Julio Cortázar entrevistado por la Revolución Palestina

Foto: traducción y comentarios críticosde Shadi Rohana

03 de noviembre de 2020

Visto desde Latinoamérica, el número más interesante de la revista
palestina Al Karmel es el 3, del verano de 1981. América Latina tenía un lugar prestigioso en aquel número de la revista, que fue publicada por la Unión General de Escritores y Periodistas Palestinos y editada por el poeta Mahmoud Darwish desde las varias etapas de su exilio.

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Fuente: https://www.academia.edu/35598960/Julio_Cort%C3%A1zar_entrevistado_por_la_Revoluci%C3%B3n_Palestina?email_work_card=title

La nueva visión de la derecha israelí de la supremacía política judía

03 de noviembre de 2020

Fuentes: 972mag [Foto: Guardia de la policía fronteriza israelí mientras los colonos se paran en una azotea en el barrio judío de Netiv Ha Avot en Gush Etzion, 12 de junio de 2018 (Yonatan Sindel / Flash90)]

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

El éxito del proyecto colonial ha conducido a una población de judíos y palestinos entrelazados, reviviendo el problema que Israel trató de resolver mediante la expulsión en 1948. Ahora la prioridad de la derecha es la segregación.

Muchos comentaristas creen que durante la última década ha surgido una nueva tendencia dentro de la corriente dominante en la derecha política israelí, la nación, más que la tierra, está ahora en el centro del discurso de la derecha. El discurso territorial sobre el Gran Israel, que el Estado de Israel debe controlar la totalidad de la tierra desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, se ha debilitado a expensas de un discurso nacionalista y etnocéntrico. Y aunque la derecha de los colonos no inició esta narrativa, la ha impulsado considerablemente en los últimos años.

Esto se ha manifestado en la progresión de la legislación antidemocrática, la incitación contra los ciudadanos palestinos de Israel y las organizaciones y activistas de izquierda, y al enfatizar la idea del «Estado judío». Una serie de organizaciones de derecha, incluido el Instituto de Estrategia Sionista (2005), Im Tirzu (2006), The Jewish Statesmanship Center (2007), My Israel (2010), Kohelet Forum (2012) y otras que se formaron en la estela de la Segunda Intifada y la retirada de Gaza, contribuyó a este cambio. La culminación de este proceso fue la aprobación de la Ley del Estado-nación Judío en la Knesset en julio de 2018.

Algunos de la izquierda no sionista, así como algunos de la derecha israelí, afirman que no hay nada fundamentalmente nuevo en este discurso, ni siquiera en la propia Ley del Estado-nación judío: todo lo que hace la ley es anclar los principios del sionismo y los valores de la Declaración de Independencia en una Ley Fundamental. Hay algo de verdad en esto, el sionismo, tal como lo perciben sus exponentes desde sus inicios, es un movimiento establecido para servir al pueblo judío reuniendo a los judíos de la diáspora, la negación del exilio, el trabajo judío, la «redención» de la tierra y su colonización.

Todas las instituciones nacionales son, como su nombre lo indica, nacionales y no internacionales o universales. El proyecto sionista está comprometido con un grupo étnico-religioso bien definido, en un punto definido en el espacio y el tiempo. Por supuesto en eso el sionismo no es único: el compromiso de los movimientos nacionalistas en general es limitado y definido a priori, y por lo tanto la exclusión, marginación y separación del otro (sin mencionar la expulsión de ese otro) son inherentes a ellos y son sus subproductos. Para un grupo étnico-religioso-nacional la autodeterminación equivale, al menos potencialmente, a discriminación y exclusión en el mejor de los casos, o expulsión y limpieza étnica en el peor. Si hay algo único en el sionismo, es que la combinación de todos estos factores ha persistido durante un período de tiempo prolongado.

De hecho, la separación que subyace a la supremacía política judía en Israel ha existido siempre: en el Yishuv (el movimiento de colonias judías antes de la fundación del Estado); en las relaciones laborales; en la Histadrut (el mayor sindicato de trabajadores de Israel); en el despojo continuo de la tierra después del establecimiento del Estado y ciertamente en el Gobierno militar que siguió a su fundación, en el que Israel instituyó 20 años de un sistema legal separado y discriminatorio sobre los ciudadanos palestinos del Estado, incluidas las leyes Jim Crow, las restricciones al movimiento y la vivienda y otras leyes al estilo de Sudáfrica que se levantaron en 1966. Después vino el proyecto de colonias en los territorios ocupados después de 1967. Por lo tanto el argumento contra los oponentes a la Ley del Estado-nación Judío, presentado por la derecha y repetido por la izquierda no sionista, es de continuidad y coherencia, los gobiernos de derecha simplemente continúan en el camino de los padres fundadores.

Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu speaks with Israeli minister of Defense and leader of the Yamina party Naftali Bennett during a meeting with the heads of the right-wing parties, March 4, 2020. (Yonatan Sindel/Flash90)

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu habla con el ministro de Defensa israelí y líder del partido Yamina, Naftali Bennett, durante una reunión con los jefes de los partidos de derecha, 4 de marzo de 2020 (Yonatan Sindel / Flash90).

Aunque hay mucha verdad en estas afirmaciones, no explican por qué la Ley del Estado nación judío se promulgó 70 años después del establecimiento del Estado y no inmediatamente después. Tampoco explican por qué la narrativa nacionalista, que culmina en la Ley del Estado nación judío, podría señalar un nuevo umbral en una larga narrativa y práctica sionista.

Consagrar legalmente los privilegios judíos

La explicación común para el surgimiento de este nuevo discurso es que años de ocupación han debilitado los valores liberales en Israel y los gobiernos nacionalistas de derecha son más fuertes que nunca. Como tal, la derecha ahora puede implementar su ideología etnocéntrica y antiliberal y debilitar el carácter democrático de las instituciones del Estado.

Otra explicación sostiene que el discurso nacionalista sirve para apuntalar un nuevo proyecto electoral liderado por los partidos políticos de derecha. Según este punto de vista, este discurso nació del colapso de la ideología del Gran Israel en la década de 1990, cuando la mayoría de la población judía llegó a apoyar un compromiso territorial. La evacuación de las colonias de la Franja de Gaza en 2005 provocó una grave crisis ideológica en la derecha de los colonos (a pesar de que el proyecto de colonias en sí siguió desarrollándose). En esta realidad, el discurso nacionalista comenzó a reemplazar a la desgastada ideología territorial maximalista. Con este discurso la derecha está intentando formar una nueva base ideológica para una gran carpa política, mientras ataca la legitimidad política de la izquierda y de los ciudadanos palestinos de Israel mediante la incitación continua.

