Libro de Ilan Pappe: «La cárcel más grande de la tierra. Una historia de los territorios ocupados»

Givat Ram, «la Colina de Ram», es un barrio montañoso que se extiende por el extremo más occidental de la actual Jerusalén. Allí se encuentran varios ministerios del Gobierno, la Knéset o asamblea parlamentaria israelí, parte de la Universidad Hebrea de Jerusalén y el Banco de Israel.

Ilan Pappé - La cárcel más grande de la tierra - una historia de los territorios ocupados

Un extraño en una ciudad distante

Presentación y traducción de Sara Achik, Joaquín Kirjner y Silvia Sáez. Coordinación y asesoría de Shadi Rohana.

Mahmud Darwish (1941-2008) fue uno de los poetas más importantes de Palestina, leído en todo el mundo árabe, y sus obras se han traducido a múltiples idiomas. Su influencia reside en su constitución como referente para la construcción cultural de la identidad palestina; esto es, a través de sus poemas ofrece un mundo de símbolos, metáforas, ideas y demandas que han sido socialmente compartidas para definir el ser palestino. Es también un caso comparable al de otros poetas palestinos que han sufrido la experiencia de la expulsión y la ghurba,1 y que la han explorado desde la escritura. En este aspecto, el título del poema “Un extraño en una ciudad distante”, que traducimos del árabe al español,2 hace referencia a la experiencia compleja de un segmento de los palestinos que han tenido que vivir como exiliados en su propio país, como fue el caso del mismo Darwish. Se trata de un sentido de extrañeza o lejanía que siente el autor estando cerca de su hogar, ya que escribió este poema viviendo en Haifa, pero al mismo tiempo distante de su aldea —destruida durante la Nakba3 y a donde no podía volver ni siquiera de visita por prohibición de las autoridades israelíes.

Darwish era proveniente del pueblo de Birwa, Palestina. Siendo niño tuvo que refugiarse temporalmente junto con su familia en el Líbano y luego volvieron de forma clandestina a Galilea, ahora Israel. Posteriormente se trasladó a Haifa, donde trabajó como periodista en Al-Ittihad y se inició en la militancia comunista. Ante las dificultades para vivir como palestino dentro de las fronteras israelíes, Darwish decidió exiliarse en 1970, y desde su juventud vivió de manera itinerante en Moscú, El Cairo, Beirut, Túnez, París, Amán y Ramala. Fue miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y en 1993 dimitió de esta a raíz de la firma de los Acuerdos de Oslo entre la OLP y el Estado de Israel, por considerar dichas negociaciones una continuación del sistema de opresión israelí sobre los palestinos.

El poema “Un extraño en una ciudad distante” forma parte del poemario Los pájaros mueren en Galilea, publicado en 1969, con anterioridad a su exilio. En esta composición lírica, Darwish presenta el sentido de nostalgia y añoranza de la época de su infancia y la vida placentera en Palestina antes de la Nakba, en un claro contraste con lo que tuvo que vivir después de la expulsión de su aldea.

La presentación de un diálogo en el poema amerita preguntarnos quién es el interlocutor, y las posibilidades son varias: un amigo, una amante, un colega, un camarada. Nos inclinamos a pensar que en este caso el autor hace uso del recurso del diálogo consigo mismo, ya que ha sido una herramienta que lo acompañó en toda su obra. El poeta plantea un hipotético retorno. En su frente no solo posee marcas que hacen alusión al paso del tiempo, sino que alberga la memoria que lo mantiene como lo que fue, «niño/ y hermoso».

La presente traducción fue realizada de forma colectiva en el marco de las clases de árabe con el profesor Shadi Rohana, de la maestría de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. Para el presente trabajo, decidimos llevar a cabo una traducción literal del poema y, al mismo tiempo, tomamos ciertas libertades para cambiar algunas palabras, respetando siempre el sentido y contenido de estos versos. De esta manera, por ejemplo, hemos optado por usar la palabra “arroyos” en vez de “manantiales” (ينابيع ), ya que la primera se ajusta más al sentido de pequeñez que tiene la palabra original en árabe, siguiendo con la serie de contrastes que revisa el autor.

— Sara Achik, Joaquín Kirjner y Silvia Sáez

 
Un extraño en una ciudad distante

Cuando era niño
y hermoso,
la rosa era mi hogar
y los arroyos mis mares.
La rosa se hizo herida
y los arroyos, sed.
—¿Has cambiado mucho?
—No he cambiado mucho.
Cuando volvamos como el viento
a nuestra morada,
mira mi frente
hasta que encuentres las rosas como palmeras
y los arroyos como sudor.
Yo estaré como lo que fui,
niño
y hermoso.

 

غريبٌ في مدينةٍ بعيدة

 

عِندَما كُنتُ صغيرا
وجَميلا
كانت الوَردَةُ داري
والينابيعُ بِحاري
صارت الوردةُ جُرحا
واليَنابيعُ ظَمَأْ
هَلْ تَغَيَّرتَ كثيرا؟ 
ما تَغَيَّرتُ كثيرا 
عندما نَرجِعُ كالرِّيح
إلى مَنْزِلِنا
حَدِّقي في جَبهَتي
تَجِدي الوَردَ نخيلا
واليَنابيعَ عرقْ
تَجِديني مِثْلَما كُنتُ
صغيرا
..وجميلا

 
* Fuente: Mahmud Darwish (2010), Diwan. Beirut: Dar al-‘Awda, pp. 277-278. En esta edición de las obras completas de Darwish, publicada en Beirut, no se menciona el nombre del lugar donde se publicó la primera edición del poemario en 1969. Sin embargo, por la trayectoria biográfica del poeta, podemos asumir que la primera edición del poemario se imprimió en Haifa o Acre, Palestina.

 


1 Ghurba significa, de manera literal, “alejamiento” o “distanciamiento”. Sin embargo, se traduce del árabe al español como “exilio” o “diáspora”, en referencia al sentido de ser un extraño o extranjero fuera de su hogar. En el contexto palestino, ghurba refiere a la situación en la que viven millones de palestinos que fueron expulsados de sus tierras en 1948 y 1967, y que fueron forzados a vivir en el exilio y en condición de refugiados, así como los palestinos que viven bajo la ocupación israelí.

2 Existe otra traducción de este poema en español: Luz Gómez García (ed. y trad.) (2008), “Extraño en una ciudad lejana”, Poesía escogida (1966-2005), Valencia: Pre-Textos.

3 La Nakba (del árabe, “la catástrofe”) se refiere al éxodo de 700,000 palestinos entre 1947 y 1949 como consecuencia de la operación militar ejecutada por los ejércitos armados del movimiento sionista y la formación del Estado de Israel. Esto implicó un proceso de limpieza étnica: el desplazamiento forzado de la población o la eliminación de pueblos enteros palestinos y, por lo tanto, refugiados en varios países árabes vecinos. Para leer más al respecto de este tema, consultar Rashid Khalidi [2015 (1997)], La identidad palestina. La construcción de una conciencia nacional moderna, Buenos Aires: Editorial Canaán e Ilan Pappé (2006); La limpieza étnica de Palestina (trad. Luis Noriega), Barcelona: Crítica.


Mahmud Darwish / Al-Birwa, Palestina, 1941 – Houston, Estados Unidos, 2008. Es considerado el poeta nacional palestino y uno de los autores árabes contemporáneos de mayor relevancia. Ganador del Premio Lenin de la Paz (1980), del Premio Príncipe Claus de Holanda (2004) y del Premio a la Libertad Cultural de la Lannan Foundation (2001), entre otros. Una decena de libros de su autoría se ha traducido al castellano, en editoriales como Pre-Textos, Cátedra e Hiperión.


Sara Achik, Joaquín Kirjner y Silvia Sáez

Sara Achik, Joaquín Kirjner y Silvia Sáez / Estudiantes de las clases de árabe de Shadi Rohana en el marco de la Maestría en Estudios de Asia y África, Especialidad Medio Oriente, en El Colegio de México. Silvia es traductora (UNAM), Sara es internacionalista (UDLAP) y Joaquín es historiador (UNLP). Los tres son fundadores del Centro MOIC (Centro de Aproximaciones al Medio Oriente, Identidades y Conflictos).

Shadi Rohana / Es profesor de lengua y literatura árabes y de traducción literaria en el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México. Es traductor al árabe de Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco (Palestina, 2016) y de Volverse Palestina de Lina Meruane (El Cairo, 2020). 

Fuente: https://periodicodepoesia.unam.mx/texto/un-extrano-en-una-ciudad-distante/

El inevitable fracaso de Israel

Foto: las fuerzas israelíes cerraron el puesto de control de Jalamah entre la ciudad de Jenin en la Ribera Occidental e Israel después de que 6 prisioneros palestinos escaparan de la prisión israelí, el 6 de septiembre de 2021 [Nedal Eshtaya / Agencia Anadolu]

12 de septiembre de 2021

Cubrir el tema de la opresión israelí contra los palestinos y la propaganda pro-israelí en Occidente para ganarse la vida es agotador.

El mero hecho de investigar y escribir sobre el tema es mental y emocionalmente agotador.

Así que imagina cómo se sienten los palestinos después de vivir bajo el sistema racista de ocupación, apartheid, dictadura militar, tortura, vigilancia masiva, encarcelamiento y masacres regulares de Israel durante más de 73 años y contando.

Cuando hablamos del pueblo palestino, no hay que olvidar nunca que estamos hablando de un trauma múltiple, continuo y generacional. La crueldad de Israel es tan omnipresente que los psicólogos palestinos han tenido que desarrollar descripciones más adecuadas que el trastorno de estrés postraumático o TEPT.

Como dijo hace un par de años Samah Jabr, jefe de la unidad de salud mental del Ministerio de Salud palestino:

Para un palestino de Gaza cuya casa ha sido bombardeada, la amenaza de sufrir otro bombardeo es muy real… No hay un «post» porque el trauma es repetitivo y continuo.

Por eso, ante tantos abusos horribles y asesinatos sancionados por el Estado, es tan alentador presenciar una victoria palestina.

A primera hora del lunes, todos nos despertamos con la noticia de que seis prisioneros de guerra palestinos se habían fugado de la prisión de Gilboa, una cárcel israelí supuestamente de alta seguridad situada en el norte de la Palestina ocupada.

Los hombres, en su mayoría militantes de la facción de la resistencia de la Yihad Islámica (más uno de una milicia de Fatah), salieron haciendo un túnel de su celda. Al parecer, utilizaron una cuchara oxidada para hacerlo. La excavación del túnel debió llevar meses de trabajo en secreto.

Es un logro asombroso y heroico desde cualquier punto de vista, y los palestinos de todo el mundo han elogiado la hazaña. En toda Cisjordania y la Franja de Gaza han estallado protestas en solidaridad con los seis presos fugados.

Mi colega de The Electronic Intifada Tamara Nassar informó: «En medio de la especulación de que los hombres podrían estar escondidos en Cisjordania, o podrían haber cruzado la frontera con Jordania, los palestinos están rezando por su seguridad y los aclaman como héroes».

Escribió: «Su huida es una enorme inyección de moral para los palestinos, ya que una vez más echa por tierra la imagen de fuerza e invencibilidad de Israel frente a un pueblo ocupado que lucha por su libertad.»

Las autoridades de ocupación israelíes han reaccionado como siempre: con un aumento de la represión.

Se ha puesto en marcha una enorme persecución de los fugados, con la instalación de cientos de nuevos puestos de control en toda la Palestina histórica ocupada. Israel ha impuesto más castigos colectivos a los presos palestinos en su conjunto, intentando separar grupos de compañeros de celda (los seis eran todos de la ciudad palestina de Jenin, en Cisjordania).

Y lo que es más terrible, Israel ha secuestrado a varios familiares de los fugados, reteniéndolos sin cargos ni juicio. En efecto, han tomado como rehenes a hombres de las familias de los fugados en un intento de chantajearlos para que se entreguen.

Este comportamiento despreciable y represivo es demasiado típico de Israel y su régimen de ocupación.

Se trata de una importante derrota para la ocupación israelí y un hito en la historia de la resistencia palestina.

A nivel interno, los responsables políticos israelíes, los políticos y los servicios de seguridad-inteligencia deben sentirse totalmente consternados. La prensa israelí está llena de recriminaciones mutuas. Al parecer, dos guardias de la cárcel israelí han sido interrogados, ya que las autoridades parecen sospechar de un trabajo interno.

El jueves, el popular tabloide israelí Yedioth Ahronoth tituló «La foto del fracaso» sobre una imagen de la salida del túnel de fuga justo fuera de los muros de la prisión. El agujero parece estar justo debajo de una torre de vigilancia.

Al parecer, algunos de los guardias estaban durmiendo mientras los hombres escapaban.

Todo esto se suma a una imagen de total incompetencia por parte del régimen de ocupación israelí. Se suma a la esperanza de que la plena liberación de toda la Palestina histórica pueda llegar dentro de nuestras vidas.

Israel, aunque poderoso, no es invencible. Los muros empiezan a resquebrajarse.

editor asociado con The Electronic Intifada, Asa Winstanley es un periodista de investigación que vive en Londres y que visita Palestina regularmente desde 2004.

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español

Contra el olvido y la impunidad para los más graves crímenes

08 de septiembre de 2021

Diálogos Académicos con el doctor Rafat Ghotme Ghotme (III)
De la serie : “Por qué la guerra” y otras preguntas y análisis para abordar las acciones violentas.

