranjeros de creencia judía y hasta ateos sionistas en Palestina, con toda esa carga de prejuicios, supremacismo y racismo con que suele ir acompañada. Shlomo Sand destroza en su libro “La Invención de Israel” el concepto de cierto derecho histórico-religioso esgrimido para justificar la usurpación de tierras palestinas en una mezcla entre concepciones evangélicas (en lo religioso) y el sionismo (en el marco político oportunista que tal hecho genera) Para Sand “esta invención hizo posible la colonización de Oriente Próximo y la creación de Israel pero constituye también la más seria amenaza a su propia existencia como hogar nacional judío”.

Una conceptualización del concepto patria, que pasa por encima de los derechos de millones de seres humanos. Creando una amalgama de ideas, mitos, relatos, fábulas, narraciones religiosas para ir formando una idea de etnicidad, que contará con el apoyo invaluable, primero de potencias como el Imperio británico y posteriormente, el mundo occidental y sus crisis de conciencia tras el fin de la segunda guerra mundial y el papel activo del imperialismo estadounidense. Apoyo, que va a fijar la obra de las potencias occidentales, de enquistar una punta de lanza hegemónica, en el Levante Mediterráneo en general y Palestina en particular. Ello permitiría sentar las bases para la geopolítica de un sionismo, que con avidez, incrementa un proceso de instalación interna, generando una política de rapacidad en base a objetivos de expansión concordados con el aval y apoyo de las potencias occidentales, no sólo en Palestina, sino que en el conjunto de Oriente Medio. Una política destinada a la apropiación de recursos naturales, vías de distribución y comercialización de recursos energéticos y el control de las rutas marítimas que permitieran el dominio general: Estrecho de Ormuz, Bab al Mandeb y el Canal de Suez.  

Todo lo mencionado, bajo la fabulación de contar “con un hogar nacional judío” en una tierra prometida, que hiciese posible establecer esa tierra de promisión a un ficticio pueblo judío. Y hablo de imaginario, a partir de las propias ideas desarrolladas por Shlomo Sand y otros múltiples investigadores de la vertiente de los “nuevos historiadores israelíes” que escapa de los mitos y se adentra en la expresión de hechos, acciones, realidades y no fábulas. En un párrafo brillante sobre esta afirmación del libro de Sand “la Invención de lo judío” se señala que “Todo moderno Estado-nación cuenta con una narración de sus orígenes, transmitida tanto por la cultura oficial como por la popular; entre tales historias nacionales, sin embargo, pocas han sido tan escandalosas y controvertidas como lo es el mito nacional israelí. El muy conocido relato de la diáspora judía del siglo I d.C. y la reivindicación de una continuidad cultural y racial del pueblo judío hasta el día de hoy, resuenan más allá de las fronteras de Israel. Pese a su abusivo empleo para justificar el asentamiento de judíos en Palestina y el proyecto del Gran Israel, se han realizado muy pocas investigaciones académicas sobre su exactitud histórica”.

Para aquellos, que en la versión castellana del libro tuvieron la valentía de publicarlo a pesar de las presiones del sionismo resulta evidente que “En este valiente y apasionado libro, Shlomo Sand demuestra que el mito nacional de Israel hunde sus orígenes en el siglo XIX, no en los tiempos bíblicos en los que muchos historiadores judíos y no judíos reconstruyeron un pueblo imaginado con la finalidad de modelar una futura nación. Sand disecciona con la minuciosidad de un forense la historia oficial y desvela la construcción del mito nacionalista y la con­siguiente mistificación colectiva”.

Resulta  a todas luces una contradicción hablar de una divinidad dadivosa, derechos de propiedad  entregados por esta según criterios de preferencia étnica, junto a objetivos políticos de “retornar” a una tierra a una tierra, que ni siquiera pueden demostrar  que se tiene algún vínculo con ella, más allá de mitos, fabulas y cuentos propios de la filmografía  sionista – lo que denominaré de ahora en adelante Sioniswood, que ha tenido una enorme expansión de la mano de los grandes conglomerados cinematográficos, televisivos y medios impresos. Todos ello en ayuda de la consolidación de esta visión “sionista-judía” del mundo apoyada por un protestantismo evangélico, que sirve de soporte a esta verdadera puesta en escena de hacernos creer que colonizadores y ocupantes de palestina lo hicieron porque se trataba de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Falacia vergonzosa y que se consolida en virtud de una historiografía dominada por ese sionismo, que invisibiliza al pueblo palestino, su historia, cultura, comidas, vestuario, arqueología, su desarrollo como pueblo que durante miles de años ha poblado el Levante Mediterráneo.