La lógica es simple: si ya no es efectivo hablar de la tierra indivisible (como perteneciente a los judíos), hablemos en cambio de la nación indivisible y marquemos enemigos externos e internos. Según este entendimiento, la ola de legislación antidemocrática, especialmente la Ley del Estado nación judío, sirve como propaganda que refuerza la unión de la derecha en torno a una agenda etnocéntrica. En otras palabras, la energía mesiánica-nacionalista se dirige hacia adentro en lugar de hacia afuera.

Hay otra explicación para la Ley del Estado nación judío, que culpa a los «Documentos de visión futura». Uno de estos documentos, publicado en diciembre de 2006 por destacados ciudadanos palestinos de Israel, pide al Estado que se deshaga de su identidad judía y se convierta en «un Estado de todos sus ciudadanos». Los demás documentos, publicados por diversos organismos que representan a ciudadanos palestinos de Israel, siguen líneas más o menos similares. Según el argumento estos documentos elevaron el nivel de las demandas de los ciudadanos palestinos y la Ley del Estado nación judío constituye una respuesta sionista a ellos.

Joint List head Ayman Odeh presents the party list to the election committee at the Knesset ahead of the national election, Jerusalem, January 15, 2020. (Olivier Fitoussi/Flash90)

El jefe de la Lista Conjunta, Ayman Odeh, presenta la lista del partido al comité electoral de la Knesset antes de las elecciones nacionales, Jerusalén, 15 de enero de 2020 (Olivier Fitoussi / Flash90).

Estas son explicaciones importantes, pero insuficientes. No abordan la profundidad estructural del sionismo como un movimiento colonial, para lo cual la Ley del Estado nación judío marca una nueva fase. El nuevo discurso nacionalista/etnoreligioso, y en particular la nueva ley, que ha sido asiduamente promovida durante muchos años, no es simplemente una repetición de la historia o su continuación directa. No son meras expresiones de tendencias antiliberales y etnocéntricas habilitadas por el fortalecimiento de la derecha o una mera reacción a los documentos de visión de los palestinos. Y no están simplemente destinados a crear más prejuicios políticos o redefinir los límites de la legitimidad política.

Más bien constituyen una innovación en el proyecto político de la derecha israelí, al servir a la necesidad de consagrar activa y legalmente los privilegios judíos, a pesar de que estos existen de todos modos, y darles un nuevo marco y anclaje constitucional. Este esfuerzo ha logrado reunir a una parte significativa de la población judeoisraelí.

Durante el período del Mandato Británico, así como durante el Gobierno militar israelí sobre los ciudadanos palestinos de Israel, la separación entre las poblaciones judía y árabe fue «natural», un subproducto del hecho de que el asentamiento judío se desarrolló desde el principio como una sociedad cerrada con un orden político separado de su entorno nativo. En los primeros años de Israel no había necesidad de «implementar la separación» porque había existido desde el principio. Este era un hecho a priori y no se necesitaba ninguna ley para proclamarlo. Hasta el día de hoy hay un sinfín de políticas de separación que actúan en simbiosis y, a lo largo de los años, no ha sido necesario apuntar a un principio primordial como base. Por ejemplo, en 1965 la Corte Suprema afirmó la inhabilitación del movimiento palestino Al Ard para presentarse a las elecciones, aunque ninguna ley autorizaba al Comité Electoral Central de Israel a llevar a cabo esto. La naturaleza judía del Estado se consideró axiomática y no requirió declaración legal.

Sin embargo hoy las viejas herramientas que sirvieron para mantener la supremacía política judía ya no son suficientes y existe la necesidad de una separación activa y una legitimación activa. La separación ya no es el resultado de la historia, más bien debe estar inscrito en el cuerpo político por la ley y la política y debe hacerse cumplir.

Para comprender qué ha cambiado y por qué ahora se requiere la separación activa, tenemos que examinar la historia del concepto mismo de separación, que formó la base del privilegio judío en la política israelí.

La ilusión del paradigma de dos estados

En sus décadas iniciales el Estado judío se esforzó por contener en sus márgenes a los palestinos que se convirtieron en sus ciudadanos. Al principio el Estado intentó deshacerse de ellos, primero mediante expulsiones y luego impidiendo su regreso. Estas actividades continuaron hasta finales de la década de 1950. La masacre de Kufr Qasem en 1956 es solo un recordatorio de ellas.

Tuvieron que pasar cien años de enfrentamiento entre el proyecto de colonización sionista y los palestinos antes de que se pensara realmente en la posibilidad de una resolución, en la forma de los Acuerdos de Oslo. En cierto sentido este proceso ya había comenzado con las derrotas palestinas en las guerras de 1948 y 1967. Continuó con la posterior derrota relativa de Israel en la Guerra de Yom Kippur de 1973, que mostró los límites del poder militar israelí y la Primera Intifada, que comenzó a fines de la década de 1980, cuestionó la imagen de superioridad moral de Israel. Estos eventos prepararon el terreno para un compromiso, o eso se pensó. Por poco tiempo, desde principios de la década de 1990 hasta principios de la era de Netanyahu en 2009, pareció posible hablar del derecho a la autodeterminación para ambos pueblos y la solución de dos estados pareció estar a la mano.

La noción de “dos estados para dos pueblos” que echó raíces en la conciencia colectiva israelí como una solución óptima, realista e implementable al conflicto creó una ilusión de separación entre las dos poblaciones, como si fueran entidades políticas separadas. Aunque esta separación se implementaría por completo en algún momento en el futuro y se pospuso repetidamente, los israelíes sintieron que el paradigma de dos estados implicaba que los palestinos en los territorios ocupados estaban «allí», al otro lado de la frontera, en el camino a su Estado independiente con un himno, una bandera y cárceles independientes, fuera de “nuestra” responsabilidad (es decir, del colectivo nacional judío-israelí). La decisión de Israel de restringir la libertad de movimiento de los palestinos entre los territorios e Israel durante la Primera Intifada y el establecimiento de la Autoridad Palestina de conformidad con los Acuerdos de Oslo contribuyeron a esta experiencia de separación

Con la promesa de la preservación de una mayoría judía dentro de las fronteras del 67, aunque a través de una solución futura aún no implementada completamente en el terreno, parecía más fácil para Israel avanzar, aunque fuese lenta y tentativamente, por el camino liberal en su actitud hacia los ciudadanos palestinos. Esta tendencia se expresó en la «revolución constitucional» y las políticas del Gobierno de Rabin a principios y mediados de la década de 1990 fortalecieron el aspecto «democrático» de la ecuación «judío y democrático» y comenzaron a promover el estatus de los palestinos como ciudadanos con los mismos derechos, aunque solo fuese de manera retórica.

Uno de los síntomas de esta tendencia fue el fallo Ka’adan de la Corte Suprema de 2000, que estipuló que el arrendamiento de tierras solo a judíos constituía una discriminación ilegal. Fue un veredicto insatisfactorio en sus detalles, que fue demasiado poco, demasiado tarde, no se implementó y no cambió las políticas territoriales de Israel. No obstante, era una señal, por débil que fuera, del potencial para provocar cambios, por mínimos que fuesen, en diferentes circunstancias futuras. Pero incluso esto era insoportable para muchos israelíes judíos.