Por Gilma de los Ríos Tobón

“Ávidas aves de rapiña oscurecieron el cielo de mi juventud.
El aire era una mezcla repugnante de incienso y pólvora: el humo del Poder.
Los genocidas cantaban alabanzas a los dioses crueles,
borrachos de odio y de aguardiente.
Todos los caminos amenazados de sombras cobardes,
llevaban a la muerte.

….

El poder sin moral es ciego y enemigo del espíritu.
A falta de razones inventa la violencia para justificar su locura
y regir a los hombres con leyes de muerte.
Entonces el crimen sustituye a la justicia para salvar el principio de autoridad
y restablecer el orden con la paz de los sepulcros.
No fue fácil empresa para los virtuosos del genocidio.
Pero hicieron lo posible y también lo increíble.
Por desgracia, los únicos que sobrevivieron al drama fueron los verdugos.
Mas, en homenaje a las víctimas, nunca olvidaremos”.

Cito el inicio y el final del  largo y desgarrador poema “Los genocidas”, de Gonzalo Arango, poeta colombiano creador del nadaísmo, para abordar este tema de uno de los más graves crímenes que avergüenzan a la humanidad y que han sido,  sin duda, no solo contra algunos pueblos, sino contra ella.

Pero como dice el poeta, “nunca olvidaremos”.  Por eso en vez de una imagen que retrate el horror de estas masacres, he iniciado con la sencilla y bella flor Miosotis, conocida en muchos países como “no me olvides”, que de manera acertada escogiera el pueblo armenio como símbolo en 2015, para la conmemoración de los 100 años del horrible genocidio del que fue víctima. Cada parte de la flor en el dibujo, tiene un significado, incluida la mención a los continentes donde fueron recibidos los que alcanzaron a salvar sus  vidas y llegaron a otras partes en calidad de refugiados.

Genocidios han existido a lo largo de toda la historia. Algunos afirman que pudo haber sido la razón del fin de los neandertales. Pero la palabra genocidio como tal, nace en el siglo XX y viene de la unión del griego y el latín: genos, raza o tribu, del primero, y cide, matar, del segundo.  Se dice que fue utilizada por primera vez en 1944, y en 1948 las Naciones unidas crearon la CPPCG “Convención para la Prevención y Castigo de los Crímenes de Genocidio.”

Los genocidios se  definen como el exterminio de un grupo social o de un pueblo, por razones religiosas, políticas o étnicas.

Movidos por los instintos más oscuros que hay en el alma humana y desprovistos de la mínima empatía o respeto por los demás, se otorgan el derecho de acabar con otros, de desaparecerlos, de borrar su cultura y legados, y muchas veces se trata de ocultar lo cometido con el paso de los años, para no dejar esa herencia  criminal a la historia  y a las nuevas generaciones. Se dan sin que exista una agresión real, pues para los genocidas la agresión parece ser la existencia de los otros y sus características propias. Algunos países ni siquiera reconocen genocidios ajenos, como en el caso de EEUU que se demoró como 100 años para admitir el genocidio del pueblo armenio, por parte del Imperio otomano y los jóvenes turcos. Pero como dice el poeta: “nunca olvidaremos”.

Ya se han mencionado algunos genocidios de la historia en el diálogo anterior, pero hay genocidios que continúan en el siglo XXI, y otros que reaparecen en primera plana perpetrados en siglos pasados, que se redescubren ante la indignación de todos, como el de Canadá con los niños indígenas. Niños que fueron alejados a la fuerza de sus padres y cultura y recluidos en internados para “civilizarlos” al precio que fuera, sometidos a todo tipo de abusos, y triste decirlo en manos de comunidades católicas. Los hechos se dieron entre 1883 y 1996, con una cifra que se calcula en 150.000 niños indígenas que fueron arrancados de sus raíces. En fosas comunes cerca a estos internados, fueron encontrados entre mayo y junio de este año, 1148 tumbas en total. Ante esta evidencia de un oscuro pasado, el primer ministro dijo que su país está “horrorizado y avergonzado”. Canadá ha sido referente actual por su multiculturalismo.

Mumilaaq Qaqqaq, líder indígena de la Cámara de los Comunes de dicho país, afirmó: «Es algo que como indígenas siempre supimos, pero ahora hemos tenido la posibilidad de confirmarlo en la sociedad». Debo decir como periodista que me molestó la forma en que los medios empezaron a repetir la frase “genocidio cultural”, sin ahondar siquiera en lo que significa un genocidio y usando el “cultural”, como un eufemismo, para quitarle contundencia a la tragedia que se comprobó. Difícil acabar con una cultura sin acabar con quienes la portan, y cultivan. Están las fosas comunes con cientos de restos de niños indígenas. ¿No es esto acaso un terrible  genocidio?

Pero los genocidios continúan. La noción de especie y respeto a la vida y a la dignidad humana,  no logra unirnos por encima de todo, y para algunos esas diferencias que la enriquecen, les arrogan el derecho de aniquilar al otro. De querer acabar con todo un pueblo, su historia y su cultura. Pero también tras ellos hay ambiciones de poder y posesiones,  a costa de lo que sea y creando un discurso que “justifica” su actuar. Este delito, como otros muy graves, también se encuentra ahora definido y juzgado por el Derecho Internacional. Sobre este derecho es bueno hacer una breve reseña sobre su origen y sus antecedentes.

Es de entender que en la necesaria convivencia de pueblos diversos en el mismo planeta, sea necesario ir definiendo pautas que posibiliten el respeto mutuo y que definan por medio de acuerdos o tratados, los aspectos necesarios para posibilitar la paz y la cooperación. Pero también se sabe que en nuestra naturaleza humana, los acuerdos llegan casi siempre después de los conflictos. Y  aunque hemos aprendido un poco a manejarlos por vías diplomáticas y pacíficas, el primer instinto ante el conflicto ha sido la violencia.

Por eso aparecen los armisticios con la búsqueda de resolución de los mismos, y se afianza la necesidad de que esas normas se expandan por la humanidad, con el propósito final de preservar la vida, que debe unirnos a todos, y defender la dignidad humana que sostiene los derechos fundamentales para el ser humano.

Algunos sitúan los primeros pasos de lo que sería luego el Derecho Internacional, en tratados que se dieron desde la antigüedad, como el que se efectuó entre Mesopotamia y Umma, alrededor del año 3100 AC,  para regular las fronteras y la inviolabilidad de las mismas. Ya en el derecho moderno se citan otros antecedentes como el tratado de Westfalia en 1648, firmado por potencias europeas después de la guerra de 1630, la Declaración de París sobre la guerra en el mar de 1853, el Convenio de Ginebra de 1864 sobre el trato a militares heridos en guerra, y las Declaraciones de la Haya de 1899 y 1907 para resolver conflictos por vías pacíficas.

En América también se dieron tratados como el armisticio y posterior tratado de Regulación de la guerra, firmado por Simón Bolívar y Murillo en 1820, como otro precedente del Derecho Internacional y el cual tocó muchos temas que humanizan el trato entre las partes en la guerra e intentó frenar su brutalidad.  Las guerras del siglo XX detuvieron el desarrollo del DI. En 1945 al finalizar la segunda guerra y  creada la ONU, los Estados retoman el propósito de definir “un marco jurídico que ayudara a preservar la paz, seguridad y promover la cooperación internacional”. “Las Naciones Unidas se abocaron a la labor de la codificación, ordenamiento y desarrollo de un sistema que pudiera mantener el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados internacionales”. Pero también se pide unánimemente justicia, ante los graves crímenes cometidos en ella. Se da así el Tribunal de Nuremberg y posteriormente el de Tokio.

No se pretende ahondar en la diversa y compleja normatividad internacional, pero sí se hará una breve reseña de su evolución. También es preciso reconocer los campos que competen a las acciones violentas y los más graves crímenes, y al consultar el tema aparecen, como en muchas citas que se leen, otros derechos que tienen sus campos y relaciones, como el Derecho Internacional Humanitario y el Derecho Internacional de Derechos Humanos. Para sintetizar recurro a una explicación que le escuchara al profesor Rafat: “El Derecho Internacional Humanitario, así como el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, son todos parte del Derecho Internacional en general o del Derecho Internacional Público (que regula las relaciones entre los Estados de forma jurídica). El Derecho Internacional Humanitario trata específicamente, de normas que limitan los efectos de los conflictos armados, protege a las personas que no participan en este conflicto o que ya no están combatiendo y limita además los medios y métodos de hacer la guerra”.

En la Carta de las Naciones Unidas, se expresan los principios que deben regir las relaciones internacionales, a partir del reconocimiento la igualdad soberana de los Estados, hasta la prohibición del uso de la fuerza en dichas relaciones. En el preámbulo se enuncia el objetivo de «crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional». Pero la ONU también cuenta con el Consejo de Seguridad que puede emprender tareas para mantener la paz, imponer sanciones, hasta autorizar el uso de la fuerza si es necesario por una amenaza a la paz y seguridad mundiales. El Derecho Internacional comprende temas como el desarme nuclear, las migraciones, el trato a los prisioneros, la conducta durante períodos de guerra, el uso de la fuerza, y la utilización y protección de bienes comunes internacionales, entre otros.

El Derecho Internacional al aceptarse por los Estados, debe también compaginarse con la normatividad jurídica de cada país. Pero lo que emana de la Carta misma, es para todos vinculante. Para el juzgamiento de los más graves crímenes como se había dicho se conformaron tribunales después de la segunda guerra, y a finales del siglo XX para los crímenes de la antigua Yugoslavia y Ruanda. Pero se había acentuado la necesidad de crear un gran Tribunal mundial, y con el impulso de la ONU y la firma de 120 Estados, se suscribe el Estatuto de Roma que dio vida a la Corte Penal Internacional, la cual inició funciones en 2002.

Con sede en La Haya, la Corte es el primer Tribunal permanente e independiente, que puede juzgar a los responsables de crímenes contra la humanidad, de genocidio, de guerra y de agresión. Los crímenes contra humanidad o de lesa humanidad se definen como los “cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y que respondan a una política de Estado o de sus agentes; de grupos armados organizados o de grupos organizados que detenten un poder de hecho que favorezca la impunidad de sus actos”.

Para el Estatuto de Roma este concepto comprende crímenes  como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, tortura, violación, prostitución forzada, esclavitud sexual, esterilización forzada, entre otros, de acuerdo al Estatuto de Roma. Así mismo dicho Estatuto define todos los otros delitos que son competencia de la Corte Penal Internacional.

“La Justicia” de Luca Giordano, pintor del Siglo XVII. Representada como la diosa Themis de la mitología griega, la Justicia porta una espada y una balanza.

Derecho Internacional en el siglo XX

P.  En el diálogo pasado usted dijo profesor Rafat, que “la normatividad internacional surgió como parte de un programa imperialista más amplio para “legitimar” el control de las sociedades débiles-, desde 1945”. Nos puede por favor explicar más esta afirmación, y ¿no es un origen ya viciado entonces, el de esa normatividad que se espera frene y haga justicia a los horrores de las guerras?

R. El Derecho Internacional contemporáneo cristalizó en el siglo XX siguiendo un legado histórico y legal que nos remite a los primeros encuentros coloniales de Europa con el continente americano y los posteriores procesos de colonización en Asia y África. De esos encuentros emergieron algunos principios básicos como el reconocimiento y el respeto a la soberanía, pero de forma excluyente: la colonización reafirmó la identidad de las sociedades occidentales como sociedades “civilizadas” y las demás sociedades como “bárbaras”. De esa forma, a través de la construcción de estos órdenes jerárquicos, el reconocimiento soberano se verificaría con una concomitante degradación de esta práctica y concepto en el sentido de que solo las sociedades del mundo occidental –que cuentan con valores comunes y han establecido un derecho positivo centralizador y coercitivo- tienen derecho a ser considerados soberanos; el resto, el que no cumplía con este criterio, podía y debía ser colonizado. El Derecho Internacional, hasta más o menos 1945, codificó y normalizó estas prácticas.

Más aún, la norma del respeto a la soberanía también fue relativizada en el propio continente europeo, donde se supone existían sociedades modernas que cumplían con los criterios de la civilización occidental y la modernidad jurídica positivista. Sin embargo, en Europa también florecieron distintos proyectos hegemónicos o imperiales como los de Napoleón o Hitler, que prueban cómo incluso en esos espacios la práctica del reconocimiento soberano depende de cosmovisiones etnocentristas y materiales de poder; o también podemos remitirnos a diversos momentos más estables de orden donde la soberanía se degradó a través de la creación de múltiples jerarquías de autoridad a las que quedaban subordinados los pequeños Estados europeos (piénsese por ejemplo en la Paz de Westfalia o el Congreso de Viena de 1815).

Tras la Primera Guerra Mundial, los grandes poderes vencedores comenzaron a codificar diversas normas que permitían “legalizar” y “legitimar” la colonización de las sociedades “orientales”. Uno de los mecanismos más conocidos es el denominado Mandato de la Sociedad de las Naciones. Los Mandatos o fideicomisos internacionales eran instrumentos jurídicos que crearon las potencias para gobernar una colonia bajo una apariencia no imperial pero al mismo tiempo para ejercer control territorial, para finalmente “otorgar” la independencia a esas colonias en el momento en que “maduraran” para gobernarse a sí mismas.