Un documento destructivo

Es en este conjunto de argumentos y ejemplos dados, el que permite afirmar que la Declaración Balfour, cuya carta original cumple 103 años, ha sido una herramienta política, que ayudó a consolidar una idea falsaria sobre el territorio y sobre las aspiraciones de dominio de un sionismo europeo junto a los afanes de dominio del imperio británico primero y el imperialismo estadounidense, con posterioridad al fin de la segunda guerra mundial. Esta declaración, expresada en forma de una carta va a fortalecer en forma gigantesca, el plan sionista de colonizar Palestina y avanzar en la idea de crear un “hogar nacional judío” que será realidad a costa de los derechos de millones de palestinos, población nativa de este territorio. Balfour y su apoyo al sionismo es un antecedente ominoso y que expresa la injerencia europea en la determinación de dar manga ancha a multimillonarios alemanes, ingleses, franceses y europeos orientales de ideología sionista, que va a servir de punta de lanza y defensor de los intereses occidentales en Oriente Medio.

La Declaración Balfour constituye la manifestación escrita de intenciones que refiere, en específico, a una misiva enviada por el Secretario de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour al Barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía de Gran Bretaña e Irlanda, el día 2 de noviembre del año 1917, para que el contenido de ella fuera conocida y discutida en el seno de la Federación Sionista. Dicha carta señala “Estimado Lord Rothschild. Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él. El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.  Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista. Sinceramente suyo, Arthur James Balfour”.

Y mencionó lo falsario de su contenido – como lo he hecho cada vez que me refiero al papel de Balfour – pues precisamente, el mismo Arthur James dos años después, en enero del año 1919 señala, con toda la hipocresía que se manifiesta en dichas cartas, las verdaderas intenciones del sionismo y los intereses estratégicos del imperio británico. La realidad demostró que los deseos manifestados por Balfour en la carta de noviembre del año 1917, respecto a que “se respetaría y no se perjudicarían los derechos civiles y religioso de las comunidades no judías existentes en palestina” eran simple impostura y un apoyo decidido al Movimiento sionista, para comenzar un proceso de colonización de tierras en Palestina. El mismo Balfour, que hablaba de respeto y no perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina sostuvo, en su segunda carta al gobierno británico «En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país… Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, y el sionismo, bueno o malo, correcto o incorrecto, está anclado en antiquísimas tradiciones, en necesidades actuales y en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que los deseos o preocupaciones de los 700.00 árabes que ahora habitan esta antigua tierra».

Deseo reiterar una idea, que no puede tener interpretaciones y lo afirmó con pleno convencimiento. La historia así lo avala y el hecho permanente, que bajo el macro de la declaración Balfour, una ideología como la sionista, Israel ha hecho suya una política de racismo, apartheid y crímenes contra el pueblo palestino. En relatos anteriores sostuve y lo reafirmo en este año 2020, ciento tres años después que el Sr. Balfour  clavara un puñal en la espalda del pueblo palestino y de Asia occidental en general que “Gran Bretaña, en un absurdo histórico, en una decisión abusiva y criminal prometió entregar un territorio que no era de su propiedad a terceros – judíos europeos – cuyo vínculo con la región era inexistente- Ello implicó avalar un plan de colonización, que en esencia llevaba el signo del racismo. Poblando con extranjeros una tierra habitada, expulsando a la población nativa residente y creando las bases del actual sistema de apartheid que rige en la Palestina histórica y aún más en los territorios palestinos ocupados y bloqueados de Cisjordania y la Franja de Gaza”