Palestinian citizens of Israel march to commemorate the killing of 13 protesters by Israeli police in October 2000, Sakhnin, October 1, 2015. (Omar Sameer/Activestills.org)

Ciudadanos palestinos de Israel marchan para conmemorar el asesinato de 13 manifestantes por la policía israelí en octubre de 2000, Sakhnin, 1 de octubre de 2015. (Omar Sameer / Activestills.org)

Esa era, que fue de optimismo parcial para los ciudadanos palestinos y para los derechos humanos y civiles en Israel, continuó hasta principios del siglo XXI, cuando estalló la Segunda Intifada durante el gobierno de Ehud Barak y la policía israelí mató a tiros a 13 ciudadanos palestinos mientras protestaban en octubre de 2000. Este evento marcó una nueva ruptura con respecto al lugar de los palestinos en la sociedad israelí. Unos años después, con Netanyahu a la cabeza, se desarrolló una tendencia a incitar continuamente a los ciudadanos palestinos de Israel, y el cauteloso optimismo se evaporó.

De la separación a la segregación

Después del fracaso de alcanzar un acuerdo permanente a través de los Acuerdos de Oslo, se produjo el colapso de la cumbre de Camp David en 2000 y la declaración de Barak de que «no hay socio para la paz». Luego vino la retirada de Gaza en 2005, seguida del ascenso de Hamás en la franja, el nuevo mandato de Netanyahu como primer ministro en 2009 y el ascenso de sus gobiernos de derecha a lo largo de la década siguiente. El paradigma de los dos estados se fue debilitando progresivamente y se podría afirmar que nunca tuvo una oportunidad real.

El desmoronamiento de la idea de los dos estados y el desdibujamiento de la Línea Verde llevaron a una entidad geopolítica única de facto en la que ambas poblaciones se mezclan hasta cierto punto. La clara distinción entre los palestinos «allí» y los judíos israelíes «aquí» se volvió confusa. Antes la solución de dos estados creaba la ilusión de separación en dos entidades independientes y alejaba a los palestinos de la conciencia política israelí. Ahora, incluso esta sensación de «calma» disminuyó. Antes se podía afirmar que los palestinos en los territorios se dirigían hacia su propio Estado separado e independiente, ahora, ha quedado claro que los territorios están aquí, en un Gran Israel de facto, y también lo están los palestinos.

Dos grupos ocupan hoy un lugar destacado entre el Jordán y el Mar Mediterráneo: los ciudadanos palestinos de Israel y los colonos judíos en Cisjordania. Los ciudadanos palestinos que lograron quedarse a pesar de la Nakba vivieron durante años al margen de la política israelí, que toleraba su presencia marginal. Durante algún tiempo no se requirió una separación institucionalizada. Sin embargo, durante los últimos 20 años, ganaron poder en la Knesset, en la escena política y en la economía. Pudieron utilizar herramientas legales en su lucha, que es un éxito importante, aunque limitado.

En esta situación, un Estado que otorga un estatus privilegiado a los judíos ya no se considera un fenómeno evidente en sí mismo. Los colonos judíos, por su parte, fortalecieron su presencia en los territorios ocupados y ya no son habitantes marginales o temporales. Cuanto más se percibe como natural su presencia en los territorios, más traen los territorios a Israel, creando una nueva unidad geográfica.

Todo esto parecería la realización del sueño de los movimientos de colonos de derecha: la visión de un Gran Israel completo y unido, de facto si no de iure. Pero la derecha israelí ha tenido que pagar un precio significativo por este éxito, en este espacio unificado (unificado solo para los judíos porque los palestinos no pueden moverse libremente dentro de él), la mayoría judía ya no es evidente. El proyecto de colonización trajo de vuelta el problema que el sionismo resolvió mediante la expulsión en 1948.

Ahora corresponde a los colonos de derecha proporcionar una respuesta a la mezcla de poblaciones que amenaza al Estado judío y ofrecer una perspectiva positiva para los años venideros. Expulsar a los palestinos de los territorios ya no es una opción que pueda discutirse abiertamente; tampoco se puede ofrecer a los palestinos la ciudadanía plena (aunque esta posibilidad pueda ser discutida por razones de propaganda). La primera posibilidad es insostenible debido a la presión internacional, la segunda debido a los judíos. Estamos atrapados en la situación que existía durante el Mandato Británico, una entidad geopolítica con dos pueblos mezclados. Esta vez, sin embargo, no estamos bajo el Mandato, sino bajo el dominio israelí.

Prime Minister Benjamin Netanyahu delivers a statement to the press regarding implementing Israeli sovereignty over the Jordan Valley and it's Jewish settlements, in Ramat Gan on September 10, 2019. (Hadas Parush/Flash90)

El primer ministro Benjamin Netanyahu ofrece una declaración a la prensa sobre la implementación de la soberanía israelí sobre el Valle del Jordán y sus colonias judías, en Ramat Gan el 10 de septiembre de 2019 (Hadas Parush / Flash90).

Todo esto ayuda a aclarar el papel del nuevo discurso nacionalista/etnorreligioso, es un discurso de segregación. Según la concepción sionista prevaleciente en Israel, la legitimidad del privilegio judío dentro de las fronteras del 67 se basaba en gran medida en la existencia de una mayoría judía, creada por la expulsión, la huida y la prevención del regreso de los palestinos. También se basó en un orden político con características democráticas, aunque todavía limitado, discriminatorio y desigual.

Sin embargo, con el desmoronamiento del paradigma de los dos estados, el desdibujamiento de la Línea Verde y el esfuerzo continuo por extender el Estado judío a la totalidad del Gran Israel, la derecha de los colonos ve la necesidad de conceptualizar los privilegios judíos, esta vez dentro de un marco que evidentemente no existe. Régimen democrático entre el río y el mar, que se espera esté basado en una minoría judía. La expulsión de 1948, que supuso una solución al problema demográfico, ya no es factible, por lo que surge la necesidad de instaurar un régimen de apartheid novedoso. La Ley del Estado nación judío encarna el núcleo de este intento.

En contraste con el discurso clásico del Gran Israel, centrado en «unificar» dos regímenes separados en dos extensiones de tierra separadas, Israel y los territorios ocupados, el nuevo discurso es un intento de impulsar la segregación legal de dos poblaciones entremezcladas en el mismo marco territorial. Por lo tanto, esta narrativa y la legislación que la acompaña no solo son una respuesta al colapso de la ideología del Gran Israel, sino también un intento de lidiar con el enorme éxito del proyecto de colonización, que resultó en una unidad territorial unificada. La segregación inspirada por la ley no es una división entre «aquí» y «allí», sino entre «nosotros» y «ellos», entre judíos y palestinos, sin importar dónde vivan entre el Mediterráneo y el río Jordán. No se basa en dividir el territorio en dos territorios, son de dividir a dos pueblos en un mismo territorio.