P. Ese argumento con las colonias, de esperar que maduraran para darles su independencia, adoptado por ese Mandato de la Sociedad de Naciones, defendía por lo tanto, más que soberanías, intereses de los poderosos…

R. La Sociedad de las Naciones, en ese momento la principal organización codificadora del Derecho Internacional, fue básicamente un club o liga de Estados poderosos que básicamente se constituyó para legitimar los imperios en una era de nacionalismos y movimientos anti-coloniales cada vez más fuertes; los Mandatos, en ese sentido, buscaban encontrar un punto medio entre los intereses imperiales y las nociones etnocentristas de las grandes potencias y las reivindicaciones de los movimientos nacionalistas y liberales imperantes. Tanto antes de 1945 como después de este año, los procesos de descolonización y las guerras mundiales produjeron importantes cambios en la concepción y la práctica de la soberanía. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) introdujo tres normas relacionadas: igualdad soberana, integridad territorial o jurisdicción territorial exclusiva, y el principio de la no intervención; esta normatividad, inicialmente, solo aplicaba a los Estados que habían adquirido su independencia, pero estaría reforzada con otra norma que daba luz verde a los pueblos colonizados –la autodeterminación nacional.

El hecho es que en el marco de las Naciones Unidas, estas normas también han sido relativizadas o están en contradicción entre sí: ¿cómo, por ejemplo, armonizar el derecho a la integridad territorial de un Estado con la autodeterminación de un pueblo a independizarse de ese Estado? Del mismo modo, el principio de la igualdad soberana no compagina con los derechos y privilegios exclusivos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Para usar el término de Gerry Simpson, un teórico crítico del Derecho Internacional, la ONU introdujo la práctica de la “hegemonía legalizada”: el derecho de unos a gestionar el orden y el deber de otros de aceptarlo. Tras la descolonización, por tanto, algunos Estados del Sur Global adquirieron el status legal soberano y en efecto un ejercicio autónomo de su soberanía, pero otros muchos solo adquirieron su independencia para ser degradados por los antiguos poderes coloniales y/o las élites locales subordinadas.

El respeto a la soberanía como norma de conducta internacional, por tanto, obedece tanto a las identidades de los actores pero sobre todo a las relaciones de poder imperantes y los intereses de los actores en un momento dado; el respeto a la soberanía no es un “regalo” o una norma que lleva a los Estados a comportarse siguiendo unos principios éticos en torno a lo que es “apropiado”, sino que es algo que los Estados se ganan. Para comprobarlo, basta con mirar el actual caso de Afganistán.

P. También hablaba usted profesor de esa “lógica de poder e intereses”, que impide que se aplique la normatividad internacional como debiera. ¿No termina deteniendo también esa lógica, los avances que se requieren en el cumplimiento y el desarrollo del Derecho Internacional, y cómo enfrenta el Derecho mismo esta realidad?

R. Esa lógica va a estar presente mientras existan algunas condiciones estructurales: la inexistencia de un “gobierno mundial” que haga cumplir las normas (tal y como ocurre en la política doméstica), y ciertas propiedades ideológicas que siguen impulsando a diversos Estados a expandirse o preservar sus intereses incluso si esos intereses van en detrimento de los pueblos. Debido a que el mundo no va a evolucionar hacia un gobierno mundial, y que el sistema internacional seguirá conformado por Estados que aspiran a preservar sus soberanías, entonces la solución debe estar en otra parte, en la democratización de las sociedades o lo que se puede llamar “agenda democratizadora real”, que gira en torno a la consecución de tres objetivos políticos tendientes a armonizar las relaciones internacionales: democracia participativa, justicia social y auto-determinación de los pueblos. El Derecho Internacional, a pesar de recoger estas aspiraciones, aún carece de herramientas para materializarlos o ambigüedades que obstaculizan su realización. Esto no quiere decir que debamos desechar el Derecho Internacional. Por el contrario, este cuerpo normativo sigue constituyéndose en una herramienta que, como mínimo, puede ser utilizada por los Estados o sociedades débiles para “deslegitimar” las acciones de los grandes poderes hegemónicos.

Imagen palestinalibre.org https://palestinalibre.org/articulo.php?a=75778

La CPI y la investigación solicitada por Palestina

P. Se sabe que la Corte Penal Internacional tiene una historia corta, pero que son muchas las esperanzas sobre su actuar ante crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidios. En los primeros meses de este año la CPI anunció el inicio de una investigación solicitada por Palestina, después de una larga lucha por su reconocimiento en estas instancias internacionales. También se conoce la negación de Israel a aceptarla y su descalificación acostumbrada de “antisemita” para la misma Corte, la que tampoco reconoce. ¿Qué podemos esperar de este proceso, cuyo inicio de todos modos se celebra?

R. La Corte Penal Internacional (CPI) dictaminó a inicios de este año (febrero de 2021) que puede investigar a Israel por crímenes de guerra cometidos por israelíes en los Territorios Ocupados Palestinos. Este, ciertamente, es un fallo histórico. La sentencia de la CPI es bastante larga, pero en esencia establece lo siguiente: lo primero y más importante es que la CPI reconoce la calidad de Estado a Palestina, una manifestación obvia de su situación jurídica tras su ingreso a la CPI en el año 2015; en ese sentido, la CPI está reconociendo explícitamente el derecho palestino a demandar a Israel. Después de ello, y tras revisar el caso, la Fiscal de la Corte, Fatima Bensouda, emitió una opinión donde manifestó que existe la suficiente evidencia para investigar a Israel por cometer crímenes de guerra contra la población palestina y que se debía emprender lo que en el lenguaje de la CPI se denomina “investigación preliminar”. Hasta ahí, se puede decir que este fue un triunfo para la causa palestina. En adelante, todo nos devuelve al mismo pesimismo inicial.

El problema es que en los Acuerdos de Oslo –firmados en 1993 y que daba paso a la Autoridad Nacional Palestina en los territorios ocupados mientras se hacía la transición a un Estado palestino soberano, algo que no se cumplió- se estableció que si un israelí, civil o militar, cometía un crimen, los palestinos no tendrían jurisdicción legal para juzgarlo, sino que sería Israel el que tendría jurisdicción sobre ese ciudadano israelí. Vale la pena decir que los Estados pueden remitir las demandas a la CPI de forma autónoma, pero Israel usará ese argumento para defenderse aduciendo que Palestina no tiene esa potestad porque ya otorgó ese derecho a Israel en los Acuerdos de Oslo. Más aún, la CPI, si nos basamos en ciertos antecedentes similares de crímenes cometidos por soldados estadounidenses o británicos en Irak o Afganistán, no solo dará crédito a la tesis israelí, sino que dirá que Israel ya está investigando esos crímenes cometidos por los ciudadanos israelíes y que, por tanto, cerrará la investigación preliminar; sin embargo, como sabemos, casi todos los israelíes que han cometido crímenes en los territorios ocupados han evadido la justicia o han salido libres de los juicios cuando fueron investigados. Este antecedente es desalentador.

P. Entonces ¿qué alternativas le quedan a Palestina, profesor?

La defensa palestina tiene dos alternativas: recurrir a las estipulaciones de la Cuarta Convención de Ginebra para denunciar los abusos y la pérdida de derechos básicos cometidos por los ocupantes, o renunciar a los Acuerdos de Oslo para quitarse la referida cláusula impositiva según la cual Israel tiene la competencia para juzgar a los ciudadanos israelíes que cometen crímenes contra los palestinos.

“Un genocidio lento y silencioso”

Foto palestinalibre.org https://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=68746

P. Retomo el tema de los genocidios, profesor Rafat, porque le he escuchado en varias ocasiones hablar de “un genocidio lento y silencioso”, en relación a genocidios que se dan ahora. Quisiera por favor, nos ahonde este concepto, y nos hable de los genocidios que se viven en el Medio Oriente.

R. El Medio Oriente ha experimentado diversos genocidios a lo largo del último siglo. Por ejemplo, vale la pena comenzar con el genocidio de los armenios (así como griegos o asirios) llevado a cabo por el Imperio Otomano en el siglo XIX y principios del XX; también está el genocidio de los kurdos en la era de Saddam Hussein a fines de la década de 1980; incluso podemos incluir la masacre de los pueblos dinka, nuba, fur, masalit y zaghawa por parte de Sudán (alrededor de la década de 1970 y hasta nuestros días). Hace pocos años el mundo conoció el horror sufrido por el pueblo yazidí en Irak, por parte del Estado Islámico; y finalmente podemos volver a hablar del sufrimiento palestino a manos del Estado de Israel y sus patrocinadores internacionales. Históricamente, estos crímenes tienen que ver con luchas religiosas, el imperialismo/colonialismo, la construcción de un Estado-nación, o en general guerras insurgentes y contrainsurgentes, y la competencia por recursos y mercados a expensas de los pueblos indígenas.

En términos generales, la mayor parte de estos genocidios se han perpetrado siguiendo los métodos tradicionales: masacres generalizadas en un corto periodo de tiempo, acompañadas de operaciones militares o paramilitares de terror, limpieza étnica, robo de tierras, asesinatos selectivos o conversiones forzadas. En el caso palestino, en cambio, este crimen se viene haciendo de forma silenciosa y gradual. Un proceso similar ocurre con diversos pueblos indígenas en América Latina. Estos son procesos graduales y silenciosos en el sentido de que no siguen el patrón tradicional; en lugar de ello, el genocidio se lleva a cabo a través de dos formas interrelacionadas.

Por un lado, se trata de la anulación de la cultura de un pueblo, proceso que viene acompañado de la deslegitimación de sus aspiraciones sociales, territoriales, económicas y políticas; los principales agentes que aparecen en esta lógica son los grandes empresarios, medios de comunicación y élites estatales que normalizan la desposesión y aculturación de las comunidades nativas. Esta lógica se puede verificar sobre todo en las comunidades indígenas de América Latina, y en parte en el caso palestino con la sistemática anulación de sus aspiraciones culturales y territoriales; la anulación o degradación de los derechos palestinos (o de los indígenas) básicamente lo que buscan es desestimular la resistencia de sus respectivos movimientos, marginarlos, expulsarlos (quitándoles su medio de subsistencia o haciendo inviable su entorno ambiental) y finalmente absorberlos en la cultura dominante. El resultado termina siendo la desaparición gradual de esa cultura. En Palestina, sin embargo, esta lógica viene acompañada de una segunda más determinante.

P ¿Y cúal es la otra lógica tras esos genocidios silenciosos, profesor Rafat?

R. Esta se reconoce básicamente por seguir un patrón similar al patrón tradicional –masacres generalizadas y fulminantes- pero con una diferencia: en el mundo actual, donde hay distintos tipos de presiones de parte de la sociedad civil global y algunos otros actores estatales que aún valoran los derechos humanos, el genocidio israelí a la población palestina se lleva a cabo de forma meticulosa y gradual. Si miramos los últimos 15 años, Israel ha emprendido 4 grandes ofensivas contra Gaza (2008, 2012, 2014 y 2021), en medio de las cuales ha habido diversos enfrentamientos menores y protestas reprimidas con saldos mortales. Estas ofensivas son, a todas luces, criminales, como ya se vio en otra respuesta anterior.

En este punto, lo que hay que tomar en consideración es que con cada una de estas rondas genocidas –por más limitadas que sean y menos duraderas a comparación de otros casos- Israel busca volver más dura la ocupación y promover la salida masiva de los palestinos. En otras palabras, estas operaciones genocidas de menor escala –aunque de mucho sufrimiento para la población palestina-, tienen como fin desestimular la resistencia del pueblo palestino, por un lado, y por otro llevar a cabo una operación de limpieza étnica que abra el camino al proyecto israelí de un Estado de mayoría judía.

Próxima entrega: Los refugiados, y la propaganda y la guerra.

Fuente: https://www.eje21.com.co

Diálogos anteriores:

I: https://www.eje21.com.co/2021/08/organismos-internacionales-para-la-paz-nacidos-de-las-guerras-ii/

II: https://www.eje21.com.co/2021/08/organismos-internacionales-para-la-paz-nacidos-de-las-guerras-ii/

La ocupación colonial de Palestina por Israel: la solución final sin fin

25 de Junio de 2021
Fuentes: other-news.info
 

Nada de lo que se escriba en defensa del pueblo palestino podrá ayudarlo a aliviar los tormentos que ha sufrido desde la creación de Israel, un sufrimiento aún más injusto por ser impuesto para expiar los crímenes de los europeos.

Un alto el fuego más, después de tantos otros, en la ocupación colonial de Palestina por Israel; otra estadística de muertes para los archivos del olvido; otra oportunidad para pacificar la conciencia de la comunidad internacional, especialmente estadounidense y europea; otro período de banalización de la humillación diaria de quienes, por motivos laborales, cruzan los puestos de control israelíes; otro proceso de intensificación de las provocaciones hasta los próximos bombardeos; otro momento de limpieza étnica por parte de una potencia colonial y violenta.

La historia es conocida. Las atrocidades cometidas contra los judíos por el régimen nazi alemán durante la Segunda Guerra Mundial colocaron a Occidente ante el deber moral de atender la reivindicación sionista de la creación de un Estado judío. Fue en este contexto que, poco después de la constitución de las Naciones Unidas, el Comité Especial de las Naciones Unidas para Palestina, liderado por Estados Unidos y la entonces URSS, presentó un Plan de Partición del territorio. Este plan, que preveía la división de Palestina en un Estado judío (55% del territorio) y un Estado palestino (45% del territorio), tiene su origen en el proyecto colonial moderno, y se asemejó a varios otros proyectos de partición cuyos conflictos aún siguen sin resolverse en la actualidad (por ejemplo, de las dos Coreas o de la India y Pakistán). En un contexto en el que la ONU aún contaba con una débil participación de las naciones del Sur, se aprobó el Plan, aunque los Estados árabes no reconocieron al nuevo Estado de Israel. De la consiguiente guerra entre Israel y los Estados árabes y las fuerzas palestinas (1948-1949), salió vencedor Israel, que ocupó varias regiones, expandiendo el territorio cerca de 20 mil km² (75% de la superficie de Palestina). El territorio restante fue ocupado por Jordania, que se anexó Cisjordania, y por Egipto, que ocupó la Franja de Gaza. Estos episodios violentos, en el origen del Estado de Israel, provocaron el desplazamiento forzado de casi un millón de palestinos, quienes abandonaron las áreas incorporadas por Israel[1]. Este enorme contingente de refugiados, dispersos en campamentos de países del Oriente Próximo y del resto del mundo, está en el origen de la “cuestión palestina”. Como subrayó Tariq Ali, lo que hasta entonces había sido una cultura común para musulmanes árabes, cristianos y judíos, sufrió una profunda brecha, que los palestinos bautizarían como la Nakba, la catástrofe[2].