La Declaración Balfour sirvió como marco para que el sionismo acrecentara su ambición y apetito territorial y llevara adelante allí sus planes de instalación, para aquellos que se convirtieron en creyentes enajenados de un mito, que hizo práctica el control y expolio del territorio palestino. Ideología que comienza a tejer también la falsificación histórica que hiciera pensar al mundo que ellos – civilizadores occidentales con derechos de propiedad otorgados por una divinidad – lo que hacían en su discurso de convencimiento, no era colonizar, invadiendo tierras, segregar y usurpar, sino que, simplemente, ocupaban una tierra estéril, sin población – aunque en ella habitaran 700 mil palestinos, con tierras, cosechas, con familias que hundían sus raíces hasta el principio de la historia. Un mito en todo el sentido de la palabra, que hasta el día de hoy enseñan como dogma de fe apoyándose en excavaciones arqueológicas, para demostrar su mito religioso, en procesos de aplastamiento cultural del pueblo palestino.

Todo lo mencioando tuvo su proceso catalizador con la Declaración Balfour, usada como eje de las exigencias legales y políticas sionistas que exhibía esta proclamación, como aquellos conquistadores españoles, que mostraban en tierras que llamarían americanas, el denominado Requerimiento de Palacios Rubio a indígenas que nada sabían de estos extranjeros que venían allende los mares a sostener que esas nuevas tierras – les pertenecía por derecho divino a la Monarquía española. Un requerimiento mortífero, tal como es esta Declaración Balfour considerado por Walid Khalili, miembro del instituto de Estudios Palestinos como “El documento político más destructivo del siglo XX para el Medio Oriente”.

Cedido por www.segundopaso.es

UE exige a Israel el cese de la demolición de casas palestinas

Foto: fuerzas israelíes demuelen una casa palestina en la ocupada Cisjordania, 2 de septiembre de 2020. (Foto: AFP)

06 de noviembre de 2020

La Unión Europea (UE) pone énfasis en la necesidad de que el régimen israelí cese la demolición de las casas de los palestinos en el valle del Jordán.

El portavoz de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Peter Stano, ha denunciado que esta semana las fuerzas israelíes demolieron más de 70 estructuras, incluidas instalaciones residenciales, pertenecientes a 11 familias palestinas con 41 niños en Khirbet Hamsa al-Foqa, en el norte del valle del Jordán.

Mediante un comunicado emitido este jueves, ha dicho que esto se suma a la amenaza de demolición de 52 escuelas palestinas en los territorios ocupados, pues el bloque comunitario pide la protección de los menores, incluyendo la garantía de su derecho a la educación, “un derecho humano básico”, en un entorno seguro.

“Estos desarrollos constituyen un obstáculo para la solución de dos Estados. La UE reitera su llamamiento a Israel para que detenga todas estas demoliciones”, ha enfatizado el aludido vocero.

La nota subraya que la solicitud resulta imprescindible, particularmente ahora, que el pueblo palestino sufre el impacto de la pandemia del nuevo coronavirus, causante de la COVID-19.

Desde su creación ilegal en 1948, el régimen israelí ha destruido cerca de 166 000 viviendas palestinas, dejando sin hogar a alrededor de un millón de personas, según informó en pasado octubre el Centro de Investigación de las Tierras, organización afiliada a la Asociación de Estudios Árabes en Al-Quds (Jerusalén).

A su vez, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) denuncia que, en medio de la crisis sanitaria, Israel demolió entre marzo y agosto de 2020 unas 390 estructuras de propiedad palestina en la ocupada Cisjordania, en promedio, 65 por mes, lo cual constituye la tasa de destrucción promedio más alta en cuatro años.

Fuente: HispanTV 

 

Fuerzas israelíes dejan a 43 niños sin hogar tras arrasar aldea palestina, dice la ONU

Foto: un niño palestino, cuya casa de campaña fue destruida, se encuentra fuera de una tienda en Khirbet Humsah en el Valle del Jordán en la Cisjordania ocupada por Israel.

06 de noviembre de 2020

Las autoridades israelíes destrozaron casas, refugios para animales, letrinas y paneles solares, gran parte de ellos donados como asistencia humanitaria.