Es cierto que el paradigma de dos estados también es un paradigma de separación, pero es una separación de dos marcos políticos distintos. El apartheid, por otro lado, separa a las poblaciones que comparten un territorio dentro de un marco político soberano integral. Al actuar dentro de una entidad unificada, dicha separación es quirúrgica, es decir, violenta y destructiva.

La Ley del Estado nación judío, una encarnación de gran alcance de la nueva narrativa nacionalista, es diferente de todas las leyes anteriores porque vincula dos tipos de segregación: la separación entre ciudadanos judíos y palestinos de Israel y la separación entre colonos judíos, que son ciudadanos y no ciudadanos palestinos que viven en los territorios ocupados. Como tal, la cuestión del Estado democrático judío y la del Gran Israel -la cuestión interna y la cuestión externa- se convierten en dos aspectos del mismo proyecto: legitimar el privilegio de los judíos sobre los palestinos entre el río y el mar.

Un régimen único y antidemocrático

En enero de 2020, poco más de un mes antes de las terceras elecciones de Israel en el espacio de un año, Donald Trump y Benjamin Netanyahu dieron a conocer su plan de anexión. Dado que esta es una desviación significativa de la estrategia de gestión de conflictos de Netanyahu, una estrategia que por su propia definición no tiene como objetivo terminar el conflicto, ¿encaja el plan en la tesis descrita anteriormente?

A pesar de que el plan surgió de dos derechistas descarados con una mentalidad colonial, sus detalles se extraen de los del campo de centro izquierda durante los años de Oslo. En última instancia, el plan habla de un «Estado palestino» y de no desarraigar a un solo palestino, y trata a Cisjordania y Gaza como una sola entidad. Habla de soberanía, por incompleta e imperfecta que sea, para una entidad palestina.

En realidad, el plan habla claramente de apartheid. Propone una separación geográfica entre el territorio israelí y el territorio de la Autoridad Palestina; sin embargo necesitamos distinguir aquí entre la segregación dentro de un todo y la separación de dos estados independientes. La segregación asume que existe una única estructura administrativa, legal, constitucional y conceptual que distingue entre diferentes grupos dentro de una sola unidad territorial / política. La separación, por otro lado, involucra a dos entidades políticas independientes que operan de manera independiente y existen en espacios políticos y geográficos separados. El plan de Trump aparentemente habla de separación y un Estado palestino, pero de hecho presenta algo que se parece más a la segregación bajo un solo régimen.

Jewish settlers wearing costumes take part in the annual parade marking the Jewish holiday of Purim in the Hebron settlement in the occupied West Bank, March 1, 2018. (Hadas Parush/Flash90)

Colonos judíos vestidos con trajes participan en el desfile anual que marca la festividad judía de Purim en el asentamiento de Hebrón en la ocupada Cisjordania, 1 de marzo de 2018 (Hadas Parush / Flash90).

Dejando de lado, por un momento, el hecho de que el plan propuesto estaba esencialmente al servicio de Netanyahu y Trump, que muy bien podría ser historia en un futuro cercano, podemos identificar su dependencia de los principios básicos del discurso de la nueva política nacionalista/etnorreligiosa. Con el desdibujamiento de la Línea Verde y el regreso de la amenaza demográfica, la lógica de la separación de los palestinos ha sido abandonada y reemplazada por la lógica de un régimen segregacionista. Es un régimen en el que un grupo domina claramente a otro, en el que esa dominación es integral y permanente, en lugar de temporal y basada en la seguridad. Y que es mantenido por un sistema legal y reforzado por un Estado violento y poderoso.

Esta lógica dominante y el hecho de que el plan prevé la segregación, no la separación, es evidente al mirar el mapa incluido con la propuesta. La entidad palestina está rodeada por todos lados por la soberanía israelí, en el aire y en el suelo, desde el norte, sur, este y oeste. La segregación basada en el origen étnico, la religión y la nacionalidad, más que en el territorio, se complementa con otros dos aspectos del plan que reflejan la desaparición de la Línea Verde, el trato a los colonos y a los ciudadanos palestinos en Israel.

Los Acuerdos de Oslo, a pesar de sus muchos defectos, al menos abordaron la ciudadanía palestina como un hecho y las colonias judías como un problema que había que resolver. Por el contrario, el plan actual descarta la lógica territorial y trata la ciudadanía de los palestinos como un problema a resolver y el estatus de los colonos como un hecho dado e inmutable. Este cambio también presenta la posibilidad de que las fronteras internas del régimen único cambien, ampliándose y estrechándose según sea necesario, de acuerdo con consideraciones étnicas y no territoriales. Por supuesto, los Acuerdos de Oslo y el plan actual también comparten ciertas características, pero este artículo resalta sus diferencias para identificar la innovación que recuerda a la Ley del Estado nación judío.

En esencia, las diferencias entre el discurso de los colonos descrito anteriormente y el plan de Trump son terminológicas, principalmente en torno al uso de la frase «Estado palestino». Esto se puede resumir de la siguiente manera: al principio el paradigma de dos estados justificó la realidad existente de la segregación, es decir, el apartheid, a través del progreso continuo (aunque en su mayoría imaginado) hacia la separación negociada políticamente. Esto fue reemplazado en la última década por el enfoque de gestión de conflictos de Netanyahu, que se caracterizó por una realidad de segregación justificada por el discurso etnonacionalista que la acompaña.

Finalmente llegó el plan Trump-Netanyahu y ofreció otra variación sobre el mismo tema, presentar la segregación como si fuera una separación. Este es un ejemplo más de las diferentes formas de negar la existencia de un régimen único y antidemocrático entre el río y el mar con privilegios y supremacía de un grupo sobre el otro. Ofrece novedad solo en el sentido de que se aparta del paradigma de gestión de conflictos para imponer una visión unilateral estadounidense-israelí para «poner fin» al conflicto, o más bien eliminarlo sin resolverlo.

Raef Zreik es jurista e investigador, experto en filosofía política y filosofía del derecho, profesor titular de Derecho inmobiliario y Jurisprudencia en el ONO Academic College, director académico asociado del Centro Minerva de Humanidades de la Universidad de Tel Aviv e investigador asociado sénior en el Instituto Van Leer de Jerusalén.

Publicado por primera vez en hebreo en Hazman Hazeh.

Fuente: https://www.972mag.com/israeli-right-jewish-supremacy-segregation/

Palestina: Un Nombre Que Nos Estremece

03 de noviembre de 2020

Por Pablo Jofré Leal 

Segundopaso – Palestina nos estremece. Estruja nuestro corazón, inflama nuestra indignación, alienta la solidaridad y empuja la determinación de luchar, en los distintos frentes en que este combate se pueda dar, contra el sionismo y su expresión criminal apodada Israel. En ello, incluyendo la música y sus letras que animan nota a nota, la defensa del pueblo palestino.