Nada de lo que se escriba en defensa del pueblo palestino podrá ayudarlo a aliviar los tormentos que ha sufrido desde la creación de Israel, un sufrimiento aún más injusto por ser impuesto para expiar los crímenes de los europeos. Tampoco puede ayudar gran parte del pueblo judío a desvincularse del proyecto colonial sionista que está llevando a cabo Israel en Palestina, tal es la intoxicación ideológica a la que está hoy sometido. Cuando se trata de Palestina, escribir no es más que un acto de contención de la rabia, un grito escrito de desesperación e impotencia. En esto radica paradójicamente el papel crucial de esta tragedia: muestra con inquietante transparencia la falsedad histórica, filosófica y sociológica de los “hechos” que más decisivamente sostienen las políticas dominantes de nuestros días. Siempre que la mentira y la mala fe se convierten en política de Estado, la buena fe y la verdad las combaten sin armas. Son piedras contra bombas. Nos enfrentamos a una destrucción masiva de sentido. Albert Camus solía decir que “las ideas falsas terminan en sangre, pero en todos los casos se trata de la sangre de otros”[3]. Palestina es el gran descodificador de la hipócrita falsedad de los mecanismos dominantes para hacer prevalecer los “valores occidentales”, que incesantemente conducen a su propia violación. Los mismos mecanismos ya están siendo «remasterizados» para el próximo uso catastrófico: la guerra con China.

Falsificación histórico-teológica. Jerusalén no es ni puede ser la capital de Israel. Jerusalén es, desde hace muchos siglos, una ciudad sagrada y, como tal, pertenece a todos los que profesan las religiones que allí conviven. Los Estados tienen capital; los pueblos, no. Israel reivindica ser un Estado judío. Como Estado, no tiene derecho a Jerusalén, a menos que se reduzca a cenizas el derecho internacional; como pueblo, es un absurdo teológico tener capital. Como dice el rabino Yaakov Shapiro: los pueblos no tienen capital, el pueblo judío no tiene capital.

Falsificación política 1.

Se ha invocado la defensa de la democracia para justificar la posición occidental. Como señaló el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al firmar el programa de ayuda a Israel hasta 2028, Estados Unidos e Israel son dos “democracias vibrantes” que comparten los mismos valores y deben ser defendidas por igual de sus enemigos. Es una invocación doblemente falsa. Israel es tan democrático como lo era Sudáfrica en la época del apartheid. Los palestinos que viven en el Estado de Israel (alrededor del 21% de la población) son los descendientes de los aproximadamente 150.000 palestinos que se quedaron en lo que hoy es Israel, una pequeña minoría en comparación con los que fueron expulsados de su tierra y ahora viven en los territorios ocupados. Son ciudadanos de segunda clase con fuertes limitaciones legales y políticas, sobre todo desde que en 2009 Benjamin Netanyahu llegara al poder y comenzara su política de sobreponer el carácter judaico de Israel al carácter democrático. Ante la constante erosión de los derechos a los que están sujetos, unos luchan por la igualdad de derechos, otros abandonan la política.[4] Actualmente viven divididos por el dilema de “mi Estado está en guerra con mi nación”. La otra falsedad se refiere al gobierno de los territorios ocupados. En Palestina, como en el resto del mundo, la democracia solo es reconocida cuando favorece los intereses occidentales. Como en Palestina los intereses occidentales son los intereses de Israel, no se reconoció la victoria libre y justa de Hamás en las elecciones legislativas de 2006 (74 diputados frente a los 45 de Al Fatah, en un Parlamento de 132 diputados). Lo ocurrido en los últimos dieciséis años no se puede entender sin tener en cuenta esta decisión arbitraria de los países occidentales bajo la presión de Israel y su aliado, Estados Unidos.


Falsificación política 2.

Vengo defendiendo que el colonialismo no desapareció con la independencia política de las colonias europeas. Solo ha desaparecido una forma de colonialismo, el colonialismo de ocupación extranjera e incluso esta ni siquiera del todo. Basta mencionar el colonialismo al que está sujeto el pueblo saharaui. Actualmente existe bajo otras formas, de las cuales las dos más obvias son el racismo estructural y el régimen de apartheid impuesto por Israel en los territorios ocupados. Reconocer la existencia del apartheid es reconocer la existencia del colonialismo. La más pronorteamericana de las organizaciones de derechos humanos, Human Rights Watch, publicó en abril de 2021 un informe que caracteriza a Israel como un Estado de apartheid. Cabe recordar que en 1973 la Asamblea General de la ONU aprobó la Convención Internacional para la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid (Resolución 3068), que entró en vigor en 1976. En los territorios ocupados (Jerusalén Este, Cisjordania Palestina y la Franja de Gaza), el autogobierno de los palestinos está totalmente subordinado a la potencia ocupante. La opresión es sistemática y la discriminación es institucional: expropiación de tierras, cambio forzoso de residencia, control de movimientos, gestión del agua y la electricidad, negación de servicios esenciales (últimamente las vacunas contra el COVID-19). Una ocupación violenta que convirtió la Franja de Gaza en la prisión al aire libre más grande del mundo. En fin, colonialismo puro y duro. Si la ONU reconoce el apartheid como un crimen contra la humanidad, ¿por qué no se juzga a Israel por tal crimen? Porque los valores occidentales se utilizan solo cuando conviene a quienes tienen poder para beneficiarse de ellos.

Pero el colonialismo al que está sometido el pueblo palestino tiene muchas otras caras que lo identifican con el colonialismo histórico. Una de ellas es la eliminación de la identidad palestina y de la memoria de la anexión del 78% del territorio de Palestina por parte de Israel en 1948, la Nakba. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA por su sigla en inglés) que, como su nombre indica, tiene como objetivo cuidar a los refugiados palestinos expulsados violentamente de sus hogares en 1948 y 1967, así como a sus descendientes, ha sido duramente criticada por organizaciones sionistas conservadoras por estar contribuyendo a que los palestinos “no pierdan su identidad y sean asimilados por la sociedad que los rodea”. ¿Cuál es la diferencia entre esto y las políticas de los colonizadores en las Américas y en África para eliminar la identidad y la memoria de los pueblos originarios?[5]

La falsificación de las equivalencias.

Al contrario de lo que dice Israel, no se trata de responder con violencia a la violencia. No defiendo el lanzamiento de misiles contra Israel ni las muertes que causa, pero la desproporción entre los ataques de Hamás y la respuesta israelí es tan impactante que no es aceptable como justificación para la matanza indiscriminada de miles de personas inocentes. Israel tiene el cuarto ejército más poderoso del mundo. Entre los recurrentes estallidos de violencia, basta recordar que en 2014 los ataques de Israel duraron 51 días y mataron a más de 2.200 palestinos, incluidos 551 niños. Esta vez, en 11 días (el 20 de mayo se impuso un alto el fuego), del lado palestino hubo 232 muertos, de los cuales 65 eran niños, y 12 muertos del lado israelí (incluidos dos niños), además de la brutal destrucción de infraestructuras en la Franja de Gaza, incluyendo escuelas. Estamos ante un terrorismo de Estado que utiliza las armas más sofisticadas proporcionadas por Estados Unidos para mantener a un pueblo en un estado de terror constante desde 1948.

La falsificación mediática.

Los medios de comunicación mundiales se avergonzarán algún día de los prejuicios con los que informan lo que está sucediendo en Palestina. Dos ejemplos. La opinión pública mundial se entera de que lo que desencadenó el ataque más reciente de Israel contra la Franja de Gaza fueron los misiles lanzados por Hamas. Porque más allá de eso no pasó nada. No ocurrieron antes para los medios la invasión de la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, y los disparos contra creyentes en oración, en medio del Ramadán (un mes sagrado para los musulmanes); ni tampoco ocurrieron los ataques, durante meses, de grupos de fanáticos en Jerusalén Este contra viviendas y casas comerciales. La culpa, por lo tanto, es de Hamas e Israel solo se está defendiendo. Segundo ejemplo: durante los ataques israelíes, los palestinos simplemente «mueren», mientras que los israelíes son «asesinados por Hamas» o «asesinados por ataques con misiles».
El horror de una simetría impensable. El gran historiador judío Illan Pappé fue quizás el primero en preguntarse, con angustia, cómo se podía imaginar que, setenta años después del Holocausto, los israelíes usaran contra los palestinos las mismas tácticas de destrucción, humillación y negación que los nazis habían usado contra los judíos. En 2002, José Saramago, de visita en Palestina, hizo comparaciones polémicas entre el sufrimiento de los palestinos bajo la opresión israelí y el sufrimiento de los judíos bajo la opresión nazi. En una entrevista con la BBC, aclaró: “Evidentemente fue una comparación forzada a propósito. Una protesta formulada en términos habituales puede que no provocase la reacción que ha provocado. Por supuesto que no hay cámaras de gas para exterminar a los palestinos, pero la situación en la que se encuentra el pueblo palestino es una situación de campo de concentración… [y añadió premonitoriamente] Esto no es un conflicto. Podríamos llamarlo un conflicto si fueran dos países, con una frontera, y dos estados, cada uno con su propio ejército. Es algo completamente diferente: apartheid». En 1933, la mayoría de los judíos alemanes no eran sionistas, es decir, no abogaban por la creación de un Estado para los judíos. De hecho, la organización judaica más grande se autodenominó “organización central de ciudadanos alemanes de fe judía”.

Mucho antes de ordenar el Holocausto, Hitler, obsesionado con expulsar a los judíos de Alemania (y más tarde de Europa), negoció con la organización sionista (la Federación Sionista de Alemania) un acuerdo (muy controvertido entre los judíos) para transferir judíos a Palestina (entonces bajo control británico), ofreciéndoles “mejores” condiciones (es decir, menos vergonzosas) que las imperantes para la emigración a otros países. Bajo el Acuerdo Haavara de Transferencia (1933), el Estado les confiscó todos los bienes que poseían, pero transfirió el 42,8% de ese capital a la Agencia Judía en Palestina, el 38,9% de esa cantidad en forma de bienes industriales producidos en Alemania. Es evidente la humillación de obligar a los emigrantes forzados a utilizar los productos del Estado que los expulsó. Se estima que entre 1933 y 1938 solo unos 40.000 alemanes y 80.000 polacos emigraron a Palestina. Habrían sido aún menos si los países europeos hubieran estado más dispuestos a aceptar inmigrantes judíos, incluso si más tarde quedó claro que el objetivo final era «una Europa sin judíos»[6].

En nuestro tiempo, el Estado de Israel se creó sobre la base de una operación masiva de limpieza étnica: 750.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares y tierras, a los que se sumaron más de 300.000 después de la guerra de 1967. Hoy crecen en Israel los grupos de extrema derecha que proclaman la expulsión de todos los palestinos de los territorios ocupados hacia los países árabes vecinos. E incluso los «árabes israelíes» están legalmente prohibidos de residir en ciertas ciudades. En 2011, la Knéset promulgó una ley que permite a las ciudades del Negev y de Galilea, con una población de hasta 400.000 familias, crear comités de admisión que pueden negar la admisión a personas que «no sean adecuadas para la vida social de la comunidad» o que sean incompatibles con “el perfil sociocultural”[7]. Durante décadas, ciudades enteras fueron destruidas y se deja morir a los palestinos heridos debido a que el ejército israelí bloquea el paso de las ambulancias. Ante la sospecha de algún acto individual de resistencia por parte de los palestinos, las autoridades ocupantes detienen a padres, familiares, vecinos, les cortan el agua y la luz. Nada de esto es nuevo y trae recuerdos horribles. Según el diario israelí Maariv, citado por el prestigioso periodista Robert Fisk, un destacado militar israelí aconsejaba a las tropas, en caso de entrada en campos de refugiados densamente poblados, seguir las lecciones de batallas pasadas, incluidas las del ejército alemán en el gueto de Varsovia[8].

Lo que sucede hoy en Sheikh Jarrah es un microcosmos de la repetición de la historia. En 1956, 28 familias palestinas, expulsadas de su tierra en 1948, se establecieron en este barrio de Jerusalén Este con la esperanza de no ser expulsadas de nuevo de su hogar. En ese momento, este vecindario y toda Cisjordania estaban bajo administración jordana (1951-1967) y la instalación se negoció con Jordania, la ONU y organizaciones de derechos humanos de Jerusalén. Hoy en día, están siendo desalojados de sus hogares por orden de la Corte Suprema de Israel y durante años han visto sus casas apedreadas por fanáticos, algunos de los cuales se instalan en la parte principal de la casa y obligan a sus residentes a acomodarse en la parte trasera de la casa. Con la complicidad de la policía, extremistas israelíes deambulan por las calles del barrio de noche gritando “Muerte a los árabes”. Las casas incluso llegan a ser marcadas para que no haya errores en los ataques. ¿Todo esto no hace recordar otras épocas?