La representación de la ONU en los territorios palestinos ocupados denunció este miércoles (04.11.2020) la demolición por parte de Israel de un pueblo beduino de Cisjordania que ha dejado sin hogar a 73 personas, incluidos 43 menores, en plena pandemia de coronavirus.  

«Las agencias humanitarias visitaron (hoy) la comunidad y contabilizaron 76 estructuras demolidas, más que en cualquier otra demolición de la última década», indicó la coordinadora humanitaria interina de la ONU en los territorios, Yvonne Helle.  

Helle remarcó que la «destrucción generalizada de bienes y el traslado forzoso de personas protegidas en un territorio ocupado son violaciones graves de la Cuarta Convención de Ginebra».  

Westjordanland Palästina Obdachlosigkeit Zerstörung Dorf (Raneen Sawafta/REUTERS)

Un bebé palestino, cuya casa de campaña familiar fue destruida, yace en una cama en una tienda de campaña en Khirbet Humsah.

Comunidades beduinas del Valle del Jordán

El pueblo de Humsa Al Bqaia es una de las 38 comunidades beduinas del Valle del Jordán, fronterizo con Jordania, que se dedican a la ganadería como medio de supervivencia y cuyas viviendas suelen ser estructuras temporales, de metal. 

«Estas son algunas de las comunidades más vulnerables de Cisjordania, con acceso limitado a los servicios de educación y salud, y a la infraestructura de agua, saneamiento y electricidad·, remarcó Helle. 

La ONG israelí Betselem denunció también la demolición y valoró que «Israel ha introducido una legislación militar que facilita su política de expulsar a los palestinos de las zonas de Cisjordania para apoderarse de la tierra».  

«La falta de permisos de construcción emitidos por Israel se suele citar como una razón, aunque, debido al régimen de planificación restrictivo y discriminatorio, los palestinos casi nunca pueden obtener dichos permisos», apuntó también la ONU.  

Westjordanland Palästina Obdachlosigkeit Zerstörung Dorf (Raneen Sawafta/REUTERS)

Los pájaros vuelan sobre el sitio de las casas de campaña palestinas destruidas y los refugios de animales.

La UE condena destrucción de viviendas y escuelas palestinas

Por su parte, la Unión Europea condenó la política israelí de destruir viviendas palestinas y la amenaza de demoler también escuelas en la zona ocupada de Cisjordania, gestos que calificó como «un obstáculo a una solución de dos Estados».   

En su declaración, firmada por el portavoz del jefe la diplomacia de la UE, Josep Borrell, la UE constató que la mitad de los palestinos que quedaron sin hogar en la demolición eran niños. 

«Esta demolición a gran escala reconfirma una vez más la lamentable tendencia de confiscaciones y demoliciones desde principios de año», señaló la nota. 

La declaración añadió que Israel también ha amenazado con demoler 52 escuelas palestinas, incluida una en Ras Al-Teen, en Cisjordania, que fue cofinanciada por la Unión Europea y los Estados miembros del bloque. 

«La UE pide la protección de los niños, incluida la garantía de su derecho a la educación en un entorno escolar seguro», apuntó el comunicado, que agrega que la educación es «un derecho humano básico». 

«La UE reitera su llamado a Israel para que detenga todas estas demoliciones, incluidas las estructuras financiadas por la UE, en particular a la luz del impacto humanitario de la actual pandemia de coronavirus», apuntó.

Fuente: dw.com

 

El olivo, dignidad y vida, o cómo las mujeres palestinas defienden su identidad y apego a la tierra

Foto: mujeres durante la campaña de recolección de la oliva en Gaza, Palestina

06 de noviembre de 2020

Por Haneen Harara

En Palestina el cultivo de la oliva representa una tradición y forma de vida amenazada por la localización de parte de los árboles en pasos fronterizos vigilados por fuerzas armadas israelíes y agravada ahora por la llegada de la COVID-19. 

Las mujeres rurales representan una cuarta parte de la población mundial y trabajan como empresarias, asalariadas o agricultoras, como el caso de las refugiadas de Palestina Mai Qodeih y Ahlam al-Sumairi.