Desde el 14 de mayo del año 1948, cuando nace este consorcio israelí, que conjuga los intereses políticos, económicos, hegemónicos de un holding de países occidentales, han transcurrido siete décadas de crímenes. Como también 72 años de saqueo, usurpación, destrucción de áreas de cultivo, demolición de viviendas, segregación, construcción de un muro de apartheid, los intentos de invisibilizar la historia, la arqueología, la cultura palestina, enmarcado todo esto, en un proceso de colonización por parte de extranjeros ateos muchos de ellos y otro tanto de creencia judía. Hablo de hombres y mujeres ajenos a Oriente Medio, que comenzaron a instalarse en tierras de Palestina a partir de fines del siglo XIX. Ello, en el marco de una operación estratégica, de carácter geopolítico diseñada por un grupo de europeos, gran parte de ellos multimillonarios, alentados por el imperio británico y su afán de controlar la región de Asia Occidental.

Mitos Fundacionales

Esa alianza estaba destinada a reconfigurar el mapa de Oriente Medio, donde se conjugaron intereses de otras potencias, para así concretar el reparto de influencias a través del llamado Acuerdo Sykes-Picot (1) del año 1916, entre Gran Bretaña y Francia. Un Acuerdo que hace su aparición en el escenario internacional gracias a la denuncia del naciente gobierno soviético (2) en pleno desarrollo de la primera guerra mundial y con clara visión (en correspondencia con sus intereses), donde estas potencias occidentales europeas dibujaron sus áreas de influencia, establecieron sus límites fronterizos donde desarrollar su ejercicio de la rapiña, definiendo donde se establecerían en la zona tras el derrumbe del imperio otomano.

Un reparto territorial donde el recurso petróleo y el control de futuros corredores energéticos se mostraban como elementos centrales y dentro del cual, las aspiraciones del mito sionista de dotarse de un territorio se engarzaban en esta idea de dominio regional, alentados, por la llamada Declaración Balfour, que demuestra la conjunción de intereses imperiales británicos junto al proyecto colonizador sionista. Una mezcla explosiva dominada por la ambición y donde los derechos de millones de seres humanos, habitantes de la región, simplemente representaban un obstáculo, sin importancia frente a esta concepción imperial (3)

Una Declaración propia de mentalidades y prácticas imperiales, que prometía algo (la tierra palestina para conformar un hogar nacional judío) que los ingleses no poseían y a la cual no tenían derecho bajo ninguna ley internacional. En ella se solicitó, al multimillonario Rothschild, el encargo de transmitir el apoyo imperial al sionismo “Estimado Lord Rothschild. Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él. El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.  Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista. Sinceramente suyo, Arthur James Balfour». 

El objetivo sionista de construir este ficticio “hogar nacional judío” se concretaría el año 1948. Hablo de un establecimiento artificial, a costa de los intereses y derechos del pueblo palestino,  pues se diseñó y se concretó bajo líneas políticas internacionales derivadas del acuerdo de las grandes potencias de hacer la vista gorda de los afanes de colonización y ocupación por extranjeros de ideología sionista y creencia religiosa judía, cuyo máximo argumento para instalarse en aquellas tierras se fundaba en dos mitos tan infantiles como irreales: Primero, la idea que Palestina era una tierra prometida y segundo esa tierra prometida sería para un pueblo elegido.

Es decir, una divinidad con dominio en vastas áreas del planeta, que le otorga a un puñado de seres humanos, creyentes en una religión monoteísta y autoconsiderados predilectos sobre toda la humanidad (creencia de por si megalómana) una porción del planeta que ya estaba habitada por una comunidad establecida por generaciones. Palestinos que verán truncado su presente y su futuro, además de invisibilizados su pasado a manos de extranjeros codiciosos y sedientos de sangre y de territorios. Expansión sustentada en falsificaciones, según el trabajo de intelectuales como el historiador israelí Shlomo Sand, quien sostiene en su libro When and how was the land of Israel invented que “el sionismo robó” el término religioso Eretz Israel (tierra de Israel) y lo convirtió en un término geopolítico. En un trabajo anterior, “La Invención del pueblo judío” ya Sand había generado enorme polémica al afirmar que no existía un pueblo judío que se hubiese exiliado hacía dos milenios y que hubiese sobrevivido a ese transtierro. Para Shlomo Sand, “la mayoría de los judíos de Europa del Este son descendientes de sociedades o personas que se convirtieron al judaísmo en suelo europeo”.

Libros, Música, BDS: Parte de la Lucha

Para conocer de este proceso colonialismo y ocupación el autor de esta crónica nos invita a leer un libro de su autoría “Palestina: Crónica de la Ocupación Sionista” que ha tenido una gran recepción allí donde ha sido presentado y que producto de la pandemia del Covid 19 ha utilizado masivamente  las redes sociales, para que vía conferencias virtuales sea conocido por una gran variedad de público, interesados en saber de buena tinta sobre la lucha del pueblo palestino. Esta creación, fuera de cualquier consideración autorreferencial, es un libro necesario de leer. Fundamental en momentos que Palestina está sometida a enormes presiones por parte de Israel y su padre putativo (Estados Unidos), decididos a llevar adelante una política de sometimiento total, a partir de lo que este contubernio denomina “El Acuerdo del siglo” que de convenio tiene lo mismo que el sionismo de humanista.

Una falsedad cuyo nombre exacto debe ser el de “La Imposición del siglo” sin participación alguna de Palestina y al cual se ha obligado a dar su apoyo y aval a gobiernos y monarquías reaccionarias mediante el llamado proceso de normalización, establecido entre algunos estados árabes como Sudán, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, con la entidad sionista. Esto, en una conducta de clara traición a los intereses del pueblo palestino, sometidos al chantaje y la presión imperial y alejándose de los acuerdos del mundo árabe respecto a mantener la presión sobre la entidad infanticida hasta lograr la autodeterminación del pueblo palestino. Estados árabes que se han puesto, a través de la acción de sometimiento de sus gobiernos, al lado de los criminales, los victimarios, aquellos que desean concretar el exterminio del pueblo palestino.