El rayo de esperanza.

Es difícil hablar de esperanza de una manera que no ofenda al pueblo palestino. La esperanza no puede residir en los acuerdos de alto del fuego porque el propósito de estos es mantener estables las alianzas entre las potencias que son cómplices de la continuación del sufrimiento injusto del pueblo palestino, y preparar el siguiente alto el fuego que seguirá al próximo estallido de violencia. En este momento, la única esperanza proviene de la sociedad civil internacional. Se han venido fortaleciendo tres iniciativas muy diferentes, pero que convergen en provocar el creciente aislamiento de Israel de lo que podría resultar del cumplimiento de las resoluciones de la ONU, si no es demasiado tarde. La primera iniciativa son las manifestaciones públicas, más numerosas e incisivas que nunca, de intelectuales, periodistas, reconocidos artistas judíos contra las políticas de Israel. Las fuentes de este texto son prueba de ello. La segunda iniciativa son las manifestaciones públicas, en varias partes del mundo, que demandan cada vez más el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino. La tercera iniciativa está inspirada en la lucha internacional contra el apartheid en Sudáfrica. El desequilibrio de fuerza violenta entre la población negra de gran mayoría y la minoría blanca era menor que el desequilibrio entre las fuerzas de guerra israelíes y la resistencia palestina. Una de las iniciativas que más contribuyó al fin del apartheid fue el movimiento internacional para aislar a Sudáfrica: boicot a empresas sudafricanas, así como a algunas empresas internacionales especialmente involucradas en el apartheid; boicot académico, turístico y deportivo a nacionales sudafricanos. Inspirado por este movimiento, existe desde 2005 el movimiento internacional de boicot, desinversión y sanciones contra Israel (BDS), que se ha ido expandiendo en los últimos años. Es una iniciativa activa de no violencia que no está exenta de problemas, ya que puede implicar costos para los medios de vida legítimos de personas inocentes. Pero, curiosamente, es un movimiento que puede contar con el apoyo de quienes, viviendo en estos países, se oponen a las políticas de apartheid actualmente vigentes. Recuerdo que cuando participé en el embargo académico a Sudáfrica durante la era del apartheid, los colegas sudafricanos blancos no solo entendieron, sino que apoyaron las acciones, ya que fortalecían su lucha en el ámbito interno.

Hoy, el contexto y la situación son diferentes. Ante el injusto martirio del pueblo palestino que está siendo castigado por un crimen cometido por los europeos, y ante la hipócrita indiferencia de la comunidad internacional, ¿hasta cuándo vamos a seguir pensando que el problema palestino no es nuestro problema? Toda mi vida he luchado contra el antisemitismo y es en nombre de esta coherencia que denuncio la limpieza étnica que está llevando a cabo Israel en contra el pueblo palestino. 

NOTAS

[1] De hecho, la limpieza étnica de Palestina comenzó a principios de diciembre de 1947 con una serie de ataques a aldeas palestinas por parte de las milicias sionistas. Antes de que los soldados árabes llegaran a Palestina, 300.000 palestinos fueron expulsados ??de sus tierras y hogares. Por ejemplo, Deir Yassin era una pequeña aldea palestina situada al oeste de Jerusalén. La aldea había firmado un pacto de no agresión con Haganá, una organización paramilitar sionista que existió entre 1920 y 1948. Sin embargo, la noche del 8 de abril de 1948, las fuerzas sionistas atacaron la aldea y mataron a más de 100 palestinos inocentes (30 de ellos niños). Las cuatro aldeas cercanas (Qalunya, Saris, Beit Surik y Biddu) fueron destruidas por la misma milicia y sus habitantes fueron expulsados (Ilan Pappe, The Ethnic Cleansing of Palestine, Oxford: Oneworld Publications, 2006, págs. 90-91). Al inicio de su libro, Pappe cita una declaración vergonzosa de Ben Gurion en junio 1938 en la Jewish Agency Executive: “Yo soy a favor de transferencia compulsoria de poblaciones; no veo nada inmoral en eso”. Diez años después Ben Gurion sería el primero primer ministro de Israel.

[2] El choque de los fundamentalismos: cruzadas, yihads y modernidad. Madrid, Alianza, 2002.

[3] John Foley, Albert Camus: from the Absurd to Revolt. Londres, Routledge, 2008, pág. 49.

[4] As’ad Ghanem, “Israel’s Second-Class Citizens: Arabs in Israel and the Struggle for Equal Rights”, Foreign Affairs, julio/agosto, 2016, págs. 37-42. Se puede consultar una lista de las leyes discriminatorias en Israel en: https://www.adalah.org/en/law/index.

[5] Peter Beinart, “Teshuvah: A Jewish Case for Palestinian Refugee Return”, Jewish Currents, 11 de mayo de 2021. Disponible en: https://jewishcurrents.org/teshuvah-a-jewish-case-for-palestinian-refugee-return/

[6] Samuel Miner, “Planning the Holocaust in the Middle East: Nazi Designs to Bomb Jewish Cities in Palestine”, Jewish Political Studies Review, Fall 2016, p. 7-33.

[7] Human Rights Watch, 2021, p. 59.
[8] W. Cook (org.) The Plight of the Palestinians. Palgrave Macmillan, New York, 2010, p. 164.

– Boaventura de Sousa Santos es académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal).

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Tomado de:http://www.other-news.info/noticias/2021/06/la-ocupacion-colonial-da-palestina-por-israel-a-solucion-final-sin-fin/

La Declaración de Jerusalén Sobre el antisemitismo platea «apoyar la exigencia palestina de justicia y la plena concesión de sus derechos políticos, nacionales, civiles y humanos, tal y como se recoge en el derecho internacional»

Foto de archivo

21 de marzo de 2021

La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo es una herramienta para identificar, confrontar y concienciar sobre el antisemitismo tal y como se manifiesta hoy en día en los países de todo el mundo. Incluye un preámbulo, una definición y un conjunto de 15 directrices que proporcionan una orientación detallada para quienes tratan de reconocer el antisemitismo con el fin de elaborar respuestas. Fue elaborado por un grupo de académicos en los campos de la historia del Holocausto, los estudios judíos y los estudios sobre Oriente Medio para hacer frente a lo que se ha convertido en un reto cada vez mayor: proporcionar una orientación clara para identificar y luchar contra el antisemitismo al tiempo que se protege la libertad de expresión. Cuenta con más de 200 firmantes.


Preámbulo
Nosotros, los abajo firmantes, presentamos la Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo, producto de una iniciativa originada en Jerusalén. Incluimos en nuestro número a académicos internacionales que trabajan en estudios sobre el antisemitismo y campos relacionados, incluidos los estudios sobre los judíos, el Holocausto, Israel, Palestina y Oriente Medio. El texto de la Declaración se ha beneficiado de la consulta con estudiosos del Derecho y miembros de la sociedad civil.
Inspirados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial de 1969, la Declaración del Foro Internacional de Estocolmo sobre el Holocausto de 2000 y la Resolución de las Naciones Unidas sobre la Memoria del Holocausto de 2005, sostenemos que, si bien el antisemitismo tiene ciertas características distintivas, la lucha contra él es inseparable de la lucha general contra todas las formas de discriminación racial, étnica, cultural, religiosa y de género.
Conscientes de la persecución histórica de los judíos a lo largo de la historia y de las lecciones universales del Holocausto, y viendo con alarma la reafirmación del antisemitismo por parte de grupos que movilizan el odio y la violencia en la política, la sociedad e Internet, pretendemos ofrecer una definición básica de antisemitismo que se pueda utilizar, concisa e históricamente informada con un conjunto de directrices.
La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo responde a la «Definición de la IHRA», el documento que fue adoptado por la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés) en 2016. Debido a que la Definición de la IHRA no es clara en aspectos clave y está ampliamente abierta a diferentes interpretaciones, ha causado confusión y ha generado controversia, debilitando así la lucha contra el antisemitismo. Teniendo en cuenta que se autodenomina una definición de trabajo, hemos tratado de mejorarla ofreciendo (a) una definición básica más clara y (b) un conjunto coherente de directrices. Esperamos que esto sea útil para el seguimiento y la lucha contra el antisemitismo, así como para fines educativos. Proponemos nuestra Declaración, que no es jurídicamente vinculante, como alternativa a la Definición de la IHRA. Las instituciones que ya han adoptado la Definición de la IHRA pueden utilizar nuestro texto como herramienta para interpretarla.
La definición de la IHRA incluye 11 «ejemplos» de antisemitismo, 7 de los cuales se centran en el Estado de Israel. Aunque esto pone un énfasis excesivo en un ámbito, existe una necesidad generalizada de claridad sobre los límites de la expresión y la acción política legítima en relación con el sionismo, Israel y Palestina. Nuestro objetivo es doble: (1) reforzar la lucha contra el antisemitismo aclarando qué es y cómo se manifiesta, (2) proteger un espacio para un debate abierto sobre la controvertida cuestión del futuro de Israel-Palestina. No todos compartimos las mismas opiniones políticas y no pretendemos promover una agenda política partidista. Determinar que una opinión o acción controvertida no es antisemita no implica ni que la respaldemos ni que no lo hagamos.
Las directrices que se centran en Israel-Palestina (del 6 al 15) deben seguirse de forma conjunta. En general, a la hora de aplicar las directrices, cada una debe leerse a la luz de las demás y siempre teniendo en cuenta el contexto. El contexto puede incluir la intención que hay detrás de una expresión, o un patrón de discurso a lo largo del tiempo, o incluso la identidad del orador, especialmente cuando el tema es Israel o el sionismo. Así, por ejemplo, la hostilidad hacia Israel puede ser una expresión de una animadversión antisemita, o puede ser una reacción a una violación de los derechos humanos, o puede ser la emoción que siente una persona palestina por su experiencia a manos del Estado. En definitiva, es necesario tener criterio y sensibilidad a la hora de aplicar estas directrices a situaciones concretas.

Definición
El antisemitismo es la discriminación, el prejuicio, la hostilidad o la violencia contra los judíos o contra las instituciones judías por el simple hecho de serlo.

Directrices
A. Generales

1. Es racista esencializar, es decir, tratar un rasgo de carácter como inherente, o hacer amplias generalizaciones negativas sobre una población determinada. Lo que es cierto del racismo en general es cierto del antisemitismo en particular.
2. Lo que es particular en el antisemitismo clásico es la idea de que los judíos están vinculados a las fuerzas del mal. Constituye el núcleo de muchas fantasías antijudías, como la idea de una conspiración judía en la que «los judíos» poseen un poder oculto que utilizan para promover su propia agenda colectiva a expensas de otras personas. Este vínculo entre los judíos y el mal continúa en el presente: en la fantasía de que «los judíos» controlan los gobiernos con una «mano oculta», que son dueños de los bancos, controlan los medios de comunicación, actúan como «un estado dentro del estado» y son responsables de la propagación de enfermedades, como la COVID-19. Todas estas características pueden servir de instrumento para diferentes causas políticas, e incluso antagónicas.
3. El antisemitismo puede manifestarse con palabras, imágenes visuales y hechos. Ejemplos de palabras antisemitas son las que dicen que todos los judíos son ricos, intrínsecamente tacaños o antipatriotas. En las caricaturas antisemitas, los judíos suelen ser representados como grotescos, con grandes narices y asociados a la riqueza. Ejemplos de actos antisemitas son: agredir a alguien por ser judío, atacar una sinagoga, pintar esvásticas en tumbas judías o negarse a contratar o ascender a personas por ser judías.
4. El antisemitismo puede ser directo o indirecto, explícito o codificado. Por ejemplo, «los Rothschild controlan el mundo» es una afirmación codificada sobre el supuesto poder de «los judíos» sobre los bancos y las finanzas internacionales. Del mismo modo, presentar a Israel como el mal supremo o exagerar groseramente su influencia real puede ser una forma codificada de «racializar» y estigmatizar a los judíos. En muchos casos, identificar el discurso codificado es una cuestión de contexto y de juicio, teniendo en cuenta estas directrices.
5. Negar o minimizar el Holocausto al afirmar que el genocidio nazi deliberado de los judíos no tuvo lugar, o que no hubo campos de exterminio o cámaras de gas, o que el número de víctimas fue una fracción del total real, es antisemita.

B. Israel y Palestina: ejemplos que, a primera vista, son antisemitas

6. Aplicar al Estado de Israel los símbolos, imágenes y estereotipos negativos del antisemitismo clásico (véanse las directrices 2 y 3).
7. Responsabilizar de forma colectiva a los judíos de la conducta de Israel o tratar a los judíos, por el mero hecho de serlo, como agentes de Israel.
8. Exigir que las personas, por ser judías, condenen públicamente a Israel o al sionismo, por ejemplo, en una reunión política.
9. Asumir que los judíos no israelíes, por el simple hecho de serlo, son necesariamente más leales a Israel que a sus propios países.
10. Negar el derecho de los judíos en el Estado de Israel a existir y prosperar, colectiva e individualmente, como judíos, de acuerdo con el principio de igualdad.