Con la llegada de los vientos otoñales, el clima comienza a enfriarse y las agricultoras de Gaza se preparan para uno de los momentos más importantes del año: la recogida de los dátiles y de la aceituna. Se trata de un momento importante no solo en términos económicos, ya que estos árboles tienen unas raíces profundas en la cultura y tradición palestina. En esta época, las recolectoras cierran el círculo de la cosecha tras un año de siembra lleno de esfuerzo, que se ha visto afectado no solo por el bloqueo y la ocupación, sino ahora también por las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19.


En el campamento de refugiados y refugiadas de Palestina de Khan Younis, al sur de Gaza, las agricultoras miran ansiosas hacia el cielo, imaginándose, subiendo, paso a paso, por las palmeras. «Cuando miras hacia arriba mientras escalas, parece como si estuvieras yendo hacia un collar de diamantes morados», comenta Mai Qodeih. Ella, junto a Ahlam al Sumairi, refugiadas de Palestina de la aldea de Beersheba, forman parte del equipo de agricultoras que ayudan a mantener viva esta tradición.

En la cultura palestina, el olivo es un árbol bendecido y simboliza su apego a la tierra. Este árbol tarda hasta nueve años en crecer, por lo que su consumo no es inmediato, sino que se cultiva para las generaciones futuras; una metáfora que, para el pueblo palestino, representa la resiliencia al conflicto y la ocupación israelí. “Es una tradición que preserva la herencia de nuestros antepasados», agrega Mai con orgullo.

Cada otoño, las familias, vecinos y seres queridos de recolectoras como Mai y Ahlam, se reúnen bajo la sombra de los árboles para realizar la recogida de los frutos en un ambiente festivo en el que se celebra el amor a la tierra y el espíritu de equipo. Sin embargo, la proximidad de los árboles a la valla perimetral que separa Gaza de Israel dificulta la recolecta.

En la franja de Gaza, hay actividad militar en áreas de hasta 1,5 kilómetros de la valla y las agricultoras palestinas que intentan alcanzar los olivos en esas zonas se exponen a menudo a «disparos de advertencia» de las fuerzas israelíes. En este contexto, los olivos se convierten en objetivo militar con la capacidad de desestabilizar la economía nacional palestina. El trabajo en el campo se ha convertido en una actividad de alto riesgo que en ocasiones se lleva por delante la vida de los y las trabajadoras rurales.

A pesar de las dificultades, Ahlam, agricultora de 53 años, describe la temporada de la cosecha como una auténtica boda palestina “la temporada de recogida de la aceituna y del dátil la comenzamos acompañados de padres y jóvenes voluntarios, luego preparamos un desayuno palestino en un fuego de leña y completamos la recolección. Una parte de la aceituna la almacenamos y la otra parte la enviamos a la prensa para extraer el aceite”.

La llegada de la pandemia de COVID-19, que está arrasando en todo el mundo, no ha hecho más que sumar más dificultades a las ya existentes. Su impacto en el movimiento económico y social también ha llegado a Gaza, un enclave que depende en gran parte de la producción agrícola. El toque de queda como medida cautelar para evitar la propagación del virus paralizó toda actividad económica, incluyendo la agraria, lo que obstaculizó la recolección y puso en riesgo las cosechas. Las complicaciones coyunturales de la situación actual no son sino una traba más añadida a las regulares restricciones israelíes, cierres fronterizos y cortes de luz que dificultan aún más, si cabe, el almacenamiento de los productos y su exportación.

El valor cultural, patrimonial y nacional del olivo y del dátil se encuentra en el corazón y resiliencia de la población de Palestina que defienden sus propiedades, tradiciones y dignidad con su trabajo diario en el campo. La conexión con la tierra y con sus árboles forma parte de la personalidad palestina, algo difícil de explicar y que en muchas ocasiones se asemeja a la unión que tienen los miembros de una misma familia. El olivo forma parte de su núcleo, le cuidan como a un miembro más y cualquier ataque representa una ofensiva contra sus creencias, identidad y vida.

Fuente: https://www.eldiario.es/unrwa/olivo-dignidad-vida-mujeres-palestinas-defienden-identidad-apego-tierra_132_6292142.html

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