Monarquías totalitarias cuyas dinastías remontan el dominio sobre sus pueblos desde mediados del siglo XVIII coaptados por el imperialismo y el sionismo, que les garantizan protección y seguridad frente a las demandas de sus propios pueblos por mayores niveles de participación y apertura política. O, como en el caso de Sudán, se le ofrece a cambio de la traición al pueblo palestino, sacar a ese país de la lista de estados terroristas y así darles algo de respiro frente a años de bloqueo, sanciones, embargos. Es el precio por pagar para que Washington, obsequiosamente, les permita respirar. Es la oferta del imperio “o mueres o te sometes a lo que te ordeno”

En este libro sobre Palestina, el autor afirma, con convicción, que ofrece su solidaridad y su apoyo irrestricto a Palestina y a su pueblo, con base en hechos concretos en una historia de lucha y resistencia tejida a lo largo de décadas, llevada a cabo por hombres y mujeres que han poblado esas tierras milenarias, donde la han regado con sus sangre y esfuerzo, contra una sociedad enmarcada en una mitología victimista y falsaria. El libro Palestina: Crónica de la Ocupación Sionista, brinda una visión del conflicto que se nutre, además, con la experiencia directa en terreno, experimentando de primera mano el dolor frente a la ocupación, la demolición de los hogares de familias palestinas, la destrucción de sus cultivos, la limitación de sus desplazamientos.

Una barbarie que destruye a las familias palestinas demuele sus hogares hasta los cimientos, con una perversidad difícil de igualar, que ha erigido un muro de vergüenza y oprobio que separa familias, aldeas, pueblos, que fragmenta el territorio de Cisjordania, que hace inviable pensar en una Palestina con autodeterminación. Una de las ideas, que es dada a conocer permanentemente en el texto citado, es consignar que la lucha, tanto en Palestina como en el exterior, es contra el sionismo y su política colonizadora. Aseverando que la violencia que se vive en Palestina es producto de la invasión y de la expansión de los asentamientos ilegales de colonos. No es posible entender la violencia en Palestina y en Oriente Medio en general sin que esté asociada a la existencia del sionismo, que ha hecho de la agresión, la desestabilización, las presiones ejecutadas por orden de su padre putativo, el eje de su política exterior. No habrá paz en Oriente Medio y en el mundo en general sin que signifique la desaparición del sionismo.  

Señalaba, en un artículo escrito para www.segundopaso.es que “cualquier acusación provocadora que trate de equiparar la denuncia contra el sionismo con la incitación al odio racial, religioso o étnico, es falsa. Ser antisionista no es ser antijudío ni antisemita. Plantear que cualquier crítica contra la política sionista es una demostración de antisemitismo es influir para que se promulguen legislaciones que criminalicen a quienes critican a Israel y su política de colonialismo, ocupación y Apartheid contra el pueblo palestino. Cuestión absurda, pues las críticas a la ideología sionista es una censura política, y acusar de antisemitismo a quien emite estas opiniones es una falacia, pues en esta lucha, los únicos semitas son precisamente los palestinos”

Palestina está sufriendo hoy una serie de maniobras, destinadas a intensificar la colonización y la ocupación de su territorio, además de sumar a monarquías y gobiernos árabes corruptos en la política de “normalización” política y de relaciones más amplias entre algunos países árabes con la entidad infanticida israelí. Los planes por parte de Israel de anexar los Territorios Ocupados Palestinos de Cisjordania y el Valle del Jordán son medidas unilaterales. Un nuevo crimen de guerra que comete el sionismo internacional en contra del pueblo palestino y que al contar con el silencio cómplice de Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y en general una Liga árabe que sucumbe a las coacciones y apremios del imperialismo, se convierten en cómplices del régimen criminal, racista e infanticida israelí.

El régimen israelí es un grupo de mafiosos, de ladrones, que roba las tierras de los palestinos y desprecia sus derechos y frente a esta realidad resulta aún más escandaloso e indigno el silencio obsequioso de la mal llamada comunidad internacional. Sobre todo, ante la nueva aprobación del gobierno corrupto del procesado Benjamín Netanyahu, para seguir construyendo asentamientos ilegales en los territorios palestinos. Poblados por colonos extranjeros, los más violentos y extremistas de un colectivo, que per se representan una sociedad enferma. El régimen israelí es simplemente un grupo de mafiosos, una sociedad salteadora de tierras palestinas. La oenegé israelí Peace Now (Paz Ahora) ha denunciado que, en lo que va del año 2020, se ha registrado un número récord de autorizaciones para construir viviendas ilegales en los asentamientos israelíes: un total de 12 000 unidades en la Palestina ocupada. Los planes expansionistas del régimen israelí se han intensificado durante el mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, lo que demuestra el peligro para Palestina, Asia Occidental y el mundo de esta alianza entre el imperialismo y el sionismo.

¿Cómo enfrentar a esta entidad criminal, infanticida, racista, supremacista que es el régimen sionista? ¿Cuáles son las formas de lucha contra una entidad que goza de la impunidad y protección de Estados Unidos y sus aliados? Las formas, a mi entender, deben ser diversas, clásicas y también novedosas, incluso con la música como la que nos ofrece el cantautor chileno Francisco Villa como presentación musical al inicio de este texto cuya letra y notas de amor por palestina pero también notas como balas al centro del corazón del enemigo sionista. Pasan por la legítima defensa armada, la resistencia civil, el apoyo internacional para derrotar a esta sociedad enferma, ladrona, asesina. Uno de los mecanismos de presión que ha mostrado su eficacia es intensificar la ya establecida campaña mundial del Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) (4) “Cuantos más países se sumen a la campaña (del BDS) más temprano que tarde se podrá terminar con el sionismo como potencia ocupante colonizadora de Palestina”.

Sostuve, hace unas semanas cuando los Emiratos Árabes Unidos (EAU) decretó el fin del boicot al régimen de Israel, que la campaña del BDS se podría ver afectada por estas monarquías traidoras pues de inmediato, la dinastía gobernante señaló, que ya no seguiría el boicot contra el sionismo establecido desde el año 1967. A pesar de estas medidas de “normalización” traidoras, de las leyes que criminalizan el BDS, donde los grupos de presión sionistas andan desesperados por las cancillerías del mundo reuniendo apoyos a su decisión de forzarnos a detener esta campaña pacífica, pero efectiva contra la entidad infanticida, la campaña del BDS seguirá su curso. Esto, pues es una manera de enfrentar a los criminales autoproclamados “pueblo elegido”, que está inspirado en el movimiento contra el apartheid en Sudáfrica, que logró el fin de ese régimen segregacionista y criminal generando un apoyo internacional fuerte y vigoroso. Impidiendo que deportistas, músicos, académicos, científicos, entre otros, que son parte de una sociedad regida por un régimen racista, anden maquillando por el mundo la imagen del racismo, el crimen y la segregación.

En Palestina, con relación a los extranjeros ocupantes debe suceder lo mismo. No más sionismo, no más ejército ocupante, no más colonos extremistas, no más ladrones, no más una entidad infanticida.  En Palestina, la lucha victoriosa contra el opresor será realidad. Y, será acompañado del apoyo del eje de la resistencia, que significará ver arrancar como cobardes a aquellos que se han especializado en asesinar a inocentes y desarmados. Bien sabemos y hemos sido testigos, que cuando el sionismo debe enfrentar a combatientes armados suele terminar llorando sus muertos, pues saben que plantar cara a un contrincante que devuelve las balas no es lo mismo que asesinar niños o dispararles, a manos de un francotirador, a hombres, mujeres y niños desarmados.