C. Israel y Palestina: ejemplos que, a primera vista, no son antisemitas
(Si esté de acuerdo o no con la opinión o la acción)

11. Apoyar la exigencia palestina de justicia y la plena concesión de sus derechos políticos, nacionales, civiles y humanos, tal y como se recoge en el derecho internacional.
12. Criticar u oponerse al sionismo como forma de nacionalismo, o defender una variedad de acuerdos constitucionales para judíos y palestinos en la zona entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. No es antisemita apoyar acuerdos que concedan plena igualdad a todos los habitantes «entre el río y el mar», ya sea en dos Estados, en un Estado binacional, en un Estado democrático unitario, en un Estado federal o en cualquier otra forma.
13. Crítica basada en pruebas a Israel como Estado. Incluye sus instituciones y principios fundacionales. Asimismo, incluye sus políticas y prácticas, nacionales y extranjeras, como la conducta de Israel en Cisjordania y Gaza, el papel que desempeña Israel en la región o cualquier otra forma en la que, como Estado, influye en los acontecimientos del mundo. No es antisemita señalar la discriminación racial sistemática. En general, las mismas normas de debate que se aplican a otros Estados y a otros conflictos de autodeterminación nacional se aplican en el caso de Israel y Palestina. Por lo tanto, aunque sea polémico, no es antisemita, en sí mismo, comparar a Israel con otros casos históricos, como el colonialismo de asentamientos o el apartheid.
14. El boicot, la desinversión y las sanciones son formas comunes y no violentas de protesta política contra los Estados. En el caso israelí no son, en sí mismas, antisemitas.
15. El discurso político no tiene que ser medido, proporcional, moderado o razonable para estar protegido por el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos o el artículo 10 del Convenio Europeo de Derechos Humanos y otros instrumentos de derechos humanos. Las críticas que algunos pueden considerar excesivas o polémicas, o que reflejan un «doble rasero», no son, en sí mismas, antisemitas. En general, la línea entre el discurso antisemita y el no antisemita es diferente de la línea entre el discurso irracional y el racional.

Firmantes: 

Ludo Abicht, profesor Dr., Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de Amberes

Taner Akçam, Profesor, Cátedra Kaloosdian / Mugar de Historia y Genocidio de Armenia, Universidad de Clark

Gadi Algazi, profesor, Departamento de Historia e Instituto Minerva de Historia Alemana, Universidad de Tel Aviv

Seth Anziska, profesor adjunto Mohamed S. Farsi-Polonsky de relaciones judío-musulmanas, University College London

Aleida Assmann, Profesora Dra., Estudios Literarios, Estudios del Holocausto, Trauma y Memoria, Universidad de Konstanz

Jean-Christophe Attias, profesor, Pensamiento judío medieval, École Pratique des Hautes Études, Université PSL Paris

Leora Auslander, Arthur y Joann Rasmussen Profesora de Civilización Occidental en el Colegio y Profesora de Historia Social Europea, Departamento de Historia, Universidad de Chicago

Bernard Avishai, profesor invitado de gobierno, Departamento de gobierno, Dartmouth College

Angelika Bammer, profesora, literatura comparada, facultad afiliada de estudios judíos, Universidad de Emory

Omer Bartov, John P. Birkelund Profesor Distinguido de Historia Europea, Universidad de Brown

Almog Behar, Dr., Departamento de Literatura y Programa de Estudios Culturales Judeo-Árabes, Universidad de Tel Aviv

Moshe Behar, profesor asociado, Israel / Palestina y estudios de Oriente Medio, Universidad de Manchester

Peter Beinart, profesor de periodismo y ciencias políticas, City University of New York (CUNY); Editor en general, Jewish Currents

Elissa Bemporad, cátedra Jerry y William Ungar de Historia judía de Europa del Este y el Holocausto; Profesor de Historia, Queens College y The City University of New York (CUNY)

Sarah Bunin Benor, profesora de estudios judíos contemporáneos, Hebrew Union College-Jewish Institute of Religion

Wolfgang Benz, profesor Dr., fmr. Director del Centro de Investigación sobre Antisemitismo, Technische Universität Berlin

Doris Bergen, Canciller Rose y Ray Wolfe Profesora de Estudios del Holocausto, Departamento de Historia y Centro Anne Tanenbaum de Estudios Judíos, Universidad de Toronto

Werner Bergmann, profesor emérito, sociólogo, Centro de Investigación sobre Antisemitismo, Technische Universität Berlin

Michael Berkowitz, profesor de Historia judía moderna, University College London

Louise Bethlehem, profesora asociada y presidenta del Programa de Estudios Culturales, Inglés y Estudios Culturales de la Universidad Hebrea de Jerusalén

David Biale, profesor distinguido Emanuel Ringelblum, Universidad de California, Davis

Leora Bilsky, profesora, Facultad de Derecho Buchmann, Universidad de Tel Aviv

Monica Black, profesora adjunta, Departamento de Historia, Universidad de Tennessee, Knoxville

Daniel Blatman, profesor, Departamento de Historia Judía y Judería Contemporánea, Universidad Hebrea de Jerusalén

Omri Boehm, profesor asociado de filosofía, The New School for Social Research, Nueva York

Daniel Boyarin, profesor Taubman de cultura talmúdica, UC Berkeley

Christina von Braun, Profesora Dra., Centro Selma Stern de Estudios Judíos, Universidad Humboldt, Berlín

Micha Brumlik, profesor Dr., fmr. Director del Fritz Bauer Institut-Geschichte und Wirkung des Holocaust, Fráncfort del Meno

Jose Brunner, profesor emérito, Facultad de Derecho Buchmann e Instituto Cohn de Historia y Filosofía de la Ciencia, Universidad de Tel Aviv

Darcy Buerkle, profesora y catedrática de historia, Smith College

John Bunzl, profesor Dr., Instituto Austriaco de Política Internacional

Michelle U. Campos, profesora asociada de estudios e historia judíos de la Universidad Estatal de Pensilvania

Francesco Cassata, profesor, Departamento de Historia Contemporánea de Estudios Antiguos, Filosofía e Historia, Universidad de Génova

Naomi Chazan, profesora emérita de ciencias políticas, Universidad Hebrea de Jerusalén

Bryan Cheyette, profesor y catedrático de literatura y cultura modernas, Universidad de Reading

Stephen Clingman, profesor universitario distinguido, Departamento de inglés, Universidad de Massachusetts, Amherst

Raya Cohen, Dra., Fmr. Departamento de Historia Judía, Universidad de Tel Aviv; fmr. Departamento de Sociología, Universidad de Nápoles Federico II

Alon Confino, Cátedra Pen Tishkach de Estudios del Holocausto, Profesor de Historia y Estudios Judíos, Director del Instituto de Estudios sobre el Holocausto, el Genocidio y la Memoria, Universidad de Massachusetts, Amherst

Sebastian Conrad, profesor de historia global y poscolonial, Freie Universität Berlin

Lila Corwin Berman, Cátedra Murray Friedman de Historia Judía Estadounidense, Temple University

Deborah Dash Moore, Frederick GL Huetwell Profesora de Historia y Profesora de Estudios Judaicos, Universidad de Michigan

Natalie Zemon Davis, profesora emérita, Universidad de Princeton y Universidad de Toronto

Sidra DeKoven Ezrahi, profesora emérita, literatura comparada, Universidad Hebrea de Jerusalén

Hasia R. Diner, profesora, Universidad de Nueva York

Arie M. Dubnov, Cátedra Max Ticktin de Estudios de Israel y Director del Programa de Estudios Judaicos, Universidad George Washington

Debórah Dwork, Directora del Centro para el Estudio del Holocausto, el Genocidio y los Crímenes de Lesa Humanidad, Centro de Graduados, Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Yulia Egorova, Profesora, Departamento de Antropología, Universidad de Durham, Directora del Centro para el Estudio de la Cultura, Sociedad y Política Judías

Helga Embacher, Profesora Dra., Departamento de Historia, Universidad Paris Lodron Salzburgo

Vincent Engel, profesor de la Universidad de Lovaina, UCLouvain

David Enoch, profesor, Departamento de Filosofía y Facultad de Derecho, Universidad Hebrea de Jerusalén

Yuval Evri, Dr., Leverhulme Early Career Fellow SPLAS, King’s College London

Richard Falk, profesor emérito de derecho internacional de la Universidad de Princeton; Cátedra de Derecho Global, Facultad de Derecho, Queen Mary University, Londres

David Feldman, profesor, director del Instituto para el estudio del antisemitismo, Birkbeck, Universidad de Londres

Yochi Fischer, Dr., Subdirector del Instituto Van Leer Jerusalem y Jefe del Grupo de Sagrado, Religión y Secularización

Ulrike Freitag, Profesora Dra., Historia de Oriente Medio, Directora Leibniz-Zentrum Moderner Orient, Berlín

Ute Frevert, profesora de Historia Moderna, Departamento de Historia, Universidad de Zúrich

Katharina Galor , Profesora Dra., Profesora asociada visitante de Hirschfeld, Programa de Estudios Judaicos, Programa de Estudios Urbanos, Universidad de Brown

Chaim Gans, profesor emérito, Facultad de Derecho Buchmann, Universidad de Tel Aviv

Alexandra Garbarini, profesora, Departamento de Historia y Programa de Estudios Judíos, Williams College

Shirli Gilbert, profesora de historia judía moderna, University College London

Sander Gilman, profesor distinguido de artes y ciencias liberales; Catedrático de Psiquiatría, Emory University

Shai Ginsburg, profesor asociado, presidente del Departamento de Estudios de Asia y Oriente Medio y miembro de la facultad del Centro de Estudios Judíos de la Universidad de Duke

Victor Ginsburgh, profesor emérito, Université Libre de Bruxelles, Bruselas

Carlo Ginzburg, profesor emérito, UCLA y Scuola Normale Superiore, Pisa

Snait Gissis, Dr., Instituto Cohn de Historia y Filosofía de la Ciencia y las Ideas, Universidad de Tel Aviv

Glowacka Dorota, profesora de Humanidades, Universidad de King’s College, Halifax

Amos Goldberg, profesor de la cátedra Jonah M. Machover de Estudios del Holocausto, director del Instituto de Investigación Avraham Harman de la Judería Contemporánea de la Universidad Hebrea de Jerusalén

Harvey Goldberg, profesor emérito, Departamento de Sociología y Antropología, Universidad Hebrea de Jerusalén

Sylvie-Anne Goldberg, Profesora, Cultura e Historia Judía, Jefa de Estudios Judíos en la Escuela Superior de Ciencias Sociales (EHESS), París

Svenja Goltermann, Profesora Dra., Seminario de Historisches, Universidad de Zúrich

Neve Gordon, profesora de derecho internacional, Facultad de derecho, Universidad Queen Mary de Londres

Emily Gottreich, profesora adjunta, Departamento de Historia y Estudios Globales, UC Berkeley, directora del Programa MENA-J

Leonard Grob, profesor emérito de filosofía, Fairleigh Dickinson University

Jeffrey Grossman, profesor asociado, estudios alemanes y judíos, presidente del departamento alemán de la Universidad de Virginia

Atina Grossmann, profesora de historia, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, The Cooper Union, Nueva York

Wolf Gruner, Cátedra Shapell-Guerin de Estudios Judíos y Director Fundador del Centro de Investigación Avanzada del Genocidio de la Fundación Shoah de la USC, Universidad del Sur de California

François Guesnet, profesor de historia judía moderna, Departamento de estudios hebreos y judíos, University College London

Ruth HaCohen, profesora Artur Rubinstein de musicología, Universidad Hebrea de Jerusalén

Aaron J. Hahn, Profesor Tapper , Cátedra Mae and Benjamin Swig de Estudios Judíos, Universidad de San Francisco

Liora R. Halperin, profesora asociada de estudios internacionales, historia y estudios judíos; Jack y Rebecca Benaroya Cátedra de Estudios de Israel, Universidad de Washington

Rachel Havrelock, profesora de estudios judíos e ingleses, Universidad de Illinois, Chicago

Sonja Hegasy, Profesora Dra., Académica de Estudios Islámicos y Profesora de Estudios Postcoloniales, Leibniz-Zentrum Moderner Orient, Berlín

Elizabeth Heineman, profesora de Historia y Estudios de Género, Mujeres y Sexualidad, Universidad de Iowa

Didi Herman, profesora de derecho y cambio social, Universidad de Kent

Deborah Hertz, Cátedra Wouk de Estudios Judíos Modernos, Universidad de California, San Diego

Dagmar Herzog, profesora distinguida de historia y centro de posgrado académico académico de la facultad Daniel Rose, City University of New York (CUNY)

Susannah Heschel, Profesora Distinguida de Estudios Judíos Eli M. Black, Presidenta del Programa de Estudios Judíos, Dartmouth College

Dafna Hirsch, Dra., Universidad Abierta de Israel

Marianne Hirsch, profesora William Peterfield Trent de literatura comparada y estudios de género, Universidad de Columbia

Christhard Hoffmann, profesor de historia europea moderna, Universidad de Bergen

Dr. habil. Klaus Holz, Secretario General de las Academias Protestantes de Alemania, Berlín

Eva Illouz, Directrice d’etudes, EHESS Paris y Van Leer Institute, Fellow

Jill Jacobs, rabino, directora ejecutiva, T’ruah: The Rabbinic Call for Human Rights, Nueva York

Uffa Jensen, Profesor Dr., Centro de Investigación sobre Antisemitismo, Technische Universität, Berlín

Jonathan Judaken, profesor , cátedra Spence L.Wilson de Humanidades, Rhodes College

Robin E. Judd, profesor asociado, Departamento de Historia, Universidad Estatal de Ohio

Irene Kacandes, profesora de estudios alemanes y literatura comparada de Dartmouth, Universidad de Dartmouth

Marion Kaplan, profesora Skirball de historia judía moderna, Universidad de Nueva York

Eli Karetny, director adjunto del Instituto Ralph Bunche de Estudios Internacionales; Profesor de Baruch College, The City University of New York (CUNY)

Nahum Karlinsky, Instituto de Investigación Ben-Gurion para el Estudio de Israel y el Sionismo, Universidad Ben-Gurion del Negev