La lucha sostenida del pueblo palestino y la expulsión definitiva de todos aquellos que sustentan una ideología asesina como es el sionismo será una realidad, más temprano que tarde. Eso lo sabe Netanyahu y los suyos. Lo sabe el ejército ocupante, lo tiene muy claro el lobby sionista en Estados unidos, Francia y Gran Bretaña, al igual que las monarquías y gobiernos árabes corruptos, que caerán en el mismo basurero que el sionismo. Palestina está, permanentemente, en la mente y corazón de nuestros pueblos, es un nombre que nos estremece y eso es más fuerte que cualquier bala o bomba sionista.

Pablo Jofré Leal

Exclusivo para segundopaso

1.Acuerdo Sykes-Picot. Acuerdo político firmado entre Francia e Inglaterra, en el cual ambos países definieron repartirse el control del Este de Oriente medio (Levante mediterráneo) a la caída del imperio otomano. Una división que ha persistido hasta hoy en sus líneas generales. Un acuerdo que constituye, históricamente, uno de los diseños de conformaciones políticas y territoriales, que han situado a Asia Occidental, como una de las zonas de mayor pugna por su control en la historia moderna.

2. A pesar del secreto, el mantener oculto aquel acuerdo de partición y saqueo el 23 de noviembre del año 1917 los diarios rusos Izvestia y Pravda y tres días después el diario británico The Manchester Guardian dieron a conocer los detalles del plan de prorrateo de Francia y Gran Bretaña, fundamentalmente, respecto a los países que ansiaban controlar. Interesante la denuncia de los diarios rusos ligados a la naciente y victoriosa revolución Bolchevique, que conocedores del plan franco-británico lo denunciaron urbi et orbe. El gobierno soviético llegó aún más lejos, pues Vladimir Lenin, líder de la triunfante revolución declaró nulo el acuerdo firmado por Sykes y Picot en lo correspondiente a las cesiones territoriales, que se le habían prometido a los gobernantes de la derrotada Rusia Zarista

3.Declaración Balfour. No sólo daba cuenta que al agonizante imperio otomano ya se le daba la extremaunción, sino que se apoyaba decididamente al Movimiento sionista, para comenzar un proceso de colonización de tierras en Palestina. Tal es así que el propio Balfour, el mismo que hablaba de respeto y no perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, el día 19 de enero del año 1919 sostuvo, en otra carta al gobierno británico «En Palestina ni siquiera nos proponemos pasar por la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país… Las cuatro grandes potencias están comprometidas con el sionismo, y el sionismo, bueno o malo, correcto o incorrecto, está anclado en antiquísimas tradiciones, en necesidades actuales y en esperanzas futuras de mucha mayor importancia que los deseos o preocupaciones de los 700.00 árabes que ahora habitan esta antigua tierra».

4. https://www.youtube.com/watch?v=Y_xnu5CJQpU

Fuente: https://segundopaso.es/news/1122/Palestina-Un-Nombre-Que-Nos-Estremece

 

Israel aprueba un gran asentamiento en la Jerusalén ocupada

Foto: Vista de las obras de construcción de un asentamiento israelí en Jerusalén el 4 de octubre de 2018 [Agencia Mostafa Alkharouf/Anadolu]

03 de noviembre de 2020

Las autoridades israelíes aprobaron el lunes los planes para construir un nuevo asentamiento ilegal en la Jerusalén ocupada, según ha informado la agencia de noticias Wafa. El proyecto implicará la destrucción de negocios palestinos en el barrio de Wadi Al-Joz.

Aunque Israel afirma que el nuevo desarrollo se construirá en «Silicon Valley», los palestinos locales señalan que se construirá sobre las ruinas de más de 200 tiendas y otras propiedades propiedad de palestinos. La mayoría de esas propiedades han estado allí desde antes de la ocupación israelí de Jerusalén oriental en 1967. Se confiscarán al menos 500 acres de tierra de propiedad palestina.

El proyecto de 600 millones de dólares asigna 250.000 metros cuadrados a «inmuebles para empresas de alta tecnología», así como otros 100.000 metros cuadrados divididos entre «centros comerciales» y «hoteles». Se inscribe en el plan general del » Centro de la Ciudad de Jerusalén Oriental», aprobado por el comité de planificación y zonificación de la ocupación israelí en abril. En el plan se prevén nuevas carreteras y un ferrocarril ligero, y se construirá un parque de colonos cerca del Valle de Kedron, al sur de la ciudad.

Las autoridades israelíes han entregado notificaciones de desalojo a docenas de instalaciones y tiendas palestinas, dándoles hasta el 30 de diciembre para que se vayan antes de que se lleven a cabo las demoliciones. Los palestinos locales han advertido que el proyecto aislará aún más sus barrios en Jerusalén, alterando el paisaje de la ciudad y borrando el carácter árabe histórico de sus mercados y distritos comerciales.

Mientras que Israel afirma que el proyecto servirá a los palestinos y mejorará sus condiciones, la Autoridad Palestina lo ha condenado. La AP señaló que es parte de los planes de Israel para judaizar la ciudad y allanar el camino para que los colonos ilegales se apoderen de las tierras y negocios palestinos.

«El saqueo centrado y sistemático de Israel en la Jerusalén ocupada persiste sin cesar, en violación del derecho internacional y de las posiciones proclamadas de los Estados de todo el mundo», dijo Hanan Ashrawi, de la Organización para la Liberación de Palestina. «Este es un plan indignante y criminal que devastará 200 empresas palestinas en la zona y privará a cientos de palestinos de sus medios de vida».

La solicitud de planificación fue aprobada mientras Israel se prepara para anexar grandes extensiones de Cisjordania, de acuerdo con el «acuerdo del siglo» anunciado por los Estados Unidos, que considera a Jerusalén como la capital de Israel y respalda la ocupación del Estado sionista, el colonialismo y el apartheid impuesto al pueblo palestino autóctono.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

 

Funcionarios israelíes esperan que Trump gane su segundo mandato

Foto: el presidente de EE.UU. Donald Trump (D) da la mano al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu mientras se reúnen en la Oficina Oval de la Casa Blanca el 5 de marzo de 2018 en Washington, DC [Olivier Douliery-Pool/Getty Images]. 

03 de noviembre de 2020

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha expresado su esperanza de que el presidente estadounidense Donald Trump gane un segundo mandato en la Casa Blanca, informó Anadolu el lunes.

Elogiando la política de Trump en Oriente Medio, Netanyahu dijo: «Sólo puedo esperar que esta política que aísla a Irán y trae los frutos de la paz, paz basada en la realidad para el pueblo de Israel, para los pueblos árabes de la región; sólo puedo esperar que esta política continúe en los próximos años».

Después de asumir el cargo, Trump retiró unilateralmente a los EE.UU. del acuerdo nuclear de Irán con las potencias mundiales. Esto fue aprobado con firmeza por Netanyahu, al igual que las decisiones de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, así como la soberanía israelí sobre los Altos del Golán sirios ocupados. El presidente de EE.UU. también amplió la cooperación científica y tecnológica con Israel para incluir los asentamientos de Cisjordania. Todos los asentamientos de Israel son ilegales según el derecho internacional.

Según el ministro de Inteligencia israelí Eli Cohen, los futuros acuerdos de normalización podrían depender de que el próximo presidente de EE.UU. muestre esa continua «determinación» contra Irán. Cohen dijo a Ynet TV que Arabia Saudita, Omán, Qatar, Marruecos y Níger están «en la agenda [de normalización]». Si la política de Trump continúa, agregó, habrá acuerdos adicionales.

Aunque no favoreció explícitamente a ninguno de los candidatos de EE.UU., informó Haaretz, Cohen argumentó que la política de Trump había impulsado a los países árabes y musulmanes a buscar un acuerdo con Israel. Si el próximo presidente «no muestra resolución frente a Irán, entonces lo que sucederá es que se tomarán su tiempo, no se apresurarán, no elegirán un bando», concluyó el ministro. «Una política de concesiones conseguirá que los acuerdos de paz se lleven a cabo».

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

 

 

OLP asimila política de Trump a la de Balfour por ‘actitud colonialista’

03 de noviembre de 2020

Las mentalidades coloniales y del saqueo aún persisten. Hace 103 años el ministro británico Balfour ofrece a extraños tierras que no le pertenecen. Era la lógica de colonizar y saquear … Hoy Trump, con su estilo de la Ley de la Selva, hace lo mismo, decide regalar territorios palestinos a los invasores israelíes. Nuevamente, ¡colonizar, saquear, disponer de lo ajeno y pisotear el derecho y la legalidad internacionales!
La miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) Hanan Ashrawi asimiló por «actitud colonialista» las políticas del presidente estadounidense, Donald Trump, a la Declaración Balfour, que asentó las bases del Estado de Israel hace hoy 103 años.

«La administración Trump revivió la mentalidad objetable de la Declaración Balfour al cambiar la política estadounidense y el derecho internacional en relación con Palestina», valoró Ashrawi en un comunicado sobre lo que considera «una cosmovisión» impuesta al pueblo palestino.

El entonces ministro de Asuntos Exteriores británico, Arthur James Balfour, rubricó el 2 de noviembre de 1917 un texto dirigido al líder judío Lord Walter Rothschild en favor del «establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío» que abrió la puerta a la actividad diplomática que posibilitó la posterior creación de Israel.

«Las catastróficas consecuencias de la Declaración Balfour han sido nuestra realidad viva desde entonces», consideró Ashrawi, destacada figura de la OLP, que describió aquella decisión como «una promesa sumamente arrogante, racista y colonialista».

La controvertida carta omitió explicitar los derechos políticos de la población autóctona: «En el bien entendido de que no debe hacerse nada que pueda perjudicar a los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y estatus político que disfruten los judíos en cualquier otra nación», consta en la misiva.

Ashrawi cree que el plan de paz que Trump anunció en enero sigue la línea de «la declaración ilegítima de Balfour», por «una ideología absolutista y literalista que excusa lo inexcusable, permitiendo que el excepcionalismo israelí se perpetúe a expensas de las vidas y los derechos palestinos».

Desde el anuncio de la iniciativa de paz que rechazaron los palestinos, tres países árabes (Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán) han acordado la normalización de relaciones con Israel, hasta ahora aislado de la región por la oposición de los Estados vecinos a su creación en 1948 y su reconocimiento.

Israel solo tenía relaciones diplomáticas con Egipto (1979) y Jordania (1994) tras la firma de los tratados de paz.

La OLP calificó estas políticas de «atroces y totalmente inaceptables» por excluyentes y apeló a corregir lo que calificó de «errores» de los legados de Balfour y Trump.

Por otra parte, el Gobierno israelí recordó hoy la efeméride con agradecimientos: «Durante más de 2.000 años, el pueblo judío nunca había recibido el reconocimiento para regresar a su tierra natal», declaró la oficina de prensa gubernamental junto a una fotografía de la carta original.

«La Declaración Balfour representó el primer reconocimiento político y el apoyo de una gran potencia al sueño sionista: un hogar judío en la Tierra de Israel», celebró.

Fuente: www.lavanguardia.com

En el aniversario 103 de la Declaración Balfour, Palestina insta a Reino Unido a reconocer Estado palestino

03 de noviembre de 2020

En el triste aniversario 103 de la Declaración Balfour, donde Gran Bretaña con su mentalidad colonialista promete tierras ajenas a extranjeros, desatando un terrible conflicto que ha destruido a millones de palestinos desplazados de sus hogares y sometidos a la peor opresión de estos tiempos.
El primer ministro palestino, Mohammed Ishtaye, pidió hoy lunes a Reino Unido que reconozca al Estado palestino en las fronteras de 1967 con Jerusalén Oriental como su capital, como compensación por el sufrimiento de los palestinos a causa de la Declaración Balfour.

En el 103º aniversario de la Declaración Balfour, Ishtaye dijo en la reunión semanal del gabinete que «esta declaración violó los derechos de nuestro pueblo y lo obligó a migrar de sus ciudades y pueblos a otros lugares».

Se trata de una declaración del gobierno británico emitida el 2 de noviembre de 1917, anunciando su apoyo al pueblo judío para construir su Estado en los territorios de Palestina.

Asimismo, Ishtaye condenó el anuncio estadounidense del inicio para incluir a Israel como lugar de nacimiento en los pasaportes de quienes nacieron en Jerusalén. «Es una nueva violación al derecho internacional, así como a las resoluciones de las Naciones Unidas», agregó.

 

Fuente: Agencia Xinhua / redacción PalestinaLibre.org

Canasta de poetas mexicanos para la Revolución palestina

Imagen: mural ubicado en México: «Viva Zapata, héroe de la Revolución Mexicana – 1915. Viva Abd al Kader al Husseini, héroe de la Revolución Palestina- 1948 ″. Por Burhan Karkoutly»

Por Shadi Rohana

Todos conocemos a Ikram Antaki (Damasco, 1948­Ciudad de México, 2000), cuyas aportaciones eran no solo para entender el pensamiento y cultura árabe aquí en México, sino que, como una intelectual siria y mexicana, abordaba temas tan universales desde la filosofía hasta la actualidad de México. Además, era poeta y novelista en la lengua que adoptó en México, el español, y publicó ensayos en árabe, español y francés.

Canasta_de_poetas_mexicanos_para_la_Revo

Fuente: Https://www.academia.edu/35598982/Canasta_de_poetas_mexicanos_para_la_Revoluci%C3%B3n_palestina?email_work_card=title

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