Menachem Klein, profesor emérito, Departamento de Estudios Políticos, Universidad de Bar Ilan

Brian Klug, investigador principal en filosofía, St. Benet’s Hall, Oxford; Miembro de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oxford

Francesca Klug, profesora invitada en LSE Human Rights y en el Helena Kennedy Center for International Justice, Sheffield Hallam University

Thomas A. Kohut, Sue y Edgar Wachenheim III Profesor de Historia, Williams College

Teresa Koloma Beck, profesora de sociología, Universidad Helmut Schmidt, Hamburgo

Rebecca Kook, Dra., Departamento de Política y Gobierno, Universidad Ben Gurion del Negev

Claudia Koonz, profesora emérita de historia, Duke University

Hagar Kotef, Dr., profesor titular de teoría política y pensamiento político comparado, Departamento de Política y Estudios Internacionales, SOAS, Universidad de Londres

Gudrun Kraemer, Profesora Dra., Profesora Principal de Estudios Islámicos, Freie Universität Berlin

Cilly Kugelman, historiador, fmr. Director de programa del Museo Judío de Berlín

Tony Kushner, profesor, Instituto Parkes para el estudio de las relaciones judías y no judías, Universidad de Southampton

Dominick LaCapra, profesor emérito de Historia y Literatura Comparada Bowmar, Universidad de Cornell

Daniel Langton, profesor de historia judía, Universidad de Manchester

Shai Lavi, profesor de la Facultad de Derecho Buchmann, Universidad de Tel Aviv; El Instituto Van Leer de Jerusalén

Claire Le Foll, profesora adjunta de Historia y Cultura Judía de Europa Oriental, Instituto Parkes, Universidad de Southampton; Director del Instituto Parkes para el Estudio de las Relaciones Judías / No Judías

Nitzan Lebovic, profesor, Departamento de Historia, Cátedra de Estudios del Holocausto y Valores Éticos, Universidad de Lehigh

Mark Levene, Dr., miembro emérito de la Universidad de Southampton y del Centro Parkes para las relaciones judías y no judías

Simon Levis Sullam, profesor asociado de historia contemporánea, Dipartimento di Studi Umanistici, Universidad Ca ‘Foscari Venecia

Lital Levy, profesora asociada de literatura comparada, Universidad de Princeton

Lior Libman, profesor asistente de estudios de Israel, director asociado del Centro de Estudios de Israel, Departamento de Estudios Judaicos, Universidad de Binghamton, SUNY

Caroline Light, profesora titular y directora del programa de estudios de pregrado en estudios sobre mujeres, género y sexualidad, Universidad de Harvard

Kerstin von Lingen, Profesora de Historia Contemporánea, Cátedra de Estudios sobre Genocidio, Violencia y Dictadura, Universidad de Viena

James Loeffler, Profesor Jay Berkowitz de Historia Judía, Ida y Nathan Kolodiz Director de Estudios Judíos, Universidad de Virginia

Hanno Loewy, director del Museo Judío de Hohenems, Austria

Ian S. Lustick, presidente de Bess W. Heyman, Departamento de Ciencias Políticas, Universidad de Pensilvania

Sergio Luzzato, Emiliana Pasca Noether Catedrática de Historia Moderna de Italia, Universidad de Connecticut

Shaul Magid, profesor de estudios judíos, Dartmouth College

Avishai Margalit, profesor emérito de filosofía, Universidad Hebrea de Jerusalén

Jessica Marglin, profesora asociada de religión, derecho e historia, Ruth Ziegler, Cátedra de carrera temprana en estudios judíos, Universidad del Sur de California

Arturo Marzano, profesor asociado de Historia del Medio Oriente, Departamento de Civilizaciones y Formas de Conocimiento, Universidad de Pisa

Anat Matar, Dr., Departamento de Filosofía, Universidad de Tel Aviv

Manuel Reyes Mate Rupérez, Instituto de Filosofía del CSIC, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, Madrid

Menachem Mautner, Daniel Rubinstein Profesor de Derecho Civil Comparado y Jurisprudencia, Facultad de Derecho, Universidad de Tel Aviv

Brendan McGeever, Dr., Profesor de Sociología de la Racialización y el Antisemitismo, Departamento de Estudios Psicosociales, Birkbeck, Universidad de Londres

David Mednicoff, presidente del Departamento de Estudios Judaicos y del Cercano Oriente y profesor asociado de Estudios y Políticas Públicas del Medio Oriente, Universidad de Massachusetts, Amherst

Eva Menasse, novelista, Berlín

Adam Mendelsohn, profesor asociado de historia y director del Centro Kaplan de Estudios Judíos, Universidad de Ciudad del Cabo

Leslie Morris, Beverly y Richard Fink Profesora de Artes Liberales, Profesora y Directora del Departamento de Alemán, Nórdico, Eslavo y Holandés de la Universidad de Minnesota

Dirk Moses, Frank Porter Graham Profesor Distinguido de Historia Global de los Derechos Humanos, Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill

Samuel Moyn, Profesor Henry R. Luce de Jurisprudencia y Profesor de Historia, Universidad de Yale

Susan Neiman, Profesora Dra., Filósofa, Directora del Foro Einstein, Potsdam

Anita Norich, profesora emérita, estudios judaicos e ingleses, Universidad de Michigan

Xosé Manoel Núñez Seixas, Catedrático de Historia Europea Moderna, Universidad de Santiago de Compostela

Esra Ozyurek, Profesora Sultan Qaboos de Fe abrahámica y valores compartidos Facultad de Divinidad, Universidad de Cambridge

Ilaria Pavan, profesora adjunta de Historia Moderna, Scuola Normale Superiore, Pisa

Derek Penslar, profesor William Lee Frost de historia judía, Universidad de Harvard

Andrea Pető, profesora de la Universidad de Europa Central (CEU), Viena; Instituto de Democracia CEU, Budapest

Valentina Pisanty, profesora asociada, Semiótica, Universidad de Bérgamo

Renée Poznanski, profesora emérita, Departamento de Política y Gobierno, Universidad Ben Gurion del Negev

David Rechter, profesor de historia judía moderna, Universidad de Oxford

James Renton, profesor de historia, director del Centro Internacional sobre el Racismo, Edge Hill Universit

Shlomith Rimmon Kenan, profesora emérita, Departamentos de Literatura Inglesa y Comparada, Universidad Hebrea de Jerusalén; Miembro de la Academia de Ciencias de Israel

Shira Robinson, profesora asociada de historia y asuntos internacionales, Universidad George Washington

Bryan K. Roby, profesor asistente de historia judía y de Oriente Medio, Universidad de Michigan-Ann Arbor

Na’ama Rokem, profesora asociada, directora Joyce Z. y Jacob Greenberg Center for Jewish Studies, Universidad de Chicago

Mark Roseman, profesor distinguido de historia, cátedra Pat M. Glazer de estudios judíos, Universidad de Indiana

Göran Rosenberg, escritor y periodista, Suecia

Michael Rothberg, Cátedra Samuel Goetz de Estudios del Holocausto de la Sociedad de 1939, UCLA

Sara Roy, investigadora principal, Centro de Estudios del Medio Oriente, Universidad de Harvard

Miri Rubin, profesora de historia medieval y moderna, Universidad Queen Mary de Londres

Dirk Rupnow, Profesor Dr., Departamento de Historia Contemporánea, Universidad de Innsbruck, Austria

Philippe Sands, profesor de comprensión pública del derecho, University College London; Abogado; Escritor

Victoria Sanford, Profesora de Antropología, Facultad de Doctorado de Lehman College, The Graduate Center, The City University of New York (CUNY)

Gisèle Sapiro, profesora de sociología en EHESS y directora de investigación del CNRS (Centre européen de sociologie et de science politique), París

Peter Schäfer, profesor de estudios judíos, Universidad de Princeton, fmr. Director del Museo Judío de Berlín

Andrea Schatz, Dra., Lectora de Estudios Judíos, King’s College London

Jean-Philippe Schreiber, profesor, Université Libre de Bruxelles, Bruselas

Stefanie Schüler-Springorum, Profesora Dra., Directora del Centro de Investigación sobre Antisemitismo, Technische Universität Berlin

Guri Schwarz, profesor asociado de Historia Contemporánea, Dipartimento di Antichità, Filosofia e Storia, Università di Genova

Raz Segal, profesor asociado, estudios sobre el Holocausto y el genocidio, Universidad de Stockton

Joshua Shanes, profesor asociado y director del Arnold Center for Israel Studies, College of Charleston

David Shulman, profesor emérito, Departamento de Estudios Asiáticos, Universidad Hebrea de Jerusalén

Dmitry Shumsky, Profesor, Cátedra Israel Goldstein de Historia del Sionismo y el Nuevo Yishuv, Director del Centro Bernard Cherrick para el Estudio del Sionismo, el Yishuv y el Estado de Israel, Departamento de Historia Judía y Judería Contemporánea, Universidad Hebrea de Jerusalén

Marcella Simoni, Profesora de Historia, Departamento de Estudios Asiáticos y Norteafricanos, Universidad Ca ‘Foscari, Venecia

Santiago Slabodsky, Catedrático de Estudios Judíos de Robert and Florence Kaufman y Profesor Asociado de Religión, Universidad de Hofstra, Nueva York

David Slucki, profesor asociado de vida y cultura judías contemporáneas, Centro Australiano para la Civilización Judía, Universidad de Monash, Australia

Tamir Sorek, profesor de artes liberales de historia de Oriente Medio y estudios judíos, Penn State University

Levi Specter, Dr., profesor titular del Departamento de Historia, Filosofía y Estudios Judaicos de la Universidad Abierta de Israel; Investigador del Departamento de Filosofía de la Universidad de Estocolmo, Suecia

Michael P. Steinberg , profesor, Barnaby Conrad y Mary Critchfield Keeney, profesor de historia y música, profesor de estudios alemanes, Brown University

Lior Sternfeld, profesor asistente de historia y estudios judíos, Universidad de Penn State

Michael Stolleis, profesor de Historia del Derecho, Instituto Max Planck de Historia Jurídica Europea, Fráncfort del Meno

Mira Sucharov, profesora de ciencia política y cátedra universitaria de innovación docente, Carleton University Ottawa

Adam Sutcliffe, profesor de historia europea, King’s College London

Aaron J. Hahn Tapper, profesor , cátedra Mae and Benjamin Swig de estudios judíos, Universidad de San Francisco

Anya Topolski, profesora asociada de ética y filosofía política, Universidad de Radboud, Nijmegen

Barry Trachtenberg, profesor asociado, Cátedra Rubin de Historia Judía, Universidad de Wake Forest

Emanuela Trevisan Semi, investigadora principal en estudios judíos modernos, Universidad Ca ‘Foscari de Venecia

Heidemarie Uhl, PhD, Historiadora, Investigadora principal, Academia de Ciencias de Austria, Viena

Peter Ullrich, Dr. Dr., investigador principal, miembro del Centro de Investigación sobre Antisemitismo, Technische Universität Berlin

Uğur Ümit Üngör, profesor y presidente de estudios sobre el Holocausto y el genocidio, Facultad de Humanidades, Universidad de Amsterdam; Investigador principal NIOD Institute for War, Holocaust and Genocide Studies, Amsterdam

Nadia Valman, profesora de literatura urbana, Queen Mary, Universidad de Londres

Dominique Vidal, periodista, historiador y ensayista

Alana M. Vincent, profesora asociada de filosofía, religión e imaginación judías, Universidad de Chester

Vered Vinitzky-Seroussi, director del Instituto de Investigación Truman para el Avance de la Paz, Universidad Hebrea de Jerusalén

Anika Walke, profesora asociada de historia, Universidad de Washington, St. Louis

Yair Wallach, Dr., profesor titular de la Escuela de Idiomas, Culturas y Lingüística de Estudios Israelíes, SOAS, Universidad de Londres

Michael Walzer, profesor emérito, Instituto de Estudios Avanzados, Facultad de Ciencias Sociales, Princeton

Dov Waxman, profesor de la Cátedra de Estudios de Israel de la Fundación Rosalinde y Arthur Gilbert, Universidad de California (UCLA)

Ilana Webster-Kogen, Joe Loss, profesora titular de música judía, SOAS, Universidad de Londres

Bernd Weisbrod, profesor emérito de historia moderna, Universidad de Göttingen

Eric D. Weitz, profesor distinguido de historia, City College y Graduate Center, The City University of New York (CUNY)

Michael Wildt, Profesor Dr., Departamento de Historia, Universidad Humboldt, Berlín

Abraham B. Yehoshua, novelista, ensayista y dramaturgo

Noam Zadoff, profesor asistente de estudios sobre Israel, Departamento de Historia Contemporánea, Universidad de Innsbruck

Tara Zahra, Profesora Homer J. Livingston de Historia de Europa del Este; Miembro del Centro Greenberg de Estudios Judíos, Universidad de Chicago

José A. Zamora Zaragoza, Investigador Senior, Instituto de Filosofía del CSIC, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas, Madrid

Lothar Zechlin, profesor emérito de derecho público, fmr. Instituto Rector de Ciencias Políticas, Universidad de Duisburg

Yael Zerubavel, profesor emérito de estudios e historia judíos, fmr. Director fundador del Centro Bildner para el estudio de la vida judía, Universidad de Rutgers

Moshe Zimmermann, profesor emérito, Centro Richard Koebner Minerva de Historia Alemana, Universidad Hebrea de Jerusalén

Steven J. Zipperstein, profesor Daniel E. Koshland de cultura e historia judía, Universidad de Stanford

Moshe Zuckermann, profesor emérito de historia y filosofía, Universidad de Tel Aviv

Fuente: Jerusalem Declaration (https://jerusalemdeclaration.org/)

Traducido parala Misión Diplomática de Palestina en España  por (Helena Alcañiz Sobrino)

JDA-1

Declaración de la Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Fatou Bensouda, sobre la investigación de la situación en Palestina

Declaración a 3 de marzo de 2021

Hoy, confirmo la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía (la «Oficina») de la Corte Penal Internacional (la CPI o la «Corte») sobre la situación en Palestina. Esta investigación abarcará los crímenes de la jurisdicción de la Corte presuntamente cometidos en la situación desde el 13 de junio de 2014, fecha a la que se refiere la remisión de la situación en Palestina a mi Oficina.

La Oficina determinará, en su momento, cómo priorizará su investigación a la luz de los retos operativos a los que nos enfrentamos como consecuencia de la pandemia, los limitados recursos de que disponemos y la gran carga de trabajo. Sin embargo, estos retos, por muy desalentadores y complejos que sean, no mermarán en ningún caso las responsabilidades de la Fiscalía en virtud del Estatuto de Roma.

De acuerdo con el Estatuto de Roma, la Fiscalía debe actuar cuando un Estado Parte le remite una situación y se establece que existe una base razonable para proceder a una investigación. Como primer paso, la Fiscalía debe notificar a todos los Estados Partes y a los Estados que normalmente tendrían jurisdicción sobre los crímenes en cuestión, permitiendo así que cualquier Estado interesado solicite a la Oficina que investigue a sus nacionales o a otras personas bajo su jurisdicción por los crímenes del Estatuto de Roma a los que se refiere la notificación (sujeto a una posible revisión por parte de la Sala de Cuestiones Preliminares, SCP).

Cualquier investigación que finalmente lleve a cabo la Oficina se realizará de forma independiente, imparcial y objetiva, sin miedo ni prejuicios. A la luz del Estatuto de Roma, para establecer la verdad, la Fiscalía debe ampliar la investigación a todos los hechos y pruebas que puedan ser relevantes para determinar la responsabilidad penal en virtud del Estatuto y, al hacerlo, investigar tanto los casos de la Fiscalía como los de la Defensa.

La decisión de abrir una investigación es consecuencia del amplio examen preliminar realizado por mi Oficina durante casi cinco años. Durante este período, de acuerdo con su práctica establecida, la Oficina ha estado en contacto con una amplia gama de partes interesadas, incluyendo intercambios regulares y fructíferos con representantes de los gobiernos palestino e israelí.

Sobre la base de estos intercambios, sabíamos que era necesario resolver la cuestión del alcance territorial del Tribunal en el contexto de la situación en Palestina. Como órgano fiscal responsable, nos comprometimos entonces a obtener una decisión judicial previa sobre esta cuestión, ya que considerábamos fundamental obtener dicha aclaración desde el principio para proporcionar una base sólida, al igual que desde el punto de vista jurídico, para futuras investigaciones.

Como consecuencia, el 20 de diciembre de 2019, consciente de la complejidad de la situación y de las nuevas cuestiones que de ella se derivan, anuncié mi intención de solicitar a los magistrados de la Sala de Cuestiones Preliminares I (la «Sala») que determinaran claramente el alcance de la jurisdicción territorial de la Corte en la situación de Palestina. En dicha solicitud, fechada el 22 de enero de 2020, expusimos detalladamente nuestra posición sobre el derecho e invitamos a la Sala a recabar la opinión y los argumentos de todas las partes interesadas antes de decidir sobre la cuestión concreta de la jurisdicción que tenía ante sí, y así lo hizo tras haber escuchado la opinión de todas las partes interesadas.

El 5 de febrero de 2021, la Sala dictaminó, por mayoría de sus magistrados, que el Tribunal podía ejercer su competencia penal en la situación en Palestina y que su jurisdicción territorial se extendía a Gaza y Cisjordania, incluido Jerusalén Oriental. En esa decisión tomada por mayoría, la Sala subrayó que no pretendía determinar si Palestina era un Estado según el derecho internacional público, ni juzgar una disputa fronteriza ni prejuzgar la cuestión de las posibles fronteras futuras. El único propósito de su decisión fue definir el alcance de la jurisdicción territorial de la Corte, a los efectos del Estatuto de Roma, como se había solicitado. Las cuestiones sobre las que la Sala no ha tomado una decisión y sobre las que mi Oficina no ha adoptado una posición deberán ser determinadas por las autoridades israelíes y palestinas en conversaciones bilaterales con vistas a alcanzar un acuerdo.

Tras examinar las observaciones presentadas por los Estados, las organizaciones internacionales y otras partes interesadas, la Sala también consideró por unanimidad que Palestina era un Estado Parte en el Estatuto de Roma. La Sala también consideró, por mayoría de sus magistrados, que la remisión de la situación desde Palestina debía dar lugar a la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía, ya que existía una base razonable para hacerlo de acuerdo con los criterios establecidos por el Estatuto de Roma.

En vista de las intensas reacciones, en uno u otro sentido, a esta decisión de la Sala, creemos que es importante volver a un debate razonado y equilibrado. En su decisión, los magistrados se limitaron a concluir que la Oficina era competente para investigar los presuntos delitos señalados por ella, pero no se pronunciaron sobre ellos. En cuanto a las cuestiones específicas de jurisdicción, la mayoría de los magistrados de la Sala decidieron incluso aplazar a una fase posterior del procedimiento el examen de cualquier otro argumento que pudiera plantearse al respecto.

Las investigaciones llevan tiempo y deben basarse objetivamente en los hechos y en la ley. Mi Oficina desempeñará sus responsabilidades de acuerdo con estos principios y de forma imparcial, como ha hecho en todas las situaciones que se le han remitido en el pasado. Nuestro único objetivo es cumplir nuestras obligaciones en virtud del Estatuto de Roma con la máxima integridad. Recuerdo, por ejemplo, que cuando se formularon acusaciones sobre la supuesta conducta de las Fuerzas de Defensa de Israel en el caso Mavi Marmara, yo, como Fiscal, me negué a abrir una investigación tras concluir, después de nuestro examen objetivo de los criterios del Estatuto de Roma, que no era necesario proceder.

Sin embargo, en este caso concreto, hay una base razonable para iniciar una investigación, así como casos potenciales que son admisibles. Nuestro examen continuará en el contexto de la investigación para permitirnos seguir evaluando las medidas adoptadas a nivel nacional, de acuerdo con el principio de complementariedad.

Pedimos a las víctimas palestinas e israelíes y a las comunidades afectadas que sean pacientes. La CPI no puede ocuparse de todos los males y su único objetivo es cumplir con la misión que le ha encomendado la comunidad internacional, es decir, luchar contra la impunidad de los autores de cualquier delito contemplado en el Estatuto de Roma para prevenir esos delitos en el futuro. Para ello, la Oficina se centra en los presuntos delincuentes más notorios o en los que tienen mayor responsabilidad en la comisión de crímenes.

En última instancia, son las víctimas, tanto palestinas como israelíes, del largo ciclo de violencia e inseguridad, que ha causado un profundo sufrimiento y una terrible sensación de desesperación en ambas partes, quienes deben estar en el centro de nuestras preocupaciones. La Oficina reconoce las implicaciones más amplias de esta situación para la paz y la seguridad internacionales. Cuando se creó la CPI, los Estados Partes reconocieron que los atroces crímenes «amenazan la paz, la seguridad y el bienestar del mundo» y expresaron su compromiso de «garantizar el respeto y la aplicación duraderos de la justicia internacional». La paz y la justicia deben considerarse imperativos complementarios.

Contamos con el apoyo y la cooperación de las partes y de todos los Estados Partes del Estatuto de Roma para llevar a cabo nuestra misión. Mi Oficina espera trabajar con el Gobierno de Palestina y el Gobierno de Israel para servir mejor a la justicia a través del trabajo complementario de los sistemas judiciales nacionales e internacionales. De este modo, esperamos establecer la responsabilidad y hacer justicia a las víctimas palestinas e israelíes de los crímenes del Estatuto de Roma.

Situación en Palestina. Resumen de los resultados del Examen Preliminar

La Fiscalía de la CPI lleva a cabo exámenes preliminares, investigaciones y procesamientos del crimen de genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y el crimen de agresión de forma imparcial e independiente. Desde 2003, la Fiscalía ha investigado varias situaciones que entran en la jurisdicción de la CPI, como Afganistán (pendiente de la solicitud de suspensión de la investigación en virtud del artículo 18), Bangladesh/Myanmar, Burundi, República Centroafricana, Costa de Marfil, Darfur, Sudán, Georgia, Kenia, Libia, Malí, Uganda, República Democrática del Congo (dos situaciones distintas) y República Centroafricana. La Oficina también está llevando a cabo exámenes preliminares con respecto a las situaciones de Bolivia, Colombia, Guinea, Filipinas y Venezuela (I) y (II), y ha finalizado recientemente otros dos con respecto a las situaciones de Nigeria y Ucrania (a la espera de la presentación de solicitudes de autorización para abrir una investigación).

Fuente: Corte Penal Internacional (https://www.icc-cpi.int/Pages/item.aspx?name=210303-prosecutor-statement-investigation-palestine&ln=fr)

Traducido por: Misión Diplomática de Palestina en España (Helena Alcañiz Sobrino)

El Estado de Palestina mira con beneplácito el anuncio de la Fiscal de la Corte Penal Internacionalpaso a las investigaciones

03 de marzo de 2021

El Estado de Palestina mira con beneplácito el anuncio de la Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) respecto a su decisión de seguir adelante con la investigación de la situación en el Estado de Palestina, lo cual cumple con un paso largamente esperado en su incansable búsqueda permanente por el logro de rendición de cuenta y de justicia, indispensables bases para la paz que reivindicamos y merecemos.

COMUNICADO OFICIAL_CPI_Bensouda

Fuente: ESTADO DE PALESTINA
MINISTERIO DE EXTERIORES Y EXPATRIADOS

Publicación: La creación de la política exterior de Hamás

Foto: portada de Engaging the World: The Making of Hamas’s Foreign Policy

26 de febrero de 2021

Engaging the World: The Making of Hamas’s Foreign Policy es el primer informe exhaustivo sobre la forma en que el Movimiento de Resistencia Islámica Palestina, Hamás, lleva a cabo sus relaciones internacionales, sus intentos de desarrollar una política exterior coherente y dinámica, y su aprovechamiento de esta política exterior para reforzar su legitimidad y credibilidad a nivel mundial. Habiendo crecido a partir de los campos de refugiados de Gaza, y contando sobre todo con su apoyo dentro de Palestina y de la diáspora palestina, el movimiento se vio empujado a la escena mundial por una serie de acontecimientos que se le impusieron. Su victoria en las elecciones parlamentarias palestinas de 2006, su posterior demonización y la imposición de un asedio israelí y egipcio a Gaza lo convencieron de la necesidad de una proyección internacional visible y coordinada.

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Este libro evalúa los principios que guiaron las relaciones exteriores del movimiento, examina su evolución, sus éxitos y fracasos y el impacto general de la política exterior del grupo en el movimiento nacional palestino.

Se ha escrito mucho sobre los orígenes históricos de Hamás, su ideología y algunos de sus líderes. Este libro llena un vacío en esa literatura en lo que respecta a las relaciones internacionales del movimiento. Es un texto útil para académicos, responsables políticos y lectores ocasionales interesados en la lucha palestina y el equilibrio de poder entre palestinos e Israel.

He repasado con gran interés el bien documentado trabajo del Dr. Daud Abdullah, que ilumina un aspecto esencial de la evolución de Hamás, concretamente, su dimensión internacional

Prof. Celso Amorim, ex ministro de Asuntos Exteriores de Brasil

Daud Abdullah simpatiza con Hamás y con sus orígenes en los Hermanos Musulmanes, por lo que su relato es comprensivo pero no carente de crítica.Se trata de un libro valioso y de fácil lectura y lo recomiendo encarecidamente.

Clare Short, ex secretaria de Estado para el Desarrollo Internacional del Reino Unido

Este libro desafía con éxito la tergiversación común de Hamás en Occidente. Es una lectura obligada para cualquier persona comprometida con la cuestión de Palestina e interesada en una introducción honesta a este importante movimiento palestino.

Profesor Ilan Pappé, Colegio de Ciencias Sociales y Estudios Internacionales, Universidad de Exeter

Sobre el autor

Daud Abdullah es el director de Middle East Monitor (MEMO). Antiguo investigador principal del Centro Palestino para el Retorno (Londres), también ha sido profesor de historia en la Universidad de Maiduguri (Nigeria) y de estudios islámicos en el Birkbeck College de la Universidad de Londres.

 

Editor: Centro Afro-Oriental (AMEC)

Publicado: Enero 2021

Páginas: 272

Idioma: Inglés

ISBN: 978-0-9947048-2-5

Fuente: Monitor Medio Oriente en Español 

Un régimen de supremacía judía desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo: esto es apartheid

12 de enero de 2021

Más de catorce millones de personas, aproximadamente la mitad de ellos judíos y la otra mitad palestinos, viven entre el río Jordán y el mar Mediterráneo bajo un mismo gobierno. La impresión generalizada en el discurso público, político, legal y mediático es que dos regímenes diferentes actúan lado a lado en esta área, separados por la Línea Verde.

Informe BTselem_ESP (1)

Traducción informe de B’Tselem

https://www.btselem.org/publications/fulltext/202101_this_is_apartheid